Thoreau y la economía llevan a los estudiantes a aprender a renunciar

Adolescentes del instituto de secundaria Mundelein (Illinois) muestran su capacidad de renuncia en un experimento sobre simplicidad voluntaria

Tara Malone (traducción de Noelia Jiménez)

7 de marzo de 2009

Nathen Cantu anotó decenas de números de teléfono que tenía guardados en el móvil y que nunca se había molestado en memorizar. A continuación, el instituto Mundelein le «confiscó» el teléfono móvil que durante años había sido su principal medio de contacto con sus amigos y la tranquilidad de su familia. Cantu le entregó el teléfono a su profesor esta semana, inaugurando así un mes sin una sola llamada o mensaje de texto. Cinco días después, Cantu empezó a sentir punzadas debidas al síndrome de abstinencia. El viernes decía: «Me siento como desnudo, como si me faltara algo que debería estar ahí».

Más de una docena de estudiantes del mismo instituto de secundaria se comprometieron este año a prescindir de algo distinto cada mes, emulando al escritor Henry David Thoreau que, como es bien sabido, se retiró a vivir en su cabaña junto al lago Walden durante dos años «para vivir deliberadamente, para afrontar los hechos esenciales de la vida, y ver si no era capaz de aprender lo que la naturaleza tenía que enseñarme».

El proyecto de los adolescentes de Mundelein comenzó en noviembre, mes en que renunciaron al azúcar y evitaron las cadenas de restaurantes. En diciembre apagaron el televisor y el reto de enero fue evitar usar hojas de papel nuevo. En febrero prometieron no comprar nada que pudiera terminar en un vertedero. Los próximos retos son los peores: un marzo sin teléfono móvil y un abril sin Internet.
Según Cantu, él y sus compañeros han descubierto algo de sí mismos con cada sacrificio. Al cabo de apenas una semana sin teléfono móvil, Cantu afirma que está más centrado y más inclinado a pasar tiempo con sus amigos en lugar de enviarles un simple mensaje de texto. «También tengo una sensación de orgullo. Hay dignidad en el acto de decir no a las cosas».

Este experimento sobre el autocontrol se lleva a cabo al tiempo que numerosas familias están renunciando a muchas cosas en la vida real debido a la marcha de la economía: se borran del gimnasio, prescinden de las vacaciones e incluso de los colegios privados. Aunque muchos estudiantes manifestaron que se unieron al grupo por razones que no tenían que ver con la economía, reconocen que las lecciones que están aprendiendo podrían ayudarles en la transición hacia una época de presupuestos más ajustados. En una encuesta reciente, dos tercios de los jóvenes admitían estar preocupados por su situación financiera, según un informe nacional elaborado por TRU, una empresa de investigación de mercado con sede en Chicago. Solo el 11% de los encuestados dijeron que no estaban preocupados en absoluto. «Cuanto peores sean las estrecheces económicas de los jóvenes y más tiempo duren, más probable es que se abran a cambiar su forma de vivir», según Rob Callender, director de tendencias de TRU.

La renuncia puede ser buena para los adolescentes, según Madeline Levine, autora de El precio del privilegio: Cómo la presión de los padres y las ventajas materiales están creando una generación de jóvenes desvinculados e infelices. Según Levine, llevarse la comida de casa, renunciar a vestir a la última o prescindir del teléfono móvil da a los jóvenes la oportunidad de contribuir y desempeñar un papel nuevo dentro de la familia, y les ayuda a aprender una lección vital sobre la autodisciplina. En el proceso, los jóvenes que se han criado en una época de abundancia económica pueden replantearse sus expectativas. «Para muchos jóvenes es una oportunidad. Creo que la mayoría de ellos está aceptando muy bien el reto.»
Pasadas las seis de la tarde de un día lectivo reciente, trece estudiantes entraban en un aula del instituto Mundelein. El profesor, Steve Jordan, les recordó la propuesta que les había hecho la semana anterior: «ahora, entregadme vuestros teléfonos móviles, que guardaré durante un mes, para evitaros la tentación». «No, gracias», saltó Karlie Alms, de diecisiete años. «Mierda», dijo otro estudiante, resoplando. Pero Jordan continúa: «estos meses son los más duros, lo sabemos, pero no pasa nada. Queremos que sea duro. Podéis hacerlo.»

Jordan concibió el experimento de simplicidad voluntaria el pasado otoño como una actividad extraescolar que los niños aprueban o suspenden. Se reúnen todas las semanas para comparar sus apuntes y escribir sobre la experiencia. La mayoría de los estudiantes se sumaron al experimento de la vida simple porque suponía un esfuerzo creativo que además contribuiría a cuidar el entorno. Para muchos, las implicaciones económicas vinieron después.

El mes pasado, durante dos semanas, los estudiantes guardaron todas las servilletas y pañuelos de papel y los envoltorios de los alimentos que consumían para mostrar cuánta basura generaban incluso durante el mes de febrero, en que se comprometieron a comprar solamente alimentos, gasolina, desodorante y pasta de dientes.

Al comparar la basura que habían generado, Emily Bauer confesó que había deseado comprar una pulsera a la que ya había echado el ojo semanas antes. Había visto que sus músicos favoritos la llevaban y entró en Internet para ver con más detalle cómo eran las pulseras, que costaban 10 dólares. Tenían estampadas frases como «Stay gold» y «Believe». Bauer, de dieciocho años, mantuvo su compromiso y evitó comprar nada que no fuera necesario, pero la acuciante tentación seguía ahí: «Estoy deseando tenerla, no voy a mentir», dijo riéndose.

Ryan Menary, de dieciséis años, dijo que había estado tentando de comprar varios CD y pagar por descargarse una o dos canciones. Pero contenerse no le había costado demasiado.

A Patrick Bradley, el ejercicio de autocontrol le había parecido sorprendentemente bueno: había gastado muchos menos dinero al recortar sus compras. «No lo echas tanto de menos cuando no lo tienes», afirmó.

Artículo original: Thoreau, economy inspires students to learn lessons of less

Un relato holista sobre la vida


Simay estaba sentado con Sunto, el árbol de la tranquilidad; conversaba con él.

- Las fronteras definen los distintos mundos. La línea de la playa separa el mar del suelo, la superficie de mi piel me separa del resto del mundo, y así quedo definido – comentaba Simay

- Puedes verlo de otra forma –contestó Sunto-. Las fronteras son lo que nos une a los otros. La playa es la conversación que mantienen la mar y la tierra; allí se acarician una a la otra, como diría Glauca. Tu piel es lo que te sirve de contacto con el mundo que ves separado de ti. A través de tu piel y de tus otros sentidos, tus fronteras conversan con el mundo, se intercambian con él.

- Y Gaia nos ha hecho prácticamente todo frontera –Continuó Simay-. De esta forma nos desdibujamos como individuos porque es tan grande la línea o superficie de contacto que el intercambio entre Gaia y yo nos hace en la práctica uno solo.

- ¿Qué quieres decir? –preguntó entusiasmado Sunto con la imagen de Simay.

- Fíjate en tus hojas y en mis pulmones, ¿acaso no son lo mismo? Son la pura ansiedad de unirnos con el aire y entre tú y yo. Tus hojas me dan oxígeno y yo te doy dióxido de carbono. Extiende tus hojas sobre el suelo, ¡ocuparían tanto! Mis pulmones, tan pequeños para ti, podrían rodear tu tronco entero. ¿Y no estamos tú yo hechos de billones de células con las membranas que definen mis células y ocuparían un cuadrado de cuatro Suntos de alto. Y si pones mis células en línea te podrían llevar a la mismísima Luna. ¿Te imaginas lo grande que después de todo soy?

