Frugalidad y vida minimalista

Musa Frugal

La frugalidad es una filosofía de vida basada en el consumo responsable y sostenible. Consiste en tener solo lo que necesitamos o lo que nos hace felices, eliminando todo gasto accesorio. Ser frugal es ser ahorrador, prudente y anticonsumista. Este estilo de vida no centra la felicidad en las posesiones materiales ni el estatus social, sino en las relaciones personales, la creatividad y los placeres sencillos de la vida. El minimalismo como forma de vida está muy relacionado con la frugalidad, y en este blog hablaremos de cómo puede ayudarte a vivir en libertad y abundancia, y a conseguir cosas como librarte de la necesidad del trabajo, romper con las cadenas del sistema de deudas que te atrapa y hasta salvar el mundo. La frugalidad y el minimalismo fomentan la sostenibilidad promoviendo un mundo mejor y una vida libre de la prisión laboral del consumo.



musa frugal: estilo de vida minimalista y frugalidad


En este blog hablaremos de dinero, sostenibilidad y hábitos de consumo. Para ello, hablaremos de temas relacionados con la mentalidad, la cultura, el ahorro, el estilo de vida y muchos otros factores que afectan a las decisiones que tomamos cada día.

La vida no está hecha para pasarnos el día en una oficina mientras otras personas crían a nuestros hijos, ni para aguantar abusos del jefe de turno porque dependemos de esa nómina a principios de mes con la que pagaremos nuestras deudas y compraremos cosas que no necesitamos. La sociedad nos empuja hacia una espiral de trabajo y consumo donde vivimos semanas de 40 horas esperando el fin de semana, esforzándonos por pagar más y más cosas, hasta que nos jubilamos. Pero la vida está para vivirla y para ser feliz.

Sea cual sea tu situación, ya estés endeudado hasta las cejas o sentado sobre una montaña de ahorros, la Musa Frugal puede inspirarte asombrosas transformaciones.

¿Pero qué es esto de la frugalidad?

No es nada nuevo. Nuestros abuelos ya conocían este revolucionario estilo de vida sin haber leído ni un solo blog, o aunque no le dieran un nombre. Sin embargo, hoy en día está de moda y se ha convertido en un movimiento liderado por las nuevas generaciones.

Curiosamente, el movimiento surge en Estados Unidos, país considerado creador del consumismo desmedido. Allí, cada vez más personas eligen vivir una vida de extrema frugalidad para alcanzar la independencia financiera y jubilarse jóvenes. Hay numerosas historias de éxito y todas ellas pueden leerse en la blogosfera de la frugalidad.

Frugal living (vida frugal), early retirement (jubilación temprana o jubilarse joven) o financial freedom (libertad financiera o económica) son algunos de los conceptos más en boga de este movimiento americano del que tanto podríamos aprender (y del que tanto aprenderemos en este blog).

Hay un gran número de blogs y libros dedicados a esta forma de pensar y de vivir. Algunos de los blogs más destacados son: Early Retirement Extreme o 1500 Days to Freedom, todos lecturas muy recomendables (si tienes un buen nivel de inglés). Pero el sistema socioeconómico de Estados Unidos es muy diferente al nuestro y muchas cosas sencillamente no aplican a nuestro caso. En este blog daremos consejos que pueden aplicarse en nuestro entorno. En este blog iremos publicando recomendaciones de libros, documentales, podcasts y todo tipo de material que pueda resultarte útil en tu viaje hacia la independencia financiera.

¿Cuál es la definición de «frugalidad»?

En el vocabulario de la lengua española, la palabra frugal no es común. Es más, cuando se tiene que traducir del inglés, se opta muy a menudo por las palabras tacaño o tacañería, lo cual es un error descomunal que solo consigue inyectar una gran dosis de negatividad en la dulce energía de la frugalidad. Otras veces, se opta por el término austeridad, mucho más acertado que tacañería, pero con frecuencia implica un componente religioso o moral. Nosotros hablaremos de finanzas, estilo de vida, consumo responsable, ahorro y dinero. La religión y la moral es algo que cada uno debe considerar de forma individual.

Por eso, la Musa Frugal está aquí para darle a la lengua española la desconocida elegancia y energía positiva de la frugalidad.

Definición de la Musa Frugal: Crear más y consumir menos:
Parquedad en todos los gastos económicos que no contribuyan directamente a tu felicidad.

Palabras relacionadas con frugalidad: Simpleza, sencillez, minimalismo, austeridad, estoicismo, consumo responsable, sostenibilidad, anticonsumismo. Anticrisis.

¿Qué implica llevar un estilo de vida frugal y minimalista?

Cuando empieces a aplicar los cambios que la Musa Frugal te inspire, verás como el dinero empieza a acumularse, verás como tus necesidades se han reducido y te sientes en control absoluto sobre tu vida y tus finanzas. A grandes rasgos, si tuviéramos que resumir este estilo de vida en 7 breves puntos, serían:
  1. Gastar dinero únicamente cuando es necesario y cuando ese gasto o esa compra nos aporta felicidad.
  2. Romper con el ciclo tóxico del consumismo.
  3. Aprender a hacer las cosas por nosotros mismos, en lugar de pagar a otros para que lo hagan (DIY).
  4. Volver a las cosas básicas de la vida donde la verdadera felicidad reside.
  5. Ahorrar dinero. Y me refiero a ahorrar MUCHO, apartar un 10% de tu sueldo cada mes está muy bien, pero hará que tu camino hacia la independencia financiera dure décadas. En este blog hablaremos de ahorros enormes, como mínimo del 50% de tu sueldo.
  6. Explorar formas alternativas de ganar dinero.
  7. Vivir en un estado permanente de abundancia y felicidad.
En este blog ahondaremos en todos y cada uno de estos puntos, y mucho más.
Por útlimo…

La frugalidad es sostenible, el consumismo no

No me extenderé en describir el penoso estado de nuestro ecosistema, pero todos sabéis que la humanidad lo está dañando a una velocidad nunca registrada antes en la historia. El calentamiento global, el cambio climático, la veloz extinción de las especies animales, la escasez de agua potable, el malgasto de recursos… Y un sinfín de alarmantes problemas ante los cuales muchas personas eligen mirar hacia otro lado y seguir como si no pasara nada, entregándose al consumo desenfrenado e irresponsable.

