La economía feminista y el decrecimiento

Ipar Haizea Taldea - Ametzagaña

La economía feminista y el decrecimiento y su escasa influencia en los planes económicos de la izquierda.

 

LA ECONOMÍA FEMINISTA

Para establecer un análisis de la visión del feminismo de la economía, es conveniente el repaso que desde estos grupos sociales y autoras como Yayo Herrera, se hace de los diversos modelos económicos.

Resumen de las etapas de las teorías económicas

ESCUELA DE LOS FISIÓCRATAS

Esta corriente que nace en Francia establece el concepto de la PRODUCCIÓN, como aquello que la Naturaleza puede generar con ayuda humana. Por ejemplo, el caso de la AGRICULTURA, en todo lo referente a alimentos; pesca; ganadería; producción forestal, donde se formula que TIERRA + TRABAJO = PRODUCCIÓN. Curiosamente dentro de este marco se considera a la MINERÍA como algo que la Naturaleza renueva con ayuda humana, creyéndose por esta escuela que las piedras se regeneraban, crecían.

ESCUELA CLÁSICA

De finales del siglo XVIII, desde la Revolución Industrial y cuya figura clásica es Stuart Mills. Esta escuela introduce un cambio importante en el concepto de PRODUCCIÓN donde el TRABAJO se considera más importante que la TIERRA. Y también se le otorga una enorme importancia al CAPITAL.

ESCUELA NEOCLÁSICA

Desde finales del XVIII hasta la actualidad. Juega con el concepto de TIERRA-TRABAJO-CAPITAL, pero lo más importante para esta corriente es el CAPITAL, que es MOTOR DE TODO. Esta corrriente con sus variaciones es el actual sistema económico capitalista en un mundo globalizado.

1.- MONETARIZACIÓN DE LA ECONOMÍA Y LA SOCIEDAD.

Entra en el análisis económico y posee ese valor económico SOLO AQUELLO QUE TIENE UN PRECIO, QUE SE VALORA EN DINERO. El resto de las actividades econóímcas no cuenta. Como la Naturaleza, los bienes comunes como el Agua, el Aire y los Cuidados de la Vida no se miden en dinero, NO CUENTAN.

Este análisis miope e interesado no lleva en cuenta que el dinero no lo puede todo, no puede arreglar el deterioro de la capa de ozono, ni el efecto de los gases invernadero, por ejemplo. Pero eso no se lleva en consideración.

En realidad sin las actividades económicas no remuneradas la Economía Tradicional NO PODRIA EXISTIR, por eso se BASA OBLIGATORIAMENTE EN LA DESIGUALDAD, EN LA EXPLOTACIÓN DE LA NATURALEZA Y DEL CUIDADO DE LA VIDA, Y POR CONSIGUIENTE DE LA MUJER PRINCIPALMENTE.

2.- TEORÍA DE LA SUBSTITUCIÓN

Es decir todo es sbstituible para esta economía. Para el sistema, TERRA y TRABAJO siempre pueden ser SUBSTITUIDOS por el CAPITAL. Por ejemplo, en Europa (en España) se acaban los nutrientes del suelo, pues se traen de otras partes comprándolos, como los fosfatos del Sáhara ( robados por Marruecos).

Cuando no hay algo se substituye utilizando el capital para trabajo esclavo en condiciones de explotación en todos los países del Sur, así como explotando a la mano de obra inmigrante en el Norte.

Como ejemplo extremo se llega a robar tierra fértil y cargarla en aviones para Occidente en Ucrania, Mozambique, etc.

3.- PRODUCCIÓN

Para sostener el sistema es necesario que exista mucha actividad económica. Hay que aumentar incesantemente la producción, producir más para seguir produciendo y ganando. En esta esquizofrenia y como la producción sólo se mide en dinero, da lo mismo armas que trigo; todo es producción. Se produce en realidad, sólo dinero y no se pregunta qué se produce ni para qué.

En este sistema la PRODUCCIÓN SE DESVINCULA DE LAS NECESIDADES.Se produce no para satisfacer necesidades sino para acumular capital en cada vez menos manos.
Injusticias del actual sistema económico

a) Como todo se mide en dinero, el instrumento que se utiliza mayoritariamente por la economía tradicional es el PIB pese a sus evidentes limitaciones, lagunas y disfunciones. Otros instrumentos de medición como el IDH o el BUEN VIVIR siguen siendo muy minoritarios.

b) En un análisis por sectores como hace Yayo Herrera, tenemos que:

SANIDAD no cuenta, no suma en economía, es una “carga”, NO TIENE VALOR. En cambio la ENFERMEDAD SI CUENTA, TIENE VALOR ECONÓMICO por su gasto en medicinas, medicamentos, hospitales, etc.

ALIMENTOS Los truques, la complementariedad, la ayuda mutua NO TIENEN VALOR ECONÓMICO. Por ejemplo si una persona se abastece de su propio huerto, no cuenta en la economía. Sólo cuenta cuando se COMPRA y se VENDE el alimento. 

AGUA. La fuente, el río, los lagos, NO CUENTAN ECONÓMICAMENTE. Los llamados BIENES COMUNES no se miden económicamente. Cuando se paga por esa agua, entonces si entra en el PIB. 

AIRE. El aire limpio NO CUENTA en el sistema. El AIRE CONTAMINADO SI CUENTA por el gasto que conlleva. 

TIERRA. SOLO CUENTA CUANDO SE COMPRA O SE VENDE 

SOL. Sólo cuenta cuando se PAGA por su energía, o cuando se PENALIZA CON MULTAS la autosuficiencia. 

TRABAJO. Trabajos no remunerados NO CUENTAN. Sólo el EMPLEO cuenta. 

VIVIENDA. Es el bien especulativo por excelencia. En España el “ladrillazo” ( 1994-2007) con más casas construidas que Alemania, Francia e Italia juntas, y su nefasta influencia en el estallido de la crisis es un claro ejemplo. Eso sin embargo se VALORA ECONÓMICAMENTE. Al contrario SE PENALIZA LA AUTOSUFICIENCIA Y LA AUTOGESTIÓN. 

SEGURIDAD. Poder salir libremente por la calle, NO CUENTA en el PIB. La INSEGURIDAD SI CUENTA con sus gastos en policías, guardianes, alarmas, etc. 

ESPACIOS DE RELACIONES. Cuando son LIBRES NO CUENTAN en el PIB. Sólo cuentan cuando HAY QUE PAGAR POR USARLOS. 

ARTE. Cuando es libre y gratuito NO CUENTA. Sólo cuenta cuando se PAGA  

AMISTADES. Las amistades, sin más, NO CUENTAN en el PIB. Cuando se PAGAN LAS CARENCIAS AFECTIVAS en forma de ansiolíticos, terapias, etc, ENTONCES SI CUENTA. 

Los análisis de la izquierda actualmente subscriben y desarrollan la mayoría de estos conceptos, pero en la práctica se sigue insistiendo en una economía productiva, es decir se apuesta por aumentar la actividad económica para que aumente la producción y las ganancias. Eso sí, como figura en el programa de PODEMOS con una clara intención social, redistribuidora y primando la producción al dinero. En las actuales circusntancias sería una mejora increíble… ¡ pero se sigue estando dentro del sistema ! En este aspecto las izquierdas no comparten plenamente la postura feminista con respecto al mito de la producción, el mito del crecimiento y el mito del desarrollo actual.

Claves de la Economía Feminista

El punto de vista de la economía desde la mirada feminista, no se recoge, más allá de alguna declaración de intenciones por los políticos de la izquierda. Con clarísimos avances con respecto a la economía capitalista, no obstante se sigue apostando desde la izquierda por un sistema productivista inviable.

Por eso desde el feminismo más crítico y constructivista ( Marcela Lagarde, Amaia Pérez Orozco…)se viene insistiendo en repensar el modelo actual de economía capitalista que a su juicio no debe ser reformado sino abandonado, apostando por otra forma de economía.

Igualmente no acaba de recogerse claramente la necesidad de una ECONOMÍA DE LOS CUIDADOS, considerando que debe ser centro del eje económico el CUIDADO DE LA NATURALEZA Y DE LAS PERSONAS POR ENCIMA DE LA PRODUCCIÓN. No se trata de aceptar el hecho de que el patriarcado adjudica los cuidados de forma abrumadora a las mujeres, no se trata de que el peso de las crisis siga recayendo en las familias y, principalmente, en las mujeres. De lo que se trata es de reconocer que SIN UNA ECONOMÍA DE CUIDADOS el sistema, cualquier sistema seguirá siendo inviable e injusto.

Como algunas izquierdas reconocen la PERSONA HUMANA DEBE SER EL CENTRO DEL SISTEMA ECONÓMICO, NO LA PRODUCCIÓN NI EL CAPITAL. Frente a la COMPETITIVIDAD es necesario contar con LA SABIDURÍA DE LAS MUJERES PARA UN NUEVO MODELO ECONÓMICO.


DSC_0426
 

LAS PROPUESTAS DEL DECRECIMIENTO

Diagnóstico del sistema económico actual

El sistema capitalista neoliberal, especialmente desde su proceso de globalización, se presenta como el único posible, siendo todo lo demás algo irreal e irrealizable. Sin embargo, este modelo ya ha demostrado hace tiempo su insostenibilidad y su intrínseca injusticia social. Desde sus comienzos se ha basado en la desigualdad como motor indispensable de su desarrollo.

