"Los últimos cuarenta años pueden ser denominados la era del desarrollo. Esta época está llegando a su fin. Ha llegado el momento de escribir su obituario.
Como un majestuoso faro que guía a los marineros hacia la costa, el 'desarrollo' fue la idea que orientó a las naciones emergentes en su jornada a lo largo de la historia de la postguerra. Independientemente de que fueran democracias o dictaduras, los paises del Sur proclamaron el desarrollo como su aspiración primaria, después de haber sido liberados de su subordinación colonial. Cuatro décadas mas tarde, gobiernos y ciudadanos tienen aún fijos sus ojos en esta luz centelleando ahora tan lejos como siempre: todo esfuerzo y todo sacrificio se justifica para alcanzar la meta, pero la luz continua alejándose en la oscuridad.
El faro del desarrollo fue construido inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Siguiendo al colapso de las potencias coloniales europeas, los Estados Unidos encontraron una oportunidad para dar dimensión mundial a la misión que sus padres fundadores les habían legado: 'ser el fanal sobre la colina'. Lanzaron la idea del desarrollo con un llamado a todas las naciones a seguir sus pasos. Desde entonces, las relaciones entre Norte y Sur han sido acunadas con este molde: el 'desarrollo' provee el marco fundamental de referencia para esa mezcla de generosidad, soborno y opresión que ha caracterizado las políticas hacia el Sur. Por casi medio siglo, la buena vecindad en el planeta ha sido concebida a la luz del 'desarrollo'.
Hoy el faro muestra grietas y ha comenzado a desmoronarse. La idea de desarrollo se levanta como una ruina en el paisaje intelectual. El engaño y la desilusión, los fracasos y los crímenes han sido compañeros permanentes del desarrollo y cuentan una misma historia: no funcionó. Ademas, las condiciones históricas que catapultaron la idea hacia la prominencia han desaparecido: el desarrollo ha devenido anticuado. Pero sobre todo, las esperanzas y los deseos que dieron alas a la idea están ahora agotados: el desarrollo ha devenido obsoleto.
Sin embargo, la ruina esta ahí y aun domina la escena como un hito. Aunque las dudas van creciendo y la incomodidad se siente por todos lados, el discurso del desarrollo aun impregna no sólo las declaraciones oficiales sino hasta el lenguaje de los movimientos de base. Ha llegado el momento de desmantelar esta estructura mental."
Para saber más: Diccionario del desarrollo. Una guía del conocimiento como poder. W. Sachs.1992.
Para saber más: Mitos del progreso técnico. Les renseignements genereux. Traducción al castellano vía: www.decreixement.net
En un tiempo de reflexión volveremos después de enero.
2
Aproximadamente en la época en que los filósofos griegos formalizaron la noción del universo lleno de leyes cuya forma de operar es accesible a la razón, se desarrollaron en China los dos sistemas filosófico-éticos complementarios del confucionismo y el taoísmo.
El confucionismo es una serie de solapados consejos éticos para el manejo correcto de la sociedad. Sus preceptos están basados en la premisa fundamental de que el hombre es una criatura social y, por lo tanto, hay virtud en las relaciones sociales armoniosas. Esas relaciones se hacen armoniosas, no por obediencia a principios morales abstractos de validez universal tales como justicia y libertad, sino por el seguimiento exacto de una combinación de etiqueta y ritual prescritos.
El taoísmo, por otra parte, es una filosofía trascendental de moral personal que atañe principalmente a la vida interior más que a las relaciones sociales. Sus preceptos están basados en la premisa fundamental de que el hombre es parte de la Naturaleza y que , por lo tanto, su vida debe tomar el camino, o tao, de los sucesos naturales. El hombre, al seguir el tao, debe abjurar de todo motivo de lucha y desconfianza, y tratar de alcanzar un estado en el que se encuentre tan libre de deseo y de experiencias sensoriales como sea posible.
Ni el confucionismo ni el taoísmo invocan a Dios (al que, por otra parte, no conocen) o a la eterna razón como fuente de su autoridad, ni tampoco suponen la existencia de ninguna ley natural o derecho del hombre. En lugar de eso, ambos sistemas tratan de proporciona al hombre la armonía con su alrededor.
