Zobeida: la captura del sueño de los hombres

Desde allí, después de seis días y siete noches de camino, se llega a Zobeida, la ciudad blanca, expuesta a la luna, con calles plegadas sobre sí mismas como en una madeja. Cuentan esta historia sobre su fundación: hombres de varias naciones tuvieron un sueño idéntico. Vieron a una mujer que corría de noche por una ciudad desconocida; la veían de espaldas, con sus largos cabellos, y estaba desnuda. Soñaron que la perseguían. Cuando doblaron la esquina, todos la perdieron.

Tras el sueño, se pusieron a buscar esa ciudad; la ciudad, nunca la encontraron, pero se encontraron unos a otros; decidieron construir una ciudad como la del sueño. Para trazar las calles, cada uno siguió el curso de la persecución; en el punto en que habían perdido la pista de la fugitiva, dispusieron espacios y muros diferentes a los del sueño, para que ella no pudiera escapar de nuevo.

Esta fue la ciudad de Zobeida, donde se establecieron, esperando que la escena se repitiera una noche. Ninguno, dormido o despierto, volvió a ver a la mujer. Las calles de la ciudad eran calles donde iban a trabajar todos los días, sin otro lazo de unión entre ellos que la caza del sueño. Que, por otra parte, ya habían olvidado hacía mucho tiempo.

Llegaron nuevos hombres de otras tierras, hombres que habían tenido el mismo sueño, y en la ciudad de Zobeida, reconocieron parte de las calles del sueño, y cambiaron la composición de arcadas y escaleras, para que recordaran más de cerca el camino de la mujer perseguida y así, en el punto en que la mujer se había desvanecido, no quedó ninguna posible escapatoria. Aquellos que habían llegado los primeros no podían entender lo que había empujado a esta gente a Zobeida, esa ciudad tan fea, esa trampa.

Italo Calvino. Ciudades Invisibles

1 comentario:

  1. Zobeida, ciudad edificada por culpa de una mujer soñada, debe ser reconstruida sin cesar para mantener cautiva a la mujer. La ciudad es una representación de la mujer; la mujer el cimiento de esa representación. Es una circularidad sin fin (‘calles plegadas sobre sí mismas como una madeja’), la mujer es, a la vez objeto de deseo del sueño y la razón de su plasmación objetiva: la construcción de la ciudad. Es tanto el origen del impulso de edificar como su meta última, inalcanzable. Así, la ciudad, que ha sido construida para capturar el sueño de los hombres, sólo consigue inscribir la ausencia de la mujer.

    Así pues, la mujer es el cimiento mismo de la representación, objeto y soporte de un deseo que, íntimamente ligado al poder y la creatividad, es la fuerza impulsora de la cultura y de la historia. La obra de construcción y reconstrucción de la ciudad, es un continuo movimiento de cosificación y alienación, es la metáfora que emplea Calvino para representar la historia humana como productividad semiótica; el deseo proporciona el impulso, el instinto de representación. De tal productividad semiótica, la mujer – la mujer del sueño – es a la vez origen y fin. Sin embargo, esa mujer, por la cual se ha construido la ciudad, no está en ninguna parte del escenario de actuación.

    La ciudad es un texto que narra la historia del deseo masculino mediante la puesta en escena de la ausencia de la mujer y la presentación de la mujer como texto, como pura representación. El texto de Calvino es, por ello, una representación exacta del estatuto paradójico de las mujeres en el discurso occidental: aun cuando la cultura tiene su origen la mujer y se levanta sobre el sueño de su cautiverio, las mujeres no están sino ausente de la historia y del proceso cultural.

    Probablemente sea por esto por lo que no nos causa sorpresa el que en esa ciudad primordial, edificada por hombres, no haya mujeres o el que en la seductora parábola de Calvino sobre la historia ‘humana’, las mujeres estén ausentes en cuanto imagen que se presenta al varón. La ciudad de Zobeida es un significante imaginario, una obra de lenguaje, un movimiento continuo de representaciones construidas sobre el sueño de la mujer, construidas para mantener cautivas a las mujeres.

    Para saber más: Alicia ya no. Teresa de Lauretis

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