Dios ha muerto: estamos solos.

"Los dioses han muerto... de risa al oír decir a uno de ellos que él era el único dios”

Nietzsche. Así hablo Zaratustra

Una vez que ‘Dios ha muerto’, el nihilismo, es el destino de los pueblos occidentales, porque nos hemos quedado sin brújula, sin sentido que darle a esta vida.

En este proceso histórico, que parte de la Ilustración, se aniquila el animismo y el mito; ayudado por las ciencias de la naturaleza, se propone la desmitologización del mundo, el dominio de la naturaleza y la realización de la libertad.

Y, sin embargo, es un hecho incontrovertible que en la sociedad industrializada, hechura y resultado de este ‘proceso progresivo ilustrado’ reina un generalizado irracionalismo destructivo en el que el hombre se ve sometido, y a punto de ser exterminado por el desarrollo científico-técnico.

“Si por otra parte, dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas. Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo y, sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace... El hombre puede elegir en un sentido u otro, pero lo único que no puede hacer es no elegir.”

Jean Paul Sartre. El existencialismo es un humanismo.

Técnica y mundo moderno en Heidegger

El mundo moderno, considerando como tal el que inicia y piensa filosóficamente Descartes y está vigente en nuestros días, está determinado ‘metafisicamente’ y ha propuesto y realizado progresivamente una interpretación de la realidad o del ser como simple y recortado objeto.





Heidegger considera la técnica como el ‘fenómeno’ fundamental del mundo moderno y en la Tecnología, que es, al decir de Heidegger ‘la metafísica de la era atómica’. La filosofía moderna tiene una concepción ‘técnica’ de la realidad, concepción que, de una parte considera lo real como ‘material de explotación’, reducible a mera disponibilidad, tras la planificación y el cálculo que convierte todo en puro medio e instrumento; y, de otra parte, en esa su reducción de lo real vela y oculta cualquier otro sentido de la realidad y cualquier otro modo de enfrentarse a ella.

Técnica no es sin más la transformación instrumental-tecnológica de la realidad; ni siquiera sólo, ni tampoco, el sometimiento de la realidad con su carácter ‘impositivo y dominador’; la técnica es, pensada filosófica y originariamente, un modo de ‘manifestar, descubrir e interpretar’ la realidad, modo de manifestar regido por la ‘calculabilidad, utilidad y rendimiento’.

De ahí el que la técnica conlleve y represente un ‘peligro’, peligro que en su extrema gravedad estaría para Heidegger no tanto en la destrucción atómica del mundo, cuanto en el sometimiento del mismo hombre (y todas sus expresiones) al dominio de la técnica, con la instrumentalización de sí mismo y la consideración de la idea ‘técnica’ del mundo como algo ‘natural’.

Para saber más: Historia de la filosofía. Juan Manuel Navarro Cordón y Tomás Calvo Martínez.

Fragmentos de Friedrich Nietzsche

"La humanidad no representa una evolución hacia algo mejor, o más fuerte, o más alto, al modo como hoy se cree eso. El ‘progreso’ es meramente una idea moderna, es decir una idea falsa. El europeo de hoy sigue estando, en su valor, profundamente por debajo del europeo del Renacimiento; una evolución posterior no es sin más, por necesidad cualquiera, una elevación, una intensificación, un fortalecimento.”

El anticristo.


“... la ciencia, aguijoneada por su vigorosa ilusión, corre presurosa e indetenible hasta aquellos límites contra los cuales se estrella su optimismo, escondido en la esencia de la lógica. Pues la periferia del círculo de la ciencia tiene infinitos puntos, y mientras aún no es posible prever en modo alguno cómo se podría aluna vez medir completamente el círculo, el hombre noble y dotado tropieza de manera inevitable, ya antes de llegar a la mitad de su existencia, con tales puntos límite de la periferia, donde su mirada queda fija en lo imposible de esclarecer. Cuando aquí ve, para su espanto, que, llegada a estos límites, la lógica se enrosca sobre sí misma y acaba por morderse la cola –entonces irrumpe la nueva forma de conocimiento, el conocimiento trágico, que, aun sólo para ser soportado, necesita del arte como protección y remedio.”

El nacimiento de la tragedia.



“Hay un solo mundo, y es falso, cruel, contradictorio, corrupto, sin sentido... Un mundo hecho de esta forma es el verdadero mundo... Tenemos necesidad de la mentira para vencer a esta ‘verdad’, es decir para vivir... La metafísica, la moral, la religión, la ciencia... son tomadas en consideración como diversas formas de mentira: con su ayuda se cree en la vida ‘la vida debe inspirar confianza’: el deber, planteado en estos términos, es inmenso. Para cumplir con él, el hombre debe ser por naturaleza, una artista... Metafísica, moral, religión, ciencia, no son más que criaturas de su voluntad de arte...”

Fragmentos póstumos. La voluntad de poder como arte.


“¿Cuál puede ser nuestra única doctrina?. Que al ser humano nadie le da sus propiedades, ni Dios, ni la sociedad, ni sus padres y antepasados, ni él mismo (el sinsentido de esta noción que aquí acabamos de rechazar ha sido enseñado como ‘libertad inteligible’ por Kant, acaso ya también por Platón). Nadie es responsable de existir, de estar hecho de este o de aquel modo, de encontrarse en estas circunstancias, en este ambiente. La fatalidad de su ser no puede ser desligada de la fatalidad de todo lo que fue y será.

El no es la consecuencia de una intención propia, de una voluntad, de una finalidad, con el no se hace el ensayo de alcanzar un ‘ideal de hombre’ o un ‘ideal de felicidad’, o de un ‘ideal de moralidad’, es absurdo querer echar a rodar su ser hacia una finalidad cualquiera. Nosotros hemos inventado el concepto ‘finalidad’: en la realidad falta la finalidad...”

El crepúsculo de los ídolos.

Para saber más: Nietzsche

Diccionario del desarrollo

"Los últimos cuarenta años pueden ser denominados la era del desarrollo. Esta época está llegando a su fin. Ha llegado el momento de escribir su obituario.

Como un majestuoso faro que guía a los marineros hacia la costa, el 'desarrollo' fue la idea que orientó a las naciones emergentes en su jornada a lo largo de la historia de la postguerra. Independientemente de que fueran democracias o dictaduras, los paises del Sur proclamaron el desarrollo como su aspiración primaria, después de haber sido liberados de su subordinación colonial. Cuatro décadas mas tarde, gobiernos y ciudadanos tienen aún fijos sus ojos en esta luz centelleando ahora tan lejos como siempre: todo esfuerzo y todo sacrificio se justifica para alcanzar la meta, pero la luz continua alejándose en la oscuridad.

El faro del desarrollo fue construido inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Siguiendo al colapso de las potencias coloniales europeas, los Estados Unidos encontraron una oportunidad para dar dimensión mundial a la misión que sus padres fundadores les habían legado: 'ser el fanal sobre la colina'

Lanzaron la idea del desarrollo con un llamado a todas las naciones a seguir sus pasos. Desde entonces, las relaciones entre Norte y Sur han sido acunadas con este molde: el 'desarrollo' provee el marco fundamental de referencia para esa mezcla de generosidad, soborno y opresión que ha caracterizado las políticas hacia el Sur. Por casi medio siglo, la buena vecindad en el planeta ha sido concebida a la luz del 'desarrollo'.

Hoy el faro muestra grietas y ha comenzado a desmoronarse. La idea de desarrollo se levanta como una ruina en el paisaje intelectual. El engaño y la desilusión, los fracasos y los crímenes han sido compañeros permanentes del desarrollo y cuentan una misma historia: no funcionó. Ademas, las condiciones históricas que catapultaron la idea hacia la prominencia han desaparecido: el desarrollo ha devenido anticuado. Pero sobre todo, las esperanzas y los deseos que dieron alas a la idea están ahora agotados: el desarrollo ha devenido obsoleto.

Sin embargo, la ruina esta ahí y aun domina la escena como un hito. Aunque las dudas van creciendo y la incomodidad se siente por todos lados, el discurso del desarrollo aun impregna no sólo las declaraciones oficiales sino hasta el lenguaje de los movimientos de base. Ha llegado el momento de desmantelar esta estructura mental."

