Entrevista al creador del blog del decrecimiento


¿Nos puedes decir qué definición de decrecimiento consideras más adecuada?

Existe un dicho popular que dice que ‘no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita’, entonces, decrecimiento es consumir menos, tener menos para ser más. Cuando decidimos hacer una apuesta política e intelectual por el decrecimiento estamos dando una ‘bofetada’ a los discursos más complacientes que nos calientan las orejas todos los días ofreciéndonos deseos inalcanzables y paraísos frustrantes.

¿Cuándo surge este movimiento?

Surge en Francia en los años 90, donde diversos autores trabajan en su desarrollo teórico: Latouche, Cheynet, Ayres.. Forman incluso un partido político (El partido por el decrecimiento) y poseen un periódico semanal (La Décroissance) que alcanza una tirada de 50.000 ejemplares.

En Cataluña la ‘Entesa pel decreixement’ organizó en el año 2007 las jornadas ‘Desfer el creixement, Refer el Mon’ (deshacer el desarrollo, rehacer el mundo).

¿Nos puedes comentar brevemente cuáles son sus autores principales, sus obras de referencia y su evolución?


Podemos considerar la bioeconomía de Georgescu-Roegen y el grupo de pensadores críticos con el desarrollo y la sociedad de consumo (Ivan Illich, André Gorz, Vandana Shiva...) como los pilares en los que se asienta esta idea.

Obras traducidas al castellano como ‘Objetivo decrecimiento’ del Colectivo revista Silence, y ‘La apuesta por el decrecimiento’ de Serge Latouche nos dejan ver como se va tejiendo esta forma de pensar.

Destacar el libro de Carlos Taibo 'En defensa del decrecimiento', editado recientemente.

La revista The Ecologist para España y latinoamérica dedica el número 31 al decrecimiento, También el número 35 de la revista el ecologista contiene un artículo de Pepa Gisbert titulado ‘Decrecimiento: camino hacia la sostenibilidad’. El número 35 de la revista Ecología Política dedica un monográfico al tema que lleva por título 'Decrecimiento sostenible'

Me imagino que por parte de los grupos liberales habréis sufrido duras críticas ¿Tienes algo que comentar al respecto?

La crítica es muy importante porque posibilita un debate de ideas y conceptos y permite desarrollar la investigación teórica. Por ejemplo un documento de la organización Attac rechazaba el decrecimiento con un triple argumento.

El rechazo del decrecimiento a la idea de construir progresivamente los derechos humanos universales; el decrecimiento llevará la producción hasta hacerla tender a cero; y que el decrecimiento de los países pobres afectaría a los sectores más necesarios a las clases populares como la educación la salud y los servicios públicos.

Ante esto, es necesario aclarar que no se está contra los derechos humanos como el derecho a la vida, a no sufrir maltrato o a circular libremente por los territorios, lo que sí es necesario criticar es la pretensión occidental de imponer su cultura y valores que sencillamente no son universales.

El decrecimiento plantea salir del modo de producción capitalista basado en la acumulación para construir una sociedad alternativa; vivir de otro modo, un espacio para llevar a cabo la soberanía alimentaria, el derecho a vivir con el aprovechamiento de la energía que proporciona el sol y con los recursos materiales que posibilita la naturaleza sin que esto repercuta negativamente en los ecosistemas, el derecho a la participación en la toma de decisiones de todas las personas que conforman cada comunidad o pueblo.

No debemos confundir la salud, la educación y la alimentación con los colegios, los hospitales o los supermercados y restaurantes. El decrecimiento posibilitaría niveles de existencia aceptables para toda las personas del planeta. El 20% de la población humana consume el 80% de los recursos del planeta. El problema de la sostenibilidad del planeta es el modo de vida de la parte rica de la población.

Ahora, nos gustaría centrarnos un poco en tu blog http://decrecimiento.blogspot.com/

¿Cuándo comenzaste con él y cuáles han sido sus objetivos principales?


Comencé en abril de 2006, e inicié una búsqueda que comparto con aquellas personas que tengan a bien leer blog.

¿Estás satisfecho con su evolución y aceptación?

Actualmente el blog tiene una media de 500 visitas diarias. Aunque esto es un grano de arena en la inmensidad de internet.

¿Cuáles son sus perspectivas de futuro?


El blog se plantea como un viaje sin destino por formas de pensar divergentes con el discurso dominante.

Aparte de la difusión de estas alternativas, ¿Consideras necesarias otro tipo de iniciativas?

Hoy en día no se puede luchar de frente contra el capitalismo, la única posibilidad que existe es entrar en disidencia. Solamente si encontramos un hilo que sea capaz de armonizar todas las luchas que se plantean día a día por parte de aquellos a los cuales el sistema explota, margina o reprime seremos capaces de proponer un sistema que no entre en la lógica del mercado. Yo pienso que este hilo puede ser el decrecimiento.


¿Consideras que aún estamos a tiempo de frenar y readaptar nuestro modo de vida evitando así el colapso ecológico?


Esta Civilización Occidental que basa su crecimiento en la energía de los combustibles fósiles y que está llevando a cabo procesos de uniformidad biológica y cultural que condenan a millones de personas a la miseria y a la muerte, está en crisis.

Se trata de una crisis compleja y multidimensional que afecta a todos los aspectos de nuestras vidas: la salud, el sustento, la calidad del medio ambiente y la relación con nuestros semejantes, la economía, la política y la tecnología. La crisis tiene dimensiones políticas, intelectuales, morales y espirituales. La amplitud y la urgencia de la situación no tienen precedentes en la historia de la humanidad.

La crisis del sistema es lo esperanzador puesto que nos brinda la oportunidad que podemos y debemos aprovechar. Varios cambios van a quebrantar las bases de nuestras vidas y a influir profundamente en nuestro sistema social, político y económico.

La disminución del número de reservas de los combustibles fósiles y la decadencia del patriarcado propiciarán un cambio profundo de la mentalidad; otros conceptos y otros valores como el cariño, la afectividad, las relaciones sociales, la creatividad, el ocio, la sencillez, la austeridad en el consumo material... propiciarán una sociedad distinta.

¿Algo que desees añadir?


Si, que en un tiempo de reflexión, volveremos para el otoño.

Y que siento no haber contestado a todos los correos que me han llegado, no tenía tiempo para dar respuesta a todos, también mis disculpas a aquellos que no les he contestado debidamente.

Salud y alegría

Decrecimiento y ecologismo para la supervivencia


La crisis económica da una oportunidad para que la economía de los países ricos adopte una trayectoria distinta con respecto a los flujos de energía y materiales. Ahora es el momento de que los países ricos, en vez de soñar con recuperar el crecimiento económico habitual, entren en una transición socio-ecológica hacia menores niveles de uso de materias primas y energía. La crisis debe permitir impulsar las propuestas de los partidarios del decrecimiento económico. El objetivo social en los países ricos debe ser vivir bien dejando de lado el imperativo del crecimiento. Porque a partir de cierto nivel de ingreso, la felicidad ya no crece en igual proporción

...

A veces las izquierdas tradicionales del Sur han visto el ecologismo como un lujo de los ricos más que una necesidad de los pobres a pesar de que hay víctimas del ecologismo popular tan conocidos como Chico Mendes y Ken Saro-Wiwa.

Lo cierto es que los ricos del mundo consumen tanto que las fronteras de extracción de mercancías o materias primas están llegando a los últimos confines. Por ejemplo la frontera del petróleo ha llegado hasta Alaska y la Amazonia. Pero en todas partes aumentan las resistencias populares e indígenas contra el avance de las actividades extractivas de las empresas multinacionales. Estas resistencias parecen ir contra el curso de la historia, que es el constante triunfo del capitalismo, el crecimiento económico en términos de materiales, energía, agua que se introducen en el sistema para salir luego como residuos.

Las comunidades se defienden. Hoy en día se dan conflictos en las fronteras de extracción de cobre como Intag en Ecuador o en los distritos de Carmen de la Frontera, Ayabaca y Pacaipamba en el norte del Perú donde el proyecto de Río Blanco, de la Minera Majaz, fue derrotado en un referéndum local. Hay conflictos por la extracción de níquel en Nueva Caledonia, mientras que la isla de Nauru quedó destruida por la rapiña de los fosfatos. La economía mundial no se “desmaterializa”, al contrario. Se saca siete veces más carbón en el mundo hoy que hace cien años, aunque en Europa haya bajado su extracción. Hay conflictos en la minería de cobre, de uranio, de carbón y en la extracción y transporte de petróleo pero también hay conflictos en la minería de oro y por la defensa de los manglares contra la industria camaronera.

Existen movimientos sociales de los pobres relacionados con sus luchas por la supervivencia, y son por tanto movimientos ecologistas para la supervivencia y por lo tanto son movimientos ecologistas – cualquiera que sea el idioma en que se expresan – en cuanto que sus objetivos son definidos en términos de las necesidades ecológicas para la vida: energía (incluyendo las calorías para la comida), agua, espacio para albergarse. También son movimientos ecologistas porque tratan de se sacar los recursos naturales de la esfera económica, del sistema de mercado generalizado, de la racionalidad mercantil, para mantenerlos o devolverlos a ecología humana.

Existe pues un ecologismo de la supervivencia, un ecologismo de los pobres, que pocos habían advertido hasta el asesinato de Chico Mendes en diciembre de 1988. La necesidad de supervivencia hace a los pobres conscientes de la necesidad de conservar lo recursos. Esta conciencia a menudo es difícil de descubrir porque no utiliza el lenguaje de la ecología científica sino lenguajes locales como los derechos territoriales indígenas o lenguajes religiosos.

Extraído del artículo 'Hacia un decrecimiento sostenible' publicado por Joan Martínez Alier en Le Monde Diplomatique (número 163)

Colapso energético y financiero: algo más que una crisis 'ninja'


Llegan tiempos de prueba. Incluso habrá que recordar a esos creyentes cristianos, que ya duermen tranquilos porque no hay que perdonar las deudas, que aún sigue vigente aquella parte del Evangelio de Mateo (19, 16-22):

“Luego se le acercó un hombre y le preguntó: ‘Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?’ Jesús le dijo: ‘¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos’. ‘¿Cuáles?’, preguntó el hombre. Jesús le respondió: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, yamarás a tu prójimo como a ti mismo’. El joven dijo: ‘Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?’ ‘Si quieres ser perfecto’, le dijo Jesús, ‘ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme’ Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.”

