Deslocalización industrial

Los gobiernos de los países pobres ofrecen alquileres para fábricas a precios ridículos, exenciones impositivas, leyes tolerantes y servicios de fuerzas de seguridad dispuestos a suprimir el descontento laboral. Subastan a sus propios ciudadanos para competir sobre quien fija el salario mínimo más reducido.

Cuanto más incentivada están las multinacionales más sentimiento existe de estar de paso, como no pagan impuestos los gobiernos de estas zonas no pueden prestar los servicios mínimos exigibles: no hay dinero para iluminación pública, los alojamientos están superpoblados, no existen servicios médicos, ni escuelas, carecen de servicios de recogida de residuos, elevado nivel de delincuencia...

En las afueras de las Zonas de Procesamiento de Exportaciones (ZPE) se construyen campos de golf, clubes para ejecutivos y escuelas privadas para paliar las incomodidades de la vida en el mundo subdesarrollado.

En los países ricos se desplaza la actividad desde el sector industrial al sector servicios, los trabajadores con empleos fijos y seguros empiezan a perder derechos laborales y sociales; se convierten con frecuencia en empleados temporales, empleados a tiempo parcial y autónomos. La transitoriedad se vuelve un factor clave también en el mundo laboral de los países desarrollados.

La trastienda de las marcas

‘Los productos se hacen en las fábricas, las marcas se hacen en la mente’.

El proceso de producción se ha devaluado, este proceso no tiene valor añadido, las personas que realizan este trabajo son tratadas como sobrante, como basura. Como consecuencia de ello las grandes multinacionales reorganizan sus estrategias comerciales y se dedican a gestionar la marca, el marketing y el diseño y desarrollo de productos.

Pero la producción no puede ser trascendida y alguien debe ensuciarse las manos para fabricar los productos a los que las marcas mundiales imponen sus significados.

Las Zonas de Procesamiento de Exportaciones (ZPE), se hallan en diferentes países subdesarrollados (llamados en vías de desarrollo como eufemismo) –China, México, Vietnam, Filipinas...- ; son, paradójicamente, uno de los pocos lugares en el mundo donde los espacios están vacíos de marcas.

Los puestos suelen estar ocupados por mujeres y niños inmigrantes, durante jornadas de trabajo superiores a las 14 horas; la gestión del personal es de corte militar y el sueldo está por debajo del nivel de supervivencia.

La transitoriedad gobierna estos lugares, reina el miedo: los gobiernos por perder sus fábricas extranjeras, las fábricas perder sus marcas-cliente, y los obreros sus inseguros trabajos.

Conciencia del estilo de vida

Según Marvin Harris cada estilo de vida se halla arropado en mitos y leyendas que prestan atención a condiciones sobrenaturales o poco prácticas. Estos arropamientos confieren a la gente una identidad social y un sentimiento de finalidad social, pero ocultan las verdades desnudas de la vida social.

Nuestro estado mental ordinario es ya una conciencia profundamente mistificada, debido a la ignorancia (al no ser conscientes de una diversidad de alternativas de estilos de vida), al miedo (ante sucesos como el envejecimiento y la muerte) y al conflicto (unas personas controlan y explotan a otras disfrazando y falseando la realidad).

El arte y la política elaboran con estos elementos –ignorancia, miedo y conflicto- una construcción onírica colectiva cuya función es impedir que la gente comprenda que es su vida social.

Para saber más: Vacas, cerdos, guerras y brujas. Marvin Harris. 1974

Para saber más: Los enigmas de la cultura

Lo humano

La vida humana consiste en habitar un mundo en el que las cosas no sólo son lo que son sino que también significan, pero lo más humano de todo es comprender que, si bien lo que sea la realidad no depende de nosotros, lo que la realidad significa sí resulta competencia, problema y en cierta medida opción nuestra.

El sentido de la vida humana no es un monólogo sino que proviene del intercambio de sentidos, de la polifonía coral. Los humanos somos participes de un Universo simbólico -la humanidad- en el que nos hacemos conscientes de la realidad de nuestros semejantes.

Para ser una persona libre no basta con nacer, sino que también hay que aprender. La genética nos predispone, pero sólo mediante la educación y la convivencia social nos formamos plenamente.

La ideología del progreso

La fe en el progreso perpetuo que tiene la cultura occidental (fruto de la herencia cristiana), sustituye a la idea del eterno retorno (teoría cíclica del tiempo), de la antigüedad greco-romana y la cultura oriental.

El concepto de progreso deriva su valor y su poder de sus referencias al futuro. Se piensa que un mundo cada vez mejor es aquel en que se incrementa el bien-vivir. Ello se lograría, poniendo al ser humano a resguardo tecnológico creciente ante los avatares de la Naturaleza. Se considera que innovar tecnológicamente es la causa de que se avance en el control de la Naturaleza y se incremente el nivel de vida (o, simplemente se progrese).

La superideología del progreso permite creer en la existencia de una relación causal tan íntima entre innovación tecnológica y avance humano que se termina asumiendo, además, el mandamiento de que hay que aplicar todo hallazgo tecnológico. Y, sobretodo, que hay que aplicarlo industrialmente.

Se tiende a justificar la creencia de que el progreso exige ciertos sacrificios, asumiendo los efectos secundarios que conlleva la tecnología moderna (agresiones al entorno, la contaminación, industria armamentista, la uniformidad en aras a la eficacia...).

Los beneficios que genera la industria moderna para una parte reducida de la población, no dependen tanto de la tecnología como de las fuentes de energía fósil; el crecimiento tecnológico de los dos últimos siglos ha sido posible gracias a la desconsiderada actitud que el hombre ha adoptado al explotar los recursos naturales irrenovables y crear condiciones que deterioran el medio ambiente.

Para saber más: Tecnología y futuro humano. Jose Sanmartín. 1990

La dimensión sociopolítica del fin del petróleo

La sociedad global no depende de la biosfera, sino de la litosfera: no es una civilización creada a partir de los procesos naturales, sino de sistemas políticos y tecnológicos elaborados gracias al fácil acceso a los hidrocarburos existentes en la corteza terrestre.

La reflexión sobre la sostenibilidad debe enriquecer su enfoque biologista/ecologista (la capacidad de carga del planeta) considerando el factor energético neguentrópico (la capacidad de organización y resolución de problemas de un sistema social) y cientificotécnico (la capacidad humana de crear productos sintéticos y de regenerar o restaurar la naturaleza). Si bien la degradación ambiental es en buena medida consecuencia del uso del petróleo, el mantenimiento de los asentamientos humanos en la actualidad depende de él.

