Estado asistencial


El Estado cumple un papel fundamental en la producción de subjetividad capitalística. Es un Estado-Mediador, un Estado-Providencia, por el cual debe pasar todo bajo una relación de dependencia en la que se produce una subjetividad infantilizada. Esa función ampliada del Estado —mucho más abarcadora que el poder administrativo, financiero, militar o policial— se realiza, por ejemplo, a través de un sistema asistencial, aquello que en EEUU se llama welfare state.

Es un sistema de «salarios diferidos»; un sistema de subvenciones que hacen que el grupo se autorregule, se autoforme, se autodiscipline; un sistema de información, de examen, de control, de jerarquía, de promoción, etc. El Estado es ese conjunto de ramificaciones, esa suerte de rizoma de instituciones que denominamos «equipamientos colectivos ». Por esta razón el Estado puede hablar, sin miedo, de descentralización. Por esta razón programas de partido pueden incluir, sin miedo, propuestas de autogestión. En Francia, por ejemplo, los partidos políticos y los sindicatos están todos subvencionados por el Estado, por medio de relaciones completamente contractualizadas.

Lo que sucede es que la función de subjetivación capitalística, esos equipamientos de Estado que se instauran en el conjunto del campo social, se hace en provecho de las nuevas castas burocráticas, de las nuevas elites que no tienen la menor intención de despojarse de su poder. Insisto en que eso no se da sólo en relación con las funciones productivas.

También nos referimos al Estado-Providencia para saber si vamos o no a fornicar con quién y cómo, si debemos o no amamantar y de qué manera. Esa función infantilizadora del poder del Estado se da a un nivel extremadamente miniaturizado, que no se limita al encasillamiento de lo social y del comportamiento.

El Estado asistencial comienza por la organización de una segregación que empuja a una parte considerable de la población fuera de los circuitos económicos. Y en un segundo momento viene a socorrer, viene a dar asistencia a esa población, pero con la condición de pasar por ese sistema de control.

Sólo habrá verdadera autonomía, verdadera reapropiación de la vida, en la medida en que los individuos, las familias, los grupos sociales de base, los grupos sociales primarios, sean capaces de escoger por sí mismos lo que quieren, por ejemplo, como equipamientos en su barrio. Por lo tanto se trata de asumir la gestión de esa problemática, sin estar a todas horas pidiendo subvenciones, pidiendo el establecimiento de un puesto de psicólogo o psiquiatra, pidiendo equipamientos patrocinados que el Estado va a construir en tal o cual lugar.

Imaginemos un recorrido de ficción científica donde las formaciones de izquierda consiguiesen tomar el poder en Brasil. En ese caso, sería preciso plantearles desde el principio la cuestión: «¿Es su intención asumir un camino modernista a la europea?» Eso significaría que todos aquí tendrían excelentes salarios, estatus y equipamientos muy bien construidos. Pero significaría también que todos se volverían obreros de una máquina para producir modos de subjetivación absolutamente opresivos.

Extaído de 'Micropolítica'. Félix Guattari y Suely Rolnik

Los hombres son hierba

E
l pensamiento deductivo se mueve desde arriba hacia abajo en el grado de abstracción: a partir de leyes generales llegamos a conclusiones particulares. Por ejemplo:



Los hombres son mortales

Sócrates es hombre

Sócrates es mortal



El pensamiento abductivo no procede hacia arriba ni hacia abajo, sino lateralmente, mediante analogías. La diferencia entre el esquizofrénico y el artista es que el primero toma literalmente el contenido de la analogía, mientras que el segundo la emplea como metáfora capaz de iluminar de un modo nuevo ciertas áreas de la realidad. Nótese, como ejemplo, qué disparatado y a la vez qué poético suena, según quién lo enuncie, el siguiente silogismo inventado por Gregory Bateston:


Los hombres son mortales

La hierba es mortal

Los hombres son hierba



Efectivamente, nosotros entendemos que “los hombres son hierba” es una metáfora. De acuerdo, lo es, pero la vida se expresa mejor a través de la metáfora que no a través de los silogismos aristotélicos. O dicho de otra manera, la vida es un predicado, es una relación, no es algo que está en los sujetos, sino que es algo que pasa a través de los sujetos: no está en este, ni en aquel, ni en esta planta, ni en este animal. La vida es lo que está entre, entre los seres humanos y las plantas y los animales, existió sin sujetos (sin el lenguaje de los sujetos) desde hace millones de años y se multiplicó y avanzó por los caminos que indica la metáfora “los hombres son hierba”.

El lenguaje de nuestra cultura divide el mundo en sujetos y predicados. Los sujetos existen como soportes de los predicados. Gramaticalmente consideramos que los predicados suceden a los sujetos, y suceden porque existen los sujetos (los seres humanos, los animales, las plantas, los lugares, los objetos) de los cuales se predica. Nuestra lógica, la lógica que utilizamos para nuestro razonamiento está basada en dicha dicotomía.

La lógica de Bateson no se apoya en los sujetos sino en los predicados. Es una lógica de las relaciones. Son ellas lo que hay de importante en la vida: no los sujetos sino las acciones. Obligados como estamos a pensar en nuestro lenguaje, es como si “ser mortal” se convirtiera en esta lógica en el auténtico sujeto. Es de eso de lo que hablamos en el silogismo de la hierba, es la mortalidad la que transita y deja a su paso hombres y hierba.


Para saber más: Mapas sobre mapas, sonido sobre sonido

Para saber más: 'El deseo según Guilles Deleuze'. Maite Larrauri.

Modernidad y holocausto


El Holocausto se ha convertido para los occidentales en un símbolo del mal, en un icono cultural que representa la barbarie incomprensible, la cara negra del siglo XX. Se ha convertido también en un símbolo sagrado para los judíos que, en cierta forma, lo han monopolizado, convirtiéndolo en el desenlace inevitable de un antisemitismo ancestral. El Holocausto es todavía una referencia contínua y objeto de múltiples estudios e investigaciones históricas. ¿Por qué entonces ha tenido tan poca repercusión en la organización de nuestra sociedad? ¿Por qué no se han derivado conclusiones generales que pudieran haber influido en el curso de la historia?

A estas preguntas trata de dar respuesta Zygmunt Bauman es este magnífico libro, que obtuvo el premio Europeo Amalfi de Sociología y Teoría Social del año 1989. La tesis que defiende Bauman es que las conclusiones que se derivan de las respuestas a esas preguntas ponen en entredicho los fundamentos mismos de la sociedad en la que vivimos. El hombre occidental gusta de interpretar su historia como un camino ascendente desde la barbarie primitiva hacia el progreso tecnólogico y social, como una lucha del hombre por superar sus propios instintos individuales y crear una sociedad más justa en la que esos instintos queden anulados por el efecto de la educación, la cultura y la extensión del bienestar social. En ese sentido el Holocausto se interpretaría como una reminiscencia de esa antigua barbarie en un mundo convulso que no había conseguido todavía asentar un nuevo orden social, como el último de los episodios de violencia y genocidio que han acompañado al hombre en su historia.

Sin embargo el Holocausto judío, como las purgas soviéticas, fueron diferentes; fueron cuidadosamente planificados y organizados en todos sus detalles, llevados a cabo friamente y con absoluta contundencia técnica, con escasa participación de los sentimientos o emociones personales, implicaron a toda una sociedad y a todas sus instituciones, crearon toda una tecnología y un aparato burocrático a su servicio y no sólo eliminaron el sentimiento de culpa individual, sino que lograron imprimir en la conciencia colectiva, bien la indiferencia hacia las víctimas, bien la satisfacción del deber cumplido. En definitiva, fueron el producto de la sociedad moderna y utilizaron las enormes posibilidades que esta sociedad moderna ponía a su disposición, logrando con ello una eficiencia en la consecución de sus fines inédita en cualquier otro episodio de genocidio anterior.

A pesar de los millones de personas asesinadas, a pesar de la inmensa crueldad de las acciones que se llevaron a cabo, no fueron el resultado de la acción de sádicos degenerados, ni de enfermos mentales, como resultaría tranquilizador creer. Exigió la colaboración de honrados ciudadanos, de intelectuales, de científicos, de personas que, en la mayor parte de los casos serían incapaces de crueldad directa contra sus semejantes que, probablemente, reprobarían el uso de la violencia física y que jamás la habían utilizado y, pese a todo, consiguió dicha colaboración.

¿Cómo fue posible?: se había logrado la invisibilidad de las víctimas, deshumanizándolas, aislándolas, sacándolas de la vista de la mayoría, convirtiéndolas en entes categorizables, intercambiables y, lo más importante, totalmente diferentes del resto de ciudadanos. Se había logrado una perfecta división del trabajo, totalmente jerarquizada que permitía a cada uno de los funcionarios implicados obtener la satisfacción del trabajo bien hecho, traspasando la responsabilidad moral al funcionario inmediatamente superior. Se utilizaba un lenguaje neutro, aséptico, que permitía entre otras cosas dormir las conciencias y otorgar una sensación de rutina, de normalidad. No existía una relación directa entre la nimiedad del gesto individual y la inmensidad del resultado. Ni se veía a las víctimas, ni existía una relación directa entre el trabajo de cada uno y el resultado de dicho trabajo, siempre existía un intermediario que garantizaba que la responsabilidad se diluyera. Se había utilizado, en fin, la burocracia y como en toda burocracia, lo importante eran los medios, los procedimientos, los reglamentos y no el fin que se perseguía.

De la misma forma se hizo posible la mayor crueldad de todas, se logró la colaboración de las propias víctimas, a las que siempre se concedió el engaño de la lógica: sin poder imaginar la inmensidad del horror que se gestaba, acostumbradas a pensar en un mundo ordenado racionalmente, se les ofreció siempre, hasta el último momento, la apariencia de una organización racional, en la que existían leyes, procedimientos, categorías con las que podían, actuando siempre según los medios de los que anteriormente se habían valido, minimizar el sufrimiento y salvar la vida.

Es decir, fueron los propios mecanismos en los que solemos confiar para garantizar el bien general los que lograron que el éxito fuese completo. Los mismos mecanismos que siguieron funcionando, como si nada hubiera pasado, que, de hecho, siguen funcionando. Bauman no quiere decir con esto que ni la burocracia, ni la moderna organización social den cómo resultado necesariamente un fenómeno como el Holocausto, pero sí que contienen los elementos que lo hicieron posible y que dichos elementos no han sido puestos en duda como debieran. A este respecto reflexiona acerca de los controvertidos experimentos de Milgram y Zimbardo que ponen de relieve la relación existente entre la crueldad humana y las relaciones sociales de dependencia y subordinación. La conclusión más desasosegante de dichos experimentos es que la mayor parte de las personas somos capaces de causar un daño importante a otras si ocupamos una posición de poder o si existe una autoridad firme y unívoca que nos lo ordene. La más esperanzadora es que la diversidad de opiniones, la divergencia entre los que mandan permite que salga a la luz la conciencia individual.