Para saber más: Diccionario del desarrollo. Una guía del conocimiento como poder. W. Sachs.1992.






Herencias del decrecimiento

Moisés Rubio Rosendo - La palabra inquieta

Hay alguna gente por ahí a la que le gusta caricaturizar el decrecimiento como esa idea estúpida que pretende hacer lo que ya consigue la crisis en favor de los beneficios capitalistas: reducir el PIB a base de empobrecer a la mayor parte de la población, mientras los recursos se concentran cada vez en menos manos. Son ganas de desviar la atención, así que ni caso.

Un debate más interesante está en la perspectiva científico ecológica del decrecimiento, una posición “de bandera”, que ondea, que se tiene a la vista, pero que es sólo eso: un dibujo en el aire que representa a quiénes navegamos en este barco. Latouche lo expresa de otra manera cuando dice que "decrecimiento" es sólo una palabra obús.

Es evidente que el planeta está ya mostrado sus cartas sin reparo, lo que nos da una oportunidad única para llegar a más gente e intentar conformar la masa crítica que provoque la transformación que necesitamos. Pero no trascender esa oportunidad ecológica nos puede llevar a una transición como la del setenta y ocho, más leyenda que realidad.

Y es que el problema ambiental es una consecuencia del productivismo desaforado, denominador común del capitalismo y el socialismo; y éstos no son más (ni menos) que una herramienta de un sistema cultural determinado al que pusimos el nombre de “Modernidad”, una forma específica de comprensión de la realidad... Y si abordar el problema ambiental sin cuestionar el capitalismo es como tratar con aspirina un tumor cerebral, si no confrontamos la Modernidad, nuestro entramado cultural, ese espacio común en el que productivismo, socialismo y capitalismo cohabitan, difícilmente podremos sumar logros a nuestras reivindicaciones.

Pero la cuestión aquí se plantea compleja, porque en cualquier cultura todos los cabos pertenecen al mismo ovillo: tires de donde tires todo entra en juego, todo está interrelacionado. Y, a grandes rasgos, nuestra cultura se autodefine por su idea de progreso, el conocimiento científico y el reconocimiento del individuo; se ha organizado en las instituciones del estado (democráticos o no) y del mercado y ha escondido en el sótano sus aficiones antropo, andro y etnocéntricas. Pero todo ello es parte de una misma cosa, esa que hemos llamado Modernidad: el estado es antropocéntrico e individualista, la ciencia es androcéntrica y capitalista y el progreso es etnocéntrico. O dicho de otra manera: el estado es capitalista y etnocéntrico, el individuo androcéntrico y cientificista, y el progreso es antropocéntrico. O mejor, el estado es el mercado y el mercado es la ciencia y el individuo es progreso y el progreso antropocéntrico... Total, que ¡o todo o nada! No hay forma posible de tirar de un cabo sin vernos obligados a reconsiderar el conjunto del ovillo.

En este sentido, como pasa con el “Buen Vivir”, considerar nuestras tradiciones “ancestrales”, las de los movimientos sociales emancipatorios, puede darnos muchas pistas de hacia donde podemos ir: anarquismo, antimilitarismo, ecologismo y feminismo, con sus logros, errores y derrotas han ido descubriendo y confrontando las perversiones de nuestro modelo cultural. De hecho, yo, si hoy todavía puedo sentirme orgulloso de ser europeo (occidental) es por el recuerdo, el legado y la creatividad de todas esas gentes que abrieron en canal la Modernidad para que podamos parir otro paradigma.

Por suerte, hoy día, una comunidad de cuidados, sostenible, autogestionada y que crea redes de confianza está utilizando ideas del feminismo (comunidad de cuidados), del ecologismo (sostenible), del anarquismo (autogestionada) y del antimilitarismo (redes de confianza). Por suerte porque dicha integración de conceptos le da a esa comunidad una mejor capacidad de respuesta ante las perversiones del sistema; pero no por casualidad, porque -lo sepa o no- nuestra comunidad favorita está bebiendo de nuestras tradiciones emancipadoras. No reconocerlo sería como dejar de honrar a los ancianos y ancianas, a quienes les debemos la vida y nos transmitieron sus saberes; pero aún peor es que nos aboca a no aprender de su experiencia.

Desde esta perspectiva, el decrecimiento es un espacio creativo y exploratorio que ha sabido hacer bandera de las premisas científicas que auguran el drama ambiental pero, sobre todo, es un espacio creativo y exploratorio en el que han confluido aquellas tradiciones y que puede darnos una respuesta emancipatoria integral a un sistema cultural que también lo es. 



El disenso de Iván Illich

Wayward Wandering - ctxc


La crítica del autor austriaco a la sociedad de consumo y sus instituciones es radical y transversal y su obra es una síntesis de los problemas actuales --educación, sanidad, vivienda, energía, medio ambiente-- y un elogio a la autonomía del pensamiento.
Tony Hall

El 2 de diciembre de 2002 moría Iván Illich (Viena, 1926-Bremen, 2002), pensador que amaba la autonomía de pensamiento por encima de todo. Murió rechazando las terapias de la medicina oficial, prefiriendo conservar sus capacidades y lucidez hasta los últimos instantes de su vida, evitando las terapias agresivas y sedativas que hubieran seguramente afectado su autonomía de pensamiento y capacidad de acción.

Su obra --escrita entre 1971 y 2002--  parece una síntesis de los problemas actuales: los problemas energéticos y medioambientales analizados en Energía y equidad (1974), los problemas educativos en La sociedad desescolarizada (1971), la medicalización de la vida en Némesis médica: la expropiación de la salud (1975), el problema habitacional en La reivindicación de la casa (1983) son algunos.  

Su crítica de la sociedad de consumo y sus instituciones es radical y transversal. El análisis de nuestra época que Illich realiza en una infinidad de ámbitos se podría condensar en algunas palabras: autonomía, libertad de decidir sobre uno mismo. Disentir, pensar o sentir de manera distinta. Disidencia, el sentarse aparte.

Leyendo a Iván Illich se puede ver a un crítico de la modernidad que no se limita a proponer la redistribución de la riqueza o mejoras en la organización social. Iván Illich cuestiona la industrialización misma, el desarrollo, y considera las instituciones como el fruto de la industrialización: la escuela, la familia consumidora, el partido, el ejército, la iglesia, los medios informativos.

Su visión de la industrialización tiene elementos en común con la de Pier Paolo Pasolini, que se enfoca en la necesidad de distinguir entre desarrollo y progreso:

Es necesario hacer de una buena vez una distinción drástica entre los dos términos: 'progreso' y 'desarrollo'. Se puede concebir un desarrollo sin progreso, cosa monstruosa que es la que vivimos [...]; pero en el fondo se puede concebir también un progreso sin desarrollo, como sucedería si en algunas zonas campesinas se aplicasen nuevos modos de vida culturales y civilizados aunque sin o con un mínimo de desarrollo material.

Es necesario [...] tomar conciencia de esta disociación atroz y hacerla consciente [...] para que precisamente desaparezca, y desarrollo y progreso coincidan, escribe Pasolini en ‘Desarrollo y progreso’ (Escritos corsarios, 1973).

La necesidad de volver esta disociación consciente para que desaparezca es precisamente lo que la educación moderna quiere evitar, considerándolo el peligro más grande para el mantenimiento del statu quo, la sociedad tal como es. Y el tema educativo es uno de los primeros temas de la obra de Iván Illich, quien en 1971 escribe La sociedad desescolarizada, un texto de una lucidez no común, tan brillante como rechazado y hoy olvidado.

A la educación obligatoria, que confunde conocimiento con certificación, educación con promoción al curso siguiente, cuya finalidad principal es llevar al niño a ser un ciudadano modélico, acrítico, inerte e inerme, Illich prefiere un proceso realmente educativo fuera de las instituciones, para que el niño llegue por sí mismo --activamente, críticamente, creativamente-- a encontrar su sitio en el mundo, a formarse su visión de la vida, personal, creativa. Aprender a pensar por sí mismo: eso representa el peligro más grande para el poder, una acción que permite volver consciente la disociación entre este desarrollo y el verdadero progreso, reconocer el lenguaje denso entre la infinidad de marketing vacío, un acto que permite ver las injusticias de nuestra época y actuar para cambiar la sociedad.

