Decrecimiento y justicia Norte-Sur

Giorgio Mosangini - Col.lectiu d'Estudis sobre Cooperació i Desenvolupament

El crecimiento es indisociable de la desigualdad Norte-Sur

Si alrededor de 1500 empieza la historia del crecimiento económico exponencial, también empieza la historia de las desigualdades Norte-Sur. Al inaugurarse el sistema capitalista mundial nace también su estructura jerárquica. El modelo de crecimiento incorpora progresivamente todos los territorios (proceso aún en marcha hoy en día) aniquilando las estructuras culturales, sociales y económicas preexistentes en beneficio de los países del centro y del modelo de crecimiento ilimitado. El incremento de las desigualdades, la pérdida de autonomía y la confiscación de ecoespacios en la periferia son condición indispensable del crecimiento económico. Por tanto deben ser dimensiones centrales de los análisis y las propuestas del decrecimiento.

La responsabilidad de la crisis sistémica en un mundo desigual

La crisis sistémica que atravesamos exige analizar la responsabilidad de las sociedades de acuerdo a la desigualdad existente. El haber superado las capacidades de carga de la biosfera es responsabilidad de los países del Norte y de las élites del Sur (el 20% de la población que consume más del 83% de los recursos). La gran mayoría de la población humana (el 80% restante) no vive por encima de las capacidades del planeta. Para universalizar el estilo de vida de una estadounidense medio necesitaríamos más de 5 planetas (3 en el caso de un español). La mayoría de los países, en cambio, siguen manteniendo su huella ecológica muy por debajo del techo natural.

Aunque no tengan responsabilidad sobre la crisis ecológica y la superación de las capacidades de carga de la biosfera, las poblaciones del Sur global son las principales víctimas de sus consecuencias (cambio climático, incremento de fenómenos naturales extremos, etc.). La sobrecarga sobre el planeta incrementa la presión sobre los ecoespacios del Sur. La acumulación del capital y el crecimiento, para proseguir en una situación de escasez, incrementan la presión sobre la materia, la energía, la biodiversidad, los espacios de cultivo, el material genético, etc., del Sur global. Los picos de explotación de recursos tienen influencia directa en la aparición de nuevas fronteras de explotación, que empeoran las condiciones de vida y agudizan los conflictos sociales en las sociedades del Sur.

Determinismo ecológico vs. decrecimiento como proyecto político

Reconocer que hemos superado las capacidades de carga de la biosfera puede conllevar el riesgo de caer en algún tipo de determinismo ecológico. Hay límites, pero dentro de los límites las sociedades humanas son construcciones sociales y políticas, no son sólo el reflejo de una realidad ecológica. Poner en evidencia los límites ecológicos no nos debe alejar de la política, sino que debería llevarnos a asumir políticamente la construcción de sociedades justas y sostenibles. Para que el decrecimiento en un futuro no se traduzca en un ajuste esencialmente ecológico, cientificista o anti-humano, tenemos que poner en primer término nuestros valores: el cuidado de la vida, de la naturaleza y de los seres humanos. El igualitarismo y la lucha contra las desigualdades (en particular en su dimensión Norte-Sur) tienen que ser un elemento central del decrecimiento.

La deuda del crecimiento: la defensa de la justicia Norte-Sur desde el decrecimiento

Proponemos el concepto de deuda del crecimiento como uno de los posibles enfoques para dotar de contenido político la dimensión Norte-Sur en el marco de las propuestas del decrecimiento. Ante la insostenibilidad ecológica alcanzada por la humanidad, la degradación creciente de materia y energía y el incremento resultante de desigualdades e injusticias sociales, los países del Norte y las élites del Sur son deudores de crecimiento mientras que los países del Sur son acreedores de crecimiento. Consideramos que la deuda del crecimiento debería incorporar el conjunto de deudas definidas a partir del estudio de los impactos del modelo de crecimiento occidental en los países del Sur, tales como:


