Igualdad en la diferencia


Decresita


Vivimos en una sociedad estructurada por la dominación. El dominio de unas personas sobre otras, que permite transformar la diferencias en desigualdades.

Ejemplos para reflexionar: ¿Por qué en nuestra sociedad esta mal visto el cotilleo, sin embargo hablar de fútbol está considerado una asunto serio?.¿Por qué está más penalizado socialmente comprar en un mercadillo que en un gran centro comercial?. ¿Por qué tener vehículo privado da más prestigio que utilizar transporte público?

El poder permite poder mandar, poder hacer, poder ser, dominar y administrar los recursos, permite elegir el modo de estar en el mundo.

Si todos tenemos que ser iguales, a que sujeto nos tenemos que igualar; en el mundo que nos ha tocado vivir está claro todas deberíamos ser: hombre/blanco/rico/heterosexual/urbano/joven/sano/ciudadano/universitario/propietario/con patria…

Que ocurre entonces con el modo de ser mujer, ser negra, ser gitana, ser pobre, ser campesina, ser vieja, ser niña, ser enferma, ser sin papeles, ser apartida, ser precaria, …

Lo genérico engendra identidades que es lo opuesto a las diferencias.

Si la aspiración es que las personas lleguemos a ser sujetos con todas las prerrogativas del ‘sujeto universal’, estaremos legitimando las leyes que hacen invisible el dominio social.

Pienso que hay que construir el ‘sujeto diferencial’ capaz de pactos y transacciones, reclamamos la diferencia porque somos diferentes frente al modelo hegemónico.

Soñamos voluptuosamente con “un paraíso perdido” en el que comernos todas las manzanas prohibidas. La vida no es negociable. Nuestra libertad nace de nuestra naturaleza, que la dota tanto de posibilidades como de límites. Han utilizado nuestras diferencias para someternos. Las diferencias de edad, de raza, de religión, de lengua, de etnia, de clase y de sexo han dado lugar a múltiples desigualdades. Pero la diferencia nada tiene que ver conceptualmente con la desigualdad. Esta ha sido una consecuencia perversa.

En nuestra civilización jerarquizada, los que están arriba son los que han ido construyendo un modelo en el que lo significante, lo valioso, es aquello que se ajusta más fácilmente a los esquema a la clases hegemónicas. La valoración que se hace de determinadas funciones, roles, actitudes o aptitudes es lo que define que el fútbol es un asunto serio, que los centros comerciales son los nuevos templos sagrados y el vehículo privado es un nuevo dios. El esquema del triunfador está muy cerca del financiero, del político con éxito, del presentador mediático, del futbolista goleador.

Existe, no sólo una dominación real, sino también una dominación simbólica que ni siquiera la vemos porque anida en nuestro inconsciente. Vemos, pues, que existen explotaciones visibles y materiales que son posibles porque previamente existe una dominación tácita y simbólica que consigue hacer pasar por normal lo que es aberrante.

El imponderable por el que se decide lo que existe y lo que no, lo que es valioso y lo devaluado, el éxito y el fracaso no es otro que el código implícito en las sociedades de dominación.

Por esto reclamamos la igualdad en la diferencia

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