Hoy somos en Occidente inmensamente ricos en disponibilidad de energía y no basta con cumplir los mandamientos de Al Gore y desenchufar el cargador del móvil por las noches o comprar un coche híbrido o reciclar las basuras. Hoy la exigencia de justicia y una mejor distribución de los bienes, en un medio que se quiera mínimamente sostenible, exige entregar la riqueza energética, deponer el derroche energético para ser perfecto. Pero mucho me temo que la mayoría de los occidentales se alejarían entristecidos y que, en vez de abandonar voluntariamente su consumista modo de vida, podría pasar un camello por el ojo de una aguja.

Es más, todo parece apuntar a que muchos serían incluso capaces de matar o alistarse en algún banderín de enganche, para asegurar que el atún rojo de las costas de Somalia siga llegando a nosotros sin ningún percance. Si la disponibilidad energética empieza a escasear y a declinar de forma irreversible, no sólo no se podrá crecer económicamente, sino que será necesario decrecer. Y el decrecimiento económico, por primera vez en la historia de la humanidad a escala planetaria (Non Plus Ultra), como hemos visto, hará colapsar el sistema financiero, tal y como lo conocemos, esto es, ese sistema que siempre exige recoger más papeles que los que siembra y premia y glorifica al que sabe explotar más que nadie en menos tiempo que nadie.

Extraído de Colapso energético y financiero: algo más que una
crisis “NINJA” Pedro Prieto


Pedro Prieto es vicepresidente de AEREN y ASPO-Spain y editor del sitio web
CrisisEnergetica (www.crisisenergetica.org).

Máquinas y control social


Es sencillo buscar correspondencias entre tipos de sociedad y tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes, sino porque expresan las formaciones sociales que las han originado y que las utilizan. Las antiguas sociedades de soberanía operaban con máquinas simples, palancas, poleas, relojes; las sociedades disciplinarias posteriores se equiparon con máquinas energéticas, con el riesgo pasivo de la entropía y el riesgo activo del sabotaje; las sociedades de control actúan mediante máquinas de un tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo riesgo pasivo son las interferencias y cuyo riesgo activo son la piratería y la inoculación de virus. No es solamente una evolución tecnológica, es una profunda mutación del capitalismo.

Una mutación ya bien conocida y que puede resumirse de este modo: el capitalismo del siglo XIX es un capitalismo de concentración, tanto en cuanto a la producción como en cuanto a la propiedad. Erige, pues, la fábrica como centro de encierro, ya que el capitalista no es sólo el propietario de los medios de producción sino también, en algunos casos, el propietario de otros centros concebidos analógicamente (las casas donde viven los obreros, las escuelas). En cuanto al mercado, su conquista procede tanto por especialización como por colonización, o bien mediante el abaratamiento de los costes de producción. Pero, en la actual situación, el capitalismo ya no se concentra en la producción, a menudo relegada a la periferia tercermundista, incluso en la compleja forma de la producción textil, metalúrgica o petrolífera. Es un capitalismo de superproducción. Ya no compra materias primas ni vende productos terminados o procede al montaje de piezas sueltas. Lo que intenta vender son servicios, lo que quiere comprar son acciones. No es un capitalismo de producción sino de productos, es decir, de ventas o de mercados.

Por eso es especialmente disperso, por eso la empresa ha ocupado el lugar de la fábrica. La familia, la escuela, el ejército, la fábrica ya no son medios analógicos distintos que convergen en un mismo propietario, ya sea el Estado o la iniciativa privada, sino que se han convertido en figuras cifradas, deformables y transformables, de una misma empresa que ya sólo tiene gestores. Incluso el arte ha abandonado los círculos cerrados para introducirse en los circuitos abiertos de la banca. Un mercado se conquista cuando se adquiere su control, no mediante la formación de una disciplina; se conquista cuando se pueden fijar los precios, no cuando se abaratan los costes de producción; se conquista mediante la transformación de los productos, no mediante la especialización de la producción. La corrupción se eleva entonces a una nueva potencia. El departamento de ventas se ha convertido en el centro, en el “alma”, lo que supone una de las noticias más terribles del mundo.

Ahora, el instrumento de control social es el marketing, y en él se forma la raza descarada de nuestros dueños. El control se ejerce a corto plazo y mediante una rotación rápida, aunque también de forma continua e ilimitada, mientras que la disciplina tenía una larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no está encerrado sino endeudado. Sin duda, una constante del capitalismo sigue siendo la extrema miseria de las tres cuartas partes de la humanidad, demasiado pobres para endeudarlas, demasiado numerosas para encerrarlas: el control no tendrá que afrontar únicamente la cuestión de la difuminación de las fronteras, sino también la de los disturbios en los suburbios y guetos.

Para saber más: Conversaciones con Gilles Deleuze

Enric Duran, razones para expropiar a la banca


Un documento sobre el cómo y el porqué de su acción
Más allá de la anécdota rocambolesca o de cualquier lectura sensacionalista, la acción llevada a cabo por Enric Duran, consiguiendo crédito de 39 entidades bancarias valiéndose de los agujeros del propio sistema financiero, no sólo pone en evidencia la vulnerabilidad de este sistema sino que denuncia de manera contundente la falsa naturaleza del dinero creado por la banca a partir de la especulación crediticia. Todo ello se explica sin intermediarios en Abolim la banca, un libro donde el protagonista nos habla del sentido de su acción contra los fundamentos del capitalismo.

“Ante un gobierno que encarcela a la gente injustamente, el mejor lugar para una persona justa también es la prisión”, con estas palabras de Henry Thoreau se inicia el capítulo Diario de una expropiación planificada en el que Enric Duran (Vilanova i la Geltrú, 1976) narra con fina ironía y todo lujo de detalles cómo llegó a reunir cerca de medio millón de euros en créditos partiendo de la nada para transformarlos después en recursos que ayuden a financiar proyectos sociales alternativos.

No cabe duda que, además de entablar una inteligente partida de ajedrez con el sistema conociendo todas sus jugadas, llevar a cabo una acción así comportaba asumir de antemano el significado de las palabras de Thoreau y, desde luego, eso es lo que ha hecho Enric Duran con total entereza. Y es que, su propósito de “insumisión bancaria”, no sólo se enmarca en la tradición de desobediencia civil predicado por el pensador norteamericano, sino que se inscribe por derecho propio dentro de la tradición sociohistórica investigada en 1969 por Eric Hobsbawm en uno de sustrabajos más celebrado: Bandidos.

En este libro, el historiador perfiló la figura del “bandolero social”: un arquetipo que a lo largo del tiempo se repite de forma mítica en todas las culturas. Donde mejor se rastrea la continuidad de esta tradición en la época contemporánea es en la “expropiación anarquista”. No en vano, Enric Duran se refiere a ella en su libro y, especialmente, a Lucio Urtubia como una de sus fuentes principales de motivación.

Que esta tradición continua viva no solo se demuestra, pues, en la súbita irrupción de la acción de Duran en plena crisis financiera, sino que también se demuestra en el sustancioso debate que ha generado y, sobre todo, en las numerosas muestras de simpatía y complicidad que ha despertado entre la población.


El activismo como escuela


Sin embargo, a lo que menos se presta el libro de Enric Durán es a una lectura académica o meramente sociológica. Su testimonio es un revulsivo que no puede dejar a nadie indiferente. El autor ha renunciado a sus derechos personales remarcando en su contrato editorial que un 10% del precio de venta ha de ir destinado al Colectivo Crisis para llevar a cabo nuevas acciones. De hecho, buena parte del libro está destinada a narrar la génesis de este colectivo y sus propósitos a partir de acciones como las publicaciones masivas Crisis y Podemos vivir sin capitalismo, ambas financiadas con las expropiaciones a los bancos.

Lo que también queda bien reflejado en el libro es el compromiso social y la trayectoria activista y autodidacta de Enric Duran desde que, hace más de un década, se iniciara en los movimientos de resistencia a la globalización. Ésa fue la escuela que le llevó a intentar comprender las dificultades de las luchas sociales en un mundo cada vez más complejo y cambiante, y a la necesidad de ingeniar nuevas estrategias de lucha sirviéndose magistralmente de medios como Internet. El libro, en definitiva, es el testimonio de una persona incansable que, por encima de todo, hace lo que cree y cree en lo que hace. Y eso es lo que vale.

Alfonso López Rojo

Reseña publicada en el semanario Directa, Nº 133, abril de 2009, pág.24.

Debates sobre decrecimiento


En el marco del festival de vídeo i cine documental OVNI de Barcelona se celebrará ente el 27 y el 31 de mayo unas jornadas de debate sobre decrecimiento con el siguiente programa:


MIÉRCOLES 27 DE MAYO


22:00h


-Ante la crisis del crecimiento, decrecimiento

Enric Duran, Xarxa pel decreixement

Marco Deriu, Universidad de Parma

François Schneider, Recherche & Decroissance



SÁBADO 30 DE MAYO



12-14 h


Relocalizar la utopía: la dimensión política del decrecimiento

-De la polis al municipalismo de base.

