David M. Rivas: La teoría del decrecimiento es revolucionaria

Inés Ordoñez: Hoy han discutido sobre la teoría del decrecimiento. ¿Es usted partidario de una política de ese tipo?.

David M.Rivas: La teoría, o más bien teorías, del decrecimiento es relativamente nueva por lo que no puedo ser un entregado militante de la misma. Pero es una visión muy necesaria en el debate actual y, por lo que voy estudiando, me parece que comparto la parte central de sus postulados. Hay tres leyes que nos muestran la física y la biología que no podemos olvidar porque son inexorables: todo está relacionado con todo, todo va a alguna parte, nada puede crecer indefinidamente. Esta última es la que ahora toca analizar: si nuestro planeta es finito, nada puede ser infinito. Pero la ciencia económica predica el crecimiento constante. No sólo lo predica sino que el capitalismo nada más que puede mantenerse bajo el paradigma del crecimiento. El capitalismo es como la bicicleta: solo está en equilibrio si avanza.

I.O.: ¿Estamos entonces ante una teoría revolucionaria?.

D.M.R.: En cierto modo sí. Ya lo había sido el crecimiento cero de hace treinta o cuarenta años y lo es el desarrollo sostenible que se generalizó desde principios de los noventa. Es posible que el decrecimiento sea la teoría que, radicalizando los términos, sea la nueva alternativa de esta década que comienza.

I.O.: Prestigiosos economistas dicen que todo esto es ridículo y que lo que hay que hacer es ajustar el modelo.

D.M.R.: Tener prestigio no es tener razón, ni mucho menos ser sabio. Schopenhauer decía que una idea que triunfa pasa primero por dos etapas: en la primera es ridiculizada y en la segunda es atacada violentamente. Lea usted lo que “prestigiosos” intelectuales de finales del XIX y primeros del XX decían del descanso dominical, de las ocho horas de trabajo o del derecho a la huelga. Aquello era poco menos que el final de la civilización y la ruina de los países. Por no hablar del sufragio universal o, más tarde, del voto femenino. Lea, lea usted a esos “prestigiosos” intelectuales. Sentirá una mezcla de risa y escalofrío.

I.O.: Usted criticó ayer en un programa de televisión la prepotencia de los economistas.

D.M.R.: De los ortodoxos. Yo soy economista y creo que soy practicante de una ciencia que ayuda a entender muchas cosas. Los economistas, por lo general, tenemos metodologías mucho más elaboradas que el resto de las ciencias sociales, con excepción, quizás, de la antropología. Pero la economía es la administración de la casa (“oikos-nomos”), mientras que la ecología es el conocimiento de la casa (“oikos-logos”), por lo que mal administraremos si no conocemos. La economía debe subordinarse al conocimiento previo. Que nos digan los biólogos cuál es el ciclo de la merluza y nosotros planificaremos las pesquerías. Que nos digan los físicos y los químicos cuál es la tasa de asimilación del anhídrido carbónico y nosotros planificaremos la industria. A eso me refería cuando hablaba de una necesidad de humildad por parte de los economistas.

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1 comentario:

  1. Anónimo10:37 a. m.

    Estamos en Mayo del 2018 y después de 10 años de este postulado ya hemos alcanzado la fatídica barrera del 400ppm de CO2 en la atmósfera terrestre, según la OMS esta deriva suicida de la población terrestre nos lleva a un calentamiento irreversible de la temperatura media de la atmósfera terrestre de más de 3ºC en los próximos 50 años, esto provocará la desaparición de los casquetes polares y del aumento del nivel del mar de más de 8m (p.e. la isla de Manhattan desaparecera bajo el nivel del mar así como muchos archipielagos del caribe, de indonesia y del pacífico), la mayoria de poblaciones costeras y deltas de rios, principal ubicación de plantaciones hortalizas y forraje serán anegadas por agua salada marina, el daño será irreversible. Habrá masivas migraciones humanas debidas al cambio climático y la desertización del planeta, vendran pandemias de hambre y enfermedades. Y al final el hombre desaparecerá de la faz de la Tierra por su imparable egoismo y ambición. Somos y seremos los máximos responsables de la actual deriva.

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