Palabras casi península

Julio García Camarero


Últimamente he hecho un interesante descubrimiento, el de algo que he dado en llamar “palabras casi península”. Resultan ser palabras que como las penínsulas geográficas terminan en un sufijo muy parecido a istmo… es decir en el sufijo –ismo… casi istmo. Podemos considerar dos clases de “palabras casi península”
 
a. “Palabras casi península” de acción o de actitud. Suelen ser palabras que vienen de la derivación de una determinada actitud o acción ante la vida, pero a las que se suele aplicar el sufijo –ismo. Podemos poner algunos ejemplos: consumo à consum-ismo; producciónà porductiv-ismo; autoà aut-ismo (muy poco utilizada, pero debería usarse más por que nos informa sobre dos características del aut-ismo o del de autista: obseso del coche, del auto, que deriva en una personalidad autista); etc.

En este tipo de palabras casi península de acción o de actitud, podemos describir, aunque sea brevemente, su comportamiento y características en algunos ejemplos.
Por ejemplo, el consumo podemos considerarlo como el abastecimiento y la asimilación de algún producto, físico o intangible, que es necesario para mantener una buena calidad de vida humana. Y el consumismo consiste en su correspondiente –ismo, significa un desorbitado consumo de cosas innecesarias el cual es, en la mayor parte de los casos, degradante de una adecuada calidad de vida humana.

Con las palabras producción y productiv-ismo sucede algo similar.

Producción es la generación de algún producto, físico o intangible, que es necesario para mantener una buena calidad de vida humana.

Productiv-ismo, es la desmesurada generación de productos innecesarios, el cual es, en la mayor parte de los casos, degradante de una adecuada calidad de vida humana.

b. “Palabras casi península” de inadecuada extensión ideológica. En otras ocasiones, significan (casi siempre engañosamente) un seguimiento, por parte de un grupo, movimiento social, partido, etc., de una ideología, de las ideas o conceptos, de algún autor, pensador, artista, literato, etc. Ejemplos: Marx à marx-ismo; Bakunin (teoría anarquista) à Bakunin-ismo o anarqu-ismo; Darwin àdarwin-ismo; Mathus à malthusian-ismo.
 
En general, se suelen presentar como una sana extensión hacia grandes grupos humanos de ideas o conceptos, de algún autor, pensador, artista, literato, etc.; pero en la mayoría de los casos (aunque no en todos o no en la totalidad) derivan en interpretaciones rígidas y sectarias verdaderos apéndices cancerosos y deformatorios de la célula madre de la que derivan en una metástasis muy dañina. Si conseguimos aislar a estos grupos peligrosos, conseguiremos algo parecido a lo que suele suceder con los pólipos cancerosos. Como, por ejemplo, sucedió con el mío, evité la quimioterapia. Si, pólipos cancerosos separados de las células madre sanas por el pedúnculo o istmo (y aquí sí que hay que hablar de istmo, que en lugar de unir separa) conseguimos que la enfermedad sea menos dañina y superable.

Estos ismos “ideologicos”muchas veces(no siempre) terminan con un sentido diametralmente opuesto al de la “célula madre”, es decir al pensamiento originario.
Dentro de las “Palabras casi península” de inadecuada extensión ideológica podemos analizar brevemente algunas de ellas.

Por ejemplo, en cuanto a Marx, su teoría fue una de las teorías sociales más interesantes de la historia de la humanidad porque se centraba fundamentalmente en la búsqueda del fin de la explotación del hombre por el hombre, en contra de la concentración capitalista de capital, la reducción de la jornada laboral, etc. Por el contrario el marx-ismo, sobre todo el puesto en marcha en la Unión Soviética, se lanzó, (aunque se autodenominaba marxista) en sentido contrario y opuesto a la idea de Marx. Un seudo-marxismo lanzado a un productivismo desmesurado y a la intensa explotación del obrero para poder aumentar la acumulación de capital dentro del Capitalismo de Estado. Y lo hizo imitando el modo de producción capitalista occidental, mediante un productiv-ismo estandarizante de cadena y posteriormente incorporando la nefasta “revolución verde” que gravitaba en torno a las grandes petroleras, y que produjo un sistemático deterioro de los ecosistemas de la Biosfera. Gracias a este mimetismo con el capitalismo occidental, la Unión Soviética se pudo incorporar al competitiv-ismo productivista en contra del bloque Occidental. 
 