Es decir, en lugar de Verdad y Justicia (valores occidentales), la base moral de la civilización China estaría basada en la Prudencia y la Armonía.
Para saber más: Las paradojas del progreso. Gunther S. Stent. 1978.
El confucionismo es una serie de solapados consejos éticos para el manejo correcto de la sociedad. Sus preceptos están basados en la premisa fundamental de que el hombre es una criatura social y, por lo tanto, hay virtud en las relaciones sociales armoniosas. Esas relaciones se hacen armoniosas, no por obediencia a principios morales abstractos de validez universal tales como justicia y libertad, sino por el seguimiento exacto de una combinación de etiqueta y ritual prescritos.
El taoísmo, por otra parte, es una filosofía trascendental de moral personal que atañe principalmente a la vida interior más que a las relaciones sociales. Sus preceptos están basados en la premisa fundamental de que el hombre es parte de la Naturaleza y que , por lo tanto, su vida debe tomar el camino, o tao, de los sucesos naturales. El hombre, al seguir el tao, debe abjurar de todo motivo de lucha y desconfianza, y tratar de alcanzar un estado en el que se encuentre tan libre de deseo y de experiencias sensoriales como sea posible.
Ni el confucionismo ni el taoísmo invocan a Dios (al que, por otra parte, no conocen) o a la eterna razón como fuente de su autoridad, ni tampoco suponen la existencia de ninguna ley natural o derecho del hombre. En lugar de eso, ambos sistemas tratan de proporciona al hombre la armonía con su alrededor.
Es decir, en lugar de Verdad y Justicia (valores occidentales), la base moral de la civilización China estaría basada en la Prudencia y la Armonía.
Para saber más: Las paradojas del progreso. Gunther S. Stent. 1978.
Cuando los políticos y economistas se refieren al crecimiento económico lo miden mediante indicadores cuantitativos muy específicos; el principal indicador de crecimiento hoy es el Producto Nacional Bruto (PNB) que registra las actividades que cuestan dinero y generan ingresos, sean mercantilizadas o pagadas por el sector público. Producir, es pues, generar ingresos. El PNB equivale entonces a la Renta Nacional (RN) que se utiliza como indicador del éxito económico, de si las cosas van mejor o peor económicamente –crecer un 3% se considera sin duda mejor resultado que crecer un 1%- y, además, los países tienden a ordenarse según su RN per cápita para tener una primera idea si están mejor o peor económicamente.
Tres críticas al PNB:
1- El PNB suma igual actividades basadas en la explotación de recursos naturales no renovables o en la de recursos renovables. Tampoco hay ninguna distinción entre explotar recursos naturales renovables de forma sostenible o no sostenible.
2- En el PNB sumamos el valor de los bienes y servicios que producimos y consumimos pero nos olvidamos que a menudo la contrapartida de las actividades de producción y consumo es la degradación ambiental que también afecta a nuestra salud y calidad de vida y a la de las generaciones futuras e incluso puede poner en peligro la supervivencia.
3- Los propios problemas ambientales generan a menudo gastos monetarios para intentar evitarlos o reducirlos. Sin embargo cuando son asumidos por las administraciones públicas o por los ciudadanos aparecen en el activo y no en el pasivo.
La respuesta más radical quizás es decir que en realidad no nos importa si el PNB crece o no crece. Lo que nos importa es cubrir las necesidades básicas de todo el mundo, que las actividades económicas nos hagan más felices y no menos y que no hipotequemos la satisfacción de las necesidades de generaciones futuras y de otras poblaciones.
Para saber más: La crítica al crecimiento económico desde la economía ecológica y las propuestas de decrecimiento. Jordi Roca Jusmet.
Tres críticas al PNB:
1- El PNB suma igual actividades basadas en la explotación de recursos naturales no renovables o en la de recursos renovables. Tampoco hay ninguna distinción entre explotar recursos naturales renovables de forma sostenible o no sostenible.
2- En el PNB sumamos el valor de los bienes y servicios que producimos y consumimos pero nos olvidamos que a menudo la contrapartida de las actividades de producción y consumo es la degradación ambiental que también afecta a nuestra salud y calidad de vida y a la de las generaciones futuras e incluso puede poner en peligro la supervivencia.