Sunto sonreía a su manera y contestó:

- Claro que eres grande, pero frente al mar de fronteras que te rodea, eres bien pequeñito.

Simay miró a la copa de Sunto, luego a la miríada de árboles y plantas que le rodeaban. Metió los dedos en la tierra y al sacarlos húmedos y manchados dijo:

- Sí.

- Es tan grande la superficie de Gaia –continuó Sunto- que necesariamente es ella quien define cómo funciona este planeta; y tal es la magnitud de sus caricias y conversaciones que todo es necesariamente una simbiosis perfecta. Si tus pulmones abarcan mi tronco y mis hojas abarcan a tus pulmones, no nos queda más remedio que colaborar; nuestra relación, no solo por tu necesidad de oxígeno y mi necesidad de dióxido de carbono, se simbiótica por naturaleza. Solidaria por naturaleza.

- De ahí que el amor rija el mundo –intervino sorprendiendo a ambos Glauca.

Extraído de 'El origen de Gaia. Una teoría holista de la evolución'de Carlos de Castro Carranza

Karl Polanyi: La gran transformación


La separación del trabajo de otras actividades de la vida y su sometimiento a las leyes del mercado equivalió a un aniquilamiento de todas las formas orgánicas de la existencia y su sustitución por un tipo de organización diferente, atomizado e individualista.

El plan de destrucción se vio muy bien servido por la aplicación del principio de la libertad de contrato. Esto significaba, en la práctica, que habrían de liquidarse las organizaciones no contractuales del parentesco, la vecindad, la profesión y el credo, porque reclamaban la lealtad del individuo y así restringían su libertad. La representación de este principio como la ausencia de interferencia, como lo hacían los liberales económicos, sólo expresaba un prejuicio arraigado a favor de una clase definida de interferencia: la que destruyera las relaciones no contractuales existentes entre los individuos e impidiera su reformación espontánea.

Este efecto del establecimiento de un mercado de mano de obra es evidente ahora en las regiones coloniales. Los nativos se ven obligados a ganarse la vida vendiendo su trabajo. Para tal fin, sus instituciones tradicionales deben ser destruidas, y debe impedirse su reconstrucción, ya que el individuo de la sociedad primitiva no está en general amenazado por la inanición, a menos que toda la comunidad afronte tal situación.

Es la ausencia de la amenaza de inanición individual lo que vuelve a la sociedad primitiva, en cierto sentido, más humana que la economía de mercado, y al mismo tiempo menos económica. Irónicamente la contribución inicial del hombre blanco al mundo del hombre negro consistió principalmente en su introducción de los usos del flagelo del hambre. Por ejemplo, los colonizadores podrían decidir la tala de árboles del pan a fin de crear una escasez artificial de alimentos, o podrían imponer a los nativos una tributación por choza para obligarlos a ofrecer su trabajo.

Karl Polanyi. La gran transformación. 1944

Otra crianza y otro mundo es posible. Mis 15 razones


Can-Men - El blog alternativo

En un mundo como el nuestro, que desprestigia la maternidad y la crianza, parece que el cuidado de los bebés y niños es un hecho anecdótico y aislado en la historia de la persona, que no tiene influencia más allá de la infancia, y por supuesto ninguna relación con la sociedad.

Vivimos como si funcionase así porque actualmente predomina una crianza mecanizada: de biberón en vez de lactancia, de chupete en vez de consuelo, brazos o teta, de guarderías en vez de madre, de cunas alejadas de la habitación de los padres, de muñecos que imitan el latido cardiaco, de hamacas y columpios varios, de cámaras para vigilar al bebé en la distancia, de CDs de nanas o susurros, etc.

Sin embargo, la crianza sí influye en la edad adulta y por tanto en toda la vida de la persona, y sí determina el cómo es la sociedad. Y sus consecuencias son de tal envergadura y profundidad que llegan a explicar el grado de violencia que vive cada cultura.

A pesar de otro tipo de factores como genéticos, económicos, etc. la variable que mejor define el nivel de equilibrio emocional de una sociedad es el tipo de cuidado que dispensa a sus niños y a las personas de quien depende, su familia. Y nos encontramos entonces con 2 grandes grupos de modelos de crianza y de vida: violentos o pacíficos.

La diferencia entre ellos radica en el tipo de parto, la separación temprana madre-bebé, la existencia de lactancia prolongada o no, el respeto a las necesidades de los niños de día y de noche, el contacto piel con piel que se establece, el número de adultos-cuidadores por niño, la rapidez de respuesta ante el llanto,… y en definitiva, en si existe una crianza de apego o desapego.

Los pueblos poco afectivos con sus crías y con poco contacto piel con piel presenta altos niveles de violencia en la edad adulta. Sin embargo la agresividad es casi nula entre los pueblos que mantienen un contacto muy estrecho y continúo con sus hijos.

Los antropología han constatado este hecho innumerables veces, pero, por si quedaba alguna duda, la moderna psiconeuroendocrinología también lo ha confirmado y justificado: a menor contacto con un bebé, menos protegido y más temeroso se siente y más adrenalina segrega su cerebro. En cambio, a más afecto, contacto y amor, más se activan los circuitos cerebrales de la serotonina.

Teniendo en cuanta la plasticidad cerebral de los primeros años de vida, y cómo las experiencias modelan la arquitectura neuronal y la personalidad del adulto, el predominio de una u otra hormona crea individuos distintos. El contacto físico y emocional constante con la madre (la primera fuente de amor) es lo que asienta los sistemas cerebrales del placer y crea personas seguras, confiadas y amorosas. Cuando el niño no recibe el afecto que necesita se crea una cultura basada en el egocentrismo, la violencia y el autoritarismo.

Cada autor lo ha nombrado de forma diferente: desamparo aprendido, indefensión, aprendizaje de la impotencia, desesperanza, sumisión, … pero en el fondo todo es lo mismo: sufrimiento y resignación, que determinan una actitud fría hacia el mundo y hacia los demás y que sólo en determinadas circunstancias pueden ser revertidos.

Podríamos creer que todas estas teorías de las hormonas y el apego sólo funcionan con tribus remotas y no en una sociedad con mp3, cirugía estética, hipoteca y rayo láser. Pero no es así.

Esa adrenalina y agresividad nos define también a nosotros y explica el grado de devastación al que hemos sometido a la Naturaleza, el injusto orden internacional, las cifras de miseria y hambre, y la violencia entre los países y en el seno de las propias familias.

¿Cómo hemos llegado a esto? Aunque las explicaciones son múltiples, la más potente y brillante (para el sistema) ha sido perturbar la relación madre-hijo que la naturaleza ha previsto para velar por el desarrollo físico, emocional, intelectual y social de una persona.

Atacando el apego desde la raíz se consiguen ciudadanos vulnerables, siempre necesitados y anhelantes de algo más, desorientados, sumisos y dependientes de una sociedad consumista y devoradora.

Pero para lograr una ruptura tan radical se necesita un engranaje de diferentes actores que consigan cegar totalmente el juicio y el instinto de las madres. Lo consiguieron. Y estas son mis 15 acusaciones:

1. Acuso a la industria farmacéutica de haber convertido todos los procesos naturales de la mujer en enfermedades tremendamente rentables: menstruación, anticoncepción, embarazo, parto, lactancia, crianza y menopausia.

