Mujer, poesía, desorden

Silvia Delgado Fuentes - Si vis pacem

Es la mujer la que duerme los sueños del niño recién parido, la que los amamanta, nombrándolos a cada paso, entre canciones y arrullos, entre risas y amor abre al niño las puertas de un mundo hecho de voces y palabras.

Esta relación de intimidad, de profunda unión entre la mujer, la palabra y la vida, se hace añicos con el tiempo.

Aunque ha sido la mujer la que ha sembrado la imaginación al hombre que hoy escribe, se encuentra despojada de su voz, apartada del camino, como si ese hombre nunca hubiera sido niño y nunca hubiera descubierto a través de la mirada de una mujer el universo.
La palabra comienza así su caminar torcido.

*

Ella sale de nuestros úteros, viva, ensangrentada, llena de huesos y de raíces para después crecer en tierra extranjera, en patrias que no son neutras. Nosotras la buscamos con audacia en los infiernos y en los paraísos porque no aceptamos el sacrificio de tenerla alejada, de quedarnos deshabitadas y soñamos con traerla de nuevo a nuestros pechos, como al principio.

Por eso la mujer que escribe, que opta por explicar el mundo con su caligrafía inicia el oficio con las manos vacías y trabaja lentamente rehabilitando una a una cada letra.

Por eso, la mujer que escribe poesía se encuentra sobre arenas movedizas, en una geografía que no reconoce su existencia, que no valida la legitimidad de sus protestas, se encuentra una vez más desahuciada, sola, estrellando su voz contra los cristales. Arrastra soledades pretéritas pero también la soledad de ser poeta en una tierra que bosteza si escucha la voz de las mujeres poetas que se revelan.
Ejercemos nuestro oficio sin perder de vista que una vez y otra vez el olvido se incrusta en nuestros versos y a pesar de tener esto presente, continuamos en esta lucha múltiple, con varios frentes abiertos; el de ser mujer con la palabra expropiada, el de ser poetas, el de vivir en una sociedad necesitada hoy más que nunca de poemas en pie de guerra.

Y continuamos, verso a verso, sin bajar la voz ni el canto.

Continuamos verso a verso caminando con los puños y los dientes apretados, en solitario.
Inundamos el presente con poemas que desafían el orden, que señalan la gangrena del sistema, su feroz violencia. Tenemos mucho que decir, mucho aire por respirar, mucha queja por apuntalar.

Somos mujeres, poetas del desorden, y entre el plomo, el fango, las calaveras, vamos nutriendo la historia.

Renunciemos a la palabra "Sostenibilidad"

Manuel Casal Lodeiro 'Casdeiro' - De Casdeiro

Cuando uno ve que la capacidad de recuperación y apropiación del léxico que muestra el conglomerado dominante semióticamente en nuestras sociedades (es decir el sistema binario publicitario-capitalista / publicitario-estatal) llega al punto de que se promulguen Leyes denominadas de Economía Sostenible basadas
en el imposible crecimiento perpetuo, o de que unos grandes almacenes ofrezcan un catálogo exclusivo de productos eco para hacer más sostenible nuestro hogar a precios especiales, parece claro que ha llegado la hora de renunciar al adjetivo sostenible. Es un término quemado, viciado y absorbido por el sistema insostenible que lo vacía de significado para neutralizarlo. Ahora todo es sostenible, como todo ayer se convirtió en ecológico.

Ambos conceptos tenían, en mi opinión, una tara desde su origen que los hacían propicios a este proceso de desactivación: son poco simples, poco directos. Son conceptualizaciones abstractas modernas, difíciles de explicar, de captar sin lugar a dudas por la mente de un(a) ciudadano/a común, y por tanto proclives a que otros les den los significados que quieran. En el caso de lo sostenible (o lo sustentable, que también se dice) se trata de un término nacido en las altas esferas académicas y políticas para hablar de un concepto que siempre existió pero que ahora parecía preciso etiquetar con una terminología nueva, ante los nuevos y agravados problemas que padecía.

Pero ¿qué persona con una formación media es capaz de definir sin duda y de manera precisa lo sostenible? Y no hablemos de su sustantivización, la sostenibilidad, en la que el grado de abstracción ya roza una compresión inasible.

Basándome en la función del lenguaje como mediador entre el pensamiento y la percepción de la realidad (J.M.Naredo, "Raíces económicas del deterioro económico y social") considero que los conceptos que intentamos trasmitir con toda nuestra buena voluntad con este tipo de términos merecen una mayor potencia, claridad e insubvertibilidad; características de las que sí goza, por contra, el término Decrecimiento. Además buena parte de la fuerza del concepto decrecimiento reside en que es, ya de origen, un sustantivo... O más bien cabría decir que es en realidad un verbo que define una acción simple y comprensible intuitivamente al estar muy directamente relacionada con conceptos bien tangibles como son el crecer y el decrecer. Por si esto fuera poco, la palabra decrecimiento se beneficia, invirtiéndola, de la claridad y extensión que ha alcanzado el concepto contrario del crecimiento, que el propio industrialismo capitalista se ha encargado de difundir. Es por tanto una jugada maestra comunicativa, que deberíamos tener muy en cuenta para criticar y rechazar el uso de lo sostenible. El problema de esta palabra comienza por el hecho de ser un adjetivo, ya que como tal es fácilmente acoplable a todo tipo de sustantivos (movilidad, explotación, energía, desarrollo, empresa, productos, turismo...) que llegan al extremo de la contradicción absoluta como en crecimiento sostenible. De hecho un simple muestreo en un buscador de Internet nos demostrará que las apariciones más frecuentes y notorias del adjetivo son acompañando a un sustantivo que en buena medida invierte su significado: desarrollo sostenible. Es un problema muy similar al que afecta a lo eco-, que de manera más potente aún, es fusionado con todo tipo de nombres que lo vacían de su pretendido significado. Podríamos concluir que el adjetivo sostenible se ha desactivado tanto que incluso podríamos tildarlo de contraproducente ya que su vaciado de significado se trasmite en la mente de muchas personas vaciando de contenido muchas luchas que la han convertido en su bandera.

¿Cuál sería, entonces, la alternativa? Creo que si volvemos la vista atrás tan sólo unas pocas décadas veremos que los pensadores y los activistas trataban estos mismos problemas pero sin hacer uso de esa palabra. Un análisis lingüísticos de propuestas ecologistas de los años 70 u 80, sin irnos más lejos, nos demostraría que se utilizaban estructuras gramaticales bien diferentes basadas en conceptos como permanente, riqueza natural, futuro, posteridad, continuidad, capacidad, respeto, contención, frugalidad vs. exceso, ahorro vs. gasto, mantenimiento vs. agotamiento, conservación, fertilidad, renovable vs. agotable, etc. Hablar de todo eso es hablar de sostenibilidad, pero si lo reducimos todo a una única palabra-fuerza, nos exponemos a que nos la roben, como así ha sucedido. Si nos remontamos más atrás en el pasado, a épocas previas a la ciencia ecológica moderna, veremos que había otras maneras de hablar de estas mismas cuestiones por parte de pioneros de las ciencias naturales y sociales, e incluso de líderes campesinos. Y si queremos aprovechar términos que conecten de manera más efectiva con la gente común, casi cabría mejor echar mano de la literatura popular, de la poesía y la narrativa de siglos pasados, y -¿por qué no?- de los refranes y dichos populares. Algo así hizo el EZLN con la comunicación popular de cuestiones políticas y sociales. Así pues creo que deberíamos realizar un esfuerzo comunicativo importante para recuperar (al menos en la comunicación divulgativa y activista) maneras más directas, simples y humildes de referirnos a los problemas de la sostenibilidad, dándole la vuelta a ciertos esquemas gramaticales. Intentaré poner algunos ejemplos: en lugar de hablar de la vuelta a una agricultura sostenible podríamos hablar de volver a cultivar de tal manera que siga habiendo cultivos el día de mañana; en lugar de la sostenibilidad en la construcción, hablar de maneras de construir sin agotar los materiales ni la energía; en vez de economía sostenible, hablar de formas de vivir que no roben el futuro a nuestros hijos; etc. No es buscar perífrasis, sino renunciar a la abstracción y decir las cosas claras, con verbos que concreten acciones inteligibles que nos impliquen emocionalmente porque entendemos que son parte de nuestra vida diaria, esas acciones que necesariamente debemos promover para llegar a ser sostenibles, o -mejor dicho- para poder sobrevivir y legar un futuro digno a nuestros descendientes.