3- Los propios problemas ambientales generan a menudo gastos monetarios para intentar evitarlos o reducirlos. Sin embargo cuando son asumidos por las administraciones públicas o por los ciudadanos aparecen en el activo y no en el pasivo.
La respuesta más radical quizás es decir que en realidad no nos importa si el PNB crece o no crece. Lo que nos importa es cubrir las necesidades básicas de todo el mundo, que las actividades económicas nos hagan más felices y no menos y que no hipotequemos la satisfacción de las necesidades de generaciones futuras y de otras poblaciones.
Para saber más: La crítica al crecimiento económico desde la economía ecológica y las propuestas de decrecimiento. Jordi Roca Jusmet.
En la Era de lo Políticamente correcto estamos obligados a ser "ecologistas", los nuevos tecnócratas del medio ambiente han dado la voz de alarma: la Madre Tierra está hecha un asco y "todos somos responsables" . Si todos somos culpables del desaguisado, nadie lo es. Ese es el lenguaje oficial que ahoga la realidad para otorgar impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo en nombre del desarrollo.
Ahora los gigantes de la industria química, o automovilística hacen su publicidad en color verde y el Banco Mundial repite como una letanía la palabra ecología en cada una de las páginas de sus informes, tiñendo de verde todos sus préstamos.
Esta enorme maquinaria se vale frecuentemente de mecanismos de psicología personal y colectiva: la invención de disculpas (o mentiras), que tiene como objetivo que no aceptemos las responsabilidades. Los subterfugios nos dan tranquilidad y nos invitan a seguir el camino que nos ha trazado el Sistema:
* Excusas basadas en la tecnología
"No hay que preocuparse, los problemas ambientales tienen solución", nos dicen los tecnócratas. "El desequilibrio ecológico se debe a una tecnología aún rudimentaria, agresiva y contaminante, pero esta es cada vez menos utilizada en los países desarrollados y en un próximo futuro no existirán ningún problema ecológico". Mientras tanto esos mismos países venden la tecnología obsoleta a países menos avanzados. Si la técnica ha creado problemas globales en el medio ambiente, no es ilusorio pensar como lo hace Leonardo Boff que esa misma técnica tenga la capacidad de resolverlos: ¿No es absurdo pensar que el virus que nos ataca pueda ser el principio de nuestra curación?
* Justificaciones fundamentadas en el Desarrollo
Estamos inmersos en el mito del progreso y del crecimiento. No se trata de trabajar para cubrir necesidades sociales, sino de producir para atender a las demandas del mercado.Todos somos ecologistas, hasta que alguna medida concreta limita la libertad de contaminación. Cualquier grupo que intente trabajar por la mejora del medio ambiente será tachado de "abogados de la pobreza, dedicados a sabotear el desarrollo económico, fomentar el paro y espantar la inversión extranjera".
* Pretextos relacionados con la Sociedad-Ser Humano
"El ser humano y todo lo creado por él, como culmen de la evolución debe valerse de la Tierra ", dicen. "Lo importante es crecer, expandir los mercados y llenarlos de bienes y servicios que harán felices a los ciudadanos del mundo". El Ser Humano se ha aislado de la comunidad cósmica, olvidado del entramado de interdependencias y de la sinergia de todos estos elementos. Si como decía Galileo, la Tierra no es el centro del Universo: ¿cómo es posible que el ser humano, hijo e hija de la Tierra, se considere su centro y su finalidad?
* Disculpas apoyadas en la Civilización
Para la civilización, que dice ser occidental, la naturaleza es una bestia feroz a la que hay que dominar y castigar para que funcione como una máquina puesta a nuestro servicio. El ser humano es el animal más poderoso y para llegar a ese nivel y mantenerse en él debe someter a todo lo demás.
* Evasivas cimentadas en la Religión
Ya lo dice la Biblia, "creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra...os entrego todas las plantas que existen sobre la tierra y tiene semilla para sembrar; y todos los árboles que producen fruto con semilla que servirán de alimento; y a todos los animales del campo, las aves del cielo y a todos los seres vivos que se mueven por al tierra les doy como alimento toda clase de hierba verde..." hace más de dos mil años que se abrió la veda.
