La Carta de las Naciones Unidas: progreso, ciencia, mercado y paz

El 26 de junio de 1945 en la ciudad de San Francisco fue suscrito el texto de la Carta de las Naciones Unidas. La Carta promulgaba aquellos principios diseñados para anunciar una nueva era de paz. No habría más guerras ni egoísmos nacionales. En el preámbulo de la Carta, las Naciones Unidas anunciaban solemnemente la determinación de «promover el progreso social y el mejoramiento de los niveles de vida en una libertad mayor... y emplear la maquinaria internacional para la promoción del avance económico y social de todos los pueblos».
Las historias del mundo eran vistas como convergentes en una sola historia, que tenía una dirección y las Naciones Unidas eran vistas como un motor que impulsaba a los países menos avanzados a moverse hacia adelante.
La Carta de las Naciones Unidas apela a ideas que habían tomado forma durante la Ilustración europea. Ni la clase ni el sexo, ni la religión ni la raza contaban ante la naturaleza humana, así como no contaban ante Dios. De esta manera, la universalidad de la calidad de hijo de Dios fue reformulada como la universalidad de la dignidad humana. A partir de entonces, «humanidad» devino en común denominador que unía a los pueblos, haciendo perder significación a las diferencias de color de la piel, de creencias y de costumbres sociales.
La «humanidad» era algo por venir, una tarea por ser realizada a medida que el hombre se moviera en el camino del progreso, desprendiéndose paulatinamente de las ataduras de la autoridad y de la superstición hasta que reinaran la autonomía y la razón. En la perspectiva de la Ilustración no tenían mucha importancia ni las raíces sociales ni los compromisos religiosos. La intención utópica apuntaba a un mundo de individuos que sólo siguen la voz de la razón. En este sentido la utopía de la humanidad estaba poblada de seres humanos extraídos de sus historias del pasado, desconectados del contexto de sus lugares y desprendidos de los lazos de sus comunidades y unidos mas bien bajo el imperio de la ciencia, del mercado y del estado.
La filosofía que subyace a la Declaración de las Naciones Unidas tiene poco sentido sin la visión de la historia como el camino real del progreso al cual convergen todos los pueblos. La concepción de lograr «un mundo» estimulando el progreso en todas partes delata el sesgo evolucionario. Inevitablemente reclama la absorción de las diferencias en el mundo en un universalismo a-histórico y deslocalizado de origen europeo. La unidad del mundo se realiza mediante su occidentalización.
A mediados del siglo XX el término «subdesarrollado» ha tomado el lugar de «salvaje». El desempeño económico ha reemplazado a la razón como una medida del hombre. Sin embargo, el ordenamiento de los conceptos permanece igual - la sociedad mundial debe ser lograda mediante el mejoramiento de los retrasados. Y ligar indisolublemente la esperanza de la paz a este magno esfuerzo conduce a un dilema trágico - la búsqueda de la paz implica la aniquilación de la diversidad, mientras que la búsqueda de la diversidad implica la irrupción de la violencia. El dilema no es soluble sin desligar paz de progreso y progreso de paz.
Hoy parece algo extraño, pero tanto los padres fundadores de las Naciones Unidas como los arquitectos de la política internacional de desarrollo, fueron inspirados por la visión de que la globalización de las relaciones de mercado serian la garantía de la paz en el mundo. La prosperidad, así decía el argumento, deriva del intercambio; el intercambio crea intereses mutuos y los intereses mutuos inhiben la agresión. En lugar de la violencia, el espíritu del comercio debía reinar en todas partes. En vez de la potencia bélica, la potencia productiva seria decisiva en la competencia entre naciones. La unidad del mundo, se pensaba, podía basarse sólo en una red de amplio alcance y estrechamente interconectada, de relaciones económicas. Y donde las mercancías estuvieran circulando, las armas serian silenciadas.
Desde este punto de vista, el comercio difundiría el calculo racional y el frío interés propio, precisamente aquellas actitudes que hacen aparecer a las pasiones por la guerra y a los caprichos de los tiranos como autodestructivos. El comercio crea dependencia y la dependencia amansa.
Y en verdad, los dominios económicos han reemplazado en gran medida a los dominios militares. La conquista de territorios extranjeros por estados belicosos ha dado paso a la conquista de los mercados extranjeros por industrias en búsqueda de ganancias.
Pero la ideología de los intereses mutuos no puede ocultar su mayor falacia por mucho tiempo - el juego de estos intereses tiene lugar bajo términos inequitativos. La doctrina de las ventajas comparativas de los economistas sostenía que el bienestar general se incrementaría si cada nación se especializaba haciendo cosas para las cuales la naturaleza y la historia la habían hecho mas eficiente - azúcar de Costa Rica, por ejemplo, a cambio de productos farmacéuticos de Holanda.
Pero la falla en este razonamiento esta en que, en el largo plazo, el país que vende los productos más complejos crecerá más y más fuerte, porque será capaz de internalizar los efectos secundarios de la producción sofisticada. ¡Los productos farmacéuticos estimulan la investigación y una multitud de tecnologías, mientras que el azúcar no puede hacerlo! El mutuo interés invocado en el comercio libre termina reforzando acumulativamente a uno y debilitando progresivamente al otro. Y cuando el país más rico aparece con innovaciones en alta tecnología que hacen obsoletos los productos del país más débil, como cuando el azúcar natural es reemplazada por sustitutos obtenidos con la Bioingeniería, entonces el interés mutuo se desvanece al punto que el país más débil deviene superfluo.
Las cosas han cambiado mucho desde la promulgación de la Carta de las Naciones Unidas -desde la esperanza moral de una humanidad unida por la razón y el progreso, a la noción económica de paises enlazandose entre sí mediante relaciones comerciales y, finalmente, al espectro de la unidad en la autodestrucción global. Lo que se acostumbraba considerar una tarea histórica -lograr la unidad de la humanidad - se revela ahora como un destino amenazante.
En vez de llamamientos esperanzados, advertencias sombrías proveen el acompañamiento. Vivir sobre la Tierra, la antigua fórmula, parece haber adquirido un nuevo significado. Ya no hay más vagabundos terrestres anhelando el Reino Eterno, sino pasajeros aferrandose atemorizados a su barco cuando éste se esta partiendo. Hablar sobre la unidad ha cesado de ofrecer promesas y por el contrario ha tomado una connotación sombría. Como fue ya anticipada por la bomba atómica, la unidad en nuestro tiempo se ha convertido en algo que finalmente puede consumarse en catástrofe.
Para saber más: Diccionario del desarrollo. Una guía del conocimiento como poder. Wolfgang Sachs.