  • La deuda ecológica. La deuda de carbono (el modelo de crecimiento económico del Norte genera emisiones de dióxido de carbono que superan la capacidad de absorción natural y causan impactos ecológicos como el calentamiento global). La biopiratería (las transnacionales del Norte se apropian de la diversidad cultural y biológica registrando la propiedad intelectual de recursos y conocimientos tradicionales existentes en los países del Sur). Los pasivos ambientales (el crecimiento económico en el Norte se nutre de la extracción de recursos a precios muy bajos y con costes ecológicos altos en los países del Sur). La exportación de residuos (residuos del modelo de producción y consumo en el Norte se trasladan a los países del Sur generando graves impactos ecológicos)

  • La deuda social (impacto del crecimiento de los países del Norte en las condiciones de vida, de salud, y de derechos humanos de la poblaciones del Sur)

  • La deuda cultural (el modelo uniforme de producción y consumo impuesto por el crecimiento económico avanza paralelamente a la destrucción de culturas y formas de vida milenarias en los países del Sur)

  • La deuda histórica (el crecimiento económico en el Norte hunde sus raíces en la colonización y las múltiples formas renovadas de dominación)
    La deuda económica (el crecimiento económico del Norte se sustenta en el intercambio desigual con los países del Sur)

  • Etc.

Aunque el "pago" de la deuda del crecimiento pase esencialmente por cambios en el Norte (decrecimiento), también conlleva responsabilidades de compensación a todos los niveles: social, ambiental, económico, cultural…

La cooperación internacional: un ámbito concreto de incidencia para la perspectiva Norte-Sur del decrecimiento

La cooperación internacional al desarrollo parte substancialmente de un imaginario económico (el del crecimiento ilimitado) y se ve contagiada por la incapacidad del modelo occidental de tener en cuenta a la biosfera. Dos grandes rasgos del discurso de la cooperación pueden ser objeto de una revisión crítica por parte del decrecimiento:


  1. La cooperación se entiende fundamentalmente como una respuesta a carencias de los países del Sur. Hasta los años 80, identificaba la falta de crecimiento económico como la mayor carencia de los países del Sur. Por ello, el crecimiento económico fue el principal objetivo de la cooperación durante décadas. A partir de los años 80 han ido ganando fuerza análisis que otorgan un papel central también a carencias situadas en la dimensión social u otras dimensiones no estrictamente económicas (promoción del capital humano, de las capacidades y oportunidades humanas, etc.), sin embargo, el crecimiento económico sigue siendo una condición imprescindible para alcanzar el desarrollo humano.

  2. La ayuda oficial al desarrollo (AOD) no constituye una obligación de los Estados, es voluntaria y discrecional. La propia terminología del modelo de cooperación ("ayuda", "donación", etc.) nos remite a su voluntariedad y no obligatoriedad. En ningún momento aparece el derecho de los países del Sur a reclamar o exigir flujos de AOD. El modelo de cooperación se sustenta en la decisión unilateral del Norte acerca de dónde, cómo, y cuánto "ayudar".

Retomando los análisis del decrecimiento expuestos anteriormente, podemos sacar alguna conclusión sobre la revisión crítica de los dos grandes rasgos de la cooperación internacional señalados:


  1. La cooperación como redistribución. La "pobreza", el supuesto "subdesarrollo" de los países del Sur, no atañen principalmente a problemas relacionados a carencias propias, sino a la confiscación de sus ecoespacios por parte de los países del Norte. El problema no es el crecimiento de los países del Sur (ya sea en términos estrictamente económicos o desde un punto de vista de capacidades). El problema fundamental es de redistribución del uso de los recursos y de sujeción a los límites naturales. No es que el Sur no crezca o no se "desarrolle", sino que lo hace en función de las necesidades e intereses de los países del Norte y de las élites en el Sur. La reflexión nos llevaría por lo tanto hacia la necesidad de repensar el modelo de cooperación, centrando las estrategias en el ajuste ecológico y social del Norte que permita redistribuir con equidad la utilización de los recursos del planeta entre sus habitantes, así como volver a respetar los límites marcados por la biosfera y las capacidades de regeneración del planeta. Ya no se trataría de enfrentar las carencias del Sur, sino los excesos del Norte global.

