Nosotros, independientemente de en qué país industrializado vivamos, e independientemente de la etiqueta política que éste ostente, nos hemos convertido en criaturas de un mundo tecnificado.
Porque el triunfo de la técnica ha hecho que nuestro mundo, aunque inventado y edificado por nosotros mismos, haya alcanzado tal enormidad que ha dejado de ser realmente ‘nuestro’ en un sentido psicológicamente verificable. Ha hecho que nuestro mundo se ya ‘demasiado’ para nosotros.
Lo que en adelante podemos hacer es más grande que aquello de lo que podemos crearnos una representación; que entre nuestra capacidad de fabricación (ilimitada) y nuestra facultad de representación (limitada) se ha abierto un abismo.
Y lo que es válido para la ‘representación’, vale en la misma medida para nuestra ‘percepción’; en el momento en que los efectos de nuestro trabajo o de nuestra acción sobrepasan cierta magnitud, comienzan a tornarse oscuros para nosotros. Cuanto más complejo se hace el aparato en el que estamos inmersos, cuanto mayores son sus efectos, tanto menos tenemos una visión de los mismos y tanto más se complica nuestra posibilidad de comprender los procesos de los que formamos parte o de entender realmente lo que está en juego en ellos.
Para saber más: Günther Anders. Nosotros, los hijos de Eichmann. 1988.
Para saber más: Günther Anders. Más allá de los límites de la conciencia.
Para saber más: Günther Anders. Llámese cobardía a esa esperanza.
Para saber más: La formación de las necesidades. Günter Anders.
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