Automovilidad

La automovilidad no ha surgido de ninguna necesidad común, consensuada, racional, que una sociedad determinada pudiera plantearse, ha sido sólo un lujo demencial ejercido por las poblaciones de ciertas zonas de los países desarrollados, a costa del saqueo de otras poblaciones y zonas naturales, y a costa también de la propia alienación a un objeto de consumo suntuario.
Si consideramos que para estimular el crecimiento económico nuestra felicidad y relaciones con los demás son más importantes que la acumulación de bienes, cuestionar el automóvil debería ser uno de los primeros objetivos del decrecimiento. El automóvil es, en efecto, una de las mayores herramientas de la actual concepción económica del mundo.
En nuestro mundo, que se quiere racional y lógico, el automóvil es el instrumento más pasional y aberrante que existe. El incremento del número de coches no es concebible a largo plazo y hoy sólo es posible porque una privilegiada minoría de la humanidad lo ha convertido en el instrumento de su desarrollo económico.
Frente a los problemas creados por el automóvil, los esforzados caballeros de la técnica nos prometen todo un arsenal de soluciones que permitirán resolver científicamente cada uno de esos males sin tener que cuestionar ni por un segundo el modo de vida sobre el que está basado el automóvil.
Cuanto más cotidiano, cercano, hogareño y práctico se vuelve el automóvil más nos oculta el perímetro destructivo que difunde. La automovilidad ficticia que proporciona el automóvil oculta la peligrosidad y la dependencia que constituye nuestro mundo moderno, sometido a los imperativos despóticos de dicha autonomía.
El automóvil ha sido la máquina de guerra que ha envuelto al occidente desarrollado en una paz auto indulgente e insensata: la paz del week-end, de la escapada en automóvil hacia la playa o la montaña, la paz blindada por el control armado de países remotos.
Para saber más: Las ilusiones renovables. Los amigos de Ludd.
Para saber más: Objetivo decrecimiento. Capítulo ‘Automóvil y decrecimiento’. Denis Cheynet.

La aceptación del otro junto a uno

Todo acto humano tiene lugar en el lenguaje. Todo acto en el lenguaje trae da la mano el mundo que se crea con otros en el acto de convivencia que da origen a lo humano; por esto todo acto humano tiene un sentido ético. Este amarre de lo humano a lo humano es, en último término, el fundamento de toda ética como reflexión sobre la legitimidad de la presencia del otro.



La aceptación del otro junto a uno en la convivencia – el amor – es el fundamento biológico del fenómeno social: sin amor, no hay socialización, y sin socialización no hay humanidad. Cualquier cosa que destruya o limite la aceptación de otro junto a uno, desde la competencia hasta la posesión de la verdad, pasando por la certidumbre ideológica, destruye o limita el que se dé el fenómeno social y, por tanto, lo humano, porque destruye el proceso biológico que lo genera.

Descartar el amor como fundamento biológico de lo social, así como las implicaciones éticas que ese operar conlleva, sería desconocer todo lo que nuestra historia de seres vivos de más de tres mil quinientos millones de años no dice y nos ha legado.

Sólo tenemos el mundo que creamos con el otro, y de que sólo el amor nos permite crear un mundo en común con él. No es saber que la bomba mata, sino lo que queremos hacer con la bomba lo que determina el que la hagamos explotar o no. Esto, corrientemente, se ignora o se quiere desconocer para evitar la responsabilidad que nos cabe en todos nuestros actos, sin excepción, contribuyen a formar el mundo en que existimos y que validamos, precisamente, a través de ellos, en un proceso que configura nuestro devenir.

Ciegos ante esta trascendencia de nuestros actos pretendemos que el mundo tiene un devenir independiente de nosotros que justifica nuestra irresponsabilidad en ellos, y con ellos, y confundimos la imagen que buscamos proyectar, el papel que representamos, con el ser que verdaderamente construimos en nuestro diario vivir.

Para saber más: El árbol del conocimiento. Humberto Maturana y Francisco Varela.

Imaginario simbólico

El imaginario simbólico constituye, instituye y disciplina los pensamientos y prácticas de la realidad social, a través de fórmulas no jurídicas, sino más bien informales, y que muchas veces tienen que ver más con el mundo de los afectos, sentimientos y emociones, que con la regulación explícita de un sistema político o una estructura económica, aunque es evidente el peso del poder en su configuración.




La consideración de que es algo ‘normal’, la repetición de un mismo mensaje bajo diferentes formas o en la misma y de forma reiterada, la espontaneidad o liviandad con que se expresan, contribuyen a su objetivación, configuración como creencia verdadera, aunque de manera inconsciente, que penetra en la mente de los individuos y se reproduce en los colectivos sociales.

La identificación de la mujer con la maldad y la incoherencia adjudicada a ésta es la forma tradicional que tiene la cultura hegemónica y el género masculino para justificar y legitimar la discriminación femenina.