Alfonso López Rojo, L’Entesa pel Decreixement

-La democracia inclusiva

Blai Dalmau, Revista Detourné

-Revolucionando el barrio: 10 años de la Asamblea de Barrio de Sants

Miembros de la Assemblea de Barrio de Sants


16-18h

Soberanía alimentaria

Modera: Giorgio Monsangini, Colectivo de Estudios sobre Cooperación y Desarrollo de Consumo Solidario

-Decrecimiento y soberanía alimentaria

Jordi Gascón, Colectivo de Estudios sobre Cooperación y Desarrollo de Consumo Solidario

-Las cooperativas de consumo crítico

Montserrat Menesanch, Cooperativa L’Aixada


18-20h


Conflictos ambientales

Modera: Giorgios Kallis, investigador ICREA, profesor ICTA-UAB

-Los conflictos ambientales, una perspectiva mundial

Joan Martínez Alier, Universidad Autónoma de Barcelona

-Los conflictos de las basuras: Nàpols

Giacomo D’Alisa, Universidad de Foggia ( Itàlia)


22:00h

Encuentro con John Zerzan

La crítica a la civilización y el agravamiento de la crisis

John Zerzan, ensayista y editor de la revista Green Anarchy



DOMINGO 31 DE MAYO



12-14h


El transfondo teòrico del decrecimiento

-Criterios termodinàmicos bàsicos del proceso de decrecimiento

Joan García, EcoConcern Innovación Social

-Crecer y decrecer: entre el orden y el caos

Salvador Pueyo, Instituto Catalàn de Ciencias del Clima



16-18 h

Marchas por el decrecimiento

-Marcha por Itália, Peter Ankh

-Marcha por Francia, François Schneider

-Marcha por Cataluña, Gessamí Sardà Moya


18-20h


Planteando otros modelos de organización social

-Iniciativas de transición

Rubén Suriñach Padilla, Centro de Investigación y Información de Consumo

-NAPs (Núcleos Autònomos Públicos)

Valeria Mikiej, Xarxa pel Decreixement

-Cooperativas integrales

Anaïs Franquesa, Colectivo Crisis



Todos los debates serán en el Centro de Cultura Contemporànea de Barcelona,

c/ Montalegre, 5


Más información:

www.decreixement.net,

www.desorg.org

Innovación, cambio climático y agricultores













Respuesta a la crítica de Miguel Amorós al decrecimiento

Crítica de Miguel Amorós al decrecimiento

En el mismo texto de Amorós se puede leer esta frase: “El crecimiento es la condición necesaria del capitalismo; sin crecimiento el sistema se desmoronaría”

Sin embargo el texto comienza así:

“La ideología del decrecimiento es la última mutación del ciudadanismo tras el miserable fracaso del movimiento contracumbres; una ilusión renovable, como dirían Los Amigos de Ludd. Como trivialización de la protesta y supresión del conflicto, es un arma auxiliar de la dominación.”

La respuesta a esta contradicción creo que tiene que ver en el modo en el cual Amorós plantea la lucha.

Para Amorós el sujeto de la lucha sería una clase oprimida que se enfrenta a las fuerzas de dominación para cambiar el mundo mediante movilizaciones y en último término cuando las fuerzas sean importantes dar un golpe definitivo y abolir el sistema capitalista.

En palabras de Serge Latouche:

"Pero ya no existen los palacios de invierno, y la bastilla ¿dónde está?. ¿Y el poder?. El poder no es sólo una dominación real sino una dominación simbólica que anida en nuestro inconsciente. Nuestro adversario: las grandes transacionales, los grupos financieros, los medios de comunicación...no ejercen el poder directamente. El Gran hermano es anónimo, la servidumbre es voluntaria, las clases oprimidas aceptan como ‘natural’ la opresión. Y que hablar de las fuerzas de represión directa (ejército y policía); en caso de poder llevarse a cabo una acción subversiva -¿contra quién?- ¿que nivel de violencia habría que alcanzar?.

El capitalismo como sistema, como ‘modo de producción’ es una creación de la mente, útil para comprender una realidad compleja, pero peligrosa si consideramos el concepto de manera fetichista. Actualmente, el conjunto de empresas, las administraciones y los hogares participan de la lógica capitalista, porque ésta es la de los actores dominantes de la sociedad moderna y ha colonizado las mentalidades.

La eliminación de los capitalistas, la prohibición de la propiedad privada de los bienes de producción, la abolición de las relaciones salariales o de la moneda abocarían a la sociedad a un caos, y sólo serían posibles a costa de un terrorismo masivo. Y, por otro lado, esto no bastaría para abolir el imaginario capitalista."

El proyecto de decrecimiento es un proyecto de construcción, yo lo llamo un proyecto de mujer, donde hay que construir un orden simbólico que nace de lo que ya hay y que ya forma parte de nuestra vida.: Las relaciones familiares, como la amistad, las de amor y las políticas, se basan en una forma de intercambio que la lógica mercantil tiende a negar y a destruir. Y estas relaciones no solamente se pueden mantener, sino que, además, en ellas está la parte más importante de nuestras vidas y en donde las personas cuentan porque son únicas. En estas relaciones se intercambian palabras, atenciones, afectos, emociones, e incluso bienes, como cosas, ayuda y hospitalidad.

El futuro será mujer o no será.

Nuestro modo de vida esclavo tiene poco que ver con la felicidad


Carlos Taibo, Profesor de Ciencias Políticas y de la Administración de la Universidad Autónoma de Madrid, ha publicado artículos de política internacional en diversos periódicos y es autor de una veintena de libros, en su mayor parte relativos a las transiciones en la Europa central y oriental contemporánea. Carlos Taibo Arias, firme partidario del movimiento antiglobalización, debatió ayer sobre el decrecimiento dentro de las XII Jornadas Culturales Libertarias que organiza la CGT.

-Aboga por el decrecimiento en una coyuntura económica en la que se llama al consumo para aumentar la producción...


-Es sorprendente que entre las respuestas de la crisis en la que estamos inmersos, nunca se hable de la necesidad inexorable en los países ricos del norte opulento de reducir nuestro niveles de producción y de consumo. Todos sabemos que en el planeta en el que vivimos es limitado, pero parece como si permaneciésemos al margen de esta realidad y pensásemos que podemos seguir creciendo indiscriminadamente. Hay que decrecer en términos de producción y consumo, reducir el número de nuestras horas de trabajo y los niveles de consumo, disponer de más tiempo libre y propiciar un reparto del trabajo en paralelo.

-¿Son esas las claves para salir de la crisis?

-Sí, los políticos están pensando permanentemente en seguir creciendo y acrecentar el consumo, algo que es pan para hoy y hambre para mañana. Uno de los elementos de reflexión son estas decisiones tomadas últimamente de subvencionar la compra de coches con recursos públicos, cuando lo que los poderes públicos tienen que hacer es incentivar no empleo de los automóviles por los ciudadanos. Lo único que preocupa es que la industria automovilística siga produciendo coches, siga moviendo su carro, algo que es un error en el medio y largo plazo.

-Si las industrias se cierran...


-Hay que cerrar complejos industriales fabriles en sectores como el automovilístico, la aviación, la construcción o la industria militar. Eso se traduciría en un número muy alto de desempleados en la Unión Europea que habría que solucionar desarrollando la economía social y medioambiental y repartiendo el trabajo en los sectores económicos convencionales. Podemos trabajar bastante menos, asumir que ganaremos menos pero reducir también nuestras necesidades en términos de consumo.

-¿Algo así como volver al pasado?


-Sí, tenemos que hacernos algunas preguntas sobre el pasado. La renta per cápita hoy en los Estados Unidos es tres veces más grande que la registrada al finalizar la II Guerra Mundial y, sin embargo, el porcentaje de ciudadanos norteamericanos que se declara crecientemente infeliz es cada vez más alto, esto invita a cuestionar si estamos progresando o estamos yendo hacia atrás, y hay gente que confiesa que era más feliz cincuenta años atrás de lo que es ahora.

-Suena a utopía...

-Falta cambiar el 'chip' mental, es muy difícil porque estamos educados para reglas del juego muy diferentes, pero en términos técnicos es mucho más fácil decrecer que seguir creciendo, el problema del sistema capitalista hoy en día es que no es capaz de satisfacer su propia lógica de crecimiento. Pero admito que cambiar el 'chip' mental no es una tarea sencilla. De todas maneras, sospecho que determinados segmentos de la población al calor de la crisis están empezando a hacerlo. Por ejemplo, estudios en los países escandinavos, que es verdad que tienen coberturas sociales importantes, concluyen que personas que perdieron su puesto de trabajo descubren que con un subsidio, la sexta parte de lo que ganaban, son mucho más felices en una economía mucho más austera.

-¿Cómo definiría el estilo de vida actual?


-Yo suelo hablar de un modo de vida esclavo que nos hace pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y más bienes acertemos a consumir, aunque todos sabemos que ese modo de vida esclavo realmente tiene que ver muy poco con nuestra felicidad.

-Economía social y reparto del trabajo son las fórmulas...


-Hay que privilegiar aquellas actividades económicas que no son lesivas con el medio ambiente. Estamos chupando recursos que no van a estar a disposición de las generaciones venideras, y esto es muy grave. Lo del reparto del trabajo es una vieja demanda sindical que fue desapareciendo con el paso del tiempo, hace 80 años lo primero que los sindicatos intentaban garantizar era que todos los trabajadores dispusiesen de algo de trabajo para llevar pan a casa. Este esquema mental de nuevo ha desaparecido, pareciera que el objetivo es acumular horas extra para ganar más dinero.

-¿La crisis está abriendo los ojos a la necesidad que se sufre en el Tercer Mundo?


-Hay una minoría crítica que, en efecto, es consciente de esto, pero la mayoría vive por completo al margen, simplemente preocupada de mirarse el ombligo. La crisis abre dos horizontes distintos, una conciencia cada vez más crítica sobre la sinrazón de los sistemas que padecemos, y otro, una respuesta muy sumisa al miedo que nos intentan generar. La estrategia de nuestros gobernantes consiste en decirnos que si queremos mantener buena parte de los privilegios, tendremos que aceptar un escenario más regresivo, porque si no lo perderemos. Hay que empezar a romper con esta estrategia del miedo y el amedrentamiento.

Crisis Económica 2010


Crisis económica 2010

A lo largo de la historia la sociedad ha sido siempre controlada por un poder vertical, que en sus diferentes variantes, nunca ha demostrado ser válido para garantizar el bienestar de todos los que la componen.

Nos encontramos en un momento de incertidumbre ante una crisis económica, cuyas dimensiones y posibles consecuencias son desconocidas por la mayoría de nosotros. Como ciudadanos, percibimos falta de transparencia por parte de las clases políticas e intuimos que seremos principalmente la sociedad civil, los que sufriremos más duramente sus consecuencias, como ha ocurrido siempre en el devenir de la historia.

Nuestro proyecto va dirigido a encontrar nuestro valor como individuos para comprobar el propio poder y conectarlo entre todos a modo de red.
¡Algo absolutamente nuevo puede emerger!

