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El ser humano al ser una especie con gran desarrollo evolutivo y elevado peso necesita un gran flujo de energía para su existencia. Debido a su elevada capacidad de raciocinio ha desarrollado instrumentos para poder captar o utilizar en su provecho una mayor cantidad de energía que la que le llegaba directamente del sol o la que podía consumir a través de los alimentos, donde se encuentra energía solar fijada mediante el proceso de fotosíntesis.

Cada disminución localizada de la entropía por la acción del ser humano o de una máquina va acompañada de un aumento aún mayor de la entropía del entorno; tal acción sólo se puede llevar a cabo a través de la utilización de energía concentrada –ordenada, disponible o utilizable- que después de su aplicación o transformación pasa a un estado disperso, no disponible o desordenado; es decir, esta energía disipada o degradada ya no puede rendir trabajo.

Lo que se conoce como ‘progreso’ consiste en la creación de islas de orden aparente a costa de provocar océanos de desorden cada vez mayor. Cada vez es más costoso –en términos energéticos- mantener el orden aparente del presente modelo y más costoso generarlo.

Para saber más: La explosión del desorden. Ramón Fernández Durán. 1993.

En un tiempo de reflexión volveremos después de enero.
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Las leyes que rigen el comportamiento de la energía se conocen como las leyes de la termodinámica.

El primero de estos principios se denomina ‘principio de conservación de la energía’: establece que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Es decir: la cantidad total de energía permanece siempre inalterable, y constante, pudiendo transformarse de un estado a otro (por ejemplo la energía calorífica que libera la combustión de fuel puede transformarse en electricidad y en calor ambiental) pero sin crearse o destruirse en este proceso.

El segundo de estos principios o ley de la entropía dice que en la transformación, la energía pierde su calidad y se degrada disminuyendo sus posibilidades para el aprovechamiento humano; cambiando en un sentido, esto es, de utilizable a inutilizable, de disponible a no disponible, de ordenada a desordenada.

La formulación de Rudolf Clausius de la ley de la entropía puede formularse como sigue:
"Es imposible la existencia de un sistema que pueda funcionar de modo que su único efecto sea una transferencia de energía mediante calor de un cuerpo frío a uno caliente."


Se denomina reservorio o foco térmico, a una clase especial de sistema cerrado que se mantiene siempre a temperatura constante, aun cuando se le ceda o quite energía por transferencia de calor. Este sistema es una idealización pero podría asimilarse el concepto a la atmósfera terrestre o los océanos.

La formulación de Kelvin-Planck del segundo principio puede expresarse así:
"Es imposible construir un sistema que operando según un ciclo termodinámico, ceda una cantidad neta de trabajo a su entorno mientras recibe energía por transferencia de calor procedente de un único reservorio térmico."


La termodinámica enseña que como la energía y los materiales no se pueden crear ni destruir, lo que entra en forma de factores productivos tiene que salir forzosamente como mercancías y residuos, pero no puede desaparecer.

Para saber más: La bioeconomía de Georgescu-Roegen. Oscar Carpintero. 2006.

Para saber más: Fundamentos de Termodinámica Técnica. Micheael J. Moran y Howard N. Shapiro. 2004.
Cuando se rompe una taza contra el suelo libera una cantidad de energía
menor que la necesaria para volver a unir los pedazos con pegamento para
arreglar el destrozo.
Los días 13, 14 y 15 de diciembre se celebrará en Barcelona el IX Simposi Internacional UNA SOLA TERRA, con el lema "El decreixement per salvar la Terra" (El decrecimiento para salvar la Tierra).

El simposio lo organiza la Associació Una Sola Terra, y tendrá lugar en el Centre de Cultura Contemporània (Aula 3), en la c/ Montalegre, 5 (Barcelona, España). La entrada es libre y contará con traducción simultánea.

El simposio se divide en tres jornadas:

  • Miércoles 13 de diciembre, 19:30h: "Hay alternativas para evitar el caos ecológico planetario?", a cargo de Yves Paccalet, filósofo, naturalista y escritor, autor de “L’Humanité disparaîtra, bon débarras!”. Presentado por Josep Puig, presidente de Eurosolar España.
  • Jueves 14 de diciembre, 19:30h: "Decrecimiento. Una crítica al desarrollo productivista", a cargo de Jean Paul Besset, exdirector jefe de Le Monde, promotor de la revista "La décroissance", director de la Agencia de Información Ecológica y autor de "Impasse de l'homme". Presentado por Santiago Vilanova, presidente de Una Sola Terra.
  • Viernes 15 de diciembre, 18:30h: "Ecología cultural y espiritualidad de la Tierra", a cargo de Roland Miller, fundador de la Biblioteca de Ecología y escritor. Presentado por Xavier Garcia, periodista y escritor.
  • Viernes 15 de diciembre, 19:15h: Película, "Lemoniz, la central nuclear fantasma". Presentación a cargo de Pere Carbonell, físico nuclear.
  • Viernes 15 de diciembre, 20:15h: Mesa redonda, "Cambio climático y 'decrecimiento'", con Jean-Paul Besset, Roland de Miller y Yves Paccalet.
"El concepto de "decrecimiento" parte de una crítica radical al modelo de desarrollo que está agotando los recursos fósiles, las reservas forestales del planeta y contaminando la atmósfera, cosa que provoca el cambio climático, incrementa la injusticia social y afecta a la supervivencia de millones de personas.