Como decía el Doctor Servatius, defensor de Eichman en el juicio al que éste se enfrentó en Jerusalén, se va a juzgar a un hombre por los mismos actos que, de haber sido otros los vencedores, le hubieran otorgado honores y distinciones. Si delegamos en las instituciones sociales la capacidad para ordenar y juzgar, para decidir lo que es o no es moralmente reprobable y para premiar o castigar nuestros actos individuales, si confiamos en que esas mismas instituciones deben ser las que regulen nuestro presente y nuestro futuro deberíamos tener una mayor capacidad crítica, deberíamos tener siempre los ojos y los oídos abiertos, escuchar a los que se cuestionan el orden establecido y atrevernos siempre a pensar por nosotros mismos. Ésta no es más que una de las muchas conclusiones personales tras la lectura de un libro al que, por su interés, por su profundidad, por la trascendencia de las cuestiones que plantea, ninguna reseña puede hacer justicia. Es, desde mi punto de vista, un libro imprescindible.

Artículo de María Castro sobre el libro 'Modernidad y holocausto' de Zygmunt Bauman

Firma para la libertad de Enric!

A Enric se le ha puesto en prisión preventiva para silenciarlo, porque los bancos y algunos intereses políticos quieren que la gente se olvide de él. Han aplicado esta medida por un supuesto "riesgo de fuga", pero varios textos, convocatorias y actos demuestran que Enric havia vuelto para quedarse, porque quiere que se celebre el juicio, ya que éste forma parte de la estrategia de denuncia contra el sistema financiero.

Por esos motivos, pedimos su libertad con nuestra firma.

Firma para la libertad de Enric!

Decrecimiento, "dumping" y capitalismo globalizado.

Javier Arias - Alterglbalizacion's weblog

La teórica del decrecimiento Helena Norberg-Hodge, del colectivo Silence, nos describe perfectamente en el libro "Objetivo Decrecimiento" (Ed. Leqtor, Barcelona 2006) el bucle maligno del modelo económico-político que se ha
expandido por el planeta en las últimas décadas. Gran parte de los males que nos asolan (triple crisis sistémica ambiental, económica y humana) están causados por la aplicación de esta doctrina.



El concepto de "dumping" es clave para entender qué esta pasando. "Dumping"
significa vender por debajo de los costes reales. El dumping sólo puede ser
posible bajo el amparo de una megaconcentración de capital orientada
exclusivamente en la defensa de intereses particulares. Su efecto más
inmediato es la destrucción de microtejidos productivos a pequeña escala tanto
a nivel social como ecológico y la creación de relaciones de dependencia
forzosa entre consumidores y proveedores oligopólicos. El concepto de "coste"
debe ser entendido en un sentido amplio y no exclusivamente monetarista ya que
existen unos costes ambientales y humanos que nunca se computan en las cuentas
de resultados o en los balances financieros de la macroempresa capitalista.
Por supuesto que el vender por debajo de costes implica una deuda sistémica
que vamos aumentando a velocidad de vértigo y que todos, sin exclusión,
terminamos por pagar.

Frente a esta situación sólo cabe una inversión del modelo: ruralización
frente a urbanización, reparto frente a acumulación, localización frente a
globalización, decrecimiento frente a hiperconsumismo.

¿Qué esconde detrás la producción neoliberal?

Pere Alcántara Carreras

El análisis expuesto a continuación puede entenderse como una apertura hacia algunos de los horizontes útiles para demostrar que la producción neoliberal esconde detrás intereses que nada tienen que ver con el cuidado del ser humano en tanto que armonía y concilio con la naturaleza. Este modelo, como veremos a continuación, no ha tenido la capacidad de restablecer la mutilación causada por la emergencia de una sociedad tecnológica desprendida del compromiso de producir un mundo sostenible y gratificante. Por cuestiones de extensión se tratarán exclusivamente los aspectos que considero claves para dibujar un itinerario centrado en las relaciones entre las formas de conocer y producir el mundo material que ha tenido el ser humano desde la lógica que opera en la actualidad.

Para ello, a lo largo del discurso iré introduciendo fragmentos de obras de autores que considero hitos explicativos y un respaldo intelectual de la idea que a continuación de expone.

En primer lugar tenemos que tomar conciencia de cuales son los valores fundamentales que han entrado en crisis y queremos restablecer en la sociedad en la que vivimos actualmente. En mi opinión no es demasiado agudo pensar que el neoliberalismo es un fenómeno aislado en el presente y que puede ser explicado sin tener en consideración el pasado. El neoliberalismo es la expresión final que culmina un proceso desintegrador de la capacidad de intervención humana en un mundo que originalmente estaba envuelto por la afectividad orgánica del ser humano.

Se demostrará que las consecuencias para incorporarnos en la dimensión social en la que vivimos actualmente tiene un doble filo perverso causante de la asfixia de algunos de los valores fundamentales para cuidar nuestra armonía con nuestro ser natural. Para entender las causas que han permitido el asesinato de estos valores tenemos que comprender la importancia que tiene para el hombre la seducción operatoria de las ciencias positivistas de concepción cartesiana que combinadas con la negligencia sensitiva-emocional han permitido el desprendimiento y sometimiento las relaciones bio-ecológicas a las tecno-capitalistas en sus relaciones de magnitud, velocidad y mutación. Para entender a que nos referimos con estos términos nos servirá de ayuda ponerlos de manifiesto mediante el análisis de las lógicas económicas, productivas y cognitivas del humano para tomar conciencia de los efectos que han producido en nosotros la aplicación del neoliberalismo basado exclusivamente en el incremento incesante del capital a partir de ejercicios mercantilistas, entendiéndose así que no es otra cosa que el nombre puesto al vector del virus mercado-capitalista.

Dentro de la esfera ideológica propongo considerar la mutación en la forma de relacionarse con el mundo a partir de una mentalidad medieval a una mentalidad moderna. Esto supone pasar de considerar el mundo como un entorno intrauterino que nos envuelve y realiza en una relación íntima y afectiva, a pasar de considerar un mundo como un entorno hostil del que tenemos que divorciarnos para realizaros independientemente y fuera de él. El nuevo hombre occidental a partir de esta mutación ideológica emprenderá un programa sapiencial que consistirá en pretender aniquilar la capacidad e inteligencia emocional del cuerpo considerándolo un obstáculo con la convicción de que así conseguirá el liderazgo de la verdad absoluta y el conocimiento total que le permitirá operar en el mundo natural consiguiendo la soberanía por encima de él. Ahora es, como en este proyecto podemos contextualizar mentalidades como Descartes con sus discursos y ejercicios que acabarán por seducir y convencer a quienes el pasado les contenía:

La filosofía de Descartes no sólo tuvo su importancia en el desarrollo de la física clásica, sino que además ejerció una influencia tremenda sobre el modo de pensar occidental, hasta nuestros días. La famosa frase de Descartes “cogito ergo sum” -pienso luego existo- llevó al hombre occidental a considerarse identificado con su mente, en lugar de hacerlo con todo su organismo. […] Cada individuo fue además dividido en un gran número de compartimentos separados, de acuerdo a sus actividades, sus talentos, sus sentimientos, sus creencias y así sucesivamente, generándose de este modo conflictos sin fin, una gran confusión metafísica y una continua frustración (Fritjof Capra, El tao de la física, p.33-34).

Vemos como el texto anterior nos sintetiza el trabajo de un personaje que puede perfectamente ilustrar la idea de como está empezando un ejercicio de mutilación y disección en las formas de conocer, operar y producir en el mundo con la finalidad de conseguir una mayor efectividad. Implícito en el hombre está la tendencia de generar un sistema coherente con todo aquello que tiene a su alcance, la diferencia es que al contrario de antes, donde el humano se relacionaba y aprendía el mundo a partir de la vinculación con todas sus expresiones, ahora pasará a comprenderlo en la medida que se totalice en solo una de sus expresiones inconexa y aislada de las demás. De alguna forma ocurre que ahora se inaugura una diversificación de saberes totalizantes e inconexos de los demás, y no de forma inocua si no desarrollándose en la medida que consigue minimizar la parte emocional-sensitiva del cuerpo en todas y cada una de las relaciones con el mundo. Ahora la técnica del artesano que operaba y aprendía en el curso y proceso de la operación instantánea en las necesidades prácticas, estando en ello implicado todo el cuerpo inteligente humano, quedará remplazado por la operación abstracta desde los campos científicos que se aplicarán en estás técnicas para dar lugar a lo que se conoce como ciencias estrictas, y esto, no se hará en comunión con el cuerpo, estando presentes todas las posibilidades sensitivas y cognitivas que nos proporciona para conocer y producir el mundo que más puede cuidarnos. Esto se hará desde el lugar de las ciencias abstractas y estrictas, esa hemorragia desde otra dimensión que acabará por ahogarnos:

Las ciencias físicas o estrictas poseen un formato lógico-constructivo en cierto modo “per-fecto”, esto es, que cada una de ellas constituye, dentro de su campo respectivo, efectivas demostraciones universales y necesarias, […] esto es, teoremas y racimos de teoremas a su vez organizados demostratívamente en teorías, y que por ello alcanza unos conocimientos formalmente teóricos y objetivos. […] No es este el caso ciertamente de las llamadas ciencias humanas. Pues ahora se trata, en efecto, de construcciones cognoscitivas que se abren paso, cada una de ellas, roturando alguna región determinada de conflictos o desajustes sociales, o culturales, cuya resolución de dichos conflictos o desajustes, que es en lo que básicamente consisten, posee más bien un carácter lógico-constructívamente “in-fecto”, esto es, siempre de-pendiente de alguna ulterior resolución de los nuevos desajustes arrojados en el propio curso de sus rosoluciones previas, y por ello siempre inmediatamente práctico, en cuanto que dicha dependencia lo es a su vez de las nuevas demandas prácticas que siempre arrojan y de las que incesantemente se alimentan (Juan Bautista Fuentes, Para una crítica de la idea de “flexibilidad profesional”, p.30)

Explicar como esto combinado con otros ingredientes dará lugar a la crisis de la sociedad actual teniendo como baluarte el modelo neoliberal es lo que intentaré explicar a continuación.

La idea es que este proyecto científico que consiste en totalizar saberes técnicos hasta generar una mutación para convertirse en una nueva herramienta eficientemente operatoria que conocemos como ciencias estrictas. Permitirá al ser humano operar ahora, a una escala mucho más allá de la suya natural. A partir de ahora devendrá un incremento exponencial de las formas de conocer el mundo a partir de la ciencia manifestándose en una aceleración ilimitada de las formas de producir el mundo material: ahora el ser humano empezará su carrera al progreso incorporándose en una nueva dimensión vertiginosa.

No se puede ignorar en este punto las observaciones que Max Weber hace en algunas de las ideologías protestantes, puesto que como apunta Manuel Castells en su ensayo La era de la información dice textualmente en su apartado El espíritu del informacionalismo:

Sigue siendo la piedra angular metodológica a todo intento teórico de captar la esencia de las transformaciones culturales/institucionales que en la historia son el preludio de un nuevo paradigma de organización económica (p.249-250).