Nuestra sociedad occidental está regida por un sistema binario bipolar, donde los pares dicotómicos presentan una categoría fundante. Frente a la doncella y la esposa está la puta. Siempre lo bueno contra lo malo.

La violencia simbólica es violencia amortiguada, insensible, e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce sobre todo a través de caminos puramente simbólicos de comunicación. Uno de los ámbitos donde se observa es en el refranero.

Algunos ejemplos:

‘Mujeres en opinión tienen mal son’. ‘A la mujer, ni muerta has de creer’. ‘Al perro nadar, y a la mujer bailar, el diablo se lo debió enseñar’. ‘La que es de su casa, lava, limpia, cose, guisa y amasa’. ‘Mujer hermosa, mujer peligrosa’. ‘Mujeres que van mucho a fiestas, si es casada, cuernos en la testa’. ‘Al marido temerle, quererle y obedecerle’. ‘Al mujeriego, mil perdones’. ‘La que sea puta y bruja, cruja’. ‘La mujer sin varón, ojal sin botón’.

El lenguaje es un medio de comunicación, pero es también un modo de pensar, una forma de acceder a la realidad que nos rodea mediante su aprehensión, reproducción, y porque no, interpretación. Es el primer sistema simbólico que se utiliza para estructurar la experiencia, vehículo de comunicación y comportamiento lingüístico. Reproduce la realidad y el mundo, pero sometido a una organización propia, simbolizándolo; hay, pues, una íntima y continua relación entre lengua y pensamiento, y entre lenguaje y experiencia humana; lengua y sociedad se implican mutuamente. No es un espejo de la realidad, ni herramienta neutral, impone su punto de vista sobre el mundo al que hace referencia y al utilización de la mente con respecto a dicho mundo.

Para saber más: Estereotipos y roles de género en el refranero popular. Anna M. Fernández Poncela.

¿Quiénes son los Papalagi?

"Los Papalagi están siempre cavilando cómo cubrir su carne del mejor modo posible. Viven como los crustáceos, en sus casas de hormigón. Viven entre las piedras, del mismo modo que un ciempiés; viven dentro de las grietas de la lava. Hay piedras sobre él, alrededor de él y bajo él. Su cabaña parece una canasta de piedra. Una canasta con agujeros y dividida en cubículos.

Cuando quieres cazar al gorrión o ir a un sitio en el que la gente se divierte, donde cantan y bailan, o si quieres pedir consejo a tu hermano, debes pagar por todo. En todas partes tu hermano permanece con una mano extendida y te despreciará y maldecirá si la dejas sin llenar. Una sonrisa de excusa o una mirada amistosa no ayudan a ablandar su corazón.

También podéis reconocer al Papalagi por su deseo de hacernos sabios y porque nos dice que somos pobres y desdichados y que estamos necesitados de su ayuda y comprensión, porque no poseemos nada.

Adoran el metal redondo y el papel tosco; les da mucho placer poner los zumos del fruto muerto y la carne de los cerdos, bueyes y otros animales horribles dentro de sus estómagos. Pero también sienten pasión por algo que no podéis comprender, pero que a pesar de esto existe: el tiempo. Lo toman muy en serio y cuentan toda clase de tonterías sobre él. Aunque nunca habrá más tiempo entre el amanecer y el ocaso, esto no es suficiente para ellos.

¿Cuántos años tienes?, significa cuántas lunas han vivido.

Examinar y contar de ese modo está lleno de peligros, porque así se ha descubierto cuántas lunas suele vivir la gente. Entonces guardan eso en la mente y cuando han pasado una gran cantidad de lunas, dicen: «Ahora tengo que morir pronto». Se vuelven silenciosos y tristes y, en efecto, mueren después de un corto período.

Tienen una manera extrañamente confusa de pensar. Siempre se están devanando los sesos, para sacar mayores provechos y bienes de las cosas, y su consideración no es por humanidad, sino sólo por el interés de una simple persona, y esa persona son ellos mismos. Dicen: «La palmera es mía», sólo porque ese árbol crece delante de su cabaña, entonces se comporta como si él mismo hiciera crecer la palmera.

Cada Papalagi tiene una profesión. Es difícil decir exactamente lo que esto significa. Es algo para lo que se debe tener un gran apetito, pero parece ser que la mayor parte del tiempo falta. Tener la profesión significa hacer siempre las mismas cosas. Hacerlas tan a menudo que incluso podrías hacerlas con los ojos cerrados y sin esfuerzo alguno. Si mis manos no hicieran nada más que construir cabañas o tejer esteras, entonces mi profesión sería la de constructor de cabañas o tejedor de esteras.

Dejémonos de promesas y gritémosles: «Permaneced lejos de nosotros con vuestros hábitos y vuestros vicios, con vuestra loca precipitación por la riqueza que traba las manos y la cabeza, vuestra pasión por llegar a ser mejores que vuestros hermanos, vuestras muchas empresas sin sentido, vuestros curiosos pensamientos y el conocimiento que no conduce a nada, y otras tonterías que dificultan vuestro sueño en la estera. Nosotros no tenemos necesidad de todo eso: somos felices con los placeres agradables y nobles que Dios nos ha dado para no ser cegados por su luz y que pueda ayudarnos para que no nos perdamos, y brille siempre en nuestro camino de tal modo que podamos seguir su senda y absorber su maravillosa luz, que significa amarse los unos a los otros y llevar mucha fafola en nuestros corazones»."

Extraído de Papalagis. Discursos de Tuiavii de Tiavea, jefe Samoano

Bancos de horas

Ya no se trata de fomentar un desarrollo alternativo, sino de dar alternativas al desarrollo. Para ello, a menudo, sólo es necesario echar la vista atrás y recuperar nuevas o viejas ideas que nos enriquezcan y, de paso, nos ayuden a descolonizar nuestro imaginario.