Al contrario, la educación actual refuerza, aún más que en los años setenta, la importancia de la certificación, que mueve las ruedas de la economía y distrae del verdadero conocimiento. Sentarse aparte, fuera del pupitre, como un di-sidente, en la escuela resulta ser un problema, un peligro. Llegar tarde, no seguir las instrucciones, disentir, una amenaza al principio de autoridad. La falta de creatividad, en cambio --como dice Chomsky en La (des)educación--, no representa en absoluto un problema.

Devoraría a los maestros de la escuela obligatoria, dice Pasolini en la última entrevista pocos días antes de su asesinato.

Autonomía que vuelve en el ámbito de la salud, otro tema analizado por Iván Illich como paradigma útil para entender nuestra época (Némesis médica, 1977): rechazar la prescripción médica, negarse a aceptar una terapia agresiva (y, cómo no, lucrativa), poder decidir sobre el propio cuerpo, querer elegir libremente los medicamentos y las terapias o decidir el momento y el lugar para morir, resulta ser explosivo. Illich, después de analizar los riesgos de las terapias tradicionales para curar el cáncer que lo afectaba, prefirió seguir terapias alternativas, que le garantizaban el mantenimiento de sus capacidades, tomando opio para calmar el dolor y evitar los sedantes. Las ruedas de la industria están amenazadas.

Educar a las relaciones inter pares podría desestabilizar el equilibrio de las grandes empresas, las ruedas de la industria tienen que girar.

Es ridículo hablar de libertad en una sociedad dominada por empresas gigantes. ¿Qué tipo de libertad hay en una gran empresa? Son instituciones totalitarias --recibes órdenes desde arriba y tal vez las impartes a las personas debajo de ti, escribe Noam Chomsky in The Common Good (1998).
Negarse a impartir órdenes a otro ser humano --en la escuela, en el trabajo, en el hogar--  resulta escandaloso.

Yo pienso que escandalizar es un derecho, ser escandalizado un placer y el que rechaza el placer de ser escandalizado es un moralista, sigue Pasolini en su última entrevista.

La búsqueda de la autonomía vuelve a aparecer en los espacios del habitar. A las empresas constructoras, con sus bloques de pisos 'llave en mano', Illich contrapone el arte de habitar:

El desarrollo económico ha impedido por doquier, y quizá ha hecho del todo imposible, una vida activa creadora de espacios habitables. El desarrollo económico ha cubierto de cemento el mundo habitable. El medio ambiente se ha vuelto tan duro que nuestros cuerpos ya no pueden marcar en él su impronta. Así, pasamos por la vida sin dejar huella. Los barrios residenciales presentan hoy el mismo aspecto desde Taiwán a Pekín; desde Irkutsk a Ohio. Al artista no se le permite actualmente construir, pues perturba el orden uniforme de la construcción, escribe Illich en La reivindicación de la casa (1983).

Ruedas de la industria cuya ralentización es un acto herético, blasfemo hacia la religión de los hombres de negocios modernos. Una verdadera educación tendría que volver consciente la diferencia entre este desarrollo y el verdadero progreso, para que la disociación desaparezca y se vuelva a la verdad.

Precisamente mientras estoy escribiendo este artículo, recibo un mensaje en el móvil. Es un mensaje, inesperado, de parte de la Universidad Politécnica de Cataluña, en la que estudié hace tiempo. Será por un asunto educativo, cultural, formativo, se podría pensar.

 

Sobre el ecologismo libertario

 
Por Luis Esteban Rubio [1]

A Carlos Taibo, Jorge Riechmann y Florent Marcellesi

Con el objetivo de mejorar la comprensión y el análisis ideológico del ecologismo, en el presente artículo se realiza, en primer lugar, la distinción entre ecologismo y medioambientalismo; en segundo lugar, se muestran las diferencias básicas entre ecologismo y ecofascismo; en tercer lugar, se exponen una serie de principios fundamentales del ecologismo; en cuarto lugar, se presentan brevemente las que, a juicio del autor, son las corrientes principales del ecologismo; y, por último, se realiza una propuesta terminológica: ecologismo libertario como sinónimo de ecología política.
I. Diferencias entre ecologismo y medioambientalismo
Se ha de resaltar la diferencia entre ecologismo y medioambientalismo para entender adecuadamente el primero y que éste no quede reducido meramente a asuntos medioambientales.  Uno de los principales teóricos del ecologismo, Andrew Dobson, en el Prólogo a la Edición española de su obra de referencia Pensamiento político verde (Barcelona: Paidós, 1997), señala que existen diferencias importantes entre medioambientalismo y ecologismo: “El primero se refiere a aproximaciones administrativas, técnicas y poco sistemáticas a la hora de afrontar problemas medioambientales, mientras que el segundo hace referencia a los profundos cambios que los ecologistas políticos consideran necesarios en el ámbito de la organización social y de las actitudes respecto al mundo natural no humano”.

Para aumentar la claridad de esta distinción, Dobson señala en el mismo prólogo que “[e]l medioambientalismo es compatible con otras ideologías políticas en una forma en que el ecologismo no lo es, puesto que el segundo pone en tela de juicio muchos de los presupuestos fundamentales de la conocida lista de ideologías. Es muy fácil ser medioambientalista y liberal, por ejemplo, pero mucho más difícil ser capaz de concebir la idea de un ecologista liberal”.

Según señalan los autores del libro Produire plus, polluer moins: l’impossible découplage? [Producir más, contaminar menos: ¿el desacoplamiento imposible?], todavía no existe ningún ejemplo en el cual se haya producido un desacoplamiento absoluto entre el crecimiento de la economía y el crecimiento del consumo de recursos naturales. Por ello, toda política económica socialdemócrata o liberal que abogue por el “crecimiento verde” o “crecimiento sostenible” será productivista y seguirá consumiendo recursos por encima de los límites del planeta Tierra. Se puede afirmar así que no existe un ecologismo socialdemócrata o un ecologismo liberal. La socialdemocracia y el liberalismo podrán pues incorporar un mayor o menor número de medidas medioambientalistas, pero, en ningún caso, serán ideologías dentro del marco del ecologismo. En España, por ejemplo, personas como Cristina Narbona (PSOE) y Carolina Punset (Ciudadanos) representarían, respectivamente, la socialdemocracia y el liberalismo social con tintes medioambientalistas; sin embargo, ninguna de ellas podría ser considerada como ecologista.
II. Diferencias entre ecologismo y ecofascismo
Federico Ruiz, en su artículo “Ecofascismo” publicado en el nº 83 de El Ecologista, definía el ecofascismo como el “régimen autoritario que posibilita que cada vez menos personas, las que tienen poder económico y/o militar, sigan sosteniendo su estilo de vida acaparando recursos a costa de que mucha más gente no pueda acceder a los mínimos materiales de existencia digna”. De esta manera, dichos sistemas tendrían como objetivo fundamental “asegurar durante el colapso y el postcolapso la supervivencia de sus élites y el mantenimiento, en la medida de lo posible, de sus suntuosas condiciones de existencia material”. Se crearía así lo que Jean Gadrey, en su Adiós al crecimiento, denomina el apartheid ecológico: “confrontados a la marea humana de los refugiados climáticos, de los refugiados de la escasez de agua y tierras, de los refugiados de la miseria, los más ricos buscarán, apoyados por la policía y las fuerzas armadas, reservarse un espacio ecológico de calidad en donde sea posible, rodeándose de muros de todo tipo”.