Los límites del crecimiento (de la industrialización) no están en el deterioro de la Tierra, sino en la escasez del recurso que ha permitido su expansión: la humanidad sufrirá realmente los efectos del ecocidio (agotamiento de recursos, pérdida de la biodiversidad, contaminación, erosión) cuando carezca de: 1) energía para activar las máquinas que reemplazan los procesos naturales y transfieren, restauran o 'maquillan' los daños ambientales; 2) los elementos que permiten crear productos y alimentos sintéticos; 3) el sistema político que gestiona la resolución de problemas. Para la sociedad industrial el petróleo es tan vital como el agua, es un error no problematizar su agotamiento: el siglo XXI será testigo del fin de la sociedad del hidrocarburo.

Para saber más: Armando Páez. La dimensión sociopolítica del fin del petróleo. 2002.

Máximo Poder

El Principio del Máximo Poder (PMP) establece que todos los sistemas abiertos (Células de Bernard, ecosistemas, personas, sociedades, etc.) evolucionan hasta degradar tanta energía como pueden, mientras sirvan a la continuidad de sistemas de mayor rango de los que forman parte. Así, el PMP dirige la evolución y es coherente con la moderna teoría de la evolución.

El PMP sugiere que según los sistemas se apartan del equilibrio, aprovecharán todos los medios disponibles para resistir las reducciones de potencia impuestas externamente. Como sugiere el PMP nosotros, los animales sociales, hemos nacido para matar.

Ni el capital, ni el trabajo, ni la tecnología (ni desde luego los sueños), pueden “crear” energía (Primera Ley de la Termodinámica). Por el contrario, la energía disponible se puede consumir para transformar las “reservas” existentes de energía (por ejemplo, el petróleo), o para derivar un flujo existente de energía (por ejemplo, el viento) en otro tipo de energía disponible. Las máquinas que realizan actualmente el trabajo en nuestra sociedad (las denominadas “dispositivos de calor”, tales como los motores diesel) consumen (por sí mismas) el 50% de la energía que contiene el combustible que utilizan (efecto de Segunda Ley).

Una “reserva” de energía (por ejemplo, el petróleo) no es renovable, porque sus reservas finalmente se agotan. Por ello, los sistemas energéticos renovables deben estar basados en “flujos”, tales como la radiación solar, las mareas oceánicas o el calor geotérmico.

La “Emergía” solar de H.T. Odum (de “Embodied Energy” o “energía contenida o embutida”) mide toda la energía, ya ajustada cualitativamente que se dedica a la producción de un determinado bien. Los cálculos de Odum muestran que solo las formas alternativas de energía pueden sobrevivir al agotamiento de los combustibles fósiles son la biomasa (madera, excrementos animales u orgánico), energía hidroeléctrica, geotérmica en áreas volcánicas y la generación eléctrica eólica. La energía nuclear podría ser viable si se pudiese solucionar el agotamiento de combustible. No existen otros tipos de energía (por ejemplo la solar fotovoltáica) que puedan producir la suficiente cantidad de energía neta para ser calificadas de sostenibles. En resumen, no hay salida.

El hecho de que nuestra sociedad no pueda sobrevivir con energías alternativas, no debería ser una sorpresa, porque solo un idiota podría creer que los generadores eólicos y los paneles solares pueden mover excavadoras, elevar ascensores, hacer funcionar hornos de fundición, fábricas de vidrio, calentar las casas o el aire acondicionado eléctricamente, mover la aviación, los automóviles, etc. Y dejar todavía la energía suficiente para mantener un sistema político corrupto, ejércitos, etc.

Nos gusta creer que ellos controlan nuestros propios destinos. Pero la realidad es que el PMP nos ha condenado a luchar a muerte sobre unos recursos menguantes.

Para saber más: Máximo poder. Jay Hanson. 2001

Para saber más: Energía: cuestión de poder

La promesa del crecimiento económico

Santiago Dunne – Rebelión

Pareciera ser que agregar el adjetivo “sustentable” a las cosas las hace ver inofensivas, que cuidan el medio ambiente y que son positivas. 

Podríamos hablar de la “comida sustentable”, “agricultura sustentable” o del “desarrollo sustentable”. En todos los casos la connotación que le confiere esa adición es diferente. Para nuestro caso, podríamos también hacerlo con el concepto de crecimiento y entonces tendríamos el “crecimiento sustentable”. Vamos a detenernos aquí y a analizar en detalle qué connotación deriva de esta utilización, su eventual viabilidad y si es la receta que necesita el mundo para enfrentar las diversas dificultades que atraviesa. 
 
Lo primero que voy a sostener, y es desde el punto de vista literario, es que la expresión “crecimiento sustentable” constituye un verdadero oxímoron , es decir, se manifiestan juntos dos conceptos de significado contradictorio: el crecimiento no puede ser sustentable . El punto de partida para entender esto va a ser la Economía Ecológica, que estudia el problema entre la interrelación del sistema económico con el sistema natural.

Hablar de “crecimiento sustentable” es utilizar un artificio para pretender solucionar nuevos problemas con viejas teorías. Éstas constituyen hoy el mainstream en teoría económica, y tienen su raíz conceptual en un mundo completamente diferente al nuestro. Pensar el nuevo mundo bajo una concepción que ya no tiene correspondencia, puede ser uno de los primeros cambios intelectuales que debamos realizar.
 
El mundo en el que se desarrollaron esas teorías era el “mundo vacio”, según Herman Daly o la “Economía del Cowboy” según Kenneth Boulding, y corresponde a toda la historia hasta unos cincuenta años después de la revolución industrial. Hasta este punto, los problemas medioambientales eran locales y de pequeña escala. Conforme los avances científicos permitieron un boom demográfico sin precedentes, el mundo se fue llenando y la “frontera” a la cual uno podía siempre escapar si las condiciones de vida eran inadecuadas dejó de existir porque ya se encontraba habitada por otras personas, y entonces había que empezar a convivir con los problemas consecuentes de la degradación ambiental.

En este contexto, es entendible que la ciencia económica se haya concebido sin pensar en el medio ambiente en absoluto , sin importar si el tinte ideológico era marxista, keynesiano o neoliberal. Hoy día, la escala de los problemas ocasionados por la contaminación no puede ser negada y son más que evidentes. El mainstream en economía no puede dar una solución de fondo a ello porque aún tienen en su concepción un modelo que no se corresponde con la realidad actual. El problema que de aquí se deriva es que realizar razonamientos bajo premisas erradas conducirá a alternativas que no solucionarán el problema, a menos que se piense en un nuevo modelo.
 
