Decrecentismo y gestos políticos

Suricato - Innovacion y decrecimento

Asistimos hace dos semanas a una reunión convocada por varios colectivos ciudadanos y pequeños partidos políticos para preparar la jornada de huelga del 29 de septiembre. El lugar, La Tabacalera, en el barrio de Lavapiés, Madrid, se ha convertido en un ámbito de reunión y conversación pública diverso, colorista, cooperativo, horizontal y asambleario.

Nos sorprendió, por esto mismo, la puesta en escena de la reunión: un espacio en altura presidido por un micrófono por el que sucesivamente pasaban y pronunciaban sus discursos y gritaban sus consignas los representantes de los grupos convocantes que estaban situados en la parte posterior del escenario.

Todo dentro de la liturgia conocida de la izquierda conocida. Demasiado igual a sí misma e incluso peor: el código político-mediático actual prescribe que detrás del líder aparezca ocupando todo el plano visual, militantes de base, heterogéneos, sencillos, comunes y corrientes, de acuerdo a la norma interna estética y antropológica de cada partido. En la reunión de Lavapiés ni siquiera eso se producía. El espacio había sido cercenado entre los que hablaban y los que escuchaban; unos en las alturas y otros en la llanura, unos hablando y otros escuchando. Subconjuntos disjuntos unidos por un discurso que quería ser nuevo pero que, desgraciadamente, repetía consignas en el argot tradicional, gastado y cansino. Los grupos asamblearios, base de la convocatoria pero inexpertos, quedaron subordinados dentro de un ritual que no les pertenecía.

Estamos en la fase expresiva y ligeramente expansiva de un posible movimiento social por las transformaciones sociales en el cual los decrecentistas tenemos mucho que aportar. Esta convocatoria de huelga ha permitido la expresión, por primera vez de la identidad de colectivos (www.cualestuhuelga.net) hasta ahora excluidos y autoexcluidos de las protestas. El día de la huelga marcharon por las calles de Madrid en un recorrido independiente a los trazados por las convocatorias “oficiales”. Estos colectivos deben tener la oportunidad de expresarse y construir su proyecto sin someterse a la lógica de los grupos hegemónicos en el espacio político alternativo actual. Por este motivo, entre nuestras contribuciones debería estar una concepción dialógica y horizontal de la política, no dogmática y lúcida, traspasable a estos colectivos. Nuestra contribución debería ser más ética que épica. Y aquí hay mucho que decir acerca de la necesaria renovación de los gestos y las palabras, a su vez expresión de una ética política distinta. Si no asumimos el naufragio histórico que incluye el naufragio semántico y gestual de los movimientos de izquierda tradicionales poco tendremos que decir a las nuevas generaciones de activistas y ciudadanos que se incorporan a las movilizaciones, incluyéndonos a nosotros mismos, recién llegados a la historia de los movimientos sociales.

Los decrecentistas debemos situarnos dentro de un proyecto de reinvención del discurso emancipatorio y no dentro la estela de repetición de modos y proyectos fracasados. Nuestro viaje es de apertura y de descubrimiento. Para ello debemos "aligerar la carga doctrinaria" que todavía sigue lastrando a la mayoría de la izquierda y arriesgarnos a reinventar los conceptos y los gestos de la conducta contrahegemónica. La tarea es difícil pero eso no excusa la necesidad de emprenderla. Afortunadamente, tenemos un ejemplo de renovación inteligente del código y las prácticas políticas en el neozapatismo mejicano que ha permitido la deconstrucción de muchos de los esquemas caducos de la izquierda centralista, jerárquica y dogmática. Este movimiento apuesta por la “posibilidad de separar el pensamiento revolucionario actual de la tradición marxista-leninista-troskista-guevarista y de encontrar nuevas formas de hacer política y de ejercer el poder: mediante la fórmula mandar obedeciendo y la introducción de la ética en la política y en la relación fines y medios" (Manuel Vázquez Montalbán").

Podemos desarrollar estrategias de visibilización (aquí estamos), de desafío (podemos vivir de otra manera) de innovación (tenemos ideas y prácticas que prefiguran aquí y ahora una sociedad diferente) de articulación (estamos junto a otros) sin necesidad de constituirnos en vanguardia o retaguardia de nadie. Pero para cumplir con estas tareas es imprescindible profundizar en la capacidad de análisis de las realidades que hacen necesarias las transformaciones. Y estas son realidades locales, limitadas, pero intensas en significados y experiencias. Por ese motivo, es imprescindible desarrollar capacidad de interpretación y traducción de los discursos y prácticas en los contextos donde los colectivos de objetores del crecimiento desarrollan su trabajo.

No somos una consciencia externa, sino una conciencia común, enraizada en las prácticas sociales de sujetos sociales preexistentes. Por ello, ninguna forma de "entrismo" nos define ni debe interesarnos. Se trata de participar, junto a otros, en el llenado de contenidos nuevos en un discurso todavía saturado de verborrea roja, rojinegra, verde y lila, actuando de catalizadores y traductores de experiencias no hegemónicas, antiguas y nuevas, en la perspectiva de diseñar proyectos contra hegemónicos de mayor alcance. El inventario decrecentista de las catástrofes, ecológicas y sociales, que se avecinan es necesario pero insuficiente de manera aislada para convocar las voluntades de cambio. El momento de la negación debe ser sustituido por el momento de la proposición. Debemos sustituir el anticapitalismo visceral y muchas veces retórico, por un prodecrecimiento racional e informado, a la vez que imaginativo y creativo, es decir utópico. Lo relevante ahora es la construcción y difusión de proyectos que actualicen los conceptos e intuiciones decrecentistas en formas sociales concretas. Pensar, por ejemplo, la escuela, la fábrica, la ciudad o la cooperativa decrecentista y diseñar sus contornos, así como participar en la cartografía, la traducción y la articulación de prácticas no hegemónicas existentes aquí y ahora, en una dirección contrahegemónica. Esta la tarea más relevante que tenemos frente a nosotros.


Septiembre 2010

3 comentarios:

  1. No me parece ninguna casualidad el hecho de que a la manifestación convocada por los sindicatos de clase hubiera mucha gente que decidiese acudir ya con su propia pancarta. Muchas de ellas, en contra de estos mismos con los que ya no se identifican.
    De hecho, en muchos casos, se secundó para poder hacer bulto para las fotos, pero sin ningún interés en escuchar lo que, desde la palestra, tenían que decir.

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  2. Anónimo11:38 a. m.

    Si, puede ser el principio de la aparición de nuevos sujetos de cambio.

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  3. Evidentemente hay cambios en los actores como consecuencia de los cambios en las estructuras productivas y en los mercados de trabajo, pero también por cambios en los valores culturales y en las identidades. Los decreentistas debemos estar atentos a ellos e imbricarnos con los nuevos sujetos.

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