Comunismo sin crecimiento


La realización social de las recomendaciones del Club [de Roma] tiene las siguientes premisas: el derrocamiento de la burguesía, la instauración de la dictadura del proletario, y la construcción del comunismo. No veo que la socialdemocracia quiera ni pueda dar cumplimiento a estas premisas. Sin embargo, la tarea de luchar por la supervivencia de la humanidad sobre nuestro planeta se eleva hoy por encima de todas las fracciones del movimiento obrero internacional, sin que importe demasiado, a este respecto, si albergan una concepción revolucionaria o reformista y ha sido precisamente un hombre de estado socialdemócrata, Sicco Mansholt, el primero en vincular, a la vista de esta tarea, las propuestas formuladas por el Club de Roma a las ideas socialistas.

La humanidad solo sobrevivirá si consigue detener el alud demográfico, poner límites al crecimiento económico, proteger a la naturaleza de los perniciosos efectos derivados de la producción industrial, mostrarse extremadamente ahorrativa con los recursos naturales, en particular con las materias primas y con los combustibles no regenerables, superar rigurosamente el desnivel social entre el Norte y el Sur así como llegar a un desarme total y absoluto. Todos los planes y medidas orientados a conseguirlo están orientados al fracaso sino están orientados por la clase obrera. Ahora bien, ésta escucha, en medida variable según los países, la voz de los partidos comunistas y socialdemócratas. A ellos les corresponde, por tanto, conducir a los trabajodores por este camino. Si la socialdemocracia sigue el ejemplo de Mansholt contribuirá decisivamente a ello, aun cuando su ‘socialismo democrático’ pueda ser contrario alas soluciones radicales que resultan históricamente inaplazables.

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Los jóvenes trabajadores holandeses con los que habló Sicco Mansholt lo entendieron tan bien que ellos mismos fueron quienes propusieron al decir: ‘Sacrificios sí, pero primero, fuera el capitalismo!’. Esta es la fórmula que en adelante deberían poner los partidos de izquierda en el centro de su agitación y propaganda. Los ideales ascéticos como tales están bastante lejos del proletariado. Pero siempre que ha sido necesario, el proletariado ha sabido demostrar que es una clase heroica: en los días de la Comuna de París, en las tres revoluciones rusas, en la Guerra Civil Española, en la resistencia contra Hitler, en los innumerables levantamientos y huelgas políticas de masas y últimamente, de nuevo en París, en el glorioso mayo-junio de 1968. El proletariado estará dispuesto a hacer cualquier sacrificio que la ciencia demuestre que es necesario a favor de la conservación de la biosfera, por la salvación de la humanidad de la salvación, así como también por una vida mejor, mas humana de los pueblos del Tercer Mundo.

Pero la burguesía no va a sacrificar nada, ni tiene por qué. La exigencia de contentarse en el marco del sistema capitalista con una vida sencilla y modesta será rechazada y con toda razón. E incluso suponiendo que el proletariado se dejara manipular por demagogos explotadores de los argumentos de la ecología o de los llamamientos a una mayor calidad de vida, de tal modo que acabara aceptando la necesidad de hacer sacrificios.

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El movimiento obrero económico, representado por los sindicatos, no puede tener otros objetivos que luchar, en el marco del sistema capitalista existente, por los intereses materiales inmediatos de los trabajadores y empleados, por la mejora de su nivel de vida, por salarios más altos, por condiciones de trabajo más humanas, por la protección frente al despido, etc. El movimiento obrero ‘político’ ha de solidarizares con estas reivindicaciones, han de apoyarlas, pero además ha de tener también en todo momento una clara concepción del o que es la transformación de la sociedad en su conjunto y asumirla abiertamente en todo lugar, una concepción cuyas metas vayan más allá del estrecho horizonte de las relaciones burguesas. Esta concepción hoy sólo puede ser realista si inserta en sus cálculos las predicciones de la ciencia y éstas indican que si el ritmo actual del desarrollo mundial prosigue sin alteraciones, la humanidad desaparecerá en dos o tres generaciones.

Y esa concepción solo puede ser humana, es decir, digna de las tradiciones del movimiento obrero, si impide que esta perspectiva desaparezca de la consciencia pública con casos mentales como el de ‘después de nosotros’. O sea, sólo puede ser humana si, penetrada de una voluntad apasionada, pone en juego todos los recursos disponibles para poner freno al fatal curso de las cosas. Para eso se necesita de un gran objetivo estratégico; se precisa, en concreto, de la voluntad de articular definitivamente a la sociedad humana y su cultura, para siempre, de un modo armónico con la biosfera, Y se necesita para ello un programa de acción con plazos precisos, calculado a largo plazo, que advierte de las catástrofes que nos amenazan, que desvele sin concesiones sus causas determinantes y que desarrolle un sistema científicamente fundamentado de medidas capaces de garantizar que esas causas van a ser radicalmente suprimidas.

Extraído de: Wolfgang Harich. ¿Comunismo sin crecimiento?. 1975.

2 comentarios:

  1. Recuerdo que era una de los reproches de los decrecentistas al Capital de Marx, centrarse en el proletariado y su productividad...entonces ¿puede existir un comunismo sin crecimiento? he oído algo sobre eco-comunismo pero tanto título resulta lioso.
    En otros países de europa los partidos ecologistas tienen puestos de responsabilidad ¿lo veis realizable en España o América latina?
    Saludos y a soñar

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  2. Sacrificios sí, pero antes ¡Fuera capitalismo!

    Un abrazo fraterno a todos los decrecentistas del mundo. Este es un movimiento de vanguardia. En el siglo XXI la manera más eficaz de luchar contra el capitalismo es ser decrecentista.Si conseguimos bajar nuestro consumo de una forma mantenida y colectiva paramos el sistema. Sólo la resistencia nos conducirá hacia el triunfo.

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