La Musa Frugal nos inspira a hacer cambios en nuestra vida que nos beneficiarán a nosotros, a nuestras familias y al planeta en el que vivimos.

En definitiva: Vive frugalmente, hazte rico y salva el mundo. 

Leyenda hindú

Cuenta una vieja leyenda hindú que en los albores de la humanidad todos los hombres que habitaban la tierra eran dioses. Podemos imaginar como sería la vida para esos dioses humanos que se divertían sin fin llegando incluso a abusar de su estrenada divinidad. Tal fue el abuso que comenzaron a realizar el mal, algo ante lo que Brahma (dios supremo) se vio obligado a reaccionar. Decidió que era necesario hacer del inmortal y divino hombre un ser mortal con cualidades limitadas. Así pues, el don que se le había dado sería escondido en algún lugar donde jamás pudiera encontrarlo.


Brahma se reunió con todos los dioses menores con el fin de buscar el mejor de los escondites para la inmortalidad y divinidad del hombre. Pero el gran problema se manifestó al darse cuenta de que era imposible dar con ese recóndito e inaccesible lugar.
Cuándo alguien dijo “Esconderemos la divinidad del hombre en lo más profundo de la tierra” se dieron cuenta de que sería absurdo, el hombre sabía cavar perfectamente así pues llegaría un momento en el que daría con ella.
Propusieron entonces sumergirla en lo más profundo de los océanos, pero Brahma no lo vio nada claro “ tarde o temprano el hombre aprenderá a sumergirse en el océano y también allí lo encontrará”.
La última de las propuestas de los dioses hablaba de la montaña más alta de la tierra. Pero al parecer Brahma tenía muy claro que el hombre conseguiría subir a todas y cada una de las montañas, por tanto también lo terminaría encontrando.
Los dioses estaban agotados, no sabían que hacer. Empezaban a pensar que no había lugar en la tierra en el que pudieran esconder la divinidad del hombre. Pero justo en el momento en el que iban a tirar la toalla Brahma lo vio claro “Escondedla dentro del hombre mismo; jamás pensará en buscarla allí”.
Así pues ocultaron en el interior de cada ser humano su parte más divina, algo que jamás encontraría a pesar de cavar hasta lo más profundo, recorrer el fondo marino o subir a la montaña más alta de la tierra. Algo que siempre llevaría consigo mismo sin notarlo ni verlo.

Una reformulación feminista del Decrecimiento y el Buen Vivir

Laura Pérez Prieto y Mónica Domínguez-Serrano -
Una reformulación feminista del Decrecimiento y el Buen Vivir. Contribuciones para la sostenibilidad de la vida humana y no humana

"Esta comunicación plantea una revisión feminista de paradigmas emergentes como el Decrecimiento y el Buen Vivir y propone un diálogo entre estas filosofías y políticas alternativas para salir del ideario dominante y construir una economía para la vida, con propuestas concretas en las que se establecen relaciones igualitarias y armónicas entre mujeres, hombres y naturaleza. Para ello, se toma el enfoque de la sostenibilidad de la vida humana, formulado por la Economía Feminista, y estrechamente vinculado con a) la reproducción de las condiciones de vida en situación de justicia e igualdad para todos los seres humanos y b) la despatriarcalización, desmercantilización y universalización de esos cuidados. Finalmente, con el objetivo de superar escisiones y proponer una visión más completa de la sostenibilidad, se complejiza y enriquece esta perspectiva con las aportaciones primeras para hablar de la sostenibilidad de la vida humana y no humana, incorporando a las relaciones de interdependencia y cuidado humanos, las relaciones de ecodependencia y el cuidado a la naturaleza, como sujeto de derechos

(...)


 
A pesar de haberse estudiado la convergencia crítica y las potencialidades de los vínculos políticos entre el Feminismo y el Decrecimiento (Tudela 2008, Herrero 2012, Monsangini 2012a y 2012b), se observa que los pensadores más destacados e internacionalmente reconocidos, no incluyen esta perspectiva.  

Como establece el grupo de Decrecimiento Feminista Vasco Deazkundea: “ resulta descorazonador constatar que una disciplina crítica como el Decrecimiento ignora habitualmente el prolijo desarrollo teórico feminista, e incluso en algunos casos se encuentran textos que se apropian de sus aportes sin reconocer su origen y desactivando su carga ideológica” (Grupo Deazkundea 2013:2).

Este colectivo cuestiona algunos conceptos clave justamente para que la práctica del Decrecimiento sea coherente con la óptica feminista, haciendo especial hincapié en el concepto de trabajo y específicamente en el trabajo de cuidados, que no aparece a menudo explicitado en los ensayos divulgativos de la teoría y la práctica Decrecentista. El grupo vasco, incluye el necesario trabajo de cuidados en el esquema de las 8 R de Latouche (2008), modificando 3 de ellas: la Reconceptualización, la Reestructuración y la Relocalización.

En la Reconceptualización, el Decrecimiento define qué es la riqueza y la pobreza y pone en tela de juicio que el objetivo de la vida humana sea la producción industrial y el consumo. Un análisis feminista, requeriría también, una Reconceptualización de la idea de trabajo para incluir en él la dimensión de cuidados, que sí que sería un eje central de la existencia humana. 

En segundo lugar, el Decrecimiento define la Reestructuración como la transformación del aparato de producción y las relaciones sociales en función del cambio de valores. En este sentido, el Feminismo llama la atención sobre la necesidad de meter en esa transformación a los hogares y familias, que pertenecen al “ámbito de lo privado”, pero que son instituciones sociales que reproducen esquemas de desigualdad y en las que no se asume el trabajo de cuidados por igual. Reestructurar, sería según este colectivo, realmente transformador, si pasara por sacar las necesidades de cuidado del mercado, reduciendo la dependencia de él y aumentando la capacidad de resiliencia del sistema humano. 

Relocalizar sería para este paradigma emergente, producir de manera local y sostenible, a través de canales cotos de producción y consumo. El enfoque feminista propone al respecto, que para satisfacer una necesidad básica como el cuidado, también habría que relocalizar estos trabajos y frenar un problema de carácter internacional como las cadenas de cuidados, que están provocando feminización de la pobreza y de las migraciones. 