En cuanto al ejemplo de Darwin, este autor descubrió e investigó de forma profunda e interesante la evolución de las especies vegetales, y sobre todo las animales, a través de su lucha competitiva por la supervivencia, en esta lucha sólo sobrevivían las más fuertes y sucumbían las más débiles y con mayor dificultad de adaptarse al medio ambiente. El Darwin-ismo (representado en buena parte por el nazismo, el fascismo, el franquismo, etc., de los años´30 y´40; y hoy en día por el neoliberalismo de ganadores y perdedores) de forma simplista planteó imitar esta cruel competitividad en la sociedad humana sin tener en cuenta dos circunstancias fundamentales:

a. En la ley de la selva no solo existe la competitividad, sino que incluso está más extendido el apoyo mutuo de diferentes especies y es extremadamente extendido el fenómeno de la simbiosis.

b. En cualquier caso, no hay porque obligatoriamente trasladar la ley de la selva a la sociedad humana. Ello solo nos conduce a planteamientos inhumanos. Y precisamente, el ser humano debe de diferenciase de los animales en su human-ismo. Y aquí, ahora, estoy utilizando un palabra casi península, human-ismo pero no lo hago en el sentido eufemístico, que cada vez es más utilizado por el neoliberalismo. Como por ejemplo el término de “ayuda humanitaria” cuando el belicismo neoliberal habla de “bombardeo humanitario de ciudades para salvar vidas”. 
 
Ya dije que no en todos los casos (aunque si en la mayoría) las palabras casi penínsulas son inaceptables. Pues bien, hay que aceptar que el ser humano, gracias a su inteligencia superior, puede llegar a superar en todos los casos la lucha por la subsistencia, sustituyéndola, en todos los casos, por el apoyo mutuo y la convivencialidad. 
 
Hay que recordar que esta desorbitada y mala interpretación del darwin-ismo, dio origen a las teorías nazis y fascismos y a holocaustos hitlerianos cuyo fin era el exterminio de todo aquel que no forma parte de una casta superior, “aria”, y sobre todo de los más débiles y minusválidos. Es decir, un darvinismo con una falta total de human-ismo. En este último caso (human-ismo) esta palabra casi península puede considerarse completamente admisible, aunque existan también malinterpretaciones.

Otro ejemplo es el de Ecología y ecolog-ismo.
El concepto de ecología es de lo más interesante si queremos seguir sobreviviendo en el planeta Tierra, puesto que la biosfera y sus ecosistemas son vulnerables y frágiles sobre todo si se simplifican con monocultivos y se contaminan con los derivados del petróleo y otras sustancias y a causa de la sobre población de la espacie humana. Y, motivados por este peligro y temor surgieron multitud de variantes de ecolog-ismos: unos bien informados; otros mal informados, otros mal intencionados (o al menos mal enfocados) y otros bien intencionados y bien informados.

Por no cansar, mencionare solo dos casos de ecolog-ismo:

a. El mal informado y mal intencionado que es el llamado eco-fasc-ismo, cuya base fundamental es la exterminación violenta y masiva del grueso de la población para evitar el deterioro del planeta, (solo cito aquí dos casos de dos premios Nobel de la Paz, los de Henry Alfred Kinssiger y Al Gore, no me extenderé en ellos porque que ya los traté con cierta extensión en mi libro: El decrecimiento feliz y el desarrollo humano i

b. El ecologismo no parcial, no exterminador y que considera importante un decrecimiento feliz y un desarrollo humano en lugar de su exterminación masiva. 
 
Se podrían analizar infinidad de casos de palabras casi península: anarqu-ismo, maltusian-ismo obrer-ismo, industrial-ismo, nacional-ismo, fundamental-ismo, futur-ismo, especial-ismo, etc. pero se haría muy largo el relato, en todo caso podría dar pié a un libro-monografía sobre el tema.

Y en conclusión, hay que decir que la importancia del lenguaje es vital, puesto que desde distintos puntos de vista, una sola palabra puede dar resultados, o bien, altamente satisfactorios, o sencillamente, si es mal empleada y tergiversada, dar unos resultados nefastos y asesinos. 
 