El modelo clásico al cual hago referencia es aquél que se encuentra en todos los textos y cursos de economía y es el del flujo circular de la actividad económica. El mismo, muestra de manera simplificada las distintas interrelaciones entre los agentes económicos: las familias, las empresas y el Estado. Cualquier cosa que ocurra fuera de este modelo es una externalidad, algo que descompensa el equilibro y produce ineficiencia económica. El ejemplo clásico de una externalidad negativa es la contaminación. El lenguaje mismo indica que una “externalidad” se encuentra fuera de las condiciones de borde del modelo y se lo debe entonces “corregir” . Los economistas Pigou y Coase se han esforzado por esbozar estrategias que internalicen los costos, sin embargo, aunque útiles si son bien aplicadas, no contribuyen a dar con el problema en su esencia.

Existen dos maneras de pensar al medio ambiente: como un obstáculo, tal como ocurre hasta el presente, o como una condición de borde. La economía ecológica adopta un modelo según el segundo enfoque, basándose en los principios de la Termodinámica, y explica que la economía es un subsistema abierto perteneciente al sistema cerrado Tierra . Un sistema cerrado es aquel que importa y exporta energía solamente, mientras que la materia circula dentro pero no fluye a través de él. Por lo tanto, se trata de un sistema finito, de crecimiento cero y materialmente cerrado, aunque abierto a la energía solar.

Puesto en estos términos, se concibe entonces que la economía neoclásica se ve a sí misma como un todo. El sistema se puede expandir en el vacío, sin ningún costo ni consecuencias por seguir creciendo. La economía ecológica define al crecimiento como el aumento cuantitativo de las dimensiones físicas del subsistema económico y/o de la corriente de residuos producida por éste . Si la economía es el todo, puede crecer infinitamente porque no tiene frontera. Pero el Primer Principio de la Termodinámica nos dice que no podemos crear algo de la nada, por lo que toda producción humana debe estar basada en recursos provistos por la naturaleza. Estos recursos son transformados en el proceso productivo en algo que los humanos puedan darle algún uso, y esa transformación requiere trabajo. También nos asegura que cada residuo que se produzca no podrá desaparecer y permanecerá en el sistema. El Segundo Principio , llamado también la “Ley de la Entropía”, nos dice que cualquier recurso que transformemos en algo útil va a desintegrarse, decaer, romperse o disiparse, en algo menos útil, volviendo en forma de residuo al sistema que generó dicho recurso.
Bajo estos dos principios, el economista Georgescu-Roegen, nos invita a pensar a la economía como un “ sistema ordenado para transformar materias primas y energía de baja entropía en residuos y energía no disponible de alta entropía, proveyendo al hombre de un flujo psíquico de satisfacción en el proceso ”. La entropía aquí debe ser entendida como la calidad del recurso y su disponibilidad para ser aprovechado por el hombre.

Se deduce a partir de esta interpretación, que pensar la economía como un flujo lineal es el modelo más abarcativo y representativo de la realidad que necesitábamos, ya que incluye en su génesis la explotación de los recursos naturales y la consecuente generación de residuos que se produce en todas las etapas del ciclo de vida de un producto . Enseñar a los futuros tomadores de decisiones que la economía se comporta según el flujo circular es un pecado intelectual y académico, ya que es lo mismo que profesar la existencia de una máquina de movimiento perpetuo e ignorar el agotamiento de los recursos y la contaminación.

Según lo expuesto, el crecimiento no puede ser sustentable si apelamos a la definición provista por la economía ecológica, ya que tiene un límite físico impuesto por el mismo sistema natural. Por eso es que el Informe Brundtland utiliza tan sabiamente el término “desarrollo sustentable”.  Mientras que el crecimiento tiene un techo, el desarrollo no, y este sí puede ser infinito , ya que según H. Daly es una “mejora cualitativa en la capacidad de satisfacer necesidades y deseos sin un aumento cuantitativo de las entradas/salidas de materia/energía, a través de la economía, por encima de la capacidad de carga del sistema Tierra”.

El mismo autor ha propuesto realizar una transición de una economía basada en el crecimiento físico y en el estancamiento moral a una economía basada en el equilibrio físico y el perfeccionamiento moral, llamada “ economía de estado estacionario ”. Expresó que este cambio debe ser realizado voluntariamente antes de que nos veamos obligados a hacerlo. Este planteo teórico no es inconcebible desde el punto de vista lógico, aunque sí pueda representar una imposibilidad política. No obstante, confía en que los políticos se den cuenta que deben empezar a regular el crecimiento mismo, en lugar de ocuparse sólo de los subproductos del crecimiento.

Se escucha hablar frecuentemente en los discursos de políticos y en las recetas de los economistas que el crecimiento económico es lo que necesita un país para mejorar la calidad de vida de las personas y reducir la brecha entre ricos y pobres. La promesa del crecimiento es la prosperidad para todos sin sacrificio para nadie. Es ineludible pensar que en un mundo donde persisten necesidades absolutas no satisfechas entre los pobres se requieren medidas basadas en la redistribución más que en el crecimiento. Pero en este caso sí debería haber sacrificio de algunos.
Es claro, entonces, que el salto esencial que hay que dar está en el plano de las ideas y los conceptos para poder pasar luego al de las acciones adecuadas. Pensar en una sociedad que transite la historia con respeto a todas las formas de vida es imposible si medimos la calidad de vida en base a artículos superfluos de todo tipo que la sociedad del consumismo nos hace creer que son indispensables, que tienen una vida útil planeada de pocos años, que dependen exclusivamente de combustibles fósiles y minerales agotables, y que nuestra felicidad depende no del valor de uso del bien sino de su valor de status, como lo señaló Thorstein Veblen en el siglo XIX. Los bienes que nos dan el status satisfacen necesidades llamadas relativas, o según Keynes: “aquellas que sólo experimentamos si su satisfacción nos eleva por encima de nuestro congéneres”. Éstas mismas son por su naturaleza insaciables.

Después de 41 años de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano, las mejoras absolutas son escasas y la esperanza en que la tecnología vaya a resolver todos los problemas parece ser una posición extremista basada más en la fe que en perspectivas fundadas. Si la propuesta final es el “crecimiento sustentable”, lo mejor que nos puede pasar es que disminuya un poco el ritmo al cual nos vamos perjudicando, con un final conocido que sólo deja el interrogante al cuándo.