Por otro lado, como señala Federico Ruiz en el artículo mencionado: “hasta hace unos pocos años el término ecofascismo era utilizado principalmente por los media de derecha ultraliberal como arma de combate ideológico contra uno de sus enemigos naturales, los ecologistas. Se trataba de desprestigiar unos planteamientos que, hasta en sus versiones más moderadas, siempre postulaban algún tipo de regulación contraria a la pretensión extremo-liberal de dotar al capital de una absoluta libertad de actuación, y por tanto, afectaba a los intereses de algunos de sus patrocinadores, grandes empresas a las que cualquier reglamentación ecológica suponía una merma de beneficios. La idea era asociar el fascismo con el ecologismo de tal modo que sugiriese una tendencia necesaria de este hacia aquél”. Sin embargo, dos de los valores esenciales del ecologismo son tanto la democracia como la redistribución justa de los recursos, ya sean éstos económicos o naturales. Por ello, el ecofascismo y el ecototalitarismo [2] no tienen cabida dentro del marco ideológico del ecologismo; sus marcos sí son, respectivamente, el fascismo y el totalitarismo.
III. Principios del ecologismo
El marco ideológico del ecologismo posee, al menos, y a juicio del autor, diez principios fundamentales:

1. Democracia. El ecologismo defiende formas de organización democrática no sólo en el ámbito político (ej. democracia directa, líquida y participativa), sino también, y al menos, en el ámbito económico (ej. cooperativismo) y social (ej. democracia interna en sindicatos, ONGs y movimientos sociales). Como referencias teóricas en el ámbito político cabrían ser destacadas: en relación con la democracia directa, la obra La apuesta municipalista. La democracia empieza por lo cercano del Observatorio Metropolitano de Madrid; en relación con la democracia líquida, y como introducción a la misma, el artículo “Los límites de la representatividad política y las alternativas de la democracia líquida” de Jorge Francisco Aguirre Sala; en relación con la democracia participativa, la obra coordinada por Boaventura de Sousa Santos Democratizar la democracia. Los caminos de la democracia participativa.

2. Ética Pública Universal. El ecologismo defiende la existencia de una ética pública universal manifestada, al menos, en una serie de derechos y deberes humanos; deberes tanto para con el resto de seres humanos, como para con la naturaleza y el resto de seres vivos. En este sentido, la naturaleza y el resto de seres vivos poseen determinados valores específicos. Dichos valores, así como las exigencias éticas que se derivan de los mismos, se encuentran formulados, de diferentes maneras, en, al menos, cuatro propuestas teóricas principales: el antropocentrismo moderado de Hans Jonas en El principio de responsabilidad; la ecología profunda de Arne Naess en Ecology, Community and Lifestyle; el biocentrismo de Peter Singer en Liberación animal; y el ecocentrismo de Lawrence Johnson en A Morally Deep World.

3. Sostenibilidad. Los ecologistas son conscientes de que el planeta Tierra es finito y de que, por lo tanto, no es posible defender un crecimiento material infinito como sostiene el capitalismo; crecimiento que nos podría llevar incluso hasta el colapso. Por ello, abogan por una economía ecológica donde, entre otros muchos postulados, se apuesta por una reducción de la producción (antiproductivismo) y del consumo material en la mayoría de sectores, por un modelo energético basado 100% en energías renovables, por una gestión óptima de los residuos, y por una reducción de la población. Al respecto de la economía ecológica, destacan las obras La Ley de la Entropía y el proceso económico de Nicholas Georgescu-Roegen, las sucesivas ediciones del informe colectivo Los límites del crecimiento, Steady-State Economics de Herman Daly, Economía ecológica y política ambiental de Joan Martínez Alier y Jordi Roca Jusment, La apuesta por el decrecimiento de Serge Latouche y Prosperidad sin crecimiento de Tim Jackson.

4. Trabajar Todos, Trabajar Menos, Vivir Más. Para el ecologismo el disfrute de la vida, en detrimento del trabajo, representa uno de los principios esenciales que la sociedad debe favorecer. Por este motivo, defiende el reparto del trabajo; un reparto que conllevaría que, al tener más tiempo libre y de mayor calidad, un número más elevado de personas podrían dedicar una parte de él, no sólo al ocio, la familia y los amigos, sino también a los asuntos públicos. De esta manera, una menor jornada laboral, podría mejorar también la calidad de la democracia. Como referencias al respecto cabrían ser destacadas: el Elogio de la ociosidad de Bertrand Russell, y las obras El derecho a la pereza de Paul Lafargue y Metamorfosis del trabajo y Miserias del presente, riqueza de lo posible de André Gorz.

5. Justicia Global. Los ecologistas defienden, en diferentes grados, una redistribución justa de los recursos, tanto naturales como económicos, a nivel global. La teorización de dicha propuesta se puede encontrar de manera destacada tanto en Political Theory and International Relations de Charles Beitz como en La pobreza en el mundo y los derechos humanos de Thomas Pogge.

6. Ecofeminismo. Si bien hay diferentes tendencias ecofeministas (ej. esencialista, espiritualista y constructivista), todas ellas tienen en común la descripción de una realidad donde, en primer lugar, la estructura de dominación de la naturaleza está ligada al paradigma patriarcal, y, en segundo lugar, la naturalización de la mujer es así uno de los mecanismos de legitimación del patriarcado. De esta manera, el ecofeminismo aboga por el fin de la sociedad patriarcal con el objetivo de acabar tanto con la estructura de dominación de la naturaleza como con la superioridad del hombre sobre la mujer. Dentro de la tendencia constructivista del ecofeminismo, destacarían las obras Ecofeminismo para otro mundo posible de Alicia Puleo y Feminism and the Mastery of Nature de Val Plumwood.

7. Respeto de la Diversidad Sexual y de Género. El ecologismo respeta y valora positivamente la diversidad sexual y de género de los seres humanos. En este sentido, y como señala Marc Gómez Olabarría en su entrevista a Ulrike Lunacek: “el ecologismo es una de las ideologías más abiertamente defensoras de las identidades no normativas tanto por sexo (intersexualidad) como por orientación sexual (homosexualidad, bisexualidad, pansexualidad, asexualidad) o identidad de género (identidad transexual, transgénero, intergénero, genderqueer…), pero su relación aún permanece poco desarrollada [a nivel teórico]”.

8. Cosmopolitismo. El ecologismo, en primer lugar, respeta y valora positivamente la diversidad étnica y cultural que existe en la mayoría de sociedades contemporáneas, siempre que dicha diversidad no sea utilizada como justificación de una vulneración de los derechos y deberes humanos. Y, en segundo lugar, el ecologismo sostiene que los seres humanos no sólo somos integrantes de una determinada cultura, más o menos homogénea, sino que también pertenecemos a la comunidad humana. Es decir, el ecologismo aboga por un cosmopolitismo que hace complementario, y no excluyente, el sentimiento de pertenencia a una determinada comunidad particular y el sentimiento de pertenencia a la comunidad humana. Como apuntaría Javier Muguerza en este sentido, cada ser humano tiene alas y raíces, “las alas nos permiten sobrevolar los particularismos e instalarnos en una dimensión universal, mientras que las raíces nos permiten dar arraigo en el aquí y el ahora de una comunidad” [3]. A nivel teórico cabrían ser destacadas las obras Cosmopolitismo de Kwame Anthony Appiah y Las reivindicaciones de la cultura de Seyla Benhabib.

9. Pacifismo. El ecologismo defiende la no violencia y el desarrollo de una cultura de paz y cooperación no sólo entre los Estados, sino también dentro de las propias sociedades y entre los individuos. En este sentido, se deberían destacar las obras Teoría e historia de la revolución noviolenta de Jesús Castañar y Razones jurídicas del pacifismo de Luigi Ferrajoli.

10. Estrategia multidimensional y multinivel. En primer lugar, la estrategia multidimensional se refiere a que el ecologismo, para lograr sus objetivos, debe pensar y actuar sobre las distintas dimensiones del poder, entendiendo por éstas cada una de las dimensiones del poder que de manera autónoma disponen de la capacidad para influir sustancialmente en la sociedad. En este sentido, cabría sostener la existencia de, al menos, nueve dimensiones del poder: los tres poderes clásicos (legislativo, ejecutivo y judicial), el poder económico-financiero (empresas financieras y no financieras), el poder comunicativo (medios de comunicación), el poder social (sindicatos, ONGs y movimientos sociales), el poder espiritual (religiones), el poder intelectual (ideas) y, por último, el poder armado (fuerzas armadas, fuerzas y cuerpos de seguridad, servicios de inteligencia, corporaciones militares privadas, empresa de seguridad privadas, mafias, grupos terroristas, guerrillas y grupos paramilitares) [4]. En segundo lugar, la estrategia multinivel se refiere a que el ecologismo, para lograr sus objetivos, debe pensar y actuar sobre las distintas dimensiones del poder en todos los niveles territoriales, desde lo local hasta lo global, pasando por el nivel comarcal, provincial, “autonómico”, estatal y regional. Teniendo en cuenta así la realidad compleja e interconectada del siglo XXI, se hace pues necesario, si se pretende lograr los objetivos del ecologismo, actualizar el lema que René Dubos creó en 1981 y que se convirtió en la estrategia principal para la mayoría de los ecologistas en el mundo durante estos últimos 35 años: “pensar globalmente, pero actuar localmente”. 

