Los movimientos sociales que objetan el crecimiento sin límites

Miguel Valencia - Ecoportal.net

Desde la publicación del Informe del Club de Roma en 1972 – el Informe Meadows-, se discuten en universidades y grupos sociales los efectos perversos del crecimiento ilimitado, los límites del crecimiento, los factores que impulsan el crecimiento, las economías y las sociedades de crecimiento, los fundamentos de la economía, el papel de la tecnología en el crecimiento, el productivismo, el consumismo, el progreso, el desarrollo, la modernidad, el cambio de los modos de vida, el cambio de vida, la colonización del imaginario social (la escuela, los medios, las infraestructuras de información y de urbanización) , la austeridad, la frugalidad, la vida simple, la gratuidad, las certidumbres filosóficas de la época moderna. 

Autores de gran importancia han nutrido este debate sobre la modernidad: Thoreau, Tolstoi, Gandhi, Huxley, Weil, Camus, Arendt, Mumford, Passolini, Marcuse, André Gorz, Ivan Illich, Georgescu Roegen, Cornelius Castoriadis, entre otros, sin embargo, la nueva conciencia de la crisis ecológica y climática y la crítica al desarrollo y la tecnología aportan al empezar este siglo una nueva dimensión a esta discusión.

En noviembre de 2003, meses después de una terrible ola de calor en París que mata en una quincena cerca de 15,000 personas-ancianos principalmente-, se publica un artículo de Serge Latouche en Le Monde Diplomatique titulado Pour une societe pour la decroissance que desencadena un gran debate en Francia. La Confederación Paysanne (campesina), los Verdes, los altermundistas y una gran parte de la opinión pública francesa intervienen en el debate. Este articulo hace eco de los debates del seminario Deshacer el Desarrollo Rehacer el Mundo realizado en 2002 en la UNESCO, en el que participaron algunos de los más importantes críticos de la economía y la sociedad industrial: Ivan Illich, unos meses antes de morir, y los simpatizantes del matemático y economista Nicholas Georgescu Roegen y del psicoanalista Cornelius Castoriadis, pensadores que en el siglo XX tuvieron un muy importante papel en este debate.

El artículo de Latouche se ve reforzado por la fundación del periódico La Decroissance. Le journal de la joie de viepublicación mensual realizada en Lyon que opera hasta el día de hoyUnos meses después, en julio de 2004, Francois Schneider, nacido en La Haya, inicia La Marcha por la decroissance, acompañado de un asno; por espacio de un año recorre una parte de Francia; le acompañan en su marcha en algún momento hasta 500 personas. En los años siguientes se crean colectivos, asociaciones y hasta el Partido por la decroissance. Nace el primer movimiento social que objeta el crecimiento por el crecimiento mismo (sin límites): la decroissance. En Australia, Clive Hamilton, director de The Australia Institute, publica en 2003 su libro Growth Fetish que alienta la formación de un movimiento social que objeta el crecimiento en ese país . Paul Aries publica en 2005 Decroissance ou Barbarie que tiene gran aceptación entre los activistas sociales europeos. Serge Latouche publica en 2006 su famoso libro La Pari de la decroissance (La Apuesta por el Decrecimiento) que aporta una visión multidisciplinaria sobre esta consigna política.



El movimiento iniciado en Francia se extiende en los años siguientes a Italia donde adopta los nombres de Rete per la decrescita o Decrescita felice (Mauro Bonaiuti y Maurizio Pallante) y en España Red de decrecimiento en Barcelona (Joan Martínez Alier) otros grupos de decrecimiento de Madrid (Carlos Taibo, Julio García Camarero) Sevilla y otras provincias. En octubre de 2007, ECOMUNIDADES, Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México convoca el Primer Ciclo de coloquios La Apuesta por el Descrecimiento (cinco en total) que se extiende hasta finales de 2008. Nace en México el primer movimiento que objeta el crecimiento en los países del Sur global. La residencia de Ivan Illich en México, por más de 14 años, facilita esta labor pionera.
Los términos decroissance, decrescita, decrecimiento, postwachstum y descrecimiento tienen un uso muy reciente en los debates económicos, políticos y sociales, aunque las ideas en las que se apoyan tienen una antigua historia. El proyecto de una sociedad autónoma y ecónoma que está detrás de esta consigna o bandera, en efecto, no nació ayer.  Sin remontarse a ciertas utopías del primer socialismo, ni a la tradición anarquista renovada por el situacionismo fue formulada a finales de los años 60 por Ivan Illich, André Gorz, Francois Partant y Cornenlius Castoriadis, en términos cercanos a los que hoy en día utiliza Serge Latouche. El fracaso de las ideas de desarrollo en el Sur y la desorientación en los países del Norte han conducido a muchos pensadores a cuestionar la sociedad de consumo y sus bases imaginarias: el progreso, la ciencia y la tecnología. Las palabras decroissance, decrecimiento y descrecimiento no figuran en los diccionarios económicos y sociales mientras que sí se mencionan sus correlatos: “crecimiento cero”, “desarrollo sustentable” o “estado estacionario” El termino descrecimiento no figura en ningún diccionario mayor, fue inventado en México en 2007, para denotar voluntad individual y colectiva de reducir el despilfarro de los regalos de la naturaleza y su consecuencia, el despilfarro de las potencialidades humanas, sin embargo, fue incluido en el Vocabulario para una Nueva Era, publicado recientemente por la Fundación Heinrich Boell.

En 2008, investigadores de diversas instituciones europeas consiguen organizar en París la Primera Conferencia Internacional sobre la Decroissance, para la Sustentabilidad Ecológica y la Equidad Social; se adopta el término degrowth, para los debates internacionales. En 2009, Tim Jackson publica en Inglaterra su libro Prosperity without Growth que desata en ese país el debate sobre los efectos perversos del crecimiento. En 2010, por invitación de ECOMUNIDADES Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México, Serge Latouche vista México e imparte conferencias magistrales en varias universidades mexicanas. Días después de esta vista tiene lugar en la Universidad de Barcelona, la Segunda Conferencia Internacional de Degrowth. En ese año, España tiene ya  un gran avance teórico y práctico en los asuntos de decrecimiento. En 2012 tienen lugar dos conferencias internacionales de degrowth, para la sustentabilidad ecológica y la equidad social: la de Las Américas, en Montreal y la Tercera Conferencia Internacional de Degrowth, en Venecia. En 2014 tiene lugar la más grande conferencia de degrowth en la historia: Leipzig, con la participación de más de 3,500 personas de más de 90 países. En 2016, tiene lugar la Quinta Conferencia Internacional sobre Degrowth en Budapest, con la participación de más de 600 personas de más de 90 países. A finales de agosto de 2018 tendrá lugar la Sexta Conferencia de Degrowth en Malmo, Suecia.