A partir de estas reformulaciones y algunas otras hechas por ecofeministas y ecologistas feministas (Herrero 2012; Mosangini 2012a y 2012b), se incorporaría la perspectiva del cuidado de la vida desde una dimensión más amplia que la ecológica, asegurando no sólo la justicia ambiental, sino también la justicia de género. 

De esta manera, este movimiento, que se postula con muchas potencialidades en los países del Norte global, se convierte en incluyente para todos y todas y se postula, tal y como pretende, como un marco de encuentro con otras iniciativas sostenibles como la agroecología, los movimientos altermundistas, campesinos, o el Buen vivir, compuestos por hombres y mujeres que reivindican cuidados para la naturaleza, pero que también deben hacerse conscientes de su necesidad de ser cuidados/as."

Rebeldías en común


 

Libros en Acción

Montes que se manejan de forma comunal, cofradías de pescadores/as que insisten en realizar una pesca artesanal y sostenible, programadores/as que reproducen entornos comunicativos basados en el software libre, mercados que ligan directamente a personas productoras y consumidoras, redes de semillas que trabajan para mantener la biodiversidad cultivada, cooperativas que apuestan por una energía sostenible, iniciativas de crédito colectivo o comunitario, grupos educativos o de crianza que atienden las necesidades de las/os más pequeñas/os, organizaciones asamblearias de agricultores/as que cultivan territorios y bienes naturales, grupos locales que construyen monedas sociales, aprovechamiento compartido de dehesas, experiencias de economía social con criterios de sostenibilidad y horizontalidad como base de su funcionamiento, medios de comunicación y de difusión de información que se construyen según pautas cooperativas: todo este paisaje de autoorganización social formaría parte de lo que podemos reconocer como el “paradigma de los comunes”. Evocadoras realidades que apuntan a otras formas de recrear un mundo que se nos aparece roto ambiental y socialmente, donde la economía convencional insiste en provocar desigualdades, depredar recursos, precarizar vidas y esclavizar a base de deudas externas y hogares endeudados.

Muchas de estas prácticas tienen una larga tradición en el mundo. Son y han sido formas resilientes de gestionar, de forma sostenible y democrática, bienes naturales que resultaban esenciales para la reproducción de las comunidades. Son los comunales tradicionales, que desde antaño han llegado al presente, reivindicando tanto su vigencia como su necesidad de reinventarse, para continuar desarrollando su papel en el funcionamiento de ecosistemas y economías a escala planetaria. En el Estado español, los terrenos gestionados de forma comunal ocupan más de 4 millones de hectáreas, la pesca artesanal apoyada en cofradías locales es la ocupación de miles de personas, las redes de semillas agrupan por todo el territorio a plataformas que pretenden “resembrar” e “intercambiar” la biodiversidad cultivada. Iniciativas con larga historia, como el Tribunal de las Aguas en Valencia, o más recientemente, comunidades de regantes revitalizadas desde administraciones públicas y agricultores/as, son un referente de manejo que impulsa la gestión comunitaria del riego.

Más longevos y con mayor arraigo inclusive serían los comunes entendidos desde tradiciones indígenas, campesinas o de esclavos/as rebeldes en toda América Latina y África: los ejidos mexicanos, la concepción comunitaria del territorio a lo largo de los Andes o en buena parte de los territorios del África subsahariana, las prácticas de trabajo cooperativo como las mingas en el seno de los ayllús bolivianos, los quilombos 1 en Brasil, la familia extensa que se gobierna en solidaridad (el ujamaa que acuñara posteriormente Julius Nyere como el socialismo de base africana).

Dichas formas, adaptadas a distintos contextos geográficos y culturales, ayudaban a crear sinergias entre territorios, comunidades y economías que aseguraban la disposición sostenible de ciertos recursos. No conviene forjarse visiones románticas o idealizadas: no aseguraban necesariamente una redistribución de las riquezas producidas en un territorio, garantizaban solo el acceso a estos bienes a una parte de la población, pues frecuentemente no encontraremos en ellos mujeres o jóvenes. Y sin embargo, con todas sus carencias, limitaciones y contradicciones resurgen como inspiradoras referencias, en un contexto de previsible naufragio social y de transición inaplazable hacia nuevos sistemas políticos y socioeconómicos.

Experiencias surgidas de la necesidad y perfiladas por siglos de práctica, que invitan a indagar los aprendizajes que se pueden extraer de estas iniciativas que ya tuvieron que lidiar con la conflictividad de la organización colectiva, la gestión del poder o el cuidado del territorio en clave de sostenibilidad socioambiental. Este libro surge del afán por generar un conocimiento, anclado en prácticas concretas, pero que aspire a construir nuevas instituciones económicas, que mantengan el espíritu de lo que Elinor Ostrom señalara en El gobierno de los bienes comunes: experiencias de gestión sostenible en materia política y ambiental, basadas en reglas nítidas que garantizan condiciones de acceso a bienes, respetando ciertos límites y arraigadas en unos principios culturales y políticos, que apuntan a una distribución del poder y a ciertas garantías de inclusión social. Apuntes que nos permitan sistematizar prácticas y construir economías pegadas al territorio, a la democratización desde abajo y a la satisfacción de nuestras necesidades humanas por encima de visiones de la economía depredadoras, injustas e insostenibles.

Como sabemos, bajo la modernidad se impuso un modelo de desarrollo basado en métodos “científicos”, se consolidó el capitalismo como modelo económico, se conformaron los nuevos Estados-nación, surgió la colonización y se terminó imponiendo la razón técnica, de manos de personas consideradas expertas que se encargarían de “civilizar” el mundo. Un proceso que desvertebró las economías campesinas e hizo saltar por los aires buena parte de estos manejos comunales. Territorio, comunidad y reglas para resolver conflictos, garantizar el acceso y la reproducción de bienes naturales, se fueron desacoplando.

Posteriormente, entre los años sesenta y ochenta, la Guerra Fría estableció recurrentemente una aparente dicotomía política en torno a las instituciones: ¿debía ser el Estado o el mercado el motor de un “desarrollismo” que no se ponía en duda?, ¿era el camino institucional, el llamado socialismo real de la extinta URSS, y su propuesta de centralización económica, o por el contrario era el capitalismo estadounidense montado a lomos de un individualismo consumista y de marcada desconfianza hacia los poderes públicos? Como advertía Karl Polanyi, economía y política se daban la mano: cada salto en los procesos de acumulación capitalista se sustenta en decisiones políticas orientadas a legitimar nuevas depredaciones comunitarias, la mercantilización de nuevas esferas de la vida o la elaboración de una gramática económica acorde con estos intereses.

