Capacidad de carga y ley de rendimientos decrecientes

Factores como la abundancia de caza, calidad de los suelos, pluviosidad y extensión de bosques disponibles para la producción de energía fijan el límite superior a la cantidad de energía que se puede extraer de un determinado medio ambiente con una tecnología concreta de producción energética. El límite superior de la producción de energía fija, a su vez, otro límite máximo al número de seres humanos que pueden vivir en un medio ambiente. Este límite superior de la población se denomina ‘capacidad de carga’.

Si en un determinado ecosistema humano tenemos una cantidad fija de tierra cultivable y debido al crecimiento demográfico la población que trabaja esta tierra para producir cereal es cada vez mayor:

En primera instancia la producción y la producción por persona de cereal aumentará.

En un determinado momento podrá seguir aumentando la producción de cereal, pero no así la producción por persona que disminuirá.

Esto lo explica la ley de rendimientos decrecientes.

Cuando se sobrepasa la ‘capacidad de carga’, la producción empezará a disminuir como consecuencia del daño irreversible en el ecosistema.

En los ecosistemas humanos, el cambio tecnológico constituye una frecuente respuesta a los rendimientos decrecientes. Así cuando los cazadores y recolectores agotan su entorno y rebasan el punto de los rendimientos decrecientes, es probable que empiecen a adoptar un modo de producción agrícola, cambiando de esta manera el modo de producción.

El gasto energético del modo de producción agrícola


Durante en neolítico, los animales, uncidos a arados, trineos y vehículos de ruedas, empezaron a proporcionar energía en forma de fuerza muscular. Se consumía una considerable cantidad de energía de madera y carbón vegetal en la fabricación de cerámica.

Hay muchas variedades de agricultura durante esta época, cada una con sus implicaciones ecológicas y culturales. La agricultura de precipitación utiliza los chubascos que ocurren naturalmente como forma de humidificación; la agricultura de regadío depende de canales y diques construidos artificialmente para llevar agua a los campos.

Los agricultores de tala-y-quema (agricultura de precipitación) como los tsembaga maring, cultivan en pequeños huertos produciendo 18 calorías por cada 1 que emplean, así pueden satisfacer sus necesidades calóricas con una inversión de 380 horas anuales para producción de alimentos, pero han agotado los animales de caza en su territorio y dependen de los cerdos domésticos para obtener proteínas y grasas animales; además de problemas con la regeneración del bosque en el que habitan.

La agricultura de regadío produce más calorías por caloría de esfuerzo que cualquier otro modo de producción preindustrial. En la aldea Luts’un en China se pudo comprobar que se obtenían más de 50 calorías por caloría esfuerzo en el campo. Sin embargo empleaban más de 1.129 horas de trabajo al año. Producían 5 veces más alimentos de los que consumían para comerciar, pagar impuestos y criar gran número de niños debido a la alta tasa de crecimiento demográfico.

Las aportaciones energéticas extra que se obtenían con la carne animal que no había que cazar, y las de los alimentos vegetales seleccionados supusieron que los humanos de la época neolítica tenían un gasto aproximado de 275 vatios.

La transición del Neolítico hacia el Estado

La continuación del crecimiento demográfico aumentó rápidamente la densidad de los asentamientos humanos, forzando la difusión de la agricultura a regiones deficitarias en lluvia y otros recursos naturales. Estas deficiencias se superaron mediante la agricultura de regadío y el comercio. Al aumentar la densidad demográfica, la competencia por el acceso a las tierras de regadío y los bienes comerciales vitales intensificó la incidencia de la guerra.

Por razones posiblemente relacionadas con un incremento de la actividad bélica se construyeron pequeñas ciudades amuralladas.

Una vez el ganado fue domesticado se desencadenó toda una serie de innovaciones e interacciones tecnológicas y ambientales adicionales. Enganchado a arados, que se inventaron hace unos 5.500 años, el ganado vacuno permitió labrar una extensa variedad de suelos vírgenes.

El catálogo de logros tecnológicos comprendía el hilado y tejido (invenciones neolíticas antiguas), así como la cerámica, la fundición y el colado del bronce, el ladrillo cocido, la mampostería con arcos, el horno del alfarero, los barcos de vela, los primeros vehículos de ruedas, la escritura, los calendarios para computar el tiempo, pesos y medidas, y los inicios de las matemáticas. Aquí por primera vez, las comunidades humanas se dividieron en gobernantes y gobernados, ricos y pobres, individuos que saben leer y escribir y analfabetos, ciudadanos y campesinos, artistas, guerreros, sacerdotes y reyes.

El nacimiento de burocracias incipientes y la división de la sociedad en gobernantes y gobernados dieron satisfacción a la necesidad de organizar las obras de regadío, controlar el comercio y coordinar las actividades policiales y militares.