La crítica al crecimiento crece en universidades europeas, canadienses, australianas, estadounidenses y japonesas. Se dice que es el movimiento politico que más crece en Europa. Crecen también los grupos sociales que, en muchos países, incluyendo a países del Sur, se inspiran en estas críticas, para proponer alternativas. El movimiento zapatista y el movimiento andino del Buen Vivir inspiran a movimientos que objetan el crecimiento ilimitado. Sin embargo, son muy diversas las interpretaciones de las consignas decroissance, decrecimiento o descrecimiento. No hay una ortodoxia.  La Primera Conferencia Norte Sur de Degrowth-Descrecimiento, Ciudad de México 2018 que tendrá lugar entre el 3 y el 7 de septiembre, tiene como propósito contrastar las visiones del Norte Global con el Sur Global sobre el crecimiento, en particular sobre el crecimiento económico generado por el avance tecnológico.

En el marco de las actividades preparatorias de la First North South Conference on Degrowth-Descrecimiento, México City 2018   http://degrowth.descrecimiento.org/

Capitalismo verde... ¿Solución al colapso medioambiental o parte del problema? Una perspectiva decrecentista


Si hoy en día si existe un aumento de la conciencia ecológica en las sociedades del Norte Global, es el resultado tras años de intervención social.

 

Todo empezó en los años 60 y 70 a través de acciones que se llevaron a cabo para iniciar lo que yo considero “la era ecológica“.

Ejemplos simples de esos años y las diferentes estrategias que se siguieron son:

 – El libro de R. Carson (1962): “A silent spring” (primavera silenciosa) en el que advertía de los efectos perjudiciales de los pesticidas en el medio ambiente – especialmente en las aves – y culpaba a la industria química de la creciente contaminación.
La creación de la fundación de Greenpeace y Amigos de la Tierra (1971) que generaban debate y acción sobre problemas ambientales. La conferencia de la Biosfera (París, 1968) en el que se enfocó que la “utilización y conservación de los recursos deben ir unidos” ….

Y no olvidemos las incansables reuniones de la ONU:
(1972) – I Conferencia sobre el Ambiente Humano (ONU) – Informe del Club de Roma.
Del Club de Roma resultó el informe “Los Límites del Crecimiento”, que es mas conocido como “Informe Meadows”. Es de los primeros en criticar el desarrollo tecnológico y el crecimiento.
(1974) – Conferencia sobre Población (ONU, Bucarest): conocido como ecodesarrollo
(1977) -I Conferencia intergubernamental sobre Educación Ambiental (UNESCO, PNUMA, Tbilisi)
(1982) – Carta Mundial de la Naturaleza
(1987) – Informe de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo o Informe Brundtland. (desarrollo sostenible)
(1992) – Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo – Primera Cumbre de la Tierra o Cumbre de Río.

… Entre muchas otras reuniones más…

Es por ello que en la actualidad, ante la crisis ambiental al que se enfrenta el planeta, se observa el aumento de preocupación social por los países del Norte Global en este hecho.

Hoy, para este artículo tenemos en Tidus Coop. la colaboración de Alicia Álvarez Gracia, licenciada en ciencias sociales por la universidad de Köln (Alemania) y especializada en Cooperación Internacional y Desarrollo vinculado al paradigma del decrecimiento para el desarrollo sostenible y con experiencia en turismo responsable y sostenible.

Álvarez-Gracia, A., asegura que a causa de todas las intervenciones realizadas a lo largo de estos años, las cuestiones ecológicas es una preocupación compartida y el aumento de conciencia social ha facilitado al sistema capitalista-ecológico y de producción actual ser considerados una solución y no la causa de los efectos negativos ecológicos que sufrimos en la actualidad.

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Por ello, no es de extrañar, que gobernantes de diversos países, así como organizaciones internacionales, y multinacionales / sector privado se hayan visto obligados a incluir en su agenda política la cuestión ecológica. En cambio, es muy cuestionable su visión y enfoque.

En España mismamente, aunque en materia ecológica vaya con retraso respecto a otros países europeos, estos últimos años se han tomado ciertas medidas para frenar el impacto ecológico tan negativo que tiene nuestro estilo de vida. Entre otros, se ha limitado el uso de coches y se ha fomentado el uso de la bicicleta como transporte en las ciudades, se ha prohibido la entrega de bolsas de plástico gratis… etc. Es decir, el tema medioambiental, cada vez está más presente en el discurso político.

De la teoría a la práctica… “El hábito del reciclaje y la filosofía verde

Todas las sociedades han recibido en algún momento la información sobre las “3-R” (Reducir – Reciclar y Reusar), y sí, es cierto que a la hora de consumir, es una filosofía a tener en cuenta.
Posiblemente de las “3 erres”, el más conocido es el “reciclaje”, ya que se ha ido introducido en muchos de nuestros hogares, hasta formar parte del día a día. Aunque en números absolutos la cifra de material reciclado sea bastante reducida, es cierto que el reciclaje ha aumentado.

En general, en esta era ecológica, ser “verde
” es un proceso que tiene muchos aspectos (personales, psicológicos, en hábitos… etc.) y esto mismo se han dado cuenta las grandes superficies de consumo.

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Por ello, se han adueñado de esta idea y han incentivado los productos ecológicos. Dejando la idea del “reducir” en un segundo plano, y continuar con la filosofía capitalista de “consumir” pero esta vez bajo la “tranquilidad” que ahora eres “consumista ecológico“.

 Esta situación se puede extrapolar a diferentes sectores:

– Por un lado, está el sector de la energía, donde las energías renovables están en alza, cada vez hay más coches 
eléctricos (aunque con un origen de producción de energía dudoso) y la eficacia energética de diversos aparatos electrónicos que cada vez importa más.

– Otro ejemplo está en el sector del turismo, donde el turismo sostenible y ecológico ha tomado gran importancia debido a que los efectos negativos de este creciente sector sobre el medioambiente han salido a la luz en los últimos años.

¿Cómo el capitalismo se ha adueñado de la idea ecológica?

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El sistema capitalista ha hecho de un movimiento que hace tambalear las mismas bases del sistema económico actual una mera herramienta de marketing para atraer a los/as clientes/as concienciados/as, que son cada vez más. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Sin embargo, en este caso, más que unirse a la corriente ecológica, lo que el capitalismo ha hecho ha sido interpretarla a su manera para poder lucrarse con su uso. 

El hecho de que grandes empresas ofrezcan cada vez más productos respetuosos con el medioambiente puede parecer positivo a primera vista (y de hecho, ¡lo es!). Sin embargo, se limitan a mitigar ligeramente el daño ambiental del consumo de los propios productos. 

Es por esta razón, que la idea del decrecimiento plantea, entre otras, la cuestión de decrecer físicamente, ya que hemos superado los límites biofísicos del planeta. Por lo tanto, si se trata de productos materiales como de servicios (consumidores de materiales físicos también), la pregunta real es: “¿lo necesito?” y no si se compra el producto en su versión ecológico o no.

Crecimiento verde como falsa solución – La ilusión del capitalismo ecológico… 

Según la OCDE, el crecimiento verde fomenta el crecimiento y el desarrollo económico y al mismo tiempo asegura que los bienes naturales continúen proporcionando los recursos y los servicios ambientales de los cuales depende nuestro bienestar. Es decir, crea una jerarquía donde la naturaleza se subordina a las necesidades y preferencias de las personas.