Los paradigmas de producir más para crecer más hace tiempo demostraron su fracaso. El sistema actual consume recursos sin límites, aumenta sin cesar la miseria y las desigualdades y defiende un llamado “desarrollo sostenible” que ni es un verdadero desarrollo y desde luego no es sostenible. En este contexto, los poderes neoliberales que son conscientes de la finitud del sistema, intenta seguir mintiendo y mintiéndose. Hablan de ecología cuando han quebrado el equilibrio medioambiental. Hablan de políticas de reciclaje, cuando sólo se trata de un paliativo sino se entra en un proceso de decrecimiento y descenso del consumo. Hablan de “desarrollo sostenible”, cuando este concepto es un oxímoron, una contradicción en sí misma; si se trata del actual modelo de desarrollo, de crecimiento, no es sostenible.

Se nos habla de la actual crisis económica global, se nos alerta del crecimiento de los totalitarismos, pero se porfía en el mismo sistema que lo hace posible. Y ocultan que hay más crisis que la económica que nos presentan como única culpable del desastre. Se olvidan de la crisis medio ambiental, del fin de los recursos naturales, de la feminización de la pobreza, de la continuación del expolio del Sur. No mencionan la marginación, exclusión y opresión de las poblaciones inmigrantes en el Norte, a las que se les impone una especie de nazismo modernizado, lo que algunos autores han dado en llamar “darwinismo social militarizado”.

Y pese a esta realidad, los diversos gobiernos se niegan a reconocer que se han convertido en meros gestores de los intereses económicos nacionales e internacionales. Y lo peor es que, incluso las izquierdas y los sindicatos llevan décadas aplicando las recetas capitalistas, mejorándolas en lo social pero sin tocar el sistema, al que contribuyen a limpiar su imagen y a legitimar en la práctica.
.


Para cualquier tipo de análisis o diagnóstico hay que partir de la base, como lo hacen autores como Arcadi Oliveres y Carlos Taibo, de que a diferencia de otras crisis del capitalismo, la crisis actual ha llegado para quedarse. Y ello porque no se trata de una crisis coyuntural, sino estructural y sistémica. Todo el sistema capitalista está en crisis en todos sus niveles: económico, financiero, estructural, político, social, cultural, de valores, ecológico, etc. Y por lo tanto las posibles soluciones no pueden constituir una regulación del sistema, sino un sistema nuevo que, por primera vez, tenga su centro en el ser humano y no en el dinero y los mercados.


Desde las diversas instancias del poder se habla de ir hacia un capitalismo regulado, como si fuera la solución. El problema es el capitalismo en sí mismo, regulado o no. Igualmente es un error distinguir entre neoliberalismo y globalización y sus abusos, porque estos sistemas en sí mismos son un abuso.


Para concluir, se trata de que el capitalismo no tiene salida para esta crisis, y que la única respuesta posible es salir de este sistema. Hay que abandonar este modelo capitalista de mercado, recuperar el poder de los pueblos sobre el capital, y situar a la persona en el centro del debate. En definitiva, o se plantea un nuevo modelo de sociedad, y se entra en una política de decrecimiento consecuente, racional y paulatina, o no habrá más remedio que acabar con el sistema de mala manera, corriendo y en medio del desastre total.

Algunas propuestas del decrecimiento

En este contexto, cada vez cobra más importancia la corriente del Decrecimiento, teoría que por sí sola contradice la lógica del capitalismo. Defiende la vida social frente a la lógica de la producción, a la persona ante el dinero, el consumo y la propiedad. Defiende la primacía de lo local, la necesidad de recuperar la memoria de una sana relación con la naturaleza, la reducción de las infraestructuras, la producción y del consumo, la llamada “austeridad voluntaria” . En definitiva, buscar la sencillez y simplicidad. Todos estos valores contradicen a los que defiende el capitalismo. Y son muy raros los políticos de cualquier signo que defienden públicamente el decrecimiento.

El Decrecimiento se plantea desde el convencimiento, cada vez más generalizado, de la absoluta insostenibilidad del actual modelo de crecimiento económico con sus efectos en materia de injusticia social, explotación de países, pueblos y personas, y opresión política.

Estas y muchas otras cuestiones son las que pone en el centro del debate el decrecimiento. Se trata de un concepto que parte de la base de que el crecimiento económico generalizado no produce efectos positivos para el ser humano y el medio ambiente. Esta idea se opone al consenso político ( ¿ y social ¿ ) generalizado tanto en la derecha como en la izquierda según el cual el aumento del nivel de vida, entendido éste desde parámetros economicistas, es el objetivo al que debe aspirar cualquier sociedad.

Como bien dice Carlos Taibo: Frente al modelo capitalista de crecimiento y desarrollo el decrecimiento propone una alternativa no por sencilla de comprender menos revolucionaria: frente a la economía dejemos que la persona vuelva a ser el centro de los debates y de la vida; propongamos un modelo en el que el consumo y la producción se frenen y disminuyan; hagamos que la justicia social y la ciudadanía sean protagonistas y remarquemos que no todo es valorizable económicamente.

FUENTES SOBRE ECONOMÍA FEMINISTA:
Marcela Lagarde / Yayo Herrera / Amaia Pérez orozco/ Mª Ángeles Fernández

FUENTES SOBRE DECRECIMIENTO
Carlos Taibo/ Arcadi Oliveres/ Floren Macelessi/ Serge Latouche/ Jorge Riechmann

Alternativas... ¿Hacia donde?

Gonzalo Fernández - Diagonal

Asistimos a una crisis que apunta a la raíz del sistema. Un sistema que de manera asfixiante y natural ha ido mercantilizando, dominando y arrebatando espacios a la democracia, a la humanidad, a la vida en definitiva, por lo que no puede ser reformado sino trascendido. Nos enfrentamos a un conflicto explícito entre la vida y el capital, en el que este último lamina las bases materiales de reproducción de la vida, se desarrolla sobre violencia y sobre crecientes desigualdades que afectan a grandes mayorías, y se muestra ingobernable a la hora de responder a criterios de justicia y sostenibilidad. El conflicto se acrecienta en base a la pugna entre las personas y los pueblos en favor de la vida, por un lado, y quienes la ponen en riesgo –el capital, las grandes corporaciones y sus alianzas–, por el otro.

En este marco, los caminos se bifurcan y se hace más notoria la necesidad de confrontar propuestas, la urgencia por generar e implementar alternativas al statu quo. Por eso hay que disputar el poder, el ser y el saber a las transnacionales: disputar la soberanía y autonomía de las personas y pueblos para decidir sobre su presente y futuro; disputar la primacía de las lógicas de justicia y sostenibilidad frente a las del ánimo de lucro y el crecimiento incesante; disputar los diversos saberes populares frente al pensamiento único y corporativizado.


Vivimos un momento de agudización del conflicto capital-vida, por lo que es necesario y urgente que nos empeñemos no sólo en resistir ante los embates del capital, sino también en proponer alternativas que prefiguren y desarrollen en la práctica otras formas de organización social. Debemos iniciar y consolidar procesos de transición en defensa de la vida, que nos permitan colocar diques de contención que frenen la actuación de las transnacionales, a la vez que nos posibiliten avanzar en la consecución de espacios emancipadores que escapen a sus lógicas.

Además, es posible. Así, y a pesar del poder omnímodo que acumulan estas empresas, hoy en día ya se están formulando e impulsando alternativas que confrontan directamente el poder corporativo. No se trata entonces de una esperanza basada en vagas utopías, sino más bien en prácticas existentes y en la creencia en la capacidad de la humanidad para tomar las riendas de su futuro. El reto consiste en cómo articularlas para ir progresivamente arrebatando espacios para la democracia, la igualdad y la sostenibilidad, desde estrategias políticas confrontativas y de disputa de espacios, valores y legitimidades.

Distintas naturalezas

Estas iniciativas son de una naturaleza muy diversa. En primer lugar, alcanzan diferentes intensidades dentro de la lógica de transición, desde la resistencia (ocupación de monocultivos por parte de campesinas brasileñas el 8 de marzo) hasta la propuesta alternativa (soberanía alimentaria, ecofeminismo, economía solidaria), pasando por la regulación (normas vinculantes y observatorios internacionales). En segundo lugar, son impulsadas por diferentes actores, como los movimientos sociales (nacionalización de sectores estratégicos, control público y/o social de los bienes naturales, reparto del trabajo), los gobiernos (leyes de regulación de la mercantilización de la información, normativa en defensa de derechos), las personas (consumo responsable, boicot) e incluso las propias empresas (democracia interna, primacía del trabajo frente al capital, tratamiento no capitalista del capital).

Por último, se formulan en función de los diferentes ámbitos competenciales de nuestra sociedad global, desde el territorio (mercado social, lucha contra la minería a gran escala), pasando por el Estado (nacionalización de la seguridad social), el nivel regional (como los valores de reciprocidad defendidos en el ALBA-TCP) y el internacional (propuesta del Tratado Internacional de los Pueblos). Es por tanto fundamental reconocer, visibilizar, articular y vincular toda esta miríada de alternativas —dentro de las cuales las señaladas son solo unos ejemplos—, en una lógica de transición y de disputa integral respecto a las multinacionales.

