¿Y quién redactará un programa económico para ellos?

David Barriada -
Onanismo Altermundista

Esta es una reflexión nacida a raíz de las propuestas económicas de Podemos. No es una descalificación ni un insulto gratuito, después de todo yo mismo estoy en Podemos. Pero es bueno que mientras bajamos la cabeza y aceptamos los paquetes de medidas económicas que se van proponiendo, pues es lo que la gente pide, no dejemos sin decir las verdades del barquero.


Escuchar a compañeros activistas hablar de la necesidad de “recuperar nuestro estado del bienestar” siempre es algo que me hace torcer el morro. 

De todas las miserias que la organización de las comunidades y territorios bajo la forma de estado-nación nos ha traído, tal vez la peor sea haber fijado unas fronteras “físicas” al ellos y nosotros, ese antagonismo anteriormente basado en lazos sanguíneos o la pertenencia a una comunidad religiosa. Hoy día la nacionalidad representa ese antagonismo explícito, al identificar al individuo con un determinado territorio (estado) y una comunidad de personas que dicen tener una serie de rasgos identitarios en común, lo que les conforma como nación. Los de fuera son extranjeros, son diferentes, no son de los nuestros

Sobre esos antagonismos con fronteras se ha construido la economía neocolonial, manteniendo ese sometimiento de los países del sur al poderío económico y militar de sus vecinos del norte. Hablar del estado del bienestar es hablar de los privilegios materiales de occidente frente a la miseria de los países del sur. Que países tan ricos como Perú, el Congo o Guinea Ecuatorial tengan una economía tan débil y una población tan precaria no es una casualidad. Y no voy a hablar de la responsabilidad de occidente en las oligarquías extractivistas peruanas, ni de la dictadura pelele guineana ni de quienes alimentan la guerra congoleña. No se trata de denunciar los procesos políticos que posibilitan sino de asumir la necesidad material de que unos tengan poco, para que otros puedan tener mucho.
La globalización económica, que permite “transportar” la huella ecológica fruto de la sociedad industrial a millones de kilómetros del lugar donde se disfruta el producto de esa industria, produce un efecto alienante en los habitantes de ese privilegiado primer mundo donde van a parar las riquezas del resto, mientras otros ven (por poner un ejemplo) como sus antiguas tierras son ahora propiedad de multinacionales que las utilizan para cultivos orientados a la exportación –para abastecer a occidente- y sus núcleos urbanos son lo que Mike Davis llama “ciudades hiperdegradadas”.  No somos conscientes del daño que nuestro modo de vida produce a otros. 

Es por eso que cuando programas económicos como el de Podemos proponen en líneas generales medidas para que la gente consuma más y así reactive la economía, es lícito preguntarse si ese aumento del consumo no aumentará también el desgaste ecológico que provocamos no sólo en nuestro propio suelo, sino también en el de nuestros vecinos del sur, los mismos que nutren nuestra industria de materias primas (café, cacao, algodón, azúcar, te, aceite de cacahuete, de Palma, cereales, maderas tropicales, piel, cuero, productos de origen mineral, etc.) así como las industrias de terceros países que venden sus productos en nuestros mercados. 

Sería también lícito preguntarse si ese mayor consumo no apunta también hacia un aceleramiento del cambio climático, cuyas consecuencias también están más presentes en casa del vecino.

Habría también que pensar si esa cantidad de energía invertida en la industria estatal, que se proponen resucitar, así como la que viene embebida en todos aquellos productos que se supone que debemos consumir, no será parte del pastel que les corresponde a otros, pues por desgracia es ya un bien limitado

Habría en definitiva que poner sobre la mesa la pregunta del millón: Si ese estado del bienestar que deseamos sería viable de una manera diferente a la habitual: a costa del vecino. Si ahora que el peak oil ha convertido la economía en un juego de suma cero existe alguna manera de crecer sin estrujar aún más al maltrecho tercer mundo, y ya de paso, alguien podría levantar la mano y preguntarse si realmente necesitamos consumir como bestias para llevar una vida digna y plena. 

Alguien me recordará ahora que hay que ganar unas elecciones y claro, hay que decir a la gente lo que quiere oír y patatín patatán. No seré yo quien lo niegue. Hay que ganar, “por lo civil o por lo criminal”. No hay esperanzas de conquistar otros poderes sin antes tener el poder político por las riendas. Tampoco negaré que si queremos mantenernos a flote en esta dictadura de los mercados globales tendremos que movernos con lentitud y cuidado, siendo muy conscientes de la interdependencia de las diferentes economías, o nos hundirán el barco en medio año. 

Pero sería bueno que recordásemos la pasividad y en algunos casos entusiasmo con el que gran parte de las izquierdas y los movimientos sociales convivieron con el primer mandato de Zapatero, cuando vivíamos de puta madre. Recordarles las estrategias de intervención neocolonial del gobierno en países pobres bajo el nombre de “Plan África”, recordarles su uso discriminado de la inmigración para ocupar el lugar de máxima precariedad en nuestra clase trabajadora, recordarles como se multiplicó la venta de armas, y en fin, volver a preguntarnos si este es el bienestar que queremos, si estamos aquí para provocar un cambio o para decir “qué hay de lo mío”. 

¿Seremos capaces de ver más allá del interés egoísta de nuestro estado? ¿Nos atreveremos a intentar resolver los problemas que causamos fuera de nuestras fronteras, aunque pongan en riesgo nuestros propios intereses? ¿Existe un camino intermedio donde podamos entendernos con los economistas post-keynesianos en quienes confían los líderes de Podemos? ¿Dejaremos de lanzar consignas vacias y nos empezaremos a tomar en serio el internacionalismo que predicamos?

Y si negamos esta posibilidad, asumiendo que nuestro plan se basa en un bienestar excluyente e insostenible, habrá que hacerse una última pregunta:

¿Y quién redactará un programa económico para ellos?

Municipales 2015


Porque es posible una ciudad pensada por y para quienes vivimos en ella. Una ciudad basada en un modelo participativo. Una ciudad sostenible y socialmente justa.

Las personas que formamos parte del colectivo DecreceMadrid DECIMOS BASTA a las actuaciones políticas que desde la municipalidad llevan desarrollándose en las últimas décadas y que se han agudizado en los últimos años. Actuaciones políticas caracterizadas por el DESPILFARRO económico y el SOBRECONSUMO de recursos y energías, que han llevado a la ciudad de Madrid, tanto a una importante DEUDA ECONÓMICA, como a una notable DEUDA ECOLÓGICA. Actuaciones IMPUESTAS desde sus estamentos sin contar con la participación ciudadana, supuesta beneficiaria de las mismas. Actuaciones CORTOPLACISTAS que no se enmarcan en ningún modelo que prevea sus consecuencias a medio y largo plazo.

Desde una PERSPECTIVA DECRECENTISTA, que cuestiona los modelos depredadores de recursos y energías, que buscan un crecimiento económico infinito y se olvidan de las personas, DecreceMadrid propone una serie de medidas imprescindibles, y viables, para avanzar en la SOSTENIBILIDAD DE LA VIDA y alcanzar la JUSTICIA SOCIO-AMBIENTAL. Porque la justicia social no es posible sin justicia ambiental.

En esta dirección, creemos imprescindible apostar por un modelo a corto, medio y largo plazo basado en 4 ejes:

-        PARTICIPACIÓN: donde las personas se empoderen para que las iniciativas surjan de sus necesidades y donde los Procesos de Información Pública actuales, en los que a la ciudadanía se le reserva un periodo de alegaciones a los planes ya encauzados desde la municipalidad, se sustituyan por Procesos de Participación Pública que emanen desde abajo, apostando por una SOBERANIA POPULAR activa.

