Sobre la misoginia

Todas las barbaridades cometidas contra la mujer, como las barbaridades que se cometen contra las criaturas, contra los negros y contra otros seres considerados inferiores, tienen que ir necesariamente acompañadas de un bagaje de sentimientos negativos, de un estado emocional despectivo y distante que les permita ejecutar las respectivas atrocidades sin conmoverse; es lo que los psicólogos llaman madurez emocional o acomodación emocional al principio de nuestra realidad; es decir, que seamos capaces de asistir y cometer las crueldades como si tal cosa; mejor dicho, no como si tal cosa, sino sintiéndonos superiores, porque explotar, discriminar, violar, manipular, castigar etc., confiere sentimiento de poder y superioridad.

¿Dónde se adquieren los sentimientos que un negro inspira a un blanco? ¿O los sentimientos que una criatura pequeña inspira a un adulto? La misoginia y el racismo, como el adultismo se transmiten inconscientemente, allí donde se aprende que tus semejantes no son como tú; que los hay unos superiores y otros inferiores, unos que mandan y otros que son sumisos a los que mandan.

Para considerar a alguien inferior es preciso que, de algún modo, despreciemos algo inherente a su condición, como un motivo o razón por el que pueda ser objeto de desprecio. En el caso del racismo es el color de la piel y en el caso de la mujer sus estados sexuales, su potencial de maternidad. La misoginia es el sentimiento de desprecio a la mujer que la hace inferior a los ojos de los hombres y de las propias mujeres patriarcales. ¡Como si abjurando de los flujos maternos se pudiese conjurar el dolor de la herida y la propia frustración del deseo reprimido de esos flujos! No es frecuente que un hombre se reconozca misógino, como ningún blanco o blanca se reconoce racista. Pero la misoginia está ahí, encubriendo el crimen de las madres, delatándose en actos, actitudes, palabras y silencios.

La superioridad de los hombres con respecto a las mujeres ha tenido, según los tiempos, diversas justificaciones, variando la importancia de unas u otras según las circunstancias: recordemos lo de que la mujer no tenía alma y que por tanto era sólo animal; que era un subproducto de hombre -lo de la costilla-, que era débil, que era enfermiza porque menstruaba, que tenía que dedicarse a las funciones degradantes de gestar, parir y amamantar, etc. También, como decía el padre de una de nosotras, que todas las mujeres eran mentirosas, pérfidas y malas por naturaleza, como también dice la Biblia en diversos pasajes (y como, por lo visto decía uno de los asesinos de las tres chicas de Alcasser: todas las mujeres son unas putas). Y finalmente porque la mujer es de una inteligencia inferior al hombre: los hombres son superiores a las mujeres porque son más inteligentes; y los blancos son superiores a los negros por la misma razón. Luego vienen las explicaciones científicas sobre la capacidad craneal y el peso del cerebro, etc. etc. Ni que decir tiene que la inteligencia de l@s adult@s se presenta superior a la de los niños y niñas. Así viene funcionando la jerarquización del patriarcado desde sus orígenes: los hombres dedicados a las ciencias y a las letras, ejercitando su inteligencia, su superioridad; las mujeres haciendo funcionar las bajezas de su cuerpo como máquina reproductora, ejerciendo su inferioridad.

Extraído de La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión incosnciente de Casilda Rodrigáñez y Ana Cachafeiro.

Web de Casilda Rodrigáñez

1 comentario:

  1. Anónimo2:27 a. m.

    me parece bien pero la persona que lo pùblico sea mujer o hombre le falta mucha informaciòn se refleja en el ùltimo parrafo...

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