No obstante, es necesario que en este punto nos preguntemos por el horizonte de nuestras alternativas. ¿Hacia dónde se dirigen? ¿Alternativas a qué y para qué? En este sentido, es importante tener en cuenta que no toda propuesta tiene por qué ser considerada una alternativa al sistema actual por el hecho de no circunscribirse estrictamente a los parámetros y principios hegemónicos. Al mismo tiempo, no toda iniciativa nace desde una lógica procesual de transición, ni desde análisis certeros de la compleja realidad global estructurada en torno al sistema de dominación múltiple. Es aquí donde se vuelve indispensable contar no con un modelo cerrado y universal, sino más bien con una serie de principios e ideas-fuerza que nos ayuden a definir cuáles son los horizontes de emancipación que nos pueden servir de referencia para reconocer, priorizar y construir alternativas.

Muchas son las perspectivas (economía feminista, ecológica, marxista, solidaria, soberanía alimentaria, decolonialidad, buen vivir, etc.) que aportan su grano de arena en este sentido. Sin ánimo de ser exhaustivos, planteamos una serie de ideas-fuerza que consideramos sugerentes: la centralidad de la sostenibilidad de la vida, frente a la que se otorga actualmente a la reproducción ampliada del capital; el reconocimiento y articulación de la diversidad, frente a la pretendida universalidad del modelo hegemónico y a la jerarquización de seres, poderes y saberes; la democracia participativa, que se contrapone a la democracia de baja intensidad actual; la relevancia de lo colectivo y de la comunidad frente al individualismo; la politización de lo cotidiano dentro de dinámicas que unen lo general con lo personal; y la confrontación con el sistema y sus agentes fundamentales, entre ellos las empresas transnacionales.

Asistimos de esta manera a un momento civilizatorio muy complejo, pero reiteramos la necesidad, la urgencia y la esperanza en visibilizar y construir nuevas sendas, nuevos horizontes por los que transitar, disputando el poder, el ser y el saber a las transnacionales. Es un compromiso de todas y todos, es nuestro compromiso.

Algunas claves para  la transición

  • Asunción de los ciclos de energía, materiales y residuos.
  • Gestión democrática de la demanda en base a un consumo menor y más responsable.
  • Democratización de las decisiones económicas (estados, pueblos, comunidades, empresas, hogares).​
  • ​​Desmercantilización capitalista de la economía (bienes comunes, propiedad pública y/o social).
  • Redistribución y reparto equitativo de los trabajos; redistribución igualitaria de los recursos.
  • Democratización cultural (comunicación, conocimiento, etc).
  • ​Reconocimiento de economías diversas.
  • Fomento de economías no capitalistas.
  • Apuesta por sistemas económicos basados en la reciprocidad y la intercooperación.

Títeres desde abajo, Don Cristóbal en pelotas

Acratosaurio Rex - Alasbarricadas.org



Qué triste tradición española la de artistas que han sido entrullados represaliados o juzgados por denunciar a los poderes fácticos, militares, religiosos, políticos y judiciales, Boadella, Krahe, Carlos Cano, Pacheco… Se me ocurren del tirón, pero hay muchísimos más artistas plásticos (1) que han visto como sus obras les han puesto delante del juez o entre barrotes. Es propio de dictaduras totalitarias el no soportar esas críticas de comediantes, bufones y satíricos. Ahora tenemos a unos titiriteros que por exponer su obra en el seno de actividades del Carnaval de Madrid 2016, provocaron una especie de motín de padres y presencia de la policía que, no salgo de mi asombro, en lugar de liarse a vergajazos con los que interrumpían el espectáculo, se llevó detenidos a los artistas, para acusarlos, ya se verá, de apología del terrorismo.

La Compañía Títeres desde Abajo explicaba al respecto que: el viernes estrenamos en Madrid nuestra nueva obra "La Bruja y Don Cristóbal. A cada cerdo le llega su San Martín" Como en anteriores espectáculos de la Compañía hemos querido investigar las posibilidades que nos aporta la tradición popular de títeres para contar aquello que sentimos como urgente. En esta ocasión hemos revivido a Don Cristóbal Polichinela, personaje de la tradición popular prácticamente desaparecido en España y también hemos tomado prestado otro personaje de los cuentos populares, la Bruja. A lo largo del espectáculo, y bajo diferentes caras, Don Cristóbal tratará de aplastar a una bruja nada convencional, pero la naturaleza de ésta la lleva a amar su libertad por encima de todo y a no dejarse pisotear por nadie.

A mí me parece una obra cojonuda, muy recomendable para los niños (aunque los autores adviertan que es para adultos). En ella se auto-ahorca un juez, se elimina a un cacique, o se ve cómo lleva a cabo la policía un montaje contra una mujer maltratada. Temas de rabiosa actualidad, que si se repasa la Biblia puede uno ver cómo Dios mandó una plaga a los egipcios por la tozudez de su rey, que se llevó por delante a un montón de niños, primogénitos de familias que no tenían culpa de nada. ¿Y ese espectáculo bíblico, sí es aceptable?

El comunicado de la CNT de Granada aclara más aún el esperpéntico asunto: El cartel de "Alka-ETA" es una pancarta que, en la obra, un policía coloca a la protagonista, inconsciente tras ser golpeada, para sacar una foto y elaborar la acusación contra ella, y ejecutarla. Otros detalles de la obra han sufrido tergiversaciones semejantes.

Increíble que el progresista Ayuntamiento de Madrid se rasgue las vestiduras y haga el juego a la reacción más fascista y fundamentalista, con un asunto que cuando llegue a manos del juez, si tiene dos dedos de luces, lo tirará a la papelera. Pero así estamos en este país, en que el que señala que el poder está desnudo, va a pasarlo muy mal. 

Títeres desde abajo, Don Cristóbal en pelotas. Lo que es de uno es de todos, los que es de todos es de nadie, lo que es de nadie es de uno.

——————-

(1) http://www.arte.sbhac.net/Plasticos/Plasticos.htm

Cómo reducir la economía sin quebrarla: un plan en diez puntos

Richard Heinberg - 15/15\15

La economía humana es actualmente demasiado grande para ser sostenible. Lo sabemos porque la Global Footprint Network, que metódicamente hace seguimiento de los datos, nos informa de que la humanidad está usando actualmente recursos equivalentes a una Tierra y media.

Podemos usar temporalmente los recursos más rápido de lo que la Tierra los regenera únicamente tomándolos prestados de la futura productividad del planeta, dejando menos para nuestros descendientes. Pero no podemos hacerlo durante mucho tiempo. De una forma u otra, la economía (y aquí estamos hablando principalmente de las economías de los países industrializados) debe reducirse hasta que subsista con lo que la Tierra puede proveer a largo plazo.

Decir “de una forma u otra” implica que este proceso puede ocurrir tanto de forma voluntaria como involuntaria; esto es, si no encogemos la economía deliberadamente, se contraerá por su cuenta una vez alcanzados límites innegociables. Como he explicado en mi libro El Final del Crecimiento, hay razones para pensar que esos límites están empezando a afectarnos. Desde luego, la mayoría de las economías industriales están frenándose o encontrando dificultades para crecer a los ritmos que eran comunes durante la segunda mitad del siglo pasado. La economía moderna ha sido concebida para requerir crecimiento, así que la contracción causa supensión de pagos y despidos; la simple falta de crecimiento se percibe como un grave problema que requiere la aplicación inmediata de estímulos económicos. Si no se hace nada para revertir el crecimiento o adaptarse anticipadamente al inevitable estancamiento y contracción de la economía, el resultado más previsible será un proceso intermitente, prolongado y caótico de colapso que se prolongará durante muchas décadas o quizás siglos, con innumerables víctimas humanas y no humanas. Ésta puede ser, de hecho, nuestra trayectoria más probable.


 ¿Es posible, al menos en principio, gestionar el proceso de contracción económica de forma que se evite el colapso caótico? Un plan semejante debería encarar obstáculos abrumadores. Las empresas, los trabajadores y el gobierno, todos quieren más crecimiento con el fin de aumentar los ingresos fiscales, crear más puestos de trabajo y proporcionar retornos sobre las inversiones. No hay ningún sector significativo del electorado que defienda un proceso de decrecimiento deliberado y guiado políticamente, mientras que existen poderosos intereses que buscan mantener el crecimiento y negar la evidencia de que la expansión ya no es factible.

Sin embargo, una contracción gestionada debería, fuera prácticamente de toda duda, ofrecer mejores resultados —para todos, incluidas las élites— que un colapso caótico. Si existe una ruta teórica que conduzca a una economía considerablemente más pequeña y que no atraviese el horroroso páramo del conflicto, el deterioro y la disolución, deberíamos tratar de identificarla. El humilde plan de diez puntos siguiente es un intento de hacer tal cosa.

1.- Energía: limitarla, reducirla y racionarla.

La energía es lo que hace funcionar a la economía, y el aumento del consumo de energía es lo que la hace crecer. Los científicos del clima recomiendan limitar y reducir las emisiones de carbono para prevenir un desastre planetario, y recortar las emisiones de carbono conlleva inevitablemente reducir la energía procedente de combustibles fósiles. No obstante, si nuestro objetivo es reducir el tamaño de la economía, deberíamos contener no sólo la energía fósil, sino todo el consumo energético. La forma más justa de conseguirlo sería, probablemente, con cuotas de energía negociables (TEQs).

2.- Que sea renovable.

