Hacia la era del post crecimiento

Agencia Tigris

El actual modelo económico y civilizatorio, basado en el crecimiento indefinido y la explotación sin medida de recursos naturales finitos, sin tener en cuenta asimismo el impacto medioambiental a escala global, está en vías de agotarse. Frente a dicho modelo, ya desfasado, se anuncia la llegada de la era del post crecimiento.


Arriba imagen de un caracol, símbolo del movimiento
decrecentista. La "lógica del caracol", de ir despacio,
es una alegoría de la filosofía del Decrecimiento. 
      
 
Se puede vivir en una casa enorme, tan inmensa incluso que te puede llevar mucho tiempo conocer todos sus rincones y recovecos. Esto te puede inducir a pensar que podrías llenarla sin problemas de todo tipo de cosas y dar cabida en ella a cuanta gente quisieras. Tú y los demás os podéis permitir el lujo incluso de ser un tanto indolentes, haciendo un mal uso de sus espacios e instalaciones, no tomándoos la molestia en limpiar lo que ensuciáis y sin detenerse a realizar un adecuado mantenimiento o las debidas reparaciones de aquello que se ha venido estropeando por el paso del tiempo o una mala utilización. Qué más da si vivís en una mansión gigantesca. Si una habitación ha quedado inservible, siempre se puede ocupar cualquier otra que todavía permanezca vacía. El problema es que cada vez sois más viviendo bajo el mismo techo, nadie se preocupa de arreglar nada ni de retirar la porquería que se empieza a amontonar por los rincones y la vivienda, por enorme que sea, comienza a mostrar signos de un más que evidente deterioro. Cualquiera con un mínimo de sentido común haría bien en pensar que sois unos irresponsables, hasta incluso unos auténticos descerebrados, por echar a perder tan magnífico hogar por culpa de la desidia, la falta de previsión y un comportamiento más que discutible. Porque llegará el momento en que la mansión se volverá por completo inhabitable, o cuanto menos de lo atestada, sucia y ruinosa que estará ya no resultará en absoluto un lugar agradable para vivir.
     
       Pues bien, el ejemplo anterior de la casa podría servir como alegoría explicativa acerca de nuestro comportamiento como especie, o mejor dicho como civilización, para con el planeta Tierra. El edificio no corre peligro de venirse abajo por nuestra culpa, al menos todavía no tenemos capacidad para eso, pero lo que sí puede terminar ocurriendo es que deje de ser un lugar confortable, volviéndose incluso hasta hostil. Y lo sería al menos para nuestros estándares, que no por ejemplo para los de otros seres como ratas y cucarachas (que ya sabemos que se las apañan muy bien en entornos decadentes). En verdad, ¿a quién le gustaría vivir así? En un ambiente por completo degradado, sin calidad en el agua para el consumo o en el aire que respiramos, expuestos a todo tipo de nuevas enfermedades por culpa de esto u otros problemas de contaminación, compitiendo desesperadamente por unos recursos cada vez más escasos porque seguimos inmersos en una cultura de consumismo desenfrenado, etc. En una entrada anterior ya estuvimos hablando de los altamente perniciosos efectos económicos y geopolíticos que puede llegar a acarrear el cambio climático a lo largo del presente siglo, lo cual sumaría nuevas e incluso letales amenazas a nuestro futuro. Como, por mucho que fantaseemos con los relatos de ciencia-ficción acerca de aventuras espaciales, tampoco parece probable que encontremos otro hogar similar ni dentro del Sistema Solar ni fuera de él (ver El futuro de la Humanidad. Segunda parte), es necesario aplicar un planteamiento diferente. El modelo actual, basado en el expolio y la rapiña de los recursos naturales como base para un crecimiento que se supone indefinido, no dará mucho más de sí en las décadas venideras porque en él está la raíz de su propia destrucción. Es por eso que se vislumbra el nacimiento de un nuevo modelo económico y social basado en premisas diferentes. Los pilares de dicho modelo ya están presentes hoy en día: la economía colaborativa, la filosofía del Decrecimiento, la apuesta por las energías renovables y las políticas de igualdad de género como método para contener la explosión demográfica. En su conjunto, y sumadas a otras tendencias, podrían inaugurar la próxima era del post crecimiento.

El auge de la economía colaborativa

      ¿Cuántos cacharros y otros objetos, que compramos hace tiempo y apenas sí hemos utilizado unas cuantas veces, tenemos guardados en nuestras casas? Y también, ¿cuántas cosas que seguían siendo útiles hemos tirado a la basura sin más porque habíamos adquirido un sustituto más nuevo? Ésta es la lógica de una sociedad consumista, en la que todos nos comportamos como si fuéramos potentados sin serlo en realidad. Ir de compras para adquirir nuevos artículos del tipo que sea casi ha terminado convirtiéndose en un modo de vida, la razón de ser para no pocas personas. Pero detrás de esta actitud aparentemente inocente se esconde una dinámica realmente dañina, tal y como se muestra por ejemplo en el magnífico documental "Comprar, tirar, comprar", de la cineasta Cosima Dannoritzer. Nuestras compras a veces tienen consecuencias en lugares alejados del planeta, consecuencias económicas, sociales y medioambientales.

      Frente al modelo establecido, consumista e insostenible, está surgiendo una nueva cultura que, a raíz de la crisis iniciada en 2008, ha cobrado una gran fuerza en los últimos años. Estamos hablando de la llamada economía colaborativa, basada en compartir bienes y servicios disponibles con otras personas, más que en adquirirlos para hacer uso de ellos de manera exclusiva. Pongamos un ejemplo. Es fin de semana y da la casualidad que andas haciendo unas chapuzas eléctricas en casa para las que necesitas realizar una serie de comprobaciones. Y claro, para ello precisas de lo que comúnmente se conoce como un tester (ese aparatito que se emplea para medir tensiones, voltajes, intensidades, etc.) que sea medianamente decente. No es una de esas cosas que hayas necesitado antes y por eso no tienes ninguno por casa ¿Qué hacer? La opción clásica es dirigirse a un centro comercial a buscar y comprar el cacharrito en cuestión, lo que seguramente implicará coger el coche (con el consiguiente consumo de combustible y todo lo que eso acarrea). 


La cuestión que se plantea una vez adquirido el dichoso tester es la siguiente, ¿cuántas veces más piensas que vas a utilizarlo? A lo mejor una o ninguna y terminará guardado en cualquier cajón como otros tantos trastos más. Frente a esto la alternativa es preguntarte si, en el vecindario, vive por ejemplo algún electricista que posea varios de esos aparatos y que te pueda alquilar uno durante un día por unos pocos euros. Solucionas el problema, te ahorras la compra, él gana algo de dinero, no acabas guardando otras cosa más que nunca volverás a usar y reduces tu nivel de consumo y con ello tu huella ecológica.


Resultado de imagen de airbnb
      Es una solución sencilla y elegante que rompe con el círculo vicioso del consumismo. Unos pocos datos bastan para contrastar lo que supone abandonar un modelo derrochador e irracional. Por ejemplo, se calcula que en Estados Unidos hay alrededor de 80 millones de taladradoras propiedad de particulares cuya vida media ha sido inferior al cuarto de hora. Extrapolándolo a otros muchos artículos, ¿nadie ve lo insostenible de esta situación? Producir y producir sin descanso, haciéndolo además de manera masiva, cosas que luego no van a tener uso, es como arrojar directamente por el retrete los recursos del planeta. Y a estas alturas no podemos permitirnos semejante lujo. No obstante hasta hace no mucho la economía colaborativa se enfrentaba a un importante escollo ¿Cómo poner en contacto, de forma sencilla y rápida, a los demandantes de estos u otros bienes y servicios con aquellos que pueden ofrecerlos? Las plataformas digitales y redes sociales online han solventado este problema. A través de ellas puedes contactar, rápidamente y desde tu casa, con cientos e incluso miles de personas que, desde distintos tipos de plataformas, prestan, alquilan o incluso venden artículos de segunda mano pero en perfectas condiciones (en la mayoría de casos). También se ofrecen todo tipo de servicios, como trasporte, alquiler de apartamentos, clases particulares, intercambio de libros, etc. Internet ha convertido la economía colaborativa en una posibilidad práctica e increíblemente potente. Si no quieres ir a comprar un determinado artículo, porque prefieres no gastar tanto y piensas que no vas a hacer demasiado uso de él, mejor ponerte en contacto con alguien que viva cerca y que pueda ganarse unos euros con el arreglo.

