Viaje por la galaxia decreciente


Por Fabrice Flipo 

Traducción Yannick de la Fuente y Christiane Follin en Entropia La Revue

El decrecimiento :

El término llama la atención, provoca interrogacciones y toma desprevenida a mucha gente.


Proponemos trazar aquí un pequeño panorama descriptivo, antes de entrar en el detalle de la problemática al orden del día. El decrecimiento gana en audiencia entre la izquierda. Este término, utilizado por J. Grinevald para traducir el título de la obra de Nicholas Georgescu-Roegen, cuyo título original era The Entropy Law and the Economic Process, sólo se conocía en grupos de expertos cuando la publicación : La décroissance( El decrecimiento), nacida en marzo del 2004, ha reactivado este concepto en el espacio público. El períodico tira 45 000 ejemplares, de los cuales se venden 25 000.

Se consagran varios sitios web al decrecimiento. Decroissance.info es un sitio autogestionado por grupos locales. Decroissance.net es el sitio oficial del Instituto de estudios económicos y sociales para el decrecimiento sostenible, de tendencia idéntica a la del períodico La Décroissance. La decroissance.net es el sitio del períodico La Décroissance. “Marchas para el decrecimiento” se realiazaron en distintos lugares (de Lyon a Magny-Cours en junio de 2005, en Loire-Atlantique, en el Nord-Pas-de-Calais y en Charente-Maritime) y otras están en proyecto.

El decrecimiento tiene incluso su partido : el Partido para el decrecimiento (PPLD), nacido en Dijon el 8 de abril. Llama “a un decrecimiento basado en la equidad, la viabilidad y los valores humanistas, democráticos, republicanos, no violentos, defensores de los derechos humanos y que combaten todas las formas de discriminación y totalitarismo”. Numerosos pequeños Diarios apoyan esta idea de decrecimiento : "L’âge de faire", "Silence "etc… El decrecimiento circula de manera confidencial, genera debates que favorecen un reapropriación simbólica de nuestro ambiente. Nicolas Ridoux, ha sintetizado el conjunto de los elementos del decrecimiento en una publicación muy bien hecha. El decrecimiento no se limita a la prensa confidencial. La edición del 25 de marzo de Le Monde(EL Mundo) 2, suplemento del diario Le Monde, puso en portada el decrecimiento. Se dedicaron varios artículos a este tema en Le Monde. Se pueden encontrar informes sobre el tema en lugares tan improbables como TAV Revista.

El movimiento es profundo y todo hace pensar que va ganando audiencia. Ha comenzado a afectar los grandes partidos políticos. Yves Cochet ha llevado esta idea entre los Verdes, pero no ganó la investidura para la presidencial. La moción “Utopia”, llevada por Frank Pupunat, es la primera en haber puesto en entredicho la religión del crecimiento en el PS. Obtuvo el 1,05% de los votos en el congreso de Le Mans en noviembre del 2005.  

La revista Entropia fue lanzada en noviembre de 2006 en presencia de unas cincuenta personas en la Asamblea Nacional para ayudar a dar una consistencia teórica a la idea de decrecimiento. El Comité de redacción está formado por Juan-Paul Besset , J. - C. Besson -Girard, François Brune , Alain Gras, Serge Latouche y Agnès Sinai. La revista se presenta como “revista de estudio teórico y político del decrecimiento” : “Entropia se inscribe en la larga tradición del estudio de ideas y compromiso, lugar de expresión privilegiado de un pensamiento colectivo naciente que se elabora con el paso del tiempo. Un pensamiento sobre la cresta de las interrogaciones fundamentales de nuestro tiempo, para la amplificación de la toma de conciencia de una situación de la condición humana sin precedentes, para el enriquecimiento del imaginario, teórico, poético y político del postdesarrollo”.