Esta curiosa interpretación de la sostenibilidad se puede ver reflejada también en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. Uno de los objetivos más criticables es el número 8 de “trabajo decente y crecimiento económico”.

¿Cómo es posible que un objetivo sea el crecimiento económico, si es él mismo el causante de muchos de los problemas que los ODS quieren solucionar?
 
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Por otro lado, relacionar trabajo decente con crecimiento económico da a entender el concepto que la ONU tiene del trabajo en el contexto socioeconómico actual. No todos los puestos de trabajo crean crecimiento económico, así como, por ejemplo, un profesional en el ámbito de salud con un material médico mínimo en Sudán del Sur no va a contribuir al crecimiento económico, pero desde luego, estará haciendo una gran labor social de la que muchas personas se beneficiarán. Hasta que la ONU no entienda que el desarrollo de un país no tiene que ser sinónimo de crecimiento económico, los ODS carecerán de valor y potencial para hacer un cambio estructural que es el que se necesita para evitar el colapso ecológico.

El problema central es que, la interpretación de ecología de la que el capitalismo se ha adueñado se ha integrado dentro de su metodología, ya que no pone en duda el propio crecimiento económico. Es más, el hecho de tener a su disposición productos ecológicos y sostenibles, puede incluso servir como incentivo para aumentar el consumo.

Es entonces cuando se habla del efecto rebote, que según Serge Latouche, ocurre cuando “la disminución del impacto y de la contaminación se encuentran sistemáticamente anuladas por la multiplicación del número de unidades vendidas y consumidas”. Esto puede deberse:

– A que al haber comprado un producto supuestamente respetuoso con el medio ambiente, la conciencia del consumidor/a está limpia.

– Si se trata de eficacia energética, ésta casi siempre se traduce en el descenso del precio de los productos, con un consecuente aumento del consumo.

Serge Latouche describe tres características indispensables de la sociedad de consumo:

1) La publicidad, que crea el deseo de consumir;

2) El crédito, que proporciona los medios

3) La obsolescencia programada, que acelera la necesidad de consumir. 

La obsolescencia programada, de hecho, está directamente relacionada a la plusvalía y usa como pretexto la falsa justificación de la creación de empleo. Al usar el ecologismo para promover el productivismo y el consumismo y no poner en duda el propio sistema económico del crecimiento causante de la catástrofe ecológica, el “capitalismo ecológico” carece del carácter transformador necesario. Es más, es una manera de pretender que se ha realizado algún cambio hacia la sostenibilidad cuando únicamente se ha puesto un parche a un problema global que necesita urgentemente solución.

SOLUCIÓN: Decrecimiento como vía para un real desarrollo sostenible y anular al capitalismo

El decrecimiento propone salir del dogma del crecimiento, productivismo y consumismo, rompiendo el círculo vicioso de comprar, tirar, comprar.

El objetivo principal del decrecimiento es hacer una crítica al crecimiento económico ilimitado del Norte Global debido a las devastadoras consecuencias que tiene para el medio ambiente y, por lo tanto, para la humanidad.

El decrecimiento también apunta a que, en los países empobrecidos, el decrecimiento no es ni necesario ni aconsejable, ya que la mayoría de las personas no han llegado al límite de carga de la biósfera. Esto no quiere decir que la solución sea el crecimiento ilimitado, sino que estos países deberían desarrollarse evitando cometer el error de seguir el camino asumido hasta hoy por las sociedades opulentas. Sin embargo, esto sería negarle al Sur Global la posibilidad de equivocarse tal y como lo ha hecho el Norte Global. 

A diferencia de las nombradas “3erres” de acción social ecológica… Serge Latouche nos indica 8 “erres” . Éstas pueden ser una buena guía para que el Sur Global consiga cubrir sus necesidades básicas dentro del paradigma del decrecimiento y a su vez, el Norte Global decrezca.

Para entender mejor qué supone el decrecimiento, Serge Latouche describe las ‘8 R’ del decrecimiento sereno, amable y sostenible: reevaluar, reconceptualizar, reestructurar, redistribuir, relocalizar, reducir, reutilizar y reciclar.

Reducir: Reducir la producción y el consumo de bienes es imprescindible para dejar de explotar los recursos naturales de la tierra y contaminar. Esto no significa que el decrecimiento sea equivalente al crecimiento negativo del PIB. Esta reducción no se limita simplemente a bienes materiales, también traslados que suponen grandes gastos de energía.
Reevaluación: Reevaluar los valores imperantes actualmente es una de las bases necesarias para cambiar el ideal del crecimiento. Serge Latouche hace un llamamiento a “descolonizar el imaginario del crecimiento”
Reconceptualizar: Para hacer cambios en la sociedad es necesario definir o redefinir nuevos conceptos o redefinir los existentes.
Reestructuración: Para que las dos últimas “R” tuviesen un efecto práctico, es necesario adaptar o reestructurar el aparato de producción y las relaciones sociales en función del cambio de valores.
Redistribución: La redistribución es una estrategia necesaria para lograr además de un decrecimiento sostenible, un reparto justo de bienes.
Relocalizar: Significa volver a la producción local para evitar el gran gasto energético que el transporte de mercancía supone.
Reutilizar: La obsolescencia programada de gran parte de aparatos electrónicos es el principal impedimento para reutilizarlos. Sin embargo, alargar la vida de los bienes de consumo lo máximo posible.
Reciclar: Lo que ya no se pueda reutilizar, por lo menos se podrá reciclar.
Sin duda alguna, las medidas recomendables para reducir los efectos medioambientales que causa nuestro sistema actual no van de la mano con la idea del capitalismo verde y sus estrategias de marketing.

Muchas gracias a Alicia Álvarez Gracia por su colaboración, y compartir con Tidus Coop. su visión y enfoque para lo que debería ser realmente un desarrollo sostenible.

“Ningún país ni sociedad es pobre. Nos empobrecen sistemas opresores”

Tidus Coop.

Y tras la lectura de este artículo, evidenciamos que el mejor ejemplo de “sistema opresor” es el mismo sistema capitalista.

Ref. gráf: Foto de portada: La lógica perversa del capitalismo verde

Las pensiones, el decrecimiento y la natalidad japonesa

Ernest García - Levante-EMV


La movilización social en torno a las pensiones implica muchas cosas, además de las directa e inmediatamente relativas a su objeto. 



Recordemos sólo un aspecto, para ilustrar la densidad sociológica del asunto. Desde que comenzó la última crisis en 2007 (seguramente desde antes, pero creo que eso no importa mucho aquí), viene siendo bastante frecuente que la pensión de jubilación de un antiguo obrero sirva para mantenerle a él o a ella y a su pareja, al hijo o la hija desempleados de larga duración e incluso a los nietos y nietas estudiantes. Un único ingreso está permitiendo la supervivencia en redes de proximidad que se parecen más a la familia extensa tradicional que a la famosa familia nuclear moderna. Dada la situación, cabe imaginar que, tal vez, la gente que está viviendo esa realidad aceptaría políticas restrictivas en materia de pensiones si viera que sus allegados encuentran un trabajo con unas mínimas perspectivas de continuidad e ingresos suficientes, o que las tasas de la universidad pública bajan en vez de subir (como han venido haciéndolo hasta niveles próximos a los de la oferta privada). 