Llegados a esta instancia, y habiendo fundamentado la imposibilidad e inconveniencia de un “crecimiento sustentable” se concluye sobre la importancia de cambiar las reglas del juego. El ecologista Brasileño Leonardo Boff escribe: “La misma lógica que explota clases y somete naciones es la que depreda los ecosistemas y extenúa el planeta Tierra”. Las nuevas conductas que debemos incorporar en el plano político, jurídico y técnico, deben estar orientadas a cambiar esa lógica y pueden tomar como buen punto de partida las enseñanzas de la tradición ancestral de los pueblos originarios de los Andes, bajo la figura de la Pachamama, o bien lo presentado por James Lovelock desde la Teoría de Sistemas, bajo el nombre de Hipótesis Gaia. Como lo explica Raúl Zaffaroni: “se trata del encuentro entre una cultura científica que se alarma y otra tradicional que ya conocía el peligro que hoy vienen a anunciar y también su prevención e incluso su remedio”. Quizás la incorporación al derecho constitucional de las personería jurídica de la naturaleza (como lo han hecho Ecuador y Bolivia), la adopción de una ética de cooperación derivada de las dos concepciones mencionadas y una economía que tenga bien en claro nuestra interrelación con la Tierra , nos muestren mejor el camino para alcanzar el verdadero desarrollo sustentable.

Políticas municipales decrecentistas

Luis González Reyes – El salmón contracorriente

El decrecimiento se podría resumir como el movimiento tendente a acoplar la actividad de las sociedades a los recursos disponibles en un determinado territorio de manera que las necesidades humanas estén cubiertas de forma universal y sostenible en el tiempo.

En el contexto español, el decrecimiento significa, al menos, dos cosas: reducción del consumo de materia y energía, y redistribución de la riqueza. El primero de los factores ya está ocurriendo parcialmente (es especialmente patente el descenso del consumo de petróleo). Y el consumo se reducirá aún más como consecuencia del colapso del capitalismo global que está sucediendo y que será especialmente duro en nuestro contexto [1]. Sin embargo, esta reducción no puede calificarse de decrecimiento justo. Por una parte no se está realizando con una reordenación del modelo de producción y consumo. Menos aún se está cambiando el sistema económico, por lo que la degradación ambiental está aumentando en lugar de disminuir. Se actúa como si estuviésemos todavía en un “mundo vacío”, cuando nuestro entorno está “saturado”. Este descenso del consumo dista mucho de ir por buen camino por un segundo factor: en lugar de avanzar hacia sociedades más igualitarias, está agravando las brechas de desigualdad.

Acoplar el metabolismo humano a los condicionantes biofísicos del entorno pasa por reducir el consumo de materia y energía, lo que requiere medidas que, además de disminuir la extracción de recursos bióticos y abióticos, maximice la reutilización y el reciclaje, centre la economía en lo local, y obtenga la energía de fuentes solares. También implica ensanchar el espacio de fuentes disponibles a largo plazo mediante una economía basada en biocompuestos, más que en la minería. Además, requiere superar el “mundo saturado”, recuperando una biosfera que vuelva a permitir tener margen de error a las sociedades dejando territorios no humanizados, que deshaga el camino andado en el Antropoceno hacia una era en la que el conjunto del planeta no esté fuertemente condicionado por el ser humano.

Los cambios de gran calado que van a ser necesarios para avanzar hacia un decrecimiento justo solo podrán ser impulsados por la autoorganización social. Sin embargo, eso no quiere decir que las instituciones actuales no puedan ayudar a catalizar esos cambios. Muchas de las competencias políticas para favorecer este decrecimiento justo residen en ámbitos supraestatales (UE, OMC, TLC); otras, en niveles estatales; pero desde las comunidades autónomas y desde los municipios se pueden hacer también muchas cosas. Sin ánimo de agotarlas todas, ni de anular otras, presentamos algunas propuestas.


Desde el ámbito local se puede favorecer el cierre de ciclos


1. Políticas de reducción de los residuos. Entre otras estarían las de disminución del envasado mediante medidas de apoyo de la venta a granel o sistemas de devolución y retorno de envases.

2. Impulsar formas de compartir recursos en lugar de usarlos de forma privada. Esto es aplicable al transporte, las lavadoras, y muchos otros objetos, no solo a los libros de una biblioteca.

3. Introducción de la recogida selectiva de materia orgánica mediante medidas como el puerta a puerta o el quinto contenedor, que están teniendo resultados muy buenos en pequeños municipios (por ejemplo del País Vasco) y grandes (como es el caso de Milán).

El entorno cercano es el lugar idóneo para promover un modelo alimentario sostenible

 

4. Impulsar dietas poco carnívoras, y basadas en alimentos de temporada, de cercanía y de cultivo agroecológico. Los municipios, además de mediante ordenanzas y la política fiscal, pueden impulsar esto en los espacios de restauración colectiva que controlan (escuelas infantiles, centros de personas mayores, hospitales). También favoreciendo la creación de grupos de consumo mediante la cesión de espacios y recursos personales y materiales para ello.



El municipio y la comunidad autónoma puede procurar una ordenación del territorio con perspectiva ecosistémica

 

5. Planificación y ejecución de un urbanismo de cercanía, es decir, acercar los servicios que las personas necesitan para lograr que la mayoría de los desplazamientos se puedan hacer andando. Experiencias de este tipo ya existen, por ejemplo en Friburgo.

6. Rehabilitación del parque residencial con el fin de conseguir una drástica reducción del consumo energético.

7. Fomento del alquiler frente a la construcción de nueva vivienda, incluyendo el impulso a cooperativas de derecho de uso. Esto supone cambiar la lógica de propiedad privada, inherente al capitalismo.

8. Disminución de espacio en las ciudades para los coches en beneficio del transporte público, la bicicleta y el peatón. Especialmente urgente es la moratoria en la construcción de más infraestructuras de transporte (autovías, superpuertos, aeropuertos, alta velocidad) en las que hay competencias a nivel autonómico.

9. Puesta en marcha políticas de reconexión entre los mundos rural y urbano encaminadas a una “rerruralización” social. Un buen compendio de esas políticas es la elaborada en el reciente Congreso Internacional de Economía Solidaria. Entre muchas otras, desempeña un papel determinante la recalificación de terrenos urbanos en rústicos.

10. Leyes de protección del territorio encaminadas a frenar el extractivismo y la degradación ambiental, así como la liberación de transgénicos y compuestos tóxicos. En este ámbito ser podría seguir la estela de las zonas libres de transgénicos o de fracking.



