Hacia una ética de la sustentabilidad


Antonio Elizalde Hevia - La adiciones civilizatorias: consumo y energía. ¿Caminos hacia la felicidad?

El principio-abajamiento

Joaquín García Roca, con una notable intuición ética, planteó la necesidad del principio-abajamiento:

“La universalización hace que la solidaridad entre en una nueva fase, caracterizada por el abajamiento o, en términos bíblicos, por un cierto anonadamiento. La solidaridad por abajamiento obliga a renunciar al disfrute de algunos derechos e incluso a ir en contra de nuestros intereses. La solidaridad exige hoy que los fuertes se abajen con los débiles en contra de sus propios intereses. En el mundo único, desigual y antagónico, no es posible ser solidarios sin quedar afectado radicalmente el propio bienestar, ya que nuestro modo de vida no se puede generalizar a toda la humanidad. Esta solidaridad consiste en organizar todo desde los derechos de los menos-iguales. Se trata de abajarse hacia ellos, ya que no va a ser posible que ellos suban al nivel que hemos alcanzado nosotros”.

Una propuesta política: la Línea de Dignidad como horizonte ético y político para la sustentabilidad

La Línea de Dignidad corresponde a una elaboración conceptual que pretende “conciliar los objetivos de sustentabilidad ambiental con los objetivos distributivos de la equidad social y la democracia participativa (…) Pretende establecer los parámetros para un nuevo indicador social, que eleva el nivel de satisfacción de necesidades establecidas en la ‘línea de pobreza’ a una nueva línea base, concebida como de dignidad humana, y establecida bajo un enfoque de necesidades humanas ampliadas. Ello eleva la concepción tradicional de equidad social desde la formulación de la vida mínima (mera superación de la línea de la pobreza) a la formulación de una vida digna”.

“Simultáneamente, constituye un referente de redistribución, una línea de convergencia entre las sociedades industrializadas del Norte y las sociedades en desarrollo del Sur. Se reconoce indignidad no sólo en el subconsumo de los pobres, sino también en el sobreconsumo de los ricos. La Línea de Dignidad permitiría así contar con un instrumento conceptual para avanzar hacia una mayor equidad internacional en las relaciones Norte-Sur, como asimismo en la equidad interna en los propios países del Sur, al establecer un referente político de lo que sería aceptable éticamente como un nivel de consumo humano digno o decente”.

Lo anterior se ve plenamente reforzado desde la reflexión aportada por Adela Cortina, quien ha señalado que no podemos olvidar que los bienes son por naturaleza sociales, y que “una ética del consumo se ve obligada a decir que una forma de consumo es injusta si no permite el desarrollo igual de las capacidades básicas de todos los seres humanos”. En su libro Por una ética del consumo. La ciudadanía del consumidor en un mundo global, la autora propone un Pacto Global sobre el Consumo.

El desarrollo moral es, según creo, el tránsito desde la lealtad a la justicia. Para explicar esto recurriré a un ejemplo del filósofo estadounidense Richard Rorty. Dos niños están peleando entre ellos; si ambos son hijos míos, yo puedo ser justo, pero si uno de ellos no es hijo mío, posiblemente primará en mí la lealtad. El desarrollo moral de la humanidad consiste en la ampliación de los círculos de lealtad para poder así alcanzar la justicia. Y tengo la convicción de que sin justicia, no será posible lograr la sustentabilidad.

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