El nuevo poder de la sociedad civil

Os presento el blog colectivo Crisis económica 2010

Jordi Pigem: La hora del decrecimiento


E n otras culturas, el propósito último de la existencia humana era honrar a Dios o a los dioses, o fluir en armonía con la naturaleza, o vivir libres de las ataduras que nos impiden ser felices, en paz con el mundo. En nuestra sociedad, el propósito último es que crezca el producto interior bruto y que siga creciendo. Y en esta huida hacia delante se sacrifica todo lo demás, incluido el sentido de lo divino, el respeto por la naturaleza y la paz interior (y la exterior si hace falta petróleo). La economía contemporánea es la primera religión verdaderamente universal. El ora et labora dejó paso a otra forma de ganarse el paraíso: producir y consumir. Como ha señalado David Loy, la ciencia económica “no es tanto una ciencia como la teología de esta nueva religión”. Una religión que tiene mucho de opio del pueblo (Marx), mentira que ataca a la vida (Nietzsche) e ilusión infantil (Freud).

La sociedad hiperactiva. Entre los años 2000 y 2004, según el New York Times, el porcentaje de niños norteamericanos que toman fármacos para paliar el trastorno de déficit de atención e hiperactividad creció del 2,8 al 4,4%. También aquí, según el Departament d’Educació, es el trastorno infantil con mayor incidencia. No hay noticia de la hiperactividad en toda la literatura clásica (como no sea en el mito de Hércules, que proeza tras proeza avanza hacia la locura y la autodestrucción). Es una enfermedad contemporánea. Y refleja muy bien la sociedad contemporánea: una sociedad hiperacelerada, insaciablemente ávida de noticias y novedades, y sometida a tal avalancha de información, anuncios, estímulos y distracciones que la capacidad de atención se aturde y se encoge. Cuantos más reclamos por minuto, menos capacidad de concentración. Las noticias muestran un drama en Bagdad o en una patera, y antes de que uno tenga tiempo de asimilar la magnitud de la tragedia se pasa a la actualidad deportiva o a una falsa promesa publicitaria. ¿Sorprende que los niños, creciendo en el seno de una sociedad hiperactiva y con déficit de atención, reproduzcan las tendencias que ven a su alrededor?

La economía contemporánea vive de crecer. Pero nada crece siempre. Las personas, por ejemplo, crecemos en la infancia y en la adolescencia. Después ya no crecemos, pero tenemos la oportunidad de madurar. La hiperactividad y el crecimiento tienen mucho de adolescente. Parece que a nuestra sociedad le ha llegado la hora de dejar atrás el crecimiento adolescente y empezar a madurar.

Pacificar la economía. El mundo se ha convertido en un gran taller, que produce para que podamos consumir a fin de que podamos seguir produciendo. Pero el nivel de consumo “normal” en un país como el nuestro es ya insostenible. Si toda la humanidad viviera como los catalanes, necesitaría los recursos de tres Tierras; si viviera como los norteamericanos, necesitaría seis. La factura por este desequilibrio la pagan la naturaleza y el Tercer Mundo, y si nada cambia la pagarán, multiplicada, nuestros nietos.

Como Karl Polanyi explicó en La gran transformación, es cosa inaudita que toda una cultura esté sometida al imperio de lo económico, en vez de ser la economía, como lo fue en todos los lugares y épocas hasta no hace mucho, un área ceñida a consideraciones éticas, sociales y culturales. Por arte de magia, hemos insertado la sociedad en la economía en vez de la economía en la sociedad. Aunque se cree por encima de todas las cosas, la economía global es solo una filial de la biosfera, sin la cual no tendría ni aire ni agua ni vida. Una economía sana estaría reinsertada en la sociedad y en el medio ambiente, y cada actividad económica (incluido el transporte) tendría que responsabilizarse de sus costes sociales y ecológicos. En semejante sociedad, sensata pero de momento utópica, los alimentos biológicos y locales serían más baratos que los de la agricultura industrial, que hoy contamina y se lava las manos.

El economista rumano Nicholas Georgescu-Roegen, inspirador del decrecimiento junto a pensadores como Ivan Illich y el recientemente fallecido Baudrillard, se dió ya cuenta de que “cada vez que tocamos el capital natural estamos hipotecando las posibilidades de supervivencia de nuestros descendientes”. Una economía en paz con el mundo seguiría el principio de responsabilidad de Hans Jonas: “Actúa de manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida genuinamente humana sobre la tierra”. Los pueblos indígenas que se guiaban por el criterio de la séptima generación (ten en cuenta las repercusiones de tus actos en la séptima generación, es decir, en los tataranietos de tus bisnietos) sabían de sostenibilidad más que nosotros.

El decrecimiento, movimiento que en los últimos años está tomando fuerza en Francia (décroissance) e Italia (decrescita), más que un programa o un concepto es un eslogan para llamar la atención sobre cómo la economía hiperacelerada está arruinando el mundo, un timbrazo para despertarnos de la lógica fáustica del crecimiento por el crecimiento. El economista Serge Latouche, decano de la décroissance, señala sin embargo que “el decrecimiento por el decrecimiento sería absurdo”, y que sería más preciso (aunque menos elocuente) decir acrecimiento, tal como decimos ateo. Se trata de prescindir del crecimiento como quien prescinde de una religión que dejó de tener sentido.

En el medio está el remedio. En el portal de la casa de un vecino rezan estos versos:

"Verge Santa del Roser,
feu que en aquesta casa
no hi hagi poc ni massa,
sols lo just per viure bé."

Es parte de la sabiduría tradicional de muchas culturas constatar que la plenitud va ligada no al cuanto más mejor sino a al justo medio. Ya el oráculo de Delfos advertía: “de nada demasiado”. El confucianismo enseña que “tanto el exceso como la carencia son nocivos”, y en el clásico libro taoísta de Lao Zi se lee que sólo “quien sabe contentarse es rico”. La misma idea está presente en las palabras de un jefe indígena norteamericano (micmac) dirigidas a los colonos blancos: “aunque os parecemos miserables, nos consideramos más felices que vosotros, pues estamos satisfechos con lo que tenemos”. Y no falta en la tradición judeocristiana: “no me des pobreza ni riqueza” (Proverbios); “es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mateo). Incluso uno de los padres de la american way of life, Benjamin Franklin, escribió “El dinero nunca hizo feliz a nadie, ni lo hará… Cuanto más tienes, más quieres. En vez de llenar un vacío, lo crea”. El consumo pretende ser una vía hacia la felicidad, pero es como una droga que requiere cada vez dosis mayores. Hace poco salió a la luz un Happy Planet Index que sitúa a Vanuatu, archipiélago tropical, económicamente “pobre”, como el país más feliz. Le siguen diversos países caribeños. España ocupa el lugar 87. Y Estados Unidos el 150, ya cerca de Burundi, Swazilandia y Zimbabue, que cierran la lista.

La crisis ecológica es la expresión biosférica de una gran crisis cultural, una crisis derivada del modo en que percibimos nuestro lugar en el mundo. Buscamos el sentido de la vida en la acumulación, mientras el mar se vacía de peces y la tierra de fauna y flora silvestres. Liberarnos de la idolatría del consumo y del crecimiento por el crecimiento requiere transformar el imaginario personal y colectivo, transformar nuestra manera de entender el mundo y de entendernos a nosotros mismos. Un criterio para ello es abandonar la sed de riqueza material en favor de otras formas de plenitud. No se trata de ascetismo. Al fin y al cabo, la revista Décroissance lleva como subtítulo Le journal de la joie de vivre. No implica disminuir el nivel de vida sino concebirlo de otra manera. Se trata, en la línea de iniciativas que van desde el slow food de Carlo Petrini a la simplicidad radical de Jim Merkel, de fomentar la alegría de vivir y convivir, de desarrollarnos en el sentido de dejar de arrollarnos unos a otros, de crecer en tiempo libre y creatividad, crecer como ciudadanos responsables de un mundo bello y frágil.

Extraído del blog colectivo Crisis Económica 2010

¡Enric Duran libre!


Enric Duran, 'Robin Bank', salió de la prisión de Can Brians ayer al atardecer, tras conseguir, gracias a unas donaciones [depósitos], los 50.000 euros de la fianza impuesta por el juez. Duran, que ha pasado dos meses en la prisión, dijo anteayer que no pagaría la fianza porque la encontraba injusta, como sea que no tenía intención de huir. Pero gente de su entorno hizo una colecta para poder pagar la fianza y para que Duran saliera de la prisión.

Al salir, dijo que tenía 'ganas de continuar trabajando' por cambiar el modelo económico.

Duran fue detenido por los Mossos de escuadra por orden del Juez instructor a raíz de las denuncias recibidas el 17 de marzo, el día siguiente de una conferencia de prensa de Duran al Rectorado de la Universidad de Barcelona, donde hacía cuatro meses que una cincuentena de estudiantes protestaban por el Plan Bolonia. Unos cuántos días más tarde, el Juez instructor decretó prisión provisional sin fianza porque creía que había peligro de fuga. La defensa de Duran recurrió la decisión, alegando que no había peligro de fuga, y la Audiencia Provincial estimó parcialmente el recurso.

Fuentes judiciales informaron que Duran quiere mantener en el anonimato el nombre de las personas que le ayudaron. Ahora que ha pagado la fianza, Duran deberá comparecer una vez la semana ante el juez. También ha debido entregar el pasaporte al juzgado, para no salir del país.

Hay grandes yacimientos de empleo verde en España

MuchachitoOrdinario - La alternativa ética del decrecimiento

LUIS JIMÉNEZ HERRERO Director del OSE
http://www.elmundo.es/suplementos/natura/2009/36/1242079207.html

Dirige el Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE), un organismo fundado por convenio entre el Ministerio de Medio Ambiente, la Fundación Biodiversidad y la Universidad de Alcalá que, desde su creación hace cuatro años, se ha convertido en un referente por sus informes sobre el medio ambiente, la economía y la sociedad. El último foro del OSE versó sobre la necesidad de hacer más eficiente el parque de viviendas español y, para hablar de ese asunto, me reúno con su director en su oficina de Alcalá de Henares. Es toda una revelación. Frente al ladrillo desbocado que triunfa en nuestros días, el edificio renacentista donde se asienta la pequeña sede del OSE es un ejemplo de racionalismo arquitectónico, adaptación al entorno y supervivencia al tiempo. El centenario patio ajardinado es un modelo de sostenibilidad. Y un remanso para la charla.

PREGUNTA.- ¿Qué ganaríamos rehabilitando viviendas para hacerlas más eficientes?