     Que la economía colaborativa puede ser un modelo de éxito, insertándose además en la lógica del capitalismo, es algo que está fuera de toda duda. Ahí tenemos el ejemplo de plataformas como Uber y BlaBlaCar, unas aplicaciones que ponen en contacto a pasajeros que quieran ir a determinados destinos con los conductores que se pueden dirigir a ellos, o el de Airbnb, que ofrece alojamientos en alquiler propiedad de particulares. En cuestión de muy poco tiempo estas nuevas compañías de servicios digitales se han convertido en gigantes multimillonarios de implantación global, su éxito ha sido sencillamente arrollador. Así por ejemplo Uber es una empresa valorada actualmente en 68.000 millones de dólares, mientras que Airbnb cotiza en Bolsa por valor de 30.000 millones de dólares. En el caso de la plataforma de servicios de alojamiento hay que tener en cuenta que, con sus menos de diez años de existencia, ya ha superado en valor de mercado a todas las grandes cadenas hoteleras del mundo (Marriot International, Hilton, Intercontinental Hotels...), que históricamente siempre habían controlado este sector.

     Por supuesto este fenómeno tiene sus detractores, que ven en el auge de las grandes plataformas antes mencionadas un descarado ejemplo de competencia desleal que esconde detrás una mentalidad en absoluto solidaria. El economista progresista Vicenç Navarro ha criticado en más de una ocasión los citados servicios digitales de trasporte y alojamiento colaborativos (ver la entrada a su blog Lo que se llama economía colaborativa no tiene nada de colaborativa), al ver en ellos una forma de desregulación que afecta muy negativamente a los trabajadores de dichos sectores, ofrecer menos garantías a los consumidores (ya que debes confiar en un particular y no en un profesional contratado) y ser capaces de dar pie a la especulación (subidas desorbitadas en los precios de los alquileres, por ejemplo, en barrios muy turísticos de determinadas ciudades que terminan afectando a sus vecinos). Sin embargo, potenciales efectos perniciosos aparte surgidos de las ansias de enriquecimiento de algunos, la filosofía que subyace ofrece perspectivas muy interesantes. Supone un cambio de mentalidad, en el que se abandona la premisa de comprar y comprar para después tirar, por otra en la que se comparten y reutilizan recursos y en la que el consumidor no juega un papel tan pasivo. De hecho en cierto modo puede terminar teniendo una influencia mucho mayor en el modelo, convirtiéndose en lo que algunos ya llaman un "prosumidor" (mezcla entre productor y consumidor, ya que existe la posibilidad de actuar como uno u otro). Otra transformación fundamental es que el concepto de posesión exclusiva va perdiendo importancia, porque se alquilan o comparten bienes y servicios al perseguir principalmente el ahorro económico y la sostenibilidad.

     El mercado emergente de los móviles reacondicionados (que vuelven a ser puestos a la venta tras haber sido devueltos por sus antiguos propietarios o arreglados ciertos desperfectos), la apertura de más y más establecimientos donde se reparan electrodomésticos y todo tipo de aparatos (además de vender piezas de repuesto y modelos de segunda mano), servicios online casi gratuitos disponibles para smartphone, así como la posibilidad que ya se está extendiendo en muchas ciudades de disponer de un servicio de alquiler por horas de trasportes privados (bicicletas, ciclomotores e incluso automóviles) que sustituya la necesidad de un vehículo propio, son sólo algunos ejemplos de esta transformación. La economía del compartir basada en la interacción entre personas tiene un potencial inmenso. Especialmente en un contexto en el que las tecnologías digitales, que han facilitado enormemente dicha interacción, se aúnan con la precariedad y la incertidumbre económica y teniendo en cuenta, además, la creciente sensibilidad medioambiental de amplios sectores de la población.

La opción del Decrecimiento

     El Decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social que apuesta por iniciar una disminución controlada y paulatina de la producción económica, con el fin de recuperar el equilibrio entre la civilización y el entorno natural, que está actualmente amenazado. Contrariamente a lo que pudiera parecer dicha corriente tiene raíces muy antiguas que lo conectan con el anti-industrialismo de finales del siglo XVIII y principios del XIX, si bien hoy en día poco tiene que ver con esta ideología prácticamente desaparecida. Los creadores de su fundamento teórico fueron el economista Nicholas Georgescu-Roegen y los expertos que elaboraron para el club de Roma el famoso informe conocido como Los límites del crecimiento (ver esta entrada ¿Hasta qué punto es inminente el colapso de la civilización actual?), allá por 1972. Sus defensores insisten en huir de la imagen negativa que, para muchos, pudiera tener el concepto de decrecimiento. Su argumento es simple: "cuando un río se desborda, todos deseamos que decrezca para que las aguas vuelvan a su cauce". Con el actual sistema económico y político estaría pasando más o menos lo mismo, pues su crecimiento sin medida está teniendo efectos altamente destructivos.

    Las teorías decrecentistas son muchas y una explicación exhaustiva daría incluso para varias entradas, así que, resumiendo, la mayor parte se basan en ocho pilares conceptuales más conocidos como las 8 R. Son los siguientes:
  • Revaluar: que significa sustituir los valores propios de la globalización neoliberal, como por ejemplo el individualismo extremo y el consumismo, por valores locales de cooperación más propios del pensamiento humanista.
  • Reconceptualizar: que es proponer un nuevo estilo de vida mucho menos agresivo con el entorno en el que tendría cabida, por ejemplo, la llamada simplicidad voluntaria (consumir lo mínimo imprescindible, evitar el uso del dinero en la medida de lo posible, apostar por la soberanía alimentaria y la autogestión, etc.).
  • Reestructurar: o adaptar el aparato de producción a las relaciones sociales y no al revés, lo que también se enmarca en la ecoeficiencia.
  • Relocalizar: que es sinónimo de apostar por el consumo de productos locales, elaborados en las proximidades del lugar donde se reside, en vez de adquirir aquellos que han viajado miles de kilómetros hasta llegar a nosotros y por ello con una huella ecológica enorme.
  • Redistribuir: lo que implica un mejor reparto de la riqueza y los recursos disponibles, tanto a nivel social (disminución de las desigualdades entre los más ricos y los que menos tienen) como geográfico (reducir la brecha que separa a los países más desarrollados de los subdesarrollados).
  • Reducir: que significa renunciar al actual modo de vida consumista y despilfarrador.
  • Reutilizar (o reciclar): alargando la vida de los productos y artículos lo máximo posible, o dándoles nuevos usos, desterrando la obsolescencia programada.
El gráfico de arriba utiliza el consumo per cápita de energía, relacionado con el total de población, para comparar los niveles de despilfarro energéticos y de recursos por países. Comprobamos como los norteamericanos y los rusos son, con diferencia, los que poseen una huella ecológica más desorbitada. Les siguen a cierta distancia japoneses y los habitantes de la UE y el Próximo Oriente. Todos ellos se encuentran a su vez muy por encima de lo que se denomina "biocapacidad terrestre", el nivel por encima del cual su modo de vida resulta incompatible con una adecuada renovación de los recursos planetarios. Sólo los habitantes de Latinoamérica, la India, parte de Asia y Oceanía, así como los del África subsahariana, estarían por debajo de ese nivel. Los chinos por su parte se encontrarían tan sólo un poco por encima.
     
      Repasando estos conceptos podemos caer en la tentación de pensar que estamos antes aspiraciones demasiado utópicas. Algo propio de hippies, antisistema y gente así que les ha dado por odiar el capitalismo y todos los beneficios que ha aportado. Sin embargo debemos pensar una cosa, en el estado actual de cosas tal vez nos veamos abocados a un decrecimiento obligado en un futuro próximo. Todo sistema tiene unos límites y nuestro planeta no es ninguna excepción, por lo que llegará el momento en el que, de no cambiar muchísimo las cosas, más crecimiento resultará materialmente imposible. Sabiendo esto, ¿por qué no empezar ya a decrecer de manera progresiva y controlada para minimizar los daños? Y de todas formas no es necesario abrazar de forma inflexible todos los principios del Decrecimiento, ya que es posible tomar sólo alguno de ellos. No se trata de abandonar las ciudades, irnos todos al campo a sembrar patatas y criar gallinas y renunciar a la tecnología para comenzar a vivir como hace doscientos años; quien crea eso no sabe lo que está diciendo. Podemos adaptar nuestro modo de vida y fenómenos como la ya mencionada economía colaborativa, la extensión de los huertos urbanos, la relocalización de la producción y el establecimiento de redes solidarias de cooperación son un primer paso. Como cualquier otro movimiento, el decrecentista aporta ideas, unas mejores y otras peores, y hoy mismo es perfectamente posible poner en práctica varias de ellas.

