Réplica al artículo ¿Decrecimiento o Revolución?


decresita


Quiero agradecer la crítica efectuada por el grupo ‘Lucha Internacionalista’ al decrecimiento, porque pienso que nos permite aclarar conceptos, y explicar ideas que pueden no quedar diáfanas cuando intentamos transmitirlas. Este es el documento al cual ofrezco una replica: ¿Decrecimiento o Revolución?

1. ¿Cuál es el motor del sistema capitalista?

Pienso que el sistema capitalista es algo más que un sistema productivo, es un sistema de creencias, mitos y dogmas que ha colonizado el conjunto del planeta; la búsqueda del beneficio (o plusvalía), esconde tras de sí una ideología, construida para justificar los intereses de las clases dominantes, sin un sentido de los límites, que antecede a las relaciones económicas, políticas y sociales.

Algunos de estos mitos, serían, la idea de que la humanidad vive en un progreso continuo, de superabundancia, el optimismo tecnológico, la desmaterialización de la economía, la globalización, el desarrollo sostenible…

Sin desmontar estos mitos que viven en el ‘imaginario social’, es imposible hacer una ‘revolución’.

El ejemplo que incluye el artículo sobre las subvenciones de la Unión Europea para el sacrificio de vacas, no puede ser más significativo. No se trata de consumir menos carne, sino de deslocalizar la producción para crecer más eficientemente.

2. ¿Vivimos por encima de nuestras posibilidades?

Existe una limitación física a la expansión del sistema económico, la idea de progreso ilimitado y finitud de nuestro mundo que sustenta la ideología de la civilización occidental, se manifiesta falsa; Occidente se enfrenta a un problema sin solución.

Por otra parte:

“El 20% de la población del planeta consume el 80% de los recursos”

El problema no son las personas que consumen pocos recursos, el problema es el sobreconsumo de la población de Occidente, esto es, el problema no es la pobreza, el problema es la riqueza.

Pero ante la dificultad de juzgar que tipo de necesidades han de ser satisfechas (el tener un coche, los langostinos del día de nochebuena…), tendremos que estimar como pueden satisfacerse dentro del contexto ecológico en el que vivimos, y sobretodo poner en valor bienes relacionales básicos para el cuidado de la vida y de la naturaleza. Valorar toda una economía del cuidado que mantiene el entramado de la vida social humana, sirviendo de base del edificio económico y que debe ser llevado a cabo por todas las personas.

El ejemplo que se propone sobre la dificultad de acceso de los jóvenes a la compra o alquiler de vivienda, nos puede servir; hay que romper las reglas, existen otras maneras de vivir, hablamos de ocupación, hablamos de aprovechamiento de pisos vacíos, hablamos de recuperación de edificios vacíos, hablamos de compartir casas, hablamos de nuevos modelos de repoblación rural, hablamos de cooperativas de vivienda en modelo de cesión de uso, hablamos de autoconstrucción ecológica, hablamos de romper el modelo de propiedad individual.

3. La crisis actual

La crisis actual no es sólo una crisis financiera, es una crisis económica, es una crisis ambiental, es una crisis energética y también es una crisis ética. Es una crisis de Civilización.

Centrar los problemas únicamente en la desigualdad, es actuar de manera reducionista, estamos ante estructuras de poder que impiden desplegar en toda su amplitud las facultades de las personas y de los pueblos.

Esquemáticamente podemos señalar estructuras de poder que convierten las diferencias en desigualdades, que convierten la multiplicidad en formas de opresión:

* Hombre / mujer masculino / femenino varón / hembra [Estructura patriarcal]
* Rico / pobre [Estructura clasista]
* Blanco / latino negro indio asiático gitano … [Estructura racial]
* Heterosexual / homosexual / lesbiana [Estructura hetereosexual]
* Urbano / rural
* Norte / sur
* Trabajador asegurado / precario / parado
* Joven / viejo [edaismo]
* Adulto / niño [adultismo]
* Occidente / oriente [etnocentrismo]
* Nativos / emigrantes
* Conquistadores / colonizados
* Capacitados / discapacitados
* Sanos / enfermos
* Ciudadanos / sin papeles
* Sedentario / nómada
* Trabajador / parado precario
* Estudios / analfabeto
* Religioso / laico
* Con vivienda-hogar / sin vivienda-sin casa
* Con familia – amigos – red social / sin familia – sin amigos – sin red social
* Con Estado / apátridas

4. La huella ecológica

Pienso que hay que transformar la sociedad a la vez que disminuimos la huella ecológica; de hecho ese transitar hacia unas formas de vida locales, lleva el germen de nuevas formas de vida más saludables, más alegres, más intensas en relación al cuidado y los afectos de los que están; pienso que debemos hacer una transición desde ser ‘ciudadanos’ a ser ‘cuidadanos’.