  2. La cooperación como responsabilidad y obligación. Contemplar la cooperación desde la perspectiva de la deuda del crecimiento nos llevaría a sustituir la voluntariedad por la obligación, la caridad por la responsabilidad. Deberíamos reformular entonces un modelo de cooperación internacional basado en una doble obligación: la obligación de devolver y de no exceder. Compensar y remediar, por un lado, todos los impactos negativos que nuestro modelo ha tenido en los países del Sur. Ajustar ecológica y socialmente nuestro modelo, por otro lado, para que occidente ya no viva a costa de los bioespacios de las poblaciones del Sur y superando las capacidades de carga del planeta.

¿Qué propuestas para/desde el Sur?

Si reajustásemos los excesos e injusticias del sobreconsumo del 20% de las élites mundiales, el 80% de la población humana aún tendría un amplio margen de crecimiento en su consumo de materia, de energía, en sus emisiones de Co2, etc., a medida que éstos decrezcan radicalmente en el Norte global. Ahora bien, esta constatación no implica que el Sur global deba seguir la senda del modelo productivista y extender el economicismo a todas las esferas de la vida. Si el decrecimiento concierne esencialmente al Norte global, también implica cambios en el Sur. El cuestionamiento del crecimiento económico y del desarrollo occidental en el Sur global y la búsqueda de nuevos caminos debería partir en primer término de propuestas políticas y análisis ya existentes, que emergen desde o sobre el Sur global, y auguran fecundos cruces teóricos con el decrecimiento. Señalamos algunas perspectivas con las cuales el decrecimiento podría compartir su camino contra la mercantilización y por la defensa del cuidado de la vida como objetivo básico de las sociedades:

  • Soberanía Alimentaria. La propuesta política de la Vía Campesina (movimiento que aglutina a organizaciones con casi 200 millones de campesinos/as afiliados) defiende el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas ecológicamente sustentables de producción distribución y consumo de alimentos, garantizando su derecho a una alimentación nutritiva, segura y cultural y ambientalmente apropiada, con pleno acceso de las familias campesinas a tierra, agua y semillas. La Soberanía Alimentaria también reclama el derecho a proteger la producción agropecuaria local y nacional y el mercado local, contemplando la comercialización de los excedentes sólo después de garantizar las necesidades de la población local. Comparte agenda con el decrecimiento al enfrentarse al modelo agroindustrial y librecambista, que condena al sector agropecuario a la mercantilización y al productivismo. Defienden la agroecología y la multifuncionalidad del campo.

  • Ecofeminismo. El decrecimiento coincide con el ecofeminismo y otras perspectivas feministas críticas en la denuncia del imaginario que sustenta la modernidad occidental y la economía ortodoxa. Imaginario que conlleva la invisibilización y explotación de la naturaleza y de las mujeres. Ambas corrientes ven a la economía hegemónica como un obstáculo para perseguir sus objetivos de cuidado y reproducción de las personas y de la naturaleza.

  • Posdesarrollo. El posdesarrollo es una crítica cultural al desarrollo como principio rector de las sociedades. Defiende modelos culturales localmente adaptados frente a las recetas universales del desarrollo y del crecimiento ilimitado.

  • Buen Vivir (Sumak Kausay). Diversos países, como Ecuador y Perú, han incorporado cosmovisiones indígenas en sus constituciones que rompen con el productivismo y la insostenibilidad ambiental anclados en la cultura occidental. En la constitución ecuatoriana, por ejemplo, la naturaleza (Pachamama) pasa a tener derechos propios. El Buen Vivir tiene muchas semejanzas con el decrecimiento al entender como un todo la sostenibilidad social y ecológica, la justicia social y los derechos de la naturaleza. Desde el Sur nos llegan así propuestas políticas concretas para poner frenos a la mercantilización de la naturaleza, como la Iniciativa ITT, que propuso en el año 2007 no explotar el petróleo del Parque Nacional Yasuní, apelando a la corresponsabilidad de la comunidad internacional y situando a Ecuador en la vanguardia política mundial para alcanzar sociedades post-petroleras y en la denuncia de los efectos sociales y ambientales del modelo de crecimiento ilimitado.

    Documento de trabajo preparado para la Segunda Conferencia Internacional sobre Decrecimiento (Barcelona – marzo de 2010).

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