Encerrada en la familia

La forma de encierro que normalmente ha sufrido la mujer no puede sin más igualarse a otras, dado que posee sus peculiaridades propias. La sociedad puede prescindir de locos, delincuentes, ancianos, encerrándolos en recintos dentro de su seno, pues así se adquiere para los que están fuera el monopolio de la cordura, la bondad, la salud...Pero en el caso de la mujer, por razones sociales, sexuales, ésta ha de estar cerca del varón, su reclusión no será grupal, no generará masas incontroladas y encerradas.

A la mujer se la ha recluido en el hogar, su verdadera cárcel, la priva de la solidaridad con las otras marginadas, es una prisión camuflada, una pseudolibertad mentirosa. Encierro unipersonal que oculta su verdadera circunscripción carcelaria camuflándose en santuario. Es entonces cuando el carcelero ha de inventar a toda prisa unas supuestas virtudes ‘femeninas’, unos valores femeninos con los que disfrazar la reclusión: hacendosidad, entrega, sacrificio callado, maternidad.

La familia es el núcleo fundamental para la perpetuación de la estructura social, lugar de encierro unitario para la mujer. Reducto donde, si bien no se le exime de su trabajo, se ha mantenido según las épocas y la clase social, un engañoso culto a la invalidez femenina. Todas sus funciones fisiológicas: menstruación, parto, menopausia... son consideradas como enfermedad (en la actualidad y contrariamente, reina el terrorismo de la naturalidad que torna histéricas sus quejas). La permanente enfermedad femenina llega a constituir durante el Romanticismo el criterio de belleza de la época: apariencia frágil, palidez, ojeras, languidez...

Pero prontamente este lugar de encierro se convierte en el centro de discursos (medicina, psiquiatría, pedagogía), aparece así la mujer histérica. El hogar burgués es el perfecto reducto de paz y tranquilidad para el esposo que retorna de la fatigada lucha de su trabajo. Pureza, abnegación, pulcritud, desconocimiento del entorno, y meticuloso cuidado de la precaria salud, son los requerimientos que se hacen a esta mujer, privada también de discurso.

Si hace sonar su voz estridente, o permitido, si tan sólo reclama un derecho a la palabra, ésta será interpretada y recogida por el oído experto del médico, del psicoanalista, del psiquiatra (nos estamos refiriendo, claro está, a la configuración familiar acomodada presente en el siglo XIX, de donde van a arrancar la mayor parte de los discursos clínicos que sobre la mujer llegan hasta nuestros días).

Para saber más: Femenino fin de siglo. La seducción de la diferencia. Rosa María Rodríguez Magda.

El dueño de las palabras

"Cuando yo uso una palabra”, dijo Humpty Dumpty en un tono bastante desdeñoso, “significa lo que yo decido que significa – ni más, ni menos.”
“La cuestión es”, dijo Alicia, “si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes.”
“La cuestión es” dijo Humpty Dumpty, “quién es el amo – eso es todo.”


Lewis Carroll. Alicia a través del espejo.


Quienquiera que defina el código o el contexto, tiene el control… y todas las respuestas que acepten ese contexto renuncian a la posibilidad de redefinirlo.

Anthony Wilden. Sistema y estructura. Ensayos sobre comunicación e intercambio.


Mucho tiempo después, Edipo, viejo y ciego, recorría los caminos. De repente sintió un olor familiar. Era la Esfinge. Edipo dijo: “Quiero preguntarte algo. ¿Por qué no reconocí a mi madre?”. “Diste la respuesta equivocada”, dijo la Esfinge. “Pero eso fue lo que posibilitó todo lo demás”, dijo Edipo. “No”, replicó ella. “Cuando yo te pregunté, ¿Qué camina a cuatro patas por la mañana, a dos al mediodía y a tres por la tarde? Respondiste, el Hombre. No dijiste nada de la mujer.” “Cuando se dice Hombre”, repuso Edipo, “se incluye también a las mujeres. Todo el mundo lo sabe.” Y ella replicó, “Eso es lo que tú te crees”.

Muriel Rukeyser. Mito.


Puesto que la mujer se ha rebelado y ha reivindicado su liberación, la estabilidad afectiva de la familia, que dependía decisivamente de ella, entra en crisis. Frente a esta amenaza, se vuelve al padre. Se revitaliza su papel, ya no únicamente como polo estable de la autoridad, sino como polo afectivo, un padre que asume el papel afectivo que la madre ya no desempeña, un padre en cierto modo hermafrodita.

Michele Mattelart. Mujeres e industrias culturales.


La sociedad agotada por las reivindicaciones diversas y las críticas múltiples, quiere reafirmar el liderazgo del padre tranquilo, condenar implícitamente a la madre turbulenta, acusada de ser responsable de la desestabilización de los hogares. En nuestro siglo freudiano, la ‘liberación’ ‘del hijo pasaba por el rito –no menos simbólico- de ‘mata al padre’. Pero hoy, después de haber asesinado a los dioses, los ídolos, los maestros pensadores, los directores de conciencia y los padres espirituales, el mundo se siente huérfano y grita ‘¡papá!’.

Pierre Billard.