El objetivo de las organizaciones y los movimientos sociales que proponen el "decrecimiento" es generar un nuevo paradigma del desarrollo basado en la bioeconomia y una autentica sostenibilidad del sistema productivo."

Para saber más: Programa Simposio

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El término desarrollo posee connotaciones positivas; nos llevan a valores que aparecen en el discurso hegemónico: éxito, crecimiento, evolución, prosperidad, aumento, enriquecimiento... que se transmiten continuamente en nuestra sociedad. De esta manera los países subdesarrollados se denominan utilizando un eufemismo: países en vías de desarrollo. Se transmite en el término un progreso hacia el infinito, pues no existen los límites.

Lo sostenible, en el ámbito ecológico, se entiende como lo que permite satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin poner en peligro la satisfacción de las necesidades de generaciones futuras; Luego en sí mismo ‘desarrollo sostenible’ es un imposible.

La grandes empresas descubren una nueva etiqueta de moda, la estética ambiental vende, un escaparate donde esconder la contaminación, un lavado de imagen que permite mercadear con el consumo verde.

“El término ‘desarrollo sostenible’ está sirviendo para mantener en los países industrializados la fe en el crecimiento y haciendo las veces de burladero para escapar de la problemática ambiental y las connotaciones éticas que tal crecimiento conlleva”

José Manuel Naredo.

El desarrollo en el modelo económico actual genera pobreza, ignorancia, insolidaridad, consumismo, uniformidad, violencia... y por supuesto: Es insostenible.
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¿Cuántas personas y que nivel de consumo puede soportar un territorio?. La huella ecológica intenta responder a esta pregunta.

La capacidad de carga calcula el territorio que necesita una determinada población antes de cruzar el umbral que implica un deterioro en el ecosistema en el que se desenvuelve.

A nivel global, cuando el consumo de recursos y la producción de desechos por parte de la humanidad excede la capacidad de la Tierra para generar nuevos recursos y absorber los desechos generados, se origina un daño irreversible al ecosistema global que tendrá como consecuencia un cambio en el modo de producción y una corrección de los desequilibrios por parte de la naturaleza.

Existe una enorme desigualdad en el usos de los recursos entre diferentes lugares del planeta, así mientras la huella ecológica de un ciudadano de Bangladesh es de 0,5 ha, la de un estadounidense medio es de 9,6 ha. Lo ético sería un uso igual en cuanto al espacio ambiental: alrededor de 2 hectáreas por persona para que la Tierra fuera un lugar sostenible en condiciones de equidad.

Se impone un decrecimiento ético en cuanto al uso de recursos por parte de la población de los países ricos.
La naturaleza es la única empresa que nunca ha quebrado en unos 4.000 millones de años, proporciona un modelo para una economía sustentable que funcione a base de ciclos cerrados de materia movidos por la energía del sol.

Una economía cíclica, totalmente renovable y autorreproductiva, sin residuos y cuya fuente de energía es inagotable en términos humanos: la energía solar en sus diversas manifestaciones (viento, olas...); cada residuo de un proceso se convierte en la materia prima de otro: los ciclos se cierran.

Se trata de una economía que integre los pueblos y ciudades con los ecosistemas que los circundan, buscando edificios e infraestructuras que pesen poco sobre los paisajes, adaptados a la diversidad de lo local.

Para saber más: Reflexiones sobre biomímesis y autolimitación. Jorge Riechmann
"Habida cuenta de que los organismos, en general, y los hombres muy particularmente, necesitan degradar energía y materiales para mantenerse en vida, el único modo de evitar que ello redunde en un deterioro entrópico de la Tierra es articular esa degradación sobre el único flujo de energía renovable, que se recibe, el procedente del Sol y sus derivados, manteniendo un reciclaje completo de los ciclos de materiales, tal y como ha ejemplificado ese fenómeno tan particular de la fotosíntesis que permitió el desarrollo de la biosfera y de la especie humana.

En efecto, las plantas verdes utilizan la energía irradiada por el Sol para complicar la estructura de materiales ya existentes, convirtiendo, pudiéramos decir, aquella energía luminosa en energía de enlace de sistemas más complejos.