De esta forma veo pertinente aunque solamente sea para exponer la mayor parte de los aspectos que considero fundamentales en este proceso, el que no en todas las comunidades pudo germinar este proyecto tecno-económico-capitalista. Como apuntó tempranamente Max Weber, ya se encontraba en los textos de Franklin, las formulaciones de una ética que consideraba como un deber moral el ganar dinero, prescindiendo de toda consideración eudemonista, es decir, sin tomar en consideración ningún interés de tipo individual como la felicidad o el placer del individuo. Puesto que no en todas las cosmovisiones encontró el humano una fisura para adentrarse en esta dimensión, si que la vislumbró una clase emergente necesitada de una nueva cosmología que le permitiera cambiar el modelo existente para poner el escenario a su favor:

En el puritanismo, sin embargo, se matiza de otra manera el carácter providencial de la interacción de los intereses de la economía. Según la interpretación “pragmática” del puritanismo, el fin providencial de las profesiones se reconoce en sus obras. […] La conocida apología de la división del trabajo de Adam Smith. La especialización de las profesiones conduce a un incremento cuantitativo y cualitativo del rendimiento, porque hace posible la habilidad (skill) del obrero, sirviendo, por tanto, al bien común (common best) que se identifica con el bien mayor número posible (Max Weber, La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo, p.204-205)


Sin duda esta herramienta operatoria encontraría un acomodo en esta nueva clase emergente comerciante que vería la posibilidad de engrandecer sus riquezas así como una mayor incidencia en las decisiones políticas. Así es como los comerciantes ponen en contacto y fusionan para fines lucrativos en la esfera del mercado las formas de producción científica generando una reacción objetual que aun hoy crece en nuestros días.

Legitimándose en un discurso que defendía que la aceleración en las formas de producción, producir insumos en menos tiempo, era igual a mayor cantidad y abaratamiento, todo ellos se traducía en un mayor porcentaje de gente que podría beneficiarse de estos productos, y de esta forma como hemos visto, se identificaba la eficacia productiva como un bien común que daba paso a mayor calidad de vida.

Contrariamente, en análisis de otros autores como el indicado por el economista Max-Neef, piensa que en realidad de lo que se trataba era de incrementar los beneficios que proporcionaba este sistema consiguiendo mantener la misma proporción y asimetría que le otorgaba:

El problema surgió cuando lo “bueno” se convirtió en sinónimo de “más y más”. […] La justicia social se confundió con el crecimiento mismo. No se trata ya de distribuir mejor una torta que ya es lo suficientemente grande, […] se trata de hacer una torta aún más grande, para que todos reciban una porción mayor que antes, pero manteniendo la misma porción que les fuera otorgada por el sistema. [...] Los países del Tercer Mundo, con escasas excepciones, se fascinan con la tentación de seguir el camino trazado por las grandes potencias industriales, olvidando que la única manera de alcanzar y consolidad su identidad y reducir su dependencia, es la de promover un espíritu creador e imaginativo capaz de generar procesos alternativos de desarrollo que aseguren un mayor grado de auto-dependencia regional y local (Manfred Max-Neef, La economía descalza, p.59)

Lo que conllevará con el paso del tiempo la sofisticación en las modernas formas de organización racional en los ejercicios del trabajador industrial es un paso de la forma de producción artesana generadora de una economía bio-ecológica a escala humana, a otro que tendrá su máxima expresión a principios del siglo XX con una producción altamente mecanizada que logrará mancillar totalmente la capacidad de comprensión y enamoramiento del ser humano con el mundo material que produzca.

De esta manera a principios de siglo XX las formas de producción abrirían un nuevo episodio en el momento en que Charles Taylor empezó analizar quirurgicamente los gestos necesarios que tenían lugar para la producción del objeto deseado. La idea era que secuenciando la totalidad del proceso complejo implicado en ejercicios simples distribuidos entre varios obreros, se lograría una mayor rapidez y habilidad en la producción con el consecuente ahorro de tiempo y costes.

Esta forma de producción altamente racional y mecánica sin ninguna duda causó efectos traumáticos en las formas de vida implicadas en este proyecto.

Si por racionalismo económico se entiende ese crecimiento de la productividad del trabajo que elimina la vinculación del proceso de producción a los límites “orgánicos”, naturales, de la persona humana, y lo organiza desde puntos de vista científicos. Este proceso de racionalización en el terreno de la técnica y de la economía condiciona, sin duda, una parte importante de los “ideales de vida” de la sociedad burguesa moderna (Max Weber, La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo, p.82).

Esta propuesta de Charles Taylor fue puesta en marcha por Ford en su fábrica de automóviles quien aportaría a la idea el transporte mecanizado de las piezas mediante la instalación de cadenas de montaje. Ahora el obrero quedaba totalmente subyugado al tiempo que fijara la maquina puesto que se generaba una total dependencia del obrero al ritmo de producción mecanizado, independientemente de la destreza y ritmo natural de cada individuo, un ritmo enajenado de la forma de producir del ser humano. Así el éxito de la producción del sistema fordista se basaba en el bajo coste de su producto final que presuponía en consecuencia un asegurado éxito en el mercado, el inconveniente es que este sistema no se adaptaba a la flexibilidad de la demanda del mercado. Este sistema se declaraba eficaz en las economías de gran escala pero eran disfuncionales en cuanto a una demanda diversificada. Así el toyotimso aparecerá como un modelo contrapuesto y eficaz que se basa en la comunicación e interacción continuada entre la producción y el consumo. Para ello sería necesaria una permanente y fluida comunicación constante con el mercado para conseguir minimizar el stock de la mercancía puesto que se producirían en el “momento justo” totalmente sincronizado con el apetito existente en los mercados, pudiéndose en el mejor de los casos producir después que el consumidor haya escogido y adquirido el producto.

Esto es posible en la medida en que la tecnología genere herramientas ágiles y flexibles que puedan adaptarse a la flexibilidad del mercado. Aquí es donde los ordenadores encontrarán un acomodo pudiendo controlar en todo momento la cantidades de stocks necesarias para evitar gastos innecesarios además de poder controlar un máximo de trabajos heterogéneos a partir del control de una serie de símbolos y de información:

Sin embargo, en otras épocas, las herramientas en general estaban vinculadas de manera relativamente inflexible a ciertas tareas o a cierto grupo de tareas. Herramientas diferentes correspondían a actividades diferentes: las herramientas del sastre, las herramientas del tejedor o luego la máquina de coser y el telar industrial. En cambio el ordenador se presenta como la herramienta universal, más bien, como la herramienta central, a través de la cual podrían realizarse todas las actividades (Michael Hardt y Antoni Negri, Imperio, p.271-272).

Todo esto sugiere una nueva forma informatizada de producción donde el obrero paulatinamente será remplazado por el robot a la vez que habrá una migración de la industria de los países desarrollados del sector secundario al sector terciario. Estos sectores abarcan las actividades asociadas al cuidado de la salud, educación, finanzas, publicidad y el ocio. Estos empleos se caracterizan exigir una gran flexibilidad y se fundamentan en el conocimiento,

Del mismo modo que el proceso de modernización tendió a industrializar toda la producción, el proceso de posmodernización hace que toda la producción se oriente hacia la producción de servicios, hacia la informatización. […] Los países dominantes tienen economías informáticas de servicios, los primeros países subordinados tienen economías industriales y las regiones aún más subordinadas se basan en una economía agrícola. (Michael Hardt y Antoni Negri, Imperio, p.266 – 267).


PRODUCIR DESDE LA NADA

El humano una vez totalmente mancillado en razón y disposición para funcionar como una eficaz herramienta productiva en la economía capitalista mercantilizada, con la producción informacional experimentará otra mutación para adaptarse como herramienta de la economía capitalista posindustrial, eso quiere decir que, puesto que el humano solo empezó a ser útil para una economía capitalista industrial en el momento en que permitió ser mutilado en razón de una mayor habilidad en el proceso de producción industrial, ahora, el mercado totalmente sujeto a la gestión de la información, conocimientos y afectos para hacer posible su recurrencia y desarrollo del sistema informacional. Explica por ejemplo las actuales políticas de mutilación intelectual y en especial en las áreas de humanidades. Estas áreas hoy, fundamentales para la producción de conocimientos, han de ser totalmente desgarradas para generar una producción intelectual que beneficie al sistema de mercado informacional de masas. En la era de la información, la figura del pensador apartado del “bullicio del mercado”, que dedica su vida en dibujar itinerarios en los que sociedad pueda andar con la mayor calidad de vida posible, queda totalmente marginado por la capacidad de la tecnología al poder prescindir de este personaje dada la convicción ahora de creer que ha de ser el mismo mercado quien a través de una sociedad totalmente mutilada por el tamiz del acontecer histórico encargado de fragmentar y desmenuzar la capacidad de aprehensión. Será como ahora se le permitirá a este sujeto masivo a través de las nuevas extensiones informáticas de usuario a generar esquemas instantáneos y continuados de demanda. Así es como la concepción toyotista se presenta como una herramienta eficaz al poder poner en marcha la producción mediante un liderazgo entre consumidor y productor satisfaciendo los azarosos apetitos de una sociedad que opera desde el nihilismo.

A mi entender esto quiere decir que será el mercado inmaterial quien producirá el mundo material a partir de una relación totalmente desgarrada. Quiere decir que serán los vientos pestilentes los que decidirán el mundo material que se produzca. Así se entiende como pueden mover tanto dinero las industrias fármaco-estéticas o de marketing generando cantidades ingentes de dinero a partir de los juicios emanados por una audiencia totalmente enfervorecida por el seguimiento de sus ídolos. Es ahora el momento en que empezará a surgir una ética y estética de mercado, pero atención, no olvidemos que este mercado está totalmente modulado por unos gustos y apetencias de una comunidad íntegramente podrida: una sociedad que opera desde la nada.

En esta era informacional el trabajo intelectual es producir formas más agudas y diversas de percibir lo más rápido y eficazmente posible las oscilaciones azarosas del apetito tanto del sujeto masa como de las multitudes. Entiendo que el ideal sería poner un dispositivo-encuesta durante el tiempo libre de cada individuo con la finalidad de que generará curvas de apetito de consumo que pudieran ser interpretadas y producidas inmediatamente y en su justa medida a partir de una industria totalmente flexible. Programas inteligentes que aprendieses a preguntar a la “nada” por que producto estaría dispuesto a hipotecarse y gastar su dinero. Así las autopistas de la información de las que habla Bill Gates permitirían poner a todo el planeta en red con el intelecto-masa produciendo en cada momento y en su justa medida lo que a la mórbida masa amorfa se le antoja en cada momento.

Entonces se podría decir que el producto final puesto en circulación en el marcado sería el resultado del cálculo entre el apetito de consumo de una masa que demanda desde el nihilismo y la rentabilidad económica que ocasionara su producción. En todo este proceso, mucho más orgánico de lo que puede parecer en un primer momento, obviamente tenemos que tener en cuenta todas las estrategias de seducción y negociación intermedias por parte de las corporaciones.