Y contra todo pronóstico, muchas de estas iniciativas comunales resistieron y resisten a las nuevas legislaciones que impulsan la desposesión a través de ajustes estructurales del FMI o de la Unión Europea, los programas de desarrollo rural para la inserción de territorios como industrias subordinadas al capitalismo global o la regulación de determinadas administraciones locales, de manera que se garantice su servidumbre a las demandas de las grandes empresas. Los comunes tradicionales son islas en un océano de mercantilización y de enfoques estadocéntricos, capaces de reproducirse a contracorriente y de servir de inspiración para nuevas prácticas emergentes que denominamos nuevos comunes. Las islas se van interconectando y aspiran a conformar un archipiélago.

Los nuevos comunes son aquellas prácticas que intentan cerrar circuitos (políticos, energéticos, alimentarios) en un territorio dado y nos ayudan a democratizar fragmentos del mundo. Agrupaciones desde las que desarrollar formas diferenciadas de producir (economía solidaria, cooperativismo de trabajo, consumo justo, cooperativas para una transición energética, el mundo de la agroecología…); aprender (cooperativas de enseñanza, escuelas populares, comunidades de aprendizaje…); convivir (grupos de crianza, formas cooperativas de organizar los cuidados, cooperativas de vivienda, recuperación de pueblos abandonados….); cuidarse (mutualidades, cooperativas de salud, grupos de crianza…); relacionarse con las culturas y las nuevas tecnologías, de forma que sean accesibles y no se mercantilicen (software libre, cultura libre…); en definitiva, instituciones capaces de sostener y hacer deseables otros estilos de vida.

Iniciativas innovadoras que arrancan de un sustrato de cooperación social, que surgen de procesos vivos antes que de modelos estancos y de instituciones formalizadas administrativamente, asumen la gestión colectiva y la reproducción de bienes naturales (agua, bases alimentarias, montes, etc.) o bienes que nos permiten la cooperación (conocimiento, tecnologías de comunicación, mercados, espacios públicos o comunitarios, educación…) y no lo hacen de forma restringida, sino poniendo el acento en la democratización de las relaciones económicas, dentro y fuera de las propias experiencias. La importancia de los nuevos comunes se basa en las diversas iniciativas que se multiplican hoy en día, y que queremos ayudar a visibilizar con la publicación de este libro. No se trata de una nueva filosofía política, sino más bien, de una práctica que desarrolla transiciones hacia otros sistemas económicos y políticos. De esta manera, si hablamos de economías sociales en una ciudad como Barcelona, la economía en régimen cooperativo atiende a un 8% del total de lo producido y valorado monetariamente en la ciudad. Los grupos que ligan directamente producción y consumo, generalmente bajo iniciativas locales y asamblearias, suponen más de 100.000 personas dedicando tiempo en este Estado a la construcción cooperativa de sistemas agroalimentarios locales.
Comunales y nuevos comunes tienen mucho en común, aunque los separe y política se daban la mano: cada salto en los procesos de acumulación capitalista se sustenta en decisiones políticas orientadas a legitimar nuevas depredaciones comunitarias, la mercantilización de nuevas esferas de la vida o la elaboración de una gramática económica acorde con estos intereses.

Y contra todo pronóstico, muchas de estas iniciativas comunales resistieron y resisten a las nuevas legislaciones que impulsan la desposesión a través de ajustes estructurales del FMI o de la Unión Europea, los programas de desarrollo rural para la inserción de territorios como industrias subordinadas al capitalismo global o la regulación de determinadas administraciones locales, de manera que se garantice su servidumbre a las demandas de las grandes empresas. Los comunes tradicionales son islas en un océano de mercantilización y de enfoques estadocéntricos, capaces de reproducirse a contracorriente y de servir de inspiración para nuevas prácticas emergentes que denominamos nuevos comunes. Las islas se van interconectando y aspiran a conformar un archipiélago.

Los nuevos comunes son aquellas prácticas que intentan cerrar circuitos (políticos, energéticos, alimentarios) en un territorio dado y nos ayudan a democratizar fragmentos del mundo. Agrupaciones desde las que desarrollar formas diferenciadas de producir (economía solidaria, cooperativismo de trabajo, consumo justo, cooperativas para una transición energética, el mundo de la agroecología…); aprender (cooperativas de enseñanza, escuelas populares, comunidades de aprendizaje…); convivir (grupos de crianza, formas cooperativas de organizar los cuidados, cooperativas de vivienda, recuperación de pueblos abandonados….); cuidarse (mutualidades, cooperativas de salud, grupos de crianza…); relacionarse con las culturas y las nuevas tecnologías, de forma que sean accesibles y no se mercantilicen (software libre, cultura libre…); en definitiva, instituciones capaces de sostener y hacer deseables otros estilos de vida.

Iniciativas innovadoras que arrancan de un sustrato de cooperación social, que surgen de procesos vivos antes que de modelos estancos y de instituciones formalizadas administrativamente, asumen la gestión colectiva y la reproducción de bienes naturales (agua, bases alimentarias, montes, etc.) o bienes que nos permiten la cooperación (conocimiento, tecnologías de comunicación, mercados, espacios públicos o comunitarios, educación…) y no lo hacen de forma restringida, sino poniendo el acento en la democratización de las relaciones económicas, dentro y fuera de las propias experiencias. La importancia de los nuevos comunes se basa en las diversas iniciativas que se multiplican hoy en día, y que queremos ayudar a visibilizar con la publicación de este libro. No se trata de una nueva filosofía política, sino más bien, de una práctica que desarrolla transiciones hacia otros sistemas económicos y políticos. De esta manera, si hablamos de economías sociales en una ciudad como Barcelona, la economía en régimen cooperativo atiende a un 8 % del total de lo producido y valorado monetariamente en la ciudad. Los grupos que ligan directamente producción y consumo, generalmente bajo iniciativas locales y asamblearias, suponen más de 100.000 personas dedicando tiempo en este Estado a la construcción cooperativa de sistemas agroalimentarios locales.
Comunales y nuevos comunes tienen mucho en común, aunque los separe lazos sociales (expresión, afectos, identidad) a la casa donde habitamos (el hogar, el territorio, el planeta).