Debemos hablar de huella ecológica, pero también de huella civilizadora, es decir, la relación entre el tiempo, el afecto y la energía amorosa que las personas necesitan para atender sus necesidades humanas reales – calidad de vida, seguridad emocional, equilibrio psicoafectivo…- y las que aportan para garantizar la continuidad de las generaciones de la especie humana.

Se escribe sobre la Gran Depresión, y recuerdo que de aquello nacieron diferentes modelos de fascismo; quizás hoy estemos en la misma tesitura, tal vez sea el momento de reflexionar y evitar cometer los errores que se cometieron entonces.

5. Maltusianismo

El análisis de la población representa un problema cuando se plantea desde una visión de ‘control de población’, es entonces cuando se habla de ‘superpoblación’; en cambio desde una perspectiva de desequilibrio entre población y recursos, la alternativa podemos situarla del lado de los recursos; esto es adaptando nuestro consumo de recursos a la realidad del lugar donde vivimos.

Es necesario un replanteamiento de la relación entre población y recursos, comenzando a entender las estrategias reproductivas que desarrollan las mujeres en función de las condiciones socioeconómicas y culturales de la comunidad a la que pertenecen. Ellas son quienes introducen la civilización en medio de la barbarie, quienes convierten las piedras en pan para alimentar a sus familias. Habría que contar con su experiencia y sus conocimientos para saber que factores socioeconómicos debieran ser modificados en cada sociedad concreta con el fin de garantizar la sostenibilidad humana.

6. El carro delante de los bueyes

Pienso que es bueno hablar, pero también habrá que hacer; no podemos esperar por una clase trabajadora occidental que ha perdido su tradición revolucionaria y se esconde tras su vehículo privado, tras sus vacaciones hotel 4 estrellas, tras su segunda vivienda con vistas al mar, tras sus televisores de plasma; que ante los despidos de trabajadores de grandes fábricas se repliega y acepta la pérdida de puestos de trabajo como mal menor.

En palabras de una indígena: “Tal vez esas otras, aquellas que no pronunciamos discursos, que pronunciamos experiencias de vida y experiencias de resistencia.”

7. Dos alternativas al sistema

Por supuesto partimos de experiencias individuales basadas en la sencillez voluntaria, pero integradas en modos de vida colectiva, partiendo de huertos comunitarios, redes y mercados de intercambio, monedas locales, universidades libres, cooperativas de energías renovables (autoconstrucción de molinos de viento, energía solar, hidráulica…), transporte colectivo compartido, cooperativas de producción y consumo e integrales, proyectos de economía comunitaria…

Formas de vida alternativa que en época de crisis puede ser una posibilidad de supervivencia. Y la base territorial y energética para otro modelo social.

El decrecimiento representa un camino que debemos empezar a andar, no podemos esperar por la revolución. Las alternativas al sistema son múltiples y diversas. También las personas trabajadoras debemos buscar maneras de hacernos con los medios de producción, organizarnos asambleariamente para constituirnos como personas libres, con conciencia propia y capacidad de decisión.

8. Volviendo atrás la rueda de la historia

Para disfrazar ese inevitable, abrumador sometimiento y hacer accesible la nueva fe capitalista, la noción de progreso redefine al tiempo, al mundo y al hombre. Plantea a la historia como una línea vectorial, elimina la concepción desde siempre dominante del tiempo cíclico. Se ofrece al mundo como un recurso a la disposición de una humanidad unificada, encabezada por los que han progresado.

En nombre del ‘progreso’ se han destruido centenares de estilos de vida y de sistemas de sostenimiento de la vida que tradicionalmente sustentaron la diversidad cultural en diferentes partes del mundo.

Con el surgimiento del mundo capitalista (moderno y occidental), una nueva fe -la fe en el progreso- dio significado y sentido a las nociones, métodos y sistemas que han llegado a dominar el mundo. Así la profunda reverencia que se profesa a la ciencia y la tecnología (que puede remediarlo todo mañana: alimento ilimitado, alternativas ilimitadas para la sustitución de recursos, modos de vida de abundancia, energía ilimitada...) está estrechamente ligada a la fe en el progreso. La inclusión forzosa de todos los rincones de la tierra dentro de estados nacionales se llevó a cabo en nombre del progreso. La cada vez mayor aceptación del imperio de la economía y la creciente confianza en la validez de sus leyes, son sombras que todavía arroja aquella fe ilustrada.