Las “palabras casi península” por su posibilidad de derivar en palabras rígidas y sectarias, religioso fundamentalistas y fanáticas pueden generar el asesinato o el suicidio colectivo. Aunque en esto sí que existen excepciones que confirman la regla aunque sea bastante raras.

Con todo esto no quiero decir que automáticamente haya que caer en el total rechazo (en todos los casos) de una palabra con el sufijo –ismo (o palabra casi península), pero sí que ante ellas se guarde un necesario recelo y prevención, porque, como he indicado, existe un alto riesgo de que nos conduzcan a un mundo sectario y fanático, a un mundo religioso e irracional, que confunda la parte por el todoii, o, incluso, pueda llegar a estancarse o adoptar posturas de rechazo del verdadero sentido de la palabra original, o palabra sin –ismo.


i Julio García Camarero, El decrecimiento feliz y el desarrollo humano, 2010, pags193-198.
ii Por ejemplo el fundamentalismo neoliberal, que piensa que todo y lo único que existe, o al menos el único objetivo de la sociedad debe ser el crecimiento económico, la acumulación de PIB. O el parcialismo seudo-marxista de la URSS para el que no existía nada más que la clase obrera (a la que confundía con el todo) olvidando y marginando al resto de la totalidad.

Los mitos de la producción y del crecimiento

Ecologistas en Acción - Cambiar la gafas para mirar el mundo

Es a los economistas franceses del siglo XVIII, conocidos como los Fisiócratas, a quienes debemos el concepto originario de producción.

La visión económica propia de los Fisiócratas se basaba en el funcionamiento del mundo físico. En aquel momento, se pensaba que en el planeta, minerales, animales y plantas aumentaban de forma continua siguiendo un proceso de generación y crecimiento ilimitado. La Tierra era el motor de la producción. La idea de que los materiales de la corteza terrestre se reproducían igual que los seres vivos, condujo a los Fisiócratas a considerar que el crecimiento económico ligado a la producción podía ser ilimitado, mientras no se degradasen o disminuyesen los bienes fondo que permitían que minerales, plantas y animales continuasen reproduciéndose.

Se instauró así la idea de sistema económico formado por un conjunto de procesos (producción, consumo y crecimiento), y se dio paso a desterrar la idea antigua de que la actividad mercantil era un juego de suma cero, en el que sólo era posible que alguien adquiera riqueza a costa de que otro la perdiera.

A comienzos del siglo XIX, con la economía constituida ya como la disciplina encargada de fomentar el crecimiento económico, los descubrimientos de la física y la química se encargaron de desmontar la idea del crecimiento físico perpetuo de los materiales de la biosfera. Esto obligó a que los economistas de la época (los economistas clásicos) aceptaran, aunque fuese de mala gana, la existencia de límites. Para los economistas clásicos, el aumento perpetuo de la producción y de los consumos de materias y recursos se convirtió en algo imposible a largo plazo si los recursos abióticos no aumentaban.

Paralelamente, los economistas clásicos comenzaron a dar un peso creciente al trabajo como factor de producción, en detrimento del factor tierra. Con la preponderancia del trabajo, la naturaleza fue perdiendo relevancia dentro del sistema económico, a pesar de que representaba tanto los recursos materiales disponibles, como las funciones que realizan los ecosistemas (producción de la fotosíntesis, regulación del ciclo del agua, dinámica de las cadenas tróficas, etc.)

Pero finalmente serían los economistas de finales del XIX y principios del XX, los economistas neoclásicos, cuyas ideas continúan plenamente vigentes y son dominantes en la actualidad, los que se encargarán de completar el mito de la producción, desvinculándola del mundo material.

El cambio que promueven los economistas neoclásicos se produce por la convergencia de tres diferentes fenómenos. En primer lugar, se traslada la idea de sistema económico (con sus piezas: producción, consumo y crecimiento) al campo del mero valor monetario. En segundo lugar se impone la idea de que tierra y trabajo son sustituibles por capital, lo que permite ignorar el mundo físico.

En tercer lugar, se recorta el concepto de objeto económico. Únicamente merece la consideración de objeto económico el subconjunto de la realidad susceptible de apropiación efectiva por parte de los agentes económicos, que tiene un valor monetario de cambio asociado y puede ser producible, es decir, se puede operar sobre él alguna transformación que justifica su comercialización.