Eso significaría incluso que la sociedad despediría aquellos personajes responsables en pensar el producto que quieren las masas por medio de la creatividad y la intuición dado que ahora sería relegado por un sistema informático conectado en red capaz de minimizar el riesgo al fracaso por ser el consumidor-masa y las multitudes quienes entrarían en relación instantánea y continuada desde cualquier parte del planeta por vía informática a poner en marcha todo un mecanismo de retroalimentación tecnológico que arraiga en nosotros contra más apetito azaroso tengamos. Resulta ahora que una masa de individuos que han sufrido una hiper-especialización a costa de quedar totalmente inconexos, hasta quedar reducidos al más desencarnado nihilismo son quienes pueden decidir democráticamente el mundo que va a producirse.

A mi entender lo que ocurre en la esfera educativa conocida en España como Plan Bolonia, no es más que la culminación de un proceso puesto en marcha iniciado de la época moderna que ha consistido como hemos visto al principio en el progresivo divorcio entre las formas de materializar el mundo a partir del conocimiento orgánico para esposar al conocimiento con ciencia. Lo más dramático viene ahora, cuando estos conocimientos se han vuelto recurrentes en si mismos y desprendidos de toda envoltura humana comunitaria, es como paradójicamente esto ha tenido el efecto contrario dando lugar a una envoltura económico-técnica que nos envuelve y nos esclaviza a los abstractos intereses mercantiles donde atrás es donde podemos encontrar a esas instituciones cada vez más complejas y eficaces conocidas como empresas corporativas que funcionan como mediadores y vasallos entre la sociedad de consumo y esta nueva entidad abstracta e infinitamente potente que es el mercado-capitalista neoliberal. Este a mi entender es el nuevo biopoder del que hablan Hardt y Negri cuando dicen:

El biopoder es otro nombre que se le da a la supeditación real de las sociedad bajo del dominio del capital, y ambos son sinónimos del orden productivo globalizado. La producción cubre las superficies del imperio; es una maquinaria llena de vida, una vida inteligente que, al expresarse en la producción y reproducción, así como en la circulación (de los trabajadores, los afectos,y los lenguajes), imprime una nueva significación a la sociedad y reconoce la virtud y la civilización en la cooperación (Michael Hardt y Antoni Negri, Imperio, 332).

Esto tiene consecuencias tan intensas que puede totalmente inaugurar un nuevo estado de organización social ya no entendido como una sociedad estado si no más bien como una sociedad en donde la decisión última en la vida de comunitaria ya no la tengan los estados si no las grandes corporaciones en la defensa del mercado-capitalista. Si esto es así toda forma de gobierno queda simplemente relegada a mera expresión folclórica carente de ningún poder efectivo. Estas corporaciones pasan a tener la capacidad de apropiarse de todos los instrumentos de poder e intervención que hoy están en manos de los Estados. Estoy totalmente de acuerdo con las sugerencias que Hobsbawm al respecto:

Es un fenómeno nuevo, respecto al siglo XX. Característico de una nueva era. Surge, en parte, de una relativa desintegración del poder de los estados en algunas zonas del mundo. Y resucitan figuras que, de hecho, al menos en Europa, no existían desde los siglos XV y XVI: los “señores de la guerra”. Gentes que consiguieron influir en los asuntos políticos porque disponían de un ejército privado propio. […] Además, este fenómeno se ve reforzado por un nuevo elemento: la extraordinaria riqueza de que hoy disponen los particulares. En efecto, determinados individuos o grandes corporaciones poseen tanto dinero como los estados mismos (Eric J. Hobsbawm, Entrevista sobre el siglo XXI, p.29-30).

Sin embargo, Toni Negri sostiene que a pesar del gran desgaste y dependencia que han generado las grandes compañías transnacionales en los Estados-Nación, estos continúan funcionando en otras esferas de dominio; afirma que “la política no desaparece; lo que desaparece es toda noción de autonomía de lo político”. De está forma concibe una dependencia mutua entre Estado-Nación y compañías transnacionales en donde las Estados-Naciones funcionarían como mediadores y negociantes entre estas grandes corporaciones globales y los intereses de la población.

Sea como se quiera lo que si es evidente es que hoy día la aplicación de un modelo de mercado basado ya no en el intercambio de productos con el fin de generar un enriquecimiento mutuo y una mayor sostenibilidad si no una forma de combustible para el desarrollo capitalista, ha generado un desplazamiento sin igual del ejercicio del poder que cada vez más estará en manos de estos grandes gestores de capital.



BIBLIOGRAFÍA

• CAPRA, F.: El Tao de la Física, Editorial Sirio (7ª edición), Barcelona – 2005.
• CASTELLS, M.: La era de la información. Vol.1 La sociedad red, Alianza Editorial, Madrid – 1997.
• FUENTES, J.: Para una crítica de la idea de “flexibilidad profesional”. La relación entre la historia de la psicología y de las ciencias humanas y los saberes humanísticos, Revista de Historia de la Psicología, 28 (en prensa) – 2007.
• HARDT, M y NEGRI, A.: Imperio, Editorial Paidós, Barcelona – 2000.
• HOBSBAWM, E.: Entrevista sobre el siglo XXI, Crítica, Barcelona – 2004.
• MAX-NEFF, M.: La Economía Descalza, Editorial Nordan, Buenos Aires – 1986.
• VIRNO, P.: Gramática de la multitud, Traficantes de sueños, Madrid – 2003.
• WEBER, M.: La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo, Alianza Editorial, Madrid – 2001.

Jornadas sobre decrecimiento en Barcelona

En el último Congreso Confederal de Ecologistas en Acción, celebrado el pasado mes de diciembre en Valencia, se decidió mayoritariamente dirigir nuestros esfuerzos a una campaña sobre decrecimiento denominada “Menos para vivir mejor”.

Esta campaña incluye la celebración de unas Jornadas formativas y de debate dirigidas a todas las personas de la asociación, que ta presentamos.

Estas Jornadas se celebrarán en Barcelona los días 30 y 31 de Mayo. Con ellas pretendemos conocer con mas profundidad cual es el análisis y la propuesta que está detrás del término decrecimiento, qué experiencias existen ya de aplicación de este discurso en diversas temáticas, y cómo podemos trabajar por el decrecimiento desde los grupos, las federaciones y las áreas.

Para ello, contaremos con algunos de los mas importantes expertos y expertas en decrecimiento y con representantes de colectivos sociales que están intentando aplicarlo.

Es seguro que este espacio de debate y construcción colectiva será clave para tejer nuestro discurso y nuestras propuestas.

Dada la importancia de estas jornadas, consideramos fundamental que participe el mayor número de personas posibles de los grupos de Ecologistas en Acción, y como mínimo alguna persona de cada federación y de cada área de trabajo.

Adjunto podéis consultar el programa provisional de las Jornadas.

INSCRIPCIONES: La participación en las jornadas es gratuita, pero es necesario inscribirse mandando los datos personales a inscripciones@ecologistasenacción.org poniendo en el Asunto “Decrecimiento”. En dicho correo indicarnos el nombre de las personas que asistirán, el nombre del grupo, donde dormirán, si se quedarán en el Albergue a comer, y un número de teléfono de contacto.

LUGAR DE CELEBRACIÓN: Las Jornadas se celebrarán en el Albergue Pere Tarres, www.peretarres.org/alberg que está en la calle Numancia, 151 muy cerca, 10 minutos andando desde la estación de Sants y con metros cercanos, Maria Cristina, Les Corts, de la línea verde. En el croquis adjunto el Albergue viene señalizado con una A, y en la parte inferior se puede ver la Estación de Trenes “Sants”.

ALOJAMIENTO: Quienes necesiten alojamiento en Barcelona pueden optar por dormir en casa de algún compañero o compañera de Ecologistes en Acció de Catalunya, contactando con coordinacio_ecoaccat@pangea.org o pueden contactar con el Albergue en el que nos reuniremos, para reservar plaza (el alojamiento en el Albergue corre a cuenta de cada uno). Está bien de precio y las habitaciones son de 2 y 8 personas.

PROGRAMA

JORNADAS SOBRE DECRECIMIENTO

30 y 31 de mayo de 2009, Barcelona

Programa provisional

SABADO 30

10:30 – 12 h. Ponencias
- Joan Martínez Alier
- François Schneider
- Cristina Carrasco

12 – 12:30 h. Debate

12:30 – 14 h. Presentación de experiencias Invitados diversos colectivos sociales

14 – 14:30 h. Debate

16:30 – 18:00 Presentación de experiencias Invitados diversos colectivos sociales

19:00 – 19:30 Aportaciones de las áreas Confederales de Ecologistas en Acción Preguntas y debate

DOMINGO 31

10 – 12 h. Reflexión y debate en grupos temáticos:
- DECRECIMIENTO Y ALIMENTACIÓN
- TRANSPORTE, Y ENERGÍA
- RELACIONES SOCIALES, VIDA COMUNITARIA
- EDUCACIÓN, CUIDADO DE LA VIDA
- MODELO URBANO Y VIVIENDA
- ALTERNATIVAS DE TRABAJO

12 – 13:30h. Conclusiones y plan de trabajo

Presentación de experiencias Colectivos invitados:

• DECRECIMIENTO: UN NUEVO MOVIMIENTO SOCIAL (Entesa pel Decreixement y Colectivo CRISI)

• LAS “CIUDADES EN TRANSICIÓN”, UNA POSIBILIDAD TANGIBLE Ruben Suriñach: (Grup de transition towns a Catalunya)

• CENTROS SOCIALES: GENERANDO ALTERNATIVAS, RECUPERANDO RELACIONES SOCIALES Claudio Cattaneo (CSO Can Masdeu)

• LA CRISIS DE LA VIVIENDA: OTRO MODELO ES POSIBLE Daniele (V de Vivienda)

• ¿CUÁNTA ENERGÍA NECESITAMOS PARA VIVIR? Iñaki Bárcena y Rosa Lago (Ekologistak Martxan)

• LAS COOPERATIVAS DE CONSUMIDORES RESPONSABLES: MASA CRÍTICA EN CRECIMIENTO (EcoConsum)

• HACIA UN MODELO AGROECOLÓGICO RESPONSABLE Y SUSTENTABLE Xavier Montagut (ODG)

• ALTERNATIVAS ECONÒMICAS PARA SALIRSE DEL SISTEMA (Xarxa Economía Solidaria - REAS)-David Fernández

• POR UNAS RELACIONES INTERNACIONALES DE JUSTÍCIA, RESPETO E IGUALDAD David Llistar

• CONTRA LA MERCANTILIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN (Coordinadora de Asambleas de Estudiantes)

Además de otras muchas personas expertas y que trabajan desde colectivos sociales o académicos diferentes aspectos de decrecimiento.