Zobeida: la captura del sueño de los hombres

Desde allí, después de seis días y siete noches de camino, se llega a Zobeida, la ciudad blanca, expuesta a la luna, con calles plegadas sobre sí mismas como en una madeja. Cuentan esta historia sobre su fundación: hombres de varias naciones tuvieron un sueño idéntico. Vieron a una mujer que corría de noche por una ciudad desconocida; la veían de espaldas, con sus largos cabellos, y estaba desnuda. Soñaron que la perseguían. Cuando doblaron la esquina, todos la perdieron.

Tras el sueño, se pusieron a buscar esa ciudad; la ciudad, nunca la encontraron, pero se encontraron unos a otros; decidieron construir una ciudad como la del sueño. Para trazar las calles, cada uno siguió el curso de la persecución; en el punto en que habían perdido la pista de la fugitiva, dispusieron espacios y muros diferentes a los del sueño, para que ella no pudiera escapar de nuevo.

Esta fue la ciudad de Zobeida, donde se establecieron, esperando que la escena se repitiera una noche. Ninguno, dormido o despierto, volvió a ver a la mujer. Las calles de la ciudad eran calles donde iban a trabajar todos los días, sin otro lazo de unión entre ellos que la caza del sueño. Que, por otra parte, ya habían olvidado hacía mucho tiempo.

Llegaron nuevos hombres de otras tierras, hombres que habían tenido el mismo sueño, y en la ciudad de Zobeida, reconocieron parte de las calles del sueño, y cambiaron la composición de arcadas y escaleras, para que recordaran más de cerca el camino de la mujer perseguida y así, en el punto en que la mujer se había desvanecido, no quedó ninguna posible escapatoria. Aquellos que habían llegado los primeros no podían entender lo que había empujado a esta gente a Zobeida, esa ciudad tan fea, esa trampa.

Italo Calvino. Ciudades Invisibles

Vía Campesina: III Asamblea de mujeres

En Maputo, Mozambique, a la ocasión de la V Conferencia Internacional de La Vía Campesina, nosotras las mujeres del campo de los diferentes continentes hemos sostenido nuestra III Asamblea de las Mujeres. Nos encontramos con la alegría del compartir, el cariño de las compañeras, la riqueza de nuestras culturas diversas y la belleza de las mujeres de África, Asia, Europa y las América.

Somos mujeres con historias y luchas comunes por la vida, la tierra, los territorios, la Soberanía Alimentaría, la justicia, la dignidad; mujeres que compartimos saberes y experiencias, convencidas que las ideas como las semillas cuando se intercambian crecen y se multiplican. Somos mujeres que hemos luchado contra la violencia a lo largo de la historia, luchadoras, que continuamos defendiendo nuestros territorios y nuestras culturas del saqueo, la devastación y la muerte perpetradas por quienes han impuesto su poder desde el tiempo de la colonia, y que hoy continúan intentando colonizar no sólo nuestros territorios sino también nuestras mentes y nuestras vidas.

Como mujeres reclamamos el respeto de todos nuestros derechos y rechazamos al sistema patriarcal y todas sus expresiones discriminatorias. Nos reafirmamos en el ejercicio pleno de la participación ciudadana. Exigimos nuestro derecho a una vida digna, el respeto a nuestros derechos sexuales y reproductivos, la aplicación inmediata de medidas para erradicar toda forma de violencia física, sexual, verbal y psicológica y la eliminación de prácticas de feminicidio que aún persisten.

Denunciamos que los procesos migratorios, particularmente el de las mujeres, están estrechamente relacionados con el empobrecimiento y la violencia social y de género en el campo así como con desplazamientos de las mujeres hacia los centros de producción empresarial, el tráfico de mujeres para enriquecer el negocio del entretenimient y las expulsiones de las mujeres de las tierras productivas. Todos estos factores conjuran contra la permanencia y los medios de sustento de las comunidades campesinas y contra la Soberanía Alimentaría.

Reafirmamos que denunciar la discriminación hacia las mujeres, implica reconocer que si bien el sistema patriarcal y el machismo han existido históricamente; el modelo neoliberal profundiza las condiciones de discriminación y aumenta las situaciones de violencia contra las mujeres y las niñas en las zonas rurales. Por tanto la lucha antineoliberal debe de ir a la par de la lucha por la igualdad de género, la no discriminación de las mujeres y el combate inclaudicable contra todas las formas de violencia en el campo, y en particular la violencia doméstica que sufren las mujeres.

Las mujeres sufrimos discriminación de clase, género, étnica, sexual, estética, entre otras. Creemos que un tipo diferente de sociedad con otro tipo de relaciones de géneros es posible. Otro mundo es posible ahora.

Extraído de: La Vía Campesina: Declaración de la III Asamblea de las Mujeres

Decrecimiento, más allá del anti-capitalismo

Durante estos tiempos de crisis capitalista, rescates sin escrúpulos, vaivenes bursátiles e incertidumbre general, están apareciendo multitud de artículos que ponen su granito de arena en hacer de la idea del decrecimiento algo menos ajena a lo que venía siendo, sobretodo en el ámbito de la izquierda alternativa.

Cierto es, como bien expresan muchos de estos textos, que la acumulación para unos pocos intrínseca al capitalismo está en la base de la espiral autodestructiva reinante, que la explotación capitalista del mundo lo está llevando a su ruina humana y ecológica, que decrecer es imperativo ante los límites energéticos y materiales de un planeta exhausto por la sobre-explotación.