La hora de las energías renovables   
       
      Nadie discute que la nuestra ha sido y sigue siendo una civilización de los combustibles fósiles. Quemar carbón, petróleo y gas natural, además de emplear estas materias como base para toda una formidable industria química y de derivados sintéticos, ha dado forma al mundo que conocemos. Los combustibles fósiles eran abundantes, resultaba relativamente sencillo y económico extraerlos y obtener energía de ellos tampoco exigía excesivas complicaciones técnicas. Pero esto ya no es así y, hoy por hoy, la extracción de combustibles fósiles se está volviendo cada vez más costosa y menos rentable, no sólo a nivel económico (lo único que parece importar según el deformado prisma a través del cual mira la realidad el credo neoliberal), sino también a nivel energético y de impacto medioambiental. Esto es debido a que las reservas más fácilmente accesibles ya han sido esquilmadas. Un ejemplo, hasta los años 40 del pasado siglo la Tasa de Recuperación Energética (TRE) del crudo, el petróleo sin refinar, era superior a 100. Eso quería decir que para extraer cien barriles necesitabas consumir la energía equivalente a uno solo, algo increíblemente rentable. En cambio en la actualidad dicha tasa ha caído hasta 8 (con la energía de un barril tan sólo se pueden extraer ocho), sabiendo que los yacimientos más prometedores que todavía quedan sin explotar (en el Ártico o Siberia, por ejemplo) no alcanzan tasas muy superiores a 10. Es más, si hablamos de las formas no convencionales de extracción de combustibles fósiles, como la explotación de arenas bituminosas, la TRE puede llegar a ser bajísima, incluso menor a 1. Esto último quiere decir que, en algunos casos, consumimos más energía en el proceso que la que puede proporcionarnos el propio combustible obtenido (para saber más al respecto visitar la página de ASPO - en italiano -).

Planta de energía solar fotovoltaica Kagoshima Nanatsujima
En la imagen la planta solar de Kagoshima-Nanatsujima (Japón).
El proyecto, inaugurado en 2013, cubre casi 190.000 metros cuadrados
y aporta unos 80.000 MWh. Suficiente para abastecer a más de
20.000 hogares. 
      Tampoco es un secreto para nadie que la extracción y quema de combustibles fósiles es muy perniciosa medioambientalmente hablando, especialmente si nos centramos en métodos no convencionales (gas de esquisto obtenido mediante fracturación hidráulica y petróleo sintético producido a parir de arenas bituminosas). Me viene a la memoria un momento concreto del documental Before the flood, producido por Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio, y presentado por éste último. El conocido actor sobrevuela en helicóptero una extensísima explotación de arenas bituminosas, haciendo notar a sus acompañantes que el paisaje le recuerda mucho a Mordor, la desolada tierra infestada de orcos gobernada por el Señor Oscuro Sauron, imaginada por el escritor J.R.R. Tolkien en el legendarium del Señor de los Anillos y cuya imagen se ha popularizado tanto después de la exitosa saga cinematográfica. La asociación me parece muy acertada, pues ese es el devastador futuro que puede aguardarnos si seguimos como hasta ahora.

      Frente a esto, y por mucho que desde determinadas instancias políticas y empresariales (las dos cosas se confunden) pretendan hacernos creer lo contrario, las energías renovables ya son una realidad factible. En la actualidad las TRE de muchas de ellas ya se sitúan al nivel del petróleo o el gas natural, entre 2 y 20 dependiendo del tipo de energía que se trate y las condiciones reinantes. Ese ha sido siempre el principal escollo, pues tecnologías como las de los paneles fotovoltaicos o los aerogeneradores dependen de la meteorología, de si hace un día despejado o más o menos ventoso. Con la energía hidroeléctrica se obtienen TRE mucho más elevadas, de incluso hasta 250 en condiciones óptimas. Sin embargo esta fuente energética también tiene sus limitaciones, pues está condicionada a la construcción de embalses y saltos de agua artificiales en vías fluviales, algo que no se puede aplicar a todas partes. Por ejemplo, en Japón apostaron por las plantas nucleares junto al mar porque el país no posee ningún gran río y por ello no disponía de potencial hidroeléctrico.

     No obstante los avances tecnológicos están revolucionando el sector de las energías renovables. Salim Ismail, pionero en Silicon Valley y fundador de la Singularity University (una entidad creada conjuntamente por la NASA y Google), vaticinó en 2014 que, en un cuarto de siglo, la energía solar estaría en disposición de satisfacer toda la demanda energética a nivel mundial. Puede parecer muy optimista, pero los nuevos desarrollos en paneles solares de alto rendimiento están cambiando las cosas. El principal problema de la mayor parte de los paneles actuales disponibles en el mercado, basados en el silicio, es que el activador que emplean (las sustancia con la que se rocían las placas para impregnarlas y que así cumplan su función) es el cloruro de cadmio, que además de ser un producto costoso es altamente contaminante. La innovación consiste en sustituir este compuesto por cloruro de magnesio, que es mucho más barato (¡hasta 300 veces!) y además no es tóxico. Esta nueva generación de paneles está consiguiendo rendimientos muy notables, de hasta casi un 48% en condiciones experimentales, cuando hasta hace no mucho el rendimiento de los de primera generación no superaba el 10%. Sabiendo esto, y viendo también cómo de rápido evolucionan todas estas tecnologías, nadie puede negar que en el futuro la energía solar ocupará un papel muy destacado.

Cómo puede producir energía el Torio    Otras nuevas fuentes de energía están siendo probadas ya desde hace tiempo, como los biocombustibles (aceites vegetales que se refinan para obtener biodiesel o el etanol) o las baterías de hidrógeno. Éstas se sumarían a opciones renovables como las energías geotérmica y mareomotriz. Sin embargo otra revolución energética está en marcha en el minúsculo universo del átomo. La energía nuclear de fisión convencional, basada en el uranio enriquecido, es altamente controvertida y suma muchísimos detractores (a causa de lo problemático de la gestión de sus residuos y la aterradora posibilidad de accidentes graves de consecuencias catastróficas), además de nutrirse de un recurso no renovable como es el mineral de uranio. La cosa cambia empleando la tecnología del Torio, un elemento pesado pero de muy baja actividad radiactiva, lo que lo hace prácticamente inocuo en ese sentido. Hoy por hoy construir reactores que empleen torio para producir energía ya es algo factible, a pesar de no ser un material fisible. El "truco" consiste en bombardear con neutrones lentos los núcleos de torio, para iniciar un proceso auto mantenido de generación de uranio 233 (distinto del uranio 235 que se emplea en los reactores actuales) conocido como Ciclo del Torio. De esta manera el reactor genera su propio material fisible en un ciclo sostenido, en el que sólo hay que seguir añadiendo de vez en cuando más torio. Es por eso que este tipo de reactores reciben el nombre de regeneradores o breeders. Además, todo son ventajas con esta fuente de energía, es muchísimo más abundante en la Naturaleza que el uranio, lo que casi la equipara con una renovable, tiene un potencial energético hasta 40 veces mayor y es mucho menos contaminante y peligrosa, dado que el uranio 233 fisible sólo perdura en el reactor muy poco tiempo y se produce una cantidad mínima de isótopos radiactivos de larga duración como residuo. A esto hay que añadir que las plantas nucleares basadas en el torio jamás podrían ser utilizadas para la fabricación de armamento dadas las características del proceso.

      Por último, ¿qué decir de la energía de fusión nuclear? Éste es sin duda una de los mayores retos tecnológicos a los que se ha enfrentado la humanidad, conseguir reproducir las condiciones que tienen lugar en el núcleo de las estrellas, para así aprovechar una energía de un potencial casi ilimitado que cambiaría por completo el mundo en el que vivimos. Son muchas las naciones que han aunado esfuerzos en el gran proyecto del reactor experimental de fusión, conocido como ITER, que actualmente se está construyendo en Cadarache (Francia). La energía de fusión se abastecería de isótopos de hidrógeno extraídos del agua del mar, un recurso prácticamente inagotable, y no generaría ningún tipo de residuo contaminante, por lo que también sería una energía limpia.

 Hoy por hoy las limitaciones son esencialmente técnicas, se consumen inmensas cantidades de energía para activar el proceso de fusión en condiciones estables y seguras, y presupuestarias, la inversión necesaria para construir este tipo de reactor es sencillamente enorme. Por el momento no se trata pues de una energía barata, pero sí se logran optimizar tanto el proceso como la tecnología, las posibilidades son absolutamente fabulosas y el mundo de los combustibles fósiles acabará convertido en algo tan del pasado como su propio nombre.