A juicio del autor del presente artículo, dicho lema/estrategia habría pues de actualizarse y formularse, como propuesta, de la siguiente manera: “pensar y actuar en cada nivel territorial sobre cada una de las dimensiones del poder”. Esta nueva estrategia sería así la fusión de dos estrategias: en primer lugar, “pensar y actuar en cada nivel territorial, desde lo local hasta lo global”; y, en segundo lugar, “pensar y actuar sobre cada una de las dimensiones del poder, desde la dimensión legislativa, ejecutiva y judicial hasta la dimensión económico-financiera, comunicativa y armada, pasando por la dimensión social, espiritual e intelectual”.

Estos diez principios serían así comunes a las diversas corrientes del ecologismo. No obstante, cada una de ellas desarrolla de manera particular dichos principios.
IV. Corrientes principales del ecologismo
En el ecologismo, y a juicio del autor, se pueden distinguir tres corrientes ideológicas principales: la ecología social o ecoanarquismo, el ecosocialismo y la ecología política. Se procederá a continuación a señalar únicamente los principales referentes de cada una de ellas, ya que, habiendo ya expuesto los principios comunes en el apartado anterior y lejos de tener la voluntad de realizar un análisis detallado sobre de sus diferencias, se pretende meramente poner en contexto la propuesta terminológica que se realizará en el apartado V.

En primer lugar, la ecología social o ecoanarquismo tendría como referentes teóricos principales a Murray Bookchin (1921-2006), Janet Biehl y Carlos Taibo. Sus ideas se pueden encontrar de manera resumida en la ponencia de Murray Bookchin Nosotros los verdes, nosotros los anarquistas, y, de manera más extensa, en su libro La ecología de la libertad. También caben ser destacados dos contenidos audiovisuales: la charla The Forms of Freedom de Murray Bookchin (23 de marzo de 1985, San Francisco) y la charla Decrecimiento: una alternativa al modelo de Desarrollo de Carlos Taibo (29 de octubre de 2014, Bilbao).

En segundo lugar, el ecosocialismo tendría como referentes teóricos principales a Michael Löwy y Jorge Riechmann. Sus ideas se pueden encontrar de manera resumida en el Manifiesto ecosocialista de Joel Kovel y Michael Löwy y en Para una categorización del ecosocialismo en diez rasgos de Jorge Riechmann; y, de manera más extensa, en el libro El socialismo puede llegar sólo en bicicleta de Jorge Riechmann. También caben ser destacados dos contenidos audiovisuales, que se corresponden con dos charlas de Jorge Riechmann: Explorando las sociedades pospetróleo bajo las amenazas del colapso: tentativa hacia algunas conclusiones (4 de septiembre de 2015, Madrid) y ¿Cómo pensar las transiciones poscapitalistas (16 de julio de 2013, Madrid). Por otra parte, en España, el ecosocialismo es la corriente defendida principalmente por colectivos como FUHEM Ecosocial (revista Papeles) y por partidos como ICV; esto no quiere decir que dichas organizaciones no sean diversas y que dentro de las mismas no existan también integrantes que se sientan más cercanos a otra corriente.

Por último, la ecología política, tendría como referentes teóricos principales a André Gorz (1923-2007) y Andrew Dobson. Sus ideas se pueden encontrar de manera resumida en el artículo Ecología Política: génesis, teoría y praxis de la ideología verde de Florent Marcellesi [5] y, de manera más extensa, en el libro Pensamiento político verde de Andrew Dobson. También caben ser destacados dos contenidos audiovisuales: la charla de Carlos Merenson Ecología política: la historia retoma su camino (17 de abril 2012, Buenos Aires) [6] y la charla de Florent Marcellesi Europa post-crecimiento (14 de noviembre de 2013, Bruselas). Por su parte, la ecología política es la corriente defendida principalmente por colectivos como la Fundación ENT (revista Ecología Política) y EcoPolítica (Club de Lectura “Petra Kelly” y Grupo de Lectura “Cornelius Castoriadis”) y por partidos como EQUO (España), LIVRE (Portugal) [7] y HDP (Turquía) [8]: al igual que en el caso anterior, esto no quiere decir que dichas organizaciones no sean diversas y que dentro de las mismas no existan también integrantes que se sientan más cercanos a otra corriente.
V. Ecologismo libertario
Debido (a) a la influencia sustancial de algunos postulados anarquistas en el núcleo esencial de la ecología política, (b) a la dificultad comunicativa y comprensiva que lleva presentando el término ecología política durante décadas y (c) a la voluntad de mejora de la claridad expositiva de las diferentes corrientes del ecologismo, propongo que el término ecologismo libertario sea utilizado como sinónimo de ecología política, al igual que, a nivel ideológico, el término ecoanarquismo se utiliza como sinónimo de ecología social. Para tal consideración me baso en dos argumentos principales:
En primer lugar, parto de las palabras que Rui Tavares, escritor, antiguo eurodiputado y co-fundador de LIVRE, manifestó en una entrevista a los pocos días de celebrarse las últimas elecciones legislativas de Portugal. En dicha entrevista, en relación con el ideario de LIVRE, Rui Tavares señalaba: “Temos o nosso espaço político, espaço de una esquerda libertária, cosmopolita e ecológica”.

En segundo lugar, me baso en la diferencia que propone Carlos Taibo entre los términos “anarquista” y “libertario” en el primer capítulo de su libro Repensar la anarquía: “parece que el primero, anarquista, incorpora una carga ideológica y doctrinal mayor que la que arrastra el segundo, libertario”. En este sentido, Taibo continúa señalando: “Alguien es anarquista -cabe suponer- porque ha leído a Bakunin, a Kropotkin y a Malatesta, y se adhiere, en un grado u otro, a las ideas expresadas por estos autores. La vena ideológica y doctrinal se desvanece un tanto, en cambio, con el adjetivo libertario, que tiene una dimensión identitaria menor y que, al respecto, permite referirse sin más a personas que declaren creer en la democracia directa, en la asamblea y en la autogestión sin ser necesariamente anarquistas”.  De esta manera: “no todos los libertarios son al mismo tiempo anarquistas, pero son manifiesta mayoría los anarquistas que, por lógica y por consecuencia, asumen las reglas del juego de la práctica libertaria”.

Teniendo en cuenta lo anterior, en el ecologismo habría así, por una parte, una corriente anarquista representada por la ecología social o ecoanarquismo, donde el acento se pone en el sustantivo “anarquismo” y cuyo complemento es el prefijo “eco”. Y, por otra, una corriente libertaria, la ecología política o ecologismo libertario, donde la fuerza principal recae sobre el sustantivo “ecologismo” y el adjetivo es representado por la palabra “libertario”. En virtud de ello, se pueden observar tanto una serie de semejanzas como de diferencias fundamentales entre los ecoanarquistas y los ecologistas libertarios:

Por una parte, hay, al menos, cuatro semejanzas principales: a) coincidencia en numerosos elementos de la crítica a la sociedad actual; b) propuesta de dejar atrás el capitalismo; c) en relación con la autogestión, ambos abogan por el desarrollo de una economía ecológica, social y solidaria, así como por el fomento de la soberanía energética y de la soberanía alimentaria; d) en relación con la acción directa, ambos defienden el impulso de iniciativas como las monedas sociales, los bancos del tiempo, los huertos urbanos, la resistencia pacífica activa, los boicots a empresas que vulneran derechos humanos o no respetan el medio ambiente, etc.

Por su parte, el ecologismo libertario y el ecoanarquismo se diferencian principalmente en, al menos, dos asuntos: en primer lugar, el ecologismo libertario defiende la participación política en las instituciones de todos los niveles territoriales (desde lo local hasta lo global, incluyendo pues también al Estado), mientras que Carlos Taibo renuncia a la participación electoral en todos los niveles territoriales y Murray Bookchin únicamente apoya la misma en el nivel local. Y, en segundo lugar, el ecologismo libertario defiende una democracia líquida y participativa, complementaria, y no excluyente, a la democracia directa, para todos los asuntos y niveles territoriales en los que ésta última no sea viable en la práctica.

