Con respecto a la frugalidad feliz

Entropía en español - Revista de estudios teóricos y políticos sobre el decrecimiento

François Brune

DLa sociedad de consumo, intrínsecamente vinculada a la ideología del “crecimiento” (económico), nos ofrece a través del sistema publicitario un modelo de felicidad al cual, para nuestra mayor alegría, deberíamos conformarnos todos. Este modelo presenta una serie de características, , cuyo efecto es producir a gran escala lo contrario de lo que promete : es decir, una verdadera desdicha patente que encubre un hedonismo de pacotilla. Frente a la “sociedad de decrecimiento”por la que abogamos, y que prefiero llamar “sociedad de frugalidad”- [1] , algunos se preguntan y nos preguntan qué tipo de embriaguez se puede encontrar en esta frugalidad que espanta… Estos son algunos elementos de respuestas : Antes de plantearse la cuestión de cómo la sociedad de frugalidad podrá ser feliz y equitativa, es necesario constatar en primer lugar que fuera de la frugalidad (es decir, la división de los bienes y la sobriedad del método de vida), ni hay equidad, ni verdadera felicidad colectiva. Aunque los recursos naturales fueran ilimitados, aunque para su confort cada uno de entre nosotros dispusiera de quince planetas cada año, la sociedad de consumo permanecería para sus miembros deshumanizadora y condenable, fuente de frustraciones, de sofocamiento y de no sentido. Y esto, simplemente porque es una sociedad unidimensional, en la cual el individuo se dobla bajo el peso de sus múltiples obesidades. Por esta opinión, la revelación súbita de los límites del planeta Tierra, que se trate de las energías fósiles o recursos mineros, es una muy buena noticia, puesto que nos obliga en adelante a cambiar de vía. La opresión de la abundancia, finalidad de la economía de mercado, es en efecto la actual plaga del hombre moderno (occidental), que se observa por una parte por las necesidades de la producción (explotación así como desempleo competitividad encarnizada saqueo y mercatización de todas las cosas y de todos los seres) o que se examina por los imperativos del consumo (bulimias de todo tipo, de lo material a lo simbólico ; enajenación a la inmediación y al movimiento sin sentido ; fatuidad de los afortunados y miseria de los frustrados ; mimetismo generalizado que no excluye otra cara de la competitividad que reina, la de la exposición a través de señales idénticas consumistas). La persona humana no puede ser libre (y en consecuencia capaz de felicidad) sino huyendo de tal sistema..

Lo más trágicamente cómico, en este cuadro de “nuestro” tiempo, es que su ideología global (que exuda sin tregua el discurso de información) es hacernos creer que el “Crecimiento” es nuestro crecimiento. Nos persuaden de que nuestro método de vida deriva de la evolución natural de las cosas, y que la lógica mortífera del consumo es la vía obligada de nuestra expansión. Nos mueven a interiorizar el desarrollo de nuestro propio ser plasmado en el modelo (miniaturizado) de este crecimiento alegado noche y día, de modo que la palabra “decrecimiento” dé miedo como la muerte misma. Lo que confirma por otra parte que todo el discurso del crecimiento es a su manera una conspiración de este destino mortal que el hombre de nuestro tiempo no sabe encarar. Conspiración bien ridícula, que no cambia nada a una sociedad codiciosa de antidepresores, a pesar de las sempiternas “reactivaciones del deseo” de los publicitarios y otros charlatanes de la información. En comparación con esta sociedad unidimensional, es pues un método de vida radicalmente diferente el que es necesario imaginar o redescubrir (ya que no se construye nada a partir de nada, y hay que inspirarse en modelos antiguos si es necesario), que se la llame “sociedad de decrecimiento” o “sociedad de frugalidad”. No me gusta la expresión “sociedad de decrecimiento”, que parece hacer del “decrecimiento” un final en sí, y no un medio ; siempre he preferido la palabra “decrecimiento” (incluso antes de que Serge Latouche haya hablado - muy pertinentemente de a-crecimiento)- [2] En cualquier caso, no podrá improvisarse : deberá organizarse, pensado como sistema, sin embargo, sin ser una finalidad en sí. Para mí, la palabra frugalidad menciona precisamente determinado bienestar económico, que debe esencialmente buscarse como condición de otra cosa, la existencia plena y completa de los seres humanos, el medio de vivir otras dimensiones sin la obsesión de lo económico en sí.