En una sociedad hiperactiva donde impera el consumo desaforado e inconsciente y donde la voluntad y la capacidad de decisión de cada individuo parecen estar abocadas a la voluntad de una masa autómata, surgen movimiento originales radicalmente opuestos al crecimiento obcecado que ponen en claro entredicho la ilimitación y la bondad del crecimiento económico, social y ecológico

Las personas siempre han tenido la necesidad de cambiar aquellos objetos que poseía, pero no necesitaba, por aquellos que realmente deseaba. De esta manera inventó el trueque, sistema de transacción comercial en la que no intervenía el dinero. Allá por el siglo XIX, se rescataron del olvido ideas cooperativistas que han desembocado hoy en lo que conocemos como bancos de horas o nuevas formas de trueque.

Los bancos de horas, grupos de trueque o LETS (local exchange trading system), se basan en la ayuda mutua y el intercambio de servicios. La moneda es la hora que se intercambia mediante cheques. Al depositar en el banco unas horas de tiempo ofreciendo un servicio que se quiere dar... se puede demandar, a cambio, tiempo de otros usuarios para solucionar alguna de las necesidades diarias.

Al basarse en la confianza mutua de sus miembros, fomentan también el acercamiento y la cooperación. En los avatares del siglo XXI, en medio de una tremenda confusión, los bancos de horas representan una forma de entender y de entendernos.

Extraído del artículo de Silvia Montoya ‘Los bancos de horas’ en The Ecologist nº 31

Para saber más: Banco de tiempo

Un universalismo para la vida



El sistema capitalista mundial tiene la capacidad de transformar la vida en mercancías comercializables y en dinero. Es necesario contemplar la diversidad e interconexión que existe a escala mundial entre las mujeres, entre los hombres y las mujeres, entre los seres humanos y las demás formas de vida.

El terreno común para la liberación de la mujer y la protección de la vida sobre la Tierra debe buscarse en las actividades de las mujeres que han sido víctimas del proceso de desarrollo y que luchan por la conservación de su base de subsistencia, como por ejemplo, las mujeres ‘chipko’ en India, las mujeres y los hombres que se oponen a la construcción de presas gigantes, las mujeres que luchan contra las plantas nucleares y contra el vertido irresponsable de residuos tóxicos en todas partes, y muchas otras acciones en todo el mundo.

Estas mujeres expresan con claridad el vínculo que une a las mujeres de todo el mundo y a hombres y mujeres con la multiplicidad de formas de vida de la naturaleza. El universalismo que emana de sus esfuerzos por proteger su subsistencia –su base de vida- es distinto del universalismo eurocéntrico que se desarrolló con la Ilustración y el ascenso del patriarcado capitalista.

Es un universalismo que no habla de ‘derechos humanos universales’ abstractos, sino de las necesidades humanas comunes que sólo es posible satisfacer si se mantienen vivos e intactos las redes y procesos que sostienen la vida. Estas ‘simbiosis’ tanto en el seno de la naturaleza como en la sociedad humana, son la única garantía de que la vida, en su sentido más amplio, podrá mantenerse en nuestro planeta.

Estas necesidades: de alimento, de cobijo, de abrigo; de afecto, de cuidados y de amor; de dignidad e identidad, de saber y libertad, de diversión y alegría, son comunes a todas las personas, independientemente de su cultura, ideología, raza, sistema político y económico y clase.

En el discurso habitual del desarrollo, estas necesidades se dividen en las llamadas necesidades ‘básicas’ y necesidades ‘superiores’. No se puede reconocer esta división. En nombre de los valores ‘superiores’ se ha erosionado el valor del trabajo cotidiano para la supervivencia, para la vida. Las clases ‘opulentas’ no ven la supervivencia como el objetivo último de la vida, sino como una banalidad, un hecho que puede darse por sentado.

Para saber más: Ecofeminismo. Vandana Shiva y María Mies.

Democracia feminista

¿Cuál es nuestra definición de democracia feminista? En primer lugar, las políticas sexuales son centrales en los procesos y prácticas de gobierno, esto conlleva no sólo los efectos del gobierno sobre las mujeres o 'lo que les ocurre a las mujeres' bajo la regulación del Estado, sino también la forma en la que los dispositivos de gobierno, en su conjunto, tratan a las mujeres.




En segundo lugar, una democracia feminista sugiere un orden relacional diferente entre las personas. Implica comprender las jerarquías de dominio socioeconómicas, ideológicas, culturales y psíquicas —como la clase, el género, la raza, la sexualidad y la nación—, sus interconexiones, y sus efectos sobre las personas oprimidas en el contexto de una práctica transformadora colectiva u organizada. De esta forma, resulta crucial en la elaboración de un orden relacional diferente, la transformación de las relaciones, de los tipos de 'yo', de las comunidades y de las prácticas de vida cotidiana dirigidas a la autodeterminación y a la autonomía de todas las personas.

En tercer lugar, en las formulaciones de la democracia feminista, el sujeto se teoriza de forma diferente. Las mujeres no se presentan a sí mismas como víctimas o dependientes de estructuras de gobierno sino como agentes de sus propias vidas. Aquí se entiende el sujeto como la reproducción continuada y consciente de las condiciones de la propia existencia, al tiempo que se toma responsabilidad de este proceso. Esta agencia está anclada en la práctica de pensarse a una misma como parte de organizaciones y colectivos feministas. No es el yo individual, liberal y pluralista del capitalismo.

Precisamente por esto, la descolonización resulta clave para la definición y el proyecto de una. Hasta que los profundos efectos de las jerarquías de la colonización sean tenidos en cuenta, no será posible nuevas formas de gobierno. Lo que necesitamos es una nueva cultura política. La descolonización implica pensarse fuera de los espacios de dominación, pero siempre en el contexto de un proceso colectivo o comunitario; la diferencia entre la identificación como mujer y la conciencia de género, la primera hace referencia a una designación social, la última a una conciencia crítica de las implicaciones de esa designación.