Explosión demográfica vs políticas de igualdad de género

     La población mundial actual ya se sitúa por encima de los 7.300 millones de personas y está previsto que para 2050 ya roce los 10.000 millones (superando ampliamente los 11.000 millones a final de siglo - ver el siguiente artículo de La Vanguardia -). El crecimiento demográfico será desigual, ya que mientras en Europa, Rusia (hay que tener en cuenta su extensísima parte asiática), Japón e incluso China la población tenderá a disminuir muy lentamente, el subcontinente indio y, muy especialmente, África continuarán experimentando notables aumentos de población. Así aún antes de 2030 la India superará a China como el país más poblado y hacia mitad de siglo naciones como Nigeria ya contarán con más habitantes que Estados Unidos. Hablar de la era del post crecimiento es hablar también de un mundo en el que la población humana no siga creciendo de manera descontrolada, lo que podría convertir el África subsahariana en una auténtica bomba de relojería demográfica. Si la situación de muchos de estos países es ya muy complicada hoy día, ¿qué sucederá cuando su población se duplique o incluso triplique en poco tiempo?


El mapa de arriba muestra por países cómo se espera que la población aumente, o disminuya, a lo largo del presente siglo. Los colores verdosos indican disminución en número de habitantes y los amarillo, anaranjado, rojo y grana aumentos, tanto más intensos por este orden. Muchos de los países en los que está previsto que la población se incremente con mayor intensidad, son también aquellos en los que las mujeres tienen menos derechos reconocidos o viven en una situación más precaria. 
      Frente a la amenaza de la superpoblación siempre se ha blandido el argumento de las políticas de control de la natalidad. Dichas políticas han ido desde métodos expeditivos y por completo denunciables, como lo fueron algunas campañas de esterilización forzosa llevadas a cabo en el pasado  en algunos países en vías de desarrollo, pasando por la fracasada doctrina del "hijo único" de la China maoísta, hasta estrategias mucho más constructivas como la implementación de métodos anticonceptivos (entre los que el uso del preservativo ha sido el más exitoso también por su eficacia como protección frente a las enfermedades de transmisión sexual). 

No obstante existe un fenómeno que históricamente se ha mostrado en extremo eficiente para contener el aumento de la población e incluso detenerlo, la progresiva equiparación (todavía no lograda en su totalidad en prácticamente ningún país) de las mujeres con los hombres en cuanto a derechos reconocidos y otros muchos aspectos. Esta transformación tuvo lugar principalmente en Occidente, donde en apenas un siglo las mujeres pasaron de ocupar el rol tradicional de esposas y madres, normalmente recluidas en el hogar y siempre supeditadas a los hombres, a ir conquistando paulatinamente más y más espacios de igualdad.

     ¿Qué ha supuesto este hecho en cuanto a crecimiento demográfico? Hasta hace no tanto lo habitual era que las mujeres se casaran relativamente jóvenes, renunciando a toda expectativa para dedicarse en exclusiva al hogar, a sus esposos e hijos. Esto implicaba que normalmente tuvieran su primer hijo bien pronto, porque para eso estaban, a los que casi siempre seguían otros a lo largo de toda su vida fértil. Los avances médicos redujeron de manera muy importante la mortalidad infantil, con lo que la población aumentaba con rapidez. El cambio se produjo sin que nadie se planteara alguno de sus efectos concomitantes. Una vez más y más mujeres decidieron incorporarse al mercado laboral, defender sus derechos y reclamar más igualdad, su papel como simples madres-amas de casa fue variando. Muchas optaron por alargar su juventud en un contexto de mayor libertad sexual, cursar estudios, desarrollar una carrera profesional, casarse más tarde y, en consecuencia, tener hijos más tarde (muchas veces por encima de la treintena), con lo que terminaban teniendo menos que las generaciones anteriores. También las hubo que decidieron sencillamente no tenerlos. De esta manera es como las conquistas en materia de igualdad de género han devenido también en una forma de control demográfico, si bien no la única que ha actuado en ese sentido. Tanto es así que en muchos países del Occidente más desarrollado ahora nos enfrentamos al problema opuesto, el creciente envejecimiento de la población a causa de las bajas tasas de natalidad.

     Este tipo de políticas se han exportado con éxito de manera deliberada a otros lugares para atenuar los efectos del aumento de la población, como por ejemplo en algunas partes de la India. Y viendo los resultados también cumplirían su objetivo en otros muchos lugares. En el África subsahariana, Medio Oriente y Asia Central millones de mujeres subsisten sin apenas derechos y totalmente subyugadas por un sistema ferozmente patriarcal. Muchos de estos países son también aquellos en los que la población crecerá de forma más acusada en las décadas venideras. 


Una cosa parece ir asociada con la otra, porque allí donde las mujeres son tratadas casi como simple mercancía, siendo también víctimas de innumerables abusos, sus cuerpos terminan convertidos muchas veces en meros recipientes destinados a engendrar descendencia. De esta manera la lucha por sus derechos y una mayor igualdad, además de prevenirnos eficazmente de la superpoblación, se convierten también en una cuestión de dignidad humana. El post crecimiento también va de eso. No de hundirse en una era de involución y barbarie que nos retrotraiga a tiempos ya olvidados, sino de reconciliarnos con el mundo que nos rodea para poder vivir en él de forma sostenible y digna durante los siglos venideros.                        


 
N.S.B.L.D.


Para saber más:

La hora de la economía colaborativa (Le Monde Diplomatique).
Decrecimiento (Wikipedia).
Energía solar más barata y segura (El Mundo).
Energía del Torio.
¿Cuánta gente cabe en la Tierra? (Documental BBC).

¿Cómo articulamos el ecologismo social como respuesta a la crisis civilizatoria? Decálogo de buenas prácticas para transitar hacia una sociedad del «buen vivir»

Pedro A. Moreno Ramiro - 15/15\15


Parte 1 (Propuesta ideológica): Permacultura, Movimiento en Transición, Agroecología y Decrecimiento como alternativas necesarias para un cambio de paradigma global desde lo local


Introducción

Nos encontramos en una coyuntura histórica de colapso. Bien podemos decir que el momento que vivimos como especie es dramático, y que dicha tesitura nos coloca en una situación de emergencia que debemos abordar colectivamente desde presupuestos socialmente justos y ecológicamente sostenibles. De no ser así, nuestro planeta y nuestra propia supervivencia correrían una grave peligro.

Hoy en día, desgraciadamente, el ecologismo y la sustentabilidad ambiental son aspectos que apenas llaman la atención de la gran mayoría de nuestros gobernantes, la caída de los Verdes en Alemania y la capitulación frente al desarrollismo alemán del PSD, han sumido a Europa en una orfandad política desde perspectivas institucionales. Ahora bien, desde ese punto a esta parte, han surgido multitud de iniciativas ciudadanas que devuelven al movimiento ecologista ciertos ápices de esperanza futura.

Algunos ejemplos de las (relativamente) nuevas propuestas en el mundo ecologista contemporáneo irían, desde la Teoría del Decrecimiento al Movimiento en Transición, pasando, por la Permacultura o la Agroecología. Todos estos conceptos han generado un intenso debate y trabajo en el mundo ecologista y académico en los últimos años. A continuación sintetizaré brevemente cada uno de estas propuestas, para relacionar seguidamente las posibilidades que pueden ofrecer en la acción política municipal frente a las políticas neoliberales.

Decrecimiento

Podemos decir que el primer ladrillo para la construcción de esta teoría, surge tras una reunión en París en el año 2002 donde se reúnen distintas corrientes del pensamiento ecologista críticas con el desarrollismo de las sociedades occidentales —desarrollismo que, por cierto, es común tanto al capitalismo global (neoliberalismo) como al capitalismo de estado (economía de corte soviético).

Tras esta chispa —y con el agravante de una ola de calor que acaba con la vida de varias personas ancianas en Francia— el ecologista francés Serge Latouche escribe un artículo en 2003 en el prestigioso Le Monde Diplomatique, con el título “Por una sociedad del decrecimiento”. Tras este artículo, que se hace viral, comienza la creación de diferentes medios escritos y colectivos sociales que abogan por esta propuesta en el país galo. Con el paso del tiempo, dicha teoría se va extendiendo: primero, al resto de los países europeos; y, después, al resto del globo. Concretando y delimitando la incidencia de esta teoría, podemos decir que los países en los que más ha cuajado y se ha estructurado como una contestación colectiva al sistema actual, han sido Italia, Francia y el Estado Español.