2. Acuso a la píldora anticonceptiva (y todos los productos hormonales en general en mujeres sanas) de haber alterado totalmente nuestro delicado equilibrio endocrino y de robarnos los mensajes intuitivos que llegan del inconsciente con las diferentes fases del ciclo menstrual femenino, por la relación entre ovarios, determinadas hormonas y actividades de hemisferios cerebrales. Este es uno de lo problemas de base sorprendentemente ocultado. Las mujeres no se desconectan en el parto de sí mismas por primera vez, sino que llevan años desvinculadas de la sabiduría femenina ancestral y más unidas a un laboratorio que a su propio cuerpo.

3. Acuso al negocio de la fecundación artificial de aprovecharse de las mujeres desesperadas por concebir y someterlas a dolorosos, caros y largos procesos, en vez de analizar las causas verdaderas (y subsanables) del fracaso en los embarazos, y que nos obligarían a replantearnos el ritmo y el estilo de vida que llevamos a todos los niveles.

4. Acuso a la industria de la alimentación de su macabra y eficaz estrategia para convencer a medio siglo de mujeres y conseguir que la leche de un animal (cuyo cerebro es mucho menor que el humano) tratada químicamente, suministrada en plástico, y por manos frías, muchas veces, haya suplido al calor, amor y el milagro de una teta blandita. Este triunfo económico ha significado una condena a muerte a millones de niños en países poco desarrollados, y alto riesgo de enfermedades, menos nivel cognitivo y desapego en los países ricos. Ausencia de lactancia significa ausencia de oxitocina y menos enamoramiento madre-hijo, y a partir de aquí una larga cadena de conductas artificiales.

5. Acuso al sistema obstétrico de haber convertido la normalidad del parto en patología, de haberlo medicalizado hasta el delirio de 50% de cesáreas en algunos países, de no haber respetado la extrema fragilidad del recién nacido y de haber convertido el sagrado acto del nacimiento en una mera extracción y manipulación de bebés.

6. Acuso a los pediatras de haber confundido sus creencias y prejuicios con la verdadera ciencia, de haber frustrado millones de potenciales lactancias exitosas con falsas normas, de haber convertido en enfermedad una pauta de sueño mamífera y de anteponer sus criterios a las recomendaciones de la OMS.

7. Acuso a los neurólogos y psiquiatras de sobre-diagnosticar la hiperactividad, y de drogar y anular a una generación de niños (a pesar de los constatados y denunciados efectos secundarios) con Ritaline/Rubifren: la cocaína pediátrica

8. Acuso a los psicólogos de medrar a costa de todos los errores del sistema en crianza, de no hacer honor a su nombre (psiqué=alma), de crear teorías que han justificado la continua domesticación de los niños anulando el leve instinto materno que quedaba (sobreprotección, falta de límites, permisividad por consentir demasiado, malcriar, etc.), y de haber inventado una falsa socialización temprana que no existe hasta mucho más tarde ( 6-7 años cuando queda establecida la lateralidad cerebral).

9. Acuso a los falsos gurús de crianza: Spock/Ferber/Valman/Estivill y secuaces conductistas de hacer apología de métodos de socio-tortura y vender insensibilidad, crueldad y falta de respeto hacia los niños. Si hubiese un Tribunal de la Haya Emocional, todos estos personajes habrían sido condenados por sufrimiento a la Humanidad.

10. Acuso a las feministas clásicas de haber mutilado a las mujeres humillando nuestra feminidad y maternidad, y de haber vendido a nuestros hijos por una falsa liberación que simplemente fue un cambio de lugar de opresión, y que perpetuó y potenció el sistema y los valores dominantes: masculinidad, competencia, depredación, jerarquía. Nunca hubo ninguna revolución social, sino un continuismo con otra cara. Sí es compatible el trabajo y la crianza, pero para eso hay que transformar el sistema y no abducirnos a nosotras y abandonar a las criaturas.

11. Acuso a las revistas femeninas de fomentar modelos de mujeres descerebradas, consumistas, siliconadas, hipersexuales que cuando tienen hijos se convierten en madres virtuales que atienden por control remoto a sus criaturas a golpe de Visa y continúan con su estresante vida sin inmutarse ni un tacón.

12. Acuso al sistema educativo de precocidad, de tener planes obsoletos que no responden a las verdaderas necesidades de aprendizaje a través del juego y la libertad de expresión, de fomentar la sumisión y obediencia e impedir los procesos de pensamiento independiente y creativos que permiten encontrar el propio camino en la vida .

13. Acuso a toda la sociedad de ser adultocentrista y haber excluido a los bebés y niños de la vida diaria, de infravalorar la maternidad y crianza considerándolo una pérdida del talento de la mujer pero sí valorar a ésta como productora dentro del sistema económico (ni como reproductora ni como cuidadora).

14. Acuso al estado de Bienestar de haber secuestrado la vida de los bebés encerrándolos en guarderías tempranas que se convierten así en una especie de “orfanatos de día” bien decorados, mientras obliga a sus dos padres a trabajar lejos de casa para subsistir en un modelo de vida asfixiante, de haber pasado del concepto de “se necesita una aldea para criar un niño” a la soledad y el desamparo de 8 bebés por cuidadora, de tener unas políticas de conciliación familiar-laboral miserables, de ausencia de ayudas familiares decentes, y evidentemente de haber creado una sociedad del malestar en la que según la OMS en el 2020 la depresión será la segunda enfermedad.

15. Y por supuesto, acuso a las mujeres de no escuchar su corazón ni su instinto, de haber sacrificado a sus hijos para que el sistema los devore (porque ellas ya lo estaban), de acceder a la maternidad y parto con muy poca información y por tanto con una actitud de niñas dóciles que delegan su papel en los demás, de no luchar o exiliarse de este injusto modelo económico ni siquiera dentro del hogar, sino de dirigir la rabia y frustración (consciente o no) contra sus hijos, insensibilizándose ante su llanto y llamadas nocturnas, de obsesionarse por el adiestramiento y las normas (que en el fondo les ayudan a ellas a tener una estructura y orden y a desculpabilizarse de su abandono real), y de centrar todas sus fuerzas en aspectos externos al hogar.

Estos 15 agentes han hecho que llevemos varias décadas con una crianza impregnada del espíritu light de Herodes: subestimar la importancia de satisfacer plenamente los instintos y necesidades de la infancia, y han creado una sociedad DES-MADRADA, no amorosa, no segura de sí misma, no empática con los demás, que es la causa del estado actual de la Tierra.

Afortunadamente esta situación nunca ha sido 100% generalizada y siempre ha habido pediatras, neurólogos, ginecólogos, comadronas, psicólogos, revistas, colegios y madres y padres disidentes de la crianza oficial, que han sufrido muchas burlas, incomprensiones y zancadillas sociales, pero que han mantenido la luz encendida para todos los que venían detrás con los ojos abiertos.

Ese modelo de desapego nos ha obligado a estudiar e informarnos en profundidad (a veces más que muchos profesionales), nos han obligado a citar continuamente a la OMS, a husmear en los estudios antropológicos, a entender el efecto del cortisol y la alteración de la amígdala, a comparar diferentes culturas, a conocer las ayudas de maternidad del norte de Europa, etc. Pero nos han hecho fuertes.

Y por ello, ha llegado la hora de dejar de justificar la crianza mamífera como preferencia caprichosa personal, y de trasmitir que es la única salida posible para el planeta. Y podemos gritar con orgullo que las evidencias científicas, el instinto, la historia del mundo, el corazón y la Ética están de nuestro lado.