Según vamos reduciendo el total de la producción y consumo de energía, debemos reducir rápidamente la proporción de nuestra energía que tiene origen fósil al tiempo que incrementamos la proporción de origen renovable con el fin de evitar el cambio climático catastrófico —que, si se permite que siga su curso actual, dará como resultado por sí mismo un colapso económico caótico—. Este es, no obstante, un proceso complicado. No bastará con simplemente desenchufar centrales térmicas de carbón, enchufar paneles solares y continuar con nuestros negocios como siempre: hemos construido nuestra inmensa infraestructura industrial moderna de ciudades, barrios residenciales, autopistas, aeropuertos y fábricas para que aprovechasen las características y cualidades únicas de los combustibles fósiles. Así pues, al tiempo que transitamos hacia fuentes de energía alternativas, tendremos que adaptar —de una manera que será a menudo profunda— el modo en que usamos la energía. Por ejemplo, nuestro sistema alimentario —que en la actualidad es abrumadoramente dependiente de los combustibles fósiles para el transporte, los fertilizantes, los plaguicidas y los herbicidas— tendrá que volverse muchísimo más local. De manera ideal debería transitar hacia una agricultura ecológica de base perenne pensada a largo plazo.

3.- Recuperar el bien común.

Como señaló Karl Polanyi en los años 40, fue la mercantilización de la tierra, del trabajo y del dinero la que impulsó la “gran transformación” que condujo a la economía de mercado que conocemos hoy día. Sin crecimiento económico continuo, la economía de mercado probablemente no pueda funcionar durante mucho tiempo. Esto sugiere que deberíamos dirigir el proceso de transformación en sentido contrario, mediante la desmercantilización de la tierra, del trabajo y del dinero. La desmercantilización se traduce en la práctica en una reducción del uso del dinero como mediador en las relaciones humanas. Podemos desmercantilizar el trabajo ayudando a las personas a adoptar oficios y vocaciones, en contraposición a buscar empleo (“la esclavitud de las compras a plazos”), y promoviendo que las empresas sean propiedad de sus trabajadores. Como dijo el economista Henry George hace más de un siglo, la tierra —que no es creada por el trabajo de las personas— debe ser propiedad de la comunidad, no de individuos o empresas; y se debe garantizar el acceso a la misma en atención a la necesidad y el deseo de usarla en interés de la comunidad.

4.- Librarse de la deuda.

Desmercantilizar el dinero significa dejar que vuelva a su función como un medio inerte de cambio y reserva de valor, y reducir o eliminar las expectativas de que el dinero deba producir más dinero por sí mismo. Esto significa, en definitiva, acabar con el interés y con el comercio o manipulación de divisas. Convertir la inversión en un proceso que, por mediación de la comunidad, dirija el capital hacia proyectos de indiscutible beneficio colectivo. El primer paso: cancelar la deuda existente. A continuación, prohibir los derivados financieros, y gravar y regular estrictamente la compraventa de instrumentos financieros de todo tipo.

5.- Repensar el dinero.

Prácticamente todas las monedas nacionales hoy en día inician su existencia como deuda (habitualmente como préstamos por parte de los bancos). Los sistemas monetarios basados en deuda asumen tanto la necesidad creciente de ésta como la capacidad casi universal de pagarla con intereses, suposiciones estas relativamente seguras en economías estables y en expansión. Pero el dinero basado en deuda probablemente no funcionará en una economía en continua contracción: al tiempo que desciende el total de la deuda pendiente y aumenta el número de impagos, también descienden las existencias de dinero, conduciendo a un colapso deflacionario. En los últimos años el pánico para prevenir ese tipo de colapso ha llevado a los bancos centrales en los Estados Unidos, Japón, China y Reino Unido a inyectar billones de dólares, yenes, yuanes y libras en sus respectivas economías nacionales. Tales medidas extremas no pueden mantenerse indefinidamente, ni se puede recurrir a ellas repetidamente. Cuando las monedas basadas en la deuda terminen por fallar, se necesitarán alternativas. Naciones y comunidades deberían prepararse desarrollando un ecosistema de monedas que cumplan funciones complementarias, como recomiendan teóricos de las monedas alternativas como Thomas Greco y Michael Linton.

6.- Promover la igualdad.

En una economía en contracción, la desigualdad extrema es una bomba de relojería social cuya explosión a menudo toma la forma de rebeliones y revueltas. Reducir la desigualdad económica requiere dos líneas simultáneas de acción: Primero, reducir los excedentes de aquellos que tienen más gravando la riqueza e instituyendo un límite máximo a los ingresos. Segundo, favorecer al conjunto de los que tienen menos facilitando que las personas puedan salir adelante con un uso mínimo de dinero (prevenir los desahucios; subsidiar los alimentos y facilitar que la gente la cultive). Puede contribuir en este esfuerzo la exaltación cultural generalizada de las virtudes de la sencillez material (lo contrario de la mayor parte de los mensajes publicitarios actuales).

7.- Reducir la población.

Si la economía se reduce pero la población sigue aumentando, habrá una tarta más pequeña que repartir entre más gente. Por otra parte, la contracción económica implicará menos penurias si la población deja de crecer y empieza a disminuir. El crecimiento de la población lleva a la masificación y la hiper-competencia en todo caso. ¿Cómo conseguir el descenso de la población sin violar derechos humanos básicos? Promulgando políticas no coercitivas que promueven las familias pequeñas y la no reproducción; empleando en lo posible incentivos sociales en lugar de monetarios.

8.- Re-localizar.

Uno de los obstáculos en la transición a las energías renovables es que los combustibles líquidos son difíciles de sustituir. El petróleo impulsa casi todo el transporte en la actualidad, y es muy poco probable que los combustibles alternativos puedan hacer posible algo parecido a los actuales niveles de movilidad (los aviones de pasajeros y buques de carga eléctricos son un fracaso; la producción masiva de biocombustibles es pura fantasía). Eso significa que las comunidades obtendrán menos provisiones procedentes de lugares lejanos. Desde luego, el comercio continuará de una forma u otra: incluso los cazadores-recolectores comercian. La relocalización simplemente revertirá la reciente tendencia al comercio mundializado hasta que la mayor parte de los artículos de primera necesidad vuelvan a ser producidos en las proximidades, de modo que nosotros —como nuestros antepasados de hace tan solo un siglo [NdT: en los EEUU, porque en muchas otras zonas más tardíamente industrializadas y conquistadas por la sociedad de consumo, lo tenemos mucho más cerca en el tiempo]— estemos de nuevo familiarizados con las personas que hacen nuestros zapatos y cultivan nuestra comida.

9. Re-ruralizar.

La expansión de las ciudades fue la tendencia demográfica predominante del siglo XX, pero no se puede sostener. De hecho, sin transportes baratos y energía abundante, las megaciudades funcionarán cada vez peor. Al mismo tiempo, necesitaremos muchos más granjeros. Solución: dedicar más recursos sociales a las pequeñas ciudades y villas, poniendo tierra a disposición de jóvenes granjeros, y trabajar para revitalizar la cultura rural.

10. Promover la búsqueda de fuentes de felicidad interiores y sociales.

El consumismo fue una solución al problema de la superproducción; trajo consigo la modificación de la psique humana para volvernos más individualistas y para demandar más y más estímulos materiales. Más allá de cierto punto esto no nos hace mas felices (exactamente al contrario, de hecho) y no puede continuar por mucho más tiempo. A medida que se desvanece la capacidad de las personas para permitirse productos de consumo, al tiempo que la capacidad de la economía para producir y suministrar esos productos, se debe animar a las personas a disfrutar de recompensas más tradicionales e intrínsecamente satisfactorias, incluyendo la contemplación filosófica y la apreciación de la naturaleza. Música, danza, arte, oratoria, poesía, deportes participativos y teatro son actividades que se pueden producir localmente y ofrecerse en festivales de temporada: ¡diversión para toda la familia!


Puede completarse con más recomendaciones, sin duda, pero diez es un buen número redondo.
Seguramente muchos lectores se preguntarán: ¿No es esto simplemente dirigir el “progreso” marcha atrás, y no es eso la antítesis de los valores centrales de nuestra sociedad? Sí, durante los últimos siglos nos hemos enganchado a la idea de progreso, y hemos llegado a definir progreso casi enteramente en términos de innovación tecnológica y crecimiento económico, dos tendencias que están llegando a un callejón sin salida. Si queremos evitar el sufrimiento cognitivo de tener que renunciar a nuestro arraigado encaprichamiento con el progreso, podríamos redefinir esa palabra en términos sociales o ecológicos. De forma similar, mucha gente que considera que la sociedad está demasiado aferrada a la búsqueda del crecimiento económico como para poder convencerla de abandonarlo, defiende la redefinición de “crecimiento” en términos de aumento de la felicidad humana y de la sostenibilidad social. Tales esfuerzos de redefinición tienen una utilidad limitada. Ciertamente el acto de autolimitación colectiva que implica la reducción deliberada de la economía señalaría un nuevo nivel de madurez como especie que previsiblemente se reflejaría en toda nuestra cultura. Social y espiritualmente, esto sería un paso adelante que podríamos quizás describir, por tanto, como progreso o crecimiento. Pero es difícil monopolizar la redefinición de términos como “progreso” o “crecimiento”: ya hay poderosos intereses trabajando duramente vinculando nuevos significados del segundo a ingeniosas interpretaciones de datos manipulados y con la manicura hecha sobre PIB, empleo y mercado de valores.


Podría ser más honesto referirse al programa esbozado arriba como un simple retorno a la cordura. Es también nuestra mejor oportunidad para preservar los mayores logros científicos, culturales y tecnológicos de la civilización de los últimos siglos, logros que podrían perderse por completo si la sociedad colapsa del mismo modo en que colapsaron pasadas civilizaciones.