En el entorno cercano y de pequeña escala es posible potenciar las industrias verdes:


11. Fomento del desarrollo de polos industriales basados en la ingeniería y química verde. Este modelo produce bienes biodegradables con un bajo consumo energético, sin usar compuestos tóxicos en el proceso y en los que los residuos de unos procesos se convierten en materias primas de otros.

12. Medidas de aumento de la eficiencia en todos los campos, teniendo en cuenta que son necesarias, pero no suficientes. Esto implicará la inversión pública para este fin.

13. Priorizar en los concursos y compras públicas las empresas respetuosas con el medioambiente y la justicia social.



El municipio es un lugar privilegiado para fomentar el uso de la energía justa, de origen solar y gestionada democráticamente

 

14. Las administraciones pueden sumarse a las iniciativas que desarrollan las energías renovables a pequeña escala y de forma cooperativa.

15. Impulsar y sufragar estudios de adecuación energética.

16. Profundización de las ordenanzas municipales de impulso de la instalación de energías renovables en viviendas y espacios públicos.

17. Propiciar la bioconstrucción, en caso de que se requiriera construir nuevos edificios.

18. Poner en marcha una Ley de Cambio Climático encaminada a la estabilización de la concentración de CO2 a nivel planetario en 350 ppm mediante medidas de reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero.


Los circuitos cortos, propios del municipio y la comunidad autónoma, son favorables a la economía local, ecológica y solidaria

 

19. Impulso a la creación de monedas locales que centren la economía en el territorio cercano. Estas monedas ya existen en muchas ciudades y, además, hay experiencias de impulsos municipales, como es el caso del SOL Violette, lanzado en Toulouse por la ciudadanía con la ayuda del ayuntamiento.

20. Incentivar la economía solidaria y ecológica reorientando profundamente las políticas de fomento del emprendimiento.

21. Reforma tributaria de manera que se pague en función de la renta, y del consumo de materia y energía.

22. Políticas de precios (del agua por ejemplo) que no solo penalicen el despilfarro, sino que incorporen criterios de justicia, a la vez que garantizan el acceso básico al recurso.

23. Realizar auditorías ciudadanas a la deuda pública, y abolir las ilegítimas y odiosas, ya que la deuda es uno de los principales motores del crecimiento.

24. Disminuir incentivos al consumo. Un ejemplo sería la limitación y el control de la publicidad. Como poco, las administraciones municipales y autonómicas podrían reducir el espacio público dedicado a ella.

25. Incentivar el consumo de productos de cercanía mediante medidas como los sellos propios.

26. Luchar contra la firma de cualquier nuevo tratado de libre comercio.

27. Fomento de la agricultura ecológica, el transporte público, las energías renovables, etc., como sectores que crean más empleo que sus actuales contrapartes sucias.

28. Medidas encaminadas al reparto del trabajo productivo (como incentivos fiscales a las empresas que pongan en marcha una jornada laboral de 35 horas) y reproductivo (por ejemplo, mediante campañas de puesta en valor de las tareas de cuidados).


En el ámbito autonómico residen muchas de las competencias en materia de educación para la sostenibilidad, pues son ellas las que concretan el currículo marcado por el Ministerio

 

29. Inclusión en los currículos oficiales de contenidos críticos, que atiendan al medioambiente, la igualdad de género, la interculturalidad y la democracia desde la base. Todo ello debe hacerse de forma transversal y explícita en el trabajo de aula.

30. Subvención de iniciativas de creación de materiales curriculares (libros de texto, unidades didácticas, material complementario) elaborados desde una perspectiva decrecentista.

31. Impulsar y destinar recursos económicos, legislativos y personales a apoyar metodologías de enseñanza-aprendizaje inclusivo y democrático, como, por ejemplo, las comunidades de aprendizaje.


Muchas de estas políticas es probable que tengan el visto bueno del grueso de la ciudadanía, sobre todo si se explican bien y se sitúan en el contexto de crisis sistémica del que surgen. Sin embargo, otras contarán con un importante rechazo de parte de la población. Para superar ese rechazo harán falta dos cosas. La primera serán movimientos sociales fuertes que las empujen mediante su movilización y la creación de estructuras sociales que permitan una vida digna a las personas en sintonía con las necesidades decrecentistas. La segunda es avanzar hacia la democratización social, entendiendo que la manera más eficiente de llevar a cabo cambios profundos a nivel social es que las personas sean protagonistas de estos cambios, no articulaciones verticales.

Superciclos


  La Historia no se repite, pero rima.
                                                                                                    Mark Twain

Es una verdadera lástima que los seres humanos no vivamos 500 años. No porque fuéramos a ser más inteligentes, sino porque estaríamos curados de espantos. Las habríamos visto de todos los colores… Y seríamos unos completos descreídos. Seria tiempo más que suficiente para caerse y levantarse un montón de veces y para desconfiar y mandar al carajo a todos los pillos que quieren aprovecharse de nosotros en tiempos de crisis. Empezando por la casta política que nos gobierna, claro está. En ese mundo ideal sabríamos que cuando las cosas se ponen feas todos los gobernantes reaccionan de un modo parecido y que la mayoría de las recesiones económicas comparten ciertos patrones y desenlaces predecibles cuya identificación puede ayudarnos a ponernos a buen recaudo. Aunque tengo serias dudas de que la Gran Recesión pueda “monitorizarse”.

Últimamente el ambiente geopolítico y económico está muy caldeado. No es que avecine tormenta, es que se aproxima un huracán de magnitud 5. La situación es muy compleja y novedosa. Como historiador que soy, miro hacia atrás y me cuesta encontrar algún momento parecido a éste. Siempre nos quedará el consuelo de que a los polinesios de la isla de Pascua les fue peor… Pero francamente, nunca antes en la historia de la humanidad hemos padecido tantas crisis en una sola. Nuestro mayor problema radica en que los recursos naturales del planeta empiezan a escasear; fenómeno que está encogiendo la economía y obliga a casi todos los gobiernos a endeudarse hasta límites insospechados. Para colmo de males, el calentamiento de la Tierra se está acelerando y Occidente padece una profunda crisis demográfica debido al envejecimiento de la población que no tiene precedentes.

