Majid Rahnema: Sobre la pobreza

Reflexiones sobre la pobreza: entrevista a Majid Rahnema

Su libro es el resultado de una larga investigación política, económica y social sobre el concepto de "pobreza". Es el resultado de una vida entera dedicada a trabajar junto a los pobres y a su pobreza. ¿Cuál es la conclusión más importante de su trabajo?


Una conclusión casi unánime a la que han llegado los historiadores de la pobreza es que este concepto es demasiado relativo, general y específico a una cultura para que tenga una acepción a nivel universal. Por tanto es imposible e inútil tener una conversación seria sobre el tema si primero no nos ponemos de acuerdo sobre el significado del término. Por eso dedico tres capítulos de mi libro a este asunto. Históricamente se han dado cientos de significados a distintas formas de precariedad, pobreza y privaciones, y la misma palabra puede significar muchas cosas diferentes o encontradas. Me pareció necesario, por tanto, revisar la historia o, mejor, la arqueología de la palabra. El ejercicio me llevó entonces, primero, a reconocer al menos tres categorías distintas de la pobreza como tal y, segundo, a ver con claridad la irrelevancia y el peligro de confundir la pobreza con la indigencia o la miseria. Hoy me doy cuenta, más que nunca, que habría que evitar esta confusión no sólo por razones semánticas y epistemológicas, sino también por su uso en asuntos de política y sus consecuencias dañinas para la vida de los pobres.

Otra importante sugerencia de su libro, basada en su propia experiencia, es que en el pasado, ser pobre no era una "cosa mala", como hoy estamos acostumbrados a pensar.

A mi entender la pobreza puede ser observada y estudiada como una expresión de la precariedad o un conjunto de "carencias", incluyendo la ausencia de cosas necesarias para una vida humana digna y para satisfacer las necesidades básicas de alimentos, vivienda, salud, etc. Sin embargo, el problema de esta perspectiva es que "carencias" o "necesidades" no pueden ser definidas universalmente, ya que dependen de la manera en que distintas personas o grupos definan estos términos, y también dependen de la manera en que tales necesidades sean satisfechas en cada caso en particular. En otras palabras, las necesidades que uno tiene en su vida y la manera en que se satisfacen dependen de la manera en que la pobreza y la riqueza sean definidas por personas diferentes. Por ejemplo, San Francisco [de Asís] y Gandhi tenían perspectivas muy diferentes de sus "carencias" y "necesidades", en comparación con la mayoría de la gente que vive hoy en sociedades de consumo. Por tanto, desde esta perspectiva, la pobreza podría ser algo "bueno" o "malo", dependiendo de la manera en que las personas perciban sus riquezas y pobrezas, y también de las posibilidades reales de esas personas de satisfacer sus necesidades en las mejores condiciones. Entre las sociedades antiguas, las llamadas necesidades básicas de los pobres era aún más modestas y de convivencia. Las relaciones sociales de cada persona, enriquecidas mutuamente con el resto de la comunidad, también tenían un rol importante para la satisfacción de esas necesidades.

Esto me lleva a otra dimensión de la pobreza, quiero decir que la pobreza es como un manera de vida, como un arte de ser y relacionarse con los demás, como todas las maneras y los medios que los pobres utilizan para constantemente crear y redefinir sus riquezas. En lo personal considero que es una manera de vivir con el otro muy superior; la pobreza que yo he nombrado como "de convivencia" es "una buena cosa" en todas las circunstancias. Es el mismo modo de vivir que Joseph Prud'homme, filósofo francés del siglo 19, llamó "la condición normal de la humanidad en la civilización". Quizá no era "algo bueno" que las sociedades antiguas carecieran de muchas comodidades materiales que nos facilitan la vida en condiciones normales. Pero de todos modos las sociedades antiguas produjeron algunas de las civilizaciones más importantes del mundo, y fue porque desarrollaron esta forma de vida de convivencia basada en la simplicidad, la frugalidad, la reciprocidad, la solidaridad, el compartir y la preocupación por el prójimo. Ahora bien, este tipo de pobreza semivoluntaria era un ejemplo de su sentido común. Representaba una manera muy sabia y realista de aprovecharse de todo lo que podían producir a fin de salir airosos en su lucha común contra la necesidad. También era una manera de crear y conservar otras formas de riqueza inmaterial.