El título de la revista, no hace referencia a la entropía en sentido físico, este concepto puesto de nuevo al gusto del día en economía por Nicholas Georgescu-Roegen, sino al griego “entropè”, acción de darse la vuelta, observar en sí con el fin de contemplar el camino recorrido y tomar el tiempo de preguntarse si no sería mejor cambiar de rumbo. _ Para Entropia, “todo pensamiento que rechaza su autocrítica no es un pensamiento, sino una creencia. Deja el terreno solar de la lucidez para los espejimos de la esperanza. Desde más de cincuenta años, " el crecimiento" y " el desarrollo" están incluidos en este estatuto irracional y dogmático. En los años setenta, sin embargo, algunos investigadores heterodoxos de clarividencia agorera (Illich, Georgescu-Roegen, Ellul, Partant, Castoriadis…) se elevaron contra esta dictadura del economismo y sentaron las bases de un pensamiento del decrecimiento. Un pensamiento que molesta.

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Desde hace unos años, y singularmente desde el coloquio titulado : " Deshacer el desarrollo, rehacer el mundo" (UNESCO 2002), las publicaciones como Silencio y El Ecologista, el boletín de" La ligne d’horizon, les amis de François Partant" " La Línea del horizonte, los amigos de François Partant" , le hicieron un lugar creciente en sus columnas. El bimestral La Décroissance(El Decrecimiento) contribuye, desde hace tres años, a acentuar su carácter iconoclasta y provocador. Este concepto de decrecimiento trastorna en efecto las señales y las líneas : las señales teóricas y simbólicas de reconocimiento como las líneas de las separaciones políticas tradicionales. Esta situación puede generar descontroles y derivas teóricas y políticas que exigen la mayor vigilancia del pensamiento y las prácticas ». Y de hecho se produjeron descontroles. Textos procedentes de los teóricos del decrecimiento fueron a parar al sitio del Grece, cuyas relaciones con la extrema derecha son públicas y notorias. Lo cual creó la confusión en el seno de los promotores del decrecimiento, algo menos entre los teóricos. El Grece acostumbra en efecto recuperar ideas sin autorización de sus autores, el MAUSS lo había experimentado ya en otro tiempo.
Pero más allá de las falsas polémicas, el trabajo no falta. Las obras abiertas por el decrecimiento son tan numerosas como las maneras de apropiarse este término o de referirse a él. “Palabra-obús” para los unos, como Paul Ariès, sirve para romper las líneas conceptuales desfavorables, que no vislumbran ningún futuro fuera del crecimiento. El decrecimiento puede también elevarse al rango de concepto, en particular en el ámbito económico. El decrecimiento designa también una manera de ser, que se encuentra a veces bajo la palabra de “simplicidad voluntaria”. Los intercambios entre Hervé Kempf , la diputada Nathalie Kosciusko-Morizet y Sylvia Pérez-Vitoria en el programa radial“ Du grain à moudre” en France Culture el 1° de febrero último mostraban el alcance del debate que fue abierto por el decrecimiento. Hervé Kempf puso otra vez el lujo en tela de juicio. Basándose en el economista Thorstein Veblen, emitió la hipótesis de que los comportamientos son movidos por la ostentación más bien que por las necesidades, por eso la difusión del modelo occidental en el mundo es la clave de la crisis ecológica mundial. Los occidentales, deberíamos pues cuanto antes practicar la sobriedad, a comenzar por los más ricos. La diputada, reconociendo al mismo tiempo la urgencia, minimizó la responsabilidad de los ricos. Respaldada por el periodista Brice Couturier, que perdió así su deber de neutralidad, pretendió demostrar que el crecimiento beneficiaba a los más pobres, ya que la fase de crecimiento de las contaminaciones da a continuación el paso a una fase de estabilización luego de reducción de los impactos, mientras que el crecimiento económico beneficiaba a un número creciente de personas. Bien documentado, Hervé Kempf apoyó todas las críticas, no se demostró la inocencia de los ricos, pero tampoco la tendencia de las economías a desmaterializarse o la capacidad del crecimiento para causar una reducción del número de pobres. Como lo recordó Sylvia Pérez-Vitoria, el crecimiento es sobre todo el crecimiento de las desigualdades y de la explotación de la mayoría por una minoría cada vez más rica. El periodista Brice Couturier se irritó, mientras que la Sra. Kosciusko-Morizet confiaba en gran medida en los progresos de la ciencia y la tecnología, aunque llamara de sus deseos un crecimiento más limpio, más “moderado”.