Del trabajo ‘La educación global y la ética ecológica como herramientas para la sustentabilidad de Fernando Ojeda y Alberto Martínez Villar’.
Ahora los gigantes de la industria química, o automovilística hacen su publicidad en color verde y el Banco Mundial repite como una letanía la palabra ecología en cada una de las páginas de sus informes, tiñendo de verde todos sus préstamos.
Esta enorme maquinaria se vale frecuentemente de mecanismos de psicología personal y colectiva: la invención de disculpas (o mentiras), que tiene como objetivo que no aceptemos las responsabilidades. Los subterfugios nos dan tranquilidad y nos invitan a seguir el camino que nos ha trazado el Sistema:
* Excusas basadas en la tecnología
"No hay que preocuparse, los problemas ambientales tienen solución", nos dicen los tecnócratas. "El desequilibrio ecológico se debe a una tecnología aún rudimentaria, agresiva y contaminante, pero esta es cada vez menos utilizada en los países desarrollados y en un próximo futuro no existirán ningún problema ecológico". Mientras tanto esos mismos países venden la tecnología obsoleta a países menos avanzados. Si la técnica ha creado problemas globales en el medio ambiente, no es ilusorio pensar como lo hace Leonardo Boff que esa misma técnica tenga la capacidad de resolverlos: ¿No es absurdo pensar que el virus que nos ataca pueda ser el principio de nuestra curación?
* Justificaciones fundamentadas en el Desarrollo
Estamos inmersos en el mito del progreso y del crecimiento. No se trata de trabajar para cubrir necesidades sociales, sino de producir para atender a las demandas del mercado.Todos somos ecologistas, hasta que alguna medida concreta limita la libertad de contaminación. Cualquier grupo que intente trabajar por la mejora del medio ambiente será tachado de "abogados de la pobreza, dedicados a sabotear el desarrollo económico, fomentar el paro y espantar la inversión extranjera".
* Pretextos relacionados con la Sociedad-Ser Humano
"El ser humano y todo lo creado por él, como culmen de la evolución debe valerse de la Tierra ", dicen. "Lo importante es crecer, expandir los mercados y llenarlos de bienes y servicios que harán felices a los ciudadanos del mundo". El Ser Humano se ha aislado de la comunidad cósmica, olvidado del entramado de interdependencias y de la sinergia de todos estos elementos. Si como decía Galileo, la Tierra no es el centro del Universo: ¿cómo es posible que el ser humano, hijo e hija de la Tierra, se considere su centro y su finalidad?
* Disculpas apoyadas en la Civilización
Para la civilización, que dice ser occidental, la naturaleza es una bestia feroz a la que hay que dominar y castigar para que funcione como una máquina puesta a nuestro servicio. El ser humano es el animal más poderoso y para llegar a ese nivel y mantenerse en él debe someter a todo lo demás.
* Evasivas cimentadas en la Religión
Ya lo dice la Biblia, "creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra...os entrego todas las plantas que existen sobre la tierra y tiene semilla para sembrar; y todos los árboles que producen fruto con semilla que servirán de alimento; y a todos los animales del campo, las aves del cielo y a todos los seres vivos que se mueven por al tierra les doy como alimento toda clase de hierba verde..." hace más de dos mil años que se abrió la veda.
Del trabajo ‘La educación global y la ética ecológica como herramientas para la sustentabilidad de Fernando Ojeda y Alberto Martínez Villar’.
En 1992, un volumen colectivo editado por Wolfgang Sachs, ‘The development Dictionary’ (Diccionario del desarrollo), abría con la siguiente declaración radical y controversial: “Los últimos cuarenta años pueden denominarse la era del desarrollo. Esta época se acerca a su fin. Es el momento indicado para redactar su esquela de defunción”.
Es evidente el creciente descontento con el desarrollo en muchas partes del llamado Tercer Mundo. Para algunos esto significaba que el desarrollo ya no sería el principio organizador central de la vida social; no tomaría lugar únicamente bajo la mirada de Occidente; supondría una revalorización de las culturas vernáculas, una necesidad de depender menos de los conocimientos de expertos y más de los intentos de la gente común de construir mundos más humanos, así como cultural y ecológicamente sostenibles.