Ya sabemos que lo que pasa no es eso, sino algo distinto. El Gobierno, con el aval de expertos –dejémoslo en que dudosamente imparciales– de las universidades, de Bruselas o del FMI, amenaza a las personas afectadas, de manera persistente, con recortarles la paga, sin que las condiciones de quienes tienen a su alrededor se modifiquen sensiblemente. Hace ya unos años que, en los papeles, se superó la crisis y la nueva pobreza no se esfuma. Todo el mundo puede oír y leer que las redes de seguridad del magro Estado del bienestar son insostenibles. Y, encima, el Gobierno toma a los pensionistas como rehenes en un chantaje a la oposición para que ésta colabore en su continuidad. ¡Y aún hay quien se extraña de que la depresión y la ira se alternen en un ciclo cada vez más tenso!


Uno de los temas de fondo, de esos con los que quienes tienen el poder martillean incesantemente para ir reblandeciendo las resistencias, es el coco: el envejecimiento de la población. La expresión misma es muy ideológica. Sería preferible hablar de maduración demográfica, pues al fin y al cabo se trata de eso. El incremento de la media de edad hasta valores por encima de los cuarenta años (los valores de la madurez, no de la vejez) es la consecuencia inevitable de la transición demográfica. Es decir, uno de los efectos del desarrollo. Más aún, una de las herencias ineludibles de los tiempos pasados, de aquellos tiempos en que el desarrollo sí que contribuía al bienestar (bajo la forma, en este caso, de mayor esperanza de vida). Pero quizás todo esto da lo mismo porque, aun dejando de lado la contaminación lingüística, el resultado sigue ahí: primero, más población de edad avanzada y menos población activa; después, población decreciente.

Una de las pocas ventajas del retraso histórico español es que casi todo lo que nos pasa les ha pasado antes a otros, de forma que casi siempre podemos aprender algo de la experiencia ajena. En esto de la maduración demográfica, también. Podríamos aprender, por ejemplo, de Japón, que lleva ya décadas de desaceleración demográfica y económica (pese a lo cual la gente, allí, continúa viviendo tan ricamente). Y, en efecto, si uno mira en esa dirección encuentra ideas bien interesantes, como las contenidas en La economía de una población en declive, de Akihiko Matsutani.

Su tesis esencial es que un decrecimiento planeado de la producción es la forma adecuada de responder a la maduración demográfica y a la disminución de la población activa. Mantiene que la maduración y el decrecimiento demográficos son algo inevitable (pues, como se ha indicado más arriba, son un resultado del desarrollo). Que tarde o temprano eso implica decrecimiento también económico. Que las respuestas más habituales, todas ellas adaptadas a un horizonte de crecimiento (el fomento de la natalidad, la inversión en tecnología más allá del nivel óptimo, el recurso a trabajadores inmigrantes para mantener el volumen de la población activa, el recorte a los salarios para aumentar la productividad, la subida de impuestos o el mayor endeudamiento público para mantener el nivel de las prestaciones), se vuelven inadecuadas. Que se impone una lógica distinta: optimizar los volúmenes de producción en lugar de aumentar la producción, producir de manera eficiente en lugar de invertir más y más en tecnología, pagar salarios adecuados en lugar de bajarlos acentuando así la contracción de la demanda, reducir el gasto en obras públicas adaptando las infraestructuras a las necesidades de una población y una economía más reducidas, reestructurar el presupuesto para adecuarlo al contexto social cambiante. 

Todo esto, mantiene Matsutani, no va a eliminar la presión que el número creciente de personas jubiladas y el número decreciente o estancado de personas activas ejercen sobre el sistema público de pensiones: el trilema de endeudamiento creciente, recorte de las prestaciones o aumento de las cotizaciones. Pero sí posibilitaría afrontarlo, afirma, sin derivas catastróficas, e incluso con algunos resultados positivos: la disminución de la desigualdad entre regiones, el aumento de las oportunidades relativas a la calidad de vida o la compensación mediante bienes y servicios públicos de la eventual disminución de la cuantía nominal de las pensiones más elevadas.

No es necesario estar de acuerdo con todas las recetas de Matsutani (y de hecho yo no lo estoy) para encontrar fascinante su lección de economía política, realista, clara y con pocos prejuicios doctrinarios. Y no es sorprendente que, aunque se trata de una propuesta que ya tiene años, haya tenido escaso eco: es demasiado atenta a los hechos, demasiado respetuosa con la lógica y demasiado sensata para los gustos académicos y políticos actuales. Se podrá decir, claro, que es una propuesta para el Japón, y que el Japón no es España ni Cataluña, lo que no resta fuerza a algunos de sus puntos más sólidos y generalizables. Me referiré sólo a dos, para concluir.

La aportación de Matsutani amplía el enfoque del decrecimiento benigno. Por una parte, apunta a cómo podría ser una economía del decrecimiento muy sobria en cuanto a retórica e ideología. Y, por otra parte, descansa en una tesis fuerte sobre la conexión entre maduración demográfica e inversión de la trayectoria histórica de expansión económica. Es ejemplar, por último, en algo que debería ser evidente: el problema de las pensiones se plantea en el cruce entre población y economía y, por lo tanto, no debería ser abordado, como tantas veces se ha hecho y se sigue haciendo, mediante un análisis demográfico a brochazos.

Desarrollo sostenible y decrecimiento (un modo de vivir)

Entrevista de Elena Rodriguez en Heraldo a Serge Latouche que ofreció una charla en la Universidad de Zaragoza invitado por la Cátedra de Cooperación para el Desarrollo.





Usted avisa, y no de cualquier cosa: decrecimiento o barbarie.

Estamos viviendo el colapso de la civilización del crecimiento. La solución a la crisis antropológica actual solamente puede ser el decrecimiento o la barbarie, una variante de la expresión "socialismo o barbarie" de Rosa Luxemburgo, en 1916. Yo añado la dimensión ecologista, el ecosocialismo. Si no tenemos en cuenta una distribución más justa de la riqueza y una gestión más equilibrada del medioambiente, acabaremos en una guerra de todos contra todos.

¿Cómo casar las dos ideas, el capitalismo y el reparto justo?

Es necesario reducir la productividad. Acabar con ese afán de producir más, de hacer más. En el último siglo, la economía ha colonizado los aspectos de la vida, lo social, lo político... La revolución es pensar el reparto de las riquezas desde una dimensión más social.

Proclama usted que hay que trabajar menos para trabajar todos.

El sistema actual es trabajar más para ganar más. ¡Es lo que quieren todos! Hay que trabajar menos para ganar más, porque cuanto más se trabaja, menos se gana. Es la ley del mercado. Si trabajas más, incrementas la oferta de trabajo, y como la demanda no aumenta, los salarios bajan. Cuanto más se trabaja, más bajan. Hay que trabajar menos horas para que trabajemos todos, y sobre todo trabajar menos para vivir mejor.