Tal como yo lo veo, estamos experimentando el segundo o el tercer embate de una monumental recesión cuyo final no se vislumbra al final del túnel. Siento ser tan pesimista, pero es que tengo la sensación de que estamos inmersos en una espiral económica descendente que nos supera y de la que nos va a costar mucho salir. Es la típica crisis de final de superciclo; un tipo de crisis que sólo se da muy de vez en cuando, cada varios siglos. Por eso decía que si viviéramos 400 o 500 años al menos tendríamos una referencia de lo que está pasando porque ya “lo habríamos vivido”. Aunque no es el caso… 

Desgraciadamente para nosotros, nuestros dirigentes y banqueros centrales todavía creen que esto será pasajero y proceden sin comprender que estamos al borde del abismo. Si hablaran un poco más con los historiadores, sabrían que crisis semejantes han provocado la caída de imperios y civilizaciones legendarias. En la antigüedad tenemos varios ejemplos de ello. A veces el colapso se debió a la incidencia de desastres naturales imprevistos que provocaron la desintegración de la sociedad (estoy pensando en la peste negra que machacó a Europa a mediados del s. XIV. Aniquiló a la mitad de la población y se desencadenó una brutal contracción económica que acabó con el esplendor del Renacimiento Medieval). En cambio, en otras ocasiones el caos se extendió cuando los recursos proporcionados por la agricultura no pudieron satisfacer las necesidades de una población y un Estado sobredimensionados –las dos cosas al unísono-.

Éstas últimas son mis supercrisis de ciclo preferidas. Que no os cuenten milongas, todo empieza y acaba en la agricultura. Si las cosechas son generosas la sociedad prospera y viceversa. A mediados del s. XVI el crecimiento demográfico europeo sufrió un brusco parón a causa del estancamiento de la producción agrícola. Y a partir de entonces todo lo que podía ira mal, empeoró. El mundo agrario no consiguió salir del abismo y durante los primeros 50 años del s. XVII la población menguó a causa de las guerras y de la reaparición de la peste bubónica. El declive se sintió en todas partes, sobre todo en Alemania. Las naciones que supieron adaptarse a los cambios y reinventarse, salieron adelante. Aunque ése no fue el caso del Imperio Español… Tras la Guerra de los Treinta Años –un conflicto que podría compararse por su virulencia con la I Guerra Mundial-, tuvo que ceder a Francia el cetro del dominio continental.

1621 Se acabó la Pax Hispánica

En marzo de ese año, el rey Felipe III agonizaba en la cama por las fiebres que le provocaba la erisipela. En mi modesta opinión y a pesar de algunos capítulos oscuros de su reinado como fue la expulsión de los moriscos en 1609, fue un gran monarca. Mucho mejor que el vanidoso y militarista de su padre, el lunático Felipe II. Por eso no comparto la opinión de los historiadores modernos que dicen de él que fue “el primer rey de los Austrias menores”. No fue un gobernante “menor”, sino todo lo contrario. Lo que pasa es que este hombre heredó una situación macroeconómica desastrosa imposible de resolver. Sabe Dios que lo intentó, pero cuando la economía se desploma tras alcanzar el pico del superciclo no hay nada que pueda enderezarla.

Superciclos de la agricultura según Turkin y Nefedov

Para entender de que va todo esto, tenemos que retraernos al reinado anterior. Comparativamente hablando, el Renacimiento fue un periodo mucho más próspero que el Barroco. De eso no hay ninguna duda. Sin embargo el s. XVI no está exento de graves contradicciones cuyo análisis puede ayudarnos a entender lo que vino después. Hacia el año 1550 el crecimiento demográfico se detuvo porque la producción agrícola no daba para más. En realidad la población estuvo creciendo más allá de los recursos disponibles por un tiempo hasta que la situación se tornó insostenible. Es un patrón que parece repetirse una y otra vez a lo largo de la Historia. En aquella época el único modo de incrementar la producción era aumentando la superficie de los cultivos. Y eso es lo que se hizo. El problema llegó cuando el sistema alcanzó su límite físico y sólo quedaron los terrenos marginales que antaño se habían desestimado por su baja productividad y elevado coste. A partir de entonces la Tasa de Retorno Energética agrícola cayó y los precios del grano se dispararon. Asimismo, como no hay mal que por “mal” no venga… este proceso coincidió con un enfriamiento del clima que se prolongó hasta el final de la era moderna (la mini Edad del Hielo). En general las temperaturas cayeron 1ºC de media; aunque en los picos más bajos se han evidenciado descensos de hasta 4 y 5ºC. Huelga decir que ese frío arruinaba las cosechas y provocaba hambrunas terribles que afectaron muy negativamente al crecimiento demográfico.

El estancamiento de la población durante el reinado de Felipe II ralentizó la economía y perjudicó a los ingresos del Estado. A pesar la subida de los precios. Algo de eso tiene que haber porque España impagó su deuda por primera vez en 1557 y luego repitió en 1575. Este último default es de “juzgado de guardia”. Gracias a ciertas mejoras introducidas en la actividad minera a partir de 1570, la producción se multiplicó por 10; lo cuál redundó en un aumento considerable del dinero circulante que al gobierno le vino de perlas para costearse las guerras que mantenía contra medio mundo. Una especie de Quantitative Easing (QE) de la época. Y sin embargo, parece que no fue suficiente… La monarquía gastaba a manos llenas. No sólo tuvo que renegociar el pago de la deuda con la banca acreedora, sino que incrementó la presión fiscal y empezó a especular con el valor de la moneda; pues aumentó el nominal de las piezas.

Así pues, no es de extrañar que todas estas circunstancias terminaran con el paso del tiempo en una suba espectacular de los precios. Para entender lo que pasó me gustaría recurrir a Hayek. Él decía que la inflación es cómo verter miel encima de una mesa – una “mielda” que dirían los chinos-. El chorro se acumula en el centro y luego se expande hacia los bordes. De este modo cuando la plata de América llegaba a Andalucía, causaba estragos porque allí era donde se monetizaba. A partir de ahí, la onda inflacionaria perdía fuerza a medida que se alejaba hacia Castilla, Francia y más allá.


El impacto de la subida de los precios en la economía castellana fue catastrófico. Encareció los costes de producción autóctonos y favoreció la importación de manufacturas extranjeras que eran mucho más baratas y de una calidad similar –el descenso del número de telares de los gremios a largo de las décadas da fe de este fenómeno-. Como consecuencia de todo esto, se produjo una monumental deslocalización industrial del sur de Europa hacia países como Holanda e Inglaterra. Luego, esas naciones aprovecharon sus superávits comerciales para desarrollar su industria y sus respectivos sistemas monetarios. Y por supuesto, para guerrear contra los Habsburgo.