El debate da fe del desconcierto de las élites ante la cuestión ecológica. Los viejos conceptos, que provocaron la crisis global, parecen impotentes. El decrecimiento mete la pata, como el informe del MIT con el Club de Roma lo hizo antes. Mientras que el crecimiento se alega por todas partes como la solución a todos los problemas, del Norte como del Sur, un verdadero sésamo universal, afirma una conclusión escandalosa y con todo perfectamente fundada, a saber por una parte que el crecimiento no tiene futuro puesto que no soluciona el problema ecológico, y por otra parte que no tiene la universalidad que se le presta.
El crecimiento es el resultado de un conjunto de políticas e iniciativas. Hay pocos países, en el mundo, que conocen un conjunto de políticas e iniciativas que producen un crecimiento acompañado de una reducción de desigualdades. Es más bien lo contrario. Y a escala histórica la cosa es aún más manifiesta. Los países que conocieron un fuerte índice de crecimiento desde hace tiempo son los que tienen la impronta ecológica más elevada, poco más o menos. La “desmaterialización del PIB” sólo es aparente, ya que los países más contaminadores deslocalizaron los agentes más destructivos de la cadena de producción que sirve para mantener su nivel de vida. China y Brasil no dejan de recordar que una gran parte de los impactos ecológicos de su país no son más que la consecuencia directa de la demanda gargantuesca de los países occidentales. Y aunque los problemas ecológicos no existieran, la contaminación mental generada por el productivismo, cuyo símbolo supremo es el crecimiento, debería plantear esta cuestión. El decrecimiento designa entonces la “des-economización” de los espíritus, lo que significa retomar con nuevo costo el programa del MAUSS. En efecto estas cuestiones no son enteramente nuevas. Son en mayoría resultantes del movimiento ecologista. Hay que reconocer, no obstante, que “los ecologistas” no consiguieron seducir. Lo intentaron todo : ecología de derecha, de izquierda, ni derecha ni izquierda, ecología asociativa, ecología empresarial. Ni modo, lo que está en juego sigue empeorando y el resto de la sociedad encuentra siempre razones para encerrar los temas ecológicos en un imaginario ecologista - y eso a pesar de los innumerables informes más oficiales los unos que otros.
Catherine Larrère habla de “sociocentrismo” con respecto a esta asombrosa incapacidad de nuestras sociedades para ver otra cosa en la crisis medioambiental que sus propios problemas relacionales. La ecología sería el problema sobre todo de los ecologistas.La prensa, asombrándose del vacío intelectual existente en el ámbito de la ecología, daba prueba tanto de esta realidad tangible como de su propia ignorancia en la materia, ya que los teóricos existen. Nuestras sociedades parecen deber siempre encontrar una razón para no tomar en serio lo que está en juego a niveles ecológicos. “Los ecologistas” fueron demasiado ecologistas, luego demasiado “sociales” cuando se han puesto a tomar en cuenta lo que está en juego a niveles sociales, resumidamente nunca “como tienen que ser”. Es que la ecología sigue molestando, y ante las ideas que molestan, la política del avestruz o incluso el oscurantismo siguen siendo valores seguros. La gama, muy amplia, de los opositores de izquierda al decrecimiento da una idea de la importancia política y teórica de los problemas que este término plantea a nivel conceptual y político. La idea de decrecimiento es insoportable a todos los y todas las que ven en la mediación comercial el vínculo social por excelencia, que nos basemos en el contrato o en la planificación. Para muchos, es la modernidad lo que se cuestiona. Es eso quizá, en efecto. Pero sería necesario profundizar y demostrar que la modernidad así entendida tiene aún algo que aportar al mundo, o más exactamente al planeta. La modernidad demasiado a menudo se enarbola sin más argumento, considerando todo lo que se le opone como reaccionario o oscurantista. La ecología plantea cómo“ya no ser progresista sin volverse reaccionario” como lo