La adaptación del Mesolítico

Fue un tiempo de cambio ecológico. Hace entre 15.000 y 7.000 años. Bosques de abedules y pinos se extendieron por la tierra y los cazadores instalaron sus campamentos en calveros junto a los márgenes de los ríos, a orillas de lagos y estuarios y en las costas. En los bosques se refugiaron animales de caza como el alce, el ciervo rojo, el corzo, los uros o los cerdos salvajes; para localizar a estos animales se necesitaban nuevas técnicas de rastreo (en esta época se domestica al perro para estas labores).

Pero la caza en hábitats boscosos, no podía proporcionar las cantidades de carne que antes se obtenían siguiendo a las manadas. Los pueblos mesolíticos tuvieron que recurrir a una dieta de espectro amplio compuesta de alimentos vegetales, pescado, moluscos y otras fuentes fluviales y marítimas.

Para responder al desafío y a la oportunidad se desarrollaron nuevas técnicas para fabricar y poner mango a útiles de madera. Por primera vez se produjeron hachas con técnicas de afilado. Anzuelos, lanzas de pesca, arpones fueron perfeccionados, se mejoraron las redes de pesca, balsas de cortezas, barcos y remos, trineos y esquíes.

Hubo un aumento de los asentamientos, tan pronto como grupos locales acamparon durante períodos de tiempo más largos cerca de recursos renovables como bancos de marisco o corrientes de pesca. Fue una época de gran diversificación y experimentación tecnológica.

El gasto energético del modo de producción cazador-recolector


Durante la época de los primeros homínidos, toda la energía utilizada para la conducción de la vida social se derivaba de los alimentos.

La utilización del fuego se estima que tuvo lugar hace unos 500.000 años, se utilizó en principio para cocinar, para dar calor, y para endurecer las puntas de flecha y para conducir a animales de caza hacia acantilados o emboscadas, y posiblemente para favorecer el crecimiento de especies de plantas deseadas.

Los cazadores-recolectores se organizan típicamente en ‘bandas’, que constaban de unos 20 a 50 miembros (familias individuales que acampan juntas durante periodos de unos días o varios años antes de trasladarse a otros campamentos). Las posesiones son escasas.

El ser humano es una máquina que apenas consume lo que una bombilla de 100 vatios encendida mientras dura su vida. Eso son unas 3.000 kilocalorías necesarias para vivir.

La aportación energética extra que proporciona el fuego al cazador-recolector primigenio, es del orden de unos 50 a 100 vatios adicionales.

Los estudios acerca de los ¡kung y otros cazadores recolectores que han sobrevivido hasta los tiempos modernos han disipado la noción de que la forma de vida de caza-y-recolección condena necesariamente a los pueblos a una existencia miserable en la que se vive al día, pudiendo evitar el hambre, sólo, a fuerza de un continuo esfuerzo diario. Alrededor de una 10 por 100 de los ¡kung tienen más de 60 años de edad.

A juzgar por la gran cantidad de carne y otras fuentes de proteínas de su dieta, su sana condición física, y su abundante tiempo libre, los ¡kung poseen un alto nivel de vida. La clave está en que su población es baja en relación a los recursos que explotan.


Para saber más: Desarrollo ecológico y sostenible

La catástrofe ecológica del Paleolítico


A lo largo de cientos de miles de años de avances y retrocesos glaciares, las zonas climáticas experimentaron cambios drásticos. El bienestar humano estaba relacionado con la respuesta de los animales y plantas a las condiciones naturales.

El modo de producción basado en la caza y la recolección conducía en ocasiones a sobredepredación y recolección incontrolada que traían como consecuencia el hambre y la extinción de determinados grupos.

Hacia finales de la última glaciación, la región situada al sur de los glaciares recibió torrentes de agua procedentes del deshielo que favorecieron el crecimiento de praderas en las que pastaban enormes manadas de caballos, bisontes, mamuts y renos. En ellas prosperaron poblaciones de humanos que perseguían a las manadas; pero sin que ellos lo supieran su mutuo estilo de vida estaba condenado.

Las praderas euroasiáticas eran simplemente una fase ecológica temporal. Hace unos 12.000 años, los árboles empezaron a invadir las praderas. Bajo el dosel frondoso de los bosques, no podía crecer la hierba. Hace unos 10.000 años la megafauna pleistocénica (el rinoceronte, el mamut lanudo, el bisonte de las estepas, el alce gigante, el asno salvaje) desaparecieron. Sin duda alguna, los cazadores, extraordinariamente hábiles, del Paleolítico superior contribuyeron a esta catástrofe ecológica.