Pero cierto es también, que la idea de decrecimiento, además de romper de frente con el capitalismo, rompe con otros dogmas de los que la doctrina imperante no es dueña exclusiva. El decrecimiento no olvida que el “desarrollo”, el “Progreso”, el “Avance de la sociedad”, más allá de control del capital o de la organización social, han sido las constantes incuestionables de la historia, y que son sinónimo no sólo de crecimiento en el estricto sentido económico, sino también del aumento de la complejidad, de la tecnificación de la vida, de la especialización total, de la mayor acumulación de poder, de la uniformización global, de la explotación y tantos otros males cuya solución se presenta, qué casualidad, apretando la misma tuerca que los ha causado.

No me parece oportuno olvidar, sobretodo en tiempos de afanada búsqueda de alternativas como estos, las enseñanzas de Ivan Illich cuando afirmaba que, pasado cierto límite, se pierde el control sobre las herramientas que, aunque creadas para hacernos más libres, acaban por dominarnos[1]. Mucho tiene esto que ver, al final, con la contundencia con la que André Gorz expresaba que “cada pancarta que proclama 'queremos trabajo', proclama la victoria del capital sobre una humanidad esclavizada de trabajadores que ya no son trabajadores pero que no pueden ser nada más”[2]. Igual de certeras me parecen las palabras de Jacques Ellul cuando aseguraba que es imposible dirigir el avance de la Técnica[3] que, ni buena ni mala, sólo persigue su propio desarrollo, de imprevisibles consecuencias en una espiral dónde, para cada avance positivo, los problemas creados son cada vez más inabordables[4].

El decrecimiento, al que estos autores y muchos más han ido dado forma a lo largo ya de décadas, pone el énfasis en la vuelta a lo local, a lo cercano, lo simple. Se presenta incompatible con todo sistema empeñado en añadir capas de complejidad al funcionamiento de un mundo cuya globalidad ya nadie comprende.

La apuesta por el decrecimiento no es simplemente anti-capitalista, sino esencialmente anti-burocrática, anti-especialista, anti-potencial, anti-productivista y busca dar lugar a un mundo dónde además de la sostenibilidad, primen los valores humanos por encima de los de la Técnica y la economía.

No se trata de volver a la frondosidad de los bosques y a la luz de las hogueras, sino de cuestionar a fondo cada paso, de establecer prioridades y límites para desmontar las complejidades de un sistema que, a pesar de las fachadas democrática, es controlable únicamente por un grupo reducido de expertos aprobados por el Poder de turno.

Sólo desterrando el mito del Progreso podremos apreciar con mayor claridad que si es vergonzoso inyectar fondos públicos en bancos y mercados, no lo es menos lanzar cohetes, acelerar partículas, investigar la fusión nuclear o impulsar infinidad de otros proyectos civiles y militares ejecutados por los gobiernos y corporaciones de turno. Imposible es obviar el papel de una economía productivista y globalizada en todos estos procesos que obstinados en el “avance de la humanidad”, condenan a la miseria a su mayor parte.

Notas:

[1]. “La convivencialidad”. Ivan Illich.
[2]. “André Gorz Vive, la lucha ecologista sigue”. Florent Marcellesi
[3]. Entiéndase la Técnica como “la elección del método más eficiente para alcanzar un objetivo, sin miras a factores humanos o ecológicos que pudiesen condicionarlo”, según J. Ellul. Más tarde, Serge Latouche incorporará el factor económico (rentabilidad) a los análisis de Ellul y desarrollará el concepto de la Megamáquina.
[4]. “Jacques Ellul, l'homme qui avait presque tout prévu” Jean-Luc Porquet.

Héctor A. San Juan Redondo. Decrecimiento, más allá del anti-capitalismo

Imaginario simbólico

El imaginario simbólico constituye, instituye y disciplina los pensamientos y prácticas de la realidad social, a través de fórmulas no jurídicas, sino más bien informales, y que muchas veces tienen que ver más con el mundo de los afectos, sentimientos y emociones, que con la regulación explícita de un sistema político o una estructura económica, aunque es evidente el peso del poder en su configuración.

La consideración de que es algo ‘normal’, la repetición de un mismo mensaje bajo diferentes formas o en la misma y de forma reiterada, la espontaneidad o liviandad con que se expresan, contribuyen a su objetivación, configuración como creencia verdadera, aunque de manera inconsciente, que penetra en la mente de los individuos y se reproduce en los colectivos sociales.

La identificación de la mujer con la maldad y la incoherencia adjudicada a ésta es la forma tradicional que tiene la cultura hegemónica y el género masculino para justificar y legitimar la discriminación femenina.

Nuestra sociedad occidental está regida por un sistema binario bipolar, donde los pares dicotómicos presentan una categoría fundante. Frente a la doncella y la esposa está la puta. Siempre lo bueno contra lo malo.

La violencia simbólica es violencia amortiguada, insensible, e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce sobre todo a través de caminos puramente simbólicos de comunicación. Uno de los ámbitos donde se observa es en el refranero.