Estamos en un NUEVO PARADIGMA que es el de la maternidad consciente, vocacional y amorosa en total consonancia con otras transformaciones sociales: alimentación más sana, respeto y preocupación por el medio ambiente, auge de las medicinas naturales y alternativas, energías verdes, nuevas formas de espiritualidad, etc.

La pregunta ahora no es qué tipo de crianza eliges, sino en qué tipo de mundo quieres vivir: en el actual de niños y padres separados, dominio de la adrenalina y la frustración, o en un mundo de oxitocina, amor, fusiones emocionales y bienestar.

La Política tendrá que hacer sus deberes y subir el PIB de ayudas a familias del 1’1% actual (en España) a más del 2% que es el nivel europeo, aumentar la baja de maternidad, fomentar la creación de espacios familiares, grupos de maternidad y ayuda mutua en el cuidado para compensar el aislamiento y soledad de tantas familias en nuestra sociedad, etc.

Pero las que verdaderamente debemos cambiar el estado de cosas y la mentalidad social somos nosotras: las propias mujeres.

La mujer que gesta y trae al mundo un hijo también gesta de alguna manera la sociedad. En su embarazo, parto, lactancia prolongada y apego con su hijo se gesta la salud física, emocional del niño, su capacidad de amar, de relacionarse con el mundo, su respeto a la vida, su alegría de vivir y su dignidad. Esto es sencillamente: PODER, y, para evitar que lo tengamos, han hecho todo lo posible por desapegarnos de nuestros hijos, ya que los humanos criados de esta manera son sabios y no comulgan con un modelo de sociedad basado en tantas mentiras e injusticias.

La lactancia es el acto más subversivo contra la sociedad actual: es gratuita, crea hijos sanos y felices, colmándoles el estomago, el corazón, los chakras y el alma. En la lactancia hay una parte que todavía no nos han explicado y es la LACTANCIA CUÁNTICA, la unión entre el bebé y el Universo a través de la madre. La lactancia es la alquimia de la vida y es la transmisora del conocimiento ancestral de millones de mujeres a través de una cadena energética de amor. Por ello, hay que defenderla, normalizarla y apoyar su uso como medida prioritaria.

Ahora parece que somos pocos, como una insignificante ola en medio del océano, pero seremos millones, y esa ola se convertirá en un tsunami que cuando llegue a la costa arrasará el Sistema. Los nuevos tiempos nos acompañan.

Otro mundo es imprescindible y está al alcance de la mano con tan sólo tres requisitos: oxitocina, apego y conciencia.

Otra crianza y otro mundo es posible. Mis 15 razones

Impedir el regreso del crecimiento


Miguel Valencia - Ecomunidades

Para frenar la tala industrializada de árboles en bosques y selvas; frenar la muerte de los mares, los ríos, los lagos, las lagunas, los humedales; proteger a la vida silvestre; frenar la destrucción de los suelos; reducir la contaminación del aire; frenar el desastre ecológico que destruye rápidamente los dones de la Naturaleza. Para hacer frente al cambio climático.

Para reducir la violencia del Pico del Petróleo Para moderar la miseria que atormenta a más de la mitad de la población. Para frenar la violencia, el militarismo, la represión y el autoritarismo. Para reducir el consumismo, el despilfarro de alimentos, el mal uso del agua y el excesivo consumo de energía. Para frenar la expulsión de indígenas, campesinos y vecinos arraigados en sus comunidades. Para reducir la desaparición de culturas milenarias, saberes de subsistencia y tradiciones. Para recuperar la autonomía de las comunidades y las regiones; defender las riquezas naturales y culturales de nuestro pueblo, ejido, barrio o colonia.

Para reducir la importancia de los medios de comunicación, de la publicidad y la mercadotecnia. Para debilitar a las mafias políticas y económicas; para fortalecer la democracia directa. Para reducir los suicidios, las depresiones y las alteraciones mentales. Para recuperar nuestras buenas relaciones con la Naturaleza; recuperar un buen equilibrio mental y emocional. Para reducir la violencia contra los animales. Para aumentar la producción de alimentos sanos y objetos duraderos. Para reducir la producción de residuos sólidos, tóxicos o peligrosos; reducir la producción de basura. Para desalentar la producción de transgénicos y de productos con nanotecnología Para reducir el uso del automóvil, del avión y de los trenes rápidos; para frenar el consumo de papel, de plástico y de metales.

Para darle mayor plenitud a la vida humana; para fortalecer la convivencia humana. Para reducir nuestra dependencia del Estado y del Mercado; de la centralización de poder, de la concentración del dinero en pocas manos, de la tiranía de la Economía y de las trampas de la Tecnociencia. Para favorecer la elevación espiritual, la cultura y el arte; para favorecer la artesanía, el buen uso del suelo, del agua y del aire y la buena vida: la vida digna.

¡DESCRECIMIENTO! PARA SALIR DE LA TIRANÍA DE LA ECONOMÍA

Casilda Rodrigáñez: El asalto al Hades


La maternidad no sólo fue el sustrato emocional del apego y de la formación del núcleo humano, sino el estímulo para el despliegue de la artesanía y de la cultura en todas sus formas. Un despliegue directa e inmediatamente destinado a procurar el bienestar de los miembros del grupo, y no para acumular propiedad, éxito, títulos que aproximen al arquetipo del triunfador, o cualquier forma de Poder. Las técnicas y las artesanías de las primeras civilizaciones humanas estaban al servicio del bienestar de la vida cotidiana.

Podemos por ello considerar que la líbido femenino-materna es el talón de Aquiles del sistema, la grieta más amenazante, el monstruo más temible a lo largo de los siglos, que por ello ha sido objeto de satanización en todas las culturas patriarcales.

Y lo que el arte llamado pre-histórico ensalza y representa simbólicamente con las figuras de mujer, no es otra cosa que esa pasión, ese deseo femenino-materno que fue el origen de la cultura y de la sociedad humana, y que luego fue objeto de la represión más inexorable por parte del Poder patriarcal.

La humanidad es una especie neoténica, es decir, una especie cuyas criaturas nacen antes de que su formación llegue a término; y salen del útero materno sin tener el esqueleto óseo, el sistema digestivo e inmunológico, así como los sentidos, preparados para la vida autónoma en el exterior. Esto aumenta la importancia del periodo exterior de simbiosis, cuya primera etapa no se puede llamar propiamente ‘crianza’ sino extero-gestación.

Por ejemplo, la succión de los calostros maternos, que contienen dosis altísimas de inmunoglubilinas, asi como la primera leche materna, con el fín de asegurar las defensas de la criatura al salir a un medio bacteriano exterior, para el que su sistema inmunológico no ha generado todavía anticuerpos adecuados (mientras que estaba en el útero materno los recibía de la madre).Tanto fisiológica como psíquicamente, la criatura recién nacida requiere del regazo materno (y su ausencia es percibida psicosomáticamente como una amenaza de muerte); y si no se perturba el nacimiento, el bebé busca el pezón y se pone a succionar, con la misma sabiduría que las tortuguitas que salen de los huevos enterrados en la arena de las playas, se van corriendo al mar, sin que nadie se lo indique. Por sabiduría filogenética, por el continuum, el acoplamiento de la simbiosis externa se produce sin problemas, gracias al estado sexual de ambos simbiontes, y siempre y cuando no se produzcan interferencias graves o prolongadas.

El nacimiento neoténico propició el asentamiento y el desarrollo de las primeras artesanías entorno al fuego, frente al nomadismo; y perfeccionó la organización de ayuda mutua, la urdimbre y la trama de un tejido social que se hizo firme y resistente.