dice la hermosa fórmula que títula la obra de Jean-Paul Besset . El decrecimiento desestabiliza a la mayoría de los economistas - y pone en entredicho su prepotencia. Los economistas están ya desde hace tiempo en malos términos con los ecologistas. A partir del momento en que se sale de la mala fe, el interés de estos intercambios es que el decrecimiento resiste bien muy todos los ataques. Las objeciones planteadas son familiares a los ecologistas : el decrecimiento sería relativista (J. - M. Harribey ), sería una “vuelta atrás, una vuelta del oscurantismo, una idealización de la naturaleza y las sociedades “tradicionales”y por supuesto, un chantaje al empleo. _ Las respuestas existen, son sólidas, por esta razón el debate dura. ¿El decrecimiento confunde “desarrollo” y “crecimiento”, como lo sugieren René Passet y muchos otros ? ¿Y si fueran los economistas quienes confunden “bien común” y “desarrollo”, este último no siendo más que una visión reductora, estrechamente económica, del bien común ? Aunque Passet hace hincapié en lo cualitativo, no existe, y con razón, teoría económica de lo cualitativo. ¿Por lo tanto cómo sitúa su contribución al debate ? Eso aún no está claro .
Poner la gestión del bien común entre las manos calculadoras y materialistas de la economía, es garantizar que se permanecerá en la gestión, y que no se se elevará nunca hasta el nivel de los proyectos. Hay generalmente una teleología subyacente a los análisis desarrollistas, por otra parte Passet toma una vez más el ejemplo del niño que crece para explicar la diferencia entre crecimiento y desarrollo. ¿Los países subdesarrollados son los niños ? Algunas actitudes tan paternalistas parecían haber sido relegadas en la basura de la historia. ¿Cómo no ver que esta analogía es un diseño que estructura el desarrollo, un biologismo subyacente que debería denunciarse con el mismo vigor que algunos analistas ponen en desalojar la idea de naturaleza en los discursos ecologistas ? Entre el que denuncia sin tregua el derecho natural y el que recurre al desarrollo, el más naturalista de los dos quizá no es aquél que se cree. Los partidarios del decrecimiento pueden contestarle a René Passet que es él quien se equivoca de adversario, acreditando la tesis naturalista dominante. En efecto, adoptar el término “desarrollo” puede asimilarse a un apoyo a las prácticas que acompañan este término. ¿A partir de tal naturalismo, cómo pensar la apertura sobre el mundo ? ¿Cómo abrir de nuevo nuestro imaginario ? Estas cuestiones, que están en el fundamento de la crítica del decrecimiento, no se toman seriamente, las objeciones no aciertan del todo.
La crítica, sobre este aspecto fue conducida y muy bien que lo fue, por el MAUSS. El discurso económico es un discurso sobre los medios, que apenas dejan lugar a los debates sobre los fines. Así, los economistas bloquean el libre ejercicio de la política. Hacen como si ya tuvieran las respuestas. Hagamos un sondeo : ¿la diferencia entre crecimiento y desarrollo queda perfectamente clara en el espíritu del público ? Apostemos que no. En cualquier caso queda claro que el mundo de la información no hace la diferencia y define uno por el otro. Es querer hacer la diferencia entre ambos lo que desata la “pelea bizantina“, incluso si los expertos están de acuerdo entre ellos para aleccionar al buen pueblo que no entiende nada. Para hacer una diferencia entre desarrollo económico y bien común, el recurso a un término que los diferencie ambos claramente, es necesario.
El decrecimiento no es una doctrina unificada. Vivas tensiones entre el diario La Décroissance(El decrecimiento) y el actual Comité de redacción de Entropia acompañaron la aparición de una revista teórica. La creación del PPLD no reunió todos los votos , y tensiones aparecieron desde el principio en la dirección. Existe un desacuerdo sobre el uso del término “decrecimiento” como consigna o como título de programa político. El “decrecimiento de la impronta ecológica” adoptado por los Verdes no tiene en absoluto el mismo alcance que el decrecimiento a secas, es una elección bien diferente la que se hizo. Otros prefieren el “post desarrollo”, otros quieren evitar los lemas (Sylvia Pérez-Vitoria), otros prefieren el decrecimiento sostenible (Vincent Cheynet y Bruno Clémentin). Más allá de la tormenta que agita los espíritus, pensamos que es posible caracterizar el decrecimiento situándolo a la confluencia de 4 fuentes que se cruzan sin ser inevitablemente competidoras ni incluso convergentes.