Algunos ejemplos:

‘Mujeres en opinión tienen mal son’. ‘A la mujer, ni muerta has de creer’. ‘Al perro nadar, y a la mujer bailar, el diablo se lo debió enseñar’. ‘La que es de su casa, lava, limpia, cose, guisa y amasa’. ‘Mujer hermosa, mujer peligrosa’. ‘Mujeres que van mucho a fiestas, si es casada, cuernos en la testa’. ‘Al marido temerle, quererle y obedecerle’. ‘Al mujeriego, mil perdones’. ‘La que sea puta y bruja, cruja’. ‘La mujer sin varón, ojal sin botón’.

El lenguaje es un medio de comunicación, pero es también un modo de pensar, una forma de acceder a la realidad que nos rodea mediante su aprehensión, reproducción, y porque no, interpretación. Es el primer sistema simbólico que se utiliza para estructurar la experiencia, vehículo de comunicación y comportamiento lingüístico. Reproduce la realidad y el mundo, pero sometido a una organización propia, simbolizándolo; hay, pues, una íntima y continua relación entre lengua y pensamiento, y entre lenguaje y experiencia humana; lengua y sociedad se implican mutuamente. No es un espejo de la realidad, ni herramienta neutral, impone su punto de vista sobre el mundo al que hace referencia y al utilización de la mente con respecto a dicho mundo.

Para saber más: Estereotipos y roles de género en el refranero popular. Anna M. Fernández Poncela.

Decrecimiento: sencillo de explicar, difícil de asumir

¿Saldrías esprintando si tienes que recorrer 80 km. en bici? No, porque la velocidad te dejaría sin resuello. ¿Qué pasó con la gallina de los huevos de oro? El ansia de velocidad de acumulación mató a la gallina y al futuro.

Esto es lo que le está pasando a nuestro planeta. Vivimos a una velocidad por encima de lo sostenible. Una velocidad de apropiación de recursos y de generación de residuos superior de las capacidades del entorno.

Así, el cambio climático es debido a que estamos generando gases de efecto invernadero (residuos) por encima de la capacidad de ser asumidos por parte de la atmósfera (sumidero). El agotamiento del petróleo (recurso) se debe a que estamos consumiéndolo por encima de su tasa de renovación. Podemos hacer un repaso por todos los problemas ambientales enmarcándolos en estas dos categorías: excesiva velocidad de consumo de recursos o excesiva velocidad de producción de residuos.

La solución es obvia: consumamos recursos y produzcamos residuos a los ritmos asumibles por la naturaleza. Pero, ¿por qué avanzamos en la dirección contraria?

Aquí la cosa también está clara. Vivimos en un sistema, el capitalista, que funciona con una única premisa: maximizar el beneficio individual en el más corto espacio de tiempo. Uno de sus corolarios inevitables es que el consumo de recursos y la producción de residuos no para de aumentar a velocidades exponenciales.

No es que haya una mente maquiavélica que diga: voy a ventilarme el planeta (aunque sí que hay quienes estén por la labor). Es una simple cuestión de reglas de juego: o te atienes a maximizar tus beneficios o te quedas fuera. Quedarse fuera es que tu empresa es absorbida o pierde su mercado. Atenerse a las reglas es que lo único que importa son las cuentas a final de año y, sólo bajo presión, el entorno o las condiciones laborales.

Pero el problema va más allá de los impactos ambientales y sus implicaciones sociales (el cambio climático es uno de los principales problemas sociales por su ataque a los medios básicos de supervivencia: agua, agricultura y tierra). Indudablemente hablar de lo que supone la velocidad del capitalismo implica nombrar a quienes esta velocidad expulsa y explota.

Si tengo 100 manzanas para 100 personas y 20 (qué casualidad, la mayoría hombres) se quedan con 80, porque el sistema no sólo produce acumulación, sino que necesita esa acumulación... Vamos, que tenemos un problema de sobrevelocidad, pero también de inequidad. Tenemos una tarta en la que nos tenemos que preocupar no sólo del reparto justo, sino también del tamaño, que no puede ser demasiado grande.

Atajar el problema de sobrevelocidad que tenemos pasa por abandonar la obsesión intrínseca de este sistema por el crecimiento. Pasa por el decrecimiento de quienes ya hemos crecido demasiado. Significa que los países del Norte tendremos que recortar drásticamente nuestro consumo de recursos y producción de basuras hasta acoplarlos a la capacidad de producción y reciclaje de la naturaleza.

Pero no en todo se tiene que decrecer ni de igual forma. Hay que decrecer en el consumo de energías fósiles, creciendo en el de renovables (hasta un punto); o decrecer en la producción de materiales sintéticos, sustituyéndolos (en parte) por naturales. Todo ello entendiendo que el aumento de la eficiencia y la apuesta por los productos cien por cien reciclables es importante, pero no suficiente. El parque automovilístico actual es mucho más eficiente que el de hace 30 años pero... contamina más (hay más coches); y una granja de cerdos puede producir deshechos cien por cien reciclables pero... a una velocidad inasumible por los ecosistemas. Así que: más eficiencia, cierre de ciclos de la materia, energía solar pero... con decrecimiento. Sólo así el Sur (y los sures del Norte) podrán aumentar sus niveles de consumo de recursos y de generación de residuos para alcanzar los mínimos para tener una vida digna.