El decrecimiento será socialista o no será


Las teorías del decrecimiento económico, defendidas en su día por Nicolás Georgescu-Roegen, están a la orden del día entre la izquierda anticapitalista europea. Sus defensores resaltan la urgencia de detener el tren desbocado de la economía capitalista, que amenaza con llevar al planeta entero a la catástrofe, para sustituirla por un nuevo modelo social y económico, que sustituya el consumismo y el productivismo atroz, por el ocio, la vida social y el desarrollo de las cualidades humanas. Algunos critican al marxismo por haber asumido el modelo desarrollista del capitalismo, aceptando uno de los principales mitos de éste: el crecimiento como panacea de todos los males.

Sus críticos aluden a los estrechos límites en los que se mueve. Su desarrollo teórico al margen de las relaciones y la lucha de clases, lleva a sustituir el proyecto revolucionario por un llamamiento a adoptar en el seno del capitalismo formas individualizadas de resistencia, basadas en el consumo racional y la vuelta a la agricultura local y ecológica, sin plantear un modelo social y económico alternativo coherente. Los objetivos se alcanzarían mediante un cambio de mentalidad de la mayoría, pero en ningún momento se habla de cómo conseguirlo, especialmente en un mundo en el que el gran capital dispone del poder y de inmensos recursos para manipular a la sociedad. En la problemática norte-sur, la mayoría de los decrecentistas defiende la bandera del etnocentrismo frente al imperialismo cultural del capitalismo occidental. La idealización de las culturas locales no sería otra cosa que el reverso exacto del occidentalcentrismo hoy imperante. Se sustituye la apología del imperialismo cultural, por la exaltación de las culturas autóctonas, como si en éstas no existiera la explotación del hombre por el hombre y no existieran opresores y oprimidos. Está claro que no todo es tan sencillo.

Las teorías del decrecimiento tienen importantes limitaciones y graves contradicciones que hay que cuestionar, pero también debemos rescatar sus virtudes.

Sus más y sus menos

La primera y quizás la más importante es la denuncia de que el capitalismo y su máscara el crecimiento económico indefinido) constituyen una amenaza mortal para el planeta y la humanidad. La necesidad de reproducción infinita del capital se estrella con la tozuda realidad, vivimos en un planeta con enormes recursos, pero limitados. El desarrollismo (en todo el mundo) y el consumismo desenfrenados (en las metrópolis imperialistas y entre las clases dirigentes de los países coloniales y semicoloniales) llevan a la agudización de la depredación de los ecosistemas y al agotamiento de los recursos. En 2004 la huella ecológica de la humanidad era de 1,25 (los planetas como el nuestro necesarios para mantener la producción y el consumo actuales). Pero la huella ecológica de un norteamericano y un afgano no son comparables. Tampoco el consumo de las clases sociales es el mismo. El consumo de la burguesía no es el mismo que el de las clases trabajadoras Para sobrevivir, el capitalismo hipoteca nuestras vidas y también las de las generaciones venideras. Pan para hoy, hambre para mañana Agota los recursos minerales, expolia la biodiversidad sin darle tiempo para recuperarse, contamina el planeta y lo llena de deshechos. El antropochovinismo es la coartada para tranquilizar los temores y la conciencia: cuando se presente el problema, la ciencia y la técnica al servicio del ingenio humano encontrarán la solución. La fe ciega en la ciencia y la técnica no es pensamiento científico, sino superstición.

Otra de las ideas clave del decrecimiento, es la crítica al desarrollismo que durante muchos años hizo suyo el movimiento socialista. No hablamos del ala “izquierda” del capitalismo que, como la actual socialdemocracia pretende transformarlo para hacerlo más tragable, sino de los que pretenden sustituirlo. Esto les ha llevado a hacer una crítica injustificada de Marx y Engels. Es cierto que a lo largo de la historia la mayoría de las corrientes del movimiento socialista abrazaron el modelo desarrollista. El capitalismo era un enorme salto cualitativo de las fuerzas productivas, con respecto al feudalismo y los modos de producción anteriores. La humanidad, por primera vez en su historia, tenía la posibilidad de liberarse de la escasez y la penuria, y de la extrema dependencia de la naturaleza, que le acompañaban desde la noche de los tiempos. Marx y Engels lo comprendieron perfectamente, pero esto no significa que no denunciaran los aspectos negativos (el empobrecimiento de la tierra, la contaminación…). No profundizaron en la cuestión porque en aquella época no constituía una amenaza seria para la supervivencia del planeta. El desarrollo de las fuerzas productivas permitiría la emancipación de la esclavitud del trabajo (de sus aspectos más penosos y alienantes) y la naturaleza (no como su dueño y señor, sino como su gestor, que aprovecha el conocimiento de sus leyes en su propio beneficio, sin destruirla, ni perjudicarla). No se les puede atribuir los errores que cometieron sus seguidores.

Hay que encuadrar cada situación en su momento histórico, sino corremos el riesgo de no entender nada. La mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y la mayoría de la sociedad estaba asociada a la superación del capitalismo, que permitiría un nuevo desarrollo de las fuerzas productivas. Esto hizo que muchos socialistas abrazaran el modelo desarrollista, como una especie de cornucopia moderna que llevaría a la humanidad a la sociedad de la abundancia sin fin y les impidió comprender los aspectos destructivos que se acumulaban con el capitalismo. Socialismo era más de todo para todos. La era de las conquistas científicas y tecnológicas prendió en la mayor parte del movimiento socialista, que hizo suyo la noción capitalista del progreso y la exaltación de la inteligencia humana como fundamento del nuevo pensamiento mágico. Pero también hubo corrientes minoritarias que se plantearon la cuestión. Todo esto está ampliamente desarrollado por John Bellamy Foster en su libro “La ecología de Marx”[1]y no es necesario que nos extendamos más.

La revolución bolchevique tuvo como tarea prioritaria crecer, porque el primer paso para su supervivencia era escapar de la miseria generalizada, que el feudalismo zarista primero, la I Guerra mundial y la guerra civil después, habían provocado. El socialismo no podía ser la socialización de la miseria. Lo que correspondía en aquel momento era el desarrollo planificado, democrático y participativo. Lamentablemente la revolución no escoge los escenarios en los que se desarrolla. Ideas tan admirables como la “democracia obrera” y “el control y la participación de los trabajadores en las fábricas y el destino del país”, casaban mal con la realidad de una Rusia feudal y analfabeta. La que tenía que ser la primera dictadura del proletariado (es decir, del 90% de la sociedad) se transformó en una siniestra y sanguinaria dictadura sobre el proletariado. La carrera entre la URSS y el capitalismo, para demostrar qué modelo era más eficaz en el crecimiento fue una aberración del estalinismo, para justificar la razón de ser de la casta burocrática que usurpaba el nombre del socialismo. En esa carrera el capitalismo demostró ser más eficaz, hasta el punto de convertir la vorágine productivista en un peligro para todos.

El socialismo no compite con el capitalismo para ver quien crece más. Abre la vía a una realidad cualitativamente distinta: la de la planificación solidaria, democrática y participativa de la producción, la de la economía al servicio del ser humano (y no al revés). La libertad y la felicidad consisten en la satisfacción de las necesidades reales de las personas y en la potenciación de sus cualidades, y no pueden basarse en un modo de producción que inventa cada día nuevas necesidades para que la gente produzca y consuma más y más, en una carrera demencial hacia la nada, que sólo beneficia al capital.

Algunas de las posiciones más extremas de los teóricos del decrecimiento corren el peligro de caer en el antiindustrialismo. El capitalismo pretende justificarse con el mito del crecimiento ilimitado como la senda hacia el paraíso de la abundancia infinita, y con el de que, gracias a la ciencia y la técnica, siempre se encontrará una solución a los problemas. Cuando hay malas noticias (cambio climático, agotamiento de los recursos) a veces existe la tentación de querer matar al mensajero. Industria, crecimiento y desarrollo, ciencia y técnica, son conceptos vacíos si no los situamos en un momento y en manos de una clase social concreta. Los instrumentos no son buenos, ni malos, todo depende de lo que pretendamos conseguir. La ciencia y la técnica al servicio del capital pueden destruir el mundo, pero también pueden ayudarnos a preservarlo y a regenerarlo, si el objetivo es el beneficio de la humanidad y su entorno. Si crecer implica expoliar la naturaleza, con el objetivo de obtener ganancias inmediatas, sin que importen las consecuencias, es negativo; pero si crecer implica aprender las leyes de la naturaleza en nuestro beneficio, conscientes y responsables de que hay que preservarla para las generaciones venideras, no hay nada que decir.

El crecimiento de las fuerzas productivas que supuso el capitalismo fue positivo en su momento, porque permitió a una parte de la humanidad mejorar su calidad de vida. El objetivo del socialismo y los movimientos antiimperialistas fue que estas mejoras pudieran llegar a todos y no sólo a una minoría. El contexto ahora es más complicado. Los primeros intentos de llevar a cabo el socialismo fracasaron, y el capitalismo en plena senilidad ha pasado de ser un factor positivo a convertirse justo en lo contrario.

¿Capitalismo o socialismo?

El crecimiento capitalista no es la panacea de los males de la humanidad, sino una de sus causas. Pero ¿Cómo superar el capitalismo? Una cuestión en la que existe una gran confusión y que el fracaso histórico en la construcción del socialismo no ayuda a aclarar. Los partidarios del decrecimiento han lanzado esbozos interesantes sobre algunas cuestiones, pero se escabullen a la hora de plantear un modelo de sociedad.

¿Capitalismo o socialismo?, ¿Defendemos la posibilidad de reformar el capitalismo o asumimos que la sociedad que defendemos está en abierta ruptura con él? A lo largo de ciento cincuenta años los partidarios de reformar el capitalismo han acabado convirtiéndose en sus más firmes defensores. ¿Puede existir un capitalismo que no sea la dictadura del capital? No, incluso en las “democracias” más “avanzadas” las leyes del mercado, es decir, las necesidades de reproducción infinita del capital, son las que imperan, las que derriban y ponen gobiernos, las que hunden y levantan países y las que condenan a millones de personas a la miseria. El emperador Obama fue puesto en el trono por obra y gracia del espíritu del capital, y es él y sólo él, el que decidirá si continúa o tiene que ser destronado. El capitalismo que existe (algunos se empeñan en llamarle neoliberalismo) es el único capitalismo posible, porque es el que obedece más fielmente las necesidades del capital.

Entonces ¿porqué añadir más confusión?, no puede existir una sociedad del ocio, vida social y altruismo en su seno, ni tampoco un consumo responsable (salvo como una opción individual o claramente minoritaria, muy loable pero totalmente insuficiente). No puede existir un capitalismo verde, o ecológico que sea consecuente y no una máscara para vender más. No, por la sencilla razón de que esas cuestiones están en abierta contradicción con sus leyes. El consumo responsable, la lucha eficaz por el medio ambiente, el fomento de la fraternidad sólo serán posibles, en una sociedad en la que no imperen las leyes del capital, el socialismo (a todos nosotros nos toca darle contenido).