Se produjo un desequilibrio entre la población y los modos de producción de caza mayor y recolección. El cambio del medio ambiente, un aumento de la densidad de población, la intensificación de los patrones de caza tradicionales condujeron al agotamiento de los recursos alimenticios tradicionales.

Para saber más: El fin de los pascuenses

Evolución cultural en el Paleolítico


Durante el Paleolítico (Desde hace unos 2 millones de años hasta hace 12.000 años) el género Homo aprendió a emplear y controlar el fuego, cazar grandes animales y construir abrigos al aire libre con pieles hojas y maleza.

La repentina aparición de adornos personales y de un arte representativo y decorativo a finales del Paleolítico medio y principios del superior proporciona una prueba de un despegue cultural. Como ha sugerido Alexander Maarshack el tipo de símbolos compartidos que entrañan las líneas grabadas o las figurillas, cuyo carácter es claramente no utilitario, difiere del simbolismo implícito en la fabricación de un bifaz (hacha de mano).

Un joven del Paleolítico podía aprender cual era el significado de un bifaz observando cómo se fabricaba y usaba. En cambio, el significado de una línea en zigzag o de una estatuilla de Venus era algo que necesitaba ser explicado.

Pese a los numerosos logros tecnológicos del Paleolítico, el modo básico de subsistencia siguió siendo, esencialmente la práctica de la caza, la pesca y la recolección.

Para saber más: El proceso de hominización: El Paleolítico

Evolución cultural


Durante algunos millones de años, la evolución de la cultura y la evolución del cerebro y el cuerpo humano hacia una maquinaria de aprendizaje cada vez más eficiente fueron parte de un único proceso evolutivo. Los sencillos útiles de piedra asociados con los cerebros del tamaño de un simio de los primeros homínidos se hicieron más complejos, fabricados con más habilidad, y más especializados para cortar, excavar y cumplir con tareas concretas.

Con la aparición del Homo sapiens las relaciones entre la evolución cultural y biológica sufrieron un profundo cambio. En los últimos 100.000 años los sistemas socioculturales humanos han aumentado en muchos ordenes de magnitud.

La selección natural y la evolución orgánica están situados en la base de la cultura; pero una vez que la capacidad cultural se desarrolló, un vasto número de diferencias y similaridades culturales podían surgir y desaparecer totalmente independientes de los cambios en la construcción genética de los individuos.

Para saber más: Introducción a la antropología cultural. Marvin Harris.

Para saber más: La evolución del ser humano

Para saber más: Antropología Cultural

Cultura y endoculturación


“La visión de un salvaje desnudo en su tierra nativa es un hecho que nunca se olvida. Nunca olvidaré el asombro que sentí al ver por primera vez una partida de fueguinos en una orilla indómita y agreste, puesto que de inmediato me vino a la mente la reflexión de que aquellos eran nuestros antepasados. Aquellos hombres iban desnudos y embadurnados con pinturas; su largo pelo estaba enmarañado; echaban espuma por la boca de excitación y su expresión era salvaje, asustada y desconfiada. Apenas disponían de artes y como animales salvajes, vivían de lo que capturaban; no tenían gobierno y se hallaban a merced de cualquier otro que no perteneciera a su pequeña tribu.”

Charles Darwin.


Desde los primeros días de nuestra existencia nos hemos sorprendido viviendo en el seno de un grupo de personas. Surgen una serie de factores que condicionan la vida del colectivo configurando unas características determinadas, que moldean la conducta de sus miembros: los usos sociales, las costumbres, las leyes, las creencias, los valores, las obras materiales realizadas por las sucesivas generaciones y cualesquiera otras capacidades y hábitos adquiridos por las personas en tanto miembros de una sociedad.

La continuidad de los estilos de vida de una generación a otra se mantiene gracias a los procesos de endoculturación, que se basan en el control de la generación de más edad sobre los más jóvenes mediante el premio y el castigo.

La incomprensión del papel que desempeña en el mantenimiento de las pautas de conducta y pensamientos de cada grupo forma el núcleo del fenómeno que llamamos etnocentrismo; es la creencia de que nuestras propias pautas de conducta son siempre naturales, buenas, hermosas o importantes, y que los extraños, por el hecho de actuar de manera diferente viven según patrones salvajes, inhumanos, repugnantes o irracionales.

Puede que los fueguinos que Darwin vio no tuvieran una forma de gobierno en el sentido que entonces imperaba en Europa, pero ciertamente disponían de medios complejos y efectivos para regular su vida social y política. No hay nada teleológico en la evolución cultural, ni existe nada inevitablemente universal en la aparición de las civilizaciones o de cualquier otro tipo de orden social, y nada que distinga a una cultura como superior en términos creativos o morales respecto al resto.