Este pensarse 'fuera de' la colonización sólo es posible mediante la acción y la reflexión, a través de la praxis. Después de todo, la transformación social no puede permanecer en la esfera de las ideas, debe comprometer una práctica.

Para saber más: Otras inapropiables. Genealogías, legados y movimientos. M. Jacqui Alexander y Chandra Talpade Mohanty.

La crisis económica, vista desde la economía ecológica

La crisis económica implica un cambio de tendencia en las emisiones de dióxido de carbono por lo menos en los países occidentales cuyas economías han entrado en lo que graciosamente se llama “crecimiento negativo”. En los cinco años anteriores al 2008, las emisiones de dióxido de carbono producidas por los humanos estaban aumentando a más del 3 por ciento anual lo que llevaba a doblarlas en 20 años cuando lo necesario es que bajen al menos a la mitad lo más pronto posible. El objetivo de Kyoto de 1997 es muy generoso con los países ricos pues les concede derechos de propiedad sobre los sumideros de carbono (los océanos y la nueva vegetación) y sobre la atmósfera como depósito temporal de dióxido de carbono a cambio de una promesa de reducción del 5 por ciento en sus emisiones del 2010 respecto a las de 1990. Este modesto objetivo de Kyoto será ahora cumplido mucho más fácilmente si la crisis económica se prolonga dos años más. El comercio de emisiones de carbono desaparecerá totalmente a menos que los países ricos se impongan a sí mismos la obligación de bajar sus emisiones como deberían hacerlo pues todavía son muy excesivas. El transporte aéreo, la construcción de viviendas, las ventas de automóviles están bajando en muchos países europeos y en Estados Unidos en la segunda mitad del 2008. Los automovilistas estadounidenses compraron 9 por ciento menos gasolina en las primeras semanas de octubre del 2008 que en el mismo período del 2007. Bienvenida sea la crisis económica!

Efectivamente, la crisis económica da una oportunidad para que la economía de los países ricos adopte una trayectoria distinta con respecto a los flujos de energía y materiales. Ahora es el momento de que los países ricos, en vez de soñar con recuperar el crecimiento económico habitual, entren en una transición socio-ecológica hacia menores niveles de uso de materiales y energía. La crisis debe dar a la vez una oportunidad para reestructurar las instituciones sociales según las propuestas de los partidarios del “decrecimiento económico socialmente sostenible” (tal como se explicó en el número 35 de la revista Ecología Política, 2008). El objetivo social en los países ricos debe ser vivir bien dejando de lado el imperativo del crecimiento económico. Parece además que está comprobado que la felicidad no crece ya cuando crece el ingreso, a partir de un cierto nivel de ingreso. Además, hay que recordar que la contabilidad económica no cuenta bien los daños ambientales ni el valor de los recursos agotables. La ciencia económica ve la economía como un carrusel o “tío vivo” entre los consumidores y los productores. Se encuentran en los mercados de bienes de consumo o en los mercados de los servicios de los factores de la producción (por ejemplo, al vender fuerza de trabajo a cambio de un salario). Los precios se forman en esos mercados al intercambiar las mercancías o comprar servicios de los factores de la producción. La contabilidad macroeconómica (el cálculo del PIB) agrega las cantidades multiplicadas por sus precios. Eso es la Crematística.

En cambio, la economía puede describirse de otra manera, como un sistema de transformación de energía y de materiales, incluida el agua, en productos y servicios útiles, y finalmente en residuos. Eso es la Bioeconomía o la Economía Ecológica (Georgescu-Roegen, 1966, 1971, Herman Daly, 1968, A. Kneese y R.U. Ayres, 1969, Kenneth Boulding, 1966). Ha llegado el momento de sustituir el PIB por indicadores sociales y físicos al nivel macro. La discusión sobre la décroissance soutenable o el decrecimiento económico socialmente sostenible que Nicholas Georgescu-Roegen planteó hace treinta años, debe ahora convertirse en el tema principal de la agenda política en los países ricos.

La contabilidad económica está equivocada
 
La crítica de la contabilidad económica convencional a menudo hace hincapié en los valores de los servicios ambientales de los ecosistemas que no están recogidos en esa contabilidad. Por ejemplo, los servicios ambientales de los arrecifes de coral y de los manglares, los del bosque tropical húmedo, pueden ser calculados en dinero por hectárea y por año, y entonces las hectáreas que se pierden pueden ser traducidas en pérdidas económicas virtuales para impresionar al público y a los gestores públicos. Eso me parece bien pero es muy insuficiente para percatarse realmente de cuáles con las relaciones entre la economía y el medio ambiente pues el suministro energético de nuestra economía industrial depende no tanto de la fotosíntesis actual como de la fotosíntesis de hace millones de años.Nuestro acceso a los recursos materiales depende también de antiguos ciclos biogeoquímicos, y estamos usando y desperdiciando esos recursos sin reemplazo a un ritmo mucho más rápido que el de su formación. 

El pico de la extracción de petróleo tal vez ya ha sido alcanzado o lo será pronto (si la economía se recupera). Actualmente se saca casi 87 millones de barriles al día. Contando en calorías, el promedio mundial equivale a unas 20,000 kcal por persona y día (es decir, una diez veces más que la energía de la alimentación), y en los Estados Unidos equivale a 100,000 kcal por persona y día. En el uso exosomático de energía el petróleo es mucho más importante que la biomasa.