Por otro lado, y en base a la estrategia multinivel y multidimensional del ecologismo, los ecologistas libertarios, además de su apuesta por la participación política en todos los niveles territoriales, apoyarían, y verían como complementaria, la creación de “una organización libertaria y global” propuesta por Carlos Taibo y encaminada, principalmente, al ámbito social.

Por último, y debido a su relevancia, se considera necesario incluir en este apartado, y no relegado a una nota al final del artículo, la distinción entre el término “libertario” y el de “libertariano”. El término “libertario” fue utilizado por primera vez por anarquistas franceses (libertaire) a mediados del siglo XIX como sinónimo de anarquista y, desde entonces, su uso se extendió con dicho significado. Por su parte, y si bien inicialmente el término inglés libertarian era también sinónimo de anarquista, a partir de mediados del siglo XX empieza a utilizarse de manera general en Estados Unidos para hacer referencia a ultraliberales como Friedrich Hayek (autor de Camino de servidumbre), Robert Nozick (autor de Anarquía, Estado y Utopía) o Milton Friedman (asesor económico de Augusto Pinochet, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, entre otros). De esta forma, mientras (a) en las lenguas romances el término “libertario” sigue siendo sinónimo, por lo general, de anarquista, (b) en inglés, el término “libertarian” es sinónimo, de manera general, de ultraliberal. Por este motivo, y para evitar en castellano, y también en las lenguas romances, la apropiación del término “libertario” por parte de los ultraliberales, se defiende la distinción entre (a) “libertario” como sinónimo de anarquista (con los importantes matices señalados por Carlos Taibo a los que ya se ha hecho referencia), y (b) “libertariano” (etimológicamente más cercano a “libertarian”) como sinónimo de ultraliberal [9].
Conclusión
Se ha comenzado el artículo destacando la importancia de distinguir entre ecologismo y medioambientalismo y explicando el porqué, en base a dicha distinción, ni la socialdemocracia ni el liberalismo pueden incluirse dentro del marco ideológico del ecologismo, por muchas medidas medioambientalistas que adopten. En el segundo apartado se ha indicado que el ecofascismo tampoco puede ser incorporado al marco ideológico del ecologismo ya que este último tiene como valores esenciales tanto la democracia como la redistribución justa de los recursos. A continuación, se han expuesto los principales principios que forman la esencia del ecologismo. En el cuarto apartado, se han presentado cuales son, a juicio del autor, las tres corrientes principales del ecologismo. Tras ello, se ha argumentado a favor de utilizar el término ecologismo libertario como sinónimo de ecología política, de la misma manera en que el término ecoanarquismo es utilizado como sinónimo de ecología social. Por último, se ha defendido la importancia de distinguir entre los términos libertario y libertariano para lograr evitar una apropiación del lenguaje por parte del ultraliberalismo. Con todo ello, se espera haber cumplido el objetivo principal de este artículo: mejorar la comprensión y el análisis ideológico del ecologismo.

Para finalizar, se ha de destacar que el presente artículo ha puesto de manifiesto la amplia variedad interna del marco ideológico del ecologismo; variedad que ha de ser puesta en valor y que, por ello, debe animar permanentemente a buscar puntos de encuentro con el objetivo de unir luchas y fuerzas entre las diferentes corrientes. Dada la debilidad proporcional de fuerzas con las que cuenta actualmente el ecologismo a nivel mundial, parece pues que sólo mediante esos encuentros entre las diferentes corrientes habría, al menos, alguna posibilidad de lograr cambiar el mundo. En nuestras manos está.

¡Piensa y actúa en cada nivel territorial sobre cada una de las dimensiones del poder!

Notas

[1] Luis Esteban Rubio es doctorando en Derecho por la UC3M, coordinador de EcoPolítica e integrante del Club de Lectura “Petra Kelly”.
[2] En la nota nº 2 del artículo mencionado de Federico Ruiz se matiza la distinción entre ecofascismo y ecototalitarismo: “el término fascismo tomado como algo más que una invectiva, incluye unos rasgos propios que no tienen por qué presentarse –y seguramente algunos no lo harán– en este futuro imperfecto que se columbra; así, un exacerbado nacionalismo xenófobo y etnicista, anticomunismo, antiliberalismo, culto a la violencia, ideologización extrema, etc. El moderno concepto de totalitarismo no incluye como esenciales esos atributos y sí, entre otros, los de control exhaustivo físico y mental de las poblaciones. (…) Sin embargo, no hay que dejar de tener en cuenta que ecofascismo es hoy mucho más potente comunicativamente que ecototalitarismo, y que puede ser conveniente supeditar el rigor teórico a la eficacia en la contienda cultural”.
[3] MUGUERZA, Javier. “Ética pública, derechos humanos y cosmopolitismo”. En: GÓMEZ, Carlos y MUGUERZA, Javier. La aventura de la moralidad. Madrid: Alianza, 2007, p. 541. Muguerza realiza esta metáfora tomando prestado el título de un libro del filósofo peruano Miguel Giusti: Alas y raíces. Ensayos sobre ética y modernidad. Lima: Universidad Católica de Perú, 1999.
[4] Se podría caracterizar el poder armado como aquél poder que tiene capacidad, legítima o no, para usar la fuerza y producir conflictos, como mínimo, de baja intensidad. El poder armado se considera un poder independiente ya que, por un lado, y a lo largo de la historia, los tres primeros grupos mencionados (fuerzas armadas, fuerzas y cuerpos de seguridad y servicios de inteligencia) han demostrado sobradamente su autonomía respecto al poder legislativo y ejecutivo en caso de que así lo decidieran. Por otro lado, los seis grupos restantes (corporaciones militares privadas, empresas de seguridad privada, mafias, grupos terroristas, guerrillas y grupos paramilitares), han demostrado también su autonomía y resistencia precisamente respecto a los tres primeros grupos armados mencionados.
[5] El presente artículo no comparte la estructura dada por Marcellesi para explicar el marco ideológico del ecologismo. Marcellesi defiende la existencia de un marco que se denominaría ecología política, dentro del cual considera que existirían corrientes como el ecosocialismo, la ecología social pero también el ecofeminismo, el ecopacifismo. Es decir, a diferencia del presente artículo, Marcellesi mezcla en su artículo las corrientes del ecologismo con los principios del ecologismo, y al marco lo denomina ecología política.
[6] Con Carlos Merenson el presente artículo no estaría de acuerdo en su afirmación de que la ecología política es “total y absolutamente diferente a cualquiera de las ideologías tradicionales de izquierdas y de derechas”. Como se observa en el presente artículo, la ecología política, al contrario de lo que señala Merenson, tiene muchos elementos en común con otras ideologías.
[7] Véase la “Declaración de Principios de LIVRE” (traducido por el autor del presente artículo para EcoPolítica): https://ecopolitica.org/declaracion-de-principios-de-livre/
[8] Véase el “Llamamiento para una nueva vida” de su co-portavoz, Selahattin Demirtaş (traducido por el autor del presente artículo para EcoPolítica): https://ecopolitica.org/llamamiento-para-una-nueva-vida/
[9] De esta manera, y respecto a este asunto, el presente artículo se opone a lo establecido por Roberto Gargarella en su obra Las teorías de la justicia después de Rawls (Barcelona: Paidós, 1999, página 45, nota nº 2). y, sin embargo, apoya la traducción al respecto que se realiza en La pobreza en el mundo y los derechos humanos de Thomas Pogge (Barcelona: Paidós, 2005, páginas 89-93).

Otro dinero es posible

Carlos Fresneda - El correo del sol

Asistimos al auge de las monedas sociales. Ya hay más de un centenar de iniciativas en toda España.
 
El Puma. El Ekhi. El Res. El Eco. El Orué. El Osel. El Boniato. El Henar. El Zoquito. La Jara. La Mora. La Oliva. La Turuta… Y así hasta un largo centenar de monedas complementarias o “sociales” que en poco más de siete años han aparecido por toda nuestra geografía: auténticos “brotes verdes” ante la crisis. Cataluña y Andalucía están frente de este movimiento que sacude toda Europa y que tiene sus baluartes en el Reino Unido (la Libra de Bristol), en Francia (el Sol Violette de Toulouse) o en Alemania (el Chiemgauer de Baviera).