-        CUIDADOS: donde se pongan en valor y se visibilicen todas aquellas actividades que se ocupan del cuidado de las personas, realizadas principalmente por mujeres, y del medio ambiente, imprescindibles para nuestra supervivencia. Para ello deberá asumirse desde la gestión municipal: la creación de espacios comunes para el cuidado de personas especialmente vulnerables por razones de edad, género, etnia, diversidad funcional o cualquier otra circunstancia, en los que se prime la calidad de los cuidados por encima del beneficio económico, sacando así del ámbito privado, y normalmente feminizado, estos trabajos; la realización de una apuesta sincera y valiente en la lucha contra la exclusión social y sus causas; el impulso de una educación para la autogestión de los espacios comunitarios y la restauración ecológica buscando ecosistemas funcionales y dinámicos dentro de la ciudad.
-        CIUDAD EN TRANSICION: a partir de un Plan de Acción para el Descenso Energético y de Consumo de Recursos. Una estrategia programada para que nuestra ciudad deje de depender de los combustibles fósiles a medio y largo plazo, apostando por las energías renovables y buscando en la medida de lo posible una SOBERANÍA ENERGETICA y una GESTION SOSTENIBLE y SOCIALMENTE JUSTA de los RECURSOS DISPONIBLES y los RESIDUOS GENERADOS.

-        RELOCALIZACIÓN: apostando por la producción y el consumo a partir de modelos locales, familiares y artesanales, intensivos en mano de obra pero poco intensivos en consumo de recursos. Promoviendo para ello la apertura de la ciudad a las entidades cercanas a la misma para construir sinergias BIOREGIONALES, con objeto de que la riqueza repercuta en quienes la generan: la naturaleza y las personas.

Sobre estas ideas el colectivo DecreceMadrid presentará unas propuestas políticas aplicables en el ámbito municipal que se harán llegar a las diferentes entidades políticas con candidatura en las elecciones municipales del año 2015, con el fin de enriquecer sus programas para la ciudad de Madrid. Además, consideramos que estas medidas deben de ir acompañadas de un importante proceso de sensibilización ciudadana, que permita concienciar y difundir cómo vivir mejor dentro de los límites biofísicos actuales a los que nos enfrentamos como sociedad. Esta sensibilización se hará a través de reuniones y encuentros con la ciudadanía a la que van dirigidas.

Desde DecreceMadrid queremos TRANSFORMAR nuestra ciudad, la de todos y todas, en un lugar habitable y sostenible, donde se contemple la satisfacción de las necesidades de la ciudadanía, permitiendo que todas las personas disfruten de vidas dignas que merezcan la pena ser vividas.

¿Qué es la opresión?

Vicente Manzano


"Las personas y las comunidades tenemos anhelos, necesidades, aspiraciones, sean positivas (disfrutar algo) o negativas (no padecer algo). Algunas de ellas han sido destacadas como fundamentales para una vida digna: supervivencia, realización personal, relación con los demás, trascendencia social, relación felicitante con el medio…

Lograr la realización de tales metas es una aventura social, depende del mapa de posibilidades en cada momento. Llamemos estándar social a ese mapa. Un estándar social es una configuración de oportunidades pensada para determinadas capacidades, un diseño del funcionamiento social ideado para personas con características concretas. El estándar puede premiar, por ejemplo, la movilidad en automóvil, la promoción de las personas con mayor renta, la ambición individual, la adecuación a un patrón estético corporal, etc. Al cambiar un estándar social, cambian las posibilidades que las personas de esa sociedad tienen de conseguir sus anhelos.

Los estándares inclusivos permiten la consecución de la meta de vida digna a toda persona o comunidad. Los estándares exclusivos están centrados en determinadas capacidades o características (físicas, psicológicas o sociales, estáticas o dinámicas) definidas respecto a individuos o comunidades. Luego, facilitan la meta para unas personas y la dificultan para otras.

La opresión es la práctica de estándares exclusivos que afectan a la vida digna. Las personas y comunidades cuya situación (individual, comunitaria o estructural) no está contemplada en los estándares, sufren opresión. Quienes se benefician de la situación y, por lo demás, participan más activamente en la definición de los estándares exclusivos, generan y alimentan la opresión.”

Decrecentistas: Los hijos de Epicuro

Epicuro ha vuelto
El filósofo del Jardín, como fue conocido Epicuro de Samos, planteó algunas ideas que se hallan insertas en el imaginario conceptual de la palabra decrecimiento.

 
Hoy como hace más de dos milenios en la Antigua Grecia estamos inmersos en una sociedad empobrecida moralmente, anegada en la corrupción y espiritualmente decadente; tal vez las enseñanzas de Epicuro nos muestren un camino para la acción ante la dejadez concomitante a nuestra cultura moderna, una cultura basada en el consumismo, que tiene en la satisfacción rápida de los deseos materiales como única fuente de satisfacción y felicidad, y que mueve la rueda del imposible crecimiento infinito.
Las ideas de Epicuro se incrustan en un camino que comenzó siendo espiritual, y procedió a negar los supuestos materialistas que igualaban al bienestar humano con la voluntad de los dioses que concentraban el poder político, el dominio militar y la explotación económica cada vez mayor: todo ello simbolizado en las murallas, los torreones, los palacios y los templos de los grandes centros urbanos. Hoy como antaño el decrecimiento es una voz que se burla del culto al poder, declarándolo inicuo, fútil y antihumano, y proclamando un nuevo conjunto de valores, antitéticos a aquellos que habían servido de fundamento a la sociedad jerarquizada. La base de la sociedad humana no es el fuerza, sino la rectitud; no es el robo, el saqueo, y la guerra, sino compartir, cooperar y hasta amar; no el orgullo, sino la humildad; no la riqueza sin límites, sino una frugalidad feliz.
El placer es en sí un límite
Nos habla el maestro sobre lo innecesario de limitar los placeres porque estos son en sí un límite, debiendo limitar eso sí, los deseos; ese querer tener siempre más y más la asocia a una enfermedad mental.
No es insaciable el vientre - nos dice Epicuro – sino la falsa opinión acerca de la ilimitada avidez del vientre”
En su narración sobre la necesidad de los límites al deseo diferencia entre riqueza y pobreza, las cuales se desdibujan en su pensar, en los tiempos actuales asociamos estos términos a cualidades materiales que no muestran sino el vacío existencial que es necesario llenar con los objetos.
La pobreza acomodada al fin de la naturaleza es gran riqueza. Por el contrario, la riqueza no sujeta a límites es gran pobreza.”
No hay ninguna necesidad de vivir en la necesidad
Reflexiona también el sabio en su Carta a Meneceo sobre las necesidades, sobre como satisfacer de forma moderada una necesidad de alimento, que se convierte en deleite en tanto es satisfecha, difuminando los conceptos de frugalidad y abundancia; en la actualidad ese ‘siempre más’ funciona como un mecanismo que deglute los recursos de una manera compulsiva llevando a las personas a la insatisfacción por exceso:
La autosuficiencia la consideramos como un gran bien, no para que siempre nos sirvamos de poco, sino para que cuando no tenemos mucho nos contentemos con ese poco; ya que más gozosamente disfrutan de la abundancia quienes menos necesidad tienen de ella, y porque todo lo natural es fácil de conseguir y lo superfluo difícil de obtener. Los alimentos sencillos procuran igual placer que una comida costosa y refinada, una vez que se elimina el dolor de la necesidad.”
La mente puede llenarse de palabras vanas y convertir a un individuo en un glotón inmaduro
Celebrar la vida
Cuando el maestro Epicuro dice:
Rebosa mi cuerpo de dulzura viviendo a pan y agua, y escupo sobre esos placeres del lujo, no por ellos mismos, sino por las complicaciones que llevan consigo.”
El profesor Emilio Lledó reflexiona en su obra ‘El epicurismo’:
El pan y el agua, realidades para la pervivencia individual, son metáforas para la solidaridad colectiva. No es posible la vida social, sin esa esencial distribución del placer, del placer de lo necesario. Detrás de la modesta expresión que reduce toda la teoría hedonista a ese ‘pan y agua’ del fragmento, late la fuerza y la exigencia revolucionaria de la necesidad. Nada es posible, ni la cultura, ni la ética, ni la educación, si no se lucha antes por la política de lo necesario, por la política de la vida.”
Discurre el filósofo sobre la alegría, sobre la algarabía respecto al vínculo con los demás y para con la tierra. Esa ligazón primaria con el mundo que habitamos. Ese movimiento compartido que nos llama hacia el cuidado solidario, hacia el apoyo mutuo, hacia la cooperación colectiva:
La amistad danza en torno a la tierra y, como un heraldo, nos convoca a todos nosotros a que nos despertemos para colaborar en la mutua felicidad.”
La sabiduría del cuerpo
Epicuro defiende que no es el cuerpo la fuente de nuestras miserias sino el impulso incontrolable de la mente. El descontrol mental produce deseos ilimitados que nos hacen infelices.
Restablecer el orden de la naturaleza, el del cuerpo, devolver la salud a la mente para que el cuerpo en su sabiduría nos indique el camino de la buena vida.
Nos invita el pensador a cultivar la vida interior, a conocernos a nosotros mismos, y a compartir con nuestros amigos nuestros pensamientos e inquietudes; el tiempo de pensamiento y conversación es un bien inmaterial que a nadie daña y a todos beneficia, es un tiempo de no consumo, de observar el silencio y de hacernos humanos, de expresarnos lo que somos y donde estamos.
Estas cosas y otras semejantes medítalas contigo mismo día y noche y también con alguien semejante a ti y jamás, ni en la vigilia ni en el sueño te sentirás turbado."
Enseñanzas para un decrecimiento sereno
¿Cuál es entonces la actual perspectiva moral? La sociedad actual no parece de ningún modo dispuesta a renunciar a un cierto hedonismo, es decir, a una moral orientada al goce, al placer, al sabor de la vida, y a sentir en ello la felicidad.  Pero ese goce, placer y sabor de la vida, por la fuerza del relativo desabastecimiento económico, habrán de empezar a ponerse en los gustos de la vida sencilla, en un arte del ocio, en una moral epicúrea y comunitaria.