Valga concluir esta breve presentación recordando que el Decrecimiento se apoya en diferentes eslóganes que sintetizan su contenido global como teoría eco-política, por ejemplo: “Vivir mejor con menos”, “Menos bienes materiales y más bienes sociales”, o “Es imposible el crecimiento infinito en un mundo finito”.

Movimiento en Transición

Es un movimiento que tiene su experiencia seminal en el año 2006 en la ciudad inglesa de Totnes gracias a su precursor: el permacultor Rob Hopkins. El Movimiento [de Localidades] en Transición impele a la ciudadanía a actuar frente al colapso que se aproxima tanto a nivel ecológico como socio-económico. El Movimiento en Transición articula su fundamentación en torno a 4 conceptos:

  1. El Pico del Petróleo.
  2. El Cambio Climático.
  3. Una economía distorsionada.
  4. El mito de la expansión ilimitada.
Dicho Movimiento —que se extiende rápidamente por todo el planeta— parte de lógicas de análisis globales pero propone lógicas de acción locales. Es decir, desde la perspectiva del Movimiento en Transición, los cambios son más naturales y seguros desde lógicas locales. Su apuesta por lo municipal —o, mejor dicho, por la comunidad humana más cercana— pretende generar una red de redes donde la resiliencia y la conservación de nuestro mundo sea una realidad para las generaciones venideras.

Permacultura

La Permacultura consiste en un sistema-diseño basado en tres pilares fundamentales:

  1. El cuidado de la tierra
  2. El cuidado de las personas
  3. La repartición de los recursos naturales
En consecuencia, la Permacultura pretende asegurar, mediante el diseño del espacio-territorio, la restauración de los ciclos y de los procesos naturales que sostendrán la vida en los diferentes territorios. Dicho de otra manera: el objetivo de la Permacultura consiste en la reproducción y el mantenimiento de los ecosistemas, al mismo tiempo que la preservación de los recursos naturales para las generaciones venideras.

Esta concepción impulsada y defendida por los australianos Bill Mollison y David Holmgren —con influencias notables como la del japonés Masanobu Fukuoka— aunque no olvida la importancia de la preservación del medio ambiente, se enfoca hacia la construcción de unas redes humanas de apoyo mutuo —redes donde la comunidad y el bien colectivo primen por encima del egoísmo y el individualismo liberal-capitalista.

Por último, la Permacultura puede ser interpretada como una forma de compartir los recursos naturales desde la consciencia de nuestras necesidades materiales e inmateriales procurando, de esta forma, la construcción de unas sociedades alejadas de los comportamientos hedonistas y de los sistemas opresores e injustos.

Agroecología

Podemos decir que la Agroecología es una forma diferente y alternativa de entender la agricultura moderna que gravita en torno a la preservación y sostenibilidad del entorno. Gracias a esta perspectiva la Agroecología se sitúa como una de las apuestas más fiables para transformar nuestro sistema agroalimentario, re-localizando el mismo para racionalizar las pautas de consumo al tiempo que se cubre la demanda alimentaria actual. Esta racionalización de las pautas de consumo consiste en consumir de otra manera nuestro alimento por medio de su adquisición en redes más cortas (con menos intermediarios y más cercanas), sin olvidar la adaptación de los hábitos alimenticios al consumo de frutas y verduras de temporada. Dicho consumo de temporada es fundamental para esta propuesta, más aun si somos conscientes de que la alimentación que nos sustenta hoy en día se basa en patrones culturales —que no naturales— que provocan aberraciones ecológicas tales como que muchos hogares españoles consuman piña de Costa Rica en su cena de Nochebuena.

El Pacto de Política Alimentaria Urbana de Milán del 15 de Octubre de 2015 (sobre políticas de alimentación urbana sostenible), cuyo eje vertebrador es la Agroecología y ha sido firmado por más de cien ciudades de todo el mundo, puede ser una solución a la crisis alimentaria que vive nuestro planeta, junto con una apuesta a escala mundial por el Subsistema Tipo A Agroalimentario (representado por la Agroecología). 

Por supuesto, entre las corrientes o teorías anteriormente expuestas existen importantes relaciones. En base a las similitudes y retroalimentaciones que se dan entre el Movimiento en Transición, la Teoría del Decrecimiento, la Permacultura y la Agroecología, considero que podríamos defender la articulación de un sujeto eco-social en el que todos estos significantes que forman parte de un mismo significado, se encaminen a preservar nuestro planeta y nuestra especie, desde la sustentabilidad del entorno y la justicia social.

Permacultura, Agroecología, Decrecimiento y Movimiento en Transición: Pilares del nuevo espacio-territorio eco-social frente a las políticas neoliberales

Es un hecho constatado en los tiempos que corren que ni la izquierda marxista, ni la social-democracia, y por supuesto tampoco la derecha liberal o demo-cristiana, han roto —o siquiera cuestionado— la lógica productivista que destruye nuestro territorio y fetichiza el PIB/PNB. 

Sin embargo existen multitud de proyectos eco-sociales tanto a nivel nacional como regional y local, y son estas realidades las que demuestran las posibilidades reales de caminar como sociedades hacia la Transición Verde definida como la aplicación de unos modos de vida más acordes con los límites biofísicos y la creación de un espacio- territorio donde el ser humano aplique los criterios de sustentabilidad necesarios para preservar el planeta y las especias que en el habitan, incluida la nuestra.

Un ejemplo que promueve esta transición hacia una sociedad ecológica lo encontramos en la reconversión verde de algunas cuencas mineras como la de Loos-en-Gohelle, en el norte de Francia. Een este pueblo francés de menos de diez mil habitantes se han llevado a cabo una serie de medidas a favor de las energías limpias, de la bio-construcción, el transporte comunitario y la bicicleta.

Otros ejemplos gráficos los encontramos en países como Costa Rica, Islandia o Bután. Los primeros destacan sobre todo por su apuesta por las energías limpias y la no-dependencia de los combustibles fósiles. En el caso de Bután, destacamos su objetivo de promover y asentar una agricultura 100% ecológica. Estos ejemplos a nivel macro nos demuestran que es posible legislar en favor del planeta, y —¿por qué no?— generar otros modos de vida más sustentables con nuestro entorno alternativos a la modernidad capitalista.

Otra eco-realidad emergente que demuestran esta posibilidad la encontramos en la ya mencionada Totnes. En esta localidad en transición del sur de Inglaterra, se ha llevado a cabo una transformación social, ecológica y económica de su entorno, apostando por las energías limpias, las cooperativas de trabajadoras, la moneda local o la creación de grupos de barrio que mejoran las comunidades humanas, todo ello enmarcado dentro de una estrategia colectiva dentro del Movimiento en Transición propuesta al alcance de cualquier pueblo, ciudad o isla que quiera sumarse a dicha red. De hecho, tras el éxito del proyecto en Totnes, los grupos de transición se extendieron por todo el Reino Unido, llegando a introducirse alguna de sus propuestas estrella como la moneda local en ciudades de un tamaño considerable, como Bristol. Es especialmente destacable que la administración local de algunos de estos municipios en transición acepte pagar las tasas municipales, e incluso el sueldo de los y las funcionarias, con la moneda local del lugar, lo cual facilita de manera improtante el asentamiento de la moneda local y promueve su normalización.

De vuelta a la Península Ibérica encontramos más ejemplos. Así, la Red Ibérica de Ecoaldeas —red de redes que promueve el encuentro y el intercambio de vivencias entre las distintas ecoaldeas situadas por el territorio ibérico— demuestra que este es un fenómeno capaz de resistir en un mundo globalizado y depredador que arrasa con otras muchas resistencias. Aunque también es cierto que, a día de hoy, estos eco-proyectos son por desgracia aún minoritarios y no representan ninguna amenaza para el sistema.

Volviendo al entorno urbano podemos encontrar en ciudades como Madrid o Barcelona multitud de proyectos eco-sociales que buscan hacer un poco más amables estas dos junglas de asfalto. Es, sin duda alguna, en la capital catalana, donde más proyectos de desarrollo ecologista y social podemos encontrar: las iniciativas van desde la Cooperativa Integral Catalana a los huertos urbanos del interior de la ciudad, sin olvidar, el puntero proyecto de desarrollo comunitario de Can Masdeu.

Por el lado madrileño encontramos dos proyectos especialmente destacables: Esto es un Plaza en el madrileño barrio de Lavapiés, y el proyecto Madrid AgroComposta que busca promover la Agroecología en Madrid y su región.