El cambio de paradigma que necesitamos requiere -lo han explicado diversos autores a lo largo de estas últimas décadas- un cambio de imaginario colectivo. Para esa labor hay palabras que ya no sirven, que contaminan ese imaginario llenándolo de coches ecológicos o cortacéspedes sostenibles. No usemos el mismo esquema mental publicitario del slogan o la marca novedosa para arreglar los problemas que ese mismo esquema mental ha causado. No inventemos lo innecesario porque se puede volver contra nosotros. Simplifiquemos el lenguaje, renunciemos a palabras complejas y ya vacías, apoyémonos en palabras imposibles de retorcer, que conecten rápidamente en la mente de cualquiera con las realidades necesarias, con ese pasado que necesitamos recuperar y ese futuro que queremos preservar. Alejémonos de las modas de los nuevos significantes, por muy eco que pretendan ser, por muy correctos que sean académicamente, y recuperemos el significado. Ahí está la verdadera revolución de las palabras insobornables.

El altruismo como núcleo de la construcción social

Javier Arias - Alterglobalizacion's weblog

A lo largo de la historia de la humanidad la familia ha constituido una célula de importancia radical para el futuro de los individuos y de la especie. Son ya clásicos los estudios de Engels y otros autores al respecto. Por supuesto entendemos aquí el concepto familia en un sentido amplio y milenario, en una secuencia mutable a lo largo de las épocas y los lugares, en donde la variante tradicional occidental es sólo una de las múltiples alternativas posibles.

Lo que define de manera esencial a la institución
familiar, entendida ésta de una manera tan abierta y pluriforme como seamos
capaces de imaginar (poliándrica, poligámica, sindiásmica, comunal,
tradicional, monoparental, homosexual…), es el componente ALTRUISTA en la
prestación de servicios que se establece entre cuidadores y prole. La
relación, hasta que el indivíduo alcanza unas mínimas capacidades para llevar
una existencia independiente, es plenamente desinteresada, desprovista de
cualquier componene relacionado con la búsqueda del lucro o el beneficio ante
un futuro lejano y completamente incierto. Sólo un intangible sentimiento de
“solidaridad intergeneracional” puede explicar una conducta tan poco sujeta a
recompensas materiales inmediatas como los cuidados que los adultos
proporcionan a sus descendientes. Gracias a este vínculo los sujetos jóvenes
desarrollan una “urdimbre afectiva” (siguiendo el concepto acuñado hace
décadas por el médico español Rof Carballo) que les dará la seguridad
psicológica necesaria para desarrollar una vida futura satisfactoria. La
familia transmite al infante, mediante transacciones genuinamente altruistas,
las herramientas mentales y conductuales necesarias para seguir manteniendo la
cadena social sobre la que se edifica la propia supervivencia de la especie.

Nadie “se ha hecho a si mismo”, ninguna persona “ha conseguido todo lo que
tiene sin que nadie le regale nada”. Estas afirmaciones tan propias del
individualismo neoliberal son intrínsecamente falsas. Somos lo que somos
porque hemos tenido una familia biológica y social que nos ha regalado
prácticamente todo sin exigirnos ninguna compensación monetaria o material a
cambio. Como decía el propio Rof “el hombre está constituido de manera
esencial por su prójimo“. A buen seguro que un gigante del pensamiento llamado
Piotr Kropotkin, autor de esa imprescindible obra titulada “el apoyo mutuo”,
hubiera compartido dicha afirmación. Cualquier sistema económico que olvide
esta realidad altruista y mutualista constitutiva de toda especie viva,
despreciando este pacto fundacional y atávico contraido para con sus
semejantes, lleva en su seno la semilla de su propia destrucción."

¿Arquitectura sostenible?

Ethel Baraona Pohl - dpr-barcelona

“Seguimos en el mismo lugar que hace 10 años, porque se ha conservado toda esa mitología del crecimiento y se ha manejado de manera ambigua y engañosa esa idea de la sostenibilidad.” -José Manuel Naredo[1]

Parece paradójico que uno de los términos más utilizados y debatidos de los últimos tiempos, es una palabra que ni siquiera existe en el diccionario: sostenibilidad. Nos encontramos ante un amplio espectro de referencias y alusiones. Palabras como bio-construcción, eco-diseño, biomímesis se escuchan cada vez con mayor frecuencia. ¿Pero realmente sabemos cual es el camino correcto a seguir desde el ámbito de la arquitectura y el urbanismo?

Podríamos decir que en la última década, hablar de medio-ambiente es lo mismo que hablar de sostenibilidad, esa palabra ambigua y que se relaciona con múltiples disciplinas. Desde el ámbito de la arquitectura y el urbanismo hemos caído dentro de una espiral de culto por la tecnocracia y se piensa que el uso e investigación de las más altas tecnologías pueden acercarnos a lo que pretende llamarse “arquitectura sostenible”.

El gran ejemplo del siglo XXI son las nuevas ciudades sostenibles, tales como el proyecto de Masdar City, la gran ciudad ecológica diseñada y ubicada en Abu Dhabi. Alimentada por completo con energía solar, se planta un sistema de transporte público que se desplazará en vagones sobre carriles magnéticos y las calles peatonales estarán cubiertas con paneles fotovoltáicos, diseñados para generar sombra así como abastecer de energía a la ciudad. Masdar no es el único proyecto de este tipo en marcha, pues iniciativas de modelos de ecociudades existen por todo el mundo, tales como la ciudad Dongtan, en China, que compite con Masdar en términos de tamaño y que aparentemente ha sido un proyecto fallido. Todo esto suena muy bien, la pregunta que surge es ¿Realmente son necesarias todas estas infraestructuras?

El sociólogo y filósofo Slavoj Žižek se cuestiona acerca de estos temas en su texto Censorship Today [Violence, or Ecology as a New Opium for the Masses]. En este texto, Žižek narra la “naturalización del capitalismo” y hace énfasis en la forma en que la ecología se ha transformado en el nuevo campo de desarrollo capitalista. En la actualidad “ser ecológico” vende… y se vende bien.

Pese a todos los esfuerzos por acercarse al diseño urbano “ecológicamente más acertado”, parece que los arquitectos y urbanistas hemos aprendido poco en los últimos 50 años. Existen conceptos importantes como el metabolismo urbano que son ignorados totalmente en estos nuevos proyectos. Ya desde 1961, Jane Jacobs criticaba el diseño de ciudades [en este caso, modernistas] al considerarlas contrapuestas a la naturaleza viva de sus habitantes, quienes se relacionan en comunidades caracterizadas por capas complejas y en caos aparente y no según criterios de ordenacion basados en el uso estático del suelo.