Esta dinámica perduró hasta el final de los días del Imperio. Sumió a España en la estanflación y obligó a Felipe II a subir los impuestos cada vez que caía la recaudación fiscal. Gran parte de la burguesía consiguió evitar a Hacienda mediante la compra de títulos nobiliarios que le eximían del pago al fisco. En cambio, para los campesinos se abrieron “las puertas del infierno”; muchos tuvieron que malvender sus tierras para pagar las deudas contraídas o, siquiera, para poder alimentarse. Otros emigraron a las ciudades. Lo cuál devaluó todavía más los salarios… Finalmente, Felipe II celebró su vejez con el impago soberano de 1596; el más duro de todos, ya que conllevó quitas y una brutal subida de la “prima de riesgo”.

Así que ya veis, está es la situación que se encontró Felipe III tras su coronación. El país estaba en recesión, la corrupción y la evasión fiscal campaban a sus anchas, los prestamistas le pedían intereses del 70% y la industria nacional era una sombra de lo que fue. Aunque tal vez lo peor fuera la emigración del campo a la ciudad; pues eso empeoraba la TRE agrícola y empeoraba las condiciones de vida del común de los españoles. Con estos antecedentes, el rey tenía muy poco margen de maniobra. Firmó la paz con los ingleses y decretó una tregua de 12 años con los holandeses. Se sacó de la manga una nueva moneda con menor contenido de plata, el vellón imperial, y cruzó los dedos… La inflación escaló hasta el 90 o el 100% y ni así pudo evitar el impago de 1607. ¿Pero que más podía hacer? Es fácil juzgarlo a toro pasado.

En cualquier caso cuando su hijo llegó al trono en 1621, los Grandes de España creyeron que había llegado el momento de pasar a la acción. Y vaya si lo hicieron…

2014 ¿Se acabó la Pax Americana?

Y aquí estamos! Casi 400 años después. Lo que está pasando en 2014 huele a remake de lo que la humanidad vivió en 1621. Y Obama bien podría ser una versión coloreada de Felipe III. O de Felipe IV –espero que NO…-.

Bueno, lo primero que quiero decir es que ya estamos en la fase descendente de esta crisis supercíclica. Seguramente empezamos a caer en 2008, pero ahora todo se está acelerando. Si en la historia moderna el artífice de ese desplome fue causado por el peak agrícola, ahora el responsable es el zenit del petróleo. Por otro lado, ambos períodos comparten dificultades climáticas y la aparición de enfermedades incontrolables que diezman a la población sin misericordia. Me refiero al ébola, por supuesto. Son las cosas que pasan cuando la gente no tiene nada que comer… Pensar en ello. Asimismo, en un extraño giro del destino en China acaban de poner en cuarentena a toda la ciudad de Yumen, de unos 100.000 habitantes, porque un hombre de 38 años ha muerto debido a… ¡la peste bubónica! Seguramente es una gilipollez, pero yo creo en las señales del destino.

Llevo tiempo pensando en la evolución de ambas crisis y he llegado a la conclusión de que ésta va a ser peor. Gracias al petróleo la humanidad ha experimentado un desarrollo acelerado inconcebible incluso para Julio Verne. La gente no parece darse cuenta de lo importante que es… Es la argamasa que sostiene el tinglado de nuestra civilización. Desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos por la noche, interviene en todo lo que hacemos. Es un regalo de energía superconcentrada que la Tierra ha madurado durante millones de años para que lo utilicemos con propiedad. Desde que empezamos a explotarlo hace 150 años todo cambió para siempre; causó una revolución en el sector del transporte, nos sumió en un estado de revolución industrial permanente y, sobre todo, permitió un desarrollo agrícola inaudito que ha permitido la multiplicación de la población mundial por 6 (fenómeno que incluye la tasa de urbanización más alta jamás registrada). Todo esto fue posible porque la TRE del petróleo era de 100/1; es decir, con la energía proporcionada por un solo barril de crudo podían extraerse 100 más. No debería sorprendernos pues que la TRE del capitalismo en su conjunto superara ampliamente la relación de 20/1 que obtuvieron las civilizaciones más prósperas del pasado. Con semejante regalo de la naturaleza la economía se expandió; generó riqueza, las finanzas prosperaron y se aceleró el crecimiento demográfico.
El petróleo fue el “ángel de la guarda” del capitalismo y, casi con total seguridad, será también su “ángel exterminador”.

Desgraciadamente el crudo se está acabando. Y lo hace muy rápido! Luego para que la producción total no decaiga, las compañías petroleras y los gobiernos de medio mundo están enzarzados en el mayor esfuerzo financiero de los últimos 100 años. En caso contrario nos sumiríamos en las “tinieblas”. Esto explica en buena parte la puesta en marcha de los QE –o sucedáneos de QE-, en Estados Unidos, Reino Unido, Japón, China o la propia Unión Europea. Necesitamos emitir deuda para rebajar los tipos de interés y aliviar la carga financiera de las petroleras y de las entidades financieras insolventes que arrastran sus cadáveres por los parqués. La banca no ha sido diseñada para enfrentarse a crisis de final de superciclo. No puede prestar porque la economía se encoge y los créditos se pierden en el “mar de la morosidad”. Por eso todos los gobiernos han acudido a su rescate. Obama ha gastado tanto en su mandato, como los 42 presidentes anteriores! Del mismo modo en que Felipe II quintuplicó las deudas a lo largo de su reinado. Claro que él no tenía banquero central… Aunque no sé si eso importa demasiado. Deudas son deudas y algo habrá que hacer con ellas; a pesar de que duerman en las entrañas de la FED, cuyo balance ha engordado un 600% desde 1990.

Digan lo que digan los políticos y las estadísticas manipuladas que proliferan por doquier, la estanflación ha venido para quedarse. Como los Austrias, intentamos arreglar este embrollo con la sobre emisión y manipulación de la moneda; expandiendo el crédito como un chicle porque tenemos la esperanza de que eso restablecerá la confianza y creará un “efecto riqueza” que fomentará el consumo y la recuperación económica. Es un bonito discurso… que yo no compro. No estoy muy seguro al respecto, pero parece ser que la expansión del crédito necesita la rebaja salarial de los trabajadores para salvaguardar la sostenibilidad de la deuda que está en poder de los bancos. En cualquier caso, es un fenómeno que observamos a escala global que nos retrotrae de nuevo a la pérdida de capacidad adquisitiva por parte del campesinado europeo a finales del s. XVI y durante todo el s. XVII. Por poner un ejemplo, según los datos que maneja la Oficina del Censo de EE.UU., la renta de los hogares norteamericanos cayó de 55.627$ dólares a 50.017$ en 2012. Así pues, mientras el coste de extracción del crudo se encarece debido a las leyes de la geología, disminuye el poder de compra de los ciudadanos.