El trabajo no lo es todo.

Debemos trabajar menos para vivir mejor. La vida verdadera está ahí fuera. Se trata de trabajar menos para vivir esa vida verdadera. Abogo por una sociedad que produzca menos y consuma menos.

Eso no se entiende en Occidente.

No, porque nuestra sociedad está fundada sobre la base del trabajo. Hay que desprogramar nuestro imaginario. Ahora nos encontramos con que si la jornada laboral es de 35 horas, la gente no sabe qué hacer el resto del tiempo.

Está en contra del desarrollo sostenible, del que tanto se habla en los últimos años. ¿Por qué?

El desarrollo sostenible es una trampa. El crecimiento es el incremento cuantitativo de los productos. El desarrollo es la transformación cualitativa de los mismos. No hay desarrollo sin crecimiento, y el crecimiento implica el desarrollo. Es necesario romper esa lógica. Los términos ‘crecimiento’ y ‘sostenible’ son contradictorios en sí mismos debido al carácter limitado de los recursos disponibles en un planeta finito como es la Tierra. ¡Es necesario decrecer!

¿Un crecimiento negativo?

Un reordenamiento de prioridades. La apuesta por el decrecimiento es la apuesta por la salida de la sociedad de consumo.

Pero según usted no hay que crecer por crecer ni decrecer por decrecer. ¿En qué tendríamos que crecer y en qué decrecer?

Es necesario crecer en la calidad del agua en el mundo, en la calidad del aire que respiramos, en calidad de vida, en la felicidad. Y decir ‘no’ al crecimiento por el crecimiento. Debemos construir una sociedad sostenible, recuperar los límites, la medida de las cosas. No se pueden tirar productos solo por tirarlos. Es necesario llegar a lo que yo llamo la abundancia frugal. ¡Abajo el crecimiento sostenible, arriba vivir con menos!

¿Estamos a tiempo de revertir esta tendencia?

No queda mucho. Todos los análisis, informes de todo el mundo, indican que hacia 2050 colapsará el sistema. Aprenderemos por las buenas o por las malas.

¿Es el decrecimiento económico una alternativa real?

Ideas Imprescindibles

¿El crecimiento económico es en realidad una trampa? ¿Persigue el sistema capitalista un falso santo grial que nos convierte a todos en seres infelices? ¿Es el consumismo un viaje a ninguna parte? Desde finales del siglo XX existe una corriente de pensamiento que no sólo cuestiona el papel protagonista del crecimiento económico, sino que además propone su sustitución nada menos que por su antagonista, el decrecimiento. Esta apuesta revolucionaria fue formulada por primera vez por el matemático y economista estadounidense Nicholas Georgescu-Roegen y sus estudios sobre bioeconomía pronto le valieron para ser reconocido mundialmente como el padre del decrecimiento económico.



disminución regular controlada de la producción económica

La propuesta esencial del decrecimiento consiste en desterrar la idea de que el crecimiento económico anual es en sí mismo un objetivo positivo. Los defensores de esta teoría abogan por la disminución regular controlada de la producción económica, con el propósito de establecer una nueva relación de equilibrio entre los seres humanos y el planeta. Los teóricos del decrecimiento afirman que la conservación del medio ambiente es un reto imposible si no se reduce la producción económica mundial, ya que esta es la causa principal de la reducción de los recursos naturales. 

Además critican el estilo de vida actual porque consideran que no produce bienestar sino que conduce a la mayoría de los seres humanos a la frustración y a la infelicidad. La esencia de su pensamiento puede resumirse en “trabajar menos horas y disfrutar de más tiempo libre”. Por otra parte, sus ideas les convierten en enemigos del desarrollo sostenible, ya que proponen “vivir mejor con menos” y están en contra de cualquier modelo basado en el crecimiento.

La teoría enunciada por Nicholas Georgescu en su obra “The Entropy Law and the Economic Process” (1971) constituye el eje argumental de la teoría del decrecimiento, así como el pensamiento de otras figuras como Günter Anders, Hanna Arendt, Iván Illich o el Club de Roma.

Serge Latouche, la voz más respetada del decrecimiento

Entre los economistas que se han alineado con este pensamiento destaca el francés Serge Latouche. En sus propias palabras “el decrecimiento es un concepto muy simple que pretende llamar la atención de la población mundial. En la actualidad nos encontramos ante un grave problema de escasez de recursos naturales, y muchos científicos y expertos alertan del riesgo a largo plazo si no reducimos urgentemente nuestro nivel de consumo doméstico”.

Una alternativa que exige un cambio profundo en nuestros hábitos de consumo

Para Serge Letouche, el decrecimiento no es en realidad una alternativa concreta, sino que más bien se trata de una matriz que dará lugar a la eclosión de múltiples alternativas. Para el pensador francés, el decrecimiento no es una opción, es una necesidad impuesta por los efectos devastadores del crecimiento económico, y que se expresa con claridad en su lema “Decrecimiento o barbarie”. La clave reside en consumir menos y en prolongar la vida de los productos que compramos. Esa aparente pérdida del llamado “nivel de vida” del mundo desarrollado debería redundar en una regeneración de los recursos naturales del planeta, y en un mayor bienestar para la población de los países subdesarrollados, que verían reducir sus tasas de natalidad, equilibrando así la población mundial y disminuyendo las migraciones masivas hacia los países occidentales.

Serge Latouche, catedrático de Economía, asegura que “trabajar más horas hunde los salarios, al incrementarse la oferta sin que lo haga la demanda” y apuesta por “poner fin a la economía del crecimiento sin crecimiento y recuperar el sentido de los límites”. En su obras “Pequeño tratado del decrecimiento sereno” y “La sociedad de la abundancia frugal”, Serge Latouche desgrana su pensamiento afirmando que la única posibilidad que la humanidad tiene de sobrevivir está basada en la frugalidad y la autolimitación. Para simplificar su teoría establece “el círculo virtuoso de las ocho erres: Reevaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Reubicar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar y Reciclar”.

el círculo virtuoso de las ocho erres”: Reevaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Reubicar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar y Reciclar

Una alternativa que exige un cambio profundo en nuestros hábitos de consumo

En los tiempos del consumismo desaforado y la obsesión por el enriquecimiento económico, y en un mundo donde los millonarios son envidiados, el decrecimiento no plantea un discurso muy atractivo entre una población deslumbrada por el brillo de los grandes lujos. Se trata sin duda de una propuesta ideológica que exige hábitos austeros y unas altas dosis de solidaridad y empatía.

Según los seguidores del decrecimiento, el discurso dominante – basado en tres pilares: la “ecoeficiencia”, el “desarrollo sostenible” y una fe ciega en la innovación tecnológica como solución a la mayoría de los problemas – es un error y nos condena a un futuro incierto. El consumo compulsivo de bienes es la principal causa de la degradación medioambiental. El consumismo se ha erigido en una nueva religión para millones de personas de todo el mundo y esa adicción consumista, sumada al fundamentalismo financiero, sostiene un modelo económico que devora los recursos naturales. Como afirma Susan George, prestigiosa activista norteamericana, “cada 25 años la economía mundial se duplica; hay que terminar con esa idea de crecer sin parar o acabaremos con el planeta; sencillamente este sistema es insostenible”.