Es importante destacar que todas las iniciativas anteriormente apuntadas parten de un cuerpo teórico que, en mayor o menor medida, del Decrecimiento, la Permacultura, la Agroecología o el Movimiento en Transición. Cada una cuenta con su idiosincrasia propia, pero todas toman conceptos y teorías que consideron componen el campo teórico-político del ecologismo social como filosofía holística.

Y, lo que es especialmente importante destacar, es que todo lo expuesto hasta aquí es perfectamente aplicable a todas aquellas ciudades que deseen caminar hacia esta Transición.

La llegada del municipalismo a nuestro país de países puede suponer una oportunidad histórica para ello. Estas nuevas candidaturas de unidad tienen la posibilidad de repensar la construcción y la demografía de las ciudades actuales, ciudades que viven ancladas en la modernidad capitalista y el monstruo del desarrollismo industrial y económico. Este modelo nos lleva, como sabemos, a una tesitura donde —por mencionar sólo uno de los problemas de las ciudades actuales— las personas viven hacinadas en barrios-colmena sin apenas espacios públicos de encuentro. Por ello es importante comenzar a considerar el desmantelamiento —obviamente progresivo— de las macro-ciudades y la articulación de las comunidades humanas en base a criterios naturales, que no económicos. Es en este punto donde las candidaturas de confluencia municipal tienen su mayor oportunidad de mostrarse valientes o —mejor dicho— su mayor reto pedagógico.

Tampoco podemos perder de vista otra de las grandes problemáticas que tienen las ciudades actuales: los residuos; un problema que surge de nuestras pautas de consumo y del diseño de los productos que consumimos. Ante esta situación, la des-complejización de nuestro sistema productivo y la re-localización del mismo es una condición sine-qua-non para convertir nuestras comunidades humanas en espacios eco-sustentables; y para dicha conversión nos podemos apoyar, como hemos visto, en conceptos como el de la Permacultura o la Agroecología.

Conclusiones

Las conclusiones se antojan crudas en un escenario en el que más de la mitad de la población mundial —incluidos muchos de nuestros líderes políticos— consideran la ecología un elemento secundario, cuando no terciario o cuaternario. Pero si fijamos el foco en la Península Ibérica, aquí la situación sociológica es aun, si cabe, más decepcionante. A día de hoy, inmersos en una crisis social, ecológica y económica, los pueblos del Estado Español, no han sabido articular una propuesta socio-política conjunta de la mano del ecologismo social a la altura de las circunstancias que nos atañen.

Desgraciadamente la izquierda, en todas sus variantes social-demócratas o regeneracionistas, no ha colocado al ecologismo en sus agendas como una prioridad imperiosa, obviando de esta manera la relación existente entre las crisis socio-económicas, —e incluso migratorias— y los problemas medio ambientales. Nos encontramos en una coyuntura en la que, o bien surge con urgencia un movimiento eco-social desde la ciudadanía con un claro carácter municipalista, o se instaurará el eco-fascismo por toda Europa. Y la pregunta crítica en este contexto es la siguiente: ¿Cómo articulamos las ciudades, los pueblos y el territorio en general, desde perspectivas eco-sociales y democráticas?

Trataré de apuntar una respuesta con el siguiente argumento. Del mismo modo que el Pacto de Milán nos emplaza a la re-localizar la industria alimentaria y centra todo su interés en los municipios y en las comarcas, creo factible y legitimo trasladar dicho esquema de pensamiento al ámbito político y de estructuración urbana. Es decir, debemos trasladar la re-localización también al ámbito de la política y el urbanismo, descentralizando la toma de decisiones y acercándolas a la ciudadanía en temas tan importantes como la remodelación y el diseño de nuestros pueblos y ciudades.

La participación ciudadana es una variable fundamental sin la cual no podremos construir un ecologismo de consenso que promueva políticas verdes y socialmente justas. Por tal motivo, y como institución más cercana a la ciudadanía —y, por tanto, a la democracia— los ayuntamientos deben promover e invertir en concejalías que faciliten y promuevan la participación ciudadana. También considero necesario disponer de unos servicios medio ambientales municipales, no privatizados, ya que la externalización de los servicios municipales provoca una actividad lucrativa nada beneficiosa para nuestros municipios y, por supuesto, tampoco para el medio ambiente.

Debemos de recuperar de la papelera de la historia el ímpetu y la desobediencia de los primeros Verdes alemanes/as, conjugándola con las propuestas municipalistas que promueven la descentralización ordenada de las decisiones políticas a nivel local. Todo ello aderezado por una propuesta en forma de red de redes a nivel macro, bajo paradigmas confederales. Esta propuesta debe proponer a los pueblos de nuestro país de países la necesidad de caminar hacia unas políticas eco-sociales y, por lo tanto, legislar basándose en ellas, dejando de ver el ecologismo como un movimiento de difícil marketing, promoviendo las potencialidades que encierra el empleo verde y fomentando un crecimiento social en detrimento del irracional crecimiento material.

Estas propuestas se dirigen a facilitar una re-localización de las relaciones humanas en todos sus aspectos, paralela a una coordinación y vinculación de las mismas —hacia un entendimiento global— mediante redes confederadas que fomenten la diplomacia internacional frente a la opción bélica. Esto no es tanto una utopía, sino más bien una necesidad a la que antes o después nos abocarán los límites del planeta. Tenemos las dos opciones anterioridadmente apuntadas: por un lado, la construcción de sociedades mas sobrias en el Norte, y el respeto a la independencia y el acceso a ciertos recursos y servicios por parte de los países del Sur; o bien, un escenario de guerra permanente entre los pueblos del mundo por los menguantes recursos naturales. Este segundo escenario desgraciadamente ya está en marcha desde hace tiempo; la decisión de revertir y cambiar
esta negativa inercia es solo nuestra.


No podemos denominar democracias a aquellos países que legitiman que un 20% de su población siga expoliando el 80% de los recursos naturales globales.

 

 

Parte 2 (Propuesta político-organizativa): Sobre lo que debería ser el Nuevo Municipalismo enmarcado en la necesaria Transición Ecosocial

Vivimos tiempos inciertos donde el municipalismo que llegó para poner a las instituciones al servicio de la gente se ha perdido en pactos con los que antes eran la casta, en el cumplimiento de la legalidad vigente sin tener en cuenta quién generó esas normas jurídico-sociales, en la aceptación de las instituciones verticales y militaristas como la Guardia Civil o el propio Ejército, e incluso en muchos casos, en la asimilación dentro del sistema capitalista demostrada en la ausencia de una crítica severa y profunda a las grandes multinacionales que operan en las ciudades donde gobiernan algunas de estas candidaturas de unidad popular. Cierto es que no se desmontan los imaginarios colectivos en un solo día, pero cierto es también que muchas candidaturas municipalistas han perdido el rumbo y el objetivo debido a la gestión cotidiana y a las inercias negativas de lo que antes de su llegada se venía haciendo en los consistorios.

Por lo expuesto anteriormente considero que el municipalismo no puede ni debe estructurarse en ciudades con millones de habitantes. Resultaría utópico pretender establecer bio-regiones o ciudades eco-auto-sustentables en lugares como Madrid, Barcelona o Valencia, ciudades que, dicho sea de paso, deben su crecimiento precisamente a las prácticas capitalistas. Por lo tanto, un municipalismo transformador y democrático debe tener en su agenda la re-vertebración del territorio y la creación de núcleos de población basados en factores físicos y humanos y no única y exclusivamente económicos, que son sin duda los que rigen en la actualidad y los que han creado ciudades-colmena donde se se agolpan cientos de miles de personas.

No cabe duda alguna de que es anti-popular, difícil y arduo apostar por un discurso nítidamente ecosocial que cuestiona el marco productivista en el que nos encontramos. Dicho marco ha sido desarrollado tanto por los sistemas del liberalismo clásico como por la izquierda tradicional; es decir, tanto la Unión Soviética como Estados Unidos han representado —y siguen representando en el segundo caso— sistemas basados en el crecimiento desenfrenado y en la concentración de sus ciudadanos/as en grandes núcleos de población con el objetivo de producir e incentivar la economía nacional.Y precisamente a causa de la falta de resiliencia[1] de dichos sistemas, el mundo moderno se encuentra en la fase terminal de una enfermedad llamada Desarrollismo.