Si entendemos metabolismo urbano como el intercambio de materia, energía e información que se establece entre el asentamiento urbano y su entorno natural o contexto geográfico[2], no cabe más que preguntarse ¿cómo es posible que este tipo de ciudades, aisladas del resto del mundo, construidas por una fuerza laboral importada y formada por inmigrantes de diversas procedencias, sean sostenibles?

Crecimiento urbano en el mundo. Worldmapper[3]. “Massive urbanisation means hundreds of already near-bankrupt cities trying to cope in 20 years with the kind of problems London or New York only managed to address with difficulty in 150 years.” John Vidal.

El impacto de estas ciudades sobre la biósfera es enorme, ya que las relaciones entre materiales y procesos sociales es casi nula.

Ahora sabemos que no es posible diseñar bajo parámetros sostenibles sin tomar en cuenta lo que Óscar Carpintero define como “flujos ocultos”, ya que el problema ecológico aparece al comprobar que la presión que las economías realizan sobre el medio ambiente se debe, en gran medida a la dimensión alcanzada por estos flujos ocultos no valorados[4]. Gran parte de este problema surge al constatar que un alto porcentaje de los flujos ocultos es importada de otros territorios.

Carpintero lo plantea de esta forma:

Esto nos recuerda que son precisamente este tipo de flujos los que suponen la mayor parte del metabolismo económico en cantidad, por lo que las estrategias de reutilización y reciclaje de los residuos de construcción y demolición deberían ser prioritarios si queremos reducir el consumo en origen de dichos recursos y la consiguiente generación de vertidos al medioambiente.

El problema aparece cuando se comprueba que la sostenibilidad de un país a veces se logra a costa de importar la sostenibilidad del resto de los territorios.

Recientemente, hablábamos en otro post acerca de las diversas tendencias acerca de la arquitectura sostenibile que existen en la actualidad:

Existen dos claras posturas cuando hablamos de este tema, la primera es la que sostiene que para hacer arquitectura sostenible debemos hacer uso de las nuevas tecnologías en toda su amplitud, llamando al concepto de biomímesis, es decir, imitar a la naturaleza. La otra aboga por el decrecimiento y rescatar de la arquitectura tradicional aquellos parámetros que son necesarios para poder construir con el menor impacto ambiental posible, respetando el clima, los materiales y los habitantes del lugar. El término decrecimiento nace de pensadores críticos con el desarrollo y con la sociedad de consumo, como el economista Nicholas Georgescu Roegen, que apuesta por la bioeconomía al intentar situar a la economía como un subsistema de la biósfera. Ya en los años 70 hizo propuestas que en aquel tiempo resultaban muy premonitorias: dejar de fabricar armamento, relocalizar las actividades y que la producción se sitúe cerca del consumidor y otras más que son plenamente aplicables en los tiempos actuales.

Lo que queremos proponer con este post es simplemente comenzar a cuestionarnos. ¿De qué forma podemos concebir mejores ciudades? O en realidad, ¿Es necesario concebir nuevas ciudades? No sería más sensato detener por un momento las ansias de crecimiento y evaluar todo ese enorme campo urbano que existe ya y buscar nuevas vías para adecuar las ciudades existentes a los nuevos requerimientos sociales, culturales y espaciales de este siglo.

César Reyes, co-autor del libro Arquitectura Sostenible, nos planteaba esta pregunta hace unos días: ¿Puede existir desarrollo sostenible utilizando los mismos modelos de producción y consumo surgidos de la Revolución Industrial? ¿Es posible salvar el entorno a golpe de retroexcavadoras movidas por biocombustibles?

[1] Entrevista a José Manuel Naredo
[2] Metabolismo Urbano
[3] Worldmapper
[4] El metabolismo de la economía española: recursos naturales y huella ecológica (1955-2000), Óscar Carpintero.

Extraído de La Civdad Viva


Paul Ariès en debate televisivo

Jornadas alternativas en Mérida

El sábado 22 de mayo, el profesor Carlos Taibo de la Universidad Autónoma de Madrid, dará una conferencia sobre el decrecimiento, en el Centro Cultural La Alcazaba de Mérida a partir de la 18:30. Le acompañará como ponente Jose Manuel Benítez, miembro de Vía Campesina y del sindicato COAG. El acto se enmarca dentro de las Jornadas Alternativas frente a la reunión de los ministros de agricultura de la Unión Europea, que han sido convocadas por más de 40 organizaciones extremeñas, entre asociaciones ciudadanas, grupos ecologistas, asociaciones de consumo responsable, sindicatos agrarios, ONG’s y partidos políticos, bajo el lema ‘Otra agricultura, otra Extremadura, otra Europa’. La reunión de ministros europeos se enmarca en las actividades del semestre de Presidencia española de la UE y tratará de la reforma de la PCA (Política Agraria Comunitaria).

Carlos Taibo es un firme partidario del movimiento antiglogalización, que disertará en el foro extremeño sobre las ‘teorías del decrecimiento’, afirmando la necesidad de cambiar el modelo productivo capitalista fundado en el crecimiento permanente de la economía. Para citar sus propias palabras: En primer lugar, el crecimiento económico no genera - o no genera necesariamente - cohesión social. En segundo lugar, produce agresiones medioambientales que en muchos casos son, literalmente, irreversibles. En tercer término, provoca el agotamiento de los recursos que no van a estar a disposición de las generaciones venideras. En cuarto y último lugar, el crecimiento económico facilita el asentamiento de lo que más de uno ha llamado el "modo de vida esclavo", que nos hace pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos, y sobre todo, más bienes acertemos a consumir.

Al acto asistirá también Jose Manuel Benítez, responsable de Agricultura Ecológica de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), en representación de la Coordinadora Europea “La Vía Campesina”, organización que también es convocante de las jornadas ‘Otra agricultura, otra Extremadura, otra Europa’. La Via Campesina es una organización internacional de agricultores, campesinos e indígenas, compuesta por más de 300 organizaciones de 54 países y cuatro continentes. Esta organización trabaja en todo el mundo, y también en Europa, por los derechos del campesinado y de los y las consumidores/as por un sistema agroalimentario basado en la Soberanía Alimentaria, esto es, en el derecho de los pueblos a decidir qué, como y quién debe producir los alimentos. Y por lo tanto, contra la globalización agroalimentaria y sus impactos: hambre, migraciones masivas y degradación ambiental sin precedentes.

¡Qué paren la Tierra, quiero apearme!

Jerónimo Aguado Martínez - Concejo campesino

El título del presente artículo, es el grito que Miguel Delibes no pudo pronunciar al lado del protagonista de una conocida canción Americana, pero que si le sirvió para cerrar el discurso que pronuncio en 1975 para dar cumplido a su entrada en la Real Academia Española, poniendo de esta forma en tela de juicio la AVENTURA DEL PROGRESO, traducida en un aumento de la violencia y la incomunicación, la autocracia y la desconfianza, la injusticia y la prostitución de la naturaleza, el sentimiento competitivo y el refinamiento de la tortura, la explotación del hombre por el hombre y la exaltación al dinero.