Es decir, la propuesta de decrecimiento no implica que todo el mundo decrezca ni que decrezcamos en cualquier cosa, sino que el decrecimiento busca la equidad en la austeridad. Es comprender que vivir mejor es vivir con menos. El decrecimiento no es un objetivo, es un medio hasta alcanzar parámetros de sostenibilidad.

Pero es una propuesta muy difícil de asumir, al romper las reglas de juego capitalistas e ir contra quienes detentan el poder. Sin embargo es algo inevitable, o decrecemos por las buenas o lo haremos por las otras, ya que los límites de recursos y sumideros del planeta los tenemos ya encima, y la física no veas lo tozuda que es.

Luis González Reyes en Revista Pueblos nº 34. Septiembre 2.008

Las mujeres: el nuevo 'sujeto histórico'

La mercantilización de las cosas y de las personas, junto a la alienación en la caverna del desatino, se están cebando principalmente en las mujeres, y sus cuerpos se afianzan más y más como objeto real y simbólico de dominación. La prostitución femenina, la pornografía e incluso el esclavismo sexual han crecido escandalosamente con el empobrecimiento, las guerras y las migraciones, efectos multiplicados planetariamente por la posibilidad de internet, cuyos contenidos divulgan y venden este tipo de prácticas perversas.

Pero también el cuerpo de las mujeres se está convirtiendo en un campo de especulación para la medicina: la reproducción asistida, los vientres de alquiler, la menopausia considerada como patología y la enloquecida carrera de la cirugía estética, en función de un modelo de belleza adecuado a la mirada masculina, están haciendo a las mujeres auténticas víctimas de los valores y principios consagrados por el patriarcado, si bien bajo la apariencia de emancipación que supuestamente cabalga a lomos de los avances científicos y tecnológicos.

Al comprobar la multitud de grupos de mujeres que en distintos frentes de lucha se están organizando, se podría considerar a las mujeres como el nuevo “sujeto histórico”. El hecho de ser mujer lleva aparejado una necesidad o deseo de cambiar las cosas. Estamos incomodas, muy incómodas con el mundo que nos ha tocado vivir, y este mundo que nos ha tocado vivir no ha sido en una tómbola, sino por imperativo expreso de quienes lo dominan, que son los ‘machos’, es decir, aquellos varones que responden a su enfermo deseo de dominar.

Tal vez sea el momento de construir frentes comunes y plurales (no es contradictorio) de mujeres como encarnación real y simbólica de otro mundo posible. Y no se trata de aglutinarnos en torno a un ‘pensamiento único’, pero sí en torno a un único compromiso desde los múltiples caminos que nos marcan la clase social, la cultura, la nacionalidad, las opciones sexuales, la raza o la edad que conforman nuestras referencias personales y colectivas.

Para saber más: Mujeres en la era global. Victoria Sendón de León.

La Querella de las mujeres

La Querella de las mujeres es el nombre con el que se conoce el largo y complejo debate histórico que tuvo lugar en casi toda Europa sobre la interpretación, valoración y regulación de la diferencia sexual, y que ocupó parte de la Edad Media, y toda la Edad Moderna, hasta la Revolución Francesa. Un debate filosófico, teológico, científico, político y literario en el que muchos trataron de demostrar la ‘inferioridad natural’ de las mujeres y la ‘superioridad natural de los hombres’, justificando así – con este supuesto hecho natural – el sentido y el valor femenino y de lo masculino; y, consecuentemente con ello, el lugar que mujeres y hombres ocupaban y debían ocupar en el orden social (la familia, la política, la cultura).

La supuesta inferioridad natural de las mujeres y la supuesta superioridad natural de los hombres no es una teoría nueva que se inicie con la Querella. Lo nuevo e importante históricamente es que a partir del siglo XIII dominará la teoría – llamada por la filósofa Prudence Allen – de la ‘polaridad entre los sexos’, que sostiene que las mujeres y hombres son significativamente diferentes y que los hombres son superiores a las mujeres.

Esta teoría, cuyo máximo representante es Aristóteles, se legitima e institucionalizará a mediados del siglo XIII al convertirse las obras de este en lecturas obligatorias en la Universidad de París en 1.255, desde la que se divulgó pronto a otras universidades europeas. La teoría de la ‘polaridad entre los sexos’ claramente hostil hacia las mujeres, se impuso mediante la institución académica a otra forma de entender la diferencia sexual definida como la teoría de la ‘complementariedad de los sexos’, que sostiene que mujeres y hombres son significativamente diferentes, pero que son iguales. Una tercera manera de entender la diferencia sexual es la teoría de la ‘unidad de los sexos’, que defiende que mujeres y hombres son iguales y que no existen diferencias significativas.

En el discurrir histórico de la Querella se trataron varios temas, pero se discutió, básicamente, sobre la valía, las capacidades y la naturaleza del cuerpo femenino. Desde mediados del siglo XIII y hasta el siglo XV, son hombres los que intervienen en la Querella de las mujeres, pero ésta toma un giro importante originado por la intervención pública de las mujeres que inició Christine de Pizan.

“En nuestra civilización existe una tradición, minoritaria pero tenaz, de hombres que han visto en el sexo femenino la parte mejor de la humanidad. Una tradición que es ignorada por muchos, y que hoy sigue viva.”