Y es por la  -paradójica- vía de un refinamiento no artificioso, sino al revés, ‘natural’ del placer, por el retorno a la ‘vida sencilla’, cómo podrá recuperarse, en un futuro próximo, un ‘espiritualismo’ que no reconociéndose bajo ese nombre, no admitiéndolo siquiera, no por ello dejará de ser tanto y más espiritualista que los sistemas de vida que así se autodenominaban.
Más preguntémonos ¿Son estas nuevas vías tan imprevisibles, tan desconcertantes como a primera vista parecen? El de ‘hacer de la necesidad virtud’ es un antiguo saber. De esta antigua y nueva necesidad, de la escasez y penuria pueden sacarse virtud, fruición y felicidad.
Epílogo
Cada vez que alguien se piensa a sí mismo como sujeto de transformación y se junta con algunos de sus semejantes para perseguir conjuntamente otro tipo de vida, una vida placentera basada en principios humanistas y materialistas, contribuye a la eternidad de la amistad entre los humanos, renueva el jardín (kepos) donde Epicuro se rodeó de un grupo de hombres y mujeres en pie de igualdad donde se cultivaban frutas y verduras y se disfrutaba conversando alrededor de unas viandas.



Decrecimiento y buenvivir, un libro que da que pensar

Cada vez son más las voces de especialistas que se suman al aviso. Nuestro planeta se acerca a una encrucijada. Se está asomando peligrosamente a los umbrales de la sostenibilidad en campos tan sensibles como el clima, la deforestación, las aguas contaminadas o la reducción de la biodiversidad.

Como respuesta a tan graves problemas ha surgido la teoría del decrecimiento, que abarca un vasto abanico de prácticas sostenibles. Estamos hablando de experiencias en ámbitos como la soberanía alimentaria, la economía social, las cooperativas de producción y consumo… Y de propuestas que llegan desde el sur, como la del Buen Vivir. En definitiva, alternativas que al menos merecen la opción de ser debatidas antes de seguir apretando el acelerador de un consumo exagerado que no parece augurar nada bueno.

Desde Sua Edizioak, empeñados como estamos desde hace casi 30 años en hacer lo posible para aportar nuestro granito de arena en la conservación de nuestro hábitat, recogemos también estas aportaciones y reflexiones. El nuevo libro de la colección Euskal Herria Liburuak, Decrecimiento y buen vivir ha sido elaborado por tres personas expertas en este campo pertenecientes a la ONG Mugarik Gabe. Puri Pérez Rojo, Maite Ezquerro Sáenz y Jesús González Pazos abordan con un lenguaje al alcance de todos cuestiones como la soberanía alimentaria, la economía feminista, la economía solidaria o los modelos energéticos y de transporte. Además, el libro incluye sendas entrevistas al profesor Carlos Taibo, a la antropóloga Yayo Herrero y al intelectual aymara Fernando Huanacuni.

El absolutismo económico

 Karl Polanyi

Los pioneros del absolutismo económico soñaron con una sociedad sin trabas para el comercio de modo que viviese al ritmo marcado por el desarrollo de un mercado autorregulador. Pero este pilar central del credo liberal —que proporciona refuerzo y sentido a otras piezas fundamentales del sistema de mercado del siglo XIX tales como el patrón-oro, el equilibrio entre las potencias y el propio Estado liberal—, dejó a las sociedades a merced de los vaivenes imprevisibles provocados por la especulación, el afán de lucro y la libre competencia en los negocios. Por primera vez en la historia de la humanidad la sociedad se convertía en una simple función del sistema económico y flotaba sin rumbo en un mar agitado por las pasiones y los intereses, como un corcho en medio del océano. La tierra, los hombres y el dinero se vieron fagocitados por el mercado y convertidos en simples mercancías para ser compradas y vendidas. La naturaleza y los hombres, como cualquier otro objeto de compraventa sometido a la ley de la oferta y de la demanda, quedaron al arbitrio de un sistema caótico que ni tan siquiera conspicuos industriales, hábiles políticos y sagaces financieros acertaban a gobernar.

Las viejas formas de sociabilidad fueron sacrificadas al nuevo ídolo del mercado autorregulador. Las territorialidades locales fueron barridas y las sociedades se vieron despojadas de su soporte humano y natural. No es extraño que en ese mundo en tensión se produjesen zarpazos y sacudidas como la Primera Gran Guerra y, más tarde, la gran crisis del 29. Pero la descomposición de la sociedad de mercado y el largo periodo de letargo de la razón que acompañó al absolutismo económico alumbró aún monstruos más temibles que se presentaron bajo el estandarte de la salvación de los pueblos. Los nuevos líderes carismáticos se hicieron con el poder para preservar la ley y el orden de la nación aún al precio de hacer marchar a la humanidad al paso de la oca. Para comprender el cataclismo que supuso el nacional-socialismo, para comprender ese imperio de muerte que fue el fascismo, es preciso, nos dice Polanyi, tomar distancia: es preciso remontarse a la Inglaterra de Ricardo.

La gran transformación no es en esencia más que un inteligente y logrado intento de comprender el fascismo, esa negra noche que encadenó los sentimientos de humanidad.

(…)


Todos los tipos de sociedades están sometidos a factores económicos. Pero únicamente la civilización del siglo XIX fue económica en un sentido diferente y específico, ya que optó por fundarse sobre un móvil, el de la ganancia, cuya validez es muy raramente conocida en la historia de las sociedades humanas: de hecho nunca con anterioridad este rasgo había sido elevado al rango de justificación de la acción y del comportamiento en la vida cotidiana. El sistema de mercado autorregulador deriva exclusivamente de este principio.