Veamos dos ejemplos. Recientemente el profesor Carlos Taibo[2], al que admiro por muchos de sus trabajos, defendía entre otras cosas, la idea de reducir el horario laboral recortando los salarios, para crear más puestos de trabajo (asegurándose de que el dinero irá a parar a los trabajadores y no a los empresarios). ¿Quién le pone el cascabel al gato?, ¿la democracia?, ¿la constitución? ¡La idea que hay que defender es justamente la contraria!, hay que recortar las horas de trabajo, pero sin reducción de los salarios (salvo para una minoría, el poder adquisitivo de los salarios no permite grandes alegrías). El salario de los que se reincorporen a los nuevos puestos debe venir de las ganancias empresariales. No es nuestra función hacer de consejeros del capital. La escala móvil de horas de trabajo y de salarios, tan olvidadas hoy día, tenían la virtud de desarrollar la conciencia de los explotados. Pedirle a los trabajadores que acepten voluntariamente la reducción de sus ya reducidos salarios, con la idea de que el dinero no da la felicidad ralla el absurdo. Ellos le contestarían: ¿La crisis? ¡Qué la paguen los ricos!

También no hace mucho, en una entrevista en El País a Serge Latouche[3] , le preguntaron si sus teorías no eran algo utópicas. El teórico se descolgó diciendo. “Es una revolución y toda revolución implica un cambio de mentalidad”, para después hablar de la revolución de mayo de 1968 “que no fue violenta” (por si alguien se asustaba ante el término), “cuando la gente salió a la calle a pedir otro modelo de vida. No fue un cambio tan espectacular como la revolución francesa, pero sí trajo transformaciones. El planeta necesita que cambiemos de estilo de vida”. Los límites de mayo del 68 marcaron su fracaso y la vuelta de De Gaulle al poder. Las transformaciones a las que alude fueron un simple maquillaje para el capitalismo francés siguiera intacto. Un cambio de la conciencia de la mayoría es necesario, pero no es suficiente, sino se encarna. Una revolución es el parto de una nueva sociedad, no una operación de cirugía estética. ¿Violencia? Depende. Eso sí, no la deseamos. En cualquier caso, la encarnación de esa conciencia no puede ser obstaculizada por una minoría que se resista a perder sus privilegios. Mientras tanto hay que tener claro que, con los mecanismos de la democracia burguesa se pueden ganar batallas pero no la guerra. No despreciamos las batallas, pero no tenemos que perder de vista que el objetivo de cada batalla, es ganar la guerra.

(Publicación EN DEFENSA DEL MARXISMO)

------------------------------------------------------------------------

[1]JOHN BELLAMY FOSTER. “La ecología de Marx”. Materialismo y naturaleza. Ed. El Viejo Topo.España 2004.

[2] CARLOS TAIBO. Rebelión. En Defensa del decrecimiento.23.03.09

[3] SERGE LATOUCHE. El País, 30.03.09

Artículo escrito por Enric Mompó en Rebelión

Ecoseny: una moneda local


El Montseny estrena una moneda local

El deseo de potenciar una economía colaborativa, justa y ecológica es el motivo que ha comenzado a unir a los habitantes del Montseny con el propósito de restablecer lazos sociales de confianza que faciliten la comunicación y el intercambio. Estos son los principios que han dado lugar al nacimiento de la Eco Xarxa Montseny, una asociación de ciudadanos y ciudadanas que ha apostado por la creación de una moneda local: el ecoseny.

El origen de la iniciativa es bien reciente. Todo comenzó cuando, el pasado 4 de enero, veinticinco vecinos del macizo montañoso se reunieron en Can Bancell -una masía cercana a la población de Montseny- para establecer sinergias y fortalecer su conciencia ecoregional. Durante la reunión, presidida simbólicamente por una cocina solar, va a surgir la idea de comenzar a tejer una red que, por un lado, sirva de nexo de las iniciativas que ya funcionaban en la zona y, por otro, propicie la puesta en marcha de cinco proyectos interrelacionados.

Esta red emergente se define como un “movimiento social para el intercambio de productos y servicios y para la potenciación de la ecología y la creatividad de las personas”. Y sus cinco proyectos son estos: la creación de una cooperativa de consumo que potencie los productos locales; la comercialización de estos productos a través de una red exterior de distribución que incluye la venta on-line; la creación de una red de Internet libre y sin hilos; la creación de una red de ecología y educación que colabore en la defensa del espacio natural del Montseny y, finalmente, la creación del ecoseny, una moneda social que propicie el funcionamiento de una red local de intercambio.

La energía siempre circula

El ecoseny comenzó a circular en forma de billete en la primera Feria de Intercambio que se celebró en la Costa del Montseny, una de las poblaciones más pequeñas de la zona, el pasado domingo 22 de marzo. La idea de introducir una moneda alternativa se debe a Dídac Sánchez-Costa, un sociólogo con una experiencia dilatada, adquirida en Chile, la Argentina y el Brasil: tres países en los que el fenómeno de las monedas paralelas adquirió un gran relieve a partir de 1995.

Actualmente, en muchos los lugares del mundo se han iniciado experiencias similares basadas en el intercambio multirecíproco. Y es que, a diferencia del trueque clásico, el uso de monedas locales permite establecer intercambios simultáneos entre distintas personas y con distintas escalas de valor. La diferencia esencial entre las monedas alternativas y el dinero oficial es que con las primeras no se puede especular y, por tanto, no tiene sentido acumularlas.

Por eso -como observa Dídac Sánchez-Costa- las monedas paralelas se convierten en una buena manera de conseguir que la energía positiva siempre circule en el espacio social. Y es que, en primer lugar, contribuyen a restablecer el sentimiento de comunidad al mismo tiempo que cuestionan la cruda mercantilización de las relaciones sociales desde su ámbito más genuino, que no es otro que el de la vida cotidiana.

La vinculación directa con la ecología y el principio de sostenibilidad de este proyecto comunitario, que tratará de extenderse a toda la ecoregión del Montseny a través de la labor pedagógica de la xarxa y la celebración de eventos locales, toma fuerza y actualidad por su relación con los propósitos de movimientos como el Decrecimiento o Transition Towns.

“Transition Towns”

Éste último movimiento ha tomado fuerza en los últimos años en el Reino Unido a través de pueblos y ciudades que, desde la iniciativa ciudadana e incluso municipal, han comenzado un proceso de transición hacia formas de vida más sostenibles que, entre otros propósitos, incluyen: la disminución de la huella ecológica, el descenso energético y el uso de energías alternativas o la relocalización fomentando una economía de proximidad. Pequeñas ciudades como Totnes, Lewes o Brixton ya tienen su moneda local. Quién sabe, pues, si la nueva red ecoregional y el recién estrenado ecoseny son el inicio de un movimiento similar en Catalunya.

Artículo publicado por Alfonso López Rojo en el semanario Directa, nº 132, marzo de 2009, pág. 25

http://ecoseny.blogspot.com/

Eduardo Galeano: 'Las venas abiertas de América Latina'



La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta. Pasaron los siglos y América Latina perfeccionó sus funciones.

Este ya no es el reino de las maravillas donde la realidad derrota a la fábula y la imaginación era humillada por los trofeos de la conquista, los yacimientos de oro y las montañas de plata. Pero la región sigue trabajando de sirvienta. Continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas, como fuente de reservas del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan consumiéndolos, mucho más de lo que América Latina gana produciéndolos. Por el camino hasta perdimos el derecho de llamarnos americanos, aunque los haitianos y los cubanos ya habían asomado a la historia, como pueblos nuevos, un siglo antes que los peregrinos del Mayflower se establecieran en las costas de Plymouth. Ahora América es, para el mundo, nada más que los Estados Unidos: nosotros habitamos, a lo sumo, una sub América, una América de segunda clase, de nebulosa identificación.

Es América Latina, la región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos. El modo de producción y la estructura de clases de cada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo.

A cada cual se le ha asignado una función, siempre en beneficio del desarrollo de la metrópoli extranjera de turno, y se ha hecho infinita la cadena de las dependencias sucesivas, que tiene mucho más de dos eslabones, y que por cierto también comprende, dentro de América Latina, la opresión de los países pequeños por sus vecinos mayores y, fronteras adentro de cada país, la explotación que las grandes ciudades y los puertos ejercen sobre sus fuentes internas de víveres y mano de obra. (Hace cuatro siglos, ya habían nacido dieciséis de las veinte ciudades latinoamericanas más pobladas de la actualidad).

Para quienes conciben la historia como una competencia, el atraso y la miseria de América Latina no son otra cosa que el resultado de su fracaso. Perdimos; otros ganaron. Pero ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos: la historia del subdesarrollo de América Latina integra, como se ha dicho, la historia del desarrollo del capitalismo mundial. Nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus caporales nativos. En la alquimia colonial y neocolonial, el oro se transfigura en chatarra, y los alimentos se convirtieron en veneno.

Extracto de la introducción del libro 'Las venas abiertas de América Latina' de Eduardo Galeano. 1971 (corregido en 1979).

Hacia el decrecimiento o hacia el colapso


Juan Pérez

Ya en el año 1972, los resultados del informe del Club de Roma sostenían como tesis principal que “en un planeta limitado, no es posible un continuo crecimiento”. Partiendo de esta sencilla verdad, partiendo de la crisis ecológica, del fracaso del desarrollo del Sur y del fracaso del desarrollo absurdo del Norte, muchos intelectuales, entre los cuales Georgescu-Roegen, Ivan Illich, Cornelius Castoriadis, Bonaiuti, Sneider, Serge Latouche, Giorgio Mosangini han empezado a reflexionar sobre la hipótesis de la construcción de una sociedad en crecimiento o decrecimiento, como un camino para salir del modelo económico actual y romper con la lógica del crecimiento continuo.

Esta tesis se estructura sobre unas conclusiones tan sencillas como obvia, o sea que, “la humanidad al igual que cualquier forma de vida, se enfrenta a una dependencia absoluta de energía y materia que se degradan irrevocablemente”. El modelo dominante de crecimiento del Norte, afortunadamente en crisis, sustentado en el desgaste continuo de energía y de materia finita e irrecuperable, es el camino más corto para llegar al colapso total y al agotamiento de los recursos del planeta. Con estas premisas nos preguntamos: “¿Será cierto que el crecimiento (aumento del PIB) será la única salida a esta crisis y por ende a la crisis del crecimiento económico?”

En este último período estoy leyendo y escuchando muchos análisis económicos sobre la crisis actual. Sea los economistas neoliberalistas como muchos economistas de izquierda, parten del supuesto que hay que aumentar el crecimiento económico, con la única diferencia que el segundo grupo hace un poco más de énfasis sobre la necesidad de un crecimiento económico con justicia social. Esta manera de posicionarse me parece que refleja un enfoque muy limitado y productivista. Según los economistas tradicionales mientras el PIB aumenta, un país está mejor, pero se olvidan estos economistas, de aclarar que el PIB (índice puramente cuantitativo y macroeconómico) no es otra cosa que la medida de la “riqueza de un país en términos típicamente mercantilistas y monetarios. No se preguntan si este aumento del PIB contribuya efectivamente al bienestar de las personas y de la colectividad. Le pongo dos ejemplos muy sencillos.