Tres hechos hacen especialmente interesante y ejemplar desde el ángulo de la gestión de recurso la transformación de materiales y energía que se opera en el caso de la fotosíntesis.

Uno es que la energía necesaria para añadir complejidad a los enlaces que ligan a los elementos disponibles procede de una fuente que a escala humana puede considerarse inagotable, asegurando así la continuidad del proceso. A la vez, tal utilización no supone un aumento adicional de la entropía en la Tierra, sino la desviación hacia los circuitos de la vida de una energía que de todas maneras iba a degradarse.

Otro, no menos importante, es que los convertidores que permiten la transformación de la energía solar en energía de enlace - las plantas verdes - se reproducen utilizando para ello esa misma fuente renovable, sin necesidad de recurrir a energías derivadas de desorganizar los stocks de materiales existentes en la Tierra y originar problemas de contaminación.

El tercero es que los desechos vegetales, tras un proceso de descomposición natural, se convierten en recursos fuente de fertilidad, al incorporarse al suelo en forma de humus, cerrándose así el ciclo de materiales vinculado al proceso."

Extracto del capítulo de Energía, materia y entropía escrito por José Manuel Naredo en un libro llamado "Energía para el mañana" que recoge ponencias de la Conferencia Energía y equidad para un mundo sostenible organizada por AEDENAT en 1992.
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“Está claro que necesitamos comprender la interacción entre nuestros dos mundos: la ecosfera natural, la fina envoltura del aire que rodea al planeta, el agua y el suelo y las plantas y animales que viven en él, y la tecnosfera, lo suficientemente poderosa como para merecer tan grandioso término hecha por el hombre. La tecnosfera se ha vuelto lo bastante grande e intensa como para alterar los procesos naturales que rigen la ecosfera. Y a su vez, la ecosfera alterada, amenaza con inundar nuestras grandes ciudades, secar nuestras ricas granjas, contaminar nuestra comida y agua y envenenar nuestros cuerpos, disminuyendo catastróficamente nuestra capacidad de proveer las necesidades humanas básicas”.

Barry Commoner. En paz con el planeta. 1992.

Durante los últimos años la humanidad ha pasado de vivir en un mundo vacío a vivir en un mundo lleno o saturado. El planeta está dominado por el ser humano. La humanidad extrae recursos de las fuentes de la biosfera y deposita residuos y contaminación en sus sumideros, alterando la Tierra globalmente, hasta llegar a trastocar los grandes ciclos bioquímicos del planeta (como la circulación del nitrógeno o el almacenamiento del carbono en la atmósfera).

Somos más de 6.500 millones de inquilinos en una casa común que es el planeta Tierra.

“Las decisiones de uno, ya sea un individuo, una colectividad o una nación, tienen necesariamente consecuencias, a mayor o menor plazo, para todos los otros. Cada uno incide entonces en las decisiones de todos. Esta sujeción puede parecer penosa. En realidad, es la clave para el acceso de todos a un estatuto verdaderamente humano. Intentar escapar de ella sería renunciar a una riqueza esencial, nuestra ‘humanitud’ que no recibimos de la naturaleza, sino que la construimos nosotros.”

Albert Jacquard. Finitud de nuestro patrimonio. (Le Monde Diplomatique ). 2004.

Para saber más: ¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles?. Jorge Riechmann
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Uno de los objetivos de la mundialización del libre mercado es repartir las funciones entre las regiones ricas y las regiones pobres. El Norte se reservaría un papel de organización a través de la producción de servicios y la alta tecnología y el Sur se encargaría de los procesos productivos más contaminantes y que requieran abundante mano de obra barata.

La multinacionales viven del libre mercado y necesitan un suministro regular de productos que sea suficiente para tener un excedente que les permita mantener los precios bajos. Las patentes son la savia de las multinacionales; poseen el dinero para investigar y desarrollar productos que se puedan patentar, así como los medios legales para protegerlos.

La multinacionales de la comercialización de productos alimenticios tenían una problema: su materia prima (organismos vivos) no era patentable: la vida ya está inventada. Pero idearon un engaño para poder reclamar patentes sobre el material biológico: Se trata de afirmar que el hecho de aislar de su entorno natural o de reproducir la materia biológica constituye un paso inventivo.