Proyección extraída del blog de Gail Tverberg

¿Qué os parece amigos? Vienen tiempos de carestía y estanflación… Por eso los gobiernos incrementan la presión fiscal y los ricachones, como antaño, se las ingenian para escapar de las garras del Estado. Todas estas fusiones de compañías estadounidenses con multinacionales europeas tienen como objetivo reducir la carga impositiva (General Electric con la francesa Alstom; la farmaceútica Walgreens con la británica Alliance Boots, etc.). Cuando se consuma la fusión, la sede fiscal se traslada a Europa. De este modo el impuesto sobre los beneficios empresariales se reduce del 35% al 19%. Naturalmente, algunos gobiernos europeos se resisten a vender “las joyas de la corona” a multinacionales extranjeras que han engordado con el dinero de la FED. Ahí está el fracaso del asalto de Pfizer sobre la británica AstrazenecaEn cualquier caso, todo esto pone de manifiesto que la política de imprimir dinero va más allá de la famosa “guerra de divisas”. La recesión acecha y nadie quiere encontrarse con el pie cambiado en el próximo desplome de la economía.

¿Y ahora qué?

Las cosas no van a mejorar. Eso seguro. En la caída habrá dientes de sierra que apuntarán hacia arriba y entonces nos sentiremos un poco mejor. Seguramente porque seguiremos imprimiendo dinero… Cómo hizo Felipe III cuando se sacó de la manga el vellón imperial. La pura verdad es que el mundo se está partiendo en dos bloques diferenciados que luchará a cara de perro por los escasos recursos naturales que nos quedan; los BRICS por un lado y Estados Unidos y la Unión Europea por el otro. Esta diferenciación entre deudores y acreedores no augura nada bueno. Y “se dice, se oye y se comenta” que los BRICS van a lanzar su propia moneda basada una cesta de divisas común a finales de año tras la reunión del G-20 en Australia (en la puesta en común para elaborar dicho certamen, por primera vez el grupo ha prescindido de “los consejos” del FMI y del Banco Mundial. Lagarde quería inmiscuirse pero el premier australiano la mandó a paseo…).

Es una mala noticia para el dólar. Mientras tanto, la administración estadounidense hace todo lo que puede para sacar adelante un macro acuerdo comercial con la Unión Europea y otro con los países del Área Pacífico que no termina de concretarse. El tiempo apremia y el peak del petróleo sigue agravándose –encuentro muy interesante que Repsol haya dado a entender que a lo mejor no invierte los 5000 millones de euros que obtuvo como compensación por la confiscación de YPF por parte del gobierno argentino… Todas las inversiones petroleras son muy caras; sobre todo si amenaza tormenta!-. La Gran Depresión volverá a las portadas de los periódicos. Y francamente, no tengo ni idea de cómo se las ingeniarán los políticos y los banqueros centrales para añadir más deuda a un sistema financiero zombi que parece haber alcanzado su peak.

O puede que sí… Los caminos del señor son inescrutables. Lo que sí es escrutable es lo que los norteamericanos están haciendo en Ucrania y en Oriente Medio. El apoyo militar y mediático que le han proporcionado a Israel en las matanzas de Gaza son una obscenidad que el mundo pagará muy caro. Las imágenes de niños muertos y huérfanos te desgarra el alma… La actuación de Tel Aviv en esto roza la histeria total. En fin, que cada cuál saque sus conclusiones. Por otro lado, lo de Ucrania es una estratagema para forzar la voluntad de la Unión Europea: ¿de qué lado estás?; ¿con nosotros o con los BRICS? Firma de una puta vez el dichoso tratado comercial… Putin lo sabe. Apoya militarmente a la guerrilla pro rusa para eternizar el conflicto y darle tiempo a los alemanes y franceses para que entren en razón. Sin embargo parece que no va a ser así… El gobierno de Kiev se hundirá en el caos porque si algo nos demuestra la historia, es que es imposible derrotar a una milicia que cuenta con el apoyo de una superpotencia extranjera. Luego, esta retahíla de sanciones mutuas entre Rusia y Occidente son un síntoma evidente de la economía global no va a ninguna parte. Ya pasó en el siglo XVII. Las naciones europeas de entonces abrazaron el proteccionismo para mejorar la balanza de pagos y, cuando esas medidas fracasaron, dirimieron sus diferencias en el campo de batalla.

Ahora no hay tanto proteccionismo. Es peor! Nos sancionamos entre sí. El tiempo dirá, pero tiene la pinta de que Obama ha tomado la senda de Felipe IV. Soplan tiempos de guerra. En Europa y ya veremos si en Asia también.

Un abrazo amigos/as!
P.D: Os prometo que el próximo artículo será terrible…

Petróleo: el elemento necesario

Echo un vistazo en mi despensa y me encuentro con garbanzos de México, habas pintas de Canadá, habas blancas de Argentina, lentejas de USA, espárragos de Perú, langostinos de Ecuador, piña de Filipinas, filetes de caballa de Marruecos, arroz de Tailandia... .

¿Qué es lo que permite que todos estos productos estén en mi despensa?


  • El transporte.
Los productos se pueden trasladar de un lugar a otro del mundo utilizando una energía barata – el petróleo – (aproximadamente 0,35 céntimos de euro el litro).


  • La revolución verde.
El sistema industrial de energía alimentaria posee unas producciones muy elevadas gracias al uso de abonos químicos, fertilizantes, pesticidas, plaguicidas... Todos ellos productos derivados del petróleo.

La producción agrícola industrial utiliza tractores, camiones, cosechadoras, sembradoras, bombas de agua... Que también utilizan el petróleo como combustible.

¿Cual será el elemento necesario que debe desaparecer, para que se agote esta sociedad de consumo?.

Nuestra sistema económico-productivo, nuestro modo de vida son posibles gracias a la disponibilidad de una fuente de energía abundante y barata que proviene de los combustibles fósiles: el petróleo..

El crecimiento sostenido de la economía mundial durante las últimas décadas ha sido propulsado por un continuo incremento en el uso del petróleo. La industria, la electricidad, el transporte, la construcción, el turismo, la agricultura..., están entrelazados indisolublemente con la producción del petróleo.

Pero el petróleo es una realidad geológica y nuestro mundo es finito.