El hambre, la falta de seguridad alimentaria, es algo crónico, continuo, un hecho cotidiano en la vida de millones de personas; la principal razón de este hecho es la pobreza: personas que no pueden cultivar o comprar suficientes alimentos. En un pueblo, puede haber personas que pasen hambre aunque el mercado rebose de alimentos.
La soberanía alimentaria va más allá de la seguridad alimentaria, y consiste en el poder y el derecho democrático que tienen las comunidades para determinar la producción, la distribución y el consumo de comestibles, en función de sus preferencias y tradiciones culturales.
La inseguridad alimentaria se ve agravada por la pobreza de los suelos, puesto que las tierras más fértiles son utilizadas para productos de exportación, y la erosión degrada las tierras cultivables debido a la tala indiscriminada de árboles, la escasa rotación de cultivos, la escasez de abono y el avance de la desertización. Los negocios expansionistas, incluidas las multinacionales, que explotan grandes fincas de monocultivo empujan a los campesinos fuera de sus tierras y hacia las ciudades.
El desprecio hacia la mujer campesina que proporciona los comestibles del mundo de los países pobres,y son responsables también del procesamiento y comercialización de la cosecha, el limitado acceso de las campesinas a los recursos productivos y su restringido papel en la toma de decisiones económicas y políticas favorece la pobreza.
La agricultura es una forma de vida que obedece a una profunda necesidad humana, que genera trabajos y estimula la economía, contribuyendo a la conservación del medio ambiente. La comida es el bien que nos mantiene vivos. La falta de comida acarrea dolor, sufrimiento, enfermedad y muerte.
Para saber más: El comercio del hambre. John Madeley. 2003.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)











0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada