Similitudes y complementos entre el Decrecimiento y la Transición

Rogelio Fernández Reyes - 15/15\15

El taller titulado “Similitudes y Complementos de los movimientos de decrecimiento y de transición” surgió desde una propuesta de una lista de correos del Eje Nacional de Transición para abordar en el III Encuentro de Redes e Iniciativas Decrecentistas y Transicioneras organizado en Sevilla los días 1, 2 y 3 de noviembre de 2013.

La propuesta fue admitida y se desarrolló el día 2 de noviembre en dicho encuentro, bajo el título “Similitudes y Complementos de los movimientos en decrecimiento y de transición”. El contenido de este artículo apareció por primera vez en Internet en la Red de Transición y no se llegó a publicar en ninguna revista. Hoy se publica en 15/15\15 para darle una mayor difusión y llegar a personas a las que les pudiera interesar. Quizás para apoyar debates.

El desarrollo del taller comenzó con una bienvenida y la presentación de los objetivos, que eran cuatro: crear puentes, conocernos, retroalimentarnos y concluir desde la inteligencia colectiva. Hubo un espacio introductorio para ubicar ambas redes, en el que se expuso que suponen un complemento al ecologismo, junto a ecoaldeas, ecomunicipalities, ecologismo político, Pachamama, simplicidad voluntaria, buen vivir, economía del bien común, paso lento, economía ecológica, cooperativas integrales, etc. 

La metodología que se siguió fue la del World Café. Se dividió la sala en tres mesas de trabajo, donde un anfitrión quedaba de manera permanente tomando notas, y el resto del grupo cambiaba para contestar cada una de las tres preguntas que se formularon. Estas fueron las preguntas:
  1. ¿Qué importancia tiene para mí, en el ámbito del pensamiento y en del corazón la red o la iniciativa en la que participo en este momento histórico?
  2. ¿Qué similitudes y particularidades percibo en el decrecimiento y la transición?
  3. ¿Cómo facilitar un enriquecimiento mutuo?
Los doce participantes (durante un tiempo del taller fueron trece) procedían de iniciativas de transición, del ámbito del decrecimiento y de iniciativas diversas. También había personas que estaban investigando y personas que asistieron porque no conocían y querían aprender algo sobre el tema. 

Una vez respondidas las tres cuestiones, los anfitriones expusieron las anotaciones que tomaron en cada mesa y cada miembro tuvo oportunidad de compartir cómo le había ido a través de otras tres preguntas que respondieron y compartieron de manera individual. Diez de los participantes entregaron la ficha para su compilación. 

Las preguntas finales fueron:
  1. Reflexión sobre el proceso del Word Café
  2. ¿Qué te ha reportado a título individual?
  3. Lo más importante o destacado desde el punto de vista social o comunitario

Reflexiones en el World Café

A continuación se exponen las preguntas y las respuestas efectuadas:

1.- ¿Qué importancia tiene para mí, en el ámbito del pensamiento y en del corazón la red o la iniciativa en la que participo en este momento histórico?

  • —Creo que me hace mejor persona y me une a gente.
  • —Hace ver que hay alternativa y eso da gran satisfacción. Ver que la administración está atenta a estos movimientos.
  • —Importancia de cambio de estilo de vida sostenible; salir del individualismo.
  • —La palabra transición es vital para mí. El contexto del momento histórico lo hace más trascendental.
  • —Parte macro y teórica de acción política para dar dirección en mi vida; la práctica diaria también es importante.
  • —Trasciendo el plano individual y hablo de humanidad.
  • —Participar en primera persona. Te hace partícipe, cuestión de compromiso, satisfacción inmediata por hacer algo en lo que crees.
  • —¿Emocionante? Sí, pero también quema. Hay sentimientos negativos también. Una mezcla.
  • —Noto avanzar. Si estas ideas no se pusieran en práctica no avanzaría.
  • —Da esperanza que haya diferentes iniciativas, me inspira.
  • —Sentar las bases para cambiar, buscar una salida a la forma de vida actual acorde con la militancia.
  • —Canal que permite intentar dejar el mundo mejor de lo que lo encuentro.
  • —Cambiar de vida, conectar, retomar la parte más natural y colectiva, alejarse de la enajenación del productivismo.
  • —Crear redes alternativas al sistema, sentar las bases para el cambio.
  • —Sentirse parte de algo que sea más capaz que un individuo.
  • —No quedarse en reclamar, llevar propuestas a cabo que exigen un nivel de coherencia que necesita un proceso de transformación muy potente.
  • —Exigencia de coherencia: generar espacios de compartir, consumir de otra manera.
  • —Marco sin institucionalizar que permita más libertad, más margen de maniobra.
  • —Transformación individual profunda.

2.- ¿Qué similitudes y particularidades percibo en el decrecimiento y la transición?

  • —Diferencia a nivel político. El decrecimiento es más político, rebeldía al capitalismo, más aparejado al aspecto económico; y la transición engloba más colectivos. La filosofía puede ser la misma.
  • —Decrecimiento: más general, alternativo al crecimiento; Transición: a nivel más local, acciones.
  • —Movimientos muy parecidos. Entran en la misma línea: ecoaldeas, monedas locales… Discurso está calando en la administración, incapacitación del discurso ecologista en el sistema.
  • —Ambos pasan por la austeridad (el decrecimiento siempre, y la transición es para luego vivir con más); diferencias de identidad e ideas.
  • —Difícil establecer una ubicación desde donde participo, tal vez no hace falta poner etiquetas. El decrecimiento es más global y más político. Hay mucha gente que enlaza con ciudades o movimiento en transición por su fácil conexión desde lo local y que no requiere plantear unas ideas de movilización global. Cosas en común: recursos limitados, etc. Y mucha etiqueta.
  • —Enfoque local (soberanía alimentaria, etc.) en común. Falta unión.
  • —Sumar más en común y ya habrá tiempo de ponernos de acuerdo cuando las prácticas sean incompatibles. Hay muchas ideas contrapuestas dentro de ambos.
  • —Actitud inclusiva (a ser posible desde la experiencia).
  • —La transición tiene una meta energética más específica; el decrecimiento es más general se podría decir.
  • —Recelos entre movimientos: miedo a la diferencia (lo que no conocemos amenaza). Similitudes: contenido, temática, fin último. Particularidades (transición): meta energética, carácter inclusivo. Particularidades (decrecimiento): discurso global, no sólo local, y es más amplio.
  • —El decrecimiento es una actitud y la transición una herramienta. Particularidades: el decrecimiento más dirigido al consumo a partir de la actitud y lo político y la transición más dirigido a la energía. Similitudes: colocación de etiquetas, oportunidad de ser personas, parten de una concepción del ser humano más completa (integra más partes, armonía y felicidad). Por ello son formas de vida inclusivas (incluye los cuidados, el trabajo reproductivo, no sólo el productivo).
  • —El decrecimiento incluye al de transición. El decrecimiento es filosofía, marco teórico; la transición es la actuación, el camino.
  • —Tienen en común muchas iniciativas: moneda social, soberanía alimentaria, descenso energético, autogestión, etc., así como la opción por un cambio de paradigma.

3.- ¿Cómo favorecer un enriquecimiento mutuo (entre el decrecimiento y la transición)?