La actual crisis económica no es solamente una crisis financiera, y su causa no es únicamente que la oferta de nuevas viviendas en los Estados Unidos haya excedido de la demanda que podía ser financiada sosteniblemente. Es verdad que se vendió viviendas a personas que no podía pagar las hipotecas, y se construyó viviendas (como también en España) esperando que aparecieran compradores con patrimonios o con salarios firmes que respaldaran sus pagos hipotecarios. En los Estados Unidos el poder de compra de los salarios no había apenas aumentado en los últimos años al haberse hecho más desigual la distribución del ingreso, pero sí aumento en compensación el crédito a los consumidores. Los ahorros de los hogares estaban en un mínimo al comenzar la crisis, como también ha ocurrido en España. Por lo visto, los banqueros pensaron que el crecimiento económico continuaría indefinidamente y eso mantendría o hasta haría crecer el precio de las viviendas hipotecadas. “Empaquetaron” las hipotecas y las vendieron a otros bancos que a su vez las vendieron o intentaron venderlas a inocentes inversores. Ahora se acabó el boom inmobiliario (con los efectos que José Manuel Naredo había venido anunciando en España hace años). La industria de la construcción está parada en diversos países. Es alarmante que eso se quiera compensar en España con la construcción de más “infraestructuras” financiadas con deuda pública, cuando ese sector de autopistas y aeropuertos está ya sobre-dimensionado. 

La nacionalización parcial de varios bancos en Estados Unidos y en Europa ha evitado una cadena imparable de quiebras, pero esa nacionalización hará aumentar el déficit público. En cualquier caso, otra causa de la crisis, más allá del exceso de creatividad en la venta de “productos” financieros, ha sido sin duda el gran aumento del precio del petróleo y de otras materias primas hasta julio del 2008. Las economías industriales ricas dependen, en su metabolismo social, de la importación a precio barato de grandes cantidades de energía y materiales. Eso es así en Europa, Japón, partes de China, y también en Estados Unidos que importa más de la mitad del petróleo que gasta. El precio del petróleo aumentó porque aumentó la demanda, y también por la restricción de oferta por el oligopolio de la OPEP que se apoya en la escasez de petróleo al ir llegando al pico de la curva de Hubbert. De hecho, la teoría económica neo-clásica no sostiene que el precio del petróleo deba ser igual al costo marginal de extracción. El petróleo a 150 dólares por barril sería todavía demasiado barato teniendo en cuenta una asignación intergeneracional más justa y teniendo en cuenta las externalidades que se producen al extraerlo, al transportarlo y al quemarlo. 

A medida que la crisis económica avanza, el precio del petróleo cae pero se recuperará si la economía crece otra vez. La OPEP intentará reducir la extracción de petróleo durante la crisis. La reunión prevista para noviembre del 2008 se avanzó al 24 de octubre cuando la OPEP decidió disminuir la extracción de petróleo en 1,5 mbd.

Hay una tendencia creciente al aumento del costo energético de la obtención de energía (un EROI más bajo). La bajada de la curva de Hubbert será terrible política y ambientalmente. Hay ya grandes conflictos desde hace años en el Delta del Níger y en la Amazonía de Ecuador y Perú contra compañías como la Shell, la Chevron, la Repsol, la Oxy. Recurrir a otras fuentes de energía como la nuclear y los agro-combustibles aumentará los problemas ambientales, sociales y políticos. Por suerte, la energía eólica y fotovoltaica está aumentando, y mucho más deberá aumentar para compensar el descenso de la oferta de petróleo en las próximas décadas. El gas natural también crece y llegará a su pico de extracción dentro de no mucho tiempo. Los depósitos de carbón mineral son muy grandes (la extracción de carbón ya creció siete veces en el siglo XX) pero el carbón produce localmente daños ambientales y sociales, y también es dañino globalmente por las emisiones de dióxido de carbono.

El PIB de los pobres
 
Hay que entender que la contabilidad económica convencional es equivocada. Doy aquí otro argumento que se añade a los que ya Frederick Soddy había señalado. La experiencia que Pavan Sukhdev, Pushpam Kumar y Haripriya Gundimedia adquirieron en la India con un proyecto de investigación que intentó dar un valor económico a los productos no comerciales de los bosques (como la leña y alimentos para los grupos tribales o campesinos y su ganado, la retención de agua y de suelo, las hierbas medicinales de uso local, la absorción de dióxido de carbono) sirvió después en el proyecto europeo TEEB (siglas en inglés de “La Economía de los Ecosistemas y de la Biodiversidad”) apoyado por la DG de Medio Ambiente de la Comisión Europea y por el Ministerio de Medio Ambiente alemán. El equipo del TEEB destaca que una representación monetaria de los servicios dados por la disponibilidad natural de agua limpia, de leña y de pastos, de plantas medicinales, no mide realmente su contribución esencial a la vida de los pobres.

En la contabilidad macroeconómica se puede introducir la valoración de las pérdidas de ecosistemas y de biodiversidad ya sea en cuentas satélites (en especie o en dinero) ya sea modificando el PIB para llegar a un PIB “verde”. Pero en cualquier caso, la valoración económica de las pérdidas tal vez sea baja en comparación con los beneficios económicos de un proyecto que destruya un ecosistema local o que destruya la biodiversidad. Lo mismo se aplica a nivel macroeconómico: un aumento del PIB ¿compensa el daño ambiental? Sukhdev y sus colaboradores contestan así: ¿qué grupos de personas sufrirán las pérdidas? En la India comprobaron que los beneficiarios más directos de la biodiversidad de los bosques y de sus servicios ambientales eran los pobres, y que su pérdida afectaría sobre todo al ya menguado bienestar de los pobres. Esa pobreza hace que las pérdidas de servicios ambientales repercutan desproporcionadamente en su “ingreso de subsistencia” en comparación con otras clases sociales. De ahí la idea del “PIB de los pobres”. En otras palabras, si el agua de un arroyo o del acuífero local es contaminada por la minería, los pobres no pueden comprar agua en botella de plástico porque no tienen dinero para ello. Por tanto, cuando la gente pobre del campo ve que su propia subsistencia está amenazada por un proyecto minero o una represa o una plantación forestal o una gran área industrial, a menudo protesta no porque sean ecologistas sino porque necesitan inmediatamente los servicios de la naturaleza para su propia vida. Ese es el “ecologismo de los pobres”.

