La solución: el decrecimiento económico



¿Nueva línea ecologista? La energía que usamos depende en un 35% del petróleo, un 24% del carbón y un 22% del gas. Todos sabemos que son energías no renovables; que afectan al ecosistema de forma grave y ha precipitado cambios climáticos de consecuencias impredecibles. Nicholas Georgescu-Roegen es uno de los pioneros del decrecimiento.

Hablemos de bioeconomía: Roegen habla de que la energía interna, al someterla al calor, se transforma en parte en energía disipada que resulta inutilizable e irreciclable.

La nueva ley de la termodinámica, pues, que propone Roegen, indica que la energía y la materia ni se crea ni se destruye: se degrada sin interrupción e irreversiblemente.

¿La consecuencia para la humanidad? Nos suena a algo ya oído otras veces: dependencia de energía y materia que se degradan irrevocablemente.

Según Georgescu-Roegen: tenemos que reducir drásticamente nuestro consumo de energía y de materia hasta respetar los límites de la biosfera. Los que hablan del reciclaje tienen su réplica: “No existe un reciclaje gratuito, así como tampoco existe industria sin residuos”. El reciclaje requiere el uso de energía y produce efectos de contaminación, lo que la hace menos eficiente de lo que se piensa. Veamos un ejemplo con las bolsas de plástico.

a) Si se baja el precio del petróleo, su reciclaje se hace más caro: por eso sólo se recicla un porcentaje de bolsas.

b) ¿Bolsas bio-degradables? Requieren grandes explanadas de maíz, que suelen ser robadas a los bosques; y al aumentar la demanda, sube el precio, cuando el maíz es fuente casi única de alimentación en muchos países.

c) ¿De papel? Tienen un triple impacto: importante destrucción de sumideros ecológicos de CO2 -árboles;- aumento del efecto invernadero; aumento de la contaminación de los ríos -químicos tóxicos de la fabricación del papel-. Su fabricación, además, requiere cuatro veces más energía de transporte, porque pesan más que las de plástico.

Mauro Bonaiuti: “Toda actividad económica tiene como resultado un déficit y además el propio proceso de reciclaje provoca en sí mismo una nueva contaminación”. (Bioeconomía, Bollati Boringhieri, Torino, 2003)

El crecimiento sostenible, además, es una entelequia lo suficientemente opaca para que los gobiernos del mundo oculten sus atrocidades ecológicas y energéticas. Si hay desierto, podemos llevar agua; podemos tratar las aguas contaminadas… pero para todo esto se necesita energía.

Cuanto más crecemos más aceleramos la crisis ecológica. Por eso debemos tender hacia el decrecimiento. Deshacerse del prejuicio de que si no eres un consumidor nato eres anómalo.

¿Y tú, qué piensas? ¿Crees en los modelos que hablan los políticos de desarrollo sostenible? ¿Podemos crecer indefinidamente con reciclaje y medidas sostenibles?

Fuente: Le monde diplomatique, Octubre, 2009.

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