  • —La comunicación es muy importante, para que las ideas no se queden en el propio pensamiento. Cruzar pensamientos y tener la mente abierta a nuevas ideas. Del intercambio de ideas puede surgir una inspiración y crear algo más grande.
  • —Compartir, unir conociendo similitudes. Ser más laxos en normas y tener la mente más abierta.
  • —Trabajo personal para entender que todos estamos conectados.
  • —Fomentar la comunicación entre ambos movimientos y la invitación mutua a las convocatorias.
  • —Te arrancas y luego te ponen etiqueta. Enfoque del objetivo final (decrecimiento) y cómo (transición).
  • —Apolitización del movimiento de transición puede abrir más decrecimiento. Quitas la parte política del decrecimiento y es casi transición.
  • —Enriquecimiento entre acción y teoría.
  • —Abrirse a historias y a otros movimientos.
  • —Disposición a la escucha y vencer la timidez (plano personal).
  • —Enriquecimiento: no solo como intercambio, también compartir bienes, colectivización de bienes (que es diferente del bien público cuya titularidad es del Estado).
  • —Patentes abiertas, conocimiento libre, ideas sin dueño, redes de confianza, cambio de mentalidad, propiedad colectiva.
  • —Responsabilidad de cuidar.

Las respuestas a las preguntas finales fueron:

a) Reflexión sobre el proceso del Word Café (se preguntaba sobre la metodología)

  • —Enriquecedor. Hacer grupos dinámicos abiertos a todos. Cada persona tiene algo que aportar para tener una visión más global. Metodología orgánica y dinámica extrapolable a todos los niveles para definir marcos, proyectos y estrategias comunes, de forma democrática real y autogestionada.
  • —Parecido a lo que puedo hacer en un bar, pero con un orden del día sobre los temas a tratar.
  • —Metodología interesante para contrastar en poco tiempo y con participación de todos, percepciones y reflexiones. La aportación teórica inicial poco clara.
  • —Ha estado muy bien.
  • —Me parece bastante interesante en la medida en que permite la participación activa de todas las personas, democratizando de esta manera el proceso. Permite la escucha activa y la empatía de las personas que participan, creando un espacio de aprendizaje mucho más rico. También permite compartir experiencias y realizar aportaciones a las propias experiencias personales.
  • —Creo que los contenidos no los controlábamos a nivel teórico la mayoría de los participantes. Sería más práctico que personas con experiencia práctica conseguida en un movimiento expusieran algún detalle destacable de su experiencia y su conexión con el decrecimiento o el movimiento de transición.
  • —Interesante dinámica y efectiva forma de poner en común reflexiones individuales que, con otro método más colectivo quedarían más dispersas.
  • —Un buen sistema para crear buenos compartires.
  • —Buena forma de activar la participación.
  • —Genera una vibración positiva, con riqueza de aportaciones.

b) ¿Qué te ha reportado a título individual?

  • —Un enriquecimiento de ideas, algunas de otros países.
  • —Claridad de conceptos y comprobación de aquello de que el nombre es lo de menos. Lo importante son las acciones y no deberíamos preocuparnos tanto por las etiquetas.
  • —Me voy distinguiendo elementos propios de cada movimiento y convencido de que tienen más en común que diferencias: cada experiencia práctica podría ser considerada decrecentista o de transición según quién y cómo la analice.
  • —Una metodología muy interesante. Mejor cuanto más dominan el tema los participantes. He aprendido de otros compañeros y hemos construido ideas con los pequeños pedazos que aportaba cada uno.
  • —Hay mucho más de común que de diferenciador entre el decrecimiento y la transición.
  • —Enriquecimiento personal, conocer a cada uno de manera cercana, sintiendo su particularidad, mayor conocimiento sobre el decrecimiento y la transición, proyectos concretos y personas implicadas en ellas.
  • —Nuevos puntos de vista y reflexiones, práctica de idiomas y organización mental de las ideas.
  • —Me ha aportado enriquecimiento a nivel de experiencias de transición y decrecimiento.
  • —Hay más cosas que nos unen que las que nos separan.

c) Lo más importante o destacado desde el punto de vista social o comunitario.

  • —Nos animamos unos a otros y nos retroalimentamos, haciendo los diferentes movimientos más fuertes y más creíbles. Esto nos lleva a convertirnos en una opción de cambio cultural, que por cierto, ya está ocurriendo y podemos observar en muchas administraciones.
  • —Ambos movimientos tienen una repercusión social de beneficio a las comunidades pequeñas en principio y extensibles a gran escala.
  • —El aporte social del proceso de hoy se limita a los que estamos aquí: que está bien. Si lo llevamos a nuestros colectivos puede que tenga más efectos. Yo lo haré, y con ese objetivo vine al grupo.
  • —Pues que muchas acciones locales no tienen etiquetas, y luego se las ponemos para llamarlas/agruparlas en un movimiento. Sí que es verdad que las identidades (algunos dirían “de clase”) ponen más barrera a la comunicación que las diferencias teóricas entre distintos movimientos progresistas.
  • —Los contenidos de la dinámica.
  • —Pequeña experiencia de “mente colmena”, planteamiento de cuestiones generales relevantes, problemática sobre etiquetaje de ideas y movimientos.
  • —Lo más importante: la democratización de los procesos de participación.
  • —Hay que compartir los encuentros a modo de colectivo para darnos cuenta físicamente de que somos muchos quienes queremos lo mismo.
  • —Ambas son una aportación real, con mucho potencial, de que es posible un cambio cultural.

Conclusiones

Cada persona puede extraer de aquí diferentes conclusiones. Estas fueron las mías:
  1. Creo que se cumplieron los objetivos del taller. Se crearon puentes entre personas e iniciativas, fue una oportunidad de conocernos, nos retroalimentamos unos de otros y llegamos a unas conclusiones desde la plena participación fomentando la inteligencia colectiva.
  2. La primera pregunta pretendía ir más allá del discurso cerebral para abrir espacio al corazón. Particularmente creo subrayable la mención de una transformación personal (novedoso con respecto a otras iniciativas sociales), trascender el individualismo por lo comunitario y la posibilidad de ser protagonista, en un marco de conciencia sobre la necesidad de un cambio cultural.
  3. Tanto el decrecimiento como la transición son definidos de distintas maneras: como movimientos sociales[1], como herramientas[2], como redes[3] y como actitudes. También hay una crítica a las etiquetas, de quienes consideran que son negativas[4]. A la hora de recopilar los complementos o diferencias, nos encontramos con la consideración de que el decrecimiento tiene un discurso más global, político y de posicionamiento contra el capitalismo; y la transición es más local, energética e inclusiva. En cuanto a las similitudes, hay consideraciones a que cuentan con iniciativas que trabajan de la misma manera, la misma filosofía y que son muy parecidas.
  4. Para favorecer un enriquecimiento mutuo hay referencias a potenciar la comunicación, el compartir, la apertura, invitación mutua a convocatorias, trabajo personal para concienciarnos de que todos estamos conectados.
En cuanto a las preguntas finales, estas son las conclusiones a las que llegué:
  1. La metodología del Word Café es aplaudida por las posibilidades de participación democrática y autogestionada.
  2. Lo que ha reportado el taller a título individual es un enriquecimiento personal de ideas y de conocimiento de experiencias de decrecimiento y de transición. También la conclusión de que hay más cosas que unen de las que separan. Y la mención que lo importante son las acciones, más allá de las etiquetas.
  3. Entre lo más importante o destacado desde el punto de vista social y comunitario, se encuentra la consideración de que hay una retroalimentación positiva entre ambas y un gran aporte a la sociedad: la experiencia de que es posible un cambio cultural y que ya está ocurriendo.
Decrecimiento & Transición
Decrecimiento & Transición. Autor: Casdeiro (a partir del logo de las TT, de un caracol de Hokusai y una textura de Zigabooooo)

Notas

[1] Se pueden considerar movimientos en cuanto cuentan con elementos esenciales para ello: estructura de movilización, identidad colectiva y repertorios de movilización (García Linera, Alvaro: “Movimientos sociales. ¿Qué son?, ¿De dónde vienen?” en Barataria nº 1, La Paz, Bolivia oct/dic 2004).
[2] Se pueden considerar herramientas desde la epistemología del paradigma ecológico.
[3] Riechmann y Fernández hacían un marco teórico de iniciativas sociales bajo el título Redes que dan libertad (Paidós, 1994).
[4] Justificada desde la limitación que conllevan los encasillamientos.

A la búsqueda del progreso sin crecimiento

Antón Costas - ctxt

Prólogo de ‘El despilfarro de las naciones’, de Albino Prada Blanco

 
El J.R. Mora de hoy: La milla de oro

Este libro que tiene en las manos, querido lector, es un ensayo singular, único y oportuno sobre el desorden económico actual de las sociedades desarrolladas. Singular en el sentido de que es una mirada diferen­te a la convencional sobre la naturaleza, causas y soluciones a la crisis económica actual. Único porque no encontrará una obra similar de un autor español en la literatura económica de los últimos años. Y oportuno porque en tiempos de tribulación y cambio como los actuales es conveniente volver a visitar los clásicos del pensamiento económico para buscar en ellos inspiración para la comprensión de nuestros problemas. Su relectura no resuelve por sí sola esos problemas, pero nos ayuda a ponerlos en perspectiva. Y eso es lo que hace el profesor Albino Prada en este ensayo.

Como ocurre con las grandes encrucijadas de la historia, las crisis económicas, con los daños colaterales que traen consigo en términos de malestar social y de convulsiones políticas, obligan a los economis­tas a elevar la mirada desde la estrecha especialización en que se mueven cotidianamente a las grandes cuestiones morales que están detrás de la investigación económica. Son momentos en los que se necesitan wordly philosophers, para utilizar la afortunada expresión que utilizó Robert Heilbroner en su celebrado libro publicado en 1953: The Worldly Philosophers: The Lives, Times And Ideas of the Economic Thinkers.

John Maynard Keynes, sin duda el economista más influyente de las primeras décadas del siglo pasado, sugirió que los economistas deben ser como los dentistas. Es decir, profesionales que con su conocimiento especializado son capaces de aliviar los males sociales como hacen los dentistas con el dolor de sus pacientes. Esta capacidad para enfrentarse a problemas concretos relacionados con el dinero, el empleo, la inflación, el ahorro, la inversión, la productividad, los salarios, los impuestos, los gastos públicos o el comercio internacional es una habilidad que, sin duda, hay que exigir a los economistas como profesionales. Al afrontar este tipo de problemas específicos, los economistas adoptan un enfoque limitado basado en la hipótesis de que los agentes económicos toman decisiones de ahorro, inversión, producción o consumo basado en el supuesto de racionalidad ante recursos escasos.

Pero el propio Keynes, enfrentado a los efectos de la Primera Guerra Mundial, la volatilidad financiera, el crash financiero de 1929 y la Gran Depresión de los años 30 dejó de lado esa dentist approach para adoptar la de worldly philosopher: elevó su mirada para fijarla en el funcionamiento del sistema capitalista como un todo y en el aliento moral que todo sistema económico necesita para orientarse al progreso social. Al hacerlo fue capaz de recuperar un lenguaje económico necesario para analizar el funcionamiento del capitalismo y enfrentarse a las grandes cuestiones de la economía política clásica, como es la de la distribución. Su visión de que las grandes crisis económicas no son problemas de escasez sino de abundancia mal distribuida y, por tanto, de despilfarro, fue esencial en su análisis. De esa forma fue capaz de proponer reformas y políticas que civilizaron el capitalismo salvaje de finales del XIX y comienzos del XX y de reconciliarlo con el progreso social y la democracia. Un matrimonio que convivió razonablemente bien durante las tres décadas siguientes a la salida de la guerra hasta los años ochenta del siglo pasado.
 
Hoy, en medio del vendaval que ha provocado la crisis financiera y económica de 2008 y de las políticas de austeridad pública que le si­ guieron, las sociedades desarrolladas se encuentran de nuevo en una encrucijada similar a la de aquellos años. De ahí que sea necesario recuperar de nuevo un enfoque de nuestros problemas propio de los worldly philosophers.

Eso es lo que hace el profesor Albino Prada en este ensayo. Su ambición se manifiesta ya en su mismo título, El despilfarro de las naciones. Un título que evoca el de alguna de las obras de los grandes clásicos de la economía: Las causas de la riqueza de las naciones o La pobreza y la riqueza de las naciones. Pero esa ambición subyace también en el enfoque y el contenido: vuelve la vista a una de las grandes cuestiones de la economía política clásica: la distribución. Una cuestión vital para el buen funcionamiento del capitalismo pero que había sido abandonada por parte de la corriente de investigación económica dominante en la profesión.
 
El profesor Prada se inclina por la visión de las crisis económicas no como un problema de escasez, como lo hace la investigación convencional, sino como consecuencia de un problema de gestión de la abundancia. Y para documentar esa visión se apoya en los clásicos, tanto en los “antiguos”, como John Stuart Mill, como en los “modernos”, en particular en John Kenneth Galbraith. Desde esta perspectiva, el problema de nuestras sociedades no es el de la producción sino el del consumo y de la distribución de la abundancia. Es decir, el despilfarro que se produce cuando la economía pierde su aliento moral y no mira hacia el progreso de la sociedad en su conjunto sino hacia la simple satisfacción de necesidades inducidas por los propios productores. De ahí que, para nuestro autor, la pobreza, la falta de inclusión social no sea básicamente un problema de falta de recursos económicos frente a unas necesidades sociales crecientes, sino de mala distribución y de despilfarro de los recursos existentes. Como señala acertadamente, la tasa de creci­miento económico del último siglo XX ha sido muy superior a la del crecimiento de la población y, sin embargo, los problemas de pobreza y exclusión no han disminuido sino todo lo contrario.

Esta preocupación por la mala transformación del crecimiento en progreso social es el aliento básico que, a mi juicio, subyace en este libro. Y, más allá, en mucha de la investigación que el profesor Albino Prada ha llevado a cabo en los últimos años. ¿Por qué unos países se muestran más capaces que otros a la hora de transformar el crecimiento del PIB, o de la renta per cápita, en progreso social? Es decir, ¿por qué unos países son menos despilfarradores que otros? Para responder a esta cuestión el autor, junto con el profesor Patricio Sánchez, han desarrollado un ‘Índice de Desarrollo Inclusivo’ (IDI 15) que incluye más variables sociales que las del Índice que elabora el Foro Económico Mundial (IDI 12). Eso les permite corregir los sesgos de este último e identificar qué países lo hacen mejor y por qué. Esas investigaciones anteriores y la lectura de este libro sobre el despilfarro de las naciones me llevan a concluir que el foco de la investigación de nuestro autor es la defensa de la tesis de que es posible el progreso sin crecimiento.

El ensayo del profesor Prada no se queda en el análisis crítico del despilfarro del capitalismo finisecular. Es también propositivo. Su agenda para la búsqueda de “una sociedad decente” se apoya, por un lado, en la crítica a la “sociedad de mercado” –que ha mercantilizado todos los valores que caracterizan a esa sociedad decente– y, por otro, en la defensa de una ciudadanía global, en la que el reconocimiento de los derechos económicos y sociales no se limite a los ciudadanos de las “metrópolis” de las sociedades capitalistas.

Si tuviese que hacer alguna observación sería a esta última parte del libro. A los lectores nos vendría bien una mayor precisión en la distinción entre “economía de mercado” y “sociedad de mercado”. Como bien señala a lo largo del libro, los grandes clásicos defensores de las virtudes sociales del mercado y de la competencia nunca confundieron economía de mercado con sociedad de mercado. Al contrario, tanto Adam Smith como John Stuart Mill o, quizá más significativamente, Friedrich Hayek, han señalado los límites de mercado a la hora de suministrar bienes públicos o bienes privados cuya producción y/o consumo generan externalidades; es decir, costes para la sociedad. Y defendieron la necesidad de la acción pública y estatal para conciliar el mercado con una sociedad decente.

Aunque en las últimas décadas –coincidiendo con la hegemonía intelectual y política del neoliberalismo defensor de un capitalismo cosmopolita y ácrata– desde la filosofía moral, la ciencia política y sociología se ha extendido una crítica poco precisa al mercado, tengo para mí que el mercado se puede defender también desde los principios y la retórica de la filosofía moral. Es decir, que es perfectamente recon­ciliable con la idea de sociedad decente que reivindica el profesor Pra­da. 

Otra cosa distinta son las tipologías específicas de economías capitalistas que se han desarrollado desde los años ochenta, incluyendo la china y la rusa. Pero, en este terreno, no hay que olvidar que las diferentes variedades de capitalismo no son más que expresiones patológicas del modelo de la economía de mercado. Expresiones que necesitan para civilizarlas de una democracia y una sociedad exigente.

Esta observación no empaña, sin embargo, como dije al inicio, el in­terés y la oportunidad del libro. Tiene además la virtud adicional, y no menor, de estar escrito de forma ágil, en la que la amplia documentación que maneja y el uso de las citas directas en el texto no interfiere en la rapidez y comprensión de su lectura. Al contrario, le da veracidad, proximidad y familiaridad con los autores, tanto los clásicos como los actuales, que utiliza. Esto hace que su lectura sea, además de ilustrada, amena.

Finalmente, este ensayo cumple a la perfección el lema del sello editorial en el que se publica: el de ser un libro “para personas que aprecian el debate y quieren enriquecerse intelectualmente con ideas nuevas y distintas”. Tengo la seguridad de que el lector lo comprobará desde sus primeras páginas.

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El despilfarro de las naciones. Albino Prada Blanco.  Prólogo de Antón Costas. Clave intelectual, 2017.

Humberto Beck: "Quizá lo liberador no es acelerar, sino detenerse"

Ignasi Franch - El Salto

Iván Illich (1926-2002) nació en Viena pero también vivió en América Latina. Fue un sacerdote de ideario cercano al anarquismo. Entremezcló la crítica a la desigualdad social con las preocupaciones ecológicas y se le puede considerar un defensor filosófico del decrecentismo. 

Criticó duramente los modelos vigentes de educación, sanidad o transporte mediante libros como La sociedad desescolarizada o Némesis médica. En Otra modernidad es posible, el ensayista Humberto Beck recupera algunos de sus diagnósticos y sus recetas para conseguir una sociedad con más equidad y, a la vez, más autonomía de los individuos.
 
¿Qué destacarías del pensamiento de Illich? 

 
Que integra muchas preocupaciones sobre el presente cuando indaga en la lógica interna de las instituciones modernas. Analizó la escuela, la sanidad o los sistemas de transporte y descubrió que tienden a convertirse en fines en sí mismos. Crean efectos secundarios no previstos, como daños medioambientales, desigualdad y polarización social... Internamente, en su propio funcionamiento, tienden a producir lo opuesto a lo que debían conseguir.


Illich maneja el concepto de contraproductividad, que mencionas muy a menudo en tu libro. El progreso tecnológico, por ejemplo, produce efectos indeseables cuando supera determinados umbrales. Si vivimos inmersos en sistemas contraproductivos, ¿cómo podemos alcanzar esa otra modernidad a la que haces referencia en el título de tu libro? 

 
El primer paso sería el diagnóstico y la crítica. Ya es un paso bastante radical, porque hay algo en el propio funcionamiento del sistema moderno que oculta sus efectos negativos. Por ejemplo, se supone que la escolarización obligatoria existe para contribuir a la educación y la igualdad social. Pero la escuela organizada, basada en las certificaciones escalonadas y cada vez más altas, facilita que se olvide el conocimiento en favor de la consecución de credenciales y crea una máquina perfecta de discriminación. ¿Qué solución suele plantearse? Hacer más de lo mismo.


Esta lógica recuerda a la reacción al crack financiero y la crisis económica. La solución a los desastres del neoliberalismo es más neoliberalismo. 

 
Sí. Se afirma que los problemas que genera el crecimiento económico solo se pueden solucionar con más crecimiento económico, o que los efectos adversos de la austeridad se resuelven con más austeridad. Es un círculo vicioso. La originalidad de Illich es que escapa de este bucle.


Y también elude estas persecuciones de horizontes inalcanzables, porque no es concebible un mercado sin ningún tipo de regulación ni una modernidad absolutamente moderna. ¿La modernidad que analiza Illich y la desregulación neoliberal son distopías? 

 
Podrían denominarse así, porque no hacen más que crear problemas graves que se acrecientan con su propio funcionamiento. A diferencia de otros autores, tanto marxistas como liberales, Illich opta por poner cercos al crecimiento económico, a las instituciones tecnológicas. Su piedra de toque para construir otra modernidad pasa por establecer unos límites. 


 Al pensar el presente o al imaginar el futuro, partimos de nuestra propia experiencia. Y eso genera límites a lo que podemos criticar, incluso a lo que podemos imaginar. Illich afirma que aceptamos dogmas que solo son incuestionables en apariencia, porque no vemos otras maneras posibles de vivir. 
 
Sí, y es un fenómeno curioso porque el planteamiento original de la modernidad era precisamente el cuestionamiento de certezas. Era un disolvente crítico de los estamentos sociales y de los dogmas intelectuales. Illich cree que en algún momento se produjo un desajuste entre los medios y los fines: la propia modernidad se quedó anquilosada en una visión contraproducente de sí misma. Para combatirlo, propone una vuelta a ese espíritu original. Y poner límites nos puede sonar anticuado, pero Illich nos señala que hay una tradición en este sentido: Kant, Hannah Arendt, Albert Camus...


¿Entiendes que algunas de las recetas de Illich se vean con recelo desde parte de las izquierdas? ¿Es una buena idea abolir la escolarización obligatoria? 

 
Creo que algunos recelos parten de malentendidos. Si se interpreta el pensamiento de Illich de forma fragmentaria, se le puede ver como a un protoneoliberal. Él critica el gasto público y privado en medicina o en educación y eso puede provocar una instrumentalización anarcocapitalista de su pensamiento, cuando plantea algo muy diferente a las privatizaciones.


Afirmas que sus planteamientos se basan en la responsabilidad del individuo dentro de un marco colectivo de debate, y eso es algo opuesto a la tendencia antipolítica y antisocial del neoliberalismo. 

 
Los valores cardinales de la obra de Illich son la autonomía y la equidad. Y la equidad implica una dimensión necesariamente social. Además, muchos análisis de Illich se basan en lo colectivo. Como el cálculo del tiempo social dedicado a los transportes.


Nos propone una manera muy diferente de vivir en sociedad. ¿Cómo se puede ejercitar el músculo de lo colectivo? 

 
Mediante el ejercicio de la elección colectiva. Sería saludable comenzar a decidir sobre aspectos que, desde una perspectiva más liberal, se consideran únicamente definibles por técnicos y expertos. Como la organización de las instituciones o los planteamientos económicos.


Esta propuesta puede recordar al municipalismo libertario, y a otras propuestas de raiz anarquista que pueden resultar atractivas para otras escuelas de las izquierdas... 