Las recomendaciones anteriores implican la capacidad y la voluntad de las élites de hacer virar el barco 180º. Pero tanto la una como la otra son cuestionables. Nuestro actual sistema político parece diseñado para prevenir la autolimitación colectiva, y también para resistir intentos serios de reforma. La medida más clara de la probabilidad de que se lleve a la práctica mi plan de diez puntos nos la da un simple ejercicio mental: trate de nombrar una sola persona destacada de la política, las finanzas o la industria que pudiera proponer o recomendar aunque solo fuese una pequeña parte del mismo.
Aun así, existe aquí una profunda ironía. Aunque el decrecimiento no tiene apoyo entre las élites, muchos, si no la mayoría de los elementos del plan expuesto tienen un apoyo muy amplio, real o potencial entre la población en general. ¿Cuánta gente no preferiría la vida en una comunidad pequeña y estable a la existencia en una megaciudad superpoblada e hipercompetitiva; un oficio a un empleo; una vida libre de deudas a las cadenas de unas pesadas obligaciones financieras? Tal vez articulando este plan y sus objetivos, y explorando las implicaciones con mayor detalle, podamos ayudar a que los grupos que podrían apoyarlo se unan y crezcan.

Charla impartida en la Conferencia sobre Tecno-Utopismo y el Destino de la Tierra, organizada por el Foro Internacional sobre la Mundialización el 26 de octubre de 2014 en The Cooper Union, Nueva York. Traducido con autorización por Benxamín González y revisado por Manuel Casal, a partir del original en inglés publicado por el Post Carbon Institute.

Azúcar, carne y el desfile de Victoria Secret

Jesús Nácher - Autonomía y Bienvivir

Aunque los más jóvenes quizás no lo recuerden, no fue hasta los años 90 cuando las supermodelos comenzaron a llamar nuestra atención. Supongo que siempre han existido las mujeres encargadas de lucir los diseños de los creadores de moda, pero nunca habían llamado demasiado nuestra atención. Esos cuerpos altos y delgados, en una palabra, esbeltos, con escasos pechos y caderas, no nos resultaban especialmente llamativos, al contrario que los de actrices, cantantes y otras mujeres simétricas, saludables y bien proporcionadas. En aquellos lejanos años ochenta pocos se habría fijado en una mujer con las piernas como palillitos. Ese vacío que queda entre los muslos, incluso después de juntar las rodillas, nos habría horrorizado, y no faltaría quién habría recomendado unas vitaminas o un buen chuletón.

Todo eso quedó muy atrás, y hoy las modelos representan la quinta esencia de lo que adoramos en una mujer. Cabe preguntarse ¿por qué? y a mi me gustaría aventurar modestamente una hipótesis. Nuestro gusto por la delgadez coincide en el tiempo con una epidemia de obesidad. Nuestra vida sedentaria, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y el fin del ama de casa tradicional, que cocina para su familia, el uso y abuso de alimentos procesados, con exceso de azucares, y un consumo de carne muy por encima de lo que sería recomendable (en EEUU 500 gramos al día, frente a los 70 que recomendados por los nutricionistas), ha disparado los índices de sobrepeso, diabetes y otras enfermedades relacionadas con la alimentación.


En una sociedad de gorditos, la delgadez cobra un valor que antes habría resultado sorprendente, especialmente cuando son las clases bajas las más afectadas por el exceso de peso. En efecto, porque la sociedad de mercado trata de resolver el problema creado por la baja calidad de la alimentación industrial ofreciendo productos que contrarresten los efectos causados por esta: gimnasios, nutricionistas, parches reductores, liposucciones, equipamiento deportivo. Todos estos productos requieren recursos, tiempo y dinero, que como sabemos no se distribuye de forma equitativa a lo largo y ancho de la sociedad. Estamos ante un giro histórico, posiblemente en la época de Rubens la situación sería la inversa.

Podemos ir un poco más allá y verlo dentro del contexto de una sociedad de consumidores, cuya característica fundamental, según Zygmunt Bauman, es que el principal producto a la venta son los propios individuos que la componen.

“Consumir” significa invertir en la propia pertenencia a la sociedad, lo que en una sociedad de consumidores se traduce como “ser vendible”, adquirir las cualidades que el mercado demanda o reconvertir las que ya se tienen en productos de demanda futura. La mayor parte de los productos de consumo en oferta en el mercado deben su atractivo, su poder de reclutar compradores, a su valor como inversión, ya se...a cierto o adjudicado, explícito o solapado. El material informativo de todos los productos promete –en letra grande, chica, o entre líneas- aumentar el atractivo y valor de mercado de sus compradores, incluso aquellos productos que son adquiridos casi exclusivamente por el disfrute de consumirlos. Consumir es invertir en todo aquello que hace al “valor social” y la autoestima individuales.
El propósito crucial y decisivo del consumo en una sociedad de consumidores (aunque pocas veces se diga con todas las letras y casi nunca se debata públicamente) no es satisfacer necesidades, deseos o apetitos, sino convertir y reconvertir al consumidor en producto, elevar el estatus de los consumidores al de bienes de cambio vendibles.

Así, para convertirse en un producto deseable, apetecible, el individuo trata de adquirir la característica de la esbeltez, y para ello a su vez necesita adquirir el resto de productos asociados a ella. El auge de las supermodelos sería a su vez tanto una muestra del gusto de la sociedad por la esbeltez como una forma de mostrar lo deseable que esta es, es decir, a su vez nos incitaría todavía más a ser esbeltos, actuando como una retroalimentación positiva.

Si esto es cierto, debemos reconocer que el mercado puede ser la herramienta más adecuada para incrementar el PIB, es decir, el flujo de bienes y servicios, pero no para satisfacer nuestras necesidades. Al fin y al cabo, el gusto por la esbeltez, no es más que una necesidad creada por la acción de mercantilización de la alimentación, y los procesos que la industria alimentaria sigue para reducir costes y aumentar sus beneficios. Lo que a la industria le interesa es que comamos más, ofreciendo siempre raciones más grandes. El resto de productos que tratan de facilitar alcanzar la esbeltez perdida vendrían a paliar o mitigar la iatrogenia creada por la propia industria. En ese caso, ¿no habría sido mejor desde un principio alimentarse de una forma menos mercantil, menos industrial? ¿Cocinarse uno su comida, a partir de productos frescos, evitar las bebidas azucaradas, la comida procesada y el exceso de carne? Ciertamente sí, pero no debemos olvidar que esto habría hecho que el PIB se redujese. En efecto, el PIB mide el dinero que cambia de manos, si yo me cocino mi comida y por tanto no consumo en un restaurante, el PIB disminuye, o no aumenta.

Visto lo visto no parece extraño que no confiemos demasiado en la disciplina económica para entender como satisfacer nuestras necesidades, los economistas nos dicen que nuestras necesidades son intercambiables entre sí y mensurables a través del dinero. En definitiva, fijándonos en otra metodología como la del psicólogo Abraham Maslow, si el precio de satisfacer mis necesidades sociales (amor, sentirnos queridos y apreciados, afecto, amistad o pertenencia) es demasiado alto, quizás lo puedo compensar consumiendo una mayor porción de necesidades fisiológicas básicas (comida, bebidas, sueño, refugio, etc).


Evidentemente esto es absurdo, incluso me atrevería a decir que es vergonzoso. Es vergonzoso basar recetas políticas en unos presupuestos cuya base está tan (h)errada, con h y sin hache. Frente a esta visión tan evidentemente errónea han aparecido otras, hasta el momento minoritarias, que reclaman una mayor atención hacia aspectos cualitativos, no lineales, del comportamiento individual y de la sociedad. Una de ellas es la del psicólogo Abraham Maslow sintetizada en la figura superior, otra de ellas es la del economista Manfred Máx-Neef. La relevancia del planteamiento de Max-Neef es que establece una taxonomía de necesidades universales, válidas transculturalmente, siempre y cuando sepamos distinguir entre necesidades, satisfactores y bienes económicos. Quién mejor lo explica es el propio economista chileno en su libro Desarrollo a escala humana:


Se ha creído, tradicionalmente, que las necesidades humanas tienden a ser infinitas, que están constantemente cambiando, que varían de una cultura a otra, y que son diferentes en cada periodo histórico. Nos parece que tales suposiciones son incorrectas, puesto que son producto de un error conceptual.

El típico error que se comete en la literatura y análisis acerca de las necesidades humanas es que se explicita la diferencia fundamental entre lo que son propiamente necesidades y lo que son satisfactores de esas necesidades. Es indispensable hacer una distinción entre ambos conceptos, por motivos tanto epistemológicos como metodológicos.

La persona es un ser de necesidades múltiples e interdependientes. Por ello las necesidades humanas deben entenderse como un sistema en las que se interrelacionan e interactúan. Simultaneidades, complementariedades y compensaciones son características de la dinámica del proceso de satisfacción de necesidades.

Las necesidades humanas pueden desagregarse conforme a múltiples criterios, y las ciencias humanas ofrecen en este sentido una vasta y variada literatura. En este documento se combinan dos criterios posibles de desagregación: según categorías existenciales y según categorías axiológicas. Esta combinación permite operar con una clasificación que incluye, por una parte, las necesidades de Ser, Tener, Hacer y Estar, y, por la otra, las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. Ambas categorías de necesidades pueden combinarse con la ayuda de una matriz.



