Espectáculo obsceno: la pornografía de los medios de masas



MuchachitoOrdinario - La alternativa ética del decrecimiento

Cada jornada asistimos impertérritos a un espectáculo de dudoso gusto estético, auditivo y visual. Es el que irradian, con escasas si bien loables excepciones, los medios de comunicación actuales. Los así bautizados como mass media. Televisión, radio y prensa por este orden de trascendencia pública y con internet arrebatándoles paulatinamente la cuota de audiencia.

El miedo, que nos apoca y atemoriza, que nos veja y menosprecia, que se burla de nosotros y nos ridiculiza, nos es inoculado en pequeñas pero bien calculadas dosis y se difunde, promueve y propaga urbi et orbe las veinticuatro horas del día, siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año. Como bien dice el escritor uruguayo (y estudioso del miedo) Eduardo Galeano, desayunamos, almorzamos y cenamos miedo. Y en los entretiempos, también podemos degustarlo en cuantiosas raciones.

Conscientes de que temerosos somos más vulnerables al embuste y a los intereses de los oligarcas del sistema económico-financiero que los patrocinan y subvencionan, los medios de comunicación de masas (masas acríticas, entiéndase) no tienen reparos en mostrarnos el horror y la barbarie, el terror y el terrorismo, el pánico y la sinrazón. Eludiendo siempre explicarnos los motivos subyacentes, pues hacernos conocedores de la verdad nos supondría un dolor difícilmente asumible. O así lo juzgan ellos conveniente.

Agitan y ofrecen gentilmente, como sucedáneo de cata, un cóctel que contiene cantidades ingentes de sangre y vísceras, generosas porciones de cuerpos demacrados y miembros mutilados y cuantiosas dosis de griteríos estridentes, bombardeos atronadores y testimonios escalofriantes. De ese modo, nos embeben en una indignación incomprendida y nos marcan el sendero que debemos transitar. Como debemos opinar: señalando víctimas y verdugos, culpables e inocentes, agentes y pacientes en un dualismo depauperante, simplista y marcadamente reduccionista. Adoptan, entonces, un rol emergente: el de ser laboratorios generadores de opinión pública.

En la era de la información, en la que ésta circula sin excesivos impedimentos por las autopistas digitales, el exceso de la misma se vuelve sobreinformación y esta, a su vez, se torna en deformación y manipulación al albur de aquellos nuevos creativos de opinión, que la moldean como si de plastilina se tratase para ofrecérnosla fragmentada, segada y parcializada.

Sumidos en la lógica del negocio mercantil, el afán de lucro y los intereses meramente crematísticos se imponen al derecho a la comunicación y a estar informados, reivindicados ambos popularmente. La información sensu stricto y el testimonio real de las personas que lo viven, no reciben un trato adecuado y rara vez podemos comprobar como se sienten y cual es la opinión real de los afectados por un acontecimiento, sea este de naturaleza bélica, socio-económico-política o religiosa.

Recibimos, eso sí, el guión narrado viva voce por un reportero que escribe y lee al dictado de los think tank, los tanques de pensamiento. Esas organizaciones disfrazadas de los fines beneficiosos de una fundación, cuyos dirigentes guardan una asombrosa relación de parentesco y cercanía con sus análogos de la industria armamentística, el lobby bancario o con los prebostes que encabezan las principales compañías multinacionales, que hacen de este nuestro planeta un lugar inhabitable para una mayoría, socialmente injusto y ambientalmente degradado.

Contra esa deriva ocultacionista y ese espectáculo bochornoso y depauperante de los medios de comunicación actuales, tan sólo nos queda articular un entramado de medios antagonistas y contrainformativos, que conformen la voz de los sin voz, de los excluidos por el statu quo mediático. Un foro de diálogo en el que la pluralidad de visiones, la multiculturalidad, la divergencia y la diversidad no sean patrimonio de nadie. En el que las voces se expresen y sean escuchadas sin más interés que el de resultar útiles y enriquecedoras a las personas que las perciben.

Al fin y al cabo y recuperando nuevamente a Eduardo Galeano, cada uno es tan pequeño como el temor que siente y tan grande como el enemigo que elige. En este caso, la policefálica Hidra de Lerna propagandística de los mass media, sustentada en un mismo cuerpo de monstruosas proporciones que conforma el mercado global al mando los intereses de los amos del mundo.

1 comentario:

  1. Muy importante esta reflexion sobre los medios.

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