Treinta y cinco años han transcurrido desde que Delibes pronosticó con gran clarividencia hacia donde nos conducía la apuesta por la modernidad. Treinta y cinco años donde se han agudizado los pronósticos del hombre que intuyó con suficiente antelación que urgía apearse del carro donde los seres humanos nos habíamos subido durante los últimos ciento cincuenta años.

Otro pensador Francés, Serge Latouche, uno de los Padres de la filosofía del DECRECIMIENTO, preocupado por los grandes problemas que vive hoy la humanidad, nos invita a imaginarnos el infierno como un lugar de abundancia inaccesible y el paraíso como un lugar de frugalidad compartida. En el infierno, dice, reina la más increíble “riqueza”, pero todo o casi todo se pierde porque no puede ser consumido; en el paraíso las provisiones son mucho menos abundantes, pero cada uno tiene finalmente suficiente: es la alegre ebriedad de la austeridad compartida.

Pasar del INFIERNO DEL CRECIMIENTO INSOSTENIBLE al paraíso del DECRECIMIENTO CONVIVENCIAL supone un cambio de los valores en los que creemos y sobre los que hemos organizado la vida.. Y es que mientras los ricos celebran, los pobres aspiran. Un solo Dios, el progreso; un solo dogma, la economía política; un solo edén, la opulencia; un solo ritmo, el consumo; una sola plegaria: CRECIMIENTO NUESTRO QUE ESTAS EN LOS CIELOS.

En todas las partes, la religión del exceso reverencia a los mismos santos (desarrollo, tecnología, mercancía, velocidad, frenesí), persigue a los mismos herejes (los que están fuera de la lógica del rendimiento y del productivismo), y dispensa una misma moral: no tener nunca suficiente, abusar, nunca es poco, tirar sin moderación y después volver a comenzar, y así una y otra vez.

Tanto Miguel Delibes como Serge Latouche coinciden en el diagnóstico del absurdo del modelo de desarrollo de la sociedad actual, un modelo caduco y que hoy expresa su debilidad en las diferentes crisis que padecemos a nivel planetario: crisis económica, crisis financiera, crisis climática, crisis alimentaria, crisis de valores. También ambos coinciden que paremos; uno, propone que pare la tierra; el otro, el crecimiento, ese maldito concepto inviable para abordar la urgente necesidad de un desarrollo sostenible y duradero.

Las medidas que los diferentes Gobiernos Europeos están tomando para solventar la crisis económica provocada por la amplia carta de especuladores (del dinero, del ladrillo, de los alimentos, de los recursos naturales,…..), profesionales todos ellos del saqueo y amparados en la ley del mas fuerte, no reparan para nada en las causas que la generaron, y sólo pretenden afianzar el mismo modelo de desarrollo que de sobra está demostrado que no funciona y que conduce a la humanidad a un callejón sin salida; o, como dice Segre, al infierno del desarrollo insostenible.

Por eso, en una aptitud también un tanto pesimista, me atrevo a decir a sus Señorías, responsables de las Instituciones púdicas, conductores del barco del capital – ismo, que también hagan el favor de parar. No le den más vueltas y váyanse para casa, y reparen en las atrocidades del modelo neoliberal del que no quieren apearse… Paren la máquina del descalabro colectivo, cierren los Estados que sólo soportan el estado del bienestar de unos pocos… Desabróchense los trajes como símbolo del abandono a tanto protocolo y acérquense allí donde huele a tierra, a cloaca, a paro indefinido, a dormir sin techo, a abandono rural y a crecimiento chavolístico. Es ahí donde quizá pueden encontrar una respuesta a las crisis que siempre sufren los mismos.

El cabreo colectivo hacia ustedes no se encuentra a la altura de las circunstancias que lo genera….Los hambrientos del mundo crecen a un ritmo imparable, el derecho al trabajo se hace inaccesible para millones de personas, las cárceles se atiborran de victimas mientras muchos verdugos siguen sueltos, los agricultores y ganaderos seguimos teniendo que abandonar el campo, lo recortes del gasto público sólo se cargan al presupuesto del gasto social.

Todo al mismo ritmo que la sociedad paga las deudas de los descalabros del gran capital.

¡Qué paren la Tierra, yo también me quiero apear!

La necesidad del decrecimiento económico

Jonas Nilsson

El suplemento de Lluita Internacionalista nº 101 (enero 2010) publica un artículo con título que crea atención: “¿Decrecimiento o Revolución?”. El titular pone el lector ante la elección entre uno y otro, sin opción de poder combinar los dos conceptos.

En las últimas décadas ha crecido la conciencia sobre los límites de los recursos naturales del planeta y el actual expolio de ellos por el sistema productivo actual, aspecto que durante mucho tiempo fue ignorado por la izquierda tradicional, probablemente porque no entraba en el esquema algo simplificado de la lucha de clases en el que muchos habíamos estado formados. La preocupación ecológica estaba generalmente considerada como un prejuicio pequeñoburgués y una desviación de la lucha de clases. Poco a poco las cosas están cambiando, gracias sobre todo al surgimiento de las movilizaciones internacionales del movimiento altermundista/antisistema, que nos ayudan y obligan a matizar la realidad antes aprendida si no queremos aumentar nuestro aislamiento. Pero este cambio no llega a asimilarse con el mismo ritmo en todas las organizaciones anticapitalistas. Ante esta perspectiva considero que el suplemento está cerrando puertas a una batalla que está tomando un protagonismo político y social cada vez más acentuado.

La tendencia a crecer de la economía capitalista

Al principio no veía otro objetivo con el artículo de Lluita Internacionalista que el de desautorizar a los activistas que se han involucrado en una batalla contra la expoliación de los recursos naturales sin reconocer explícitamente su carácter de clase... una base que en si es pobre para descalificar un esfuerzo de este tipo. Pero creo que el artículo va más allá y se sitúa no únicamente en contra de este planteamiento no-clasista sino incluso niega la importancia del decrecimiento mientras la sociedad sigue estando bajo el dominio del capital. La lógica que conduce el documento es que como los amos de la producción se enriquecen a cuesta de los trabajadores no podemos aceptar ni la idea de un decrecimiento en la sociedad antes de revolucionarla. Para justificar este razonamiento entra en una confusa negación del crecimiento como una tendencia inherente en el capitalismo.

Ya hemos constatado que no todos los movimientos sociales que defienden la necesidad de parar el crecimiento infinito de la producción y la consecuente expoliación de los recursos naturales, tienen claro también la necesidad de acabar con el capitalismo para conseguir este objetivo. Pero en ningún lugar he visto que estos movimientos intenten hacernos escoger entre los dos supuestos caminos, decrecimiento o revolución. Desgraciadamente entre los que intentamos basarnos en el marxismo hay más que una organización que desprecia la defensa del decrecimiento y lo trata más bien como una traba para llegar a derrumbar al capitalismo.

La primera frase del documento deja clara su distanciamiento respeto al decrecimiento: “Los autores que defienden el decrecimiento parten de identificar el crecimiento como motor/objetivo del sistema capitalista.” Los defensores del decrecimiento estamos considerados en tercera persona para el redactor, pero como entre nosotros hay mucha diversidad y algunos que aún no reconocen el capitalismo como el problema principal, estos difícilmente llegarán a sentirse identificados con la afirmación, a pesar de ser a veces más rápidos que otros en detectar las agresiones contra la naturaleza y reaccionar en su defensa. Así que entre ellos creo que no van a convencer a nadie. Yo sí me siento aludido por haber pasado por una trayectoria similar y a veces coincidente con la de varios compañeros de Lluita Internacionalista. Por eso contesto con ánimos de situar nuestras diferencias dentro de un marco que por lo menos permita seguir clarificándolas.