Julio Gisbert, autor de “Vivir sin empleo”.
“Podemos hablar ya casi de 'dos economías' paralelas: una de carácter convencional y monetario, y otra basada en la colaboración y con raíces en lo local”, sostiene Julio Gisbert, autor de “Vivir sin empleo”, que ha elaborado un peculiar mapa de nuestra geografía alternativa. “La crisis del sistema formal está empujando a la gente a buscar soluciones. Lo que ha ocurrido en nuestro país es una auténtica explosión de monedas sociales, aunque estamos en un momento crítico en que esas iniciativas necesitan apoyo para poder consolidarse”.

Una nutrida delegación de impulsores de la “otra” economía en España dio el salto recientemente hasta Bruselas, en una jornada titulada “Hacia un marco referencia europeo para las monedas complementarias”. La aspiración común es la creación de un “libro blanco” para recopilar todas las iniciativas dentro de la UE, aclarar en qué consisten y con qué respaldo cuentan, y lograr un marco normativo para promocionar su uso, complementario al euro.

“Queremos fomentar un cambio no rupturista que permita crear fuentes de financiación alternativa”, sostiene Susana Martín Belmonte, autora de “Nada está perdido” y socia fundadora del Instituto de la Moneda Social (IMS). La economista independiente está volcada ahora en el proyecto Eurocat: una moneda “posindustrial” y digital , equivalente al euro, libre de intereses y con control social del crédito para Cataluña.
Susana Martín, autora de “Nada está perdido”
Susana Martín se remonta al llamamiento que hicieron hace cuatro años varios expertos como Thomas Mayer, ex economista jefe del Deutsche Bank, que propusieron la creación de monedas “paralelas” como salida a los países en problemas de la eurozona. En plena crisis griega, sin ir más lejos, el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis propuso emitir dinero electrónico, que habría funcionado como una moneda complementaria, para compensar la falta de liquidez de euros causada por el Banco Central Europeo.

“Vivimos en una época de neoliberalismo voraz que ha provocado una triple crisis económica, ecológica y social”, sostiene Jordi Sebastià, europarlamentario por Compromís, que hizo de anfitrión junto a Florent Macellesi (Equo) en el desembarco en Bruselas de la avanzadilla de las monedas complementarias. Ambos defendieron “una nueva economía para una nueva Europa” y reconocieron la necesidad de compartir las experiencias locales que están fraguando en el viejo continente como “herramientas de cambio” y de empoderamiento de los ciudadanos, respaldadas en algunos casos por las propias autoridades locales.



Israel Sánchez puso sobre la mesa la andadura rugiente del Puma, surgido en el contexto de reivindicación social y económica del barrio del Pumarejo en Sevilla, donde los vecinos decidieron hacerse la fatídica pregunta: “¿Y por qué no crear nuestro propio dinero?”. Miguel Ángel González contó la experiencia más reciente del Ekhi, nacido en el casco viejo de Bilbao para potenciar el pequeño comercio local, que incorpora la novedad de la “oxidación” (los billetes tienen un plazo de caducidad y pierden su valor si no se usan antes).

Desde Valencia, Enric Montesa reivindicó el “otro dinero es posible” y narró la singladura del Orué, la moneda virtual complementaria del barrio de Russafa, donde el activismo y la innovación cabalgan juntos. Fulgencio Tortosa nos puso al tanto de todo lo que se mueve en la Comunidad Valenciana, con tres Consellerias (Agricultura, Economía e Igualdad y Políticas Complementarias) implicadas en el desarrollo de una moneda complementaria.
El 22 de abril se celebra en la Universidad de Elche un simposio que explora la intersección de las monedas sociales con el modelo productivo de la economía circular y del bioregionalismo. Desde la Comunidad de Madrid, Franco Llobera adelantó los planes para el uso de monedas sociales como herramientas de economía “biorregional” y anticipó el proyecto de Madrid Agrocomposta, usando los “boniatos” como instrumento de cambio.

Acabamos nuestro viaje en Acalá de Henares, donde se celebrará en mayo el próximo Encuentro Estatal de Monedas Sociales. Allí ha surgido el último y más original “brote verde”, el Henar, donde se dan la mano las monedas complementarias y el concepto de banco de tiempo. Sus más de 180 usuarios se incorporan y participan además a través Alkalopoly, una plataforma planteada como un juego.

“Necesitamos que el dinero funcione de otra manera y en beneficio de la gente”, recalca su impulsor, César Gallego. “Hemos introducido la “gamificación” para enganchar a la gente. Y aunque el proceso parezca complicado, los alcalaínos van entrando porque ven que es una manera de ahorrar y de dinamizar al mismo tiempo nuestra economía local. Nuestra puesta de largo es el 28 de febrero: ese día invitamos a todos a seguir la Ruta del Henar”.

Eurocat, ¿una moneda complementaria para Cataluña?

Independientemente de hacia dónde caiga la moneda, Cataluña podría tener su propia moneda complementaria al euro. Los días 2 y 3 de marzo se celebran en Barcelona unas jornadas informativas, con la colaboración del proyecto europeo D-Cent. 

Narcisse Niclass, promotor del sistema WIR en Suiza (la moneda complementaria que nació hace 80 años y que usan 60.000 empresas locales) y Hervé Falciani, nuevos asesor ténico del proyecto Eurocat explicarán cómo funcionaría la nueva moneda de crédito mutuo para reactivar los sistemas económicos locales, mejorar la competitividad de las pequeñas y medianas empresas, luchar contra la pobreza y mejorar la eficiencia medioambiental del sistema productivo.

“Un sistema monetario y financiero alternativo y sano” es lo que propone Susana Martín Belmonte, copromotora del proyecto Eurocat y autora del libro “Nada está perdido”, donde explora la viabilidad de las monedas complementarias para reactivar las economías locales y empoderar a los ciudadanos con sistemas alernativos de pago, ante la concentración y los abusos del sistema financiero.

Bienvivir, bienamar: nosotros en la edad del yo*

Autonomía y bienvivir

La sociedad de consumo, la otra cara del turbocapitalismo global que vivimos, nos presenta el mundo como una gran manzana que engullir, un conjunto de experiencias episódicas que hay que degustar y devorar sin pérdida de tiempo, antes que decaiga el brillo de la novedad. El modelo es el éxito, el objeto es el símbolo y la experiencia es el premio. La aparente cornucopia de placeres tiene el efecto contrario al deseado, un individuo infeliz y alienado de sí mismo, refugiado en la inconsciencia, que puede derrumbarse al menos traspiés. Sus relaciones afectivas, de existir, serán frágiles y superficiales. En este entorno adverso, el individuo debe reconstruir su capacidad de amar para satisfacer plenamente sus necesidades humanas.



Existe una impresión, que creo está muy generalizada entre la población, de que asistimos a un deterioro progresivo de las relaciones sociales en los llamados países desarrollados, impulsado por los cambios en los estilos de vida que nuestras sociedades han sufrido de forma acelerada en las últimas décadas. Sin embargo, no es fácil probar esto con datos, así, en España el número de hogares de menores de 65 años formado por una sola persona creció hasta casi triplicarse, un 271%, entre 1991 y 2011, y ha seguido creciendo a buen ritmo desde ese año. Sin embargo, que las personas vivan solas no tiene necesariamente que indicar un deterioro de sus relaciones sociales, aunque sí parece claro que la relación de pareja ya no es para toda la vida para una parte cada vez mayor de la población. Por otro lado, cada vez existen más estudios acerca del problema de la soledad, precisamente por la creciente preocupación en torno a esta cuestión, pero no disponemos de datos que nos permitan comprobar la evolución de este sentimiento con el tiempo. El informe La soledad en España señala que un 7,9% de la población mayor de edad vive aislada socialmente, de estos un 80% se sienten solos, pero solo un 60% de los que viven solos por decisión propia sienten la soledad, y solo un 50% de los que viven en compañía. El informe cita pistas que estarían denotando un aumento de la soledad

Otros indicadores que posiblemente estén dando pistas también del auge de la soledad son el aumento de la tasa de suicidios en España, así como el incremento de enfermedades mentales, ya que en el origen de muchas de ellas estarían estados solitarios previos.