Por ejemplo, el agua de un manantial al cual se pudiera acceder libremente no sería un objeto económico para los neoclásicos. Sin embargo, si alguien obtiene la concesión del manantial (apropiación), embotella el agua (productibilidad) y la vende en el mercado (valoración monetaria), el mismo manantial se habría convertido en un objeto económico. Se da la paradoja de que el agua abundante y limpia no es considerada riqueza, mientras que cuando escasea, se contamina y ha de embotellarse, entonces se contabiliza como riqueza económica.

La transformación en la idea de sistema económico que propugnan y defienden los economistas neoclásicos supone la reducción de riqueza social al escenario en el que interactúan el valor de cambio, industria y propiedad.

Con los neoclásicos el capital se convirtió en el factor determinante de la producción y el foco de atención se situó en el incremento permanente de la producción (en realidad extracción). Al no ser valoradas económicamente, las implicaciones sobre el deterioro de la corteza terrestre que iban aparejadas a los aumentos crecientes de la mal denominada producción, quedaban ocultas.

De este modo, el concepto original de producción de los Fisiócratas que permitía incrementar las riquezas que se renuevan sin destruir los bienes fondo que posibilitan esa renovación, se convierte en la extracción de materiales que se transforman y se revenden con beneficio.

Al vender una tuneladora, por ejemplo, el beneficio monetario que genera suma como riqueza, pero la extracción de materiales y energía no renovables necesarios para su construcción, la contaminación que genera el proceso de fabricación, la que genera su uso durante toda su vida útil, el suelo que se horada y las toneladas de tierra que habrá que desplazar, los incrementos del tráfico que supondrá ese nuevo túnel, las emisiones de gases de efecto invernadero o el consumo de energía fósil que realizará, no resta en ningún indicador de riqueza. Estos efectos negativos que conlleva la producción de la tuneladora no tienen valor monetario y por tanto son invisibles.

El concepto de producción, distorsionado por los economistas neoclásicos respecto al sentido inicial que le dieron los Fisiócratas, cuenta sólo la parte que crea valor monetario y no cuenta los deterioros que el proceso causa en el entorno físico y social.

El hecho de resaltar sólo la dimensión creadora de valor e ignorar los deterioros y pérdidas de riqueza natural que inevitablemente acompañan a la extracción y transformación, justifica el empeño en acrecentar permanentemente ese valor económico. De este modo se consolida el mito del crecimiento económico como motor de riqueza y bienestar social. Sin crecimiento estamos abocados al atraso y a la miseria.

El trabajo más placentero

 J.M. Lander - Diagonal

Resulta misterioso el camino que conduce a dos palabras distintas a emparejarse y convertirse en sinónimas. Se trata de un periplo abundante en meandros, en ambigüedades y significaciones ocultas, siempre bordeando la estrecha franja fronteriza que separa a un concepto de su opuesto. El caso de las palabras ‘trabajo’ y ‘placer’ es sintomático de este viaje problemático a la sinonimia. Hubo un tiempo artesanal, allá por la Edad Media, en que estos dos vocablos fueron una prolongación natural el uno del otro, pero con la llegada de la industrialización pasaron a considerarse antónimos. 

La irrupción de las fábricas no sólo afeó el paisaje, contaminando cielos y ríos, sino que cercenó cualquier atisbo de desarrollo personal en las actividades laborales.
El pensador William Morris, quien asistió al triste espectáculo de ver cómo su bucólica campiña natal de Manchester se transformaba en un grisáceo emporio de la minería, abogó por la necesidad de recuperar esa hermandad perdida entre la palabra trabajo y la palabra placer. No lo tuvo nada fácil. Vivió durante el industrial siglo XIX, un siglo que idolatró la idea de progreso con la misma intransigencia con que en siglos anteriores se habían venerado otras divinidades. El axioma de que las máquinas nos harían libres parecía incuestionable y cualquiera que estuviera en contra de este nuevo mandamiento bíblico era tachado de peligroso reaccionario. 

Pero Mo­rris, una centuria antes que Chaplin, tuvo la intuición de que otro género de esclavitud se abría paso al abrigo de aquella idolatría: la del trabajador encadenado de por vida a los grilletes de un trabajo envilecedor que le amarga la existencia y le lleva a la consulta del psiquiatra. Aca­baba de nacer el capitalismo y ya parecía una enfermedad más que una ciencia económica. Mo­rris, como un cirujano de pulso firme y certero, aplicó el bisturí de sus agudos análisis para denunciar la naturaleza esquizofrénica de aquel sistema económico basado en la absurda idea de producir sin descanso cosas de usar y tirar. Lo que más le dolía de aquel sinsentido era que la sociedad, en su afán por someterse sin crítica a los dictados de aquella locura productivista, perdía la alegría de vivir, que debería incluir, claro, la alegría de trabajar.