En la revista Down to Earth (15 agosto 2008), Sunita Narain dio varios ejemplos actuales de la India. “En Sikkim, el gobierno ha cancelado once proyectos hidroeléctricos atendiendo a las protestas locales. En Arunachal Pradesh, las represas están siendo aprobadas a toda velocidad y la resistencia está creciendo. En Uttarakhand en el último mes, dos proyectos en el Ganges han sido detenidos y hay mucha preocupación con el resto de proyectos mientras en Himachal Pradesh, las represas despiertan tanta oposición que las elecciones han sido ganadas por candidatos que dicen que están en contra de ellas. Muchos otros proyectos, desde centrales termo-eléctricas a minas en zonas agrícolas, tropiezan con resistencia. La mina de hierro, la fábrica de acero y el puerto propuestos por el gigante sur-coreano Posco son discutidos, aunque el primer ministro ha asegurado que tendrán luz verde este mismo mes de agosto. La gente local no quiere oír eso, no quiere perder sus tierras y su subsistencia, no confía en las promesas de compensación. En Maharashtra, los cultivadores de mangos se levantan contra la central térmica de Ratnagiri. En cualquier rincón donde la industria intenta conseguir tierra y agua, la gente protesta hasta la muerte. Hay heridos, hay violencia, hay desesperación, y nos guste o no, hay miles de motines en la India de hoy. Tras visitar Kalinganagar, donde hubo muertos en protesta contra el proyecto de las industrias Tata, escribí que el tema no era la competitividad de la economía de la India ni tampoco el Naxalismo. Los que protestaban eran aldeanos pobres sin la capacidad de sobrevivir en el mundo moderno si perdían la tierra. Habían visto como sus vecinos eran desplazados, como no se cumplían las promesas de dinero o empleo. Sabían que eran pobres y que el desarrollo económico moderno les empobrecería más. También es así en Goa, que es más próspera pero donde he visto que pueblo tras pueblo resiste contra el poderoso lobby minero…”.

Extraído de 'La crisis económica, vista desde la economía ecológica'. Joan Martínez Alier

Liberar nuestros sueños; vivir de lo que nos apasiona

Liberar nuestros sueños y deseos e intentar trabajar haciendo lo que nos gusta o consumir a nuestra manera requiere esfuerzos y valentía para romper con viejos hábitos e inercias. Pero una vez en marcha el proceso, es difícil la vuelta atrás si realmente seguimos ‘un camino con corazón’. La participación política será más saludable si sale desde lo que nos gusta, desde nuestras pasiones y necesidades. Mi pasión es educar para un consumo más consciente, la tuya hacer buen periodismo, la de ella hacer pan ecológico... Y nos unimos porque necesitamos buen transporte público y poder respirar aire limpio, más parques y menos coches, porque no nos gusta que nos jodan los espacios naturales a donde vamos de excursión para construir autovías.



En los países ricos se ha interiorizado la idea de que cuando termina la jornada de trabajo comienza la jornada de consumo. ¿Es posible cuestionar a un nivel profundo las ideas sobre el dios trabajo y el dios dinero?

Si nos damos cuenta de que vendiendo el coche –o aguantando con el viejo mientras dure– y viajando a la Sierra de Gredos en vez de a Punta Cana, disfrutamos lo mismo o más y además podemos trabajar menos horas y tener más tiempo para hacer lo que nos gusta. Nuestro fin, lógicamente, es vivir mejor, y vivir con menos puede ser un buen camino para conseguirlo. Para mí una clave es poder vivir de lo que nos apasiona, ¿qué hacemos trabajando 40 horas para Zara, por ejemplo, y luego participando en un grupo ecologista cuatro horas a la semana quitando tiempo a nuestro descanso, amigos, familia...? Pues intentemos vivir de reparar bicis reutilizando material usado –por poner un ejemplo– y ya juntamos dos trabajos en uno, trabajo y ‘militancia’. Por cierto, ¿de dónde viene esta palabra?

Hoy día lo ‘alternativo’ es un valor en alza y los grandes hipermercados intentan apropiarse de conceptos como ‘comercio justo’, ‘eco’, ‘bio’ o ‘natural’. Las cooperativas autogestionarias de carácter anticapitalista resisten, no sin dificultades, desde el apoyo mutuo y la confianza. ¿El imperio acabará devorándose a los irreductibles galos?

Los súper y las multinacionales hacen comercio injusto vendan lo que vendan. Al respecto se pueden ver campañas ‘Supermercados no, gracias’ y ‘Espacio por un comercio justo’. Sabiendo lo que sabemos, comprar allí deja de tener sentido, si hemos probado la satisfacción que reporta hacer las cosas ‘de otra manera’.

Entrevista: Toni Lodeiro, autor de ‘consumir menos, vivir mejor’

Cartas desde la sociedad del carbón

Margarita Mediavilla. Revista Ecologista nº 92

Querida María:


Me he acordado esta tarde de ti porque estaba haciendo limpieza en casa y he encontrado tus antiguos artículos sobre el decrecimiento y el pico del petróleo. Creo que tú y tus amigos agoreros del peak oil os equivocasteis de lleno: estamos en 2040 y la escasez de petróleo todavía no ha llegado. Igual que el petróleo convencional fue sustituido a principios de siglo por el de fractura hidráulica, ahora el fracking ha sido sustituido por los modernos combustibles sintéticos del carbón. Como bien dicen los expertos, la tecnología se las arregla para superar cualquier escasez.