El apego de las hembras de cualquier mamífero que se produce para el cuidado y la conservación de la vida de su especie, tiene que estar a la altura de las necesidades. Cuanto mayor indefensión y peligro, mayor estímulo sexual, mas capacidad creadora, mayor agilidad intelectual y neuromuscular tiene que tener la hembra mamífera para conservar su prole. Al igual que las canguros tienen bolsas para llevar a sus crías, o los monos manos contráctiles para agarrarse a las madres que saltan de rama en rama, en los humanos se produce un intenso deseo y pasión, que de golpe convierte el cuidado de la vida de las criaturas en una prioridad absoluta, por encima de cualquiera de las demás actividades; un deseo y pasión que estimulan y despliegan todas las capacidades humanas al servicio de su conservación y bienestar.

Se llama ‘ginecogrupo’ a los primeros núcleos humanos, para indicar su formación en torno a las madres con sus proles; también se emplea el término de ‘matrifocal’ para calificar los grupos humanos pre-patriarcales. Dicho de otro modo, el núcleo humano no se formaba, como ahora, a partir de la pareja heterosexual, porque dicha pareja no era estable ni producía estabilidad. El apareamiento era un acto sexual puntual. Por eso no se han encontrado figuras ni dibujos del Paleolítico o del Neolótico que representen escenas de apareamiento o de parejas de hombres y mujeres, y en cambio tenemos la proliferación mencionada de figuras de mujer, gestando, pariendo y amamantando.

Extraído de 'El asalto al Hades' de Casilda Rodrigáñez.

Web de Casilda Rodrigáñez

Paul Ariès: decrecimiento o barbarie


El reto actual es « decrecimiento o barbarie ».

De Paul Ariès, director de « sarkophage », redactor de « La Decroissance ». Las virtudes del capitalismo se agotan. Hay que salir de las lógicas productivistas, incluso las corregidas por el capitalismo verde. Y ponernos límites.

En la Nouvelle Ecologie politique, Jean-Paul Fitoussi y Eloi Laurent tienen el mérito de tomar nota de una ruptura en proceso de finalización, en el seno de las izquierdas europeas, de todo lo relacionado con el debate sobre el decrecimiento y el consumo. Las diferentes familias del progresismo europeo se están dando cuenta de que, mientras no articulen la ecología y lo social, o al menos las presiones medioambientales, la necesidad de justicia social y la necesidad de reconocimiento, ningún proyecto nuevo podrá formarse en su seno. No nos engañemos : el estancamiento teórico de las izquierdas contemporáneas no se explica con una cuestión de dispositivo o de elección de candidatos, sino con un retraso doctrinal. Fitoussi y Laurent obligan precisamente a la familia progresista europea a concebir la refundación como un gesto teórico, como la imaginación prospectiva de un nuevo modelo de sociedad.

La izquierda y la derecha tienen sin duda un punto en común. Comparten un balance espantoso en materia de medio ambiente. Son las dos opciones opuestas de un mismo sistema, en adelante atascado, que ha saqueado la naturaleza para alimentar la máquina productivista. Lo cierto es que la derecha, bajo la influencia sobretodo del mundo de los negocios, ha querido formular con la ideología del desarrollo sustentable un comienzo de respuesta a su vacio teórico. Así, el paso de una ecología denunciadora y culpabilizante a una ecología « reparadora » figura entre las prioridades teóricas de la derecha. La izquierda, en cuanto a ella, permanece en un barbecho teórico.

Pero, si defender a los autores de la Nouvelle Ecologie politique no me parece convincente, es esencialmente porque se ejerce en el seno del paradigma productivista. Fitoussi y Laurent afirman por ejemplo que no existe limite a la extensión indefinida del capitalismo. Aunque piense como ellos que hay que desconfiar de los escenarios catástrofe, habiendo hecho prueba el capitalismo a lo largo de su historia de su gran capacidad de « resistencia », el proyecto que defienden los autores de un « capitalismo verde » me parece en cambio una monstruosidad ecológica, social y humana. Una monstruosidad que significaría firmar un cheque en blanco a las lógicas productivistas responsables de la catástrofe actual y que conduciría a adaptar el planeta y los seres humanos a las necesidades de la economía…

Ante todo, Fitoussi y Laurent se equivocan al acreditar principalmente al capitalismo un desarrollo considerable del nivel de vida. Esta aserción, de aspecto verósimil, viene a ser como si la sociedad capitalista fuera simplemente una sociedad donde se consumiría más que en las otras. Ahora bien, la esencia de la sociedad de consumo está en otra parte : su principio secreto hay que buscarlo del lado de lo que los Griegos antiguos llamaban el hybris, la exageración, el culto a lo ilimitado. Para entender esta ilimitación, Fitoussi y Laurent deberían haber pensado en términos de estilos de vida, y no de niveles de vida. Porque el reproche supremo que se puede formular contra nuestro modelo de consumo es el de haber provocado una ruptura social sin precedentes, dislocando las culturas populares tradicionales.


Ademas, los autores de la Nouvelle Ecologie politique, visiblemente no han entendido el sentido de las criticas enunciadas por los adeptos al decrecimiento. No han entendido sus reservas respecto al axioma « crecentista » de la sociedad de consumo, que dice que « más » equivale forzosamente a « mejor ». El calentamiento climático y el agotamiento de recursos –sobretodo petroleros- nos obligan a reconciliarnos con la capacidad de ponernos límites.

Por último, Fitoussi y Laurent se indignan ante el retorno del malthusianismo atribuyéndolo erroneamente a los campeones del decrecimiento. No ven la diferencia esencial que separa una posición antiproductivista de una posición malthusiana. Sin duda, reconozco como ellos los numerosos beneficios del capitalismo, sobretodo su contribución benefica al refuerzo de la dinámica democrática. Salvo que las virtudes positivas del capitalismo se están agotando. Hoy abordamos un ciclo donde la alternativa se presenta en los siguientes terminos : « decrecimiento o barbarie ». En última instancia, si el decrecimiento se impone, es porque después de haber mermado las identidades colectivas estructurales, la sociedad de consumo, conforme con una predicción de Alvin Toffler en el Choc du Futur, está machacando ahora las identidades individuales, hasta la consistencia del ser humano, como muestran los trabajos del filósofo Dany Robert-Dufour.

Traducido por el equipo de traducción del decrecimiento

Artículo original:L’enjeu actuel, c’est «décroissance ou barbarie»

Capture d'écran Dailymotion (Paul Ariès)
Dans la Nouvelle Ecologie politique (1), Jean-Paul Fitoussi et Eloi Laurent ont le mérite de prendre acte d'une rupture en cours d'achèvement, au sein des gauches européennes, pour tout ce qui a trait au débat sur la croissance et la consommation. Les différentes familles du progressisme européen sont en train de s'aviser que, tant qu'elles n'articuleront pas l'écologie et le social, ou encore les contraintes environnementales, le besoin de justice sociale et le besoin de reconnaissance, aucun nouveau projet ne pourra prendre forme en leur sein. Ne nous y trompons pas : l'impasse théorique des gauches contemporaines ne s'explique pas par une question d'appareil ou de choix de candidats, mais par un retard doctrinal. Fitoussi et Laurent obligent justement la famille progressiste européenne à concevoir la refondation comme un geste théorique, comme l'imagination prospective d'un nouveau modèle de société.