Así pues, es hora de una alternativa ideológica eco-social y feminista que promueva una economía basada en el bien común, siendo el cooperativismo su herramienta fundamental y estructurada organizativamente de la mano del municipalismo y el confederalismo de libre adhesión. Esto es, deberían existir tres redes de control y organización política:


  1. la del municipio,
  2. la bio-región[2],
  3. y la confederal (red de redes de las diferentes bio-regiones).
El paradigma futuro que nos emplace hacia la transición ecosocial debería ser, por tanto, un paradigma descentralizado donde los municipios y las bio-regiones jugarían un papel fundamental en materia de servicios públicos, economía y toma de decisiones políticas. En consecuencia, siendo el municipio el lugar donde empieza y nace la democracia, debería el municipalismo desarrollar aspectos clave como los siguientes:


  • redes económicas municipales que acaben con la precariedad mediante la implantación de monedas locales y la creación de bancos del tiempo municipales, promoción del auto-empleo y asesoramiento jurídico y laboral para la potenciación de redes económicas cooperativas;
  • creación de huertos colaborativos para re-verdecer la ecología urbana;
  • peatonalización del casco urbano y promoción de la movilidad sustentable;
  • avanzar hacia la gestión municipal de los residuos;
  • fomento de los espacios autónomos de creación ciudadana;
  • utilización de las energías renovables con una disminución del consumo energético;
  • promoción de las políticas agroecológicas;
  • fomento del feminismo en todas las esferas de la vida local.
Estas pueden ser algunas de las muchas competencias o actuaciones que se deberían de desarrollar desde un municipalismo transformador y rupturista con el sistema capitalista.
En cuanto a las bio-regiones, deberían actuar como redes de municipios que gestionaran aquellas cuestiones inter-municipales que afectaran a cada territorio, es decir:


  • transporte sustentable;
  • vías de comunicación entre los diferentes municipios, incluyendo su mantenimiento;
  • servicios costosos en materia sanitaria o educativa;
  • etc.
En definitiva, las bio-regiones serían unos territorios eco-auto-sustentables donde los municipios debatirían de manera democrática desde la horizontalidad sobre la gestión y la estructuración común —desde el más pulcro respeto con el medio natural— de las comunidades humanas y la defensa del entorno que las cobija.

En el nivel superior, las confederaciones serían redes de bio-regiones que estarían en contacto político-administrativo para resolver conflictos entre ellas, fomentando de este modo la diplomacia frente a la resolución armada de los conflictos políticos. Podríamos decir que la Confederación de Biorregiones sería la administración democrática que sustituiría al Estado vertical y anti-ecológico en el que habitamos en la actualidad. 

Lo que aquí se plantea se desarrollaría, por descontando, desde el pragmatismo y progresivamente, comenzando a implementarse primeramente desde el municipalismo, para pasar a estructurar luego las bio-regiones como entes político-administrativos una vez tuviéramos asentados los municipios ecosociales. Por último, se llevaría a cabo la creación de las confederaciones. 

En definitiva, y por sintetizar una propuesta que merece ser estructurada más en profundidad, el cambio social, político y económico debe nacer de un municipalismo tierno y a la vez subversivo siguiendo la estela de Petra Kelly y Murray Bookchin, una propuesta alternativa que hunda sus raíces en lo local desde una visión global de la realidad; siendo consciente de los retos futuros a los que nos emplazan aspectos como el Pico del Petróleo, l*s refugiad*s climátic*s, la contaminación generada por nuestro sistema alimentario, las guerras por los recursos o la destrucción del territorio con proyectos faraónicos, entre tantas otras problemáticas que deberemos afrontar en el siglo XXI.

El cambio social, político y económico ha de surgir desde los cimientos, no desde las alturas, de la mano de un municipalismo ecologista, social y feminista que rompa con el capitalismo y los sistemas productivistas, generando entornos eco-auto-sustentables y democráticos, al tiempo que pacifistas, donde las personas se desarrollen integralmente sin necesidad de destruir su entorno natural



Dolores Póliz

Notas

[1] Resiliencia: Es el término empleado en ecología de comunidades y ecosistemas para indicar la capacidad de estos de absorber perturbaciones sin alterar significativamente sus características de estructura y funcionalidad, pudiendo regresar a su estado original una vez que la perturbación ha terminado.

[2] Bio-regiones o biorregiones: Territorios que se estructuran desde un perspectiva humanista y ecológica conformados a partir de criterios geográficos, culturales y de historia colectiva. Las bio-regiones deben ser auto-sustentables y generadoras de resiliencia.

Algunas referencias web (de la Parte 1)


El colapso de las sociedades, el decrecimiento como imposición geológica

Antonio Aretxabala

El decrecimiento es una imposición geológica, ahí nadie ha pedido nuestra opinión, y entre un colapso de guerras y hambrunas, o un decrecimiento geológico ordenado y satisfactorio, hay una clave fundamental: un reparto equitativo de la riqueza. Las generaciones futuras que asumirán los costes de nuestras tecnologías iatrogénicas no pueden intervenir en las decisiones que les afectarán.
 

LA ISLA DE PASCUA: UN FAMOSO COLAPSO DE UNA SOCIEDAD QUE NO LO VIO VENIR, O NO SUPO EVITARLO


¿Cómo y por qué colapsan las sociedades? Con precedentes tan claros ¿por qué hemos elegido la senda de tirarnos por un precipicio? Jared Diamond explica que cuando hay conflicto de intereses (son los intereses a corto plazo de las élites que tienen un coste social y medioambiental que la Biosfera y la sociedad que la habitamos no puedemos asumir, tales como la contaminación de los acuíferos, el calentamiento global, la invasión de especies, la deforestación...), de manera que son buenos para ellos y malos para la sociedad, finalmente el colapso es el resultado en el 100% de los casos analizados.
La decadencia y caída de la civilización industrial-tecnológica se está desarrollando de manera normal, más o menos a un ritmo previsible. Los fundamentos puramente físicos, termodinámicos, explican infaliblemente el declive. En primer lugar, como las reservas de combustibles fósiles baratos abundantes se agotaron y la brecha ha tenido que ser llenada con muy costosas y mucho menos abundantes sustituciones, reduciendo así la energía neta, la economía se fue tras ella.
A medida que más y más riqueza real (es decir, física, como huevos, leche, arroz, trigo, patatas, petróleo, carbón..., y no sus imágenes abstractas compradas y vendidas hasta 150 veces en los mercados como en 2014, que se compró y vendió todo ello como si existiese de 50 a 150 veces...) tuvo que ser retirada de todas las demás actividades económicas para mantener la ya carísima extracción, suministro y transporte de energía de manera más o menos constante (así que esta vez el milagro se llamó ‪fracking‬, arenas bituminosas como en Petronor Múskiz-Vizcaya, carbón subvencionado...) hasta la destrucción de la demanda que finalmente se desvaneció e hizo que fuese necesario un esfuerzo cada vez más frenético para poder mantener el andamio, una mayor factura social y medioambiental y recortes en la jerarquía social.

Ahora la herencia se la dejamos a las generaciones futuras, que asumirán los costes de nuestras tecnologías iatrogénicas porque no pueden intervenir en las decisiones que les afectarán.



LA JERARQUÍA SOCIAL DE LAS "NECESIDADES ENERGÉTICAS" (CHARLES A. S. HALL): CUIDADO FAMILIAR, EDUCACIÓN, SANIDAD Y CULTURA SON SACRIFICADOS PARA EXTRAER, REFINAR Y TRANSPORTAR ENERGÍA.
La superestructura política y militar global, que creció y fue posible gracias a la era de los combustibles fósiles abundantes y baratos, se desmorona con el andamio, porque la dependencia de aquellas circunstancias que ya no existen, fue tal, que ahora, al no existir, están atacando al mismísimo engranaje de las férreas costuras que la hicieron nacer: el andamio se está cayendo delante de nuestras narices...
Desde los mayas a los escandinavos del siglo XV hasta la isla de Pascua, numerosos ejemplos e idéntico itinerario, y ya en 2003 Jared Diamond avanza el mal camino elegido por nosotros... ¿Estaremos a tiempo esta vez, con un mínimo de inteligencia, de comprender que trabajar por los intereses comunes nos beneficia más que hacerlo por los propios?
Son muchos los expertos que nos dan la clave: el decrecimiento es una imposición geológica, ahí nadie ha pedido nuestra opinión, y entre un colapso de guerras y hambrunas, o un decrecimiento geológico ordenado y satisfactorio, hay un factor fundamental: un reparto equitativo de la riqueza. Quien lea esto y tenga un mínimo de capacidad de observación y sensatez, será consciente de que de momento, el camino que hemos tomado es el primero...