Lo común es un concepto, que de forma innegable, está de plena actualidad en los debates de la esfera pública sobre nuevas institucionalidades y mecanismos de gobernanza, conformando un nuevo campo de investigación académica pero, sobre todo, porque forma parte del léxico compartido entre quienes se enfrentan a la oleada de privatizaciones, la mercantilización o el acaparamiento de recursos (agua, tierra, semillas…), construyendo nuevas realidades.

1 Los quilombos eran los lugares ubicados en selvas, bosques y montañas, donde convivían las comunidades políticamente organizadas de negros esclavos cimarrones que se rebelaban o se fugaban de su vida de esclavitud

El dogma del crecimiento ha fracasado

Mauricio Pallante  - Comune info

Escrito original en italiano

Junto con otros profesores y expertos en economía, establecí el Instituto de Estudios de Bioeconomía Interdisciplinarios. El dogma del crecimiento ha fracasado. Necesitamos una propuesta bien estructurada con la contribución de todos, capaz de análisis y respuestas válidas. Se necesita una larga visión para crear capacidades futuras. Aquí está el manifiesto:

"La producción mundial de bienes ha superado la capacidad del planeta para suministrar los recursos renovables que necesita, ha reducido drásticamente los depósitos de muchos recursos no renovables, aumentando sus costos de extracción y aumentando la incidencia del daño ambiental que causa. superando la capacidad de la biosfera para metabolizar los desechos biodegradables que genera, ha aumentado las cantidades de sustancias de síntesis químicas, tóxicas y no tóxicas que la biosfera no puede metabolizar. El día la humanidad consume todos los recursos renovables que se regeneran anualmente desde el planeta.



La fotosíntesis de clorofila, cayó a mediados de agosto. Y no se puede negar que la mayoría de la población del mundo consume menos de lo que costaría vivir con dignidad, o simplemente sobrevivir. El héroe (energía devuelta en energía invertida: la relación entre la energía consumida para obtener energía y la energía obtenida), en el sector de combustibles fósiles, cayó del valor de 1/100 de 1940 al valor de 1/6 al final. del siglo pasado. Las crecientes dificultades para satisfacer la demanda energética que se ha logrado han aumentado los desastres ambientales y los desastres humanitarios: derrames de enormes cantidades de petróleo en los océanos (las mareas negras), el uso de una técnica devastadora como el fracking para obtener hidrocarburos de esquistos bituminosos, accidentes muy graves en centrales nucleares con los que se compensa la insuficiencia de la producción de energía termoeléctrica, conflictos cada vez más sangrientos y generalizados para controlar las áreas del planeta donde insisten los depósitos más abundantes de petróleo y metano. El aumento de las emisiones de dióxido de carbono relacionado con el uso de combustibles fósiles y la reducción de la capacidad del planeta para metabolizarlos con la fotosíntesis de la clorofila como resultado de la destrucción de bosques y bosques, la reducción del plancton resultante del aumento de la temperatura del océano.

La mineralización de los suelos agrícolas causada por la fertilización química para aumentar los rendimientos, ha aumentado en poco más de un siglo las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera de 270 a 410 partes por millón, lo que ha provocado un aumento de la temperatura de la Tierra y un cambio climático. Apenas estamos empezando a experimentar los efectos devastadores. 

En los océanos flotan masas de masilla plástica de gran tamaño como continentes. Las sustancias tóxicas y las sustancias de síntesis química utilizadas en la agricultura y en algunos procesos industriales dañan cada vez más especies de especies vivas, disminuyen la fertilidad del suelo, reducen la biodiversidad, aumentan la propagación de enfermedades incurables en la especie humana. El crecimiento de la producción de productos básicos es la causa de la crisis ecológica que amenaza la supervivencia misma de la humanidad. La crisis ecológica está destinada a empeorar mientras la economía siga creciendo para producir bienes.

La finalización de las actividades de producción para el crecimiento de la producción de bienes es también la causa subyacente de la crisis económica que comenzó en 2008, que las medidas tradicionales de política monetaria y fiscal no han podido erradicar porque no es una crisis cíclica, es decir, una Anomalía temporal en el funcionamiento del sistema económico y productivo, pero consecuencia inevitable de su funcionamiento. Si el fin de las actividades de producción es el crecimiento de la producción de bienes, las empresas no pueden invertir sistemáticamente en tecnologías que aumentan la productividad, es decir, permiten producir más en una unidad de tiempo, reduciendo la incidencia del trabajo humano en el valor. añadido. Esto no conduce automáticamente a una reducción en el empleo, como se cree generalmente. El empleo no disminuiría si, como resultado del aumento de la productividad, se decidiera reducir las horas de trabajo. Sin embargo, la competencia no permite que se tome esta decisión, por lo que si decide mantener las horas de trabajo intactas, como sucedió y qué sucede, el número de empleados disminuye.

En los treinta años de intenso crecimiento económico desde el final de la Segunda Guerra Mundial, que los economistas franceses han definido como gloriosos, la reducción en el número de empleados en la agricultura ha sido absorbida en gran medida por el aumento en el número de personas empleadas en la industria y los servicios, la subsiguiente reducción de empleados en la industria ha sido absorbida por nuevos aumentos en el empleo en servicios, la reducción de empleados en sectores industriales"

¿Qué es el yoga?


(…) quiero aprender la disciplina del Haṭha Yoga que lleva al conocimiento de la verdad (tattva—jñāna).

(…) No hay cadenas como las de la ilusión (māyā). No hay fuerza como la que proviene de la disciplina (yoga). No hay amigo mas elevado que el conocimiento (jñāna). Y no hay enemigo mayor que el sentimiento de individualidad (ahaṃkāra).”


