Lo queremos todo y lo queremos ahora


"Lo queremos todo, y lo queremos ahora”: el grito de guerra sesentayochista no es una consigna de emancipación sino –me temo- la expresión de un fracaso cultural profundo. Hace pensar en infantilismo; también en drogadicción. Puerilización del mundo: la mercantilizada ‘cultura de la satisfacción’, combinada –en un mundo crecientemente amercanizado- con el mito yanqui de la igualdad de oportunidades bajo un régimen capitalista competitivo, hace creer en la capacidad de cualquiera para alcanzar cualquier cosa, y de forma rápida. Como en la psicología infantil, la incapacidad para diferir la gratificación estrecha el horizonte temporal a la inmediatez del presente.

Drogadicción en sentido amplio; más allá del consumo de estupefacientes nos sumimos en una omnipresente cultura de la droga que incluye todo tipo de propuestas de satisfacción inmediata y evasión ,desde el turismo de masas a la ‘fábrica de sueños’ que es Hollywood, desde los más ubicuos parques temáticos -y la reconstrucción de cada vez más zonas de nuestra experiencia urbana como parques temáticos- a las diversiones por internet.

No podrá emerger una cultura de la sobriedad no represiva, una austeridad liberadora (y laica), sin una transformación profunda de las concepciones vigentes acerca del placer, la utilidad, el progreso, la producción. ¿Qué querría decir ‘transformación profunda’ en este contexto? Manuel Sacristán pensaba que:

‘Todos estos problemas tienen un denominador común que es la transformación de la vida cotidiana y de la consciencia de la vida cotidiana. Un sujeto que no sea opresor de la mujer, ni violento culturalmente, ni destructor de la naturaleza, no nos engañemos, es un individuo que tiene que haber sufrido un cambio importante. Si les parece, para llamarles la atención, aunque sea un poco provocador: tiene que ser un individuo que haya experimentado lo que en las tradiciones religiosas se llamaba una conversión (…) Mientras la gente siga pensando que tener un automóvil es fundamental, esa gente es incapaz de construir una sociedad comunista, una sociedad no opresora, una sociedad pacífica y una sociedad no destructora de la naturaleza.’

Jorge Riechmann. Todo tiene un límite: ecología y transformación social. 2001

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