El suplemento considera que “lo esencial es definir lo que realmente mueve la economía capitalista”, e intenta concretar “lo esencial” al principio del texto:

Al capitalista no le importa desarrollar o destruir producción si con cualquiera de las dos acciones genera beneficio, porque es éste y no cómo conseguirlo lo que mueve su economía. Tampoco le preocupa la cantidad mayor o menor de bienes que queden en manos de la gente en sí misma: si desarrolla el consumismo es tan sólo como un medio para ampliar sus ventas y beneficios; pero de nuevo, ante situaciones de caída de venta de su producción, destruirá una parte de la misma antes que entregarla para satisfacer necesidades, pues el objetivo es preservar la tasa de beneficio, no el aumento del consumo en sí” [...]

De nuevo la pregunta era: ¿crecer a toda costa como objetivo o mantener el margen de beneficio? Y la respuesta es sin duda la segunda.

En épocas de crisis como la actual, el discurso dominante es la reducción drástica de la producción, con cierres de fábricas y despidos masivos, y ya no digamos cuando nos empuja a guerras. El capitalismo ha salido de las crisis profundas o estructurales con una enorme destrucción de fuerzas productivas. Si un patrón debe optar entre el crecimiento de la producción (más consumo para la población) y el crecimiento del beneficio, no dudamos que decrecerá la producción y pedirá al consumidor que se “apriete el cinturón”.

Esa falsa identificación de ‘capitalismo = crecimiento o mayor consumo individual’ lleva a la fácil pero equivocada conclusión de que ‘anticapitalismo = decrecimiento’.” (destacados en original)

Es decir, nos explica que lo que “realmente mueve” la economía capitalista es el afán de lucro de cada capitalista, dado que evidentemente no le importa si se hace rico produciendo o quemando su propia fábrica, ni si su producto llega al consumidor o acaba en el vertedero, mientras encuentre la fórmula de preservar o aumentar la tasa de beneficio. Y, por eso considera que los que creemos que hay una relación entre el acelerado despilfarro de los recursos naturales y la necesidad de siempre ir a más en el sistema productivo capitalista, estemos equivocados...

He aprendido el funcionamiento económico del sistema capitalista de otra manera que el redactor del suplemento. Para mi no se puede confundir la aspiración de cada empresario individual con el funcionamiento de la economía capitalista. Por eso no sé a qué lector se dirige cuando explica que “el objetivo [para el empresario] es preservar la tasa de beneficio, no el aumento del consumo en si”. Hasta allí creo que cualquier “decrecentista” –e incluso “crecentista”– haya llegado sin haber leído ni una sola página de Marx... Es que hay que ser muy ingenuo para pensar que el empresario quiera satisfacer las necesidades del pueblo antes que hacerse rico. Resulta difícil entender a quién el suplemento está intentando convencer.

La tendencia a crecer de la economía capitalista está en los gérmenes del mismo sistema productivo y no depende de la voluntad de nadie. La continua competencia intercapitalista fuerza a cada empresario a buscar o abrir nuevos mercados para sobrevivir a sus concurrentes. Se trata de expoliar las materias primas como sea para llegar a ser el primero, o para evitar quedarse en la cuneta. Se trata de una carrera para reducir cada vez más el tiempo de trabajo empleado para producir su mercancía sin reducir la jornada laboral, para así aumentar el beneficio, o por lo menos defenderse ante sus competidores. Se trata de alargar nuestra vida laboral hasta los 67 años para poder mantener un sistema caduco y las pensiones millonarias de los ejecutivos. Es decir, todo se mueve a más –no por deseo o mala fe sino por obligación del mismo sistema– mientras las clases explotadas no encontremos la manera de acabar con el capitalismo. El problema es que mientras tanto nos vamos acercando al precipicio que consiste en acabar los recursos naturales finitos y necesarios para nuestra supervivencia y la de muchas otras especies, y el que no lo reconoce acabará probablemente batallando en un limbo desconectado de la realidad.

Hasta aquí (el primer punto del suplemento) creo que el documento se dedica a discutir con fantasmas en vez de aportar algo importante a un tema candente para la sociedad y la clase trabajadora que no encuentra el camino para superarla.

Los límites de la naturaleza

Todo el documento está orientado a convencer el lector de que las masas trabajadoras tenemos que acabar con el capitalismo y a partir de allí –no antes– considerar si hay que frenar la producción de bienes de consumo, por lo inútiles y dañinos que sean. Este razonamiento no tiene en cuenta que el capital hace su beneficio derrochando recursos no renovables a un ritmo superior a su renovación y generando residuos que la naturaleza es incapaz de asimilar. Lo que importa es la justicia intrahumana, luego veremos lo que pasa fuera de nuestra especie. Creo que el agotamiento de varios recursos naturales esenciales y la desaparición de especies tanto animales como vegetales como resultado de la intervención humana nos obliga a revisar la relación entre nuestra especie y la naturaleza de la que somos totalmente dependientes.

La falta de esta perspectiva más amplia limita el documento a intentar convencer al lector de que unos (la burguesía) gasta más que otros (la clase trabajadora) pero sin reconocer en ningún sitio que la suma total pone en peligro la subsistencia humana y de otras especies:

“Para la mayoría de la población y de los pueblos del planeta lo que se impone no es el despilfarro, sino las terribles hambrunas y enfermedades que empujan a millones a la inmigración poniendo en riesgo sus vidas. La respuesta de los decrecentistas es que se debe hablar de desarrollo y no de crecimiento; pero la realidad es que sin un crecimiento real del consumo en muchas vertientes, esta población está condenada.
Y ahí no vamos a hacer nosotros la lista de lo que sí pueden tener y lo que no, pero más adelante volveremos sobre este tema. Serán los propios pueblos y trabajadores/as quienes, rompiendo con la dependencia del imperialismo y las multinacionales, puedan definir cuáles son sus propias necesidades y cómo cubrirlas.”

Naturalmente coincido en denunciar el despilfarro de unos que lleva otros a la hambruna, pero cuando el documento se cree discrepar de los “decrecentistas” sobre la necesidad de sacar a los hambrientos de la miseria mediante un aumento de su consumo, sólo puedo constatar que o conocemos “decrecentistas” de distinto tipo o el redactor nunca se acercó a este movimiento. Sin saber nada del materialismo dialéctico es relativamente fácil entender que la riqueza de unos se explica por la pobreza de muchos, y también que los muchos necesitan aumentar su consumo a cuesta de los pocos que poseen mucho. Creo que se trata de conocimientos bien asumidos entre la mayoría de ecologistas. Seguramente existe algún fanático que quiere aplicar el decrecimiento igual para todos sin matices sociales. Sólo puedo afirmar que si este fenómeno se da en este aspecto, destaca poco y no merecería tanta alarma. Creo que aquí también el documento está dando golpes en el vacío.