 
Hay una afinidad clara entre Illich y autores como Murray Bookchin. La colectividad a escala local sería un entorno posible en el que trabajar estas soberanías en lo concreto, que pondrían límites a la técnica y a la economía. 


 Illich propone este planteamiento muy político, pero veía casi imposible aplicar sus recetas en una sociedad que calificaba como postpolítica. 
 
Cuando Illich escribió las obras en las que centro mi libro, en los setenta, se creía en la posibilidad de conseguir cambios a través del socialismo democrático de Allende, del mayo del 68... Él pensaba que era posible encauzar esa efervescencia política y que se tratasen los límites de los procesos tecnológicos. Después cambió el espíritu de los tiempos, pero creo que ahora se vuelve a abrir el horizonte. No es algo necesariamente positivo, porque pueden darse resultados como la presidencia de Donald Trump.


Ante la dificultad para conseguir cambios macroestructurales, Illich proponía pequeños cambios. Como la recuperación de la bicicleta como medio de transporte masivo. 

 
Sí, porque expande la movilidad del caminante sin generar nuevas esclavitudes.


¿Crees que la población puede asumir esta línea de pensamiento o solo ve renuncias?

 
El mismo Illich lo veía más o menos posible dependiendo de la época. Primero tenía una cierta ambición revolucionaria de que se transformase toda la sociedad. Después fue orientándose a escalas más pequeñas: los pueblos, los barrios... Lo ideal sería llevar sus ideas sobre la convivencialidad también a la escala transnacional, pero quizá haya que partir de lo más concreto.


Illich hizo su planteamiento sobre una especie de sentido común, de término medio en el uso de la tecnología, al apostar por la bicicleta como medio de transporte cotidiano. ¿Se puede teorizar algo parecido sobre Internet o los dispositivos electrónicos? 

 
Se puede hablar, por ejemplo, sobre la sensación de desinformación que genera la multiplicación de noticias. Sería un caso de contraproductividad: al superar cierto umbral de lo que es asimilable, se crea confusión e ignorancia.


Las herramientas digitales también generan una confusión enorme entre vida laboral y vida personal a causa de la disponibilidad permanente, por no hablar de la invasión de privacidad y la comercialización de datos personales. ¿Illich llegó a tratar estos fenómenos? 

 
No se ocupó de los temas digitales, pero nos ofrece un vocabulario crítico para valorar estas herramientas en términos de contraproductividad, de polarización social y de opresión. Uno de estos términos sería el de trabajo fantasma, el conjunto de actividades no remuneradas que son necesarias para hacer posible ese trabajo asalariado. El transporte del domicilio a una oficina, para empezar. Algunas comunicaciones digitales podrían incluirse en esta categoría. No nos pagan por escribir mensajes en redes sociales, por ejemplo, pero necesitamos participar en ellas para mantener nuestra vida laboral.


Si afirmas que otra modernidad es posible, ¿también lo es otra relación con Internet y la tecnología digital? 

 
Las herramientas digitales tienen usos contraproductivos y generan trabajo fantasma, así que hay que buscar cómo pueden favorecer la autonomía y la equidad. Existen ejemplos defendibles de lo que podríamos llamar comunes digitales, como Wikipedia. Twitter o Facebook permiten a priori el encuentro igualitario entre personas, pero hemos visto que solo se prestan lateralmente a esos intercambios y sobre todo mercantilizan los encuentros. Hay que hacer una crítica de la que deben surgir alternativas.


Según Illich, esas alternativas pasan por la contención, por la idea de que la transgresión no es necesariamente positiva. ¿Este concepto puede descolocar en algunos ámbitos de las izquierdas? 

 
La versión de lo moderno que ha prevalecido, desde Francis Bacon a las vanguardias artísticas de principio del siglo XX, ha sido el ir más allá.


Pero la lógica del capitalismo avanzado también es muy transgresora, con su búsqueda de nuevos mercados, nuevos comunes y nuevos cuerpos que comercializar... 

 
El neoliberalismo ha expropiado una cierta retórica de la transgresión, siempre encauzada a un crecimiento económico destinado básicamente a una élite. Frente a eso, trazar unos límites parece una forma verdadera de resistencia. En El hombre rebelde, de Camus, la rebeldía era decir: basta, no soy infinitamente moldeable, no me puedes tratar como si fuese una cosa.


Esto se puede conectar con algunas ideas del sociólogo Richard Sennett. Afirma que el ser humano no está preparado para adaptarse a una vida laboral que es una fábrica de desarraigo porque exige movilidad, disponibilidad y reinvenciones permanentes. 

 
Esto sería un caso de exacerbación del trabajo fantasma. Toda la vida no laboral de las personas acaba convirtiéndose en trabajo fantasma, porque todo esté en función de la posibilidad de trabajar. Es como una pesadilla pendular en la que solo te mueves entre el trabajo asalariado y el trabajo fantasma.


En algunas situaciones, las relaciones personales pueden acabar formando parte de ello. Por ejemplo, cuando te trasladas centenares de kilómetros para acceder a un empleo y, para que este sea sostenible, creas otro círculo social que sustituya al que dejas atrás. 

 
Sí, en esas circunstancias todo puede acabar supeditado al trabajo asalariado. Pero estas situaciones quizá empiezan a ser menos comunes porque mucha gente solo accede a empleo temporal o une varios trabajos informales. Y ahí no se forma un péndulo tan claro entre trabajo asalariado y fantasma, sino una gran zona gris que combina lo peor de ambas realidades.


En tu libro hablas de los cartoneros como figuras de resistencia contra el mercado formal. 


Sí. En el momento en que Illich deja de creer en la posibilidad de transformaciones a gran escala, imagina estos cambios que se dan en las ruinas de la modernidad. Reivindicaba estas pequeñas autonomías porque le parecían las únicas posibles en ese momento. Quizá ahora hay algo del cartonero en cada vez más personas, porque el capitalismo actual ha roto con ese pacto según el cual creaba empleos. El mismo capitalismo empuja a cada vez más gente hacia esos márgenes donde se sobrevive con fragmentos de la actividad económica oficial.


Acabas Otra modernidad es posible hablando de una crítica de la razón fáustica, recomendando activar el freno de emergencia. 

 
Cito al filósofo Walter Benjamin, que era a la vez un futurista utópico y un nostálgico de algunos aspectos del pasado. También hay algo de esta ambivalencia en Illich. Benjamin nos dice que, contrariamente a la identificación habitual de las revoluciones con el avance de una locomotora, quizá lo revolucionario sería activar el freno de emergencia. Es algo muy illichiano: quizá lo liberador no es acelerar, sino detenerse. Y buscar otra lógica del progreso.


En las últimas décadas, han triunfado las revoluciones de las élites. ¿Y ahora? 


Ha escrito este ensayo porque creo que se ha producido una especie de cambio. La hegemonia sigue siendo neoliberal pero se ha resquebrajado, tanto a la izquierda como a la derecha. Hemos vivido el 15-M, las primaveras árabes, la precandidatura de un político socialista para las elecciones presidenciales estadounidenses... También ha triunfado Donald Trump y se ha extendido el fundamentalismo islámico. Son síntomas de que el fin de la historia se terminó. Y creo que Illich ofrece coordenadas para que esta pequeña apertura del horizonte de posibilidades se concrete en clave colectiva. Y para que se asuman problemas como el calentamiento global o los límites del crecimiento económico sin caer en nuevas tecnocracias.

Decrecimiento y Anticooperación. ¿Ayudar al Sur decreciendo?

Tidus Coop


“A más aumentamos nuestro crecimiento en el Norte Global, más repercutimos negativamente en el Sur Global.” – Tidus Coop.

>>DECRECIMIENTO PARA VIVIR MEJOR GLOBALMENTE<<

No es un dato innovador hablar sobre que el ritmo marcado en sobredesarrollo desde los países industrializados (Norte Global en su mayoría) es la condena para muchos otros países que indirectamente tiene que aumentar su nivel nacional en muchos aspectos para poder “igualar” una similitud.

Y son muchas las consecuencias, que reciben estos países “subdesarrollados” por este mismo problema. Les estamos obligando a igualar sus sistemas al nuestro (dado que desde la perspectiva global, nosotros tenemos el bienestar social) y socialmente todavía no han alcanzado las competencias ni conocimientos adecuados para una autogestión sostenible de su territorio.

Y AQUÍ MISMO ES, CUANDO EN LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL SE CONSIDERÓ SER PRÁCTICA AL AUMENTAR LA AYUDA PARA EL DESARROLLO…. SIN SER CONSCIENTES DE QUE QUIZÁS LA SOLUCIÓN NO ES AUMENTAR LA AYUDA, SINO REDUCIR EL ABUSO DEL CONSUMO.

¿Y SI CAMBIAMOS LA PERSPECTIVA Y NOS RESPONSABILIZAMOS DEL SUBDESARROLLO DE OTROS PAÍSES POR NUESTRO SOBREDESARROLLO?
Tidus Coop.

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¿Ayudar al Sur decreciendo? – Por Llistar D.


Decrecimiento y anticooperación, aunque focalizan aspectos distintos de nuestra realidad global contemporánea, parten de la necesidad imperiosa de parar una locomotora que se dirige a velocidad exponencial hacia un precipicio y que además lo hace atropellando a la población que no cabe dentro del tren porque no pudo comprar el billete.

La anticooperación es un concepto nuevo y útil para los movimientos sociales que luchan por la justicia global.

Pero ¿en qué consiste? ¿Qué tiene que ver con la noción de decrecimiento?

¿QUÉ ES LA ANTICOOPERACIÓN?
  «Anticooperación» deriva de «cooperación al desarrollo», un concepto que el saber popular asocia a todas aquellas acciones del Norte que ayudan al Sur de un modo u otro. 

Sin entrar en si esto último es acertado o no, resulta intuitivo definir lo contrario, «anticooperación», como toda aquella acción, sea cual fuere, que se genere en el Norte y que interfiera negativamente en el Sur (indistintamente del canal y ámbito u origen y destino en los que se produzca).

2

1- En realidad, la «anticooperación», como un hub, es un concepto que interconecta otros como el pago de deuda ilegítima, el impago de la deuda ecológica, el comercio injusto, la guerra o la venta de armas, la aculturalización, la erosión de la soberanía alimentaria, etc. Busca integrar bajo un solo nombre a todos los (aparentemente) muy diversos agravios de raíz externa sufridos por colectivos y sociedades empobrecidas. A fenómenos que habitualmente aparecen desconectados y a los que se les atribuye a menudo un origen interno. La anticooperación surge de preguntarse cómo y cuántas interferencias negativas reciben los pueblos del Sur Global por parte del Norte Global, cuál es la lógica que comparten tales interferencias, y cuánto del «vivir bien» y de la autodeterminación del Sur quedan determinados desde y por el Norte.

 De modo que podremos hablar de anticooperación tecnoproductiva cuando se refiere a la que se produce a través de la concurrencia entre la tecnología y la distribución transnacional de la producción mundial; de anticooperación comercial cuando se transmita a través del comercio internacional; de anticooperación financiera cuando utilice mecanismos financieros; de anticooperación militar cuando se produzca mediante guerras, amenazas o venta de armas; a anticooperación ambiental cuando se distribuyan las cargas y los costes del metabolismo de las sociedades ricas sobre las empobrecidas; de anticooperación diplomática cuando se utilicen los resortes de la diplomacia exterior, incluidas las organizaciones internacionales; de anticooperación simbólica cuando se transmita vía cultural o ideológica, educativa o religiosa; de anticooperación migratoria cuando se restrinja selectivamente las migraciones; y finalmente, de anticooperación solidaria cuando se produzca a través de algunas prácticas de la «ayuda internacional».(Véase Tipos de Anticooperación)

¿POR QUÉ SE PRODUCE LA ANTICOOPERACIÓN?

Tomemos como ejemplo algunas interferencias transnacionales objetivamente negativas (pero aparentemente distintas), como los apoyos financieros a la internacionalización de la empresa que pueden generar deuda externa ilegítima;  la presión que generan los nuevos objetivos en el uso de agrocombustibles de EE UU y la Unión Europea sobre los campesinos que moran las tierras fértiles tropicales; el apoyo a un régimen autoritario por motivos geoestratégicos con la venta de armas y la consecuente represión —muerte incluida— de millones de civiles.

Observamos que parten de decisiones políticas tomadas en el Norte Global claramente vinculadas con la necesidad de los actores del sistema capitalista de expandirse (crecimiento) y de autoconservarse (seguridad) en un ambiente hostil de alta competitividad.

Es decir, son una suerte de efectos colaterales de decisiones y actitudes cuya lógica es perdurar y sobre todo, crecer material y energéticamente en una especie de competición, por encima de los derechos de terceros.

PARA «AYUDAR» AL SUR ES NECESARIO DECRECER (CREMATÍSTICAMENTE) 

En realidad, si analizáramos todo aquello que puede calificarse de anticooperación descubriríamos que se produce justamente a consecuencia de esa lógica crematística, de esa cultura del crecimiento y competitividad en la que estamos sumergidos empresas privadas, Estados capitalistas y consumidores/trabajadores. Existen también interferencias transnacionales negativas que no son fruto de la necesidad creciente de seguridad y crecimiento de los metabolismos de las sociedades ricas. Por ejemplo accidentes contaminantes que afectando a un país del Norte superan sus fronteras, pandemias que se difunden planetariamente, cracks en las bolsas, modas que se exportan a través de Internet… Fenómenos fortuitos, cuyo leif motif no ha sido el crecimiento sino otros como el azar, incluso la nueva complejidad asociada a la globalización y el cambio tecnológico.

Por supuesto, la supuesta «accidentalidad» está caso por caso sujeta a discusión dado que hay accidentes que pueden considerarse como pasivos previsibles de una actividad crematística. Sin embargo, la proporción de interferencias negativas que se dan fuera de la lógica del crecimiento y la seguridad resulta casi marginal. Por lo tanto, aquellos/as que opten por abolir los desequilibrios entre el Norte y el Sur, o aquellos/as que formen parte de los movimientos sociales por la justicia global, incluida la justicia ambiental, terminarán enfrentándose a los mecanismos y actores de la anticooperación.

Una especie de red de redes por la abolición de la anticooperación. La pregunta siguiente es, pues, si esos mismos movimientos sociales deberán también formar parte del movimiento por el decrecimiento.

Debemos partir de una primera conclusión: la raíz de la anticooperación del Norte Global es el crecimiento económico con seguridad. Entonces y de forma simplificada, en un escenario de potencial decrecimiento como el propuesto por diversos autores, es de preveer que también decrezca el número y profundidad de interferencias negativas transnacionales.

¿Tender por ejemplo a economías de circuito corto en el Norte permitiría recuperar la soberanía alimentaria en el Sur o evitar una sobre-emisión de dióxido de carbono asociada al agronegocio? Probablemente sí. Dicho de otro modo, abolir la anticooperación nos conduce inevitablemente a luchar por un decrecimiento del Norte Global, y por lo tanto, a una reorganización radical de nuestro sistema económico mundial.