Todo esto nos facilita comprender lo que Marshall Sahlins de la Universidad de Chicago quería decir cuando hizo su famosa declaración en el sentido de que la "pobreza es un invento de la civilización" y que nunca existió en la edad de piedra. De hecho, durante miles de años todos los pueblos de este mundo vivían normal y, con frecuencia, felizmente con muy pocas cosas. Jamás se consideraban pobres.

Durante miles de años cada individuo era pobre en algún aspecto y rico en otro. Pobre y rico se usaban como adjetivos. Transcurrieron miles de años para que la gente en el poder describieran a un individuo como pobre, usando la palabra como sustantivo. Ahora, no obstante las dificultades impuestas a las personas etiquetadas como pobres, su modo de vida, como la acabo de describir, sigue siendo una de las más sabias y más éticas, pues se basa en el respeto a los demás y a su entorno social y natural. Por estas razones, es una forma de vida que, sin duda, representa una forma mucho más rica y humanitaria, en comparación con las llamadas formas modernas de vivir, basadas en conceptos de competencia, búsqueda de utilidades y en la dependencia que hay en muchas "necesidades" autodestructivas que han creado las sociedades de consumo.


¿En qué se diferencia lo que usted llama "pobreza modernizada" de la "pobreza de convivencia" que acaba de definir?

La época industrial hizo surgir una nueva forma de pobreza que he llamado "modernizada", un término inventado por Ivan Illich. Esta variedad particular de pobreza es nueva en el sentido de que representa una carrera sin fin entre las necesidades personales, creadas socialmente, y las dificultades que el individuo enfrenta para encontrar los medios materiales para satisfacer tales necesidades. Y eso en una realidad en donde los medios de subsistencia son cada día más difíciles de encontrar, en particular para la mayoría de la gente cuya principal fuente de ingreso es la venta de su fuerza de trabajo, a precios muy bajos. Esta situación vuelve a la gente cada vez más dependiente del mercado y de las necesidades que sigue creando. Ivan Illich comparó la situación de los pobres actuales al mito de Tántalos, condenado a vivir en un paraíso rodeado de todo tipo de delicias, pero a quien se le negaba siempre todo lo que pudiera satisfacer su hambre y sed.

Para Marx, si bien la economía capitalista representaba un sistema de producción mucho más eficiente, en comparación con la economía de subsistencia, y que permitía a un número creciente de personas satisfacer necesidades nuevas, también creaba lo que llamó el proletariado: una clase nueva de personas enajenadas, que vendían su fuerza de trabajo como única manera de evitar la miseria. Y debido a que esta nueva clase de personas había sido desarraigada de su entorno de vida y despojada de sus autodefinidas maneras históricas y culturales de ganarse el sustento, se enfrentaba continuamente a la miseria. [La economía capitalista] creó masivamente, por primera vez, miseria e indigencia.

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¿Puede usted definir en pocas palabras las diferencias básicas que distinguen a la pobreza de la miseria y la indigencia?

Defino la miseria como una problemática social en la que los pobres pierden el cimiento, o el "apoyo" que su particular forma de vivir y compartir les permite crear, a fin de arreglárselas con la necesidad. Usando un concepto creado por Spinoza, la miseria representa la pérdida de la potentia, la capacidad de actuar inherente a todo ser vivo. Es la capacidad innata de todo ser humano de preservar la singular esencia humana. Cuando esta potentia es atacada, o dañada, o de hecho se destruye por diferentes motivos, se despoja a los pobres de todas las formas internas que tenían para sobreponerse a las dificultades que amenazan su vida. Se transforman en personas desamparadas, a la deriva en un mar hostil, habiendo perdido la capacidad de nadar. Así se vuelven dependientes ante cualquier ayuda que los demás les arrojen. Su problemática es totalmente diferente de la de los pobres quienes, aun en las circunstancias más trágicas, todavía cuentan con su potentia, pues ésta sigue con viva y en buenas condiciones.