Se abre la posibilidad de crear diferentes discursos y representaciones que no se encuentren tan mediados por la construcción del desarrollo, la necesidad de cambiar las prácticas de saber y hacer y de multiplicar centros y agentes de producción de conocimientos, particularmente, hacer visibles las formas de conocimiento producidas por aquéllos quienes supuestamente son los ‘objetos’ del desarrollo para que puedan transformarse en sujetos y agentes.
La nueva era postdesarrollo debe tomar en serio los movimientos sociales y movilizaciones de base; enfocarse en las adaptaciones, subversiones y resistencias que localmente la gente efectúa en relación con las intervenciones del desarrollo y destacar las estrategias alternas producidas por movimientos sociales al encontrarse con proyectos de desarrollo. Como los productores de conocimiento resisten, adaptan, subvierten el conocimiento dominante y crean su propio conocimiento.
Para saber más: El ‘Postdesarrollo’ como concepto y práctica social. Arturo Escobar.
El tema se debate en el foro en el hilo sobre Posmodernidad, postdesarrollo y náufragos del desarrollo y está abierto a la participación.
Es evidente el creciente descontento con el desarrollo en muchas partes del llamado Tercer Mundo. Para algunos esto significaba que el desarrollo ya no sería el principio organizador central de la vida social; no tomaría lugar únicamente bajo la mirada de Occidente; supondría una revalorización de las culturas vernáculas, una necesidad de depender menos de los conocimientos de expertos y más de los intentos de la gente común de construir mundos más humanos, así como cultural y ecológicamente sostenibles.
Se abre la posibilidad de crear diferentes discursos y representaciones que no se encuentren tan mediados por la construcción del desarrollo, la necesidad de cambiar las prácticas de saber y hacer y de multiplicar centros y agentes de producción de conocimientos, particularmente, hacer visibles las formas de conocimiento producidas por aquéllos quienes supuestamente son los ‘objetos’ del desarrollo para que puedan transformarse en sujetos y agentes.
La nueva era postdesarrollo debe tomar en serio los movimientos sociales y movilizaciones de base; enfocarse en las adaptaciones, subversiones y resistencias que localmente la gente efectúa en relación con las intervenciones del desarrollo y destacar las estrategias alternas producidas por movimientos sociales al encontrarse con proyectos de desarrollo. Como los productores de conocimiento resisten, adaptan, subvierten el conocimiento dominante y crean su propio conocimiento.
Para saber más: El ‘Postdesarrollo’ como concepto y práctica social. Arturo Escobar.
El tema se debate en el foro en el hilo sobre Posmodernidad, postdesarrollo y náufragos del desarrollo y está abierto a la participación.
No es posible el crecimiento continuo en un planeta limitado. Cada vez es más claro que estamos superando muchos límites ambientales, por lo que la única estrategia que parece viable a medio y largo plazo es la del decrecimiento. No hablamos de un concepto en negativo, sería algo así como cuando un río se desborda y todos deseamos que ‘decrezca’ para que las aguas vuelvan a su cauce. Cuanto antes seamos conscientes de la necesidad de desprendernos de un modo de vida inviable, mejor para todos y para el planeta.
La lógica del mercado prioriza la obtención de beneficios y la acumulación. En los mercados capitalistas, la obligación de acumular determina las decisiones que se toman sobre cómo estructurar los tiempos, los espacios, las instituciones legales, el qué se produce y cuánto se produce. En la sociedad capitalista no se produce lo que necesitan las personas, sino lo que produce lucro, por ello, en nuestra sociedad da igual producir cebollas o armamento con tal de que dé beneficios.
Una transición a la sostenibilidad requiere frenar, disminuir, reducir el consumo. Este cambio de mirada implica realizar una reflexión y debate profundo sobre las necesidades. No es sostenible posponer los cuerpos, las emociones, el sexo o el cariño a la acumulación de objetos y deudas. Las necesidades emanan de la interrelación entre la persona, el medio y el resto de personas y no de las multinacionales que fabrican objetos y servicios y los imponen para satisfacer supuestas necesidades. Colocar el mantenimiento de la vida en el centro supone minimizar el consumo desbocado.