RESPUESTA.- Hemos tenido un desarrollo urbanístico un tanto peculiar en el modelo español. Hay que reconducirlo, y no a base de construir más, sino de reconstruir, de rehabilitar. Hay que aprender a construir ciudad, hacer tejido urbano, con cohesión social, con integridad cultural. Y este tipo de planteamientos no van de la mano del modelo de ciudad difusa, es decir, de la ciudad que se expande en horizontal y precisa más movilidad, más infraestructura, más gasto de energía, sino del modelo de ciudad compacta mediterránea, que tiene mejores condiciones para que el metabolismo urbano, los flujos de materia, energía y de información se articulen mejor. La rehabilitación, además, es buena para esta situación de crisis económica y para mantener animado un sector que no ha tenido un aterrizaje suave sino un desplome.

P.- ¿Qué opina sobre esta crisis que sufrimos? ¿Es sólo una crisis de los mercados o hay de fondo en realidad una quiebra ambiental?

R.- Lo que tenemos es una crisis ecológica que ya se manifestó desde los años 70 en la Cumbre de Estocolmo. Es una crisis ambiental y que está a escala planetaria. Y, además, en este último momento asistimos a una crisis financiera, que después se ha convertido en crisis económica y que actúa también sobre una crisis alimentaria. En definitiva, ahora mismo, tenemos una crisis de civilización, una crisis de valores de la civilización occidental que es lo que ha llevado a algunos a plantearse si estamos en una crisis sistémica, es decir, en un crisis del sistema global. Puede que sea así; en todo caso, la parte ambiental es muy significativa, porque eso nos lleva a poner de manifiesto que el sistema económico no respeta los límites establecidos.

P.- Dice usted que el sistema económico no respeta los límites. ¡Pero si cuando a los forofos del libre mercado se les recuerda que el crecimiento tiene un límite ponen el grito en el cielo!

R.- Pues hay que desterrar la idea de la crecimanía, la manía por el crecimiento, porque ésta nos lleva a un sinsentido. El sistema económico es un subsistema dentro del ecosistema global, por tanto no puede crecer indefinidamente, porque está dentro de un sistema planetario que nunca crece, solamente evoluciona, tiene límites. El sistema económico importa recursos y devuelve residuos al medio ambiente. Lo que tiene que entender la nueva economía es que por encima de las leyes del mercado están las leyes de la naturaleza. La economía depende del medio ambiente y se basa en el medio ambiente y no puede trascender de las leyes que manejan la naturaleza, que son las leyes de la termodinámica y la conservación de la materia; la ley de la entropía y la degradación de la energía; y la lógica del mundo viviente que, en definitiva, es decir que en el mundo viviente no hay residuos. Por eso se inventa el concepto de ecología industrial que aboga por la biomímesis, por imitar los ciclos de la naturaleza y hacer que los ciclos de producción industrial sean cerrados como los ciclos de la naturaleza.

P.- Claro, pero la economía nunca mide los bienes y servicios que presta la naturaleza, como ser el vertedero de los residuos del sistema industrial.

R.- Las contabilidades están pensadas en una época en la que no había problemática ambiental. Pero hace tiempo que sabemos que se tienen que integrar las cuentas ambientales con las cuentas económicas. Porque se piensa que un aumento del PIB nos lleva al desarrollo, pero si le descontáramos el desgaste del capital natural y los costes de la contaminación veríamos que el desarrollo es mucho menor de lo que nos cuenta la contabilidad nacional. Sucede que el PIB marca cosas erróneas. Los accidentes de tráfico, por ejemplo, hacen que aumente el PIB, pero desde luego no aumentan la felicidad. El PIB mide razonablemente bien el crecimiento material, el crecimiento cosificado, pero no mide muchas cosas que son cualitativas, mejoras de bienestar, condiciones de sostenibilidad e, incluso, condiciones humanas de felicidad o satisfacción de necesidades. La OCDE, ahora mismo, ha propuesto un proyecto llamado 'Beyond GDP', es decir, 'Más Allá del PIB', para crear un nuevo indicador sintético que mida el progreso, que es algo más amplio, que integra elementos de satisfacción humana.

P.- ¿Se puede escapar de la dictadura del PIB? Porque cuando se aboga por crecer menos siempre hay quien contesta que no podemos volver todos a las cavernas.

R.- Es un argumento trasnochado. Ahora estamos en una etapa que llamaría de 'sostenibilidad forzada', porque la crisis económica nos está enseñando que podemos prescindir de las necedades humanas, de mucho consumo superfluo, opulento e innecesario que no aporta ni mayor bienestar ni felicidad. Prescindiendo de eso tendríamos muchos más recursos disponibles para otro tipo de necesidades más reales, más solidarias con el resto del mundo y con el futuro.

P.- ¿Entonces cambiar a un modo de vida sostenible no significa vivir peor?

R.- No, no necesariamente. No hay que renunciar, no hay que volver a las cavernas, se trata de vivir de otra manera. ¿Con qué? Pues con otros criterios. Se trata de generar una economía mucho más competitiva y eficiente, usando la ecoeficiencia. En definitiva, adoptar una economía con menos intensidad en materia, con menos intensidad en energía y menos intensiva en carbono, incluso, una economía menos intensiva en territorio. Con esa desmaterialización de la economía podemos hacer más y mejor con menos recursos naturales, con menos impacto ambiental y con menos contaminación. Hay que desvincular el proceso económico del impacto ambiental, con una producción más limpia y un consumo más racional.

P.- ¿Es ese 'Green' 'New' 'Deal' del que habla Obama?

R. - Sí se puede hacer un 'Green New Deal.' Estoy convencido de que se puede hablar de grandes yacimientos de empleo verde en España y con cifras muy respetables. La economía moderna irá hacia tecnologías ambientales que evitarán costes ambientales y cargas para el futuro y serán fuente de empleo verde. Las energías renovables son un ejemplo estupendo porque no sólo hacen frente al cambio climático, sino que ahorran divisas gastadas en importar petróleo, reducen la dependencia del exterior y generan empleo local. Hay mucho que hacer en la economía incidiendo en los empleos verdes.

La disciplina en el ejército


La disciplina es el conjunto de técnicas en virtud de las cuales los sistemas de poder tienen por objetivo y resultado los individuos singularizados. Es el poder de la individualización cuyo instrumento fundamental estriba en el examen. El examen es la vigilancia permanente, clasificadora, que permite distribuir a los individuos, juzgarlos, medirlos, localizarlos y, por lo tanto, utilizarlos al máximo. A través del examen, la individualidad se convierte en un elemento para el ejercicio del poder.

Examinemos el ejemplo del ejército. Hasta la segunda mitad del siglo XVII no había dificultad alguna para reclutar soldados, bastaba con tener recursos monetarios. Había por toda Europa desempleados, vagabundos, miserables, dispuestos a ingresar en el ejército de cualquier nacionalidad o religión.

A fines del siglo XVII, con la introducción del fusil, el ejército se vuelve mucho más técnico, sutil y costoso. Para aprender a manejar un fusil se requerían ejercicios, maniobras, adiestramiento. Así es como el precio de un soldado excede del de un simple trabajador y el costo del ejército se convierte en un importante capítulo presupuestario de todos los países. Una vez formado un soldado no se le puede dejar morir. Si muere ha de ser en debida forma, como un soldado, en una batalla, no a causa de una enfermedad. No hay que olvidar que en el siglo XVII el índice de mortalidad de los soldados era muy elevado. Por ejemplo, un ejército austriaco que salió de Viena hacia Italia perdió 5/6 de sus hombres antes de llegar al lugar del combate. Estas pérdidas por causa de enfermedades, epidemia o deserción constituían un fenómeno relativamente común.

A partir de esta transformación técnica del ejército, el hospital militar se convierte en una cuestión técnica y militar importante: 1) era preciso vigilar a los hombres en el hospital militar para que no desertaran, ya que habían sido adiestrados con un costo considerable; 2) había que curarlos para que no fallecieran de enfermedad; 3) había que evitar que, una vez restablecidos, fingieran estar todavía enfermos y permaneciesen en cama, etcétera.

Un arte de distribución espacial de los individuos. En el ejército del siglo XVII los individuos estaban amontonados, formando un conglomerado, con los más fuertes y más capaces al frente y los que no sabían luchar, los que eran cobardes y deseaban huir en los flancos y en el medio. La fuerza de un cuerpo militar radicaba en el efecto de la densidad de esta masa de hombres.

En el siglo XVIII, por el contrario, a partir del momento en que el soldado recibe un fusil, es preciso estudiar la distribución de los individuos y colocarlos debidamente en el lugar en que su eficacia pueda llegar al máximo. La disciplina del ejército empieza en el momento en que se enseña al soldado a colocarse, desplazarse y estar en el lugar que se requiera.

La disciplina es ante todo un análisis del espacio; es la individualización por el espacio, la colocación de los cuerpos en un espacio individualizado que permita la clasificación y las combinaciones.

La disciplina no ejerce su control sobre el resultado de una acción sino sobre su desenvolvimiento.

La disciplina es una técnica de poder que encierra una vigilancia perpetua y constante de los individuos. No basta con observarlos de vez en cuando o de ver si lo que hicieron se ajusta a las reglas. Es preciso vigilarlos durante todo el tiempo en el que se realice la actividad y someterlos a una pirámide constante de vigilantes. Así aparecen en el ejército una serie de mandos que van sin interrupción, desde el general en jefe hasta el soldado raso, así como sistemas de inspección, revistas, paradas, desfiles, etc., que permiten observar de manera permanente a cada individuo.

La disciplina supone un registro continuo: anotaciones sobre el individuo y transferencia de la información en escala ascendente, de suerte que a la cúspide de la pirámide no se le escape ningún detalle, acontecimiento o elemento disciplinario.

Para saber más: La vida de los hombres infames. Michel Foucault

Los pobres en la ciudad


En el siglo XVIII el pobre funcionaba en el interior de la ciudad como una condición de la existencia urbana, el hacinamiento no era todavía tan grande como para que la pobreza significara un peligro.

Los pobres de la ciudad hacían diligencias, repartían cartas, recogían la basura, retiraban de la ciudad muebles, ropas y trapos viejos que luego redistribuían o vendían... Formaban por tanto parte de la instrumentación de la vida urbana. En esa época las casas no estaban numeradas ni había servicio postal y nadie mejor que los pobres conocían la ciudad con todos los detalles e intimidades y cumplían una serie de funciones urbanas fundamentales, como el acarreo de agua o la eliminación de los desechos.

