La argucia capitalista: la democracia

Los países más desarrollados son los que tienen más alto consumo per cápita de energía, lo que permite desarrollar toda una complejidad social y una democracia representativa legitimada por las urnas, una sociedad que no necesita luchar por los recursos, que posee un sistema con capacidad para derrochar energía por medio del consumo privado de las personas, puede permitirse una burocracia que represente los intereses de las personas que forman esa sociedad.

Unas naciones (Europa y América del Norte principalmente) que se ven favorecidas por el sistema capitalista, y que pueden acceder a un estado de bienestar, cuyos ciudadanos saben elegir lo que les conviene puede envolverse en el ‘american way of life’ mientras los recursos sean abundantes aún a costa de retirárselos a otras personas. La legitimación la afirma el propio sistema ‘democrático’; ciertamente es cómodo intelectualmente pensar que la pobreza de los pueblos se debe a su falta de democracia.

El sistema de partidos es un entramado para legitimar el 'orden' vigente. Los partidos políticos son maquinarias para ganar elecciones no para tomar decisiones. Son las instituciones internacionales – no votadas en las urnas- quienes regulan la economía mundial y sus objetivos son favorecer las élites dominantes de los distintos países, las grandes decisiones internacionales son tomadas por las corporaciones económicas internacionales (Shell, Coca cola, Monsanto, Nike, Ford...) y por los organismos financieros internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio).

El sistema capitalista global es una forma impuesta no legítima que se instituye como algo natural pero no es la única forma de organizar las relaciones políticas, económicas y sociales en el planeta Tierra.

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