(…)

Como las máquinas complejas son caras, solamente resultan rentables si producen grandes cantidades de mercancías. No se las puede hacer funcionar sin pérdidas, más que si se asegura la venta de los bienes producidos, para lo cual se requiere que la producción no se interrumpa por falta de materias primas, necesarias para la alimentación de las máquinas. Para el comerciante, esto significa que todos los factores implicados en la producción tienen que estar en venta, es decir, disponibles en cantidades suficientes para quien esté dispuesto a pagarlos. Si esta condición no se cumple, la producción realizada con máquinas especializadas se convierte en un riesgo demasiado grande, tanto para el comerciante, que arriesga su dinero, como para la comunidad en su conjunto, que depende ahora de una producción ininterrumpida para sus rentas, sus empleos y su aprovisionamiento.


(…)


En relación a la economía anterior, la transformación que condujo a este sistema es tan total que se parece más a la metamorfosis del gusano de seda en mariposa que a una modificación que podría expresarse en términos de crecimiento y de evolución continua. 
Comparemos, por ejemplo, las actividades de venta del comerciante-productor con sus actividades de compra. Sus ventas se refieren únicamente a productos manufacturados: el tejido social no se verá pues afectado directamente, tanto si encuentra como si no encuentra compradores. Pero lo que “compra” son materias primas y trabajo, es decir, parte de la naturaleza y del hombre. De hecho, la producción mecánica en una sociedad comercial supone nada menos que la transformación de la sustancia natural y humana de la sociedad en mercancías. La conclusión, aunque resulte singular, es inevitable, pues el fin buscado solamente se puede alcanzar a través de esta vía. Es evidente que la dislocación provocada por un dispositivo semejante amenaza con desgarrar las relaciones humanas y con aniquilar el hábitat natural del hombre."

La gran Transformación

Malentendiendo el significado de decrecimiento

Giorgos Kallis y el colectivo Research & Degrowth




Podemos es una de las formaciones políticas más frescas y más prometedoras que la izquierda europea ha visto en décadas. Para aquellos que creemos que una sociedad igualitaria sólo puede ser aquella que denuncia la obsesión por el crecimiento, el hecho de que Pablo Iglesias firmara el manifiesto “la Última Llamada” fue una gran noticia. Aunque alguno pueda pensar que no tan grande, después de enterarnos de que posteriormente Podemos asignó su programa económico al profesor Vicenç Navarro, quien en una serie de artículos ninguneó el decrecimiento, a menudo con declaraciones duras. Preferimos seguir siendo optimistas y constructivos, ya que detestamos el sectarismo de izquierdas, especialmente cuando algo nuevo y potente está naciendo. Pero intelectualmente es importante especificar con precisión de qué trata el decrecimiento, aclarando algunos malentendidos incluidos en estos concretos  textos de Navarro (quien tan buen trabajo ha hecho durante décadas) y de ahí centrarnos sólo en nuestras diferencias reales, abriendo la posibilidad de converger.

En primer lugar, es importante señalar que se han producido avances importantes en el debate acerca del decrecimiento, señalados en  la cuarta Conferencia Internacional sobre Decrecimiento en Leipzig, el septiembre pasado, a la que asistieron 3.000 personas, avances que Navarro tal vez no conozca. En la conferencia destacó  una convergencia  significativa  entre el pensamiento radical de  izquierdas y  el verde, simbolizado por  el apoyo de las dos  fundaciones, Rosa Luxemburgo y  Heinrich Böll. En los textos de Navarro, el Decrecimiento se entiende en gran medida con referencia a los límites que los recursos naturales imponen al crecimiento y a la necesidad de adaptar nuestras políticas económicas a esta nueva realidad. Sin duda, esto forma parte de la teoría del decrecimiento, pero no es el único ni el principal punto como hemos explicado en nuestro reciente libro: vocabulary.degrowth.org.

El decrecimiento argumenta no sólo que el crecimiento no es posible, sino también que es indeseable. Es indeseable porque el crecimiento es destructivo para el medio ambiente y nos está llevando al borde del desastre climático. Tiene más costos que beneficios sociales en los países ricos, se produce a expensas de las comunidades situadas en las fronteras de las materias primas de donde se extraen los recursos. Y todo ello no nos hace más felices. El crecimiento tampoco puede erradicar la pobreza, una pobreza que es relativa y solo puede solucionarse con la redistribución.

A continuación  detallamos los principales errores en los que, en nuestra opinión, cae Navarro:

Primero, critica el decrecimiento por ser malthusiano. Pero lo que él describe no tiene nada que ver con lo que muchos de los que nos llamamos “decrecentistas” pensamos. Él dice que una figura de referencia para el movimiento pro decrecimiento es Paul Ehrlich, el autor en 1968 de “La bomba demográfica”. Acabamos de publicar ese volumen internacional sobre decrecimiento con más de 50 capítulos y 300 referencias (vocabulary.degrowth.org). Paul Ehrlich se cita una sola vez y esto, en un texto que sostiene que los decrecentistas no comparten su malthusianismo “top-down”. Los decrecentistas no se inspiran en Malthus, sino en los neo-malthusianos anarco-feministas de 1900, con Emma Goldman, Madeleine Pelletier, etc. Goldman y sus compañeras reclamaban el control sobre sus cuerpos y no querían producir un ejército de reserva barato y prescindible de mano de obra para las fábricas capitalistas ni “carne de cañón” para los militares imperialistas. Su elección prefiguraba el mundo que querían crear. Por cierto, apoyadas en Cataluña por Francisco Ferrer y Guardia.  Como escribió Maria Lacerda de Moura de Brasil, “amaos más y no os multipliquéis tanto”.  Del mismo modo, los decrecentistas, hoy, simplifican sus vidas y reducen el consumo, no para salvarse o salvar un “planeta” abstracto, sino como un acto político para socavar un sistema capitalista que se alimenta del consumo. Consumen menos y producen de manera diferente para crear un mundo más igualitario y más ecológico.

Segundo, sostiene que el decrecimiento es nostálgico de un pasado romántico que nunca existió. Cita a Serge Latouche que, durante su trabajo de campo en Laos, descubrió una sociedad que “no estaba ni desarrollada  ni sub-desarrollada, sino literalmente ” a-desarrollada “, es decir, fuera del desarrollo”. Navarro sostiene que Latouche omite que Laos era una sociedad feudal. Nos sorprendería que a Latouche, un antropólogo y economista capacitado, se le escapase que Laos era feudal. Cuando uno invoca una sociedad diferente para extraer lecciones para la nuestra, no significa que acepte todo lo que esta sociedad trae consigo; sólo está postulando posibilidades para la nuestra. El movimiento a favor de los bienes comunes (Commons), por ejemplo, se inspira en la gobernanza de los bienes comunales que precedieron a los cercamientos (enclosures) capitalistas. ¿Significa esto que aboga por un retorno al feudalismo y a las monarquías “por Dios, por la Patria y el Rey” contra el liberalismo burgués privatizador de bienes comunales? Claro que no. Extraemos del pasado lo que puede ser útil para hoy: por ejemplo, la idea de los bienes comunes es útil para repensar la gobernanza de los espacios públicos en las ciudades o de los espacios digitales en  Internet. De  forma parecida, Latouche se basa en Laos para reflexionar sobre la posibilidad del “a-desarrollo” en nuestra sociedad. Una tercera opción al dilema desarrollo o subdesarrollo, o crecimiento o crisis.

Como Latouche y otros antropólogos, los decrecentistas rechazan una marcada distinción entre  “un antes” y “un después” (después de ilustración, modernidad, desarrollo), esta distinción temporal que toma una expresión geográfico-espacial entre  “nosotros,  el Occidente avanzado ” y “ellos, el resto atrasado”. El decrecimiento ve el presente capitalista como lleno de elementos latentes de un pasado no capitalista, como las economías del regalo o los mercados de trueque o los bienes comunes de los parques urbanos; y es allí donde se encuentran  las semillas para un futuro diferente. Los restos de la “economía moral” como escribió E. P. Thompson, que hay que reavivar.

Tercero, afirma que “ser anticrecimiento, sin más, es una actitud que refleja un cierto inmovilismo que perjudicará a los mas débiles de la sociedad” y que “las necesidades de la población mundial son enormes” por lo que “una enorme redistribución de los recursos será necesaria pero insuficiente ya que habrá la necesidad de producir más y mejor. ” No está claro porqué el decrecimiento tiene que promover el inmovilismo. Lo que es cierto es que el argumento a favor de la redistribución se fortalecerá más que lo que se consigue en los periodos de bonanza económica, cuando los problemas se alejan simplemente porqué la marea sube elevando a la vez el nivel de todos los barcos. En un escenario de decrecimiento, ciertas actividades decrecerán y otras florecerán, abriendo oportunidades para nuevos trabajos y la innovación creativa. Decrecerá el uso de energía de los combustibles fósiles, por ejemplo, y el uso de muchos materiales. La movilidad social no es una cuestión de recursos totales, sino de acceso relativo a los bienes comunes, a las infraestructuras públicas, a la educación y la creatividad; nada de esto requiere crecimiento económico per se. Si todavía hay  necesidad de “producir más”, Navarro debería decirnos entonces, cuánto será suficiente, finalmente, para satisfacer las necesidades democráticas que él tiene en mente. Nuestra economía ha multiplicado el tamaño de sus fuerzas de producción varias veces desde el tiempo en que Marx escribía, o incluso Keynes. Sin embargo, todavía no  parece ser suficiente y la pobreza todavía está aquí. Esto podría ser un recordatorio de que el problema no es que no tengamos suficiente, sino que todavía no hemos establecido las relaciones de poder necesarias para una distribución equitativa y asegurar que todo el mundo tenga lo básico para una vida digna. Extraer y producir más es lo que el capitalismo sabe hacer mejor. Sólo una sociedad que finalmente se da cuenta de que ha tenido suficiente y que establece las instituciones para vivir con lo suficiente, se escapará del capitalismo.

Cuarto, declara que el decrecimiento no es, políticamente, ni de derechas ni de izquierdas. No podemos hablar en nombre de  todos, pero nosotros en Research&Degrowth, así como casi todas las 3.000 personas que fueron a nuestra Cuarta Conferencia Internacional, en Leipzig, se consideran de izquierdas (y la mayoría, radicales de izquierdas). La conferencia,   raramente para un evento científico, terminó con los 3.000 participantes saliendo juntos del auditorio y manifestándose en las calles de Leipzig contra el crecimiento y contra el capitalismo. A esto le siguió  un ejercicio de desobediencia civil en el exterior de una central térmica de carbón. ¿Suena esto a ser conservador? Serge Latouche escribe que no hay una postura más anticapitalista que el decrecimiento ya que no sólo critica los resultados, sino el espíritu del capitalismo. Escapar del crecimiento implica escapar del capitalismo, pero escapar del capitalismo no significa escapar del fetichismo del crecimiento, como la experiencia de los regímenes del socialismo real del siglo 20 nos enseña. De ese tema podemos aprender mucho de Navarro, un crítico del productivismo en la URSS como fue él mismo.

Quinto, de forma reiterada, Navarro sostiene en sus textos que el decrecimiento es una vieja idea, y que todo lo que se puede decir ya se dijo en los debates de la década de 1970 entre él y Ivan Illich o entre Paul Ehrlich y Barry Commoner. Los ecologistas ibéricos más viejos han citado continuamente a Barry Commoner desde 1971 (releamos las páginas de Mientras Tanto, por ejemplo). Y la mayoría de los miembros de Podemos ni siquiera habían nacido en los años 70. Los jóvenes tienen derecho a descubrir por sí mismos los viejos debates y quién sabe si podrían llegar a nuevas respuestas o, incluso, a nuevas preguntas. La historia no se repite y  cada generación debe  tener su propia oportunidad de hacer historia.

En lo específico de estos debates, Navarro tiene argumentos válidos en contra del  extremo al que podrían llegar  las ideas de Ivan Illich sobre autonomía en los sistemas médicos y de educación. Pero nada es blanco o negro. Illich sin duda tenía razón en su famosa crítica al automóvil y en general al afirmar que los sistemas industriales modernos, basados en expertos, tienen un sesgo de desigualdad inherente, quitándoles a las personas y colectivos el poder de controlar de forma autónoma aspectos importantes de sus vidas y sus cuerpos. Lewis Mumford tambien criticó la “megamáquina” desde mucho antes, y la energía nuclear “pacífica” desde 1952. No tenemos  porqué llegar  al extremo la lógica de la crítica de Illich y proponer el desmantelamiento de tales servicios públicos. En cambio, podemos inspirarnos en el pensamiento de Illich para hacer lo que varios colectivos están haciendo hoy en Barcelona, es decir, auto-organizarse para complementar los servicios públicos vitales, desde la provisión de alimentos, el cuidado de niños y la educación, hasta la  asistencia primaria de la salud (ver Cooperativa Integral Catalana, Aurea Social, COS). Estos proyectos no tienen porque demoler el Estado y cumplir el sueño de Milton Friedman, como sugiere Navarro que hacen las teorías de Illich. No sabemos que Illich haya hecho nunca un elogio de Milton Friedman. Por el contrario, estos proyectos pueden apoyar al Estado mediante la participación de los ciudadanos en los servicios, en lugar de  externalizar y privatizar. Cuando el estado es reivindicado por una fuerza de izquierdas como Podemos, son estas iniciativas autónomas las que habrán cambiado el sentimiento común de la sociedad civil, así como, a la vez que proporcionan un proyecto de reforma y de control para un sistema del bienestar coste-efectivo que funcione.

Los decrecentistas no tienen figuras paternas. Les gusta Illich pero también leen a  Gorz que pedía una sociedad dual, con la industria socializada y los servicios públicos. Si uno viene a nuestras conferencias, oirá hablar  de la bioeconomia de Georgescu-Roegen y Odum, pero también de Marx, Gramsci, Foucault, Hanna Arendt o Judith Butler. Estamos creando nuevas ideas mezclando y sintetizando, no dividiendo y separando en sectas.

Sexto, Navarro rechaza el decrecimiento (o incluso “la prosperidad sin crecimiento” de Tim Jackson)  porque no quiere pedir a las clases trabajadoras que reduzcan su consumo y porque cree que el crecimiento es necesario para el estado de bienestar. Estamos de acuerdo con él en que el apoyo del Estado a la salud y la educación públicas, al cuidado a las personas  y a los bienes comunes,  ha sido un gran logro en los lugares donde se ha dado y debe ser sostenido y ampliado. No deberíamos olvidar, sin embargo, que en muchos casos los recursos que se utilizaron para financiar estos servicios han sido, al menos en parte, tomados de los excedentes obtenidos por el poder occidental colonial del resto del mundo. Así, a la vez que Gran Bretaña organizaba en National Health Service y otros logros tras el 1945, otros ingleses al servicio del mismo estado organizaban la división del Golfo Pérsico en pequeños principados para el suministro de petróleo barato y otras fechorías.  Para una izquierda internacionalista, la apuesta para el futuro es cómo mantener el estado del bienestar sin crecimiento y sin una mayor explotación del entorno y de los territorios de otras partes del mundo. Es decir,  con una alianza entre el decrecimiento y el movimiento global de justicia socio-ambiental, reconociendo y pagando parte de nuestra deuda ecológica al Sur global. Esto podría implicar una reducción del consumo. Esto no es necesariamente malo si lo que se reduce es innecesario o es consumo por presumir de estatus social y si se reduce de manera que  la gran carga de la reducción recaiga sobre los ricos.

