Automovilidad

La automovilidad no ha surgido de ninguna necesidad común, consensuada, racional, que una sociedad determinada pudiera plantearse, ha sido sólo un lujo demencial ejercido por las poblaciones de ciertas zonas de los países desarrollados, a costa del saqueo de otras poblaciones y zonas naturales, y a costa también de la propia alienación a un objeto de consumo suntuario.

Si consideramos que para estimular el crecimiento económico nuestra felicidad y relaciones con los demás son más importantes que la acumulación de bienes, cuestionar el automóvil debería ser uno de los primeros objetivos del decrecimiento. El automóvil es, en efecto, una de las mayores herramientas de la actual concepción económica del mundo.

En nuestro mundo, que se quiere racional y lógico, el automóvil es el instrumento más pasional y aberrante que existe. El incremento del número de coches no es concebible a largo plazo y hoy sólo es posible porque una privilegiada minoría de la humanidad lo ha convertido en el instrumento de su desarrollo económico.

Frente a los problemas creados por el automóvil, los esforzados caballeros de la técnica nos prometen todo un arsenal de soluciones que permitirán resolver científicamente cada uno de esos males sin tener que cuestionar ni por un segundo el modo de vida sobre el que está basado el automóvil.

Cuanto más cotidiano, cercano, hogareño y práctico se vuelve el automóvil más nos oculta el perímetro destructivo que difunde. La automovilidad ficticia que proporciona el automóvil oculta la peligrosidad y la dependencia que constituye nuestro mundo moderno, sometido a los imperativos despóticos de dicha autonomía.

El automóvil ha sido la máquina de guerra que ha envuelto al occidente desarrollado en una paz auto indulgente e insensata: la paz del week-end, de la escapada en automóvil hacia la playa o la montaña, la paz blindada por el control armado de países remotos.

Para saber más: Las ilusiones renovables. Los amigos de Ludd. Capítulo ‘El mito de la automovilidad’

Para saber más: Objetivo decrecimiento. Capítulo ‘Automóvil y decrecimiento’. Denis Cheynet.

3 comentarios:

  1. Gracias a dios uno no está sólo y hay gente que piensa como yo por el mundo. El coche es un lujo tremendamente caro, un chorreo de dinero entre seguros, reparaciones, parking... Todo eso sin entrar en consideraciones ecológicas, porque entonces ya apaga y vámonos.

    Yo tengo 26 años y de momento me resisto incluso a sacarme el carnet; eso genera presiones sociales que te conminan a conducir, aunque la verdad es que desde la subida del petróleo oigo menos esas cosas.

    Hace poco me dijo uno de la empresa: "es que HAY QUE tener coche". Sin ninguna razón. Lo más parecido a necesitar un coche que he experimentado en los últimos años fue cuando una amiga dio un concierto en un lugar muy apartado al que no llegaban autobuses. Sólo eso. Ése es el tipo de "necesidades" al que se refiere la gente. "Necesito" ir los fines de semana a la playa. "Necesito" llegar rápido al trabajo. "Necesito" ir a tal concierto.

    Nadie dirá "necesito un coche para comprar comida", o "necesito un coche para ir al hospital", desde luego.

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  2. Hola a todos,

    Sigo con atención las entradas de vuestro blog. Tengo 22 años, y a medida que he ido leyendo, pensando, escuchando hablar sobre los problemas económicos-ecológicos-sociales del mundo, mis pasos se empeñan en dirigirse, cada vez más, hacia ideas incómodas, como las del decrecimiento.

    Pero sucede que descubro esto, y me veo inmerso en un gran engranaje que funciona como funciona, y yo formo parte de él, y entiendo el mundo desde su óptica y me levanto por la mañana y no sé cómo escapar.

    Por eso ahora mismo estoy en la encrucijada de conseguir llevar una vida lo más acorde con mis incipientes ideas. Pero hay cosas que no sé cómo solucionar. Por ejemplo, la automovilidad. Vivo a 20 km de la universidad en la que estudio. Hay autobuses cada hora o cada dos horas, que me dejan a media hora andando de la facultad. Mis clases no tienen horarios fijos, pueden ser por la mañana, por la tarde, mitad y mitad, tener sólo una hora de clase... Si no tuviese coche... perdería muchas horas sólo en desplazarme y en esperar, me resultaría imposible vivir así. Tendría que tomar la decisión de irme a vivir a la ciudad, pero no me llega el presupuesto para tanto. ¿Compartir coche? Lo he intentado, pero por la variabilidad de mis horarios resulta otro enorme engorro.

    En fin, que por ahora no veo la forma de vivir sin coche. Solo puedo pedir perdón por gastar más de lo que me corresponde, y decir que en el futuro buscaré la forma de solucionar este y otros asuntos.

    Un saludo,

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  3. Hola:

    El automóvil es un lujo caro, pero muchas personas necesitan el vehículo para poder vivir (trabajo, estudios,enfermedad...), ya que nuestro modelo de transporte genera dependencia del vehículo privado.

    No poseo vehículo ni permiso de conducción, pero utilizo el coche en bastantes ocasiones de pasajero.

    Personalmente pienso que el problema no es el coche en sí mismo, sino los motivos que nos inducen a desplazarnos; esa búsqueda de los paraísos lejanos, esa búsqueda de la naturaleza, en una máquina que está destrozando esos mismos paraísos.

    Resulta paradójico que nosotros, los afortunados ciudadanos con las mejores condiciones de vida del mejor de los mundos tengamos que huir a disfrutar nuestro ocio siempre lejos.

    Y entonces toca reflexionar sobre nuestras carencias, nuestros vacíos, nuestra pobreza.

    salud y alegría

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