En la medida en que estaban integrados en el contexto urbano, como las cloacas o la canalización, los pobres desempeñaban una función indiscutible y no podían ser considerados como un peligro. A su manera y en la posición en que se situaban los pobres eran bastante útiles.

En el siglo XIX, la población necesitada se convierte en una fuerza política capaz de rebelarse o por lo menos de participar en las revueltas; el establecimiento de un sistema postal y un sistema de cargadores provocó una serie de disturbios populares en protesta por esos sistemas. Con la epidemia de cólera de 1832, que comenzó en París y se propagó a toda Europa, cristalizaron una serie de temores políticos y sanitarios con respecto a la población proletaria o plebeya.

A partir de esa época, se decidió dividir el recinto urbano en sectores pobres y ricos. Se consideró que la convivencia de pobres y ricos en un medio urbano entrelazado constituía un peligro sanitario y político para la ciudad y ello originó el establecimiento de barrios pobres y ricos, con viviendas de pobres y de ricos. El poder político comenzó entonces a intervenir en el derecho de la propiedad y de la vivienda privada.

Con la "Ley de pobres" de 1834 surge, de manera ambigua, un importante factor en la historia de la medicina social: la idea de una asistencia fiscalizada, de una intervención médica que constituya un medio de ayudar a los más pobres a satisfacer unas necesidades de salud que por su pobreza no podrían atender y que al mismo tiempo permitiría mantener un control por el cual las clases adineradas, o sus representantes en el gobierno, garantizaban la salud de las clases necesitadas y, por consiguiente, la protección de la población más privilegiada. Así se establece un cordón sanitario autoritario en el interior de las ciudades entre los ricos y los pobres: a estos últimos se les ofrece la posibilidad de recibir tratamiento gratuito o sin mayores gastos y los ricos se libran de ser víctimas de fenómenos epidémicos originarios de la clase pobre.

Para saber más: La vida de los hombres infames. Michel Foucault

Objeciones al desarrollo: Una mirada crítica al concepto de progreso


Yayo Herrero - Revista Pueblos

La mayor parte de la sociedad podría estar de acuerdo con la idea de que en los últimos dos siglos, y sobre todo en las últimas décadas, el conocimiento científico ha avanzado de una forma impresionante. En todas las áreas del pensamiento: física, matemáticas, química, biología, economía, sociología, etc. han sido descubiertas nuevas teorías, leyes o postulados cuya aplicación ha creado una enorme variedad de artefactos, máquinas, compuestos químicos, medicamentos, instituciones, nuevos negocios, etc. que han cambiado aspectos sustanciales de la vida.

Curiosamente, a la vez, vemos cómo casi todo lo imprescindible va a peor. Las reservas pesqueras en todo el mundo disminuyen rápidamente debido a las extracciones masivas; los suelos pierden paulatinamente la capacidad de producir alimentos; el petróleo, imprescindible para mantener nuestra organización productiva y económica, se agota; el cemento y el hormigón fraccionan y deterioran los ecosistemas; el agua, el aire y el suelo se envenenan debido a la contaminación química; las desigualdades sociales se profundizan porque existe una apropiación obscena de bienes y riqueza por parte de una minoría; la articulación social que garantizaba los cuidados en la infancia, en la vejez o a las personas enfermas se está destruyendo, entre otras cosas, porque hombres y mujeres dedican la mayor parte de su tiempo a trabajar para el mercado; lo que se llama democracia se ha convertido en un sistema hegemónico que dispone de medios de difusión masivos, y una enorme maquinaria tecno-militar capaces de convencer por las buenas o por las malas...

¿Cómo es posible que de forma paralela a la generación de tanto conocimiento, a la vez que se han ido descubriendo tantas cosas que antes permanecían ocultas, y al mismo tiempo que nacían más y más universidades, laboratorios o centros de investigación, las variables que explican la vida se hayan ido deteriorando progresivamente? ¿Por qué el agua, el aire, los territorios, la fertilidad del suelo, los mares, la biodiversidad o la vida comunitaria se han ido destruyendo al mismo ritmo acelerado con que aparentemente aprendíamos sobre ellos? ¿Por qué en esta situación de crisis global la ciudadanía continúa creyendo firmemente que nuestra sociedad sigue un camino lineal desde un pasado de atraso y superstición hacia un futuro emancipador de mayor bienestar?

Para virar esta trayectoria que conduce al colapso es preciso reflexionar sobre la noción de progreso que tienen las sociedades occidentales, una noción que se basa en la separación entre cultura y naturaleza, y que ha contribuido a construir una esfera social, tecnológica y económica que ignora el funcionamiento de los sistemas naturales y crece, como un tumor, a costa de ellos.

Saber de dónde venimos para poder cambiar


La génesis del modelo de pensamiento occidental hunde sus raíces en la Modernidad. Este período, época de indudables avances, en la que se consigue desvincular el pensamiento del poder religioso, se proclaman los Derechos del Hombre y el concepto de ciudadanía (masculina) comienza a abrirse paso, es también el momento en el que se consolida el modo de relación entre los seres humanos y la naturaleza que han dado lugar a la actual crisis ecológica.

En efecto, es en este momento histórico cuando se ponen las bases del actual sistema tecnocientífico que se desarrolló a unas velocidades incompatibles con los procesos de la Biosfera que sostienen la vida, y al servicio de un modelo socioeconómico que sólo considera riqueza lo traducible a valor monetario y que necesitaba crecer de forma exponencial.

La ciencia moderna se constituyó en el supuesto de que el pensador podía sustraerse del mundo y contemplarlo como algo independiente de sí mismo, siendo el conocimiento generado absolutamente objetivo y, supuestamente, neutral y universal. La revolución científica condujo a conceptuar la naturaleza como una enorme maquinaria que podía ser diseccionada y estudiada en partes. La naturaleza pasaba así a ser considerada un autómata sujeto a unas leyes matemáticas eternas e inmutables que determinan su futuro y explican su pasado.

En la actualidad sabemos que este modelo diseccionador, que ha sido tan útil para aplicar en la industria, ha resultado enormemente dañino para la vida sobre la Tierra. La lógica de las cosas muertas no sirve para entender el mundo vivo. En un ecosistema, vegetales, animales y microorganismos cooperan intensamente y, por ello, no puede ser comprendido estudiando cada parte por separado.

La visión atomizada y dispersa de la realidad tiene importantes repercusiones en nuestro entorno. Muchas decisiones en temas de ordenación del territorio, de creación de infraestructuras o de lanzamiento de productos químicos o transgénicos al medio, alteran una compleja maraña de relaciones con consecuencias imprevisibles. Estas actuaciones basadas en un conocimiento fragmentado, en muchas ocasiones ignoran la densa red de relaciones que conecta todo lo vivo y la emergencia de fenómenos que no tienen explicación y ni siquiera son visibles para una mirada reduccionista.

A pesar de que la propia ciencia desautorizó hace muchos años la mecánica clásica o la separación entre cultura y naturaleza como visiones que pudiesen explicar la complejidad del mundo, estas miradas siguen fuertemente arraigadas en los esquemas mentales de nuestra sociedad y continúan estando presentes en muchas de las aplicaciones tecnológicas e industriales de vanguardia.

Una concepción del saber como objetivo y universal, la oportunidad de difundirlo que ofrecieron los procesos colonizadores y la tecnología adecuada para poder hacerlo, han hecho de la ciencia occidental el sistema de conocimiento hegemónico, ante el que cualquier otro es considerado tradición o, a lo peor, superstición. De este modo, se olvida que ha habido, y hay, otras muchas formas de aproximarse al conocimiento que han demostrado su utilidad y cuya validez es equiparable a la de la ciencia "oficial" (pensemos en la conservación de los bosques de muchos pueblos indígenas o la eficacia energética de muchos tipos de arquitectura vernácula).

Un progreso lineal e ilimitado


La revolución científica e ideológica que instaura el proyecto de la Modernidad se amplía y se asienta en el Siglo de Las Luces, momento en el que se afianza la cultura occidental como visión generalizada del mundo. En este período, por una parte aparecen los ideales de la Ilustración basados en la libertad intelectual y el desarrollo del conocimiento emancipado de la Iglesia; por otro, surgen dos fenómenos asociados: el capitalismo y la Revolución Industrial. Fundamentalmente en manos de la economía liberal, la ciencia y su aplicación, desvinculadas de la ética gracias a su halo de objetividad y neutralidad, se ponen al servicio de la industria incipiente y del capitalismo, consiguiendo unos aumentos enormes en las escalas de producción, gracias a la disponibilidad de la energía fósil, primero el carbón, y posteriormente, y hasta hoy, el petróleo. El capitalismo y la Revolución Industrial, con la poderosa tecnociencia a su servicio, terminaron instrumentalizando los ideales de la Ilustración e imponiendo unas relaciones entre las personas y también entre los seres humanos y la Naturaleza, guiadas por la utilidad y la maximización de beneficios a cualquier coste.

El concepto de progreso humano se fue construyendo, por tanto, basado en el alejamiento de la naturaleza, de espaldas a sus límites y dinámicas. El desarrollo tecnológico fue considerado como el motor del progreso, al servicio de una idea simplificadora que asociaba consumo con bienestar, sobre todo en las últimas décadas, en las que la sociedad de consumo se ha autoproclamado como la solución para todos los problemas humanos. El lema "si puede hacerse, hágase" se impuso, sin que importasen los para qué o para quién de las diferentes aplicaciones. La ocultación de los deterioros sociales y ambientales que acompañaban a la creciente extracción de materiales y generación de residuos, hicieron que se desease aumentar indefinidamente la producción industrial, creando el mito del crecimiento continuo.

La palabra progreso dotaba de un sentido de satisfacción moral a esta tendencia de la evolución sociocultural. Se consideró que todas las sociedades, de una forma lineal, evolucionaban de unos estadios de mayor "atraso" –caza y recolección o ausencia de propiedad privada– hacia nuevas etapas más racionales –civilización industrial o economía de mercado– y que en esta evolución tan inexorable y universal como las leyes de la mecánica, las sociedades europeas se encontraban en el punto más avanzado. Al concebir la historia de los pueblos como un hilo de secuencias que transitaba del salvajismo a la barbarie, para llegar finalmente a la civilización, los europeos, empapados de la convicción etnocéntrica de constituir la "civilización por excelencia", expoliaron los recursos de los territorios colonizados para alimentar su sistema económico basado en el crecimiento. Sometieron mediante la violencia (posibilitada por la aplicación científica a la tecnología militar) y el dominio cultural a los pueblos colonizados, a los que se consideraba "salvajes" y en un estado muy cercano a la naturaleza.