Séptimo, uno de sus principales argumentos es que hay un crecimiento bueno y otro malo y, mientras que el crecimiento capitalista es malo, otro tipo de crecimiento, presumiblemente socialista, puede ser bueno. A modo de ejemplo, utiliza el trabajo de Barry Commoner que argumentaba que podemos sustituir productos sucios por limpios y combustibles fósiles por energías renovables. Suscribimos esto al 100%, pero Commoner no discutió y mucho menos demostró, que podemos hacer todo esto y tener todavía un crecimiento de actividad económica del 2 o 3% anual no ya en las periferias del mundo sino en las propias metrópolis. Navarro sostiene que podemos crecer construyendo escuelas o curando el cáncer. Todas estas son actividades formidables, pero es difícil ver cómo van a hacer crecer la economía año tras año. No tenemos conocimiento de ningún caso histórico en que una economía permanentemente haya crecido mediante la construcción de escuelas, sino que se construyeron escuelas debido al crecimiento. Hasta ahora, el único crecimiento que hemos conocido es crecimiento cuantitativo de energía y materiales y siempre ha ido acompañado de más emisiones nocivas y más agresión.
Sí, podemos y debemos invertir en el cuidado de los unos a los otros, en la producción limpia, en la educación de de niñas y niños y en la creación artística. Pero, ¿por qué tenemos que enmarcar el florecimiento de este tipo de actividades maravillosas en los términos cuantitativos y economicistas del crecimiento? La educación y la salud son buenos en sí mismos, no porque lleven al crecimiento económico. ¿No deberíamos enseñar  humanidades o curar enfermedades si esto tuviese un coste muy alto y un efecto negativo sobre el crecimiento? Nos parece bien que haya sectores de la economía que  florezcan (la educación, el cuidad, la salud, la agricultura orgánica, la rehabilitación de viviendas) mientras le economía en conjunto decrece. Navarro ha declarado explícitamente que cuando habla de crecimiento no está pensando en el PIB sino en el bienestar. Abolamos el PIB, entonces, y no discutamos nunca más si estamos creciendo o no. Centrémonos en las buenas políticas que nos  lleven al bienestar y en en sus indicadores concretos.

Finalmente, estamos de acuerdo con sus palabras: “la  solución pasa por un cambio en estas relaciones de poder, con la democratización del Estado que originaría no solo una nueva redistribución …”. Sí, la democratización es clave para las soluciones futuras. Pero el poder no es sólo algo que está “allá afuera” que transformaremos mecánicamente y luego democratizaremos el Estado y generaremos una nueva redistribución. El poder también reside en la colonización de nuestro imaginario por conceptos y principios que han causado estragos a nuestro alrededor y han justificado la desigualdad y la destrucción en nombre del progreso. El crecimiento es el rey de estos conceptos. Y el desarrollo uniformizador (denunciado por Arturo Escobar, Gustavo Esteva, Wolfgang Sachs…) es el emperador.   Es ya tiempo de inciar el proceso de echar el “crecimiento” y el “desarrollo” al basurero de la historia.

Un mundo que se parte en dos

Yayo Herrero


Un mundo que se parte en dos: los dualismos que legitiman el dominio sobre la naturaleza y las mujeres


El modelo occidental se ha construido sobre la idea del dominio del hombre sobre la naturaleza y del hombre sobre las mujeres. No es que esta visión androcéntrica nazca con la Modernidad, pero, desde luego, la conceptualización de la naturaleza y del cuerpo de los seres humanos que se conforma a partir de las visiones de la ciencia moderna y de la economía capitalista otorga legitimidad a esa lógica jerárquica. 
 
Una de las vías más eficaces en la construcción de la cultura de dominación ha consistido en la consolidación de un modelo de pensamiento dual, que aunque había nacido antes de la Modernidad, se asienta a partir de ésta. 
 
El pensamiento dual interpreta el mundo organizándolo en una serie de pares de opuestos que separan y dividen la realidad: naturaleza vs cultura, razón vs emoción, ciencia vs saberes tradicionales… Pero la especificidad de la visión occidental es que entre estos pretendidos opuestos apenas se establecen interacciones mutuas ni complementariedades y, además, las dicotomías establecidas presentan un carácter jerárquico. Dentro de cada par de opuestos, una de las posiciones se percibe como jerárquicamente superior a la otra. La cultura supera a la naturaleza, la mente es superior al cuerpo y la razón se encuentra por encima de las emociones. Finalmente, el término considerado superior se erige en universal y se convierte en la representación del todo. Así, el otro término del par, el inferior, pasa a ser simplemente la ausencia o carencia del término absoluto, quedando finalmente invisibilizado (Amorós 1985) 
 
El pensamiento feminista advierte sobre cómo estos pares se asocian unos con otros, y son asignados a cada uno de los sexos, concebidos también de forma binaria. Por un lado tenemos al hombre, próximo a la cultura, la mente y la razón y, por otro, a la mujer, que es percibida como esencialmente ligada a la naturaleza y el cuerpo, y "sometida" a sus propias emociones. Sin necesidad de establecer equivalencias directas, se establecen semánticas no explícitas que asocian los términos percibidos como superiores entre sí, construyendo mundos separados. Estas asociaciones nebulosas son denominadas encabalgamientos (Amorós, 1985). 
 
La construcción de una cultura de la emancipación, del no-dominio, requiere revisar cuidadosamente algunos de los mitos que esta comprensión dicotómica ha instalado en nuestro marco cultural.

Extraído de: 'Miradas ecofeministas para transitar a un mundo justo y sostenible'. Yayo Herrero.


Respuesta al documento: 'Un proyecto económico para la gente'


Respuesta de Antonio García Salinero desde un punto de vista decrecentista al documento:
 


Entendiendo que se trata de una propuesta, me atrevo a comentar mediante unas reflexiones constructivas para intentar lograr el propósito que sugiere el título del documento.

Abre el texto la siguiente frase:  

“Cuanto más obedecimos, peor nos trataron”
(Rosa Parks. My Story)

La respuesta que se intuía era: 

 ¡Desobediencia!

En cambio nos dicen:

Actuar con realismo sin renunciar a los sueños.

"proponemos hacer lo que creemos que realmente se puede hacer y no lo que nos gustaría poder llevar a cabo si las condiciones de partida y entorno fuesen otras.”

Sin embargo algunas personas queremos cambiar el mundo, sentimos que esta sociedad es enormemente depredadora de las personas y de la Naturaleza, que provoca en nosotras dolor, explotación, marginación, violencia… Necesitamos gritar, es necesario liberarse de la opresión de un sistema capitalista que nos está asfixiando.

No queremos reformar el sistema, queremos transformarlo.

"La historia muestra diariamente que el capitalismo en el que vivimos o no da, o da respuestas a los problemas de los seres humanos que son claramente insatisfactorias. No puede negarse que en este sistema se han alcanzado grandes hitos y un progreso nunca antes conseguidos en la historia de la humanidad, que el capitalismo ha promovido una acumulación de capitales impresionante, capaz de multiplicar la producción de bienes y servicios, y que ha extendido su consumo a espacios y grupos humanos que habían estado siempre excluidos de cualquier tipo de satisfacción material y expuestos a todo tipo de amenazas y sufrimientos.”

Existe un mito en nuestra sociedad según el cual nuestra forma de vida está en un estadio superior, concibe la historia de los pueblos como un hilo de secuencias que transita desde el salvajismo a la civilización – el progreso-, los europeos estamos empapados de esta convicción etnocéntrica, en la cual nos constituimos como "la civilización por excelencia".

Esta no es sino una coartada para el robo de los recursos de los países “no civilizados”, antaño mediante el colonialismo hogaño mediante la globalización.

Además, bajo un manto de prosperidad y abundancia, buena parte de la población aparentemente más privilegiada del planeta vive una asfixia cotidiana que hace dudar seriamente acerca de los llamados logros del capitalismo incluso en los lugares utilizados como ejemplo [los países donde han gobernado durante más tiempo partidos políticos comprometidos con el socialismo (partidos socialdemócratas aliados a partidos comunistas o progresistas)].

"La mayoría de los economistas y políticos que defienden el orden capitalista afirman que esas situaciones son irremediables porque hay escasez de recursos en el planeta.”