La gauche et la droite ont certes un point commun.
Elles partagent un bilan effroyable en matière d'environnement. Elles sont les deux options concurrentes d'un même système, désormais dans l'impasse, qui a pillé la nature pour nourrir la machine productiviste. Reste que la droite, sous l'impulsion notamment des milieux d'affaires, a voulu formuler avec l'idéologie du développement durable un début de réponse à sa lacune théorique. Ainsi, le passage d'une écologie dénonciatrice et culpabilisatrice à une « écologie réparatrice » figure parmi les priorités théoriques de la droite. La gauche, elle, reste en jachère théorique.


Mais, si le plaidoyer des auteurs de la Nouvelle Ecologie politique ne me semble pas convaincant, c'est essentiellement parce qu'il se déploie à l'intérieur du paradigme productiviste. Fitoussi et Laurent affirment par exemple qu'il n'existe pas de limite à l'extension indéfinie du capitalisme. Même si je pense comme eux qu'il faut se méfier des scenarii catastrophes, le capitalisme ayant montré plus d'une fois dans son histoire sa grande capacité de « résilience », le projet que défendent les auteurs d'un « capitalisme vert » m'apparaît en revanche comme une monstruosité – écologique, sociale et humaine. Une monstruosité qui revient à signer un blanc-seing aux logiques productivistes responsables de la catastrophe actuelle et qui conduirait à adapter la planète et les humains aux besoins de l'économie…

Tout d'abord, Fitoussi et Laurent ont le tort de porter principalement au crédit du capitalisme un développement considérable du niveau de vie. Cette assertion, qui a une allure de vraisemblance, revient à faire comme si la société capitaliste était simplement une société où l'on consommait plus que dans les autres. Or, l'essence de la société de consommation est ailleurs : son principe secret est à chercher du côté de ce que les Grecs anciens ont appelé l'hybris, la démesure, le culte de l'illimité. Pour saisir cette illimitation, il aurait fallu que Fitoussi et Laurent pensent en termes de styles de vie, et non de niveaux de vie. Car le reproche suprême que l'on peut formuler à l'encontre de notre modèle consommatoire, c'est d'avoir suscité une casse sociale sans exemple, en disloquant les cultures populaires traditionnelles.

En outre, les auteurs de la Nouvelle Ecologie politique n'ont visiblement pas compris le sens des critiques énoncées par les partisans de la décroissance. Ils n'ont pas compris leurs réserves à l'égard de l'axiome « croissanciste » de la société de consommation, qui veut que « plus » équivaudrait forcément à « mieux ». Le réchauffement climatique et l'épuisement des ressources – notamment pétrolières – nous enjoignent de renouer avec la capacité de nous donner des limites.

Enfin, Fitoussi et Laurent s'indignent d'un retour du malthusianisme en l'attribuant à tort aux champions de la décroissance. Ils passent à côté de la différence essentielle qui sépare une position antiproductiviste d'une position malthusienne. Certes, je reconnais avec eux les nombreux bienfaits du capitalisme, et notamment sa contribution salutaire au renforcement de la dynamique démocratique. A cela près que les vertus positives du capitalisme sont en train de s'épuiser. Aujourd'hui, nous entamons un cycle où l'alternative se présente en ces termes : « décroissance ou barbarie ». En dernier ressort, si la décroissance s'impose, c'est parce que, après avoir laminé les identités collectives structurantes, la société de consommation, conformément à une prédiction d'Alvin Toffler dans le Choc du futur (2), est en train de broyer désormais les identités individuelles, et jusqu'à la consistance du sujet humain, comme le montrent les travaux du philosophe Dany Robert-Dufour.

* La Nouvelle Ecologie politique, Seuil, 2008, 122 p., 11,50 ..
* *Auteur de Décroissance : un nouveau projet politique (Golias, 2007).
(1) Seuil, 2008.
(2) Denoël, Paris, 1971 (réédition Gallimard, 1987).

Cette tribune sera publiée dans le i[Marianne
du 1er novembre, dans la rubrique «Forums».]i

Samedi 01 Novembre 2008 - 10:24
Paul Ariès

Retrouvez moi : http://monmulhouse.canalblog.com/

Vandana Shiva: Los transgénicos no evitan el hambre



Diagonal: ¿Cómo ha afectado el cultivo de jatrofa (pequeño arbusto oleaginoso para agrocombustibles) en la crisis alimentaria?

Vandana Shiva: En la India dicen que la jatrofa sólo se promueve en zonas tan áridas que no podría plantarse otra cosa, así que supuestamente no amenaza la seguridad alimentaria. Pero eso no es cierto. Desde Navdanya hemos elaborado un estudio que analiza los grandes cultivos de jatrofa en los estados de Maharashtra, Rajastán, Chhattisgarh que demuestran que estos cultivos están desencadenando una crisis alimentaria en la zona, además de un problema de acceso a la tierra. En el estado de Rajastán están modificando las leyes para convertir tierras comunales, tradicionalmente de pastoreo, en cultivos de jatrofa. Hemos hechos un estudio que demuestra que la toxicidad de esta planta se extiende por el aire. El objetivo en la India es plantar 11 millones de hectáreas de una planta tóxica, lo que significa que estás dejando esa tierra desertizada. Además, la jatrofa representa un riesgo para los niños, que cogen los frutos, se los comen..., algunos se ponen enfermos o mueren. Es un sistema absurdo, tenemos más de 200 tipos de árboles y arbustos oleaginosos que podrían proveer energía localmente sin poner en peligro la seguridad alimentaria.

D.: Las industrias de la biotecnología afirman que los transgénicos han ayudado a aumentar la productividad en países como China o la India, mitigando los efectos de la crisis alimentaria.

V.S.
: El único cultivo modificado genéticamente que tenemos en la India es el algodón BT. La gente no se come el algodón: lo usa para vestirse. Es muy característico de la industria de la biotecnología hacer asociaciones absurdas y llamarlo ciencia. Otra manipulación son las cifras de las exportaciones. En realidad India está exportando a costa de su industria local porque el 80% del algodón va a China, donde hacen ropa barata para la India, para España, para vender aquí y allá. Mientras, nuestros campesinos se suicidan por el precio de las semillas de algodón modificadas genéticamente. El algodón BT no sólo no aumenta la productividad sino que además es mucho más caro. Las semillas tradicionales de algodón costaban siete rupias por kilo, mientras que el de algodón BT cuesta 17.000 rupias. Además se supone que estas semillas están modificadas para controlar plagas, pero lo cierto es que crean otras nuevas, lo que conlleva un incremento del 30% en el uso de pesticidas. Y estos son datos recogidos en el campo, basados en los campesinos, no en los informes que los altos ejecutivos de Monsanto ojean desde su despacho en Londres o Bonn. Las exportaciones de algodón en la India han caído un 50% ¿y todas las grandes multinacionales de la agroindustria habrán perdido también un 50%? No. Porque el comercio y la producción ya no están relacionadas, por eso hay una crisis alimentaria. Han sido estas multinacionales las que nos han llevado a la crisis alimentaria, las que han especulado, las que no han dejado que la comida fuera accesible para las personas. El cultivo de algodón BT se está extendiendo tanto porque Monsanto se asegura de que no exista otro tipo de semillas, destruye cualquier suministro alternativo. Presionan a instituciones y gobiernos para que dejen de cultivar, de conservar, así que no existe ningún banco público de semillas. Además, engañan a los campesinos para que no intercambien semillas. Les ofrecen una variedad nueva con promesas de alto rendimiento y dinero y el campesino acepta, pero no se da cuenta de que Monsanto ha hecho lo mismo en cada pueblo, en cada Estado, hasta que de pronto hay grandes áreas que dependen del algodón BT de Monsanto.