Podemos decir que el yoga es un estado de la conciencia en el que la persona se pone en disposición de iluminarse con la verdad

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En nuestra búsqueda de la verdad cuando reflexionamos sobre nuestra propia existencia y el mundo que nos rodea, llegamos a la conclusión de que todo lo que sentimos, real o imaginario forma parte de nuestra mente.
El mundo que experimentamos es un surtido de partículas subatómicas y campos de energía. En esta materia prima de la que formamos parte 'tomamos conciencia' y representamos la realidad construida por nuestra mente de acuerdo con patrones que provienen de la biología, de la cultura y de la experiencia propia de nuestra vida.
Nuestros sentidos y nuestro sistema nervioso representan dos mil millones de años de tiempo evolutivo, válidos para nuestra supervivencia en el universo del que formamos parte.
Las personas intentamos el acceso a la 'verdad' a través de diferentes vías: el sentido común, la ciencia, la poesía, la espiritualidad, el arte, el saber compartido, la conversación, el entendimiento, la intuición, la religión, la mitología, la filosofía, …
El yoga se presenta así como una forma de acceso a la verdad a través de la liberación.
Aunque actualmente el yoga se utiliza como una forma de ejercicio que es bueno para la salud tanto física como emocional (principalmente mediante la utilización de la respiración consciente, las asanas y la relajación), debemos de tener en cuenta que el auténtico propósito del yoga se refiere a la comprensión de la existencia; y para ello, éste desarrolla una serie de técnicas que permiten acceder a ese nivel de conciencia.
El yoga debe encararse como la persona luchadora que va al combate, entendiendo que el ejército es el conocimiento, y el mayor enemigo es uno mismo, porque la realidad que vemos, que observamos es un espejismo, la realidad aparente a la cual estamos atados, impide liberarnos y nos oprime.
Por ello el  Yoga es un instrumento de conquista de la libertad del alma de la esclavitud que nos encadena; ya que el fin último es la comprensión de lo divino, y hacerlo nuestro.



Decrecimiento en el contexto del paradigma de la Gente y el Planeta

Alvaro de Regil CastillaExtraído de: Sostemiento Real y Decrecimiento en el imaginario ciudadano




La idea de repensar por completo nuestras formas de organización social debido a la contradicción evidente entre el sistema capitalista y la verdadera democracia y la sostenibilidad ecológica no es nuevo. A principios de la década de 1970 Sicco Mansholt, entonces Presidente de la Comisión del Mercado Común Europeo, quien pretendía reorganizar un "plan inhumano para la agricultura en Europa," cambió de forma inesperada y radical su postura y abogó por un cambio sistémico. En una entrevista dijo que de repente caí en cuenta que teníamos que cambiar radicalmente la totalidad de nuestro sistema; la Europa humana, con crecimiento cero, tiene que abolir el concepto del producto nacional bruto para promover la felicidad nacional bruta. Mansholt advirtió en 1971 que nosotros -la humanidad- estamos destinados a sufrir un gran desastre si no cambiamos nuestra filosofía y su sistema. Mansholt afirmó que la "Gran Crisis" comenzaría alrededor de 1985-1990 y alcanzará su climax alrededor de 2020. A su juicio, las primeras víctimas serían los pueblos del mundo en desarrollo, pero poco después abarcaría a toda la humanidad. Mansholt argumentó que todo esto llega a ser tan obvio usando el sencillo cálculo algebraico –sin ayuda de ordenadores– que no podía entender por qué los gobiernos no mostraban gran preocupación. De aquí que, estoy convencido de que debemos modificar por completo y rápidamente, no sólo nuestras políticas, sino también nuestro comportamiento. Él decía que dados los límites que tenemos que enfrentar a largo plazo –en la producción de energía, alimentos, hierro, zinc, etcétera– dentro de treinta años, cuando dupliquemos nuestra población a más de siete millardos, lograr un crecimiento cero no será suficiente para hacer frente a este problema. Es decir, tendríamos que reemplazar nuestro crecimiento material por otro crecimiento anclado en la cultura, la felicidad y el bienestar.

Que tenemos que reducir drásticamente la huella ecológica del sistema actual si queremos heredar a las generaciones nacidas en este siglo un futuro conforme a la dignidad humana es un axioma. No hay futuro de ningún tipo si no cortamos drásticamente nuestro consumo de recursos y de nuestra generación de CO2. Por tanto, ¿qué significa realmente decrecimiento en la práctica? Una definición que describe claramente lo que es y lo que conlleva es la propuesta por Investigación y Decrecimiento "El decrecimiento sostenible es una reducción de la producción y el consumo que aumenta el bienestar humano y mejora las condiciones ecológicas y la equidad en el planeta. Se exige un futuro en el que vivan las sociedades dentro de sus posibilidades ecológicas, con economías abiertas localizadas y recursos distribuidos de manera más equitativa a través de nuevas formas de instituciones democráticas". Para lograr 55esto, tenemos que abandonar nuestros arquetipos y disminuir nuestros niveles de consumo de todos los recursos, incluyendo primeramente los recursos energéticos fósiles y los recursos necesarios para la vida. Evidentemente, para construir el nuevo paradigma con una huella ecológica reducida drásticamente, tenemos que repensar por completo nuestra forma de organizar a nuestras sociedades, primero políticamente y luego social, económica y ambientalmente como parte de todo un nuevo edificio social, una nueva forma de imaginar cómo nuestra especie vive e interactúa con el resto de la Madre Naturaleza. El primer paso en la organización de nuestras sociedades tiene que ser políticamente. Si no ponemos juntos un edificio social verdaderamente democrático, nunca seremos capaces de trascender el mercado y construir un sistema específicamente diseñado para el bienestar de la Gente y el Planeta y no el mercado.

