El gasto energético del modo de producción cazador-recolector


Durante la época de los primeros homínidos, toda la energía utilizada para la conducción de la vida social se derivaba de los alimentos.

La utilización del fuego se estima que tuvo lugar hace unos 500.000 años, se utilizó en principio para cocinar, para dar calor, y para endurecer las puntas de flecha y para conducir a animales de caza hacia acantilados o emboscadas, y posiblemente para favorecer el crecimiento de especies de plantas deseadas.

Los cazadores-recolectores se organizan típicamente en ‘bandas’, que constaban de unos 20 a 50 miembros (familias individuales que acampan juntas durante periodos de unos días o varios años antes de trasladarse a otros campamentos). Las posesiones son escasas.

El ser humano es una máquina que apenas consume lo que una bombilla de 100 vatios encendida mientras dura su vida. Eso son unas 3.000 kilocalorías necesarias para vivir.

La aportación energética extra que proporciona el fuego al cazador-recolector primigenio, es del orden de unos 50 a 100 vatios adicionales.

Los estudios acerca de los ¡kung y otros cazadores recolectores que han sobrevivido hasta los tiempos modernos han disipado la noción de que la forma de vida de caza-y-recolección condena necesariamente a los pueblos a una existencia miserable en la que se vive al día, pudiendo evitar el hambre, sólo, a fuerza de un continuo esfuerzo diario. Alrededor de una 10 por 100 de los ¡kung tienen más de 60 años de edad.

A juzgar por la gran cantidad de carne y otras fuentes de proteínas de su dieta, su sana condición física, y su abundante tiempo libre, los ¡kung poseen un alto nivel de vida. La clave está en que su población es baja en relación a los recursos que explotan.


Para saber más: Desarrollo ecológico y sostenible

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