Esta afirmación no es completamente correcta; desde el decrecimiento se afirma que existen recursos limitados, y también que la economía es la ciencia de los recursos escasos.
Cuando hablamos de economía (proceso productivo) tenemos que recurrir a la termodinámica (recordamos aquí al maestro Nicolas Georgescu Roegen).
En este proceso económico (proceso productivo) la energía y la materia pierden su calidad y se degradan, disminuyendo los posibilidades de aprovechamiento humano –entropía-; este es el origen de la escasez económica – de no ser así podríamos utilizar un trozo de carbón una y otra vez para producir calor o trabajo-.
Entendemos la entropía como cantidad de energía no disponible para el ser humano para realizar un trabajo, de ahí el carácter ilusorio del crecimiento ilimitado.
Así, la finalidad del proceso económico (flujo material) tendría como objetivo el disfrute de la vida (flujo inmaterial), aunque en nuestro modelo económico responde al afán de enriquecimiento y acumulación de poder de algunos, por lo que no contribuye a enriquecer la vida en general, sino que va en detrimento del ‘disfrute de la vida’.
Por supuesto somos anticapitalistas. El decrecimiento está en contra del beneficio pecuniario y la acumulación.

Una apuesta ética ineludible

Desde el decrecimiento, nuestra apuesta ética es vivir mejor con menos.

"Y para defenderse de las amenazas de un mundo globalizado y aprovecharse mejor de sus oportunidades no hay nada más útil, aunque pueda parecer contradictorio, que actuar localmente, en las escalas más próximas a donde nacen y se plantean más crudamente los problemas de la vida humana, recurriendo a los recursos más cercanos y tejiendo redes con los seres que tenemos más cerca, sin necesidad de perder de vista, sin embargo, la proyección global que tienen nuestras vidas, por insignificantes que puedan parecernos, en el mundo de nuestros días. Siempre hay alternativas a las políticas impuestas desde arriba en perjuicio de los de abajo.”

Valoramos positivamente este párrafo, y animamos a seguir por este camino.

Sobre el cuidado

El decrecimiento tiene importantes puntos de encuentro con las luchas feministas y la deconstrucción del patriarcado, por ejemplo a la hora de valorizar y reconocer el trabajo no productivo, que la mayoría de las veces recae sobre las mujeres, y buscar una redistribución equitativa de las tareas.
Tradicionalmente, la carga de trabajo productivo ha recaído sobre el hombre. Sin embargo, el acceso masivo de la mujer al mercado laboral no ha significado ni una reducción de la jornada laboral de los hombres, ni un cambio significativo en las proporciones de tiempos dedicados al menaje del hogar, ni a los cuidados. Por tanto, este paso hacia la “igualdad” ha supuesto en realidad un aumento en las responsabilidades y tareas de las mujeres.
El decrecimiento juega un importante papel a la hora de buscar soluciones efectivas a las desigualdades mediante la valoración de los trabajos no-productivos como el doméstico, o los cuidados de personas mayores y niñxs que recaen mayoritariamente en manos de las mujeres.
Una reducción generalizada del tiempo dedicado al trabajo mercantil para todas y todos y, por ende, de la producción como propone el decrecimiento, favorece la repartición equitativa de todos los tipos de trabajo entre mujeres y hombres, porque que evita la carga doble de la mujeres y facilita a los hombres una necesaria toma de responsabilidad en tareas domésticas, al no crecer el volumen total de su trabajo.
Por esto también valoramos positivamente la centralidad de los cuidados en todo el documento; quiero comentar que creemos que el cuidado no debe ser tratado como una mercancía.

Sostenibilidad y economía verde

"Atendiendo a nuestro consumo de biomasa (materia, residuos y deshechos orgánicos de origen vegetal o animal), los españoles necesitaríamos 3,5 veces España para mantener nuestros nivel actual de producción y consumo, algo que es evidente que no está a nuestro alcance. La economía de nuestro país ya es una de las más insostenibles del mundo en términos ambientales y eso quiere decir que, guste o no guste, ha llegado el momento en que los españoles hemos de plantearnos que hay que optar por producir y consumir de otro modo y que hay determinados modo de hacer que crezca el PIB, determinados tipos de producción, de consumo y de gasto de recursos naturales que no podemos seguir realizando porque sencillamente es imposible que el planeta los siga soportando. Ello no quiere decir que tenga que disminuir la actividad económica, antes al contrario, las enormes cantidades de necesidades humanas desatendidas implican mayor actividad económica, que debe basarse, sin embargo, en otro tipo de producción y consumo.”

Este párrafo también se valora positivamente, aunque no podemos debatir sobre la economía verde, ya que en el documento no se concreta en qué consiste; para reflexionar sobre esta tipo de economía deberíamos plantearnos los nuevos escenarios energéticos que ya están presentes.

La ausencia del tema del cénit del petróleo o ‘peak oil’ en el documento hace difícil entrar a valorar las líneas de actuación propuestas; parece difícil compaginar el financiar empresas y familias, crear empleo, garantizar el bienestar y hacer sostenible la deuda con un mundo de recursos energéticos y materiales menguantes, y donde los espacios naturales van desapareciendo.

En conclusión:

Hubiese sido positivo que la primera propuesta de Podemos hubiese huido del totalitarismo económico dominante y se hubiese elaborado una propuesta política, con cierto calado ideológico, algo que no valga tanto para un roto como para un descosido.
Lástima que las prisas electorales impidan elaborar un proyecto colectivo de futuro que realmente comprometa a la sociedad en su conjunto. En esta labor pienso que son ‘los círculos’ los que permitirían recoger la diversidad social, ya que los expertos nos hablan con los números, los informes, las estadísticas… ; pero esto no es suficiente para explicar el mundo en que vivimos.
Entiendo que es difícil ponerle el cascabel al gato, pero más pronto que tarde el discurso economicista chocará con los límites de la biosfera; creo que vale la pena el riesgo de comunicar una ‘verdad incomoda’ antes de que los acontecimientos se nos echen encima por intentar alcanzas cotas de gobierno precipitadamente
Se debería entender que se están abriendo nuevos caminos, se están redefiniendo conceptos, existen nuevas dinámicas sociales que los antiguos partidos no han captado, esperemos que Podemos no sea tampoco un obstáculo y permita fluir los nuevos estilos de vida y de libertad que se reclaman para poder deconstruir el sistema que habitamos y construir nuevos espacios de libertad.

La imposibilidad del crecimiento exige un nuevo sistema económico



















George Monbiot - Rebelión

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Imaginemos que en 3030 A.de C. las posesiones totales del pueblo de Egipto llenaban un metro cúbico. Propongamos que esas posesiones crecieron 4,5% por año. ¿Qué tamaño hubiera tenido esa pila al llegar la Batalla de Actium en 30 A.de C.? Es el cálculo hecho por el banquero de inversiones Jeremy Grantham (1). La trayectoria de la tasa de crecimiento compuesto muestra que la erosión del planeta solo acaba de comenzar. Simplemente no podemos seguir por el mismo camino. 
 
Continuemos, adivina. ¿Diez veces el tamaño de las pirámides? ¿Toda la arena del Sahara? ¿El océano Atlántico? ¿El volumen del planeta? ¿Un poco más? Es 2.500 trillones (1018) de sistemas solares (2). No precisa mucho tiempo, al considerar ese resultado, para llegar a la paradójica posición de que la salvación reside en el colapso. 
 
Tener éxito es destruirnos. Fracasar es destruirnos. Es el aprieto que hemos creado. Ignora si es necesario el cambio climático, el colapso de la biodiversidad, el agotamiento del agua, del suelo, de los minerales, del petróleo; incluso si todos estos problemas se desvanecieran milagrosamente, la matemática de la tasa de crecimiento compuesto hace que la continuidad sea imposible. 
 
