Una vía de futuro: el decrecimiento

Carolina T. Godina - crisiseconómica2010

Dado que dos personas me pidieron que escribiera sobre que distinción existe para mí entre decrecimiento y pobreza, aquí va este artículo. Ante todo dejar claro que esta es mi perspectiva y mi postura al respecto y que no pretendo tener la verdad sobre esta cuestión, sencillamente es una opción por la que pasa parte de nuestro porvenir como especie y la de todo el planeta en su conjunto.

Decrecer en el diccionario significa ‘menguar o disminuir’… bien, esto puede hacernos pensar que un movimiento basado en el decrecimiento implica inevitablemente un empobrecimiento de las personas que abogan por un modelo tal. Sin embargo, no tiene porque suponer un empobrecimiento, pero sí un acto de renuncia a toda una serie de cosas que nos arrastran al deterioro ambiental, físico y mental. Algo basado en una disminución y una mengua nos asusta porque relacionamos estos términos con un deterioro importante en el ámbito material al que tan bien acostumbrados estamos. Creo que no es más que uno de los frutos de nuestra cultura, basada en un lenguaje tendencioso que ha buscado estigmatizar ciertos términos a favor de otros que han servido para manipular y mancillar determinadas tendencias. Fijaos en el lenguaje de los que creen que el progreso es regular y ascendente, siempre usan términos que alimentan esa idea.

El lenguaje es una arma muy potente y de ahí que se use a conciencia para manipular a las personas, pero como todo poder, el del lenguaje también es, en cierta medida, neutro, cobra sentido en función del contexto en el que lo situemos y como utilicemos los términos. El lenguaje cobra sentido cuando lo usamos en uno u otro contexto. Es una herramienta como otra, y el uso de una palabra en un contexto o en otro puede adquirir sentidos muy dispares e incluso antagónicos.

El decrecimiento, por tanto, puede ser visto como algo negativo que hay que evitar a toda costa o como algo positivo, todo depende de la mirada que pongamos encima del término y de qué modo lo situemos en el contexto actual. Eso no quiere decir que sea algo arbitrario, ya que decrecer es decrecer, pero lo que trato de transmitir es que el sentido último de este término no necesariamente es negativo, es decir, los paisajes que este término dibuja no tienen porque ser la miseria y el empobrecimiento, como muchos nos quieren hacer creer, sino todo lo contrario. La idea es decrecer, para poder desarrollarnos como seres humanos de un modo más sano para todos y para nuestro planeta.

Ahora expongo como entiendo yo la diferencia entre decrecimiento y pobreza. Para mi el decrecimiento es dejar de vivir como si los recursos fuesen infinitos, como si la Tierra siempre nos fuera a nutrir pase lo que pase, como si el mundo solo existiera para ser sobreexplotado, etc. Decrecimiento es vivir de un modo más acorde con el ambiente y las personas que nos rodean, no gastar por encima de nuestras posibilidades y no me refiero simplemente a artículos caprichosos e innecesarios, sino no consumir más recursos de los que realmente necesitamos. Decrecimiento es buscar las vías que nos ayuden a recuperar la buena salud del planeta y por ende de sus habitantes.

Los términos de progreso, crecimiento, evolución, desarrollo, guardan en su seno aquello que los contradice. Toda la carga de la que las hemos dotado los convierte, actualmente, es un chiste de mal gusto. Además, sin duda, se han relacionado estos términos con algo positivo, pero ese algo se ha hecho extensivo incluso a aquellos aspectos nefastos que no tienen nada de progreso ni de avance. En estos términos se esconde actualmente la ley del más fuerte.

A todo esto se puede objetar, que los países pobres se verán más empobrecidos si se quiere extender esta propuesta de decrecimiento a estos países, pero este decrecimiento va dirigido principalmente a los países ricos para que los países pobres no se vean en permanente desventaja y puedan disponer de sus propios recursos y alimentos. Sin embargo, no negaré que si el crecimiento capitalista es insostenible para los países ricos también lo será, en un futuro no muy lejano, para los países que todavía están en unos niveles de vida precarios. Pero confío que muchos otros grupos humanos y países, aprenden de los errores que los países ricos hemos cometido y que hemos fomentado en otros rincones del planeta, y apuesten por nuevos enfoques transformadores que dejen atrás el modelo capitalista que concibe el mundo como un objeto a explotar infinitamente.