Los libros de Morris tendrían que ser una lectura obligatoria en las escuelas empresariales para que los directores de recursos humanos dejaran de ser tan inhumanos. Así aprenderían una lección de moralidad tan básica como que el trabajo se torna en un esfuerzo despilfarrado inútilmente si no conlleva una dimensión interior de la persona. Por fortuna, este mensaje, que a los muchos cínicos de hoy en día les sonará a música celestial bienintencionada, sigue aún vivo, empapando con su savia enriquecedora la sensibilidad de nuevos y entusiastas lectores. Ya van por la cuarta edición los ensayos de Morris que acaba de reeditar la editorial Pepitas de calabaza.

Este interés renovado por su obra se debe en gran parte a la manera nada pretenciosa en que enfoca sus textos, cuya escritura diáfana prescinde del barniz académico y opta por la forma más accesible de una conferencia. A Morris le preocupaba que sus reflexiones no se quedasen en mera teoría sino que motivasen a sus conciudadanos a cambiar el rumbo embrutecedor de sus vidas. 
 
Por eso, su tono adopta las maneras del orador llano, coloquial, que interpela al lector con una actitud tan realista como esperanzada. Detrás de cada una de sus palabras late el corazón de la utopía, en la acepción de Mumford de buen lugar donde asentar una existencia plena y satisfactoria, en la que no nos aburramos de ocio ni tampoco nos matemos a currar. En esta tierra soñada, que reflejó en el libro Noticias de ninguna parte, todas las personas sin excepción se merecen encontrar un empleo que les haga felices y creativos. Porque para Morris el trabajo placentero supera los estrictos armazones de la esfera económica y adopta los mimbres más flexibles de una disciplina artística. “El arte es la expresión del gozo en el trabajo”, escribió.

No es extraño que este pensador, de gusto tan refinado por las cosas bien hechas, añorase los principios estéticos en los que se apoyaba la artesanía medieval. Él también compartió una idea de belleza similar, cimentada en la idea de que un objeto para ser bello tenía que reunir dos cualidades en apariencia antitéticas: la de ser útil y la de poseer un poder simbólico. De ahí su admiración por los artesanos, capaces de hacer el milagro de unir el arte popular con el intelectual a través de la habilidad de sus manos.  

Morris quiso recuperar la noción de belleza artesanal perdida por el auge del materialismo fabril, confeccionando productos que fueran hermosos a la par que necesarios. Estaba asustado por las grandes dosis de fealdad con que emponzoñaba el mundo los engranajes herrumbrosos del sistema capitalista. Pensaba que el sacrificio de tantos trabajadores ni siquiera iba a servir para dejar para la posteridad monu­men­tales pirámides sino de­sechos amontonados en escombreras. ¡Cuánta razón llevaba!
Como ya nos lo ha contado la estupenda película Wall-E, el vertedero es el símbolo de nuestro tiempo, nuestro triste legado para las generaciones venideras. Ahora vivimos rodeados de basura. Y estamos esperando que del hedor de este basurero emane un nuevo renacimiento no sólo artístico sino también vital.

Morris nos indicó el camino a seguir: el trabajo placentero. Comencemos hoy plantando unas lechugas, escribiendo unos versos, remendando unos calcetines, leyendo a Morris. Porque leer a Morris es, de entre todos, el trabajo más placentero.

Escapar de la crisis

 Jesús M. Castillo

Inmersos en la crisis ecológica global podríamos preguntarnos si es posible escapar de sus consecuencias. Una primera respuesta podría ser negativa ya que tiene dimensiones planetarias y no podemos escapar a otro planeta. Sin embargo, sí es posible escapar, en gran medida, de sus efectos perniciosos. Solo hace falta tener un alto poder adquisitivo.