La primera es la fuente culturalista. Que se origina en la antropología, llevada por Serge Latouche, reconvertido marxista, su tésis principal es que el homo œconomicus es contingente, dependiente de su representación del mundo y la historia. Si se quiere abrir nuevas perspectivas, es necesario reinventar o redescubrir nuestra naturaleza. Esta tésis se distingue de la tesis marxista que sigue siendo aún hoy en gran medida dependiente del imaginario economista y productivista. El decrecimiento representa un modo de tomar la contraria al desarrollo en cuanto a los “significados imaginarios sociales”, para utilizar el vocabulario de Castoriadis , y así alcanzar la sociedad instituida para hacerla evolucionar, para abrir una apertura, un paso a la sociedad instituyente. Serge Latouche afirma que “el otro mundo posible” está ahí, y es necesario “descolonizar nuestro imaginario”, los significados económicos y desarrollistas para llegar a verlo.
La segunda fuente es democrática, resultante de los análisis de Ivan Illich. Componente principal del enfoque de Vincent Cheynet, se basa en el hundimiento de los vínculos bajo el peso del mercado. Por lo tanto lo que cuenta es revitalizar los vínculos, lo que pasa por una relocalización que no es una vuelta al orden de los viejos tiempos, que como se sabe, no eran tan felices. Esta fuente se liga a la calidad del debate público, y se diferencia así claramente de los análisis marxistas que tienden a hacer de lo simbólico un mero reflejo de las relaciones de producción, aunque la pretensión de una renta máxima admisible muestra que la preocupación de justicia social está presente. La abolición de los privilegios es lo que está en juego principalmente en la democratización de nuestras sociedades que no puede utilizar medios que no sean ellos mismos democráticos sin ir simultáneamente en contra de los principios enunciados. Aquí el decrecimiento es un término utilizado para provocar debates, es una virtud de la “palabra-obús”, lo que revitaliza la pasión necesaria para la existencia de un espacio público. El decrecimiento es también una consecuencia económica lógica de esta revitalización que debe traducirse en un fuerte decrecimiento económico. En efecto, discutir toma tiempo, por eso las relaciones comerciales que se extienden en el espacio sin preocuparse de la existencia de un fuerte espacio público para sostenerlas y controlarlas, deberían verse fuertemente limitadas , cuando no prohibidas por ser consideradas como un comportamiento de “gamberros”.
La tercera fuente es ecologista, se liga a los ecosistemas y al respeto de lo vivo. Para esta tendencia, el decrecimiento es la consecuencia inevitable de toda política ecológica tomada en serio. Reforzar la productividad ecológica en detrimento de la productividad económica conducirá a una reducción de la mecanización que se traducirá en un decrecimiento del PIB. El indicador “impronta ecológica” pone de manifiesto que el mundo utiliza un 125% de las capacidades de renovación de la tierra . El Informe del Milenio sobre los Ecosistemas pone de manifiesto que un 60% de los ecosistemas se deterioran o se utilizan de manera no duradera. Un reciente informe de la FAO indica que si las exacciones siguen intensificándose al ritmo actual, entonces los océanos se agotarán, sin distinción de pescas, en 2048 . La desertización afecta a un tercio de las tierras mundiales, la diversidad biológica doméstica se hundió del 50 al 75%, las especies desaparecen a un ritmo 100 a 1000 veces más rápido que el ritmo preindustrial etc. Todas las señales de degradación rápida y masiva de los ecosistemas están allí. Ahora bien los ecosistemas son todo lo que tendremos cuando los recursos fósiles y agotables hayan desaparecido. Pues de sobra cavamos la deuda ecológica hacia las generaciones futuras. El argumento ecologista no consiste en un argumento contable sino en una nueva relación a la naturaleza, una relación que ya no se basaría en la explotación sino en el respeto y la coevolución. El hombre ha dominado la naturaleza, debe ahora no someterse sino admitir que no es el centro de todo. La ecología ha desarrollado análisis próximos a la corriente anterior en forma “ecología del espíritu”, “ecosofía” , “contrato natural” o también “de ecomunicipalismo” . El decrecimiento es también un decrecimiento de la influencia sobre la naturaleza, que se considera no nos pertenece ….