Para ello utilizando los lobbys adecuados (donde se hayan compañías como: Bayer, Aventis, Monsanto, Nestlé, Novartis, Pfizer, Procter & Gamble, Uniliver, Dupont, Cargill...) introdujeron en las leyes de los diferentes países (vía Organización Mundial de Comercio) una normativa nueva sobre patentes – Acuerdo Internacional sobre los Derechos de la Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC)- que recoja las nuevas formas de ‘descubrir’.
El yacón (Smallantus sonchifolius) es una planta nativa de los Andes, un tubérculo de gran utilidad pero poco conocido, con un sabor dulce. Pero la característica que más interés económico ha despertado es que no engorda, ya que el cuerpo humano no es capaz de metabolizar el azúcar del yacón, por lo que utilizarlo en alimentación significaría que los que están a dieta podrían comer muchos más dulces sin engordar. El yacón podría, teóricamente, suplantar cultivos como la caña de azucar y la fructosa de maíz en muchos productos, desde galletas a refrescos.

Viendo este enorme mercado potencial, los japoneses han estado investigando y patentando derivados del yacón por más de una decada.

El escándalo por el robo de esta planta peruana a través del Centro Internacional de la Papa (CIP) por Japón -una pérdida real para Perú y otros países andinos, así como para la gente que lo ha estado cultivando por siglos- es otra prueba más del saqueo sistemático de los recursos.

Durante milenios campesinos, indígenas, pescadores, recolectores de todo el mundo han conservado, seleccionado y mejorado plantas, animales y microorganismos, para utilizarlas como alimento y medicina.

Mediante la bioprospección (estudio de la diversidad biológica para descubrir, recursos biológicos con fines comerciales), las transacionales se apropian de este esfuerzo y esta creatividad individual y colectiva.
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El mundo vive una época de políticas agrarias y alimentarias dominadas por el libre mercado. La tierra de los países pobres se utiliza para cultivar alimentos para la población de los países ricos que pueden comprar esa comida, no para la población local que no dispone del mismo poder adquisitivo.

En los últimos años ha aumentado drásticamente la exportación de frutas, verduras y flores de América Latina a los Estados Unidos. El negocio es beneficioso para quienes lo controlan, y estos son los grandes terratenientes, ricos inversores y empresas multinacionales. Las mayores empresas han acumulado tierra de cultivos para la exportación, mientras los campesinos más pobres han sido expulsados del mercado y relegados a tierras marginales o a los suburbios de las grandes ciudades. El libre mercado ha ido en detrimento de la población local logrando una desigual distribución de los beneficios.

Con la llegada de la crisis energética, el precio de los combustibles subirá de precio y será más rentable la utilización de los combustibles solares (soja, maíz, palma, remolacha, colza, girasol...). Su uso generalizado provocará una competencia con la producción de alimentos y otros productos necesarios, (madera, etc.). En la lógica de mercado se llevaría el producto quien más pagara por él.

La gente que posee coches tiene más dinero que la gente que se está muriendo de hambre. En una competición entre su demanda de combustible y la demanda de alimentos de los pobres, los conductores ganarían siempre. Algo parecido ya está sucediendo. Aunque existen 800 millones de personas permanentemente subalimentadas, el aumento global de la producción vegetal se utiliza para alimentación animal: la cabaña ganadera mundial se ha quintuplicado desde 1950. La razón es que los que toman carne y productos lácteos tienen más poder adquisitivo que los que compran solamente cosechas de subsistencia.
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El hambre, la falta de seguridad alimentaria, es algo crónico, continuo, un hecho cotidiano en la vida de millones de personas; la principal razón de este hecho es la pobreza: personas que no pueden cultivar o comprar suficientes alimentos. En un pueblo, puede haber personas que pasen hambre aunque el mercado rebose de alimentos.

La soberanía alimentaria va más allá de la seguridad alimentaria, y consiste en el poder y el derecho democrático que tienen las comunidades para determinar la producción, la distribución y el consumo de comestibles, en función de sus preferencias y tradiciones culturales.

La inseguridad alimentaria se ve agravada por la pobreza de los suelos, puesto que las tierras más fértiles son utilizadas para productos de exportación, y la erosión degrada las tierras cultivables debido a la tala indiscriminada de árboles, la escasa rotación de cultivos, la escasez de abono y el avance de la desertización. Los negocios expansionistas, incluidas las multinacionales, que explotan grandes fincas de monocultivo empujan a los campesinos fuera de sus tierras y hacia las ciudades.

El desprecio hacia la mujer campesina que proporciona los comestibles del mundo de los países pobres,y son responsables también del procesamiento y comercialización de la cosecha, el limitado acceso de las campesinas a los recursos productivos y su restringido papel en la toma de decisiones económicas y políticas favorece la pobreza.

La agricultura es una forma de vida que obedece a una profunda necesidad humana, que genera trabajos y estimula la economía, contribuyendo a la conservación del medio ambiente. La comida es el bien que nos mantiene vivos. La falta de comida acarrea dolor, sufrimiento, enfermedad y muerte.

Para saber más: El comercio del hambre. John Madeley. 2003.