El prestigio de la palabra progreso sufrió duramente, con las dos guerras mundiales y la gran depresión entre ambas. Resultó difícil seguir utilizándola igual que antes en la política y en la academia, sobre todo en Europa. Pero la fe en el progreso conservó su fuerza mesiánica en la Unión Soviética y otros países donde se pensaba que el socialismo estaba "extendiendo sobre la tierra la paz, el trabajo, la libertad, la equidad, la fraternidad y la felicidad para todas las naciones", tal como lo proclamaba el Programa del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1961.

Los norteamericanos, que emergieron triunfadores en 1945, con pocos daños y sentimientos de culpa, todavía lo consideraron un término apropiado para describir las conquistas del "American way of life", y su generosidad.

No podemos dejar que este sistema nos piense: no debemos confundir los hospitales, las escuelas y los supermercados con la salud, la educación y la alimentación. Debemos darle la vuelta a las palabras, a los conceptos, a las ideas, a los significados, debemos ser creativos.

Se piensa en neveras, en lavadoras, en coches, como objetos imprescindibles, sin embargo durante millones de años el ser humano ha vivido sin éstos, incluso hoy en día la mayoría de las personas que habitan el planeta no los poseen.

Tal vez haya que repensar la forma de utilizarlos ( que su uso sea colectivo, utilizarlos sólo para determinadas tareas, utilizarlos según nuestra capacidad de generar energía localmente…), o bien dejar de utilizarlos y buscar otras alternativas (las fresqueras, lavar menos la ropa, desplazarse a pie, en bici, a caballo...).

Una minoría privilegiada del planeta, pretende forzar un modelo de consumo que genera grandes desequilibrios a escala mundial y que para su sostenimiento se basa en la exclusión, la represión y el hambreamiento de la mayoría de la población mundial.

9. ¿Quién decide?

“No nos corresponde a los del “norte”, en función de nuestra experiencia o sobre los criterios de lo que es útil y lo que es superfluo, ser quienes vayamos a dictar las formas y los límites del desarrollo de otros.”

Totalmente de acuerdo.

Pero sí nos corresponde a los del “norte” decrecer.

10. Sindicalismo y decrecimiento.

No podemos estar contra la industria militar y a la vez por la conservación de los puestos de trabajo que la hacen subsistir, lo mismo ocurre con la industria del automóvil o la industria nuclear; estamos en la obligación de buscar maneras de vivir alternativas y creativas que nos hagan estar en paz con la naturaleza y con nosotras mismas, no podemos basar nuestro modo de producción en esquilmar la naturaleza y robar a otros pueblos.

El mundo del trabajo es también un ámbito de transformación. Debemos apostar por un modelo productivo que equilibre nuestro impacto ecológico con el planeta. Es importante plantearse como objetivo el control autogestionado de las producciones que sean estratégicas para nuestra autonomía como movimiento (desde crear pequeños molinos de viento, hasta bicicletas, pasando por la reparación de toda la maquinaria que sea necesaria).

Necesitamos hacer de las pequeñas cooperativas un vehículo adecuado para trabajar cada vez más fuera del sistema, creando redes de economía alternativa entre ellas y las otras participantes de ese movimiento, fomentando el cooperativismo y la autogestión obrera como líneas importantes de acción, para ir cortando relaciones progresivamente con las multinacionales.

No basta ni es suficiente seguir ciñéndose de modo exclusivo al estrecho espacio del empleo. Es necesario ahora más que nunca saltar los muros de las fábricas, oficinas y talleres, pero en ambos sentidos, de fuera a dentro y de dentro a fuera. Y reubicar el empleo y el trabajo asalariado en su contexto social, territorial y cultural y no meramente productivo.

Las trabajadoras y los trabajadores deben poder hablar, debatir y denunciar en torno a los impactos ambientales, el gasto energético, la higiene y la seguridad, y la huella ecológica de la empresa en la que trabaja. Y en última instancia cuestionar abiertamente el tipo de producto, bien o servicio al que contribuyen con su trabajo, el modo cómo este proceso se lleva a cabo, y la posibilidad de plantear alternativas de reconversión sostenibles y menos lesivas con el medio y con ellos/as mismos/as.

Los valores de este sindicalismo pueden resumirse en tres ejes de acción.