Esto es en esencia la idea de decrecimiento. Comenzamos por pensar en términos de la creación de una red de comunidades centradas en torno a la idea de compartir el trabajo para proveer de las cosas que realmente importan y no de las necesidades artificialmente creadas por las estructuras sociales consumistas inmersas en el espíritu utópico de cornucopia inducido por el capitalismo. Estas pequeñas comunidades locales, que podemos llamar "células ciudadanas" (CCs), se organizan para crear más células convencidas de la construcción del paradigma de la Gente y el Planeta. Estas CCs se comprometen a ejercer la práctica democrática directa en una red de CCs locales, regionales, nacionales y globales, cuyo único propósito es velar por el bienestar de la Gente y el Planeta. Trabajan a través de la intervención directa en la creación de todas las actividades económicas, sociales, culturales y ecológicas definidas por sus propias redes ciudadanas. Ellas también se comprometen a ejercer permanentemente la democracia directa al involucrarse directamente en todas las áreas de la cosa pública. Preparan y proponen una nueva legislación y someten cada nueva propuesta legislativa –que venga directamente de la ciudadanía o de sus cuerpos legislativos– a plebiscitos o referendos. Ellas también llegan definitivamente a la valoración periódica del desempeño de todos los funcionarios públicos electos, para que sean confirmados o sustituidos. En esencia, se comprometen a cuidar de sus comunidades cuidando la cosa pública. Como lo plantea Kallis, el decrecimiento está anclado en la idea de una economía de cuidado mutuo, que llama a la distribución equitativa del trabajo de cuidado mutuo y del re-centrado de la sociedad alrededor de éste. Una economía del cuidado mutuo es de trabajo intensivo, precisamente porque el trabajo humano es lo que da valor al cuidado mutuo. Una economía de cuidado mutuo requiere un cambio paradigmático en la comprensión de nuestro 56propósito en la vida. Requiere que nos despojemos del egoísmo individualista inherente al capitalismo y que pensemos y actuemos de forma permanente en el contexto de comunidades en las que todos cuidamos de todos sus miembros, no sólo de nuestros congéneres humanos sino de todos los seres que comparten este planeta. También pasamos de ser "ciudadanos" pasivos, que solo actuamos cuando somos llamados a hacerlo, a ciudadanos activos y responsables, que tomamos el control del asiento del conductor del nuevo paradigma, para que tomemos el control permanente de la agenda pública. Trascendemos el paradigma actual para pasar de ser sociedades de consumo a ser sociedades sostenibles. Por lo que ya no encarnamos individuos consumidores, sino ciudadanos realmente responsables social y ambientalmente, que consumimos sólo lo necesario para disfrutar de un nivel sostenible y digno de vida. En esencia, nos trasladamos de la parodia democrática a la democracia real y directa. De la misma forma en que el único desarrollo verdadero es sostenible, la única democracia verdadera es directa. Si no comenzamos por construir un entorno verdaderamente democrático, no seremos capaces de construir el paradigma de la Gente y el Planeta -anclado en el decrecimiento- como la única manera de construir sistemas de vida sostenibles.

Ahondemos con mayor detalle en la idea de decrecimiento si la prevemos como la piedra angular del paradigma de la Gente y el Planeta. Desmontemos algunos conceptos erróneos que han sido intencionalmente atribuidos a esta idea para debilitarla. El decrecimiento no se trata de recesión o de regresión, sino de un consumo mucho menor de recursos que al mismo tiempo es mucho mejor distribuido que en el sistema impulsado por el mercado que padecemos en la actualidad. Como todos sabemos, la característica más prominente del capitalismo es la desigualdad. La desigualdad está en el núcleo de su ADN, porque el capitalismo está diseñado para competir y producir muchos ganadores a costa de inmensamente más perdedores. En consecuencia, la razón de ser del capitalismo: la reproducción y acumulación de capital no puede coexistir con una economía de decrecimiento. Se muere, deja de existir, inmediatamente después de que el decrecimiento toma preeminencia. Latouche dice que una manera de explicar decrecimiento es que es como “acrecimiento", de la misma forma en que hablamos sobre ateísmo. Así que el no credo y el no crecimiento son similares. Se trata también, y de manera muy especial, acerca de la retractación de una fe, del capitalismo, crecimiento material, consumo, ganancia, progreso, desarrollo. Tenemos que trascender la cultura del tener, de la propiedad, de
 posesión, de una concepción nihilista de nuestra existencia, excepto para poseer y consumir en su propio beneficio, como fines en sí mismos. Por ello, tenemos que mudarnos a la cultura de ser miembros individuales de una comunidad de seres vivientes que tienen tanto derechos como responsabilidades en el contexto del cuidar de nosotros, de manera muy significativa, mediante el cuidado de todos los demás. Nuestro propósito en la vida es disfrutar de ella contribuyendo al mismo tiempo como individuos al bienestar de todos los miembros de nuestra comunidad. En otras palabras, sólo seremos capaces de cuidar de nosotros en la medida en que cuidamos de todos los miembros de nuestra comunidad, humana y no humana. Si no nos comprometemos de forma permanente a una cultura de cuidado mutuo, no seremos capaces de cuidar de nosotros mismos, porque sólo trabajando para el bienestar de todos, vamos a asegurar nuestro propio bienestar. En síntesis, tal como Erich Fromm propuso con suma claridad, tenemos que pasar de la cultura del tener a la cultura del ser.

Desde mi punto de vista, el desarrollo y el progreso son necesarios, pero evidentemente tienen que ser desvinculados del capitalismo y redefinidos de la misma manera que el único verdadero desarrollo sostenible es el desarrollo sin crecimiento. Por lo general, el desarrollo se refiere a un estado determinado de crecimiento o avance. En el nuevo paradigma, el desarrollo necesita ser redefinido para implicar siempre avance; un estado mejor que el actual, empero sin requerir aún más crecimiento, más consumo y más acumulación, ergo más recursos, materiales y monetarios. Lo mismo ocurre con el progreso. Progresamos cuando nos acercamos a nuestra aspiración de una mejor calidad de vida, no sólo para nuestra especie sino para todos los seres vivos con un menor consumo de recursos. Por lo que logramos progreso cada vez que avanzamos en nuestro objetivo de alcanzar un nivel general de bienestar que es realmente sostenible a largo plazo. En otras palabras, el progreso tiene que estar orientado a desarrollar el estado donde alcanzamos un equilibrio entre un nivel generalizado de bienestar y una huella ecológica sostenible. Progresamos cuando reducimos nuestro consumo de recursos pero mejoramos el nivel general de bienestar al incrementar eficiencias al a su vez distribuir mucho mejor el consumo de los recursos necesarios para lograr dicho estado. Esto nos permitirá al mismo tiempo lograr la justicia social. Esto daría un nuevo significado al desarrollo para el nuevo paradigma. El verdadero desarrollo y progreso toman lugar en perfecta sincronía con el propósito de la real democracia: El bienestar de todos los rangos de la sociedad, y el planeta, de manera sostenible, sin considerar los intereses privados.  

