Sexualidad, género y patriarcado


Argy

La Naturaleza se ha construido durante millones de años de autorregulación con el medio ambiente mediante mutaciones azarosas de ensayo/error, encontrando un equilibrio entre las formas de vida; Podemos mirar la sabiduría de la naturaleza como una expresión de formas que se reproducen y perpetúan a través de la expansión del placer y la colaboración.

En este contexto la sexualidad es una consecuencia de la naturaleza, esto es: la vida misma. Las especies se perpetúan, entonces, mediante la acción sexual, mediante el placer.

La reproducción es una consecuencia que la naturaleza dispone como parte de la acción sexual humana, y de cualquier animal. La especie humana cuenta con un sistema reproductor binario (binarismo sexual); esto es, un sistema reproductor masculino, y un sistema reproductor femenino diseñados para trabajar conjuntamente y con placer.

Los seres humanos evolucionan socioculturalmente a partir de las predisposiciones naturales, y son como son, a raíz de ellas. La naturaleza no es opuesta a la cultura sino que ésta, se enmarca dentro de ella.

Así la sexualidad humana es natural, esto es, la capacidad que tenemos mujeres y hombres para relacionarnos y sentir placer, pero la decisión de vincular a cada sexo un género es arbitraria. Subrayaremos la diferencia entre género y sexo.

Debemos de reivindicar la sexualidad natural, esto es el ciclo de menstruación que todas las personas con útero y ovarios tienen, el ciclo de reproducción que se manifiesta con la vinculación de dependencia criatura-madre biológicamente necesaria para la subsistencia que pasa por el imprinting(*), el calostro, el deseo mutuo, de lactancia, y la necesidad mutua de recibir/dar protección respectivamente.

El género (el comportamiento de cada persona en función del sexo que la sociedad le asigna) es cultural, por ello debemos defender que cada cual puede y debe vivir la sexualidad como le plazca.

La feminidad no es parir, este no es un requisito para ser mujer ni para tener una sexualidad plena. De hecho, no existe un "instinto de reproducción", sino un instinto de búsqueda del placer y expansión del mismo. La reproducción solo es una consecuencia ocasional de ello.

Lo que se entiende por masculinidad es un género más, que enmascara en la sexualidad masculina el falocentrismo, un ideal a alcanzar en nuestra sociedad occidental que debe ser deconstruido.

El control, represión y suplantación de la sexualidad humana se ejerció para dominar la prole (la reproducción), por eso aparecen los maridos (que poseían a la mujer) y los padres (que poseen su fruto). Y el hecho de que la mujer haya sido la gran víctima visible del patriarcado (que no la única, pero ¿quien habla por las criaturas imbecilizadas y quien alza la voz desde el lado del opresor?) no ha sido casual, sino porque ella es quien pare y, al ejercer el vínculo sexual natural con sus criaturas, quien engendra personas poco dotadas para la dominación y la opresión, y excesivamente dotadas para la autorregulación y la ayuda mutua.

El patriarcado ha reducido la sexualidad a la reproducción, pero si aceptamos que el patriarcado ha reprimido la sexualidad y negamos la vinculación original entre sexualidad o reproducción solo nos queda pensar que el patriarcado quería reprimir la sexualidad en sí, y creo que no es lo que la historia nos demuestra en tiempos pasados donde la sutilidad no se estilaba y a las mujeres se les arrebataba el fruto de su vientre de manera literal

El matrimonio encarnado en la monogamia heterosexual y, en consecuencia, la paternidad, es cultural porque sus orígenes nos muestran una verdadera operación de compraventa de mujeres y secuestro de criaturas. El patriarcado en su más pura esencia.

(*)El imprinting es el período de transición entre la gestación intrauterina y la gestación extrauterina

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