De la clasificación propuesta se desprende que, por ejemplo, alimentación y abrigo no deben considerarse como necesidades, sino como satisfactores de la necesidad fundamental de subsistencia. Del mismo modo, la educación (ya sea formal o informal), el estudio, la investigación, la estimulación precoz y la meditación son satisfactores de la necesidad de entendimiento. Los sistemas curativos, la prevención y los esquemas de salud, en general, son satisfactores de la necesidad de protección.
Habiendo diferenciado los conceptos de necesidad y de satisfactor, es posible formular dos postulados adicionales. Primero: Las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables. Segundo: Las necesidades humanas fundamentales (como las contenidas en el sistema propuesto) son las mismas en todas las culturas y en todos los periodos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y de las culturas, es la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades.

Quizás un planteamiento así no sea el más efectivo para que el dinero cambie de manos, para producir intercambios monetarios, pero dado que permite tomar decisiones individuales y colectivas más congruentes para la satisfacción más efectiva y por el camino recto de nuestras necesidades, es muy probable que redunde en una mejora de nuestras condiciones de vida, y quizás, en un mundo menos exagerado e histérico.

Enrique Dussel "La filosofía europea no es universal"

Enrique Dussel es nombrado profesor Emérito por el Sistema Nacional de Investigadores (SNI)

Enrique Dussel es profesor en el Departamento de Filosofía en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de Iztapalapa (ciudad de México) y licenciado en filosofía de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza (Argentina), país del cual tuvo que salir exiliado en 1975.

También cuenta con un doctorado en filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, un doctorado en historia en La Sorbonne de Paris y una licencia en teología en Paris y Münster.
En entrevista con El Espectador, desde Ciudad de México, habló de cómo la tecnología no ha podido encontrar una salida concreta a la crisis ambiental.



Hablemos de lo que significa descolonizar el pensamiento, una idea que usted y el Grupo de investigación modernidad/colonialidad han venido impulsando en las academias de América Latina y el mundo.

Ahora tiene más actualidad que nunca lo que comencé a escribir hace 40 años. Pero al mismo tiempo, gracias a Aníbal Quijano y a otro grupo de profesores en Estados Unidos y en otros países, este tema de la descolonización epistemológica ha tomado mucha fuerza. Creo que nuestra problemática empieza a tocar eso que se llama ‘pensamiento universal’, que es el eurocentrismo pero ahora globalizado. Hemos empezado a poner nuestras preguntas a un nivel mundial, lo que nunca había acontecido, éramos una periferia intelectual de segunda. Nuestros filósofos de la U. Nacional y sobre todo de la universidad de los Andes siguen repitiendo a los europeos como Heidegger y Habermas. Yo conozco y conocí personalmente a muchos de estos filósofos europeos que hemos endiosado en las academias, pero en la actualidad pensamos más allá que ellos y planteamos problemas que no pueden dimensionar porque no tienen la experiencia y porque se han encapsulado en un provincialismo que ya debe quedar en el pasado.

¿Por qué cree que la apuesta por la descolonización del conocimiento está tomando fuerza en las academias de filosofía del mundo y está quitándole terreno a la filosofía analítica y otras tendencias?

La filosofía analítica es una filosofía del lenguaje, formalista. La misma escuela de Frankfurt ya habían realizado una fuerte crítica a su repetición de lo real pero fetichizado, moviéndose hacia un pensamiento abstracto que puede ser dicho en cualquier lugar y no vale para ninguno en concreto, lo que resulta en una generalización. Leer el trabajo de Karl-Otto Apel me permitió hacer una crítica a la filosofía analítica. Ha sido un diálogo largo con él, maestro de Habermas. Allí capté muchas cosas que me faltaban y ese diálogo me resultó muy provechoso. De igual forma ellos ya habían caído en un cierto formalismo eurocéntrico del cual no han salido, mientras que nosotros hemos avanzado mucho más en en diversos temas.

Entonces, ¿la apuesta de la descolonización epistemológica está tomando fuerza debido a que se da cuenta de la realidad práctica ?

Hacia 1969 e inicios de 1970 Salazar Bondy hizo una pregunta crucial ¿es posible una filosofía en América Latina? y respondía ‘no, porque somos colonia’. A ello se le sumó la respuesta del mexicano Leopoldo Zea quien dijo; ‘no, porque la filosofía es universal y siempre se practicó’. En este debate terció la Filosofía de la Liberación que afirma que desde luego siempre existió una filosofía latinoamericana, pero nunca fue reconocida mundialmente y los filósofos latinoamericanos en muchos casos no aparecen en la historia de la filosofía universal. La filosofía Europea no es universal. Empezar a pensar en estas condiciones y cómo librarnos de esa situación de periferia, -para usar los términos de aquellos años de centro periferia de la teoría de la Dependencia- es empezar a pensar de otra manera.

¿Cuál es la finalidad de la apuesta por la descolonización epistemológica?

La crítica al eurocentrismo va a ser que los europeos se descubran a sí mismos. No sólo que descubran el ‘Sur’, sino que examinen el papel que ha cumplido Europa en la modernidad. También va a impulsarles a tomar conciencia de que muchos de sus inventos vienen de Asia y Oriente. Ellos quieren ayudar a los países que fueron sus colonias y que hoy están en crisis pero invierten el 1% y sacan el 99% en el intercambio desigual del capitalismo. La tasa de ganancia tiene que dejar de ser el criterio de racionalidad, tenemos que pasar a criterios cualitativos, a criterios tales como si las personas viven mejor. Esa ‘no conciencia’ de ser el sujeto de dominación junto a grandes descubrimientos tecnológicos de la modernidad que también tocan su límite ecológico, están liquidando a la humanidad. Por eso Walter Benjamín habla de la necesidad de usar el ‘freno de emergencia’, pero no hay freno, ni siquiera la tecnología lo ha descubierto porque el capitalismo no tiene freno, el aumento en la tasa de ganancia es infinito, además los que acumulan capital nunca estarán saciados.

Háblenos un poco más de la modernidad…

La modernidad está llegando a su límite de destrucción de la vida en la tierra y generando una desigualdad gigantesca. Eso es eurocentrismo porque creen que han construido una gran civilización. En parte sí, pero fue algo que empezó en China y en el mundo Árabe, como lo evidencian las matemáticas y los vestigios de revolución industrial en China mucho antes que en Inglaterra. Además, los europeos dependen de Asia y no lo reconocen. Por supuesto en Asía también hay otras formas que están aniquilando el mundo, como el estanilismo chino que ha superado en producción a los Estados Unidos causando igual o más daños ecológicos con su modelo de producción.

¿Por qué nunca usa el concepto de ‘posmodernidad’? 

La crítica es a la modernidad. La posmodernidad es una etapa última de la modernidad. Desde que surgió la idea de lo posmoderno, yo realicé una fuerte crítica pues es una apuesta eurocéntrica. El mundo nunca vivirá ‘la condición posmoderna’ porque desapareceríamos antes por situaciones ecológicas, si viviéramos el mismo estilo de vida de Europa necesitaríamos otro planeta para sustentar nuestro estilo de vida. De lo que se trata es de ir más allá de la modernidad, en una nueva edad del mundo, que va a ser poscapitalista y ecológica. El pensamiento decolonial va a redescubrir Europa, por ello hay que pensar en una nueva sociedad, la palabra socialismo le queda muy chica.

Entonces, ¿qué modelo propone?

Una nueva edad a la que quizá la palabra socialismo le queda muy chica, ya que hemos visto que también es antiecológica y no contempla la liberación de la mujer ni la naturaleza, ni el respeto a los ancianos. Marx sí, pero no el socialismo. Debemos construir una nueva visión y a eso le llamo ‘transmodernidad’, no posmodernidad. Se trata de un debate que dio Bolívar Echeverría quien decía que teníamos que impulsar una modernidad sin capitalismo. Pienso que tenemos que ir más allá de la modernidad y del capitalismo que es la economía de la modernidad. No se puede ir más allá del capitalismo sin ir más allá de la modernidad, el marco categorial moderno es el problema, ya que sustenta una economía devastadora.

Algunos de los gobiernos latinoamericanos se encuentran en un tremendo dilema: ahogarse en los préstamos internacionales o crecer económicamente usando los recursos naturales que existen en sus territorios ¿cuál es su opinión?

En mi último libro ‘16 Tesis de Economía Política’,- publicado por la editorial Siglo XXI Editores- lo que muestro es que no una hay alternativa sino que existen muchas. El capitalismo va a terminar porque nada es eterno, pero no hay que señalar de inmediato qué alternativa ya concluida y fija se tiene a la mano. El capitalismo surgió contra el feudalismo y ni siquiera sabían lo que estaban haciendo. Nunca una alternativa tiene un sistema explícito, ni siquiera el socialismo, puesto que como vimos, era mucho más racional que el capitalismo y quería producir mucho más deformando las ideas de Marx. Por supuesto el mercado tampoco es la solución.

Algunos críticos han señalado que buscar en siglos pasados la solución al presente en otras realidades sería algo contradictorio a la apuesta de la descolonización. ¿Usted qué piensa? 

La teoría surge de la praxis, y la praxis va por tanteos. Sí voy por una calle y si no tiene salida. La vida fue evolucionando sin un proyecto, no era teleológica sino que construía criterios. No ha habido un proyecto teleológico implícito en las macromoléculas del universo para producir la vida. Todo ello fue pasando. Lo que sí puedo hacer es criticar con vehemencia al sistema actual y sus límites que se han vuelto peligrosos porque van hacia la extinción de la especie humana. En ese sentido Bolivia es el país más interesante hoy, porque las comunidades indígenas no han perdido sus tradiciones, estuvieron antes de la modernidad, durante y estarán después de la modernidad. Tienen criterios ejemplares como el respeto a la naturaleza, que es una actitud metafísica y ética que hay que recuperar.