Otros piensan, por poner un ejemplo, que todos los africanos desean una África como Occidente y creo, en parte, que esto es algo que nos han hecho creer los medios de comunicación alertándonos de la imposibilidad de que los países llamados ‘subdesarrollados’ puedan llegar a un desarrollo semejante, puesto que tal desarrollo sería la debacle planetaria definitiva. Aunque es evidente que no es posible el desarrollo capitalista a escala mundial como ya he apuntado más arriba, también es cierto que tal afirmación esconde el interés por parte de los países ricos de mantener a gran parte de la humanidad en la más absoluta pobreza e indefensión, ya no por cuestiones de recursos naturales (que ya hemos visto que a los gobernantes les importa un comino el bienestar del planeta), sino, y principalmente, para seguir demostrando el poder de los países ricos y tener una cantera de esclavos además de un mercado donde vender armamento y seguir sobreexplotando el planeta. Alimentar el conflicto en los países pobres para vender el armamento de los países ricos y mientras alimentar en nuestras mentes la idea de que África ya está bien como está, el razonamiento de los poderes económico-políticos es perverso y estúpido (una combinación altamente peligrosa).

Y yo respondo que en África, como en tantos otros lugares del mundo donde la pobreza es la norma, no todos los modelos que se proponen siguen la línea del modelo capitalista, cada vez son más, a nivel ciudadano, los que se percatan del peligro que supone un crecimiento como el que sigue Occidente y ya están proponiendo otros modelos viables (si nos trasladamos a Asia, en India hay ejemplos interesantes de conciencia ciudadana entre las capas más humildes de la población, que son a menudo las que tienen ideas más innovadoras), acordes con el entorno, donde las necesidades estén cubiertas sin necesidad de malbaratar lo que la tierra nos da, pero claro esto tiene poca visibilidad, porque por el momento aún son propuestas que no se han extendido lo suficiente sin olvidar, además, que no interesa mucho que cunda el ejemplo ya que eso significaría un mundo más justo para todos y una reparto equitativo, todo ello unido a la cooperación entre las personas, lo que haría perder poder a las multinacionales y a los magnates del planeta que ya no podrían seguir usando el poder económico como arma de dominación y explotación.

La propuesta de decrecimiento que suena desde hace años en distintos puntos de nuestro mundo, no es descabellada. La gente que la defiende no defiende la vuelta a la edad de piedra, no se trata de eso. Se trata de recuperar la gestión de los recursos locales a base de cooperación entre las personas, buscar energías más sanas y respetuosas con el medio ambiente, buscar otras maneras de cultivar la tierra, otras formas de organización entre las personas, otros modelos económicos en los que el dinero realmente no esté por encima de las personas y el intercambio no se base siempre en monedas y billetes. Decrecer es disminuir de forma notable nuestro consumismo compulsivo y nuestro consumo de determinadas energías no renovables. Decrecer es buscar el mínimo impacto en nuestro entorno, no solamente pensando en nosotros mismos y en nuestros intereses inmediatos, sino poniendo la vista mucho más allá, poniendo la vista en los demás, buscando un mundo en el que podamos vivir todos dignamente.

Para concluir lo haré con una frase de un libro muy recomendable. Lo curioso es que lo que expongo en el artículo lo escribí antes de llegar a esta parte del libro, sincronías.

“Que nadie piense que decrecer económicamente es un obstáculo para crecer. En realidad es casi una necesidad, pues sólo cuando abandonemos totalmente nuestra idea de crecimiento material, podremos crecer social, cultural y espiritualmente”.*

Dada la situación apremiante que vivimos, ¿nos atreveremos de una vez a renunciar a ciertas cosas para cuidar de nuestra Tierra y de todos los que en ella viven?

* Del libro ‘Camino se hace al andar’, de José Luis Escorihuela. Editorial Nous, Córdoba, 2008.

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