Luisa Muraro

Para saber más: De dos en dos. Las prácticas de creación y recreación de la vida y la convivencia humana. Marta Beltran i Tarrés, Carmen Caballero Navas, Montserrat Cabré i Pairet, Mª Milagros Rivera Garretas y Ana Vargas Martínez.

El significado de la couvade

"Cuando una mujer ha dado a luz, el marido permanece en cama cuarenta días durante los cuales él limpia y arregla al niño. Y esto lo hacen porque dicen que la mujer ha sufrido mucho llevando durante unos meses el peso del niño y quieren que descanse. Todos los amigos van a ver al marido en cama y hacen gran fiesta. La mujer se levanta del lecho, atiende a los quehaceres de la casa y sirve al marido en la cama.”

Viajes. Marco Polo.

La sorpresa llegó cuando se comprobó que la couvade es una práctica universal. ¿Por qué los hombres actuaban así desde los tiempos más antiguos hasta los lugares más diversos?. En las culturas más primitivas el hombre inventa la couvade para hacerse con el hijo artificialmente.

“Todo hombre sabe que nunca jamás podrá ser la persona más importante en la vida de otro durante mucho tiempo, y que tiene que afirmar su superioridad en suficientes sectores con suficiente frecuencia como para justificar que la naturaleza le permita permanecer en ella.”

S. Golberg

El hombre sacraliza a la mujer por su poder de dar la vida, y como tal, la teme. Para ser hombre, por mucho orgullo que se tenga, primero hay que nacer, y se nace siempre de una mujer. El hombre envidia a la mujer por esto, porque en última instancia depende de ella, porque le está referido y no al contrario.

En nuestra cultura ‘más civilizada’ se elaboran unos mecanismos más sutiles y sofisticados, pero no menos elocuentes. Embarazo, parto, amamantamiento, anticoncepción, aborto y las nuevas técnicas de reproducción están en manos del género masculino. Y además a dos niveles: el político y legal y el del ejercicio de la profesión. Son ellos los que deciden desde los parlamentos y los congresos, desde los códigos y las publicaciones científicas, con la toga puesta y con la bata blanca.

Reflexiones feministas. Victoria Sau Sánchez.

Feminidad

Aunque las funciones que ejercemos mujeres y hombres en el mundo (caminar, pensar, etc.) sean idénticas, la experiencia de vivir en un cuerpo sexuado femenino es distinta de la experiencia de vivir en un cuerpo sexuado masculino.

“De ahí que ella represente un misterio en una cultura que pretende enumerarlo todo, cifrarlo todo en unidades, inventariarlo en individualidades. Ella no es ni una ni dos. No se puede en rigor, determinarla como una persona, pero tampoco como dos. Ella se resiste a toda definición adecuada. Por otra parte, no tiene nombre ‘propio’. Y su sexo, que no es un sexo, es contabilizado como no sexo. Negativo, revés, reverso del único sexo visible y morfológicamente designable (aun cuando esto plantee algunos problemas de pasaje de la erección a la detumescencia): el pene”

El sexo que no es uno. Luce Irigaray.

“La mujer no se halla en una relación dialéctica con el mundo masculino. Las exigencias que viene clarificando no implican una antítesis, sino un moverse en otro plano.”

Escupamos sobre Hegel. Carla Lonzi.

“La característica principal de los productos culturales de las mujeres es precisamente el no ser nunca mera producción intelectual –de escritos, imágenes, sonidos-, sino también siempre presencia física, sexual y material, de personas de cuerpos, de gestos, de espacios.”

Memoria. Paola di Cori.

La diferencia tiene, pues, que ver con la decibilidad de la propia experiencia de sí y del mundo, que produce sentido de sí y del mundo. El significado que se da al propio ser mujer. Y es, por tanto, del orden simbólico

Es el mundo entero al que se pretende dar a luz (ese ‘traer al mundo el mundo’). Y darle a luz a medida humana femenina.

Para saber más: Nombrar al mundo en femenino. María Milagros Rivera Garretas.

Una revolución cultural femenina

No basta con medir cuantitativamente la marginación o discriminación de las mujeres; no basta con promover leyes tendentes a la igualdad; no basta con estudios de género que rescaten del olvido la aportación femenina a la cultura; no basta con la paridad institucional. Se trata de crear auténticas revoluciones culturales que hagan avanzar nuestra historia en sentido evolutivo.

Estas revoluciones en las que han participado activamente las mujeres, siempre han significado hitos importantes en las que han participado activamente las mujeres, siempre han significado hitos importantes que han dejado su huella. El movimiento trovadoresco en el sur de Francia significó una exaltación de lo femenino. Impulsado en el siglo XII desde la corte de Leonor de Aquitania y continuado por sus hijas Marie y Alix, se extendió por toda Europa. Implementó una auténtica veneración por la mujer y lo femenino que supuso un verdadero renacimiento cultural en los siglos oscuros del Medioevo.

Este movimiento estuvo en el origen del culto a María como una reminiscencia del antiguo culto de la Diosa, lo que dio lugar a la construcción de sublimes catedrales como la de Chartres o la de Notre Dame de París, que a su vez coincidió con potentes movimiento de renovacición espiritual como los cátaros, albigenses, begardos y beguinas, que por supuesto fueron contestados con sangrientas represalias por parte de la Iglesia y del poder civil.