Aunque la soledad es un fenómeno transversal, y uno de los grupos vulnerables son los jóvenes hasta 30 años, el grueso de los solitarios son mayores, lo que no resta validez a la argumentación que desarrollo en el artículo, dado que sentirse solo es sentirse no amado, y ello denota la escasa capacidad de amar de nuestra sociedad. Al fin y al cabo el cuidado está evidentemente relacionado con el amor, con preocuparse y ocuparse activamente por alguien. No es extraño pues que hayan disminuido drásticamente los nacimientos, salvo en los países que ofrecen fuertes incentivos económicos para ello, como Francia. En la actualidad, los hombres, y sobre todo las mujeres que declaran abiertamente no desear tener hijos reclaman lo que Zygmunt Bauman denomina derecho a ser reconocido, es decir, que se vea su elección como algo completamente normal:

Durante mis años fértiles, he tenido todo el tiempo del mundo para tener hijos. Tuve dos relaciones estables, una de ellas desembocó en un matrimonio que aún continúa. Mi salud era perfecta. Podría habérmelo permitido desde el punto de vista económico. Simplemente, nunca los he querido. Son desordenados; me habrían puesto la casa patas arriba. Son desagradecidos. Me habrían robado buena parte del tiempo que necesito para escribir libros.

Junto a este grupo, también reclaman su derecho a ser reconocidos los que se definen como asexuales. No seré yo quien se lo niegue, la libertad de elección, la igualdad y el derecho a una vida digna están por encima de cualquier consideración. Lo que intentaré será exponer los condicionantes sociales que hay detrás de todo este conjunto de fenómenos, que evidentemente los hay, solo podemos explicar la menor duración de la relación de pareja a través cambios sociales, como también solo podemos explicar de esta forma que el porcentaje de población que se declara asexual sea muy distinto en Japón que en los países occidentales:

una encuesta de la Asociación de Planificación Familiar de Japón (APFJ) mostró que 45% de las mujeres entre 16 a 24 años no estaba interesadas, o incluso rechazaban, cualquier contacto sexual

Nuestro punto de partida será por tanto la frase atribuida a Jean Paul Sartre “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él” ¿Y qué es lo que hicieron de nosotros? Hicieron que nuestra característica más definitoria sea la de consumidores, y ello tiene profundas implicaciones que ya explicamos. En la sociedad de consumo nos vemos a nosotros mismos como un producto en un mercado, pensamos en nuestras particularidades físicas, las habilidades y conocimientos que adquirimos o los productos que usamos, y su marca, como características que nos dan un valor de cara a establecer una relación con los demás. Y valoramos de la misma forma al resto de personas. El éxito es el modelo, en el sentido de ser un producto atractivo. Las relaciones amorosas no son una excepción a la regla, y esto ya lo percibió Erich Fromm tan pronto como en 1956, antes incluso del surgimiento de la sociedad de consumo. En su libro El arte de amar señala:

Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente de una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir. “Atractivo” significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de personalidad. […] De cualquier manera, la sensación de enamorarse solo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio. Quiero hacer un buen negocio; el objeto debe ser deseable desde el punto de vista de su valor social y al mismo tiempo, debo resultarle deseable, teniendo en cuenta mis valores y potencialidades manifiestas y ocultas. De ese modo, dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio.

El modelo es el éxito, y el objeto es el símbolo, aunque en realidad no sea más que un medio, una forma de mediar las relaciones humanas.

La acumulación de experiencias, junto con la adquisición de objetos de consumo, es la forma de “capitalizarse”, adquirir un valor de cara a los otros, invertir en uno mismo. Es la forma de posicionarse en el mercado de la personalidad donde los futuros amantes se validan intersubjetivamente y esperan realizar un buen intercambio, encontrar un compañero de igual o mayor valor de cambio que ellos mismos.

No es difícil observar que esto es problemático de cara a las relaciones humanas, si concebimos nuestras relaciones en función del coste y beneficio, como una transacción ¿que pasa cuando un miembro de la pareja percibe que su valor en el mercado ha subido, por ejemplo por un ascenso, nuevas habilidades, envejecer mejor que su pareja? El intercambio ya no le resultará provechoso, en consecuencia buscará otro, romperá su relación y buscará otra que se adecue mejor a su valor de mercado.

Incluso los medios a través de los cuales intentamos adquirir “valor de mercado” pueden convertirse en un fin en si mismos, y hacer todavía más frágil la relación ¿Que ocurre cuando descubrimos que nuestras experiencias no están a la altura de la publicidad?

Últimamente las expectativas de la vida sexual son tan altas que nos han vuelto desdichados, losers, eyaculadores precoces, demandantes de cirugías plásticas vaginales o alargamientos de pene, aspirantes a utilizar técnicas que ni las geishas más experimentadas dominan, catadores profesionales de practicas sexuales en busca de aquella que “si sea para tanto”

¿No buscaremos nuevas experiencias? ¿Alguien que nos permita adquirir más “capital”?

Cuando percibimos que nuestras relaciones se basan en el equilibrio entre coste y beneficio, que son frágiles, tomamos precauciones al respecto, intentamos no “invertir” demasiado en ellas, estar preparados para disolverlas de forma rápida y poco traumática. En palabras de Zygmunt Bauman en su obra Amor líquido

Por supuesto, un relación es una inversión como cualquier otra, ¿y a quién se le ocurriría exigir un juramento de lealtad a las acciones que acaba de comprarle al agente de bolsa? ¿Jurar que será semper fidelis, en las buenas y en las malas en la riqueza y en la pobreza, “hasta que la muerte nos separe”? ¿No mirar nunca hacia otro lado, donde (¿quién sabe?) otros premios nos esperan?

Nos esperan otros premios, pero no necesariamente la felicidad volviendo a Amor líquido

Comprometerse con una relación que “no significa nada a largo plazo” (¡y de esto son conscientes ambas partes!) es una espada de doble filo. Eso deja librado a su cálculo y decisión la posesión o el abandono de la inversión, pero no hay motivo para suponer que su pareja, si lo desea, no ejercerá a discreción el mismo derecho, y que no estará libre para hacerlo a él o a ella se le antoje. La conciencia de ese hecho aumenta aún más su inseguridad.

La vorágine consumista tiene una cara siniestra, la necesidad de estimular constantemente el deseo, lo cual se consigue devaluando la experiencia anterior. Ni siquiera de la acumulación de experiencias, o capital personal, podemos esperar gran cosa. Como ya señaló Aldous Huxley, a pesar de la fiebre de nuestra sociedad por los inventos, no hay señales de que estos inventores deseosos de aumentar los dígitos en su cuenta corriente sean capaces de inventar una experiencia nueva que no haya acompañado a la humanidad a lo largo de toda su historia.

El amor y la felicidad están por tanto bajo sospecha, no parece que la nuestra sea una sociedad donde sea sencillo alcanzarlos. Es un problema que en gran parte tiene un origen social, por consiguiente la mejor forma de atajarlo sería socialmente ¿cómo? Tendríamos que pensar en una sociedad menos individualista y que al mismo tiempo permita el desarrollo auténtico de las potencialidades individuales, dado que en el presente el individualismo es un decorado detrás del cual se esconden individuos idénticos, que actúan y piensan de la misma forma y se diferencias en pequeños detalles sobre sus hábitos de consumo. Nadie sabe como puede ser esa sociedad, aunque desde Autonomía y Bienvivir hemos lanzado una hipótesis.

A pesar de las dificultades, en lo que seguirá trataré de alumbrar, tímidamente, una respuesta adaptativa, individual (no podemos vivir de espaldas a nuestra sociedad) a lo que el resto considera bueno o aceptable. La respuesta individual, siendo limitada, no puede evitar ser disruptiva. Amar, en una sociedad en la que esto es raro, puede inducir cambios que vayan más allá de lo que podemos predecir. Nadar contra la corriente no deja de ser disruptivo, aunque se trate de una gota en un océano, si más gente siguiendo nuestro ejemplo se lanza al agua ¿quién sabe si todos juntos serán capaces de cambiar el sentido en el que fluye la corriente? No hay alternativas, solo intentarlo.



*Fragmento de un artículo más extenso que será publicado en La Proa del Argo