Esta concepción de progreso, vigente en el presente, ha sido nefasta para los intereses de los pueblos empobrecidos y para los sistemas naturales. La idea de que más es siempre mejor, la desvalorización de los saberes tradicionales, la concepción de la naturaleza como una fuente infinita de recursos, la reducción de la riqueza a lo estrictamente monetario y la fe en que la tecnociencia será capaz de salvarnos en el último momento de cualquier problema, incluso de los que ella misma ha creado, suponen una rémora en un momento en el que resulta urgente un cambio de paradigma civilizatorio.

Cambiar no es una opción


En un planeta con los recursos finitos, es absolutamente imposible extender el estilo de vida occidental, con su enorme consumo de energía, minerales, agua y alimentos. El deterioro social y ambiental no son subproductos del modelo de desarrollo, sino que son una parte insoslayable de ese tipo de desarrollo. Nos encontramos, entonces, ante una crisis civilizatoria, que exige un cambio en la forma de estar en el mundo. Los modos de producción de bienes y necesidades de la sociedad industrial, han colaborado en la configuración de las relaciones entre las personas. Si la dinámica consumista y la obtención del beneficio en el menor plazo dirigen la organización económica, esta misma lógica se instala en los procesos de socialización y educación, determinando finalmente que las metas a alcanzar por cada individuo se orienten hacia la acumulación, olvidándose de poner en el centro el propio mantenimiento de la vida.

Hoy, el progreso es afrontar la incompatibilidad esencial que existe entre un planeta Tierra con recursos limitados y finitos, y un sistema socioeconómico, el capitalismo, que impulsado por la dinámica de la acumulación del capital, se basa en la expansión continua y conlleva de forma indisoluble la generación de enormes desigualdades. Se trata de establecer un "nuevo contrato social" que involucre a hombres y mujeres como parte de la naturaleza y seres interdependientes.

Progresar será, por tanto, transitar de una lógica de guerra contra las personas, los pueblos y los territorios a una cultura de paz que celebre la diversidad de todo lo vivo, que permita a todas las personas el acceso a los bienes materiales en condiciones de equidad y que se ajuste a los límites y ritmos de los sistemas naturales. Vivir con menos es una exigencia física que impondrá la limitación de los recursos materiales. Vivir bien con menos y en condiciones de justicia y equidad, es un camino que hay que señalar, sumando mayorías que puedan resistir, exigir e impulsar un cambio. Esta nueva visión permitirá establecer alternativas, recuperar lo valioso que perdimos y explorar caminos inéditos que permitan vivir en armonía social y en paz con el planeta. Muchas personas, en todos los continentes, lo están haciendo ya.

Yayo Herrero forma parte de Ecologistas en Acción. Este artículo ha sido publicado en el nº 36 de la Revista Pueblos, marzo de 2009.

Decrecimiento y biomímesis

Luis González Reyes - Revista Pueblos

La humanidad vive cambios sin precedentes cada vez más acelerados. En los últimos 50 años, los seres humanos han transformado los ecosistemas más que en ningún otro período de tiempo comparable de la historia humana. Sin embargo todas las personas dependemos de la naturaleza y de los servicios de los ecosistemas para poder llevar una vida digna, saludable y segura. Además, sólo ahora se están poniendo de manifiesto los verdaderos costes asociados con los supuestos beneficios de esta transformación a favor de una minoría de la población mundial. El cambio climático avanza; se ha puesto en peligro la producción de alimentos; la biodiversidad disminuye a un ritmo escalofriante; los recursos se agotan, con especial mención a los combustibles fósiles; el acceso al agua cada vez se complica más; y además, la crisis ambiental se da en unas circunstancias de desigualdad social cada vez más agudizada. La crisis es, por tanto, ecológica, pero también política, económica, cultural y social.

Mª José Comendeiro

Los tímidos y escasos avances en la concienciación ambiental y en las políticas puestas en práctica no guardan relación con la gravedad del problema que tenemos delante. Seguimos sin afrontar el elemento central de la crítica ecologista desde hace varias décadas: el conflicto básico entre, por un lado, un planeta Tierra con recursos limitados y finitos y, por otro, un capitalismo globalizado, basado en la necesidad de crecimiento y acumulación constantes.

Decrecer en el gasto global de energía y materiales, así como en la generación de residuos no es simplemente una opción, es una necesidad que impone un planeta con recursos limitados. Obviamente, quien puede decrecer es quien gasta de forma mayoritaria los recursos y genera los residuos, es decir, los países más enriquecidos. Sin embargo, la propuesta del decrecimiento es un camino, no un fin. El fin es una sociedad sostenible [1].

Biomímesis


Una sociedad sostenible es la que tiene los satisfactores más adecuados para cubrir universalmente las necesidades humanas de manera armónica con el entorno. Un concepto fundamental es la biomímesis [2] (imitar a la Naturaleza), ya que la Naturaleza ha sabido encontrar, a lo largo de la evolución, las mejores soluciones a las necesidades de los seres vivos y de los ecosistemas. Pero no sólo eso, sino que también ha sido capaz de evolucionar hacia estadios cada vez más complejos y ricos. Además, la biomímesis implica que el entorno no es parte de la economía, sino al revés: la economía es un subsistema del ambiente. Los principios básicos para alcanzar la biomímesis son:

Cerrar los ciclos de la materia


En la naturaleza la basura no existe, todo es alimento, de manera que los residuos de unos seres son el sustento de otros y los ciclos están cerrados. Los modos de producción humanos, en contraposición a lo anterior, son lineales y, partiendo del petróleo, llegamos a un montón de plásticos tirados en un vertedero.

Esto se traduce en adecuar nuestras actividades a la capacidad del planeta para asimilar los contaminantes y residuos, es decir, evitar los materiales que la naturaleza no puede degradar/asimilar y frenar la producción de residuos hasta alcanzar un ritmo menor al ritmo natural de asimilación/degradación.

Consumir y producir residuos en función de las capacidades naturales


Este criterio está íntimamente relacionado con los conceptos de límite y justicia, con entender que vivimos en un planeta de recursos limitados. Es decir, debemos autolimitarnos con un modelo de vida más austero. Sólo una disminución drástica del consumo en los países sobredesarrollados permitirá el moderado, pero necesario, aumento en los empobrecidos.

La disminución del consumo también implica obtener en primer lugar las materias primas y la energía del reciclaje de los bienes en desuso y, en segundo término, de fuentes renovables.

Centrar la producción y el consumo en lo local


Es necesaria una minimización del transporte, puesto que en la naturaleza su mayor parte es vertical [3] (intercambio de materia entre el reino vegetal y la atmósfera y el suelo). El transporte horizontal sólo lo realizan los animales, que suponen muy poca biomasa respecto a los vegetales (el 99 por ciento de la biomasa) y que además sólo se desplazan a cortas distancias. El transporte horizontal a largas distancias, como es el caso de las migraciones, es una rareza [4].

Esta idea supone una tendencia paulatina hacia la autosuficiencia desde lo local. Este principio minimiza el transporte de recursos y bienes, facilita la gestión de los recursos y los residuos, y favorece las actividades económicas adaptadas a las características del entorno.

Esto significaría un funcionamiento confederal de los distintos territorios con un alto grado de autonomía, pero con una importante interconexión entre ellos.

Basar la obtención de energía en el sol


El sistema energético debe estar centrado en el uso de la energía solar en sus distintas manifestaciones (sol, viento, olas, minihidráulica, biomasa...). En general, se trata de obtener la energía de fuentes renovables, es decir, de aquellas que explotemos a un ritmo que permita su regeneración.

Potenciar una alta diversidad e interconexión biológica y humana

La vida ha evolucionado, desde el principio, hacia grados de mayor diversidad y complejidad, lo que no sólo ha permitido alcanzar mayores niveles de conciencia, sino también adaptarse a los retos y desafíos que se ha venido encontrando. La mayor estrategia para aumentar la seguridad y la supervivencia de la vida ha sido hacerla más diversa, cambiante y moldeable. Justo lo contrario para lo que trabaja la Unión Europea, con sus directivas contra la inmigración o la tendencia del mercado a homogeneizar los gustos.

La alta diversidad y la interconexión naturales tienen un correlato en el plano social, que es la vida conjunta de muchas personas diversas y con muchas redes de comunicación entre ellas. Además hay que señalar que la evolución de la vida es hacia la máxima complejidad, no hacia el máximo crecimiento. Los bosques o las personas pasamos una primera etapa de nuestra vida en la que ponemos energía en crecer. Pero luego esa energía la desviamos hacia el aumento de la complejidad. Lo que llamamos "progreso" es anclarnos continuamente en esa etapa primitiva de crecimiento.

Por último, una característica fundamental de la complejidad es que permite que se produzca autoorganización de forma "espontánea".

Acoplar nuestra "velocidad" a la de los ecosistemas


Muchos de los problemas ambientales que se están produciendo tienen más que ver con la velocidad a la que se están efectuando los cambios que con los cambios en sí mismos. Por ejemplo, a lo largo de la historia de la Tierra se han producido cambios de temperatura más drásticos de los que se pronostican como consecuencia del cambio climático; sin embargo, el problema principal es que el cambio se está llevando a cabo a una velocidad que los ecosistemas no pueden soportar sin traumas.

En este sentido, es imprescindible ralentizar nuestra vida, nuestra forma de producir y consumir, de movernos. Hay que volver a acompasar nuestros ritmos con los del planeta.

Actuar desde lo colectivo


En la naturaleza, para su evolución, ha sido mucho más importante la cooperación que la competencia, como bien lo ejemplifica la simbiosis, algo básico en el desarrollo de ecosistemas y seres vivos. Esto se transpone en la vida social como una gestión democrática de las comunidades y sociedades, de manera que nos responsabilicemos de nuestros actos a través de la participación social. Y cuando hablamos de democracia nos referimos a una democracia participativa, en la que los valores básicos sean la cooperación, la horizontalidad, la justicia, el geocentrismo (huyendo del antropocentrismo y el androcentrismo) y la libertad.