Realmente, no es algo que esté basado en la elección de los campesinos sino en destruir su capacidad de elegir. En la India, en los lugares en los que se cultiva el algodón BT es donde el índice de suicidios es más alto. Más de 200.000 campesinos se han suicidado en los últimos 10 años.

D.: La mujer, a pesar de ser la guardiana de la biodiversidad, es la que más sufre las consecuencias de los cultivos transgénicos.

V.S.: Desde que las semillas están en manos de las mujeres, se convierten en sus guardianas y no hay ni muertes, ni suicidios. La globalización amenaza a las mujeres con cargas muy sangrantes. La primera es el asunto de los suicidios de los hombres. Mientras las mujeres se quedan en el campo, los hombres visitan las ciudades y se encuentran a los agentes de la compañía de semillas que les dicen “usa esta semilla milagrosa que te va a hacer rico”. En estas semillas no hay ninguna etiqueta que te diga que eso es ingeniería genética, así que tras dos años cultivándolas el campesino ha contraído una deuda tan grande que va a perder su tierra. Y es justo ese día cuando se bebe el pesticida. Entonces alguien encuentra el cuerpo y le dice a la mujer: “Tu marido está tirado en el suelo junto a una botella de pesticida”. Y en ese momento los agentes de las empresas de semillas, los nuevos prestamistas, empiezan a visitar la casa para cobrar la deuda. Las cargas más terribles de la globalización recaen sobre la mujer que, además, nunca ha participado en la toma de sus decisiones.

Entrevista a Vandana Shiva en el periódico Diagonal

Decrecimiento económico

Frente a lo que nos quieren hacer creer, la economía real no se desmaterializa, la brecha entre ricos y pobres no se reduce, el deterioro ambiental no se frena. Todo lo contrario. La única utopía para sacarnos de este auténtico atolladero planetario es la de una genuina sostenibilidad, basada en el decrecimiento.


Es muy difícil en los tiempos de consumismo desaforado y obsesión por el enriquecimiento personal abogar por un modelo de desarrollo que pivote en no seguir creciendo, mantener hábitos austeros y ralentizar el ritmo asfixiante de expolio de la naturaleza. El discurso dominante nos intenta persuadir que la “ecoeficiencia”, el “desarrollo sostenible” y la innovación tecnológica pueden lograr el milagro de los panes y los peces de continuar creciendo en un planeta finito, solo a base de poner algunos frenos a la ineficiencia y al despilfarro. Es hora de que los movimientos sociales más lúcidos se den cuenta de la falacia y del error: el incremento continuado del Producto Interior Bruto, la mayor generación de bienes y servicios, la acumulación constante del capital, es una perspectiva rechazable por más que intente disfrazarse de “amigable” con el medio natural y sostenible. Como reconoce Susan George, “cada 25 años la economía mundial se duplica; hay que terminar con esa idea de crecer sin parar o acabaremos con el planeta: sencillamente este sistema es insostenible”.

Con la teoría productivista, que afirma que la cantidad de recursos naturales requerida por unidad de producto disminuye con el progreso técnico, los economistas proclaman una “desmaterialización” de la producción que no es cierta. La extracción de materias primas sigue imperturbable, con el petróleo como hito, y el crecimiento demográfico y la expansión del comercio hacen trizas todos los propósitos de contener la degradación de la Tierra. Por otro lado, el Calentamiento Global repercute sobre todos los países y en mayor medida en los que menos responsabilidad tienen en el incremento del efecto invernadero: los países pobres o mejor dicho “desposeídos”.

El aumento general de la brecha entre pobres y ricos contradice también la dudosa teoría según la cual el crecimiento económico es capaz de reducir las desigualdades y de reforzar la cohesión social. De los 6.500 millones de personas que habitan el planeta, mil millones siguen estancadas en la miseria, el hambre y la pobreza. Son los desposeídos que no tienen nada y que sobreviven con menos de un dólar al día. Forman lo que Paul Collier llama “el club de la miseria”. Mientras que la ola expansionista de los últimos años (veremos lo que pasa en la situación de desaceleración actual) ha conseguido mejorar rentas a muchos países “en vías de desarrollo”, África y parte de Asia han sufrido el empeoramiento de sus condiciones de vida, con estados calificados como fallidos. La combinación de lo que Kormondy llamaba las tres “p”, pollution, population y poverty, es decir, contaminación, crecimiento demográfico y pobreza, ha degradado su situación social y ambiental, alejándoles de los intercambios monetarios y comerciales.

Muchos de ellos padecen la llamada “maldición de los recursos”, o sea, países que con gran riqueza de recursos naturales no despegan, profundizando su atraso económico, la corrupción y la exclusión social. Es el caso de Nigeria y Guinea (petróleo) o de Sierra Leona (diamantes). Es un círculo vicioso, en el que la pobreza causa mal gobierno y el mal gobierno causa pobreza: una inercia terriblemente difícil de romper. Padecen la “globalización de la pobreza”, lo contrario del desarrollo y el progreso, o sea, la regresión y la primitivización.

Extraído de: Decrecimiento económico. Daniel López Marijuán.

Nicolas Ridoux: Por una vida más frugal


La filosofía del 'decrecimiento' reivindica que debemos trabajar menos para vivir mejor. Propone una crítica constructiva y pluridisciplinar que ponga en cuestión la búsqueda obsesiva del "cada vez más".


En el origen de la grave crisis actual hay una nueva manifestación de la desmesura, de la búsqueda infinita de omnipotencia. Las empresas y entidades financieras han estado persiguiendo obtener unos beneficios en crecimiento perpetuo. En esta búsqueda incesante del "cada vez más", los mercados existentes no bastaban, y hubo que crear mercados incluso donde no existían. Las consecuencias de todo ello en la economía real serán por desgracia de amplio alcance, y afectarán especialmente a los más débiles. Como consecuencia de esta crisis, la mayoría de nuestros dirigentes, antes neoliberales, de repente parecen haber descubierto a Lord Keynes. Pues bien, ¿qué es lo que Keynes nos dice? "La dificultad no es tanto concebir nuevas ideas como saber librarse de las antiguas".

Eso es lo que pretende el movimiento del "decrecimiento", que propone una crítica constructiva, argumentada, pluridisciplinar, de rechazo de los límites que constriñen nuestras sociedades contemporáneas, para así poder liberarnos de ese "cada vez más". La filosofía del decrecimiento trata de explicar que en muchas ocasiones "menos es más".

¿Qué es exactamente lo que está ocurriendo en nuestros días? No estamos padeciendo una crisis sino un conjunto de ellas: crisis ecológica (energética, climática, pérdida de la biodiversidad, etcétera); crisis social (individual y colectiva, aumento de las desigualdades entre las naciones y en el seno de las mismas, etcétera); crisis cultural (inversión de valores, pérdida de referentes y de las identidades, etcétera); a lo que ahora se añade la doble crisis financiera y económica. Todas ellas no son crisis aisladas, sino más bien el resultado de un problema estructural, sistémico: cuyo origen está en la desmesura, en la búsqueda obsesiva del "cada vez más".

¿Qué se puede decir sobre la crisis económica desde el punto de vista de quienes somos "objetores al crecimiento"? Que nadie se equivoque, porque decrecimiento no es sinónimo de recesión. Tal como escribí hace más de dos años: "No hay que elegir entre crecimiento o decrecimiento, sino más bien entre decrecimiento y recesión. Si las condiciones ambientales, sociales y humanas impiden que siga el crecimiento, debemos anticiparnos y cambiar de dirección. Si no lo hacemos, lo que nos espera es la recesión y el caos".