El decrecimiento pretende “aprender a producir valor y felicidad, pero reduciendo la utilización de materia y energía”. Se pretende salir de un modelo económico que nos hace dependientes, redefinir la idea de riqueza, entendiéndola como satisfacción moral, intelectual, estética, como un empleo creativo del ocio…
Extraído del artículo Decrecimiento: camino de la sostenibilidad de Pepa Gisbert y de la editorial en la revista El Ecologista nº 55
La lógica del mercado prioriza la obtención de beneficios y la acumulación. En los mercados capitalistas, la obligación de acumular determina las decisiones que se toman sobre cómo estructurar los tiempos, los espacios, las instituciones legales, el qué se produce y cuánto se produce. En la sociedad capitalista no se produce lo que necesitan las personas, sino lo que produce lucro, por ello, en nuestra sociedad da igual producir cebollas o armamento con tal de que dé beneficios.
Una transición a la sostenibilidad requiere frenar, disminuir, reducir el consumo. Este cambio de mirada implica realizar una reflexión y debate profundo sobre las necesidades. No es sostenible posponer los cuerpos, las emociones, el sexo o el cariño a la acumulación de objetos y deudas. Las necesidades emanan de la interrelación entre la persona, el medio y el resto de personas y no de las multinacionales que fabrican objetos y servicios y los imponen para satisfacer supuestas necesidades. Colocar el mantenimiento de la vida en el centro supone minimizar el consumo desbocado.
El decrecimiento pretende “aprender a producir valor y felicidad, pero reduciendo la utilización de materia y energía”. Se pretende salir de un modelo económico que nos hace dependientes, redefinir la idea de riqueza, entendiéndola como satisfacción moral, intelectual, estética, como un empleo creativo del ocio…
Extraído del artículo Decrecimiento: camino de la sostenibilidad de Pepa Gisbert y de la editorial en la revista El Ecologista nº 55
Frente a la tendencia generalizada de interpretar el periodo del Tercer Reich como una excepcionalidad histórica, como un tumor crecido en el corazón de la civilizada sociedad occidental, este ensayo rastrea los fundamentos ‘científicos’ y ‘filosóficos’ así como el ambiente social en los que se cimentó el engrudo teórico del nazismo y avisa de su pervivencia en el seno de la sociedad contemporánea.
Que el Tercer Reich formaba parte de una tendencia evolutiva que surge como muy tarde con la secularización, la industrialización y el auge del ‘factor productivo ciencia’.
Que al hilo de esta tendencia aparece un nuevo interrogante que no se debatió hasta el siglo XX como predicament of mankind, como ‘dilema de la humanidad’, y que en el siglo XXI se convertirá en una cuestión existencial irrefutablemente concreta: la cuestión de las condiciones que requiere la continuidad de nuestra especie en un planeta limitado.
Que Hitler intentó anticiparse a este interrogante y que trató de darle respuesta a través de un programa asesino que ejecutaría un pueblo superior y que pretendía apoyarse en un ‘reino de mil años’, es decir, en un lapso marcado no por la historia humana sino por el devenir natural.
Que además mediante la aniquilación de la cultura judeocristiana y sus derivados seculares trató de dar a este programa la necesaria sanción social.
Que, por otra parte, este programa prometía al pueblo superior el poder y bienestar a través de una agresión permanente, al tiempo que contrarrestaba la limitación de los recursos del planeta mediante el correspondiente sometimiento y diezmo de los pueblos esclavos
Que esta tétrica lógica aportó mucho a la capacidad de imposición de las ideas nazis, puesto que desde hacía generaciones la crítica de la civilización de los alemanes (y no sólo ésta) había pasado a esgrimir argumentos y estados de ánimo romántico conservadores a posturas propias del biologismo y del socialdarwinismo, o al menos se vio reforzada por éstos.
Que sería una ingenuidad imperdonable presuponer que las próximas décadas y generaciones no pudieran revivir dicho programa, purgado de su craso diletantismo y revestido de un brillo y vocabulario científico.
Para saber más: Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?. Hitler como precursor. Carl Amery. 1998.
Que el Tercer Reich formaba parte de una tendencia evolutiva que surge como muy tarde con la secularización, la industrialización y el auge del ‘factor productivo ciencia’.