Europa tiene en su mismo corazón grandes pensadores críticos, y la crítica decolonial no se trata de rechazar lo que hicieron en Europa sino saber quiénes hicieron la crítica a la modernidad, cómo se transforma en pertinente, y cómo puedo desarrollarla. No es descartar todo lo logrado por Europa. De cada civilización tomemos lo fuerte, lo interesante, lo crítico y lo desarrollaremos en la situación actual.

¿Desde qué época se puede rastrear la crítica a la modernidad y la filosofía Latinoamericana en nuestro continente?

Por ejemplo en el año 1514, Bartolomé de las Casas realizó una fuerte crítica a la violencia contra los indígenas, lo que se convierte en una crítica a la modernidad misma, un siglo antes de la producción filosófica de Hobbes y Humme. De las Casas es tan sólo uno de los ejemplos de los hombres que ya sentaban su pensamiento en el siglo XVI y que se anticipaban a la modernidad. Lo que pasa es que este siglo desapareció de la historia que se ha hecho hegemónica con las obras de Hobbes, Hume y Kant, y lo que paso en el siglo XVI no se estudia.

Entonces, la primera tarea epistemológica es repensar el largo siglo XVI cuyo centro fue España y la primera experiencia fue América Latina, esto quiere decir que nosotros somos la otra cara de la modernidad desde hace cinco siglos.
 
¿Pero, incluir y aceptar en pleno esas categorías ‘impuestas’ no sería desconocer la variedad de modos de producción que conviven en América Latina en una misma espacialidad y temporalidad?

En América Latina hay una elite criolla y moderna, además racista como dice Aníbal Quijano, pero colonial de todas formas. Bolívar en la Carta de Jamaica se pregunta ¿quiénes somos? y no sabe responder porque él es blanco criollo. Sí usted le hace esa misma pregunta a un indígena, sí sabe que responderle porque ha estado desde hace miles de años siempre. Bolívar pertenece a una elite, modernizada blanca y colonial, entonces lucha contra la colonialidad a medias, políticamente crea el estado y los demás aparatos pero no se da cuenta de todo lo que hay que descolonizar como la ciencia, la ideología, la economía. El pensamiento latinoamericano ha puesto grandes preguntas de significación mundial, nuestros libros han sido traducidos a todas las lenguas, ahora pensamos y ya cuando decimos algo nos miran con respeto.

Cinco argumentos a favor del decrecimiento

Giorgos Kallis  - Uneven Earth

The English version of this article is available here



El desarrollo sostenible y su reencarnación más reciente, el crecimiento verde, prometen la imposible hazaña de continuar el crecimiento económico sin dañar el medioambiente. Los defensores del decrecimiento, a diferencia, no pretenden apostar por un desarrollo mejor ni más verde, sino idear y aplicar una visión alternativa al desarrollo moderno basada en el límite al crecimiento.

El decrecimiento hace vacilar la mirada de sentido común que ve al crecimiento como algo bueno. Como decía la autora Estadounidense de ciencia ficción, Úrsula le Guin, se trata de “obstaculizar con un cerdo la vía del tren que nos lleva a un futuro de una única dirección, el crecimiento.” O, dicho de otra forma, el decrecimiento es un “concepto misil” que abre el debate silenciado debido al irrefutable consenso que existe en torno al desarrollo sostenible.

1. El decrecimiento es subversivo

La primera crítica común contra el decrecimiento es que este representa un punto de vista pesimista y limitado —más una pesadilla que un sueño—. Pero esto depende de la perspectiva personal. Para los 3 500 participantes que asistieron a la última conferencia sobre el decrecimiento, el crecimiento es una pesadilla, el decrecimiento, un sueño. El crecimiento tiene más coste social que beneficios, como documentó Herman Daly, y es actualmente anti-económico. Nos acerca al desastre climático como muestran Kevin Anderson y Naomi Klein. Siendo así, ¿por qué tendríamos que proteger las ideas de crecimiento como si se tratara de una visión optimista?

Principalmente por dos razones. La primera que el decrecimiento asusta a mucha gente que aún cree que el crecimiento es beneficioso. La segunda porque el decrecimiento es políticamente ‘imposible’. Muchos dicen que no se puede hablar de decrecimiento en medio de una crisis.

Si nuestro papel como científicos y educadores fuera complacer a la opinión pública y satisfacer a aquellos que están en el poder, la tierra seguiría siendo plana. El decrecimiento, tal y como lo plantea Serge Latouche, es una afirmación secular contra el dios del Crecimiento. El crecimiento ha sustituido a la religión en las sociedades modernas, dando así sentido a todos los esfuerzos colectivos. El decrecimiento está pensado para ser subversivo. El decrecimiento modifica la percepción de los bueno y la percepción de los malo. En un principio, puede que el término “decrecimiento” no suene bien en una u otra lengua. Entonces, el objetivo es hacer que suene bien. A juzgar por un artículo reciente en The Guardian, que sostiene que el decrecimiento es una “palabra preciosa”, los defensores del decrecimiento lo están consiguiendo.

El decrecimiento no es un objetivo final. La “economía solidaria”, los “bienes comunales” o la “convivialidad” son visiones optimistas impulsadas por la comunidad defensora del decrecimiento. Aun así, si este futuro llega, vendrá acompañado de una reducción drástica en la extracción de materiales y energía, junto con una “forma de vida” que se simplificará de forma radical. El obstáculo principal en el camino hacia una Gran Transición de este tipo es la obsesión por el crecimiento. Vencer el miedo al decrecimiento y revertir la aprensión a vivir con menos en alegría, es un primer paso. 

2. Menos de lo malo + más de lo bueno = Decrecimiento

La segunda crítica contra el decrecimiento afirma que lo malo no es el crecimiento en sí, sino el mal crecimiento económico actual. El cuidado medioambiental, las energías renovables y los alimentos orgánicos necesitarán crecer en una Gran Transición; “necesitamos menos de lo ‘malo’… y más de lo ‘bueno’, como argumentó cierto comentarista.
¿Y quién no estaría de acuerdo? Los problemas empiezan cuando lo que nosotros vemos como bueno, otros lo ven como malo. El liberalismo, agrupado en nociones generalmente aceptadas como la “sostenibilidad”, aboga por una neutralidad apolítica cuando se trata de intereses conflictivos. Por el contrario, el decrecimiento apuesta por una parcialidad transparente. Aquello que normalmente se considera “Crecimiento” (autopistas, puentes, ejércitos, presas) es malo para “nosotros” los defensores del decrecimiento. Por lo contrario, algunas realidades que se consideran anacronismos en el escalafón del progreso (instituciones comunales, comida local fresca, pequeñas cooperativas, o molinos de viento), son buenas. Quizá decrecimiento es un término imperfecto para denominar este fenómeno. Aun así, es mejor que términos neutrales como “sostenibilidad” o “transición” sin más detalle de las implicaciones a futuro.

Otro problema con este argumento es que “lo bueno” se calcula en términos de crecimiento. Un 2 % anual duplica “algo bueno” cada 35 años. Si Egipto empezase a contar sus bienes con un metro cuadrado, y los multiplicara cada año hasta un 4,5 %, para finales del año 3 000, su población necesitaría 2,5 mil millones de sistemas solares para guardar sus trastos. El crecimiento perpetuo, incluido el de comida orgánica, es absurdo. Ya es hora de dejar atrás la idea de expansión perpetua y el término crecimiento. Debemos centrarnos en cosas beneficiosas que florezcan en una cantidad y calidad suficientes para satisfacer las necesidades básicas de las personas.

También tengo mis dudas en cuanto a que una transición hacia una economía de “cosas beneficiosas” pudiera soportar el crecimiento económico de PIB. Paul Krugman recientemente ha sugerido que si este fuera el caso, esto implicaría que una escisión absoluta, donde el crecimiento de la actividad económica continúa y el uso de recursos se reduce, sería posible. Sin embargo, déjenme nombrar tres razones por las que esto es poco probable.

En primer lugar, una economía renovable produciría menos exceso de energía (tasa de retorno energético) que la economía del petróleo. Una economía con un nivel de superávit menor tendría más intensidad de trabajo y sería por lo tanto más pequeña.

En segundo lugar, en teoría, podría parecer que lograr incrementar el PIB en las energías renovables, educación y salud, y reducirlo en asuntos militares, haría crecer el PIN y reducir el consumo de recursos. Esto se llama la desmaterialización de la economía hacia la dirección de una economía inmaterial. Pero esto es una fantasía. Los paneles solares, los hospitales, los laboratorios universitarios, entre otros, no son inmateriales, sino más bien productos finales en cadenas largas que utilizan material intermedio y primario, y que utilizan la energía y los recursos intensamente. Aun arriesgándome a llevar mi ejemplo demasiado lejos, el emblemático servicio de salud nacional británico fue subvencionado por el petróleo que está protegido con armas en todo el Suez.
En tercer lugar, la transición de lo que llamamos una economía de todoterrenos, que explota las fuentes intensivamente, a una economía sin peso, de coches eléctricos o de libros electrónicos, reduciría la producción pero sólo momentáneamente. Una vez se complete la transición, un mayor crecimiento de la economía de coches eléctricos y libros electrónicos, por muy pocos recursos que se utilicen, seguirá aumentando la producción.