¿Qué piensa usted de lo que opina el Banco Mundial (BM) sobre la pobreza y de su manera de ayudar a los pobres?

Aunque el BM es una institución con fines de lucro, demuestra una inusual dosis de "compasión" por los pobres. Su problema, sin embargo, es que ha confundido sistemáticamente la pobreza con la miseria y la indigencia. Esa confusión se nota con claridad por la manera que define a los pobres. Para el BM, todos los pobres del mundo, independientemente de su potentia y de las grandes riquezas de experiencia y sabiduría que han heredado de sus culturas, quedan reducidos a entes económicos con un "ingreso" de uno o dos dólares al día (los que ganan menos de 2 dólares al día quedan clasificados en una categoría llamada "pobreza relativa", y los que ganan menos de un dólar al día pertenecen a la categoría de "extrema pobreza"). Según los cálculos del BM, el 56% de la población mundial es entonces pobre. Una acepción tan simplista de la pobreza dice mucho del concepto muy economicista que el BM tiene de los pobres. A todos los tiende a reducir a solamente objetos pasivos de la "ayuda" financiera, sea directamente mediante distintas formas de "asistencia", o indirectamente a través de su integración en distintos procesos de "desarrollo" o modernización. De hecho todas estas políticas hasta hoy han demostrado ser las causas mismas del empobrecimiento o la proletarización. Es decir, al definir a los pobres como lo hace, es obvio que el Banco Mundial se niega a considerarlos como el único grupo de personas todavía capaz de ser el mejor agente de su propia liberación. Y como el único fin del BM es integrarlos a sus propias estrategias capitalistas, termina desarraigando más a los pobres de sus entornos sociales y humanos, despojándolos aún más de las formas autóctonas que tienen para asegurarse unos ingresos.

¿Estoy en lo correcto al pensar que para usted la ayuda económica no es la principal respuestas a los problemas de los pobres? Y, de ser así, ¿cómo pueden los miles de millones de pobres en el mundo, en extrema necesidad de ayuda material, recuperar su poder a fin de regenerar su vida de una forma humana?

Permítame esta aclaración sobre el lugar de la economía en la problemática de los pobres. Lo que se llama economía de mercado, es decir, la economía productivista y orientada por la tecnología, que hoy determina el destino [de los pobres], no tiene nada que ver con la economía (oikonomia) que bautizaron los griegos. La original tenía que ver con el suministrar al hogar o a la comunidad lo que se necesitaba para el bienestar. Se nutría de las actividades creativas de las mismas personas que necesitaban de esa economía. La actual economía es una corrupción total de esta antigua economía "de subsistencia". Ya no es una institución cuyo fin sea las necesidades básicas de las personas a quienes debería de servir. Más bien tiende a maximizar sus propias necesidades, es decir, hacer cada vez más utilidades y producir todas las necesidades creadas socialmente que hagan falta para sus propios objetivos de lucro. Al depender excesivamente de nuevas tecnologías, su objetivo principal es aumentar su capacidad productiva y financiera, así como producir más bienes y servicios para las personas que los pueden comprar. Como resultado, esta economía se ha vuelto un Jano de doble cara. Por un lado ha creado riquezas sin precedentes para unos pocos. Por otro lado siempre produce nueva escasez, precisamente la responsable de que se propague la miseria por el mundo. Como ejemplo, esta economía ya logró alcanzar un nivel de producción de alimentos sin precedentes en el mundo. Lo suficiente para alimentar entre 9 y 12 mil millones de personas, casi el doble de la actual población mundial. Y sin embargo el mismo proceso es el responsable de una especie de genocidio, pues está eliminando a miles de millones de campesinos que, hasta ahora, han producido la mayor parte de los alimentos en el mundo. Por lo tanto las mismas técnicas de producción y las mismas políticas que han producido tal nivel inaudito de alimentos al mismo tiempo han sido los principales agentes de la ruina de los campesinos que nos siguen alimentado al 40% de la población mundial con sus propios medios "obsoletos" de producción.