Que al hilo de esta tendencia aparece un nuevo interrogante que no se debatió hasta el siglo XX como predicament of mankind, como ‘dilema de la humanidad’, y que en el siglo XXI se convertirá en una cuestión existencial irrefutablemente concreta: la cuestión de las condiciones que requiere la continuidad de nuestra especie en un planeta limitado.
Que Hitler intentó anticiparse a este interrogante y que trató de darle respuesta a través de un programa asesino que ejecutaría un pueblo superior y que pretendía apoyarse en un ‘reino de mil años’, es decir, en un lapso marcado no por la historia humana sino por el devenir natural.
Que además mediante la aniquilación de la cultura judeocristiana y sus derivados seculares trató de dar a este programa la necesaria sanción social.
Que, por otra parte, este programa prometía al pueblo superior el poder y bienestar a través de una agresión permanente, al tiempo que contrarrestaba la limitación de los recursos del planeta mediante el correspondiente sometimiento y diezmo de los pueblos esclavos
Que esta tétrica lógica aportó mucho a la capacidad de imposición de las ideas nazis, puesto que desde hacía generaciones la crítica de la civilización de los alemanes (y no sólo ésta) había pasado a esgrimir argumentos y estados de ánimo romántico conservadores a posturas propias del biologismo y del socialdarwinismo, o al menos se vio reforzada por éstos.
Que sería una ingenuidad imperdonable presuponer que las próximas décadas y generaciones no pudieran revivir dicho programa, purgado de su craso diletantismo y revestido de un brillo y vocabulario científico.
Para saber más: Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?. Hitler como precursor. Carl Amery. 1998.
Existen muy buenas razones para apostar por el Descrecimiento: el desastre social y ambiental del mundo moderno, podría ser motivo suficiente, sino es que el desastre mundial de la salud, de la alimentación, de las instituciones, de los gobiernos, del sistema jurídico , de los asuntos financieros, y de la paz, entre otros aspectos, también obligan a apostar por el Descrecimiento. Todas estas crisis mundiales tienen su propia autonomía, pero se retroalimentan entre sí y tienen su origen en lo mismo: en el crecimiento excesivo.
La propuesta del Descrecimiento nace de los escombros de la sociedad de crecimiento; nace de la evidencia de la destrucción social y ambiental que ocasiona la ideología del crecimiento, pues el crecimiento es producto de una ideología moderna: la crisis ambiental global coincide con la generalización del mal vivir, tanto en los países opulentos cómo en los países empobrecidos.
Esta crisis ambiental y social global y otras, encuentran explicación en los esfuerzos por crecer de las empresas y los gobiernos: se trata ya no de crisis aisladas, como una crisis social, sino de algo más importante: se trata de una Crisis de Civilización: una crisis de valores o de simbolización de nuestra sociedad moderna. Todo conduce a decir que la sociedad de crecimiento esta en la antesala de su derrumbe total, lo que puede hacernos mucho daño si no nos ocupamos conjuntamente de esta amenaza, si no descrecemos equitativamente. Este es el fondo del problema.
Extraído de la Ponencia para el Segundo Coloquio 'La Apuesta por el Descrecimiento'
La propuesta del Descrecimiento nace de los escombros de la sociedad de crecimiento; nace de la evidencia de la destrucción social y ambiental que ocasiona la ideología del crecimiento, pues el crecimiento es producto de una ideología moderna: la crisis ambiental global coincide con la generalización del mal vivir, tanto en los países opulentos cómo en los países empobrecidos.
Esta crisis ambiental y social global y otras, encuentran explicación en los esfuerzos por crecer de las empresas y los gobiernos: se trata ya no de crisis aisladas, como una crisis social, sino de algo más importante: se trata de una Crisis de Civilización: una crisis de valores o de simbolización de nuestra sociedad moderna. Todo conduce a decir que la sociedad de crecimiento esta en la antesala de su derrumbe total, lo que puede hacernos mucho daño si no nos ocupamos conjuntamente de esta amenaza, si no descrecemos equitativamente. Este es el fondo del problema.
Extraído de la Ponencia para el Segundo Coloquio 'La Apuesta por el Descrecimiento'
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