Por ejemplo, en relación al cambio climático y el aumento de los eventos meteorológicos extremos que conlleva, frente a una ola de calor sufrirán más los que no tengan equipos de aire acondicionado, piscinas y viviendas bien aisladas, frente a una inundación los que vivan en lechos inundables, frente a un corrimiento de tierra relacionado con lluvias torrenciales los que vivan en laderas inestables, frente a la subida del nivel del mar los que no puedan construir diques, frente a los efectos devastadores de un huracán los que tengan propiedades frágiles, no aseguradas y no puedan huir a tiempo, etc. Es decir, existe una vulnerabilidad social muy marcada frente a la crisis ecológica, marcada por las clases sociales y, consecuentemente, por el poder adquisitivo. Más de 1,5 millones de personas murieron por ‘desastres naturales’ entre 1980 y 2000. El 53% eran de países empobrecidos y el 2% de países enriquecidos. En este sentido, puede decirse que no hay ‘desastres naturales’ sino procesos naturales que mal gestionados se convierten en catástrofes humanitarias. Por ejemplo, terremotos de igual intensidad pueden provocar cientos de miles de muertos y el colapso de las infraestructuras en Haití y tan solo daños materiales en Japón (resultado que como hemos visto recientemente cambia brutalmente si el seísmo se combina con un gran maremoto y ambos con una serie de complejos nucleares costeros mal diseñados). Una inundación puede acabar con decenas de pueblos y la vida de miles de personas en Pakistán, mientras que sus efectos en Australia se limiten a una gran operación de evacuación, rescate y limpieza de las zonas afectadas.

Es más, algunos de los que tienen alto poder adquisitivo y capacidad empresarial hacen negocio con la crisis ecológica, por ejemplo, vendiendo equipos de climatización, construyendo embalses que regulen las inundaciones, instalando sistemas de riesgo frente a sequías, levantado diques frente al ascenso de los océanos, etc. La adaptación a la crisis ecológica es un campo de negocio cada año más fértil. Además, como los ecosistemas de calidad ecológica cada vez son más escasos su disfrute se comercializa, lo que conlleva una elitización del ocio en naturaleza bien conservada; también un yacimiento de negocio que no para de aumentar. En este contexto se enmarca el “capitalismo de desastres” descrito por la investigadora antiglobalización Naomi Klein.

Por si lo descrito anteriormente no fuera poco, la crisis ecológica no viene sola, sino acompañada estrechamente por otras crisis globales como la económica, la alimentaria o la laboral. Conjuntamente, estas crisis constituyen una enorme “crisis de civilización


Extraído de: Decrecimiento: buscando alternativas en la crisis ecológica global. Jesús M. Castillo

Mitos culturales y colapso de nuestra Civilización

Siempre que se profundiza un poco en los males que aquejan al mundo, alguien nos recuerda que en el fondo Codicia y Consumismo están detrás: Detrás de la corrupción está la codicia, detrás de los excesos sobre el ambiente está el consumismo.
No es nuevo, Moisés ya nos advirtió del peligro de adorar al Becerro de Oro, llamemos a este antiguo dios Au.
El mito cultural por la fascinación de Au quizás comienza históricamente con la aparición de las sociedades agrícolas.
Hoy diríamos que a pesar de Moisés, Buda, Cristo, Mahoma o Gandhi, la adoración al becerro de Oro no ha hecho más que aumentar.
Y desde luego los Borgia son un sencillo ejemplo de cómo Au se impone una y otra vez a cualquier otro dios o se alía con ellos.
La desigualdad económica humana, creciente en nuestra cultura global, es fruto de la preponderancia de esta religión.
Hoy los templos son Wall Street, Bancos y demás. Y los sacerdotes son la mayoría de los economistas. Ahora la religión se llama Capitalismo. La lista Forbes está llena de los obispos de esta religión sin equivalente a un Papa.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.
Otro de los males “eternos” que nos aquejan es el derivado de otra desigualdad, la que existe entre las mujeres y los hombres. Religión antigua también donde las haya, pues el patriarcado es una institución pregriega (posiblemente con la domesticación del caballo la guerra se convierte en una profesión masculina que impone al hombre sobre la mujer). Si tuviéramos que escoger un dios al que adorar sería un dios fálico, llamémosle Falo.
Aquí en cambio vamos mucho más atrasados en la denuncia. Ninguna de las grandes religiones (desde Moisés hasta Gandhi mismo) ha sido capaz de denunciar la adoración a este dios. Todo lo más las grandes religiones han ido contra la sexualidad y frecuentemente contra la misma mujer. Basta el ejemplo de la caza de brujas en la Europa del Renacimiento (el dato es escalofriante: conocemos los casos de Galileo, Giordano y demás, pero por cada hombre ajusticiado hubo cincuenta mujeres).
Esta religión tiene sus templos también: Hollywood, la Pasarela de Paris y demás. Adeptos sacerdotes son y siguen siendo publicistas de cualquier cosa (vendan un coche o una colonia te suelen vender el sexo femenino o a la mujer toda) y cirujanos plásticos.
Vamos atrasados en la denuncia precisamente porque la historia ha ninguneado a las mujeres de forma sistemática. Han sido principalmente mujeres las que han denunciado esa desigualdad: Desde Hipatia hasta el movimiento “femen” han sido muchas pero pocas.
El machismo sigue siendo un mito cultural arraigado.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.
 