En lugares apartado del mundo rural fueron las llamadas ‘brujas’ el punto de referencia de enfermos y afligidos, ejercieron sabiamente la medicina natural y el consejo espiritual, dando lugar a la más sangrienta persecución histórica que las mujeres hemos podido sufrir. Los médicos y los sacerdotes vieron amenazado su poder, de modo que participaron en la masacre como los más fervientes inquisidores.

El modo infalible para saber si todos estos movimientos fueron importantes o no lo podemos detectar por la reacción del patriarcado ante ellos. Toda reacción violenta, represiva, despreciativa o inquisitorial acompañan siempre una eclosión relevante de las mujeres en la Historia. También ahora.

Extraído de ‘Matria. El horizonte de lo posible’. Victoria Sendón de León. 2.006.

Masculinidad

Es costumbre que los niños vayan al hammam con las mujeres y esto se sigue haciendo hasta que se llega a la edad de la pubertad. Ya que la edad que la pubertad no es igual para todos, el umbral en el que se establece que una ha ‘crecido’ es muy flexible; dado que una madre tiende a ver a su hijo como un eterno niño, y dado que llevar a un muchacho al hammam es una tarea que el padre prefiere dejar el mayor tiempo posible a la madre, no es raro en absoluto el espectáculo de un niño bastante mayorcito, más o menos adolescente, en medio de las desnudeces de las mujeres de todas las edades –mientras otras mujeres no se sientan incómodas por la presencia del muchacho, joven o no-.

¿Qué árabe musulmán no ha sido excluido de esta manera del mundo de las mujeres desnudas?. ¿Qué árabe musulmán no recuerda esa cantidad de carne desnuda y las muchas y ambiguas sensaciones?. ¿Quién no recuerda el incidente por el cual este mundo de desnudeces quedó prohibido de golpe?. Se nos dio más que una memoria. Uno no podría parar de pellizcar esos gruesos pechos colgantes que lo obsesionaban. Otro fue alejado por ser demasiado peludo, por tener el pene demasiado grande, nalgas demasiado sobresalientes, un órgano desplazado. Para el muchacho, el hammam es el lugar en el que uno descubre la anatomía de los demás y del que uno es expulsado una vez que se ha producido el descubrimiento.

Entrar en el mundo de los adultos significa asimismo, quizá, sobre todo, frecuentar sólo hombres, ver sólo hombres, hablar sólo a hombres (...). Ahora, el cuerpo es arrebatado literalmente por el mundo masculino.

Las prácticas del hammam están estructuradas de una manera nueva a partir del momento en que uno se separa de su madre, de modo que el primer hammam tomado con los hombres es como una consagración, una confirmación, una compensación. Es la confirmación de la pertenencia al mundo de los hombres (...). Ninguno recibió las felicitaciones de los amigos de su padre, a los que ahora encuentra por primera vez ligeramente vestidos y algunos de los cuales no dejan de hacerle proposiciones indecentes.

Abdelwahab Bouhdiba. La sexualidad en el Islam. 1975.

Ecología social y decrecimiento

Donde más se concreta la propuesta política de la ecología social es en la formulación del “municipalismo libertario” en tanto que organización social y económica de carácter comunalista. En ella, el municipio se percibe como la unidad de convivencia básica que puede facilitar que el “logos común” fluya y adopte la forma de democracia directa.

La vida económica del municipio se concibe como una “municipalización de la economía”, tanto en el sentido de propiedad comunal como en la dirección colectiva de la propia economía local. Frente a la las formas de centralización y de concentración de poder, este municipalismo de base apuesta por la confederación de municipios regida por el intercambio y el apoyo mutuo.

Bookchin, que es autor de trabajos como Los límites de la ciudad (1974), estudió a fondo los modos de organización social en nuestra cultura que históricamente no se han regido por la lógica estatista. Y, obviamente, se inspiró en concepciones como el Municipio Libre que afloraron en nuestra experiencia republicana y que este autor norteamericano también estudió.

En 1984 escribió sus conocidas Seis tesis sobre el municipalismo libertario y, por ejemplo, en marzo de 1989, el grupo anarquista con el que desde finales de los setenta luchaba desde la pequeña ciudad de Burlington (Vermont, USA) se presentó a elecciones municipales – que es una posibilidad que su concepción contempla- con un programa que, en primer lugar, se refería a la cuestión del crecimiento como el problema “más acuciante”; al mismo tiempo que pedía una moratoria del crecimiento para que los ciudadanos “tengan tiempo” de decidir en asambleas abiertas cómo desean que sea el desarrollo de su comunidad. Otros puntos del programa eran “la compra por parte de la municipalidad de tierras libres” y “la creación de una red directa entre agricultores y consumidores para fomentar la agricultura local”.


Visto, pues, desde la óptica y las alternativas que en la actualidad se esbozan en el seno del movimiento por el decrecimiento y, especialmente, en el hincapié que éste hace sobre cuestiones como la “relocalización” de la economía, la “economía de aproximación” o la revitalización de la experiencia comunitaria, creo que está claro que la Ecología social, y las enseñanzas que Murray Bookchin ha aportado, tienen suficiente sustancia como para merecer una precisa atención. Sobre todo si lo que se desea desde el decrecimiento es construir un movimiento internacional verdaderamente transformador, y no una “red” ciudadanista más o menos progresista y sofisticada.