Es de agradecer que el suplemento no quiera definir una lista de lo que cada uno debería tener o no tener, y cuando dice que serán “los propios pueblos y trabajadores/as quienes, rompiendo con la dependencia del imperialismo y las multinacionales, puedan definir cuáles son sus propias necesidades y cómo cubrirlas” me suena radical comparado con lo que hay ahora. Pero a mi me falta una perspectiva que no se limite a la contradicción de clases si los recursos naturales del planeta se están deteriorando. La lucha de clases no hay que verla únicamente como la herramienta para resolver las injusticias entre la especie humana, sino también como medio para superar un conflicto que va más allá, que pone en peligro la vida planetaria. Esta perspectiva luce por su ausencia en las frases siguientes: “Hasta que no sean los trabajadores mismos quienes controlen y decidan sobre la producción no apoyaremos la reducción de la capacidad de producción destinada al consumo. [...] de lo que estamos hablando nosotros es de un cambio sustancial de la distribución de la riqueza y de poner su control en manos de los trabajadores, antes de decidir si esa riqueza es excesiva o no. Estamos hablando de la necesidad de una revolución que continúe la tarea iniciada hace 70 años.”

Suena como la continuación del pensamiento liberal, empleado desde abajo. Mientras la clase obrera no esté en el poder no opinamos sobre eventuales riquezas excesivas. No importa el total... el movimiento solucionará todo al final, el “laissez-faire” será válido también para la clase trabajadora. Parece que duela menos que el planeta vaya al carajo ahora, que el hecho que las masas no entiendan quien es su enemigo. Me parece un razonamiento reductor, irresponsable, poco marxista, y en cambio muy idealista. En el documento se insiste en que primero los trabajadores tienen que controlar y decidir sobre la producción, es decir tomar el poder, y luego veremos si la “riqueza es excesiva o no”. “Alguien puede pensar que no importa el orden de estos dos factores: acabar con el capitalismo y comenzar una reestructuración de la producción, pero el orden de los factores sí altera el producto”... y quizás también el resultado de las luchas. Si la vía revolucionaria sigue tapada mientras el capitalismo vaya aumentando la riqueza para los suyos a base de terminar con varios recursos naturales ¿el redactor del documento seguirá insistiendo en primero la toma de poder, luego veremos? Eso de primero por aquí, luego por allá, cierra en esto caso muchas puertas para los que están “allá” en tiempos que más valdría tener las puertas abiertas para nuevas aportaciones. El problema de los recursos naturales no lo podemos dejar para después porque es de rabiosa actualidad ahora. La ecología y el decrecimiento son campos de lucha por el socialismo, no tareas para después, porque nos ayudan a dar contenido en un marco más amplio a la misma necesidad de acabar con el capitalismo. Naturalmente coincidimos con el documento en situar el sistema productivo capitalista como el obstáculo principal para avanzar en todos los demás terrenos, pero tanto la historia como el mismo marxismo nos enseñan que el orden entre las luchas democráticas (y ecológicas) y revolucionarias no se pueden preestablecer, y es inútil (además de erróneo) intentar sustituir su relación dialéctica por una de lineal.

La conclusión que se saca en otro sitio del documento para suavizar su postura antidecrecimiento suena poco convincente y algo contradictoria después de todo dicho anteriormente: “Hay que integrar en la lucha de clases la denuncia de los desastres ecológicos, la defensa del medio, como un elemento más para combatir el capitalismo.” También creo que se tendría que extender la lucha de clases a las batallas ecológicas para que se vea la reciprocidad y la dialéctica en las batallas reales y existentes. No es necesario integrar una en la otra, el respeto mutuo es importante y su combinación deseable a pesar de –o más bien, gracias a– ciertas diferencias. Creo que hace falta bajar los prejuicios en general para evitar la descoordinación actual entre los diversos movimientos en activo. El primer problema con esta propuesta es justamente que no incluye la lucha por el decrecimiento en la “integración”. ¿Qué es la denuncia de los desastres ecológicos y la defensa del medio, sino una lucha por el decrecimiento, dirigida –con o sin voluntad expresa– contra el capitalismo? El razonamiento anterior de que para el capitalista es igual crecer o decrecer mientras haga beneficio parece haber situado el suplemento en una situación de no querer reconocer la tendencia expansionista del capitalismo. ¿Es necesario esperar que los trabajadores hayan llegado a poder “decidir sobre la producción” antes de veros implicados en el reconocimiento de esta batalla? Un segundo problema es que tiende a convertir –visto el artículo entero– la lucha de clases en un concepto antropocentrista, si no acepta que también es un medio para solucionar un conflicto que no se limita a una sola especie y que puede aportar mucho para evitar el agotamiento de los recursos naturales del planeta. El documento tiende a elevar la lucha de clases a un nivel eclesiástico que condiciona todas las demás batallas. En perspectiva histórica la existencia de clases es un pequeño paréntesis en la evolución de la especie humana –que nos ha tocado vivir nosotros–, y aún más pequeño si lo miramos en función de la evolución del planeta. Hay que cuidar esta perspectiva que nos enseñó Copérnico, Newton, Darwin, Marx, Engels, y muchos más, para no volver a reducir nuestras perspectivas. Este peligro, presente en el suplemento, es para mi más real que el de la vuelta a modelos de producción anteriores si los “decrecentistas” llegan a convencer. Aquí parafraseo el documento y devuelvo la frase a su autor: “No basta con empezar a construir un mundo paralelo en el pensamiento (“decrecimiento” en el suplemento), porque el mundo es único y o nos hundimos o nos salvamos todos y todas.” Frase que me produce la siguiente asociación de ideas: Los dinosaurios no tuvieron ninguna culpa de su extinción pero con la especie humana sería seguramente diferente.

Hay muchos más puntos por comentar (relación entre producción local y producción globalizada, decrecentististas y posiciones malthusianas, concepto de fuerzas productivas, la contraposición de “decrecimiento o crecimiento” al “socialismo o barbarie”...) pero creo con esto hay suficiente para seguir el debate si hay voluntad.

Badajoz: en defensa del decrecimiento

Este jueves, día 13, da una conferencia en el Centro de Profesores y Recursos de Badajoz (avenida de Colón, 17) Carlos Taibo Arias, escritor, editor y profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid, que hablará En defensa del decrecimiento.

Carlos Taibo (Madrid, 1956) es firme partidario del movimiento antiglobalización, así como del decrecimiento. Suya es la frase "La globalización avanza hacia un caos que escapa a todo control", y ha criticado duramente la lógica del crecimiento económico, desligándolo del progreso y del bienestar.

Por último, decir que el acto dará comienzo a las 20,30 horas, siendo la entrada libre hasta completar el aforo.

International Picnic décroissance / decrescita / decrecimiento / degrowth

El domingo 6 de junio se celebra en diferentes localidades de todo el mundo el International Picnic décroissance / decrescita / decrecimiento / degrowth

La iniciativa a cargo de un grupo de facebook :

¡ Únete a la comunidad internacional del día del Picnic por el decrecimiento !

Puedes crear un evento pic nic en tu ciudad, ¡el mismo día que muchas otras ciudades alrededor del mundo! El decrecimiento es ahora (si lo deseas).

¿CÓMO? Comprobando si se anuncia en tu propia ciudad / barrio el grupo de facebook. O si no, creando uno. La gente se unirá.

CONCEPTO Todo el mundo trae un plato para compartir con sus vecinos, un plato, tenedor y a divertirse! Conocer a nuestros vecinos es el primer paso para otro mundo.

LOGÍSTICA Muy poco. todos traen algo ...

¿CUÁNDO? ¡6 de junio!

Join the international Pic Nic degrowth action day! Create a pic nic event in YOUR town, the same day as many other cities around the world! Degrowth is now (if we want it).

HOW? See if there is already a "DISCUSSION" in this FB group about your own city/neighbourhood. If not, create one. People will join.

CONCEPT? Everyone brings a dish to share with their neighbours, a plate, fork and enjoy! Knowing our neigbours is the first step for another world.