El decrecimiento: menos riqueza para vivir mejor

José Sánchez Mendoza 

"Si no se consume, no se produce". Este adagio, y su viceversa, es uno de los mantras más repetidos a la hora de justificar el capitalismo especulativo. O para explicarlo. O para descartar cualquier otra opción de vida. Como si el ciclo producción-consumo-más producción-más consumo-mucha más producción fuese el pináculo evolutivo de cualquier sistema económico. Sin embargo, no son pocas las voces autorizadas que se alzan contra esta 'rueda del Samsara' y abogan por revertir un modelo en el que la prosperidad se construye sobre la base del despilfarro y el saqueo de los recursos naturales del planeta. Unos recursos que, huelga decirlo, son finitos.



"No es dichoso aquél a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada". Esta cita de Francisco de Quevedo bien podría ser el lema de los partidarios del Decrecimiento, una corriente de pensamiento que propugna la disminución controlada de la producción económica. Las raíces del término hay que buscarlas en el interrogante que planteó el pensador francés André Gorz en 1972: "El equilibrio del planeta, para el cual el no crecimiento -y hasta el decrecimiento-de la producción material es una condición necesaria ¿Es compatible con la supervivencia del sistema capitalista?"

Esta pregunta inspiró a toda una escuela de economistas y sociólogos que cuestionan el PIB como indicador insoslayable de la riqueza de una sociedad y presentan la disminución del gasto en productos de consumo como pasarela hacia una Economía más justa, igualitaria, estable y duradera. En otras palabras: tener menos para vivir mejor. Una filosofía estrechamente relacionada con la Ecología, que no sólo discute la utilización y destino de los recursos, sino la propia esencia de la naturaleza humana.

El hombre ¿acaparador por naturaleza?

¿Es inherente al hombre el deseo incontrolable de tener más? ¿O esta pulsión es producto de una mentalidad perversa hija de un modelo descarriado? Para Iván Ayala, economista e investigador del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI), la interacción social que define al ser humano "está basada en comportamientos altruistas". La parte individualista y competitiva "es el resultado de constructos sociales y económicos", explica a elEconomista.es.
Uno de estos constructos, cuenta Ayala, es el mercado financiero, "que redistribuye la renta de forma regresiva". Esto es, se trata de un sector restringido a las rentas alta y media-alta que permite a éstas concentrar aún más capital en sus manos. Un capital que debería dirigirse "a los servicios públicos". Por tanto, la visión de Ayala del Decrecimiento "se basa en el reequilibrio de la producción, para corregir un modelo que actualmente es insostenible".

No obstante, el Decrecimiento se resiste a una definición simple. "Como la libertad o la justicia, el decrecimiento expresa una aspiración que no puede ser encerrada en una frase [...]. Es un marco en el que coinciden diferentes líneas de pensamiento, imaginarios o cursos de acción" (Extraído de Decrecimiento: un vocabulario para una nueva era, de Giacomo D'alisa, Federico Demaria y Giorgos Kallis, Icaria Editorial, 2014). Hay, por tanto, interpretaciones que desdeñan la costura en favor de la ruptura: en la obra mencionada anteriormente, Amaia Pérez Orozco, doctora en Economía por la Universidad Complutense de Madrid, afirma que es necesario "un metabolismo social diferente" que ofrezca mejores condiciones de vida. "Dado que el desarrollo y el crecimiento han fracasado, el reto es fracasar mejor", defiende. Y urge, puesto que "estamos viviendo ya la transición". Más pronto que tarde, tendremos que cambiar nuestra mentalidad, nuestros hábitos y nuestros valores, si queremos salvar el único hogar que conocemos.

Pero ¿cómo? Según el politólogo Giorgio Mosangini, 'desaprendiendo', lo cual implica "desprenderse de un modo de vida equivocado, incompatible con el planeta" y "buscar nuevas formas de socialización, de organización social y económica". Su correligionario Serge Latouche, economista de formación, postula que el viaje se hará sobre la ola de la llamadas '8 R': Reevaluar, Reconceptualizar (revisar lo que entendemos por riqueza y pobreza), Reestructurar, Relocalizar, Redistribuir, Reducir (limitar el consumo a lo que el planeta puede dar y soportar); Reutilizar y Reciclar.

Una visión crítica... y de izquierdas

"Me alegra que Latouche llamara la atención sobre la futilidad del crecimiento" –comenta el doctor en Economía Ricardo Zaldívar- "Pero no sigo la bandera del decrecimiento, porque éste es igual de fútil para resolver los problemas de una economía como la europea". Zaldívar, también doctor en Estudios Territoriales y Urbanos por la Sorbona, presidió entre 2001 y 2003 la organización Attac, entidad internacional dedicada a promover el control democrático de los mercados financieros. Es poco sospechoso, por tanto, de neoliberal poco amigo de restricciones a la inversión.

Para este experto, "el decrecimiento no es el objetivo", ya que el crecimiento no es pernicioso per se. "Lo que es criticable es la deificación del crecimiento, la idea de que la subida del PIB se traduce en beneficios para todos, lo cual es falso", explica. "El crecimiento constante hunde sus raíces en el tipo de interés compuesto: cuando el sistema financiero presta dinero, genera dinero, pero éste es falso, inexistente, una convención" –expone- "Si te prestan 100 y te devuelven 105, esos 5 adicionales salen del crecimiento". En suma, "se crea riqueza para pagar los intereses, no para mejorar la vida de la mayoría".

Ante esta incoherencia, las soluciones que ofrecen decrecionistas como Latouche o Mosangini consisten en "poner palos en la rueda", preconizando una reducción de la producción y el consumo que dista de ser la panacea. La verdadera meta para una economía desarrollada "es el reparto, la redistribución, no el adelgazamiento". A pesar de su tendencia progresista, el doctor no es remiso en defender el crecimiento en regiones depauperadas, como es el caso del África subsahariana. "Allí, lo que necesitan es crear riqueza, fundamentalmente", dice.

En cuanto a España, Zaldívar tampoco duda en defender el aumento de la producción en sectores maltrechos como los servicios sociales o la tecnología punta. En lo que no hay que volver a crecer, según su ideario, es en actividades agresivas con el medio ambiente y sin valor añadido, "como la construcción de viviendas y la automoción". Estabilizar, cohesionar e innovar para combatir la desigualdad, evitando caer en el vicio sobre el que también advirtió Quevedo: "Lo mucho se vuelve poco con sólo desear otro poco más".

Decrecemento (un chamamento á socialdemocracia)

Laureano Araujo

Non respectamos o capital natural existente, malia sabermos que os recursos do noso planeta son limitados. Necesitamos crecer, desenvolvernos sen fin, aínda que a nosa produción e o noso consumo superen amplamente a capacidade de recuperación da biosfera. Convertemos sistematicamente os recursos en residuos sen darlle á natureza o tempo necesario para transformar os residuos en novos recursos. Esta dinámica irracional está no núcleo da orde capitalista controlada por unha minoría privilexiada. Pero os seus efectos padéceos o planeta enteiro.