1. La austeridad como modo de vida
2. La decrecimiento como camino
3. El sostenibilidad como meta

Sin olvidar en ningún caso lo que realmente define un movimiento de transformación social: el trastocamiento de las relaciones de poder, del autoritarismo dominante, de las jerarquías reproducidas en el ordenamiento social. La extensión de la igualdad para todas y todos y la expansión de la libertad para la autorrealización humana.

11. Socialismo o barbarie

Para Marx las fuentes de donde brota toda riqueza serían la tierra y el trabajador, pero tal vez la riqueza sea la fusión de ese manantial que riega de alegría y placer la tierra y engendra la vida.

Cuando se habla de ‘revolución’ tendremos que tener en cuenta que no existen los palacios de invierno, y la bastilla ¿dónde está?. ¿Y el poder?. El poder no es sólo una dominación real sino una dominación simbólica que anida en nuestro inconsciente. Nuestro adversario: las grandes transacionales, los grupos financieros, los medios de comunicación...no ejercen el poder directamente. El Gran hermano está escondido tras un laberinto institucional; la servidumbre es voluntaria, las clases oprimidas aceptan como ‘natural’ la opresión.

Y que hablar de las fuerzas de represión directa (ejército y policía); en caso de poder llevarse a cabo una acción subversiva -¿contra quién?- ¿que nivel de violencia habría que alcanzar?.

¿No sería necesario actuar en una doble dirección, por una parte obstaculizar todo lo posible el actual sistema de acumulación y por la otra ir construyendo ya un sistema diferente, con otros valores?.

¿Y por qué no empezar ya a construir ese proyecto social?

El decrecimiento es un movimiento heterogéneo, diverso, múltiple, complejo, plural, misceláneo… . Cada comunidad llevará a cabo su decrecimiento según las circunstancias y como estime conveniente. Aunque las rupturas nunca son totales en la historia, ni siquiera convenientes, debemos de partir de aquellos valores que existen en cada sociedad para formar una sociedad nueva. En cada caso la situación será diferente unas sociedades serán rupturistas otras transacionales. Cada proyecto de decrecimiento variará según las circunstancias.

¿Y Por qué no partir de lo femenino?

El proyecto de decrecimiento es un proyecto de construcción, yo lo llamo un proyecto de mujer, donde hay que construir un orden simbólico que nace de lo que ya hay y que ya forma parte de nuestra vida.: Las relaciones familiares, como la amistad, las de amor y las políticas, se basan en una forma de intercambio que la lógica mercantil tiende a negar y a destruir. Y estas relaciones no solamente se pueden mantener, sino que, además, en ellas está la parte mas importante de nuestras vidas y en donde las personas cuentan porque son únicas. En estas relaciones se intercambian palabras, atenciones, afectos, emociones, e incluso bienes, como cosas, ayuda y hospitalidad.

Tal vez no se trata de cambiar el rumbo al barco, sino de ir construyendo un barco nuevo, para el día después de la ‘revolución’.

4 comentarios:

  1. Anónimo6:33 p. m.

    En primer lugar, decir que este artículo me ha parecido muy interesante.
    En segundo lugar, comentar que el otro día escuché una iniciativa (al parecer ya lleva bastante tiempo) que da respuesta a dos de los imperativos que estamos viviendo (la necesidad de despertar la conciencia y hábitos ecológicos en la población española) y la racionalización del uso de los recursos tanto económicos como medioambientales. Es una iniciativa que facilita el uso del coche compartido, se llama http://www.amovens.com, para ahorrar gasolina y gastos de coche al compartirlo entre varios y para reducir las emisiones de CO2, contaminación acústica, etc. Creo que todos deberíamos sumarnos a iniciativas como estas para dejar algo de mundo que disfrutar a nuestros hijos.

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  2. Felicidades por la reflexión. Ahora toca a Lucha Internacionalista una respuesta. Porque en su reflexión plantean que el decrecimiento es un obstáculo para su revolución.

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  3. El otro día vi en (http://www.comuto.es/blog/viaje-casa-trabajo) un buen ejemplo de actitud colectiva útil y posible, con solo 4% menos de coches por la carretera acabaríamos con los atascos, eliminando un montón de tensiones inútiles e contraproducentes. Un esfuerzo colectivo al socorro de una situación caótica...

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  4. En mayo se publicó en este mismo blog otrau réplica al artículo original: http://www.decrecimiento.info/2010/05/necesidad-decrecimiento-economico.html

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