Si se lograra desarrollar un programa de economía familiar campesina, gracias al cual todas las familias campesinas puedan producir también bienes de autoconsumo, cuales carne, huevos, verdura, maíz, frijoles, frutas, introduciendo posiblemente la agroecología, estas familias campesinas estarían aportando muy poco al aumento del Producto Interno Bruto, en cuanto a este tipo de producción de bienes no es intercambiada por dinero, pero estas familias estarían aumentando considerablemente su calidad de vida.

Otro ejemplo todavía más sencillo. Si se lograra disminuir en Nicaragua la venta y el consumo del alcohol con la relativa reducción de muchos accidentes relacionados con esta adicción, se contribuiría a disminuir el Producto Interno Bruto, pero se aumentaría la calidad de vida de muchas personas. Estos pequeños y sencillos ejemplos demuestran que la categoría del aumento del Producto Interno Bruto es una categoría muy relativa y deformante para definir el desarrollo real de la economía del país y del bienestar económico de su población. Es por eso que continuaremos a insistir que el enfoque dominante del crecimiento económico, de esta religión de las tasas de crecimiento, religión sea de la derecha como de muchas izquierdas, nos está llevando a un callejón sin salida, al abismo y al colapso. La única diferencia es que muchos economistas de izquierda se deleitan haciendo más énfasis en un crecimiento económico sostenible; este enfoque tiene la triste ventaja que nos llevará al colapso de manera más lenta que las teorías de los neoliberalistas. Crecimiento, crecimiento, crecimiento, es el rosario de esta religión, de esta droga productivista y consumista que tiene la ganancia, el consumismo y la producción de mercancías, que no son bienes, como su único Dios.

Este pensamiento único identifica calidad de vida con un mayor crecimiento, mayor productividad, mayor poder de adquisición, y por ende, mayor consumo. Pocos se han puesto a pensar que crecimiento y sostenibilidad son dos conceptos antagónicos y antónimos. Cuanto más aceleramos el crecimiento económico, más rápido se dará el agotamiento de los recursos naturales y por ende más rápido se dará el colapso del planeta, con humanidad incluida. Gandhi se preguntaba con mucha sabiduría: “Inglaterra ha utilizado un cuarto de los recursos del planeta para llegar a su actual estadio de desarrollo… ¿Cuántos recursos necesitará la India para llegar al mismo desarrollo?.

Frente a este panorama futuro sin salida, el concepto del decrecimiento no es un opcional sino una necesidad. El decrecimiento no es una teoría estructurada, no es una receta preconstituida, no es un programa cerrado, pero es un posible camino para repensar y reformular “otra economía”. Para el decrecimiento lo importante es empezar a disminuir el consumo de materia prima y el consumo de energía y empezar a construir una economía que produzca bienes en función de las necesidades de las personas y no mercancías de todo tipo en función de la mercantilización de las personas y de la naturaleza. En la lógica del decrecimiento disminuye el PIB, pero aumenta la calidad de vida de las personas y se conserva el planeta para las futuras generaciones.

Este planteamiento precisa de una nueva visión política, no técnica, que ayude la sociedad a una transformación cultural y de conciencia. Las grandes interrogantes como: ¿qué hay que producir, para qué, cómo producir, por qué producir, no pueden estar sujetas a la visión economicista y monetaria del pensamiento único dominante. Nadie tiene la solución inmediata, pero es un proceso y los posibles caminos de esta “otra economía” pasan por estrategias nuevas y diversas, cuales una economía social y solidaria, la producción sustentable a escala local, la agricultura agroecológica, la soberanía alimentaria, un consumo responsable, un comercio equo y solidario, la autoproducción de bienes y servicios, la inversión en bienes fundamentales como la casa, los hospitales, caminos de penetración para el campo, medios de locomoción eficaces y públicos, una fuerte inversión en la educación y salud, la austeridad, una vida sobria, etcétera.

En mi artículo anterior “hacia un nuevo modelo de economía mundial” sostenía que Nicaragua, como otros países del Sur, pueden convertir esta crisis en una oportunidad única para “repensar” otro modelo de desarrollo. Los países del Norte actualmente en “desbandada” por el miedo y la perspectiva de no poder continuar con su consumismo irracional, consumismo aun subsidiado por los países del Sur, están buscando una salida a la crisis con las mismas recetas “economicistas” de siempre, con la novedad coyuntural de una presencia más eficaz del Estado.

Ojalá que los países del Sur no caigan en la trampa de enfrentar esta crisis con las mismas políticas y recetas del Norte, un modelo de sociedad del crecimiento que ha producido y produce enormes injusticias y está acabando con el planeta y con todos nosotros. Me parece que el momento es propicio para que el Sur rompa con la dependencia económica y cultural del Norte, buscando modelos autónomos que no se inserten en la lógica del crecimiento continuo. Es el momento de empezar un viraje en la construcción de una economía a servicio de toda la humanidad, porque tenemos que aprender “a vivir y a producir de otra manera para vivir mejor todos y todas”. Es obvio que hay que repensar radicalmente todo el sistema sin basarse sobre una escala de valores cuantitativos si no reconceptualizando la economía dentro de la esfera del social, buscando nuevas formas de organización social y económica. Este enfoque presupone una verdadera revolución cultural que permita sustituir los valores dominantes, cuales egoísmo, competición, consumismo ilimitado, globalización desenfrenada del mercado, por valores como altruismo, cooperación, importancia de la vida social, economía local, etcétera.

Quisiera terminar con esta cita: “un hombre sabio dijo una vez que es inmoral todo lo que es innecesario. Si es así, nuestra entera civilización, de principio a fin, está erguida sobre la inmoralidad”.

Artículo 'Hacia el decrecimiento o hacia el colapaso'. Juan Pérez.

Autocrítica, sana y necesaria

MuchachitoOrdinario - La alternativa ética del decrecimiento


Cuando dejo que mi imaginación fluya sin cortapisas ni condicionamientos, consigo que, al menos en mi volátil mente y apenas durante unos preciosos segundos, se dibuje un universo más colorista y diverso, más solidario y humano, más respetuoso y consciente de que lo que creemos inagotable, los recursos que nos nutren y sustentan con vida, pueden no serlo si no los empleamos de un modo más racional, moderado y distributivo inter e intraespecíficamente.

No me malinterpretéis: no digo que para alcanzar tan loable fin haya que renunciar a todos los avances de nuestra especie, Homo sapiens, tan sólo una más de los cientos, miles, millones de ellas que han poblado y pueblan nuestro planeta (y su esfera habitable) y, sin embargo, la que más sustancialmente ha modificado y transformado su entorno para adaptarlo a sus necesidades, sin prestar atención a los eventuales perjuicios que este hecho pudiera acarrear.

Antes bien, sí que afirmo que hemos de realizar un balance y un cuestionamiento crítico de raíz a fin de dilucidar en qué hemos acertado y en qué hemos fallado. Un sano ejercicio de autocrítica (rara vez aceptada en ámbito alguno) y revisión sosegada de la historia para contextualizar el momento atávico en que nos encontramos y obtener una lección de aquellos aciertos y un aprendizaje necesario de los errores, menores o de bulto, en que pudimos incurrir en el pasado.

Hemos avanzado razonablemente en cuestiones éticas y morales, sabemos qué debe consentirse y que no y una acción, comportamiento o conducta inapropiada o a destiempo, recibe la pronta reprobación de las personas en aras de la convivencialidad. La tecnología ha servido, en no pocas ocasiones, para procurarnos una vida más sencilla y para liberarnos de un tiempo precioso para nosotros mismos, con la finalidad de destinarlo al disfrute del ocio. La cultura, en tanto que manifestación visual y plástica de la creación humana, ha producido sus más bellas obras desde las pinturas rupestres que elogiaban las hazañas de la caza, hasta esa exuberante melodía de soul norteño que resuena en los altavoces de ese club que visitas con regularidad.

Y, sin embargo, hemos debido cometer errores garrafales si más de tres cuartas partes de la población mundial están viviendo en una situación de miseria y desamparo, agasajados por el hambre, las guerras y las epidemias, para que apenas una parte del otro cuarto goce de un posicionamiento de privilegio, con todo lujo de gadgets tecnológicos y recursos dispares a nuestro alcance con apenas apretar un botón. Debemos habernos equivocado optando por un tren de vida determinado si el planeta se muestra enfurecido y nos envía signos inequívocos de impaciencia y agotamiento: la virulencia y frecuencia de los fenómenos climáticos recientes dan buena muestra de ello.

Sé que estos posicionamientos me alinean con naturalistas y humanistas, pero no me incomoda en absoluto. Al contrario, considero que debemos de reevaluar la relación que nos liga a la naturaleza en clave de modestia y reconciliarnos con sus procesos productivos, con sus ritmos pausados, con sus intercambios reposados y continuos de materia, energía e información, reintegrándonos de nuevo en ella (en la medida de nuestras posibilidades, pasito a pasito) y volviendo a valorarla en su justa medida, como la casa (del término griego oikos) que ha sido y que nos gustaría mantener en buenas condiciones. Como casa nuestra que es, al fin y al cabo, por mucho que pretendamos interponer muros de distanciamiento e incomprensión.

Y, de idéntico modo, debemos de abandonar la habitual condescendencia y supremacía con que nos hemos comportado hacia aquellos que, fieles a sus hábitos y costumbres, a su cultura, se han mantenido bien apegados al medio que les proporciona alimento, cobijo y compañía. Desde el occidentalismo al que pertenecemos, jamás se ha realizado un esfuerzo por comprender que no existía una perspectiva única, inequívoca y excluyente de entender la vida. Que ésta adquiere muy diversos significados con sus correspondientes significantes expresivos y culturales.

Debemos, en suma, realizar una lectura consciente, humilde y equitativa de la historia para aprehender (en el sentido de aprender prendiendo un saber útil) más sobre nuestra existencia, sobre nosotros mismos, sobre nuestro comportamiento, sobre las inmensas posibilidades de mejorar sin deteriorar, de construir sin destruir previamente, de respetar sin ofender, de compartir y repartir sin menoscabo de nuestros semejantes y del resto de habitantes de la biosfera.