El crecimiento económico es un artilugio del uso de combustibles fósiles. Antes de que grandes cantidades de carbón fueran extraídas, cada aumento en la producción industrial iba acompañado por una caída en la producción industrial, ya que el carbón vegetal o los caballos de fuerza requeridos por la industria reducían la tierra disponible para cultivar alimentos. Cada revolución industrial anterior colapsó, ya que el crecimiento no podía ser sustentado (3). Pero el carbón rompió este ciclo y posibilitó –durante algunos siglos– el fenómeno que ahora llamamos crecimiento sostenido. 
 
No fue ni el capitalismo ni el comunismo lo que posibilitó el progreso y las patologías (guerra total, la concentración sin precedentes de la riqueza global, destrucción planetaria) de la modernidad. Fue el carbón, seguido por el petróleo y el gas. La meta-tendencia, la narrativa madre, es la expansión alimentada por el carbono. Nuestras ideologías son meros argumentos secundarios. Ahora, a medida que las reservas más accesibles han sido agotadas, tenemos que saquear los rincones ocultos del planeta para sustentar nuestra imposible proposición. 
 
El viernes, unos pocos días después que científicos anunciaron que el colapso del hielo de la Antártida poniente es ahora inevitable (4), el gobierno ecuatoriano decidió que la perforación por petróleo continuaría en el corazón del parque nacional Yasuní (5). Había hecho una oferta a otros gobiernos: si le daban la mitad del valor del petróleo en esa parte del parque, dejaría su suelo intacto. Puede ser interpretado como chantaje o como comercio justo. Ecuador es pobre, sus depósitos de petróleo son ricos: ¿por qué, argumentó el gobierno, debiera dejarlos intactos sin compensación cuando todos los demás están perforando hasta el último círculo del infierno? Pidió 3.600 millones de dólares y recibió 13 millones. El resultado es que Petroamazonas, una compañía con un pintoresco historial de destrucción y derrames (6), penetrará ahora uno de los sitios con mayor biodiversidad del planeta, en el cual se dice que una hectárea de selva tropical contiene más especies que las que existen en todo el continente de Norteamérica (7). 
 
La compañía petrolera Soco del Reino Unido espera ahora penetrar el parque nacional más antiguo de África, Virunga, en la República Democrática del Congo (8); uno de los últimos baluartes del gorila de montaña y el okapi, de chimpancés y elefantes de bosque. En Gran Bretaña, donde acaban de ser identificados potenciales 4.400 millones de barriles de petróleo de esquisto (shale) en el sudeste (9), el gobierno fantasea con la idea de convertir los frondosos suburbios en un nuevo delta del Níger. Con este fin está cambiando las leyes de trasgresión para posibilitar la perforación sin consentimiento y generosos sobornos a gente local (10, 11). Estas nuevas reservas no solucionan nada. No terminan nuestra hambre de recursos; la exacerban. 
 
La trayectoria del crecimiento compuesto muestra que la erosión del planeta acaba solo de comenzar. A medida que el volumen de la economía global se expande, todo sitio que contenga algo concentrado, poco usual, precioso, será buscado y explotado, sus recursos extraídos y dispersados, las diversas y diferenciadas maravillas del mundo reducidas al mismo rastrojo gris. 
 
Alguna gente trata de resolver la imposible ecuación con el mito de la desmaterialización: la afirmación de que a medida que los procesos se hacen más eficientes y los artefactos son miniaturizados, usamos, en suma, menos materiales. No hay señales de que esto esté sucediendo. La producción de mineral de hierro ha aumentado 180% en diez años (12). El organismo comercial Forest Industries nos dice que “el consumo global de papel se encuentra a un nivel alto récord y seguirá aumentando”. (13) Si, en la era digital, no reducimos siquiera nuestro consumo de papel, ¿qué esperanza existe para otros productos de consumo?
Consideremos las vidas de los súper ricos, que fijan el ritmo del consumo global. ¿Están reduciendo el tamaño de sus yates? ¿Sus casas? ¿Sus obras de arte? ¿Su compra de maderas finas, de peces raros, de piedras raras? Los que cuentan con los medios necesarios compran casas cada vez más grandes para almacenar la creciente acumulación de cosas que no vivirán lo suficiente para usar. Por acumulación inadvertida, se usa cada vez más superficie del planeta para extraer, fabricar, y almacenar cosas que no necesitamos. Tal vez no sea sorprendente que hayan vuelto a aparecer fantasías sobre la colonización del espacio – que nos dicen que podemos exportar nuestros problemas en lugar de resolverlos (14). 
 
Como señala el filósofo Michael Rowan, las inevitabilidades del crecimiento compuesto significan que si la tasa de crecimiento predicha el año pasado para 2014 (3,1%) se mantiene, incluso si fuésemos a reducir milagrosamente el consumo de materias primas en un 90% retardamos lo inevitable en solo 75 años (15). La eficiencia no resuelve nada mientras el crecimiento continúa. 
 
El fracaso inescapable de una sociedad basada en el crecimiento y en su destrucción de los sistemas vivos de la Tierra son los hechos apabullantes de nuestra existencia. Como resultado casi no son mencionados en ninguna parte. Constituyen el gran tabú del Siglo XXI, los temas garantizados para enajenar a amigos y vecinos. Vivimos como si estuviésemos atrapados dentro de un suplemento dominical: obsesionados por la fama, la moda y los tres elementos básicos aburridos de la conversación de clase media: recetas, innovaciones y centros turísticos. Cualquier cosa que no sea el tópico que demanda nuestra atención. 
 
Declaraciones de lo exageradamente obvio, los resultados de una aritmética básica, son tratados como distracciones exóticas e imperdonables, mientras la proposición imposible según la cual vivimos es considerada como tan sana y normal y poco interesante que no vale la pena mencionarla. Es como se mide la profundidad de este problema: según nuestra incapacidad de llegar a discutirla.


Referencias:  
 
1. http://www.theoildrum.com/node/7853
2. Grantham expresó este volumen como 1057 metros cúbicos. En su trabajo We Need To Talk About Growth, Michael Rowan lo tradujo como 2.500 trillones (1018) de sistemas solares. (http://persuademe.com.au/need-talk-growth-need-sums-well/). Esta fuente menciona el volumen del sistema solar (si es considerado como una esfera) como
39.629.013.196.241,7 kilómetros cúbicos, lo que es aproximadamente 40 x 1021 metros cúbicos. Multiplicados por 2.500 trillones (1018), esto da 1041 metros cúbicos. Por lo tanto, a menos que tenga la cifra equivocada para el volumen del sistema solar o haya confundido mis unidades, lo que es eminentemente posible, la traducción de Michael Rowan parece estar subestimada. Sin embargo, me basaré en su cifra, ya que no tengo mucha confianza en la mía. Agradecería cualquier mejora, comentario o corrección.
3. EA Wrigley, 2010. Energy and the English Industrial Revolution. Cambridge University Press.
4. http://www.theguardian.com/environment/2014/may/12/western-antarctic-ice...
5. http://www.theguardian.com/environment/2014/may/23/ecuador-amazon-yasuni...
6. http://www.entornointeligente.com/articulo/2559574/ECUADOR-Gobierno-conc...
7. http://www.theguardian.com/world/2013/aug/16/ecuador-approves-yasuni-ama...
8. http://www.wwf.org.uk/how_you_can_help/virunga/
9. http://www.theguardian.com/environment/2014/may/23/fracking-report-billi...
10. http://www.telegraph.co.uk/earth/energy/fracking/10598473/Fracking-could...
11. http://www.theguardian.com/environment/2014/may/23/fracking-report-billi...
12. Philippe Sibaud, 2012. Opening Pandora’s Box: The New Wave of Land Grabbing by the Extractive Industries and the Devastating Impact on Earth. The Gaia Foundation. http://www.gaiafoundation.org/opening-pandoras-box
13. http://www.forestindustries.fi/industry/paper_cardboard_converted/paper_...
14. https://www.globalonenessproject.org/library/articles/space-race-over
15. Michael Rowan, 2014. We Need To Talk About Growth (And we need to do the sums as well.) http://persuademe.com.au/need-talk-growth-need-sums-well/