A proposta do degrowth rexeita por absurdo o dogma do crecemento continuado e defende unha alternativa centrada na limitación das infraestruturas produtivas, administrativas e de transporte, na relocalización da actividade económica, na moderación do consumo material e enerxético, na repartición do traballo, na drástica redución do horario laboral e no fomento da vida social mediante o incremento do tempo libre ao noso dispor, na redistribución da riqueza e mais na reutilización e na reciclaxe dos bens. En realidade, o decrecemento nin sequera é unha opción stricto sensu, porque chegará o momento en que o colapso do ecosistema nos obrigará, queirámolo ou non, a revisar o noso modelo económico.

A implementación deste proxecto político, aquí bosquexado con trazos excesivamente grosos, precisa do impulso da esquerda. O campo situado alén da socialdemocracia non debería ter problemas para asumilo, na medida en que pode –como parecen facer, entre nós, Manuel Casal Lodeiro ou Miguel Anxo Abraira– interpretalo como propiamente anticapitalista, partindo da idea de que o capitalismo sería impensábel sen o mandamento do crecemento infinito. Pero o decrecemento tamén pode ser entendido como un proxecto non revolucionario, se aceptamos que non cuestiona per se o capitalismo, aínda que desconfíe del. Neste caso, a súa posta en práctica faríase mediante reformas dirixidas á sustentabilidade do aparato produtivo, á socialización dos incrementos da produtividade, aos incentivos ao consumo de proximidade, á introdución de impostos ecolóxicos, etc.

Pero o certo é que a socialdemocracia apenas se interesa polo decrecemento. O cal, en perspectiva histórica, resulta desconcertante, porque non hai nada que case mellor co acervo máis brillante da socialdemocracia que a regulación e o control democráticos dun sistema que se rexe pola procura miope do beneficio inmediato e é, polo tanto, tendencialmente (auto)destrutivo. Porén, o socialismo teme ser descualificado (para empezar, desde a esquerda sindical) como extravagante, frívolo e insolidario se adopta unha proposta tan rompedora, e iso podería empeorar aínda máis os seus resultados electorais. Defender unha sociedade do poscrecemento, con todas as súas incertezas políticas, sociais, ecolóxicas e económicas, non resulta nada fácil para unha socialdemocracia que leva máis de tres décadas paralizada.

Alguén imaxina as elites socialistas formulando a necesidade imperiosa de preservarmos as bases biofísicas da vida, renegando do neoliberalismo “de rostro humano”, abxurando do ilusorio deus ex máchina do crecemento ilimitado, recuperando e actualizando o discurso da socialización da economía e da distribución equitativa dos recursos finitos, predicando a necesidade de sermos frugais para sermos felices, avogando, en definitiva, por un cambio radical do noso modus vivendi? Pois necesitamos que o fagan, e témoslles listo o slogan: traballar menos, consumir menos, vivir mellor.

Traducido al castellano 


No respetamos el capital natural existente, a pesar de saber que los recursos de nuestro planeta son limitados. Necesitamos crecer, desarrollarse incesantemente, aunque nuestra producción y nuestro consumo exceden en gran medida la capacidad de recuperar la biosfera. Sistemáticamente convertimos los recursos de desecho sin dar a la naturaleza el tiempo necesario para transformar los residuos en nuevos recursos. Esta dinámica irracional está en el centro del orden capitalista controlado por una minoría privilegiada. Pero sus efectos se ven afectados por todo el planeta.
La propuesta del decrecimiento rechaza el dogma absurdo de crecimiento continuo y aboga por una alternativa centrada en la limitación de la infraestructura productiva, administrativa y el transporte, el traslado de la actividad económica, en la moderación del consumo de materiales y energía, en la distribución del trabajo, la reducción drástica las horas de trabajo y el fomento de la vida social mediante el aumento del tiempo libre a nuestra disposición, la redistribución de la riqueza y más en la reutilización y el reciclaje de productos. De hecho, la disminución no es ni siquiera una opción en el sentido estricto, porque llegará un momento en que el colapso del ecosistema en vigor, queirámolo o no, para revisar nuestro modelo económico.
La implementación de este proyecto político, aquí bosquejado con características excesivamente pesadas, requiere el ímpetu de la izquierda. El campo situado más allá de la socialdemocracia no debería tener problemas para asumir, ya que puede parecer como hacer entre nosotros, Manuel Casal Lodeiro o Michelangelo Abraira- interpretar correctamente como anticapitalista, basado en la idea de que el capitalismo sería impensable sin la mandamiento de crecimiento infinito. Sin embargo, la disminución también se puede entender como un proyecto no es revolucionario, si aceptamos que hay desafíos al capitalismo, aunque cautos. En este caso, su aplicación podría hacerse mediante reformas dirigidas a la sostenibilidad del aparato productivo, la socialización de los incrementos de la productividad, incentivos de consumo a la proximidad, la introducción de impuestos ecológicos, etc.
Pero la verdad es que a la socialdemocracia no le interesa el declive. Lo cual, en una perspectiva histórica, es desconcertante, porque no hay nada que casi mejor con los más brillantes acervo de la socialdemocracia que la regulación y el control democrático de un sistema que se rige por la búsqueda miope de beneficio inmediato y es, por lo tanto, tienden a (auto) destructivo Sin embargo, los temores socialismo está inhabilitado (para empezar, a partir de la unión de la izquierda) como extravagante, frívola e insolidario adoptó una propuesta de manera innovadora, y esto podría empeorar aún más sus resultados de las elecciones. Defensor poscrecemento una sociedad, con todas sus incertidumbres políticas, sociales, ecológicos y económicos, no es fácil para una socialdemocracia que lleva más de tres décadas paralizados.
¿Alguien se imagina élites socialistas formulación de la imperiosa necesidad de preservar los fundamentos de la vida biofísico, incumpliendo el neoliberalismo "rostro humano", abxurando lo ilusorio deus ex machina del crecimiento ilimitado, recuperando y actualizando el discurso de la socialización de la economía y la distribución equitativa de recursos finitos, que predican la necesidad de ser frugal para ser feliz, abogando, en definitiva, un cambio radical en nuestro modus vivendi? Bueno, necesitamos que lo hagan, y tenemos el lema listo: trabaje menos, consuma menos, viva mejor.

En defensa del decrecimiento:

Equitecto - Equitectura

La crisis afecta al capitalismo del globo ya que una buena parte de ella está generada por la depredación y la presión sobre los recursos naturales, ocultada por lo que el autor del libro “En defensa del decrecimiento” Carlos Taibo señala como los medios de “incomunicación” que hoy en día en España tienen una fama de eso muy merecida. Dicha depredación genera un encarecimiento de las materias primas y energéticas, en el contexto del neoliberalismo actual parece proponer que la minoría pueda reservarse para sí estos recursos.