Desde esta nueva perspectiva, el bien público siempre tiene prioridad sobre el bien privado. No podemos ir en pos de nuestros intereses privados a costa del interés público. Pero ¿cuál es el interés público? En el nuevo paradigma, esto sólo puede significar el ejercicio de acciones verdaderamente democráticas para lograr el nivel general de bienestar sostenible que definamos como comunidades humanas. El verdadero desarrollo es el desarrollo del bienestar humano –en términos de ser capaces de disfrutar de nuestros derechos y cumplir con nuestra responsabilidades– y de una calidad de vida material en convivencia armónica con el medio ambiente, de manera que nuestra huella ecológica global sea sostenible en un estado estacionario mucho menor que en el actual nivel de impacto ecológico. El decrecimiento es un proyecto para reinventar la manera en que la humanidad debe ser organizada para que sea en conformidad con la dignidad humana, respetuosa de la Madre Tierra y sostenible en el tiempo. Hoy en día, estamos soportando el peor estado del capitalismo. Las corporaciones han tomado el control de las salones de gobierno y están inmersas en la apropiación y la depredación de los recursos naturales en su búsqueda demencial de mayor valor para los accionistas. La rapacidad y despilfarro del capitalismo han destruido lo que Orwell llama la decencia común. Las esferas comunes han sido privatizadas y todo eso, impulsado por la codicia pura, han hecho que el sistema dominante sea absolutamente insostenible ahora, no en un futuro lejano.

También necesitamos aclarar una confusión persistente entre decrecimiento y una economía estacionaria o de estado equilibrado (EEE). Existe un debate en curso sobre los dos conceptos, que algunos consideran incompatibles. Empero, también hay quienes los creen compatibles. En mi opinión, ambos son parte de la misma idea. En primer lugar, tenemos que disminuir drásticamente nuestra huella ecológica porque es completamente insostenible. Esta sería la primera etapa. Sin embargo, muchas décadas después –quizá más de un siglo más tarde, si la Madre Tierra nos obsequia el tiempo– una vez que descendamos al nivel deseado, y que científicamente se considere sostenible, nos trasladamos hacia una EEE o economía estacionaria, es decir, a una economía de crecimiento nulo. Esta sería la segunda etapa y la final. Uno de los primeros economistas en pensar en el concepto de EEE fue John Stuart Mill. Le dedicó un capítulo entero a ella. Escribió: Casi siempre debe haber sido visto, más o menos claramente, por los economistas políticos, que el aumento de la riqueza no es ilimitado : que al final de lo que ellos llaman el estado progresivo se encuentra el estado estacionario, que todo el progreso de la riqueza no es sino un aplazamiento de éste, y que cada paso adelante es una aproximación al mismo. En consonancia con su ética con sensibilidad social, su pensamiento situaba a la EEE como un estado positivo e ideal. Pero el mejor estado para la naturaleza humana es aquel en el que, si bien nadie es pobre, nadie desea ser más rico, ni tiene razón alguna para temer ser empujado hacia atrás por los esfuerzos de otros por impulsarse adelante. El hecho es que, partiendo de la incuestionable toma de conciencia de que somos parte de un planeta con recursos limitados, nos vemos obligados a reducir drásticamente nuestro consumo de recursos hasta llegar a un estado en el que podamos sostener nuestra huella ecológica. En otras palabras, hasta llegar a un estado en el que nosotros –y todas las otras especies– consumamos no más energía que la que el planeta puede reponer en el mismo espacio de tiempo. Este sería el momento en que arribamos a un EEE sostenible después de muchas generaciones de una disminución constante de nuestro consumo de energía. Sin embargo, en el proceso, ya que nuestro objetivo es la construcción del paradigma de la Gente y el Planeta anclado en una ética realmente democrática, cuya razón fundamental es proveer un ámbito universal de justicia social, necesitamos trasladar una parte del consumo de las metrópolis ricas del sistema impulsado por el mercado a los países de la periferia. De tal suerte que si bien tenemos que disminuir la huella ecológica de los primeros, tenemos que aumentar la de los segundos, como se ilustró anteriormente en la gráfica 3, hasta sacarlos de la pobreza; alcanzando así un estándar global sostenible de vida conforme a la dignidad humana. De aquí que tanto el decrecimiento y la EEE son parte del mismo vehículo que impulsa nuestra búsqueda de un nuevo paradigma. El decrecimiento y la EEE no son fines en sí mismos sino los medios hacia el nuevo paradigma. Esta posición es compartida de forma muy evidente por Kerschner en su ensayo en el que aborda el decrecimiento y la EEE, afirmando que ambos conceptos son complementarios. Aunque él obviamente está de acuerdo con los autores de decrecimiento que el decrecimiento es esencial porque los países ricos tienen una huella insostenible, sostiene que la EEE es necesaria a un caudal global de emisión previamente acordado. Y lo más importante, correctamente afirma que para que la EEE sea equitativa, no sólo a nivel nacional sino en el ámbito internacional, el Norte rico necesitará decrecer para permitir un poco más de crecimiento económico (versus no económico) en el Sur pobre.

Tomando en cuenta todos los aspectos, el objetivo del verdadero sostenimiento puede definirse como el momento en que no hay escasez de todos los recursos naturales indispensables para la vida, pero no sólo para la vida humana, sino para la vida de todos los seres vivos. En consecuencia, si abordamos seriamente qué es el imaginario del sostenimiento, éste tiene que ser una revolución en la que todos damos un salto cuántico en el cambio cultural para vivir de una manera muy diferente, con indicadores del progreso y de riqueza muy diferentes basados exclusivamente en la viabilidad ecológica y la justicia social. No podemos limitarnos a un decrecimiento del PIB y un decrecimiento de combustibles fósiles. Tenemos que cortar de raíz el sistema impulsado por el mercado del capitalismo y construir un nuevo edificio social con nuevas estructuras e instituciones ancladas en un etos realmente democrático. Bellamy Foster deja claro que el decrecimiento y el capitalismo son incompatibles: Tan valioso como es el concepto de decrecimiento en un sentido ecológico, sólo puede tener un significado genuino como parte de una crítica de la acumulación de capital y como parte de la transición hacia un orden comunitario sostenible e igualitario; uno en el cual los productores relacionados regulan la relación metabólica entre la naturaleza y la sociedad en beneficio de las generaciones sucesivas y de la tierra misma.Es así como una cultura de decrecimiento arraigada en el paradigma de la Gente y el Planeta hace que sea posible trascender el mercado.