En la perspectiva de una sociedad que devuelve al ser humano su pluri-dimensionalidad, la primera felicidad está en el des-acondicionamiento de nuestro imaginario. ¡Sentirse liberado de tantas falsas necesidades, es lo que alegra el corazón del hombre frugal ! El imperativo del rendimiento que le devora su tiempo dedicado a ganar dinero y encuentra el tiempo de vivir, la elección del tiempo contra el horario (impuesto por el imaginario utilitarista). Opera en su existencia la gran venganza de lo cualitativo sobre lo cuantitativo. Menos consumos (plurales), aún más contemplación (poética ?). Menos contactos (sociales), aún más relaciónes (personales). Menos bienes, más vínculos, como lo dije. Es también la venganza del Sentido sobre el Crecimiento. La imagen de una felicidad vinculada con un crecimiento material indefinido, y que “crece” con ella (qué bonito desfile contra la Muerte !), imagen contradicha cada día por los riesgos de la vida y la certeza de nuestra mortalidad, hecho que pone en el centro la cuestión del Sentido. La meditación de Hamlet reza : ¿ser o no ser, cuál es pues el Sentido ? ¿Esta meditación es serena o trágica ? ¡Esto no es la cuestión ! Lo que importa, es que cada ciudadano tenga el honor de reflexionar sobre el sentido y el de su comunidad, sin “ser divertido” por el discurso ambiente o por engaños colectivos. Vívase lo que se viva, postulo que es el “sentido” el que hace la autenticidad de lo que se vive. Y que esta autenticidad es entonces “felicidad”, tanto como puede serlo, incluso en lo que hay de doloroso en la existencia. La alegría del “sacrificio” (hablo de la abnegación del militante) viene del sentido de lo que hace, al servicio de su causa. La “alegría” del trabajo es preparar la felicidad colectiva de la cosecha. Si el vino alegra el corazón del hombre, es también debido a los cuidados exigidos por la vid y al trabajo requerido por las vendimias. Estamos en un mundo donde se quiere lo “festivo” en sí, des-contextualizado del compromiso individual y colectivo de los hombres, de la obra o la lucha humana, y se consigue ilusiones de placer sobre fondo de existencias vacías, una búsqueda de conmemoraciones huecas o pseudo acontecimientos necesarios para nuestra agitación, sin hablar de estos mercadillos que parecen conviviales por la euforia de las rebajas…

La vuelta a la pluridimensionnalidad (a todas las dimensiones del ser irreductibles al consumo) está necesariamente vinculada a la rehabilitación del pasado vivo, este humanismo tan rico y tan profundo que nos transmite nuestra herencia cultural judeo (cristiana y grecolatina). Nuestra libertad, es en primer lugar, poder construirnos a partir de la identidad que produjo en nosotros la civilización que nos produjo. No se intercambia nada cuando se está sin arraigo. No sirve para nada innovar, cuando se ignora el pasado a partir del cual la propia innovación toma sentido. No se existe de verdad, a nivel de convivencia, si no se cultivan los valores de la interioridad. Manejar perfectamente las herramientas de comunicación modernas, no es comunicar si no se tiene realmente nada que decir. Liberada de las opresiones del consumo y la comunicación-exposición que prevalece ruidosamente en torno a nosotros, los ciudadanos de una sociedad de frugalidad podrán por fin encontrar la doble capacidad de decir algo de sí, y de saber escuchar en sí, todos estos otros que comparten la misma condición humana.

François Brune Entropia N°1 "décroissance et politique"Ed. Parangon Traducción . Yannick-Hélène de la Fuente-Espi -
P.-S.

Publicado en francés por François Brune para Entropia N°1

[1] 1/ Véase. mi intervención “para una sociedad de frugalidad”, hecha para el Coloquio de Lyon en sept. de 2003, que he reanudado en mi libro de la ideología hoy (Parangón, 2004).

[2] 2/ el “decrecimiento” es una condición a la vez (necesaria pero no suficiente) de otra sociedad por fin sobria y convivial, y también una consecuencia del nuevo método de vida que prepara (menos derroches, relocalización de la economía, etc).

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