LOGISTIC? very little. everybody will bring something... (advice will be sent later on)

WHEN? 6th of June! website soon available



Reencontrando el sentido del límite. I Ciclo de conferencias sobre decrecimiento en Córdoba.

I Ciclo de conferencias sobre decrecimiento en Córdoba

Reencontrando el sentido del límite

Todas las conferencias se realizarán en el aula B-4 del Edificio Severo Ochoa ( C-6 ).

Convalidable como créditos de libre configuración del Programa Formativo Extracurricular de las Facultades de Ciencias, Veterinaria, EPS y ETSIAM.

Inscripción y consulta:

Cordoba@isf.es

Organiza: Ingeniería sin Fronteras Córdoba

Programa:

Día 11: 18:00 a 21:00

Anticooperación y decrecimiento. ¿Ayudar al sur decreciendo?. Elena Ruiz Peralta.

El desarrollo desde una perspectiva de escala humana. Leticia Toledo Martín.

Día 12: 18:00 a 21:00

Medios de comunicación, publicidad y decrecimiento. El enjambre sin reina.

Día 13: 18:00 a 21:00

Agroecología y decrecimiento. Francisca Ruiz Escudero.

Día 14: 18:00 a 21:00

Decrecimiento o colapso. Un modelo de austeridad frenta a un modelo depredador de recursos. Guillermo Contreras Novoa.

Día 15: 18:00 a 21:00

¿Yo me lo guiso yo me lo como?. Reflexiones y prácticas en torno a feminismo y decrecimiento. Victoria Coronado.

Más información: Tríptico ciclo decrecimiento

Antología sobre decrecimiento de Carlos Taibo

Video

Coloquio con los asistentenes a la charla ofrecida en Ciudad Real:



Audio


Entrevista a Carlos Taibo en Radio Nacional de España:



Debate entre Carlos Taibo y Antono González Viéitez en una mesa redonda en Las Palmas



Entrevista

Realizada por el blog Altermundista-Ciudad Real

Decrecimiento y Transition Town. En el primero siempre hablamos sólo de la parte teórica y las transition town han comenzado directamente con la parte práctica. ¿No cree que será el momento de pasar a planteamientos más prácticos?


La teoría del decrecimiento es más sólida en el mundo latino, en Francia, en Italia. Y, sin embargo, la práctica es escasa. En el mundo anglosajón la elaboración teórica está en sus cimientos iniciales y hay más tendencia a la práctica que tiene mucho que ver con el modelo de las Transition Towns.


En nuestro caso, en España, el movimiento por el decrecimiento ha nacido tarde y estamos en un estadio en el que de lo que se trata es de empezar a plasmar determinado tipo de pronunciamientos teóricos en realidades materiales, por ejemplo, hay que aguardar a algunas de las consecuencias prácticas que puedan derivarse de las jornadas que se van a celebrar a finales de este mes en Ruesta. Si no estoy equivocado puede ser el cimiento de una traslación a la práctica de un concepto teórico que creo que ha calado bien. Los salones de actos están llenos cuando se habla de decrecimiento, pero es cierto que nuestra plasmación práctica es muy escasa, incluso en el caso de Cataluña que es la parte del Estado en la que hay un movimiento por el decrecimiento que nació antes que todos los demás.

¿Qué piensas del colectivo Crisis que con sus acciones están empezando a poner en práctica ciertas cosas?

Me parece bien. En modo alguno me atrevería a enunciar crítica de gente que está haciendo algo, igual puede uno enunciar discrepancias sobre ese algo pero me parece que la prioridad en este momento es empezar a concretar en la práctica y hay una sintonía general en lo que respecta a lo que corresponde hacer, así que a mi me parece que es un movimiento que merece todo el respeto.

Veo muchas similitudes en planteamientos entre el decrecimiento y el anarquismo. Como el municipalismo, la primacía de lo local, la autogestión, la horizontalidad… Pero hay mucha gente que no quiere utilizar etiquetas del pasado para hablar de decrecimiento, argumentando que estas están ya gastadas y planteando que es necesario usar términos nuevos. ¿Hay que ver el decrecimiento como algo nuevo o hay que beber de las fuentes de otros movimientos sociales y políticos históricos?

Por ejemplo habrá quien diga que el ecologismo radical había ya adoptado posturas similares, y yo lo acepto de buen grado. En este caso, mi defensa expresa del término decrecimiento conduce a un argumento de un cariz muy pragmático y es un término que tiene el efecto del aldabonazo y es atractivo. Si alguien prefiere utilizar otro término yo lo respetaré, no me preocupa tanto la terminología formal como la realidad de fondo. Yo creo, en cualquier caso, que el decrecimiento encaja perfectamente con muchas de las percepciones tradicionales del movimiento libertario y digo muchas porque no son todas. A lo mejor hay un anarquismo muy insurreccionalista, muy de acción directa inmediata y violenta, que tiene poco que ver con esto. Pero yo creo que encaja en una percepción que a mi entender retrata una matriz ideológica fundamental en el movimiento libertario y que lo distingue de lo que es la socialdemocracia y el leninismo, que nos dicen que hay que empezar a cambiar la sociedad desde el poder una vez que se haya alcanzado, sea a través de una revolución o sea a través de unas elecciones. Y yo creo que el movimiento libertario ha vivido en una idea distinta de que hay que empezar a cambiar la sociedad desde ya, desde donde estamos. Que hay que crear talleres, ateneos, sindicatos, que perfilen el mundo nuevo desde el lugar en el que estamos. Y, en ese sentido, me parece que encaja perfectamente en la filosofía del decrecimiento, tanto o más cuanto que incorpora un elemento que tú has mencionado, la defensa de lo local frente a lo global, de la democracia directa y de la autogestión. Y por eso no me sorprende mucho que lo del decrecimiento entre nosotros haya encajado de una manera rápida, en determinados movimientos libertarios, como no me sorprende, en una clave distinta, que tenga más atractivo para las mujeres que para los hombres. El hecho de que muchas mujeres vivan en su práctica cotidiana, en muchos casos, eso que se llama la economía de los cuidados, que tiene mucho que ver con el decrecimiento, hace que el público en las charlas sobre el decrecimiento sea más femenino que masculino.

Si, además, está haciendo mucho hincapié el decrecimiento en la parte del feminismo y es una de las partes más importantes…

Claro que si. En el Foro Social de Madrid el taller que tuvo más eco, había más de 100 personas, era el de mujer y decrecimiento y no era casualidad.

¿Cuánto tiempo crees que tenemos de margen para empezar el cambio antes de que lleguemos, como dices tú en uno de tus libros, que otro mundo peor es probable?

No sé cuanto tiempo. Lo único que uno puede afirmar con verdadera certeza es que cuanto más tardemos en hacerlo más trabajo nos va a costar y esta es una realidad inexorable. No sé si tendremos os meses, dos días o dos años. Pero yo creo que esto en el conjunto de la población, aunque de manera un poco vaga, empieza a hacerse presente cada vez con más claridad.

¿Cuál es la mejor manera de hacer llegar el mensaje del decrecimiento a la gente?