Con respecto a la frugalidad feliz

Entropía en español - Revista de estudios teóricos y políticos sobre el decrecimiento

François Brune

DLa sociedad de consumo, intrínsecamente vinculada a la ideología del “crecimiento” (económico), nos ofrece a través del sistema publicitario un modelo de felicidad al cual, para nuestra mayor alegría, deberíamos conformarnos todos. Este modelo presenta una serie de características, , cuyo efecto es producir a gran escala lo contrario de lo que promete : es decir, una verdadera desdicha patente que encubre un hedonismo de pacotilla. Frente a la “sociedad de decrecimiento”por la que abogamos, y que prefiero llamar “sociedad de frugalidad”- [1] , algunos se preguntan y nos preguntan qué tipo de embriaguez se puede encontrar en esta frugalidad que espanta… Estos son algunos elementos de respuestas : Antes de plantearse la cuestión de cómo la sociedad de frugalidad podrá ser feliz y equitativa, es necesario constatar en primer lugar que fuera de la frugalidad (es decir, la división de los bienes y la sobriedad del método de vida), ni hay equidad, ni verdadera felicidad colectiva. Aunque los recursos naturales fueran ilimitados, aunque para su confort cada uno de entre nosotros dispusiera de quince planetas cada año, la sociedad de consumo permanecería para sus miembros deshumanizadora y condenable, fuente de frustraciones, de sofocamiento y de no sentido. Y esto, simplemente porque es una sociedad unidimensional, en la cual el individuo se dobla bajo el peso de sus múltiples obesidades. Por esta opinión, la revelación súbita de los límites del planeta Tierra, que se trate de las energías fósiles o recursos mineros, es una muy buena noticia, puesto que nos obliga en adelante a cambiar de vía. La opresión de la abundancia, finalidad de la economía de mercado, es en efecto la actual plaga del hombre moderno (occidental), que se observa por una parte por las necesidades de la producción (explotación así como desempleo competitividad encarnizada saqueo y mercatización de todas las cosas y de todos los seres) o que se examina por los imperativos del consumo (bulimias de todo tipo, de lo material a lo simbólico ; enajenación a la inmediación y al movimiento sin sentido ; fatuidad de los afortunados y miseria de los frustrados ; mimetismo generalizado que no excluye otra cara de la competitividad que reina, la de la exposición a través de señales idénticas consumistas). La persona humana no puede ser libre (y en consecuencia capaz de felicidad) sino huyendo de tal sistema..

Lo más trágicamente cómico, en este cuadro de “nuestro” tiempo, es que su ideología global (que exuda sin tregua el discurso de información) es hacernos creer que el “Crecimiento” es nuestro crecimiento. Nos persuaden de que nuestro método de vida deriva de la evolución natural de las cosas, y que la lógica mortífera del consumo es la vía obligada de nuestra expansión. Nos mueven a interiorizar el desarrollo de nuestro propio ser plasmado en el modelo (miniaturizado) de este crecimiento alegado noche y día, de modo que la palabra “decrecimiento” dé miedo como la muerte misma. Lo que confirma por otra parte que todo el discurso del crecimiento es a su manera una conspiración de este destino mortal que el hombre de nuestro tiempo no sabe encarar. Conspiración bien ridícula, que no cambia nada a una sociedad codiciosa de antidepresores, a pesar de las sempiternas “reactivaciones del deseo” de los publicitarios y otros charlatanes de la información. En comparación con esta sociedad unidimensional, es pues un método de vida radicalmente diferente el que es necesario imaginar o redescubrir (ya que no se construye nada a partir de nada, y hay que inspirarse en modelos antiguos si es necesario), que se la llame “sociedad de decrecimiento” o “sociedad de frugalidad”. No me gusta la expresión “sociedad de decrecimiento”, que parece hacer del “decrecimiento” un final en sí, y no un medio ; siempre he preferido la palabra “decrecimiento” (incluso antes de que Serge Latouche haya hablado - muy pertinentemente de a-crecimiento)- [2] En cualquier caso, no podrá improvisarse : deberá organizarse, pensado como sistema, sin embargo, sin ser una finalidad en sí. Para mí, la palabra frugalidad menciona precisamente determinado bienestar económico, que debe esencialmente buscarse como condición de otra cosa, la existencia plena y completa de los seres humanos, el medio de vivir otras dimensiones sin la obsesión de lo económico en sí.

En la perspectiva de una sociedad que devuelve al ser humano su pluri-dimensionalidad, la primera felicidad está en el des-acondicionamiento de nuestro imaginario. ¡Sentirse liberado de tantas falsas necesidades, es lo que alegra el corazón del hombre frugal ! El imperativo del rendimiento que le devora su tiempo dedicado a ganar dinero y encuentra el tiempo de vivir, la elección del tiempo contra el horario (impuesto por el imaginario utilitarista). Opera en su existencia la gran venganza de lo cualitativo sobre lo cuantitativo. Menos consumos (plurales), aún más contemplación (poética ?). Menos contactos (sociales), aún más relaciónes (personales). Menos bienes, más vínculos, como lo dije. Es también la venganza del Sentido sobre el Crecimiento. La imagen de una felicidad vinculada con un crecimiento material indefinido, y que “crece” con ella (qué bonito desfile contra la Muerte !), imagen contradicha cada día por los riesgos de la vida y la certeza de nuestra mortalidad, hecho que pone en el centro la cuestión del Sentido. La meditación de Hamlet reza : ¿ser o no ser, cuál es pues el Sentido ? ¿Esta meditación es serena o trágica ? ¡Esto no es la cuestión ! Lo que importa, es que cada ciudadano tenga el honor de reflexionar sobre el sentido y el de su comunidad, sin “ser divertido” por el discurso ambiente o por engaños colectivos. Vívase lo que se viva, postulo que es el “sentido” el que hace la autenticidad de lo que se vive. Y que esta autenticidad es entonces “felicidad”, tanto como puede serlo, incluso en lo que hay de doloroso en la existencia. La alegría del “sacrificio” (hablo de la abnegación del militante) viene del sentido de lo que hace, al servicio de su causa. La “alegría” del trabajo es preparar la felicidad colectiva de la cosecha. Si el vino alegra el corazón del hombre, es también debido a los cuidados exigidos por la vid y al trabajo requerido por las vendimias. Estamos en un mundo donde se quiere lo “festivo” en sí, des-contextualizado del compromiso individual y colectivo de los hombres, de la obra o la lucha humana, y se consigue ilusiones de placer sobre fondo de existencias vacías, una búsqueda de conmemoraciones huecas o pseudo acontecimientos necesarios para nuestra agitación, sin hablar de estos mercadillos que parecen conviviales por la euforia de las rebajas…

La vuelta a la pluridimensionnalidad (a todas las dimensiones del ser irreductibles al consumo) está necesariamente vinculada a la rehabilitación del pasado vivo, este humanismo tan rico y tan profundo que nos transmite nuestra herencia cultural judeo (cristiana y grecolatina). Nuestra libertad, es en primer lugar, poder construirnos a partir de la identidad que produjo en nosotros la civilización que nos produjo. No se intercambia nada cuando se está sin arraigo. No sirve para nada innovar, cuando se ignora el pasado a partir del cual la propia innovación toma sentido. No se existe de verdad, a nivel de convivencia, si no se cultivan los valores de la interioridad. Manejar perfectamente las herramientas de comunicación modernas, no es comunicar si no se tiene realmente nada que decir. Liberada de las opresiones del consumo y la comunicación-exposición que prevalece ruidosamente en torno a nosotros, los ciudadanos de una sociedad de frugalidad podrán por fin encontrar la doble capacidad de decir algo de sí, y de saber escuchar en sí, todos estos otros que comparten la misma condición humana.

François Brune Entropia N°1 "décroissance et politique"Ed. Parangon Traducción . Yannick-Hélène de la Fuente-Espi -
P.-S.

Publicado en francés por François Brune para Entropia N°1

[1] 1/ Véase. mi intervención “para una sociedad de frugalidad”, hecha para el Coloquio de Lyon en sept. de 2003, que he reanudado en mi libro de la ideología hoy (Parangón, 2004).

[2] 2/ el “decrecimiento” es una condición a la vez (necesaria pero no suficiente) de otra sociedad por fin sobria y convivial, y también una consecuencia del nuevo método de vida que prepara (menos derroches, relocalización de la economía, etc).

Carta pública de Enric Duran desde la prisión

Defender mi libertad es defender el debate libre y serio sobre qué modelo de sociedad queremos.

La fiscal, representando a 19 de los 39 bancos y entidades financieras a las que expropié, me ha llevado a la prisión preventiva argumentando que "los hechos son graves" y que "existe riesgo de fuga".

Los bancos se atreven a calificar mi acción como grave cuando es su creación de dinero sin base real y su alocada especulación financiera la que ha supuesto:

* Que hayan necesitado préstamos con dinero público por una cantidad 100.000 veces más grande que la que se me reclama.

* Que, como producto de este sistema financiero, los últimos años hayan sido los de mayor destrucción de ecosistemas y mayor agotamiento de recursos fósiles y minerales. Una destrucción creciente a la que nos condena un sistema que necesita crecer para funcionar, expoliar la naturaleza cada vez más, para mantenerse.

* Que el paro haya llegado al 17% de la población y continúa subiendo.

* Que millones de personas estén perdiendo propiedades y cerrando negocios al no poder afrontar sus deudas, quedando condenadas a la morosidad de por vida.

Lo que he hecho yo junto con los miles de personas y grupos que hemos colaborado en las publicaciones CRISIS del 17-S y PODEMOS VIVIR SIN CAPITALISMO de este 17-M ha sido generar el debate social necesario sobre el modelo de sociedad que queremos, en un momento de crisis estructural que es la mejor oportunidad que tenemos para cambiar el rumbo antes de que sea demasiado tarde.

Grave es pues, la situación a la que nos ha llevado la banca como punta de lanza de un sistema caduco, que navega camino del barranco. Mi acción sólo ha sido una manera de ponerlo sobre la mesa, una acción, recordemos, que los mismos bancos que ahora me acusan le restaban importancia o desmentían en septiembre cuando la hicimos pública y creían que era posible silenciarnos.

Por otro lado en relación al supuesto riesgo de fuga hay que hacer memoria:

¿Cómo se enteraron de mi acción?
Porque yo la hice pública.

¿Como me han podido detener?
Porque yo he comparecido públicamente en una rueda de prensa en la UB, en el mismo lugar donde al día siguiente me llevaron, horas después de conseguir una orden de detención.

Por lo tanto no me evadí de la justicia, pues entre la orden y la detención efectuada van unas pocas horas.

¿Riesgo de fuga? El de los bancos que quieren huir de estudio, para rehuir nuestro dedo que los señala como problema.

La razón verdadera de mi encarcelamiento preventivo no es otra que el peligro que representa para el poder financiero y político, mi presencia publica con un discurso más fuerte, claro y contundente de lo que pueden asumir. El mismo discurso que el de la publicación PODEMOS VIVIR SIN CAPITALISMO que está generando un gran debate social estos días.

La mía es una voz de muchas, pero es una voz que simboliza ahora mismo la insumisión a los bancos, el crecimiento y el conjunto del sistema actual en crisis. Una insumisión que deja en evidencia la actitud sumisa de la clase política. Por eso se me han encarcelado, por eso defender mi libertad inmediata es defender la libre expresión y el libre debate en relación al modelo de sociedad que queremos, que solucione la crisis sistémica actual.

Porque cada vez más personas y más diversas pensamos que podemos vivir mejor sin capitalismo, y que podemos ser ahora y aquí el cambio que queremos!

ENRIC DURAN

20/03/09