Hay una tercera desigualdad bien estudiada y denunciada pero frecuentemente no asociada claramente al tercer dios: “Technos” o el “Progreso técnológico”. La adoración a este tercer dios es algo más reciente, comienza tímidamente en la época griega y se establece como religión claramente definida en el Renacimiento europeo. Esta religión se convierte en mayoritaria con la Revolución Industrial y hoy sus adoradores son legión.
La desigualdad esta vez se produce entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Y la denuncia aún está más atrasada que la adoración del dios Falo.
Las grandes religiones ni siguiera se lo han planteado, pese a San Agustín o el Tao. Almas sensibles sí denunciaban la desigualdad entre seres humanos y naturaleza (frecuentemente vista esta como desigualdad entre seres humanos y animales, a ser posible mamíferos). Y el Romanticismo y los luditas son ejemplos históricamente recientes a la denuncia de los excesos que el dios Tecnos estaba cometiendo.
Pero la asociación del dios Tecnos como causa principal de esa desigualdad, es aún más reciente. Los movimientos conservacionistas son del siglo pasado y yo diría que tiene décadas la denuncia de la adoración de Tecnos como fuente principal de esa desigualdad (ecología profunda, neoluditas, científicos de los límites del crecimiento).
Templos del dios progreso son la manzanita mordida, google y demás. Sacerdotes son la mayoría de los científicos e ingenieros. Y los obispos son los Bill Gates del momento.
Aunque la mayoría humana sentada en un diván o arrodillada en un confesionario reconocería que Au y Falo son dañinos, esto no es así para el dios Tecnos. Vivimos en el apogeo de su poder y hasta la mayoría de las soluciones al problema que él genera con la biosfera recurren paradójicamente a él. Aunque no hemos vencido ninguno de los mitos culturales (oro y machismo) hemos encumbrado el mito del progreso tecnológico a lo más alto.
 
Hay respuestas políticas, no solo religiosas, contra los antiguos dioses. El comunismo, socialismo y  anarquismo surgen como respuesta al becerro del oro. El feminismo surge como respuesta al machismo del dios Falo (recordaré aquí, por si acaso, que lo contrario de machismo no es feminismo es el hembrismo). El ecologismo surge como respuesta a la desigualdad con la biosfera y el ludismo contra la adoración del dios Tecnos.
Y las religiones no son corregibles en su esencia. No vale ningún capitalismo reformado (Keynes), ni ninguna solución tecno-verde que suele ser en realidad eco-pijería (pregúntese si su coche ecológico es extrapolable a 9000 millones de humanos y se dará cuenta de lo que hablo), de la misma manera que no nos debería valer ningún machismo responsable. Capitalismo responsable y tecnologías de mercado verdes son oxímoros.
 
Hay, por su puesto, dioses menores ligados a la patria, a algunas ideologías como el nazismo, etc. y aunque importantes, en realidad suelen estar asociados a los otros tres dioses.
 
Falta que el ecologismo se haga profundo, o que los neoluditas se hagan ecologistas o que los que advierten de los límites del crecimiento se hagan neoluditas-ecologistas (todos ellos). La unión contra los tres dioses ya se está solicitando (anarco-feminismo, ecofeminismo, etc.).
 