Ahora hemos entrado en recesión, pero que nadie se confunda, no en una sociedad de "decrecimiento". Para empezar, no hemos cambiado nuestra organización social, y en la actual organización todas las instituciones y mecanismos redistributivos se nutren de la idea del crecimiento. En una sociedad así, cuando el crecimiento falta, la situación es inevitablemente dramática. El decrecimiento es algo totalmente distinto. Significa crecer en humanidad, esto es, teniendo en cuenta todas las dimensiones que constituyen la riqueza de la vida humana.

El decrecimiento no es un crecimiento negativo, ni propugna tampoco una recesión ni una depresión; sería ridículo tomar nuestro sistema actual y ponerlo del revés y de esa manera intentar superarlo. El decrecimiento supone que debemos desacostumbrarnos a nuestra adicción al crecimiento, descolonizar nuestro imaginario de la ideología productivista, que está desconectada del progreso humano y social. El proyecto del decrecimiento pasa por un cambio de paradigma, de criterios, por una profunda modificación de las instituciones y un mejor reparto de la riqueza.

Es claro que el crecimiento económico pretende aliviar la suerte de los más desfavorecidos sin tocar demasiado las rentas de los más ricos, para no enfrentarse a su reacción política. En ese sentido, el decrecimiento pasa necesariamente por una redistribución (restitución) de la riqueza.

En un mundo de recursos limitados, las cosas no pueden crecer de manera indefinida. Por eso, "la objeción al crecimiento" habla de la necesidad de compartir, el regreso de la sobriedad, en particular para aquellos que sobreconsumen. Hacemos nuestras estas palabras de Evo Morales, presidente de la República de Bolivia, que el 24 de septiembre de 2008 afirmó en la Asamblea General de las Naciones Unidas: "No es posible que tres familias tengan rentas superiores a la suma de los PIB de los 48 países más pobres (...) Estados Unidos y Europa consumen de media 8,4 veces más que la media mundial. Es necesario que bajen su nivel de consumo y reconozcan que todos somos huéspedes de una misma tierra".

Hay que acabar con la idea de que "el crecimiento es progreso" y la condición sine qua non de un desarrollo justo. El crecimiento es adornado por sus defensores con todas las virtudes, por ejemplo en materia de empleo. Sin embargo, como dijo Juan Somavia, director general de la OIT, en su informe de enero de 2007: "Diez años de fuerte crecimiento no han tenido más que un leve impacto -y sólo en un pequeño puñado de países- en la reducción del número de trabajadores que viven en la miseria junto con sus familias. Así como tampoco ha hecho nada por reducir el paro". En efecto, los beneficios empresariales han sido tan enormes que ni siquiera un crecimiento fuerte ha podido crear empleo, de ahí la persistencia del paro. La recesión agrava brutalmente este problema. Pero es ilusorio pensar que, para que todo el mundo tenga trabajo, lo que hay que hacer es restaurar el crecimiento económico y aumentar cada vez más las cantidades producidas; esta sobreproducción no tiene ningún sentido, no consigue el pleno empleo y, encima, compromete gravemente las condiciones de supervivencia del planeta.

Volvamos a Keynes, aunque no el que relanza las economías desfallecientes gracias a la intervención del Estado, sino al que escribía en sus Perspectivas económicas para nuestros nietos (1930) que sus nietos (es decir, nuestra generación) deberían liberarse de la coacción económica, trabajar 15 horas semanales y tender a una mayor solidaridad que permitiese compartir el nivel de producción ya alcanzado. No hacerlo así, según él, nos llevaría a caer en una "depresión nerviosa universal".

La filosofía del decrecimiento hoy dice que debemos trabajar menos para vivir mejor. No tener la mira puesta en el poder adquisitivo (que a menudo es engañoso y reduce al hombre a la única dimensión de consumidor), sino buscar el poder de vivir. Se trata de cambiar la actual organización de la producción y repartir mejor el trabajo: utilizar los beneficios obtenidos para que todos trabajen moderadamente y todas las personas tengan un empleo. Esta reorganización debe ir acompañada de una revisión de las escalas salariales. No es aceptable que algunos empresarios ganen varios centenares o miles de veces más el salario de sus propios trabajadores.

Reducir la cantidad de trabajo permitiría asimismo que pudiésemos llevar una vida más equilibrada, que nos realizáramos a través de cosas que no sean la sola actividad profesional: vida familiar, participación en la dinámica del barrio, vida asociativa, y también actividad política, práctica de las artes...

Un modo de vida más frugal, que se tomara en serio los valores humanistas y tuviese en cuenta la belleza, conduciría a producir menos pero con mejor calidad. Una producción de calidad pide habilidad y tiempo, y ofrecería empleos numerosos y más gratificantes. Supone no recurrir sistemáticamente a la potencia industrial (exige sobriedad energética) lo cual mejoraría la necesidad de fuerza de trabajo (como se observa al comparar la agricultura intensiva, muy mecanizada, gran consumidora de petróleo pero parca en mano de obra, con la agricultura biológica). De esta manera, quizá también se pudiese equilibrar mejor trabajo intelectual y trabajo manual, y combatir al mismo tiempo la epidemia de obesidad que padecen nuestras sociedades demasiado sedentarias.

Devolver el protagonismo a la persona, restaurar el espíritu crítico frente al modelo dominante del "cada vez más" y abrir el debate sobre nuestra forma de vivir y sus límites, saber tomarse tiempo para mantener una relación equilibrada con los demás, ése es el camino que propone la filosofía del decrecimiento. Se trata de sustituir el crecimiento estrictamente económico por un crecimiento "en humanidad". Es una tarea estimulante, un desafío que merece la pena intentar.

Nicolas Ridoux es autor de Menos es más. Introducción a la filosofía del decrecimiento (Los Libros del Lince).

Artículo publicado en El País 'Por una vida más frugal'

El decrecimiento sostenible: hacia una economía saludable


La crisis ecológica revela, ante todo, el callejón sin salida político, cultural, filosófico y espiritual en el que ha caído nuestra civilización. La guerra que libran nuestras sociedades ‘modernas’ contra la Tierra es el reflejo de la guerra que libran los países ricos contra su conciencia.

Condicionado por la ideología del consumo y prisionero de la fe ciega en la ciencia, nuestro mundo busca una respuesta que no contravenga su deseo en crecimiento exponencial de objetos servicios sin perder la buena conciencia.

El concepto ético de ‘desarrollo sostenible’ ha respondido inicialmente a esta esperanza. Pero el término debe volver a su sitio, es decir, el de los tópicos trillados.

Cada vez que aportamos una respuesta inadecuada a un problema lo amplificamos globalmente, aunque en apariencia nos proporcione un alivio pasajero. Si las soluciones técnicas son importantes, nuestro deber es acomodarlas a nuestras opciones democráticas. Nada hay más humano que la búsqueda de sentido.

El decrecimiento sostenible y convivencial no permite hacer trampas. Nos impone mirar de frente la realidad y existir en todas nuestras dimensiones para tener capacidad de afrontar lo real y tratar los problemas.

Frente a los demoledores discursos sobre la mercantilización del mundo, las bestialización de nuestras existencias y la sumisión a las ideologías dominantes, nuestro planeta nos remite continuamente a una reflexión sobre la condición humana. De hecho la nave espacial biológica Tierra nos invita a vivir con plenitud nuestra humanidad.

Prólogo del libro ‘Objetivo decrecimiento’ escrito por Bruno Clémentin y Vicent Cheynet.