Paro y decrecimiento

Vicente Manzano Arrondo

Con respecto al paro que genera el decrecimiento, hay tres aspectos relevantes que no deben pasarse por alto:

1. El razonamiento que lleva a pensar en que el decrecimiento generará paro es el siguiente: al disminuir el consumo disminuye la producción, al disminuir la producción disminuye la mano de obra. En efecto, ésta es una tendencia. No la única. Otra: al disminuir el consumo disminuye la necesidad de renta del consumidor, al disminuir la necesidad de renta se requiere trabajar menos, al trabajar menos se liberan horas de trabajo que serán ocupadas por otras personas. Lo que el modelo teórico no puede asegurar (y sólo seremos capaces de verlo en la práctica) es cuál de las dos fuerzas tiene más peso: el paro debido a la disminución de producción o la creación de puestos de trabajo con motivo de la reducción de la dedicación laboral individual.

2. Antes de criticar al decrecimiento por la posibilidad de que genere desempleo es necesario tener claro que el crecimiento es una fábrica insaciable de paro. No sólo la experiencia actual lo demuestra de forma contundente, también el análisis de los modelos teóricos. Sabemos que la apuesta del crecimiento es la internacionalización de las empresas y su robustecimiento para aspirar a éxitos en la dura arena de la competencia global. Para conseguirlo hay que despegarse de las empresas pequeñas y construir grandes criaturas que se descubren especialistas en la creación de paro. Pensemos que si cien pequeñas empresas mantienen doscientos puestos de trabajo, su fusión en una gran empresa conseguirá producir mucho más con mucha menos mano de obra. Esa tendencia se llama eficiencia, una de las motivaciones principales. Crecer, es decir, aumentar la producción estimulando el consumo, no crea empleo sino paro, pues la principal herramienta para estimular el consumo es hacer los productos atractivos, entre otros aspectos, mediante los bajos precios que permiten unas reducciones de gastos asentados principalmente en la reducción de los costes en mano de obra.

3. Supongamos no obstante que: 1) el decrecimiento genera paro; y 2) el crecimiento estimula el empleo. Aún así, ¿es un argumento para mantener el crecimiento? Pensemos, por ejemplo, en la violencia. Lo más esperable es que cualquier persona suscriba el deseo de que toque a su fin toda forma de violencia en el mundo: nada de guerras, asesinatos, terrorismo, violencia doméstica, robos, opresiones diversas, etc. No obstante, si se termina con la violencia, ¿qué pasa con los policías, la guardia civil, el ejército, los abogados, el ministerio del interior, el del exterior, las empresas de seguridad, las fábricas de armamento, las de cerraduras y llaves, etc.? ¿Qué pasa con todos los establecimientos comerciales donde compran y los servicios que contratan los millones de personas que se encargan de lo anterior? En definitiva ¿Qué impresionante suma de puestos de trabajo directos e indirectos se perderían si desapareciera la violencia? En otros términos ¿hemos de mantener la violencia para crecer? ¿Asumiríamos el decrecimiento derivado de su desaparición? El argumento del empleo debe ser matizado desde concepciones éticas.


Extraído de: Poder y decrecimiento (I) y (II) en el Blog del Proyecto Lemu

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