La revolución es femenina

Periódicu anarquista

A raíz del impacto que está teniendo la revolución de los Kurdos de Rojava pensamos que es útil estudiar alguna de sus características ideológicas y para ello hemos decidido empezar por el papel de la mujer rescatando este texto, escrito por Apu Ocalam desde la prisión individual de la isla de Imrali en el mar de Marnamara Turkia.

Reflexionar sobre la cuestión de los derechos de la mujer y escribir al respecto significa poner en tela de juicio toda la historia y la sociedad entera. Porque la explotación sistemática de la mujer ha alcanzado dimensiones inigualables.

Observada desde esta perspectiva, la historia de la civilización puede ser definida como una historia de pérdidas para la mujer. En el curso de esta historia se ha impuesto la personalidad patriarcal del hombre. Con grandes pérdidas para toda la sociedad; el resultado fue la sociedad sexista.


El sexismo es un instrumento de poder y un arma al mismo tiempo, utilizada en el curso de la historia de manera permanente en todos los sistemas de la civilización. De hecho, ningún otro grupo social ha sido nunca explotado físicamente y sicológicamente como la mujer. La variedad de la explotación de la mujer es evidente. La mujer genera descendencia. Sirve como fuerza de trabajo gratuita. Le tocan aquellos trabajos que nadie quiere hacer. Es una esclava obediente. Es objeto permanente de avidez sexual. Es utilizada para fines publicitarios. Es la reina de todas las mercancías. Construye la base sobre la cual el hombre produce y reproduce su poder como instrumento de violencia continua. Es por eso que los cinco mil años de historia de la civilización se pueden describir también como «cultura de la violación».


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En la época del capitalismo, el sexismo fue utilizado como instrumento ideológico de manera particularmente pérfida. El capitalismo, que ha heredado la sociedad sexista, no se conforma con utilizar a la mujer como fuerza de trabajo gratuita en el hogar. La transforma en objeto sexual, la reduce a mercancía para ponerla a la venta en el mercado. Mientras el hombre vende sólo su fuerza de trabajo, la mujer es reducida completamente a mercancía, sea en el plano físico o en el sicológico. El sistema confiere un papel estratégico al dominio sobre la mujer en relación con la ampliación de la explotación y el poder. Expandiendo ulteriormente la tradicional represión de la mujer, cada hombre se transforma en un socio del poder. La sociedad es por lo tanto golpeada por el síndrome de la total expansión del poder. La condición de la mujer confiere a la sociedad patriarcal un sentido del concepto de poder sin límites. Considerar a la mujer el sexo biológicamente imperfecto es pura ideología y una herencia de la mentalidad patriarcal. Esta doctrina es parte esencial de todas las tentativas científicas, éticas y políticas de presentar su condición como natural. Lo triste es que también la mujer misma está acostumbrada a aceptar este paradigma como verdad. La naturaleza y la sacralidad de esta condición de supuesta inferioridad condiciona su pensamiento y comportamiento. Así, debemos tener siempre presente el hecho de que ningún pueblo, ninguna clase y ninguna nación han sido sistemáticamente esclavizadas como la mujer.

Acostumbrando a la mujer a la esclavitud se han establecido jerarquías y se ha abierto el camino a la esclavización de otras partes de la sociedad. La esclavitud del hombre ha llegado sólo después de la esclavitud de la mujer. La diferencia de la esclavitud fundada en el sexo con respecto a la esclavitud de una clase y de una nación está en el hecho de que es garantizada, ademas de por una represión masiva y sutil, también por falsedades con una fuerte carga emotiva. Originariamente, la difusión de la esclavitud de la mujer a toda la sociedad preparó el camino para todos los otros tipos de jerarquías y estructuras estatales. Eso fue devastador no sólo para la mujer, sino también para la sociedad entera, excepción hecha de un pequeño grupo de fuerzas jerárquicas y estatalistas.


Por ese motivo, ningún camino lleva a una crítica profunda de la ideología patriarcal y de las instituciones que están fundadas sobre ella. Uno de los pilares más importantes de este sistema es la institución de la familia. Familia concebida como un pequeño estado del hombre. La importancia de la familia en el curso de la historia de la civilización está en la fuerza que confiere a los dominadores y al estamento estatal. Una familia orientada hacia el dominio masculino, y desde aquí su función de núcleo de la sociedad estatalista, garantiza que la mujer cumpla sin limitación un trabajo no retribuido. Al mismo tiempo cría los hijos, satisface las necesidades estatales de una población suficiente y es puesta como modelo para la difusión de la esclavitud en toda la sociedad.


Si no se comprende la familia como micro-modelo de estado, no es posible analizar correctamente la civilización medioriental. El hombre de Oriente Medio que ha padecido pérdidas en todos los frentes, se rebela contra la mujer. Cuanto más se lo humilla en público, más descarga sus impulsos agresivos que derivan contra la mujer. El hombre que en la esfera social permite que se pisoteen todos sus valores, con los denominados «asesinatos de honor» busca de apaciguar su ira descargándola sobre la mujer. Con respecto a las sociedades de Oriente Medio debo añadir que las influencias tradicionales de la sociedad patriarcal y estatalista no han encontrado una síntesis con las influencias de las formas modernas de la civilización occidental, sino que más bien conforman un conjunto comparable a un nudo gordiano.


Analizar los conceptos de poder y dominio haciendo referencia al hombre es muy difícil. No es tanto la mujer quien rechaza el cambio, sino más bien el hombre. Abandonar el papel de macho dominante hace sentir al hombre como a un soberano que ha perdido su estado. Debemos, pues, enseñarle que es esa misma forma vacía de dominio la que le quita la libertad y lo hace ser un reaccionario. Análisis de este tipo son mucho más que simples observaciones teóricas, ya que son de importancia vital para la lucha de liberación kurda. Consideramos la libertad del pueblo kurdo inseparable de la liberación de la mujer, por eso nos hemos organizado en consecuencia. Si hoy nuestra aspiración a la libertad no está destruida, a pesar de los ataques por parte de las potencias imperialistas y de las fuerzas reaccionarias locales, se lo debemos de manera inestimable al Movimiento de Liberación de la Mujer y a la conciencia que se ha creado a partir de éste. Para nosotros, sin la mujer libre no puede haber un Kurdistán libre.


Esta visión filosófica y social no es en absoluto una maniobra táctica, política para mantener la mujer ligada a la lucha. Nuestro objetivo es la construcción de una sociedad democrática, que ocurra a través de un cambio del hombre. Pienso que, analizando la praxis de la lucha desarrollada hasta ahora por nosotros, hemos llegado a comprender al hombre viciado, despótico, opresor y explotador de la sociedad patriarcal. Ésta era la respuesta más adecuada en la búsqueda de la libertad de la mujer que he logrado encontrar: comprender al hombre patriarcal, analizarlo y «matarlo». Querría dar un nuevo paso adelante. Intentaré delinear la personalidad de un hombre nuevo, amante de la paz. Analizar y «matar» al hombre clásico para allanar el camino hacia el amor y la paz. En este sentido, me considero un trabajador en la lucha de liberación de la mujer.


La contraposición entre los sexos representa la contraposición más importante del siglo XXI. Sin la lucha contra la ideología y la moral patriarcal, contra su influencia en la sociedad y contra los individuos patriarcales, no podemos alcanzar una vida libre ni construir una sociedad verdaderamente democrática y realizar, pues, el socialismo. Los pueblos no anhelan sólo la democracia, sino también una sociedad democrática sin sexismo. Sin la igualdad entre los sexos, cada petición de libertad e igualdad es un sinsentido e ilusoria. Así como los pueblos tienen derecho a la autodeterminación, también las mujeres deberían determinar por sí mismas su propio destino. Es una cuestión que no podemos dejar de lado o dilatar. Al contrario, en la formación de una nueva civilización la libertad de la mujer es fundamental para la realización de la igualdad. Contrariamente a las experiencias del socialismo real o de las luchas de liberación nacional, considero la liberación de la mujer más importante que la liberación de clase o de la nación.


A partir de la experiencia de nuestra lucha, sé que desde el momento en el que el movimiento de liberación de la mujer entra en el terreno de la política debe enfrentarse a oposiciones extremadamente feroces. Sin embargo, si no gana en el ámbito político, no puede obtener ningún resultado duradero. Ganar en el terreno político no significa que la mujer tome el poder. Al contrario. Significa la lucha contra las estructuras estatalistas y jerárquicas, significa la creación de estructuras que no sean orientadas hacia un estado, sino que conduzcan a una sociedad democrática y ecológica, con la libertad de ambos sexos. De esta manera ganará no sólo la mujer, sino también la humanidad entera.