Estado asistencial


El Estado cumple un papel fundamental en la producción de subjetividad capitalística. Es un Estado-Mediador, un Estado-Providencia, por el cual debe pasar todo bajo una relación de dependencia en la que se produce una subjetividad infantilizada. Esa función ampliada del Estado —mucho más abarcadora que el poder administrativo, financiero, militar o policial— se realiza, por ejemplo, a través de un sistema asistencial, aquello que en EEUU se llama welfare state.

Es un sistema de «salarios diferidos»; un sistema de subvenciones que hacen que el grupo se autorregule, se autoforme, se autodiscipline; un sistema de información, de examen, de control, de jerarquía, de promoción, etc. El Estado es ese conjunto de ramificaciones, esa suerte de rizoma de instituciones que denominamos «equipamientos colectivos ». Por esta razón el Estado puede hablar, sin miedo, de descentralización. Por esta razón programas de partido pueden incluir, sin miedo, propuestas de autogestión. En Francia, por ejemplo, los partidos políticos y los sindicatos están todos subvencionados por el Estado, por medio de relaciones completamente contractualizadas.

Lo que sucede es que la función de subjetivación capitalística, esos equipamientos de Estado que se instauran en el conjunto del campo social, se hace en provecho de las nuevas castas burocráticas, de las nuevas elites que no tienen la menor intención de despojarse de su poder. Insisto en que eso no se da sólo en relación con las funciones productivas.

También nos referimos al Estado-Providencia para saber si vamos o no a fornicar con quién y cómo, si debemos o no amamantar y de qué manera. Esa función infantilizadora del poder del Estado se da a un nivel extremadamente miniaturizado, que no se limita al encasillamiento de lo social y del comportamiento.

El Estado asistencial comienza por la organización de una segregación que empuja a una parte considerable de la población fuera de los circuitos económicos. Y en un segundo momento viene a socorrer, viene a dar asistencia a esa población, pero con la condición de pasar por ese sistema de control.

Sólo habrá verdadera autonomía, verdadera reapropiación de la vida, en la medida en que los individuos, las familias, los grupos sociales de base, los grupos sociales primarios, sean capaces de escoger por sí mismos lo que quieren, por ejemplo, como equipamientos en su barrio. Por lo tanto se trata de asumir la gestión de esa problemática, sin estar a todas horas pidiendo subvenciones, pidiendo el establecimiento de un puesto de psicólogo o psiquiatra, pidiendo equipamientos patrocinados que el Estado va a construir en tal o cual lugar.

Imaginemos un recorrido de ficción científica donde las formaciones de izquierda consiguiesen tomar el poder en Brasil. En ese caso, sería preciso plantearles desde el principio la cuestión: «¿Es su intención asumir un camino modernista a la europea?» Eso significaría que todos aquí tendrían excelentes salarios, estatus y equipamientos muy bien construidos. Pero significaría también que todos se volverían obreros de una máquina para producir modos de subjetivación absolutamente opresivos.

Extaído de 'Micropolítica'. Félix Guattari y Suely Rolnik

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