Sin embargo, hay otro dios detrás de estos tres que no solemos percibir. Es más, como tres caras de un mismo dios, como una trinidad, existe un único dios al que realmente adora nuestra Civilización (y algunos –ismos anteriores fallaron y fallarán precisamente por no darse cuenta de su presencia). Un dios que los abarca a todos. Un dios casi-todo-poderoso.
Tiene este símbolo:
Porque es el Poder económico lo que desean los adoradores del becerro del oro. El poder de poseer más que el otro (si todos tuviéramos tanto oro como agua o arena buscaríamos otra cosa). El faraón, rey o burgués tienen el poder que da el dinero, de posesión de bienes materiales e indirectamente de otros seres humanos
.Porque es el Poder sexual el que desean los adoradores de Falo. El poder de dominio sobre la mujer.
Porque es el Poder sobre la naturaleza el que desean los adoradores de Tecnos. El poder de mani-pularla, el poder de hacer y deshacer a nuestro antojo.
 
Ironman representa muy bien esta confluencia de mitos culturales en uno solo: El tipo cínico, rico y machista con máquinas que lo elevan a la categoría de superhombre. Es el dios Ironman, que busca la eternidad y la posesión del Universo entero. Es la voluntad de convertir a algún humano (no a todos claro) en dios. Sea por la tecnología como Ironman, por el azar genético: X-men,  por nacimiento: Superman, o por contagio: Vampiros. Holliwood y los cómics lo tienen claro. O eres super o te conviertes en la masa degenerada de zombies.
Es nuestra ansia de voluntad de poder y el poder de aplicarlo, lo que ha conducido al colapso de esta Civilización, de nuestra “cultura”. Sin desprendernos de todos esos dioses, de esos mitos culturales, estaremos condenados a repetir una y otra vez los mismos fracasos. Incluso cualquier nueva Civilización que venga tras esta.
Necesitaremos Política con un –ismo anti-Poder, una religión (matriarcal, frugal, gaiana) de diosas y sacerdotisas, obsesionada por evitar a toda costa la concentración de Poder, sea el que sea. Diosas y sacerdotisas que tampoco deberán poseernos.
 
Y quizás detrás del dios Ironman hay algo intrínseco a la naturaleza humana: el Antropocentrismo. ¡Quieran los dioses que no sea Antropos el dios que está escondido detrás de todos esos dioses!
Carlos de Castro


Siempre que se profundiza un poco en los males que aquejan al mundo, alguien nos recuerda que en el fondo Codicia y Consumismo están detrás: Detrás de la corrupción está la codicia, detrás de los excesos sobre el ambiente está el consumismo.
No es nuevo, Moisés ya nos advirtió del peligro de adorar al Becerro de Oro, llamemos a este antiguo dios Au.
El mito cultural por la fascinación de Au quizás comienza históricamente con la aparición de las sociedades agrícolas.
Hoy diríamos que a pesar de Moisés, Buda, Cristo, Mahoma o Gandhi, la adoración al becerro de Oro no ha hecho más que aumentar.
Y desde luego los Borgia son un sencillo ejemplo de cómo Au se impone una y otra vez a cualquier otro dios o se alía con ellos.
La desigualdad económica humana, creciente en nuestra cultura global, es fruto de la preponderancia de esta religión.
Hoy los templos son Wall Street, Bancos y demás. Y los sacerdotes son la mayoría de los economistas. Ahora la religión se llama Capitalismo. La lista Forbes está llena de los obispos de esta religión sin equivalente a un Papa.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.

Otro de los males “eternos” que nos aquejan es el derivado de otra desigualdad, la que existe entre las mujeres y los hombres. Religión antigua también donde las haya, pues el patriarcado es una institución pregriega (posiblemente con la domesticación del caballo la guerra se convierte en una profesión masculina que impone al hombre sobre la mujer). Si tuviéramos que escoger un dios al que adorar sería un dios fálico, llamémosle Falo.
Aquí en cambio vamos mucho más atrasados en la denuncia. Ninguna de las grandes religiones (desde Moisés hasta Gandhi mismo) ha sido capaz de denunciar la adoración a este dios. Todo lo más las grandes religiones han ido contra la sexualidad y frecuentemente contra la misma mujer. Basta el ejemplo de la caza de brujas en la Europa del Renacimiento (el dato es escalofriante: conocemos los casos de Galileo, Giordano y demás, pero por cada hombre ajusticiado hubo cincuenta mujeres).
Esta religión tiene sus templos también: Hollywood, la