Extraído del artículo 'ecología social i decreixement' publicado por Alfonso López Rojo en el monográfico sobre “Decrecimiento” de la Revista Illacrua, Nº 161, septiembre de 2008.

Patriarcado, sistema económico y violencia

La forma patriarcal de ordenar la vida se manifiesta a través de una forma violenta de resolver los conflictos que se materializa en guerras continuas, teniendo en los últimos tiempos el control de los recursos como motivo central; o las formas de relación entre las personas basadas en el dominio que se traducen en violencia contra las mujeres, en explotación sexual o en agresión a quien es visto como diferente.

Esta violencia, que forma parte de las relaciones de poder que se practican en el patriarcado capitalista actúa contra las mujeres y contra la naturaleza, constituye la base del actual paradigma de desarrollo, es decir el telón de fondo de los comportamientos violentos cotidianos es la violencia simbólica.

Violencia simbólica que ha cancelado lo femenino original sustituyéndolo por un discurso patriarcal sobre las mujeres que asegurase su subordinación sobre lo masculino y que ha hecho invisible nuestra pertenencia natural por medio de operaciones de naturalización de los constructos humanos. En el ejercicio de esta violencia simbólica, el patriarcado capitalista ha identificado mujeres y naturaleza y los ha situado en la parte oscura convirtiéndolos en algo que no tiene valor y está disponible para ser usado ‘por el hombre económico, el hombre racional, el hombre político’. Este es el orden simbólico que ilumina y sostiene la economía convencional.

La actividad femenina que se ha centrado a lo largo de la historia en hacer crecer la vida y cuyos esfuerzos han sostenido una generación humana tras otra, a pesar de la violencia patriarcal, ha desarrollado en cambio unas prácticas y un saber que son referentes para que la sostenibilidad humana, social y ecológica sea posible.

Se pone en cuestión la validez del sistema económico actual para alcanzar una sostenibilidad del planeta y la experiencia femenina aporta también una práctica de relación por ella misma, sin una finalidad instrumental; una práctica de la relación que se alimenta de amor y no de dominación.

Para saber más: Epílogo del libro 'la historia cuenta' de Enric Tello, escrito por Anna Bosch, Cristina Carrasco y Elena Grau.

Matria

¡Claro que ellos han utilizado nuestra diferencia para someternos!. Y sobre todo nuestra capacidad para gestar nuevos seres. La posibilidad de ser madres y nuestra mayor ligazón a la especie por la crianza y otras derivaciones ha jugado en contra de las mujeres en un modelo androcéntrico.

Lo que sucede es que una de las características fundamentales de la dominación masculina es que ha utilizado las diferencias a favor de la desigualdad. Las diferencias de edad, de raza, de lengua, de etnia, de clase y de sexo han dado lugar a multiples desigualdades.

La civilización patriarcal nos ha impuesto, no sólo una ética más allá de la bondad o maldad de las cosas, sino una lógica determinada que se pretende constitutiva de la esencia humana.

¿Qué es el feminismo de la diferencia? Victoria Sendón de León.

Anteriormente en el blog del decrecimiento:

Suelo pegajoso y techo de cristal

Lo femenino y la resistencia al capital

Decrecimiento es nombre de mujer

Conversaciones feministas


El futuro será mujer o no será


Igualdad versus desigualdad, diferencia versus identidad


¿Iguales o diferentes?

El Alarde de Hondarribia

Lactancia materna


La huella civilizadora

Quiero teta

Lactancia materna vs leche artificial: un absurdo económico


La lógicas del cuidado

Mujer y sostenibilidad humana

En manos de las mujeres

Sobre la familia

Matria es un espacio de vida, un camino de libertad, es mujer.

Proceso económico, entropía y el goce de vivir

El proceso económico es el proceso vital que realiza el ser humano para satisfacer sus necesidades; esto es, la transformación de materia y energía en bienes y servicios, (y también  residuos), mediante un flujo inmaterial que provocaría el goce de vivir.

En este proceso la energía y la materia pierden su calidad y se degradan, disminuyendo las posibilidades del aprovechamiento humano -entropía-; este es el origen de la escasez económica –de no ser así podríamos utilizar un trozo de carbón una y otra vez para producir calor o trabajo-.

Cuando el ser humano produce una mercancía genera siempre un residuo equivalente a la materia y energía degradadas. Como la energía y los materiales no se pueden crear ni destruir, lo que entra en forma de factores productivos tiene que salir forzosamente como mercancías y residuos, pero no puede desaparecer.

La finalidad del proceso económico (flujo material) tendría como objetivo el disfrute de la vida (flujo inmaterial), pero por desgracia, este proceso en el sistema capitalista (mediante el mercado autorregulado y las mercancías ficticias) responde al afán de enriquecimiento y acumulación de poder de algunos, por lo que no contribuye a enriquecer la vida en general, sino que va en detrimento del ‘disfrute de la vida’ de la mayoría.

Para saber más: La bioeconomía de Georgescu-Roegen. Oscar Carpintero.