En aras del crecimiento, el trabajo productivo ha sido llevado al máximo culto, mientras el trabajo reproductivo ha sido invisibilizado y generalmente llevado a cabo por mujeres. El primero ha conllevado el aumento de la producción y el hiperconsumismo. El segundo, en cambio, ha tenido como valor principal el cuidado de la vida. Esto tiene que revertirse.

Principio de precaución
El principio de precaución postula que no se deben llevar a cabo acciones de las que no se tienen claras las consecuencias. Es entender que vivimos en un entorno de incertidumbre insalvable.

Luis González Reyes es miembro de Ecologistas en Acción. Este artículo ha sido publicado en el nº 36 de la Revista Pueblos, marzo de 2009.

Notas


[1] Este apartado está extractado del "Manifiesto de Valencia" de Ecologistas en Acción.

[2] Riechmann, Jorge (2003): "Biomímesis", El Ecologista nº36 y Riechmann, Jorge (2000): Un mundo vulnerable: ensayos sobre ecología, ética y tecnociencia, Madrid, Los Libros de la Catarata.

[3] Margalef, Ramón (1980): La Biosfera entre la termodinámica y el juego, Omega.

[4] Margalef, Ramón (Ramón): Planeta azul, planeta verde, Prensa Científica./ Estevan, Antonio: "La enfermedad del transporte".

Bajo el Asfalto está la Huerta (BAH!)


Somos una iniciativa social y económica de personas y grupos. Estamos construyendo una alternativa de organización social de base, autogestionaria e independiente del Estado y de los grandes poderes políticos y económicos. Para ello proponemos e intentamos practicar la democracia directa en asambleas, acciones directas y la autogestión a todos los niveles desde una clara opción anticapitalista y de implicación en los movimientos sociales urbanos y rurales.

Contexto global del mercado agroalimentario

Actualmente, mientras la mayor parte del mundo se muere de hambre (unas 100.000 personas al día), se producen, según la FAO, alimentos para casi el doble de la población mundial. La Unión Europea gasta el 50% de supuesto en subvencionar y destruir los excedentes agrícolas ( a través de la Política Agraria Común-PAC). Sólo el año pasado 200.000 agricultor@s y ganader@s de vacuno han abandonado la producción agropecuaria porque sobran. Los medios de producción en la moderna agricultura (semillas, fertilizantes, pesticidas, maquinaria, combustible...) están controlados a nivel mundial por unas pocas transnacionales que explotan a l@s campesin@s de todo el mundo, imponiendo su tecnología y sus precios, llevándose todo el beneficio.

La bandera más representativa de nuestra "agricultura moderna" la encontramos en Almería. En el poniente almeriense -El Ejido- bajo un mar de plásticos, en una atmósfera repleta de pesticidas, se asfixian trabajador@s inmigrantes "ilegales" provenientes del 3º mundo para que podamos comer tomates en invierno a precios "razonables", esos tomates que son todos iguales, y que las autoridades recomiendan lavar bien antes de comerlos. L@s trabajador@s son obligad@s a vivir en chabolas en el desierto siempre temiendo el despido, la expulsión del país y las agresiones racistas de los empresarios agrícolas y la policía. Este es el producto del capitalismo aplicado a la agricultura (sin olvidar las vacas locas o los transgénicos).

Origen del proyecto


Frente a todo este desorden establecido, EN 1999 surge un colectivo que agrupa a gente diversa, que tratan de trabajar la Ecología Social, intentando unir teoría y práctica. Una de las iniciativas que el BAH! propone es la Cooperativa Agroecológica de Producción y Consumo, a la que se unen y apoyan gran cantidad de grupos sociales miy diversos, haciendo posible un objetivo muy ambicioso: comenzar con la cooperativa okupando suelo público. Más tarde el colectivo abandonaría la actividad formal, y la coop. se quedaría con el nombre, habiendo adquirido rápidamente entidad propia.

En esta cooperativa intentamos autogestionar nuestra alimentación como alternativa a la comida industrial que venden las grandes superficies, que perjudica nuestra salud y provoca graves desequilibrios sociales y ambientales en nuestro territorio y en el del tercer mundo. Hemos empezado con las verduras y hortalizas; para ello hemos creado una cooperativa que produce, distribuye y consume verduras en un proceso unitario y autogestionario. (Para obtener más datos sobre la trayectoria del BAH! se puede acudir al 1º pto del documento interno de la coop.: "Informe de la Comisión del Informe": Trayectoria del BAH!)

Algunos de los principios del BAH!

No existen unos principios del BAH consensuados, aprobados en asamblea, pero la práctica en la que se ha ido construyendo la cooperativa ha consolidado ciertas ideas básicas que guían nuestro desarrollo:

COOPERACIÓN: se tiene como objetivo conocer las necesidades y posibilidades de l+s demás -entre productores, consumidores, distribución y dentro de cada grupo- dentro de un proceso constructivo de comunidad, y por ello se fomenta la cooperación a todos los niveles: entre consumidor+s, entre trabajador+s, entre consumidor+s y trabajadr+s y también con l+s distribuidor+s. Participamos de unos intereses comunes, con lo que se va diluyendo la separación y la contraposición de intereses que en el mercado se da entre producción y consumo.

AUTOGESTIÓN:
el proyecto lo gestionan exclusivamente quienes forman parte de él, también en lo relativo a los aspectos económicos y resultando de ello una soberanía alimentaria, financiera y organizativa. Dota al proyecto de una dimensión social fundamental y garantiza un cierto nivel de autoabastecimiento.

ASAMBLEARISMO: las decisiones se toman en la asamblea general mensual ( financiación, distribución, acciones políticas, coste de las bolsas, corrección de problemas...), previa discusión en cada Grupo; no existiendo órganos superiores, es decir, de manera no jerárquica. En el último año se han establecido estructuras o mecanismos para facilitar la participación.

AUTONOMÍA:
cada grupo es autónomo a la hora de organizarse y funcionar, ya sea en la producción, ya sea en el consumo. Como en toda iniciativa, se dan distintos niveles de implicación por parte de personas y grupos, realidad que salió a relucir como importante en la asamblea extraordinaria. En general, se percibe como algo aceptable e incluso deseable, respetándose unos mínimos de participación.

ANTICAPITALISMO: no queremos organizar nuestros intereses egoístas frente a los intereses de otr+s, compitiendo como uno más en el mercado, sino de construir espacios, liberar medios de producción y relaciones sociales para servir a la sociedad: · La actividad de la cooperativa consiste en la producción agrícola para el autoabastecimiento, pero también en crear organización social, sensibilización y reivindicación política. · Nuestras producciones agrícolas, la distribución y el consumo, las consensuamos con criterios de justicia y apoyo mutuo, no de escasez-abundancia u oferta-demanda. Se reparte toda la producción entre tod+s l+s que somos, dependiendo la cantidad de la temporada y fijándose una aportación semanal que unida a acciones colectivas y otras propuestas permite autofinanciar la actividad: éste es el sistema de bolsas fijas. · L@s integrantes de los Grupos de Consumo aportan una cuota semanal, que unida a acciones colectivas y otras propuestas permite autofinanciar la actividad: este es el sistema de bolsas fijas. A cada cuota le corresponde un lote de verduras, pero la cantidad aportada no tiene relación directa con la cantidad o cualidad de la verdura, sino con las necesidades de la coop. para subsistir. No hay relación mercantil, de compra-venta; La propiedad de los bienes de producción y del producto es colectiva, así como su gestión. · El hecho de que l+s trabajador+s reciban una asignación no establece la relación típica del capitalismo, el salario, ni sus consecuencias -enajenación de una plusvalía del trabajo que hacen, obediencia debida y enfrentamiento de intereses-; la asignación de un dinero existe para que l+s trabajador+s puedan dedicarse a la producción y la motivación principal no es económica.

AGROECLOLOGÍA EN UN CONTEXTO HOSTIL: agroecología es un concepto mucho más amplio que agricultura ecológica, ya que ésta lo es en cuanto se elimina el uso de productos químicos y no es incompatible con inmensas plantaciones dirigidas por la lógica capitalista -explotación de personas y recursos naturales, transporte a largas distancias, por ejemplo-. Agroecología es el estudio integrado de los ecosistemas agrarios, incluyendo a las sociedades humanas en el ecosistema y considerando interdependientes el sistema socioeconómico y el tipo de relación con el entorno. Requisitos para que exista un verdadero equilibrio e integración son la proximidad entre producción y consumo, la eliminación de intermediari+s, la inclusión de los residuos que se generen en el propio circuito y la integración en un movimiento social.

Trabajar en un ecosistema urbano es una opción que condiciona el proyecto. En Madrid existe especulación del suelo, acceso prácticamente imposible a terrenos cultivables en la ciudad, gobernantes represores de iniciativas sociales y no digamos de reapropiaciones-okupaciones de espacios, necesidad de grandes desplazamientos diarios para poder dedicarse a la agricultura sin tener que renunciar a vivir en la ciudad, marginación de la actividad agrícola y desplazamiento deésta a países baratos y especializados, creciente contaminación. Un contexto periurbano así se podría convertir en principio cuando, asumiéndolo, se tratan de llevar a la práctica los anteriores principios. Supone, además, una contradicción a explorar si tratamos de producir ecológicamente, pero es un argumento más a la hora de denunciar el sistema imperante: ¿a qué lejano continente tenemos que ir para poder cultivar verduras sin estar sumergidos en suciedad?, ¿en qué remoto planeta podremos producir ecológicamente nuestras propias verduras o al menos consumirlas sin necesidad de múltiples intermediari+s y sin temer por nuestra salud?, ¿nos comeremos algún tomate que no resulte de la sobreexplotación de quien lo recoge o del suelo en que crece?...

INSERCIÓN EN OTROS MOVIMIENTOS SOCIALES:
desde la formación de la cooperativa se ha participado en luchas convergentes en el ámbito de los movimientos sociales rurales, urbanos y mundiales. Nos queda pendiente en asamblea debatir si queremos articular de alguna forma esta participación para lo sucesivo.



Bajo el Asfalto está la Huerta BAH!