La idea principal es que en países como el nuestro llevamos decenios creciendo económicamente e incorporando nuevas tecnologías y cada vez se acumulan más datos para concluir que cada vez somos menos felices. Y esto me parece que es muy evidente a los ojos de la mayoría de las personas. No sólo eso sino que habría incluso que empezar a pensar si hace 25 años éramos más felices que ahora, cuando disponíamos de menos recursos. Pero yo mantengo la confianza en que, a parte del mecanismo que tu invocas que es lo que nosotros tenemos que decirle a la gente, hay veces que la gente espontáneamente empieza a darse cuenta de esto. De cómo el trabajo frenético que nos ofrecen con niveles extremos de explotación no sólo merece ser rechazado en sí mismo por lo que significa sino que tiene muy poco que ver con nuestra felicidad. Que probablemente reduciendo nuestros niveles de consumo somos más felices de que lo seríamos trabajando frenéticamente para mantener niveles de consumo irracionales que nada tienen que ver con nuestra felicidad.

Córdoba: Conferencia en defensa del decrecimiento

El jueves 6 de mayo, a las 20,00 horas, en el salón de actos de Cajasur, Ronda de Tejares esquina Gran Capitán, Carlos Taibo dará una conferencia en el marco del Seminario permanente del INET.

La conferencia, titulada “En defensa del Decrecimiento”, está organizada por el INET y Ecologistas en Acción Córdoba.

Acompañará a Carlos Taibo en la mesa el Coordinador de Ecologistas en Acción de Córdoba, Juan Escribano.

Carlos Taibo es escritor, editor y profesor Titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid.

Alicante: Charla-debate. Crisis, decrecimiento y democracia

CHARLA - DEBATE CRISIS, DECRECIMIENTO Y DEMOCRACIA

Una lectura libertaria de la recesión global y la deuda externa de los países de la eurozona y sus consecuencias.

Charla a cargo de Rafael Cid, periodista y analista político, comentarista de Radio Klara y colaborador de Red Libertaria y Apoyo Mutuo.

Rafael Cid ha dirigido/colaborado en multitud de publicaciones y medios en su extensa actividad intelectual, desde la clandestina “Acción Directa (1972)”, pasando por TVE, RNE, Cambio 16….hasta “Libre Pensamiento”, “Rojo y Negro”….etc….como el mismo escribe “mi compromiso se ciñe a reflexionar sobre la vigencia de los valores anarquistas y contribuir en la medida de mis posibilidades a su difusión, apoyando con espíritu crítico y lealtad a los amigos anónimos que con su diaria solidaridad, experiencia libertaria y ejemplo de dignidad encarnan el más noble ideal que haya existido nunca”

¡PARTICIPA!

DIA: 6 DE MAYO DE 2010

HORA: 19.30 HORAS

LUGAR: SEDE CIUDAD DE ALICANTE, EN C/ RAMÓN Y CAJAL 4. ALICANTE.

Equipo de Formación de la CGT – Alicante. ¡Salud! Te esperamos

El decrecimiento: Una herramienta política de transformación

Ante una situación caracterizada por una triple crisis ecológica, económica y socio-política, los movimientos tranformadores necesitan nuevas respuestas y caminos de actuación. Desde una parte de la izquierda anticapitalista y desde la ecología política, se ha otorgado al decrecimiento un papel de herramienta política de alta validez. De manera efectiva pensamos que puede servir para superar un capitalismo que pretende virar hacia lo “verde” sin poner en cuestión su lógica injusta e insostenible, así como afrontar el triste futuro que nos depara el cambio climático si no actuamos con decisión.

Básicamente el concepto del decrecimiento pone en cuestión los grandes fundamentos del productivismo al exponer que no hay crecimiento infinito posible en un planeta finito. Apoyándose en autores de varias procedencias ideológicas como Iván Illich, André Gorz o Nicholas Georgescu-Roegen se opone, por lo tanto, al consenso generalizado según el cual el crecimiento económico es el alfa y el omega del bienestar humano e, incluso, de la conservación de los ecosistemas. Asimismo, de la mano o a pesar del incremento constante del PIB mundial desde hace 50 años, la huella ecológica de la humanidad –es decir el impacto de nuestras sociedades sobre el medio ambiente– excede hoy en casi un 30% la capacidad de regeneración del planeta. Si todas las personas vivieran como la ciudadanía vasca se necesitarían tres planetas.

Mientras tanto, las injusticias y desigualdades aumentan dejando en la brecha no solo a los países del Sur sino también al casi 9% de personas que viven debajo del umbral de la pobreza relativa en Euskadi (20% en el Estado español); eso, sin contar el déficit democrático que supone el imposible control de la ciudadanía sobre las cuestiones energéticas y la inexistencia de mecanismos de democracia deliberativa y directa.

Si bien se pueden discutir algunas implicaciones que poseen la utilización e idoneidad del término “decrecimiento”, constatamos que en la mayoría de los casos el rechazo al concepto enmascara en realidad un fuerte temor a su contenido subversivo y a la dificultad que entraña la posibilidad de manipularlo (a diferencia de lo ocurrido con el “desarrollo sostenible”). Igualmente, un cada vez más importante número de personas y movimientos sociales están empezando a utilizar el decrecimiento no sólo para vivir acorde con sus principios de simplicidad voluntaria, sino también para organizarse, reflexionar y aportar propuestas concretas de cambio. Además, en Francia, Italia o en el Estado español a nivel político el movimiento verde está dando un fuerte impulso a la cuestión y los movimientos de la izquierda anticapitalista trabajan cada vez más sobre el tema.

Sin duda el concepto de decrecimiento, al introducir la finitud del planeta y el lema “vivir mejor con menos”, posee una serie de virtudes innegables y que, desde una perspectiva política, puede aportar elementos centrales para el futuro como:

  • Una reconceptualización de conceptos como desarrollo, trabajo o riqueza, y una profundización y rescate de otros como justicia social, ciudadanía o democracia.
  • Propuestas novedosas desde la justicia ambiental y las relaciones Norte-Sur, la relocalización de los procesos de producción-consumo o la apuesta hacia nuevos modelos urbanísticos y energéticos como las ciudades en transición.
  • El valor de la coherencia entre el comportamiento individual y la acción colectiva.
  • Un puente entre sociedad y espacios de transformación social, y la creación de un nexo estratégico entre partidos y movimientos verdes, anticapitalistas y ecosocialistas.

Por lo tanto, ante el modelo capitalista de crecimiento infinito, el decrecimiento propone una alternativa no por sencilla de comprender menos revolucionaria. Frente a la dictadura del PIB, resituemos a la persona en el centro de los debates. Dejemos de perder el tiempo con el “hay que ganarse la vida” y de destruir el medio ambiente; apostemos por la emancipación personal y colectiva y la conversión ecológica de la economía reduciendo el consumo y produciendo según nuestras necesidades reales, compartamos el trabajo y liberemos tiempo para invertirlo en actividades creadoras de riqueza social y ecológica. En definitiva, optemos por la ciudadanía, la justicia social y ambiental, hoy y mañana, en el Norte y en el Sur. En otras palabras, ¡apostemos por vivir mejor con menos!"

En definitiva, el decrecimiento no es algo totalmente nuevo; probablemente, ni siquiera puede caracterizarse como una ideología política per se. Sin embargo, posee la capacidad de dar alternativas a un sistema depredador e injusto, y de crear puentes entre diferentes tradiciones políticas y sociales, lo que lo convierte en una poderosa herramienta política estratégica y una apuesta de transformación social.

Firman:

Florent Marcellesi, Igor Moreno Jauregi e Iñaki Valentín son, respectivamente, miembros de Berdeak/Los Verdes, Gorripidea-Zutik y Antikapitalistak.

Bilbao, 15 de abril de 2010