Por supuesto que todo esto es muy complicado. En teoría, no podemos descartar la posibilidad de un crecimiento verde y desmaterializado, especialmente si redefinimos qué entendemos como crecimiento. Me gustaría ser aún más incrédulo: estoy de acuerdo en que simplemente deberíamos ignorar el PIB y hacer más de lo bueno, independientemente del efecto que esto pudiera tener en el crecimiento.

El problema, sin embargo, es que el sistema actual no es incrédulo. Sin el crecimiento del PIB, el sistema se colapsaría (véase Grecia). Los intereses establecidos que controlan el sistema no tienen ninguna voluntad de dejar caer el PIB (véase la reacción ante la regulación del clima por parte de los lobistas y los foros conservadores, como el club del crecimiento en EE. UU.). Ser incrédulo no es una opción.

En otras palabras, no podemos permitirnos ser incrédulos en un sistema que sí depende del crecimiento del PIB: tenemos que actuar para cambiar los fundamentos del sistema, de modo que no dependa más del crecimiento del PIB. Necesitamos más instituciones para hacer sostenible y socialmente estable el inevitable decrecimiento.

3. Superar el PIB equivale a superar el crecimiento

La tercera crítica al decrecimiento es que el problema no es el crecimiento sino el PIB. Si pudiéramos medir solo los bienes que ofrece una economía, como los masajes, y descontar los perjudiciales, como los vertidos de aceite, entonces no habría razón para no querer crecer.
En primer lugar, el crecimiento continuo de cualquier bien, incluso el del PIB perfeccionado, es un objetivo absurdo. Yo no quiero una tierra donde la gente dé suficientes masajes para satisfacer a 2,5 billones de sistemas solares. Medir el éxito según una serie de indicadores fiables es una cosa, pero pedir que sigan creciendo de manera continuada va a ser siempre una postura sin sentido.

En segundo lugar, el Producto Interno Bruto cuenta lo que vale para el sistema económico actual: la circulación de capital, sea cual fuese su fuente. La decisión de la UE de incluir las drogas y la prostitución en el PIB, pero excluir los servicios de asistencia social no remunerados, es ilustrativo. El PIB cuenta el valor total monetizado. Esto es lo que produce beneficios corporativos y fondos públicos y esto es lo que los gobiernos quieren asegurar y estabilizar. La medición es un epifenómeno; es el resultado del sistema social, no su causa. Es por esto que el PIB persiste a pesar de las críticas de economistas prominentes.

4. Tenemos que disminuir nuestro crecimiento, pero no para que ellos

A menudo se argumenta que el decrecimiento es irrelevante, incluso insultante, para la mayor parte del mundo que permanece en la pobreza. El argumento es que mientras “nosotros” (los ricos y sobrealimentados del norte) podríamos tener decrecimiento, “ellos” (los pobres, poco alimentados del sur) todavía quieren y necesitan crecer. Este es el discurso más poderoso que perpetúa la ideología del crecimiento que hay que descartar, pero con cuidado.

Todos nosotros, hasta cierto punto o durante algunas épocas, nos sentimos como ‘los del Sur’. Mis compatriotas griegos me dicen que el decrecimiento no es para nosotros, ya que ahora somos pobres y estamos en crisis. El 99 % de la población de EE. UU. tiene buenas razones para creer que es el 1 % el que debe decrecer para que ellos puedan crecer. Incluso cuando se encuesta a los millonarios sobre cuánto dinero necesitarían para sentirse económicamente seguros, normalmente aseguran que el doble de lo que ya tienen, independientemente de su salario en ese momento.

Las comparaciones de posición llevan a perseguir y perpetuar el crecimiento. La inseguridad económica, en todos los niveles de salario, hace que todos corran cada vez más rápido para no caerse. 
Y las crisis económicas, cuando los estándares de vida decaen repentinamente y la inseguridad se intensifica, son los momentos en los que la búsqueda de crecimiento resurge con más fuerza, y por lo tanto, como una causa progresiva en estos momentos. Nunca será un buen momento para decrecer.
La mayoría de los habitantes de este planeta no cuentan con acceso a los bienes básicos, como agua o salud pública, pero lo merecen, y esto puede llevar a un mayor uso de la energía y los recursos. No obstante, esto no se necesita formular en los términos absurdos del crecimiento perpetuo. Es una cuestión de distribución y suficiencia. En el Norte necesitamos decrecer para que las cosmologías y las políticas alternativas más cercanas al espíritu de suficiencia del sur (como Sumak Kawsay o Ubuntu) puedan florecer. Las alternativas del sur han sido colonizadas intelectualmente por el desarrollismo, y materialmente a través de industrias extractivas que en nombre del crecimiento traen destrucción y pobreza. Esta colonización tiene que acabar.

La misma lógica se puede aplicar a otros países en crisis económica. En Grecia no necesitamos “crecer” para salir de la crisis económica (como si fuéramos niños, que es la manera en que nos trata la Troika en la actualidad). Necesitamos elaborar modelos alternativos de suficiencia, algunos basados en el pasado griego, materializados en instituciones que nos dejarán prosperar sin crecimiento.

Desconfío de aquellos que hablan en nombre de otros, recordándome que, a diferencia de lo que yo, un intelectual elitista, creo, ‘la gente pobre’ sueña con televisiones de plasma y Ferraris, y no podemos negarles esos sueños. La mayoría de la gente que conozco, incluyéndome a mí mismo, sí que tienen sueños materialistas: nuestra sociedad de clases fuerza estas ideas en nosotros si queremos permanecer como miembros seguros y dignos de ella. Afortunadamente, también tenemos el anhelo de llevar una vida más sencilla, de vivir en comunidad, de contar con amistades, y muchas otras necesidades que van con el imaginario del decrecimiento. La pregunta es cómo cambiar las estructuras sociales y los contextos institucionales de forma que satisfagamos estas últimas aspiraciones y no nuestros peores deseos materialistas.

5. Dejar el crecimiento atrás es dejar el capitalismo atrás

El capitalismo es el conjunto de instituciones de propiedad, financieras y comerciales que crean competencia insaciable, y fuerzan de ese modo a las compañías a crecer o perecer. El exceso que esta dinámica genera se invierte constantemente en más crecimiento. Una sociedad sin crecimiento puede seguir teniendo mercados, propiedad privada o dinero. Pero como sostienen Edward y Robert Skidelsky, un sistema económico que no crece y en el que el capital deja de acumularse, deja de ser capitalismo, lo quieran llamar como lo quieran llamar. Las instituciones de propiedad, crédito o empleo tendrían que reconfigurarse de forma radical para que el sistema fuera estable aun sin crecimiento. Tales reformas radicales incluyen propuestas como la asignación de un salario básico por ciudadano o el control público del dinero.

Las compañías benévolas como Mondragon o Novo Nordisk, que combinan la apreciación económica social y del medioambiente, son excepciones poco comunes por una razón. En una economía capitalista el beneficio es el punto de partida. Las preocupaciones sociales y medioambientales pueden admitirse por unos pocos actores, que pueden aumentar sus mercados y hacer dinero gracias a consumidores socialmente responsables. Tal y como lo describía George Monbit, “el capitalismo puede vender muchas cosas, pero no puede vender menos”.


Si la corporación comprende la economía de crecimiento globalizada, las cooperativas son el emblema de una economía de decrecimiento localizada. En una economía que no va a crecer más, las cooperativas de trabajadores o consumidores que no dependen de beneficios en continuo crecimiento tienen una ventaja natural. Es evidente que no todas las cooperativas poseen las características que las hace aptas para una transición al decrecimiento. Distinguiré la economía colaborativa de la “economía de alquiler” de AirBnB y otras corporaciones capitalistas similares que, independientemente de lo innovadoras que sean, reproducen la búsqueda de rédito y la dinámica de crear un superávit constante.


En conclusión

En este apartado sería apropiado citar a Tim Jackson: “El crecimiento no es compatible con un medioambiente sostenible, pero el decrecimiento es socialmente inestable”. Curiosamente, esta afirmación a menudo se menciona en contra del decrecimiento, de manera que se insiste en plantear un futuro único en el que tenemos que hacer sostenible el crecimiento y esperar un milagro tecnológico o social. Los adeptos a este paraíso tecnológico a menudo hacen referencia a innovaciones como casas inteligentes, hidroponía, robótica, la energía de fusión y los superordenadores. Yo me excluyo. A lo que voy es a que este futuro es insostenible, innecesario e indeseable (al menos para aquellos que nos consideramos partidarios del decrecimiento). Las soluciones tecnológicas suponen un coste para otros, para el medioambiente y para las generaciones futuras, a una escala aún mayor. El cambio climático es el legado de nuestros logros tecnológicos pasados.

Yo leo a Tim Jackson desde otra perspectiva. Dado que continuar creciendo es insostenible, tenemos que poner en marcha los cambios institucionales y sistemáticos que estabilizarán el decrecimiento.

Giorgos Kallis es un economista ecológico, ecologista político y profesor en el Instituto de Ciencia y Tecnología Medioambientales de Barcelona. Es el coordinador de la red europea de ecología política y editor del libro ‘Decrecimiento: un vocabulario para una nueva era’ (Ediciones Icaria).

Traducción del Inglés: Santiago Forés-Barrachina