El altruismo como núcleo de la construcción social

Javier Arias - Alterglobalizacion's weblog

A lo largo de la historia de la humanidad la familia ha constituido una célula de importancia radical para el futuro de los individuos y de la especie. Son ya clásicos los estudios de Engels y otros autores al respecto. Por supuesto entendemos aquí el concepto familia en un sentido amplio y milenario, en una secuencia mutable a lo largo de las épocas y los lugares, en donde la variante tradicional occidental es sólo una de las múltiples alternativas posibles.

Lo que define de manera esencial a la institución
familiar, entendida ésta de una manera tan abierta y pluriforme como seamos
capaces de imaginar (poliándrica, poligámica, sindiásmica, comunal,
tradicional, monoparental, homosexual…), es el componente ALTRUISTA en la
prestación de servicios que se establece entre cuidadores y prole. La
relación, hasta que el indivíduo alcanza unas mínimas capacidades para llevar
una existencia independiente, es plenamente desinteresada, desprovista de
cualquier componene relacionado con la búsqueda del lucro o el beneficio ante
un futuro lejano y completamente incierto. Sólo un intangible sentimiento de
“solidaridad intergeneracional” puede explicar una conducta tan poco sujeta a
recompensas materiales inmediatas como los cuidados que los adultos
proporcionan a sus descendientes. Gracias a este vínculo los sujetos jóvenes
desarrollan una “urdimbre afectiva” (siguiendo el concepto acuñado hace
décadas por el médico español Rof Carballo) que les dará la seguridad
psicológica necesaria para desarrollar una vida futura satisfactoria. La
familia transmite al infante, mediante transacciones genuinamente altruistas,
las herramientas mentales y conductuales necesarias para seguir manteniendo la
cadena social sobre la que se edifica la propia supervivencia de la especie.

Nadie “se ha hecho a si mismo”, ninguna persona “ha conseguido todo lo que
tiene sin que nadie le regale nada”. Estas afirmaciones tan propias del
individualismo neoliberal son intrínsecamente falsas. Somos lo que somos
porque hemos tenido una familia biológica y social que nos ha regalado
prácticamente todo sin exigirnos ninguna compensación monetaria o material a
cambio. Como decía el propio Rof “el hombre está constituido de manera
esencial por su prójimo“. A buen seguro que un gigante del pensamiento llamado
Piotr Kropotkin, autor de esa imprescindible obra titulada “el apoyo mutuo”,
hubiera compartido dicha afirmación. Cualquier sistema económico que olvide
esta realidad altruista y mutualista constitutiva de toda especie viva,
despreciando este pacto fundacional y atávico contraido para con sus
semejantes, lleva en su seno la semilla de su propia destrucción."

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