No ha habido un colapso ni una gran caída como predecíais, la tecnología ha seguido avanzando y el crecimiento económico sigue consolidándose en las Sociedades Globales. Dices que los marginados de la Sociedad y los países con Estados fallidos ya no aparecen en las estadísticas y son más del 40 %; tienes razón en que no aparecen, pero creo no son tantos. Y lo mejor que nos ha podido suceder, digas lo que digas, ha sido la llegada al poder de los partidos nacionales tanto en Alemania como en el resto de Europa. Ellos han sido los que han puesto orden y han apostado por las nuevas tecnologías del carbón líquido, abandonando los espejismos renovables de la época Merkel y los compromisos del Acuerdo de París. Las minas de Centroeuropa permiten que nuestra economía compita con la estadounidense, que fue la primera en apostar por los combustibles sintéticos en la época de Trump. ¡Hasta las minas españolas han vuelto a abrirse!

El otro día vino tu madre muy preocupada diciendo que la ciudad ahora está muy extraña, que parece una ciudad provinciana porque siempre ve las mismas caras en las cafeterías, que hay poca gente en la calle y sólo se ven robots repartidores y drones. Creo que la pobre todavía no sabe que hace diez años se construyeron los muros. No me atrevo a contarle que los barrios de desempleados quedaron fuera y los arrabaleros sólo pueden entrar en la ciudad con carnet de empleo. Mamá no es consciente de la suerte que tiene de pertenecer a la sociedad, ella todavía tiene esa vieja mentalidad democrática del siglo XX y si le cuento lo de los muros me temo que se le vaya la olla, empiece a soltar sus peroratas sobre los derechos humanos y nos meta en algún lío. También dice que los inviernos han desaparecido, que el centro de España ahora es como antes era el sur y el norte es como el centro, que nos está tragando el Sahara. La verdad, yo no me acuerdo cómo era el paisaje cuando era niña, ni tampoco sé bien cómo es ahora fuera de las ciudades, no suelo mirar por la ventanilla del coche autoguiado porque me duermo en los viajes.

Tu sobrina nos ha dado un disgusto enorme. Se ha marchado a las montañas con esos desarrapados de la guerrilla como te fuiste tú hace años. Decía que estaba enferma, que sus dolores de cabeza y sus alergias se debían a todas las radiaciones de los vehículos guiados, los drones de reparto y el Internet de las cosas, además decía que se ahogaba con el smog. El doctor le aseguraba que su enfermedad es genética y está demostrado científicamente que las radiaciones no tienen efecto sobre la salud, pero ya sabes que era aficionada a esas supersticiones de la medicina natural.

Mamá está muy preocupada porque no sabe cómo mandarle sus medicinas ni como sobrevivirá sin ellas. ¿Cómo vivís en esos campos donde no hay nada más que polvo y robots tractor? Igual te la encuentras algún día en una de vuestras comunas hippies, quizá robando gasóleo de un robot ganadero o cometiendo algún otro atentado terrorista de esos que gustan a tus amigos.

No sé cómo estáis tan locas al intentar sobrevivir en ese mundo salvaje, sin robots ni realidad virtual, trabajando la tierra a mano. Pero tu sobrina es como tú, le metiste el virus antisistema en la cabeza con esas cosas de la educación libre, la música y la poesía. A los dieciséis andaba con una panda de guarros que se dedicaban a hackear y poner zancadillas a los robots repartidores porque decían que destruían el empleo del comercio. Menos mal que cuando llegó el Ejército a poner orden no la relacionaron con ellos.

Me alegro de que tú estés bien y hayas encontrado la paz en esas historias tuyas. También te agradezco que te tomes tantas precauciones para escribirme y hacerme llegar estas cartas en papel, aunque la verdad es que me cuesta horrores escribir a mano para no dejar huellas digitales en la impresora —ya sabes que ahora todo está conectado— .

De todas formas no entiendo eso que dices en tu carta: “Esa sociedad tuya es capaz de conectar el chip de tu nevera con los millones de chips de las neveras, coches y aires acondicionados de todo el mundo, pero incapaz de conectaros con vuestro cuerpo, con las personas que están a vuestro alrededor y con la naturaleza que os alimenta. Tampoco os deja conectar dos ideas seguidas en vuestra cabeza que os permitan ver que el planeta es limitado y vuestra forma de vida es absurda”.

No sé, María, no soy capaz de reflexionar tan profundo. Cuando hablas de conectar con la naturaleza, el cuerpo o las personas no sé a qué te refieres. No me suele hacer falta hablar mucho ni pensar en mi cuerpo, si me encuentro mal me voy a la realidad virtual y me tomo una pastilla de soma, que me deja como nueva. La verdad es que eres la única persona que me sigue preguntando por mis cosas y a la que cuento algo. Me ha costado mucho conseguir pertenecer a la sociedad y esconder lo tuyo. Esta forma de vida es muy cómoda y no sé si mi vida es absurda porque nunca tengo tiempo para pensar. Ahora mismo tengo que limpiar los cristales porque ayer vino el aire desde la refinería de carbón y se han puesto negros, aunque quizá mejor lo dejo para otro día: el robot limpiaventanas me ha avisado de que mañana va a haber tormenta de arena.

Cuídate y mira a ver si puedes darnos alguna noticia de tu sobrina. Vuelve a escribirme por medio del chatarrero, pero dile que tenga cuidado de venir las semanas que no pasa el robot del reciclado para no despertar sospechas; otra vez estamos en alerta antiterrorista y, aunque seguimos estando bien situadas, no es cuestión de arriesgar.

Un fuerte abrazo. Marta.