Le doy otro ejemplo de esta trágica doble cara de la economía. Hace unos 30 años, toda la región del Cuerno de África sufrió una sequía desastrosa que llevó a millones de personas a borde de la muerte. Una de las causas principales de esta hambruna se atribuyó al hecho de que las viejas economías de subsistencia de la región fueron destruidas por las nuevas y "avanzadas" técnicas y políticas de la modernización agrícola. Como resultado, mientras morían de hambre los pobres de la región, se exportaban hacia Europa y EEUU alimentos para perros y gatos producidos en la misma región, mayormente porque ¡la nueva economía necesitaba divisas para su crecimiento!

¿Cómo ve usted el futuro de los pobres en estas circunstancias? Y ¿qué tipos de estrategias y soluciones sugeriría?

Sinceramente creo que los llamados "no pobres", en particular todos esos políticos, comerciantes, expertos y las instituciones que éstos han creado, tienen una responsabilidad directa o indirecta en el panorama que le acabo de describir. Por lo tanto no están en condiciones de auxiliar a los pobres. Los pobres han sido despojados de sus propios recursos para regenerar su ingreso. Los mismos pobres siguen siendo las personas idóneas y mejor calificadas para encontrar las soluciones adecuadas para enfrentar su problemática. Eso quiere decir que, si algunos de nosotros, entre los no pobres, de veras estamos interesados en auxiliarlos (y por tanto ayudarnos a nosotros mismo a revivir y regenerar los millones de potencialidades que el capitalismo actual ha condenado a la no participación y a la apatía), la mejor forma de comenzar es "dejar a los pobres en paz", como una vez Gandhi nos sugirió. El mundo que se ha creado para ellos en nombre del Progreso y del crecimiento económico no sólo los ha convertido en proletarios desposeídos y enajenados, que ya no pueden contribuir activamente a la creación de un mundo mejor, sino también los ha hecho más dependientes que nunca de inútiles y enajenantes formas de asistencia. Además, en los países en donde el viejo tipo de proletariado ha desaparecido y en donde una buena cantidad de gente puede cubrir los gastos de alimentación y vivienda, ha surgido un nuevo tipo de proletariado, integrado por personas que padecen formas de enajenación sin precedentes. Jacques Ellul, que ha analizado con agudeza la aparición de este nuevo proletariado, nos indica que ése es el destino del viejo proletariado. Los importantes cambios que han sido la base de la llamada prosperidad y progreso del Norte han enriquecido sin duda a unos pocos en ciertas áreas, pero en general están llevando al mundo hacia peligrosos caminos sin salida y despeñaderos llenos de violencia y penurias.

Entre los eventos que han determinado el camino de la historia en el último siglo, algunos nos podrían ayudar a encontrar nuevos paradigmas y alternativas liberadoras que tanta falta hacen ahora. Los planes revolucionarios que querían cambiar el mundo muchas veces han tenido resultados contrarios. Pero al mismo tiempo, las humildes actividades de gente "ordinaria", que intenta comprender y cambiar su entorno y a sí misma, han sido más efectivas para dar un significado a la vida humana y social. Este hecho nos debería alentar para que dediquemos nuestras propias actividades a lo positivo que podemos hacer aquí y ahora en nuestro entorno inmediato. Se puede lograr mucho todavía si cada uno de nosotros actúa de forma lúcida e inteligente para ayudar al prójimo, primero, a que vea su mundo con mayor claridad y, segundo, que actúe en ese mundo con esmero y sabiduría. Los cambios que se han dado en la tecnología podrían, esperemos, ayudar a lograr un futuro liberador, si se llegaran a dar cambios paralelos en los corazones y las mentes de los que participan en ese proceso liberador. Esto sin duda podría ocurrir si hubiese más gente que creara una "obra de arte" de su vida, como lo deseaba Foucault. Si sólo más personas aprendieran a ser un candil en la oscuridad propia y en la de los demás.

Traducido al español por Miguel Pickard

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