Ref:
  • Llistar D. Coordinador de l’Observatori del Deute en la Globalització (www.odg.cat) de la Càtedra UNESCO de Sostenibilitat de la Universitat Politècnica de Catalunya, y miembro del consejo de redacción de esta revista (david.llistar@odg.cat)
  • D.Llistar. «Anticooperación: los problemas del Sur no se resuelven con más ayuda» . 2007 (en la red). o D.Llistar Anticooperación. (en prensa). Ed. Icaria. Barcelona. 2008.
NINGÚN PAÍS NI SOCIEDAD ES POBRE. NOS EMPOBRECEN SISTEMAS OPRESORES.
TIDUS COOP.

Tres posibles aspectos positivos de una independencia de Cataluña

Julio García Camarero


1. Emoción y reflexión. La DUI

La emoción es algo humano y un sentimiento necesario para el entendimiento entre los seres sensibles. Pero debe estar unida, de forma inseparable y simultanea, a la reflexión. Ambas, emoción y reflexión, deben coordinarse constantemente y en un perfecto equilibrio que se genera entre corazón y cerebro. No pueden marchar cada una a su capricho o separadas por influencias externas. 

 

Pero lo que es nefasto es que el Poder Económico (con su obsesión de la acumulación), y el Poder Gubernamental (obtenido por un electoralismo manipulado el poder anterior y que le hace su fiel lacayo) usando la potente arma del Poder Mediático, con su marketing al servicio del Poder Económico, estén realizando sistemáticamente la separación entre la emoción y reflexión de las personas. O mejor dicho, originando la anulación total de la reflexión, de la libertad de reflexión. Algo que consiguen a base de inflar el tiempo dedicado a la emoción irreflexiva. En esto eran unos expertos los nazis que atrapaban voluntades a base de grandes despliegues emocionales y colectivos adocenantesi.

El Capitalismo, y sus tres poderes mencionados, siguen los mismos pasos. Con su represión velada de la reflexión y con la super-potenciación de emociones colectivas les resulta muy fácil manipular a las masas. Para ello usan multitud de herramientas manipuladoras: el patriotismo, el chovinismo, el segregacionismo nacionalista, el espectáculo de masas del futbol, los macro-conciertos, las banderas, las fronteras, la moda (“lo que se lleva”), las religiones, doctrinas y cultos, como puede ser el culto al cuerpo (gimnasios, dermo-estéticas, etc.) o todo tipo de espiritismo.

Por todo esto, todas estas ideas, todas estas herramientas, todas estas manipulaciones, con un sentido aglutinador y adocenador, no me convencen en absoluto. Pero esto no quita para respetar y valorar lo necesarias que son las emociones, siempre que no vengan separadas de las reflexiones. Ambas nos proporcionan la diversidad cultural. Cada pueblo debe tener su propia idiosincrasia su propia identidad su cultura y democracia directa. No son necesarias todas las herramientas que hemos mencionado, mas bien son obstáculos deformadores y represores. Por el contrario, en lugar de la concordia, estas herramientas lo que potencian es el adocenamiento, la uniformidad, la sumisión, la falta de personalidad propia, el enfrenamiento entre las personas, entre los pueblos y entre religiones. En general, nos conducen al Pensamiento Único neoliberal. En resumen a una simplificación de la forma de pensar y de comprar de las masas.

En el caso concreto de la reciente Declaración Unilateral de Independencia (DUI) hay que tener en cuenta lo que en su día expresó, con razón, la alcaldesa de Barcelona Ada Colau al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont: “la DUI no cuenta con el apoyo mayoritario de los catalanes”. El independentismo al menos debería contar con una mayoría amplia de 2/3 (90 diputados), como requiere un hecho de tanta transcendencia como lo es la declaración de independencia. Sólo contó con 70 diputados (votos favorables) y la mayoría absoluta son 68 diputados de los 135 diputados del paralament. Sin embargo, inadecuadamente, el 2 de octubre Puigdemont habló de tener un apoyo del 90% (para hacer algo no basta con tener muchas gana de hacerlo, sino que es necesario poder legítimamente hacerlo) Dicho de otra manera, solo cuenta con una mayoría absoluta muy rapada (51,8%) superada sólo por dos diputados. Desde luego no lo suficientemente legitima como para lanzar las campanas al vuelo y declarar a los cuatro vientos la DUI. Aunque creo que lo más importante puede que no sea el patriotismo catalán, sino mas bien la posibilidad (aunque tal vez algo remota) de salir del adocenamiento capitalista-crecentista.

Por otra parte, hay que decir que el conjunto de personas que habitan Cataluñaii no es, ni mucho meno un bloque monolítico y homogéneo, sino más bien muy heterogéneo y diverso. En un momento dado, de la reciente tensión soberanista, Puigdemont llegó a manifestar que “estaba dispuesto a convocar elecciones en Cataluña”, si era una petición del gobierno de España para llegar a un entendimiento. Pero una vez más, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, contestó con premura y rigidez: “que convocar elecciones no era suficiente para regresar al dialogo, que además eran precisas tres cumplimientos más por par te del gobierno Catalán, para no llegar a aplicar el artículo 155:


a. “Regresar a la legalidad expresada por el Tribunal Constitucional”, cumplir las leyes, volver al imperio de la ley. Pero creo que el actual gobierno español lo que exige, más que el imperio de la ley, es el cumplimiento de la ley del Imperio Supranacional de las macro-corporaciones como las del IBEX-35.
b. “Crear confianza”, una condición ambigua, que suena, más que a condición lógica, a pretexto improvisado, con tal de no dejar de actuar violentamente. Con esta contestación tan apresurada y tajante, sólo se veían unas tremendas ganas de aplicar por todos los medios el mencionado 155.

c. “¡Crecimiento!Otro mandato del Imperio Supranacional de las macro-corporaciones como las del IBEX-35. Y en este sentido todos los partidos, incluido Podemos, suelen apoyar este sacratísimo mandato del crecimiento con la gran mentira electoralista: “hay que crecer para crear empleo”. Pero se da la extraña coincidencia que el país que más crece con diferencia en el planeta es China, y también en el que más precariedad, esclavitud y despidos masivos se producen. Pasemos a ver este caso de China a partir de una noticia muy indicativa, una entrevista que le hizo EFE a un alto directivo de la empresa iPhone, quien declaró: “La fabricante del iPhone quiere sustituir a un millón de empleados por robots”.

En este punto creo conveniente que recordemos aquí lo que significa CRECIMIENTO:
Es la acumulación (por parte de unos pocos) de la riqueza que producen los recursos del planeta y el trabajo humanoiii, a costa de:
- aumentar la explotación y la pobreza de unos muchos
- y del agotamiento de los recursos del planeta.
El crecimiento sólo es indispensable para los explotadores, los usureros y los especuladores.
Pero … para la inmensa mayoría de la población el crecimiento es muy perjudicial y rechazable.
El crecimiento ha provocado esta crisis multidimensional de la que no saldremos, de no abandonarlo.

  1. Tres posibles aspectos positivos de la independencia de Cataluña
Parece ser, según lo comentado, que la DUI, es poco legitima, pero ello es así sí sólo tenemos en cuenta este sistema electoralista y estas leyes de la Constitución Española, fabricadas para supeditarnos a los Poderes Supranacionales (Los Mercados, El Neoliberalismo Global, Las Corporaciones, El poder Mediático, el Poder Militar, Los Grandes Grupos de Presión Global, El G-20, El Club Bilderbeg, La Reserva Federal Americana, La Troica Global [Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio], La Troica Europea [FMI, Banco Central Europeo y La Comisión Europea], Los BRICS, etc., etc.) Es decir, para supeditarnos al Capitalismo.