La última fuente puede decirse “bioeconomista”. Es una fuente antigua, como las demás, pero considera considera que algunos autores vuelven a poner la cuestión al orden del día. Si la ecología es lo vivo, la bioeconomía habla de organización humana teniendo que administrar dificultades como los límites de los ecosistemas “capacidad de carga” y el carácter agotable de algunos recursos. Con el Club de Roma, es Nicholas Georgescu-Roegen quien puede considerarse como un precursor, él que escribía en 1971 que el final de la fase industrial será tanto más rápido cuanto que el nivel de desarrollo económico alcanzado sea elevado. Cada coche producido lo es a costa de los coches futuros, cada arma fabricada es una reja de arado menos.
El decrecimiento es inevitable, es una consecuencia geológica, como lo dice Yves Cochet. Se trata en adelante de administrar la escasez, la economía se convierte en una “gestión normativa bajo dificultad” . Georgescu-Roegen pone de manifiesto, como muchos otros economistas antes de él, que debemos volvernos urgentemente hacia los recursos renovables ya que son los que pueden garantizar el futuro, los demás siendo condenados a agotarse cualesquiera que sean los progresos realizados por la ciencia y la tecnología. Pero los recursos renovables también son limitados, por eso Hermann Daly, uno de los fundadores de Ecological Economics, ha mostrado ya hace mucho tiempo que la viabilidad de la economía releva también de una cuestión de escala, y no sólo de composición . La economía ecológica es básicamente ambigua : ¿se trata de écologizar la economía o de valorar la ecología ? En todos los casos, lo vivo y los ecosistemas se comprenden con un método instrumental. Los límites que se colocan pueden ser técnicos o político-éticos .La ecología puede utilizarse para explotar más rápidamente la naturaleza, como para proteger los recursos.
Los cuatro enfoques conducen de manera relativamente independiente a la conclusión de que el decrecimiento es uno de los elementos inevitables de un futuro mejor. Además, existen tensiones entre estos 4 enfoques, que se encuentran en los intercambios entre partidarios del decrecimiento como entre partidarios y opositores, pero el hecho de que se encuentren en torno a este término es notable y da claras pruebas del carácter central del concepto de “crecimiento”, que desempeña un papel más amplio que la simple definición contable detrás de la cual los contables nacionales se escudan, para mantener su objetividad. Se conoce una buena parte de estos debates de la ecología política : ¿El decrecimiento es de derechas o izquierdas ? ¿Se reduce a la simplicidad voluntaria los “pequeños actos”
Para los expertos, sólo habrá un bis repetita, el decrecimiento siendo obviamente una de las primeras consecuencias cuando se toman la ecología o la salida del economismo seriamente. Con todo el término al menos consiguió parcialmente regenerar un debate que parecía atascado. Es cierto que la actualidad fue favorable . Es en efecto a principios de los años 2000 cuando la cuestión de los cambios climáticos parece por fin tomarse seriamente. El Informe Stern , los informes del GIEC , el Informe del Milenio sobre los Ecosistemas y muchos otros informes demostrado que las cosas empeoran. Aunque sectores no desdeñables de la humanidad conocen una riqueza hasta la fecha no conocida, las desigualdades aumentan y el factor de desigualdades que aumenta a medida que las bases materiales de esta riqueza se desmorronan.
El decrecimiento se ha convertido, en un elemento simbólico inevitable. "Les Echos"(Los Ecos), Diario poco sospechable de imaginación a nivel económico, han hecho del decrecimiento uno de los tres paradigmas económicos susceptibles de sacarnos del “pensamiento único”. La izquierda, en crisis, debería examinar el tema. Se vieron Comités “Désir d’avenir" de Ségolène Royal (Partido socialista francés)que entablaba debates públicos en torno al decrecimiento. ¿Será esto el principio ?

P.-S.


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