En respuesta a esta crisis económica y social, surgen movimientos ultraderechistas y nacionalistas ante el “robo” que se efectúa del resto del mundo a nuestra tierra. Si dicha dinámica nos produce desazón, no podemos exigir un cambio político de aquellos actores cuya función suele ser mantener el Status Quo y por lo tanto para generar un cambio global primero hemos de provocar un cambio en nosotros mismos.

Esta es la introducción del libro, como ven y en mi opinión puede ser un tema interesante, sin embargo este profesor pertenece a una corriente de pensamiento anarquista, palabra a la que habitualmente tenemos miedo por la falta de sistema, más resulta que es uno de los pocos defensores hoy en día del concepto de la democracia directa y estoy convencido de que es una de las cosas que quiere la sociedad, un contrato con los gobernantes que la sociedad forme y que estén obligados a llevarlo a cabo de todas las formas posibles.

Así pues y antes de adentrarnos en sus argumentos por el decrecimiento vamos a hablar del primer apartado del libro “amenazas”:

Comenzando con la energía nuclear que ante el agotamiento de las reservas del petróleo y del gas natural, puede ser una alternativa válida ante el hecho de ser muy concentrada y que produzca menos gases de efecto invernadero, pero genera muchos otros.

Los residuos producidos son tremendamente peligrosos y de larga duración, utilizan mucha electricidad y la gestión de los residuos produce muchos gases de efecto invernadero.

Con la misma tónica, el gasto de agua que se utiliza para para su refrigeración es también enorme (Francia, el 40% del agua que se consume es para estas labores) y el agua recalentada retorna a los ríos donde altera la flora y la fauna.

Muchas centrales nucleares se mantienen por cuantiosas subvenciones públicas y la AIEA señala que al ritmo actual de consumo puede haber una carencia de Uranio similar a la del petróleo.

Finalmente con respecto a la energía nuclear no hará falta señalar la catástrofe de un accidente nuclear.

Tras esto señala a las energías renovables porque aunque en el convencimiento de su utilidad para con la sociedad, su aportación sigue siendo bastante baja y a día de hoy tienen problemas nada desdeñables pues son tremendamente caras y la aportación de estas tiene que multiplicarse espectacularmente para satisfacer la demanda actual.

Muchas de ellas no funcionan a pleno rendimiento la mayoría del tiempo y los lugares ideales para su construcción están muy lejos de la sociedad, en parajes vírgenes, lo que provocaría un gasto importantísimo en el transporte de la energía.

Se espera además que dichas energías sean capaces de sostener el crecimiento ilimitado actual mientras al mismo tiempo, estas energías resultan “demasiado democráticas” para el los sectores más privilegiados.

Sin negar su utilidad, su uso tiene que estar acompañado de una reducción progresiva de la producción y el consumo.

Y para terminar también señala la superpoblación y el desarrollo científico pues la superpoblación se genera el lugares significativos, lugares donde el crecimiento de la población se ha reducido hasta el punto de decrecer mientras que en otros puntos del planeta sigue existiendo un crecimiento desorbitado, se supone que la población mundial se estabilizara a mitad de este siglo y a reducirse progresivamente a partir de ahí.

Al mismo tiempo, el desarrollo científico en los años recientes parece orientado a la nanotecnología, la inteligencia artificial, los transgénicos y el descifrar el genoma humano. Esto puede producir la aparición de “superhumanos” y las consecuentes situaciones críticas que se generarían por este hecho pueden derivar en numerosos conflictos ante la incapacidad de los humanos no mejorados de competir.

Un ejemplo de esto puede ser el de la película de Gattaca.


Espero que les haya parecido tan interesante como a mi. ¿Estás de acuerdo con los argumentos expuestos? ¿Añadirías alguno más? ¿Se puede mantener el ritmo de crecimiento actual?

La felicidad es la mejor curva que existe.

Los límites del crecimiento en la Educación Secundaria: Génesis del proyecto

Alberto Cuesta - 15/15\15

Todo sistema educativo trata de explicar el mundo y de perpetuar una ideología acorde a sus intereses, que en este caso es la del capitalismo industrial basado en el crecimiento económico.

Fotografía de una de las actividades del proyecto.

Los alumnos y alumnas de educación secundaria (ESO y Bachillerato) han nacido ya en el siglo XXI, entre los años 2000 y el año 2005. Es decir, han vivido la mayor parte de su vida en un contexto de crisis ecológica, social y económica, sin que los currículos oficiales sepan explicar las causas de esta situación, y mucho menos plantear soluciones para un problema en el que ellos y ellas son las principales víctimas. 

Por esta razón Jesús Díez Sancho y José Alberto Cuesta Martínez impulsamos un proyecto interdisciplinar, titulado Los límites del crecimiento-Objetivo 2040 en el IES Ribera del Duero en Roa (Burgos), introduciendo la temática sobre los límites biofísicos que impiden la perpetuación indefinida del crecimiento económico que el capitalismo nos ofrece como panacea para superar la actual crisis.

En este proyecto se trató de crear debate, tejido social y alternativas, para que el alumnado tuviese elementos de conocimiento y herramientas para orientar su futuro. Desde diferentes materias y temáticas se planteó a los alumnos actuar como historiadores y científicos en el año 2040 y explicar los sucesos que habían conducido a esos escenarios desde el año 2017 (bastante en concordancia con el objetivo de la revista 15/15/15). Así se plantearon tres posibles escenarios futuros: uno de crecimiento continuo (sabiendo que es imposible, se conservó por respetar la pluralidad ideológica), otro de colapso, y otro de decrecimiento voluntario y organizado.

Jesús Díez Sancho y J. Alberto Cuesta, docentes responsables del proyecto, en el IES Ribera de Duero (Burgos)


Pronto la dimensión del proyecto superó ampliamente todas nuestras expectativas y movilizó a 25 profesores sobre un claustro de 35, y la práctica totalidad de los alumnos, participando cerca de 200 personas dentro de una comunidad educativa de 225 profesores y alumnos, añadiendo además la colaboración de padres y madres. El resultado fueron 300 trabajos sobre diferentes temáticas acerca de cómo puede evolucionar el futuro a medio plazo. 

Lo que comenzó siendo meramente un proyecto educativo, trascendió su función inicial y acabó convirtiéndose en una metáfora social, en una especie de pequeño laboratorio sobre las posibilidades y los impedimentos para construir proyectos con vocación ecosocial en una sociedad en crisis donde el poder trata de esconder las evidencias y de boicotear las posibles alternativas.

Por una parte el proyecto, por su alta participación y colaboración, fue una demostración de lo que se puede conseguir en comunidades basadas en el apoyo mutuo, pero lamentablemente también fue una demostración de cómo el poder trata de reprimir cualquier alternativa, poniendo continuos obstáculos a la realización del proyecto, e incluso silenciando a toda la comunidad educativa un reconocimiento por parte de la Junta de Castilla y León al trabajo realizado.

En el documento adjunto podéis ver el desarrollo del proyecto Los límites del crecimiento-Objetivo 2040.
Panel realizado por el alumnado durante el proyecto.