Y aunque, en efecto, la sociedad catalana es muy diversa, y aunque considero que los que apuestan por el separatismo no son una mayoría, hay que admitir que en la escisión, pueden existir al menos tres posibles aspectos positivos de esta independencia de Cataluña.

a. Al fin aparecería un rincón en el planeta en donde pudiera aplicarse el decrecimiento… Pero que la razón de ser de esta separación no se fundamente en el chovinismo, emocional e irreflexivo, y en buena parte manipulado, de las cuatribarradas, como si del “Barsa” se tratase. Al menos parece que la CUP admite aplicar en la práctica el decrecimiento feliziv. Y aunque no está asegurado que esto pueda llegar a llevarse a cabo, merece la pena considerar que pueda haber una posibilidad de que llegue a plasmarse este modo de vida. En cualquier caso, y aunque tal vez lo considere de forma ilusoria y utópica, este apoyo a la independencia de casi la mitad de los catalanes creo, que en alguna proporción, aunque sea pequeña, pudiera tener un cierto reflejo de la Revolución Agraria del ´37v y también el propio himno catalán de: “Els Segadors”.
Sería una cosa muy bella una revolución agrario-decrecentista que diera prioridad al medio rural ante la parásita ciudad y los aburguesados-consumistas ciudadanos. En este sentido, la mayor aceptación, de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) puede ser el gran apoyo de los alcaldes de pueblos catalanes pues creo que (aunque sea sólo en parte) puede tener algún recuerdo de la revolución agraria del ´37, ya mencionada.

b. Esta DUI también podría significar que haya un rincón en la tierra en dónde como sucedió en el ´37 sea posible la salida del capitalismo tan necesaria y tan urgente. Los síntomas de una posible salida del capitalismo están claros, la DUI podría, tal vez, significar salirse del IBEX-35 y de la U.E., y de su brazo armado la OTAN. Y en general del Crecimiento Neoliberal Global. Al menos casi 3.000empresas ya han abandonado Cataluña, entre ellas unas cuantas grandes corporaciones del IBEX-35. Podría plasmarse con la DUI un paraíso terrenal (del que habla Carlos Taibo) dónde cuaje la defensa de la Pachamama y la Agroecología, tan necesariamente urgentes.
Podría empezar a funcionar una revolución agraria-libertaria (que es la auténtica y no la industrialista y obrera) parecida a la que vieron esas tierras catalanas y aragonesas en el ´37?

c. También puede significar salirse de esta UE de “naciones” de esta unión de naciones comandadas, en las últimas décadas, por la dictadura del nada democrático Banco Central Europeo (vendido al FMI) en colaboración con Ángela Merkel. También significaría salirse de esta Europa “pepera” y corrupta. Y por último, también podría significar salirse y eliminar los paraísos fiscales. Es decir pasar desde los paraísos fiscales de los corruptos a los “países terrenales” de la Agroecología y los ruralanos. En una palabra podría suponer pasar de un decrecimiento infeliz (que se nos presenta como inevitable) a un decrecimiento feliz de directrices principalmente agrarias y rurales.

d. Utopía y quimera. Creo que todo lo que escribo en el apartado 2 puede parecer como una pura quimera, como una imposibilidad total. Pero, como la esperanza es lo último que se pierde, permitidme que aún guarde un pálido rayo de esperanza y que todo esto no se quede en un quimérico futuro, sino que, pase a ser un futuro utópico. Utópico quiere decir que tiene una dificultad extrema y que la acción para conseguirlo será muy forzada, pero no imposible. Lo que si es quimérico (imposible) es querer continuar con el crecimiento económico de la acumulación de PIB.

Muy dificultosa porque ni Rajoy, ni el IBEX-35, ni la Merkel, ni el BCE, ni el FMI, ni el súper ejercito USA, ni la OTAN, se van a conformar con quedarse cruzados de brazos. En cualquier caso, los próximos meses serán de una gran confusión, ¿que pasará tras las elecciones?, ¿se conformarán con los resultados los que no las ganen?

En el poco probable caso de que al fin se lograra establecer una República Catalana Independiente, también tendría sus incertidumbres, como sucedió con el Socialismo del siglo XXI. ¿No podría todo quedar tan tranquilo y optimista como con este socialismo, pero que con bastante rapidez se malogró? Recordemos que declaró, por ejemplo, los derechos de la madre tierra, la defensa del indigenismo, defensa de los espacios naturales por encima de los yacimientos petrolíferos, etc. pero que al final todas estas promesas derivaron rápidamente en: un neo-extractivismo feroz, en un nuevo capitalismo, un entreguismo al capital Chino, en una obsesión contra natura por el crecimiento, etc. esperemos que esta gigantesca aspiradora, que es el Neoliberalismo Global, que se traga toda buena esperanza haciéndola desaparecer con presteza, alguna vez deje de funcionar y nos deje a todos tranquilos en un paraíso terrenal.
En fin, que el cielo nos proteja y nos guarde de la aniquilación total del planeta Tierra como resultado del crecimiento.

i “Los futuristas, fueron los precursores del fascismo, principalmente F T. Marinetti y D'Annunzio, este último amigo intimo de Mussolini. El 20 de febrero de 1909 Márinettí publicó en Le Figaro, de París, su primer Manifiesto Futurista, en el que proclamó como formas de expresión del futurismo: la agresividad, la temeridad, el salto mortal, la bofetada, el puñetazo. Apuntó como medio específico de expresión literaria las "palabras en libertad", que eran capaces de traducir, por analogía la emoción, la sugestión, los mecanismos psíquicos y el frenesí de la vida moderna. Uno de los aspectos más llama­tivos del futurismo es lo veleidoso, que se enmascara de triunfalismo para rechazar el mito de la derrota, esto último algo propio del romanticismo y del decadentismo. D'Annunzio cultiva el mito de la Victoria. El futurismo usó con eficacia la técnica publicita­ria, que recogieron luego tanto el fascismo como el neoliberalismo. Eligieron como temas esenciales la máquina, la velocid­ad, la técnica en exaltación de la violencia, el imperialismo, la guerra como "higiene del mundo" y el “fascismo”. Tomado de mi libro: El decrecimiento infeliz, La Catarata, 2015, pag.119.
ii Que no hay que verlo cono generalmente se ve, es decir, como un bloque social homogéneo, sino mas bien extremadamente heterogéneo. En Cataluña conviven al menos cuatro sectores diferenciados (que un catalanismo visceral, de banderas, quiere uniformar) como son:
- Una elite de las grandes corporaciones globales (entre las que se encuentran las pertenecientes al IBEX-35).
- Una pequeña burguesía ciudadana con un porcentaje bastante chovinista.
- Una clase obrera de raíces no catalanas, emigrante, aunque pueda ser de segunda generación y que no se sienten nacionalistas.
- Una clase payesa, para mi la más respetable, que proviene de la Cataluña del “himno Dels Segadors”. Y en alguna medida descendiente de la revolución agraria catalano-aragonesa del año 1937 (homenajeada por Orwel, en la que participó) este sector es el más identificable con el partido de la CUP, y con la mayoría de alcaldes catalanistas, que al menos en parte sospecho que tiene algo que ver con la mencionada revolución agraria.
iii Muy próximamente será de sólo del trabajo de robots.
v Ver la interesante obra de George Orwell “Homenaje a Cataluña”, Penguyin Random House Grupo Editorial, 2011 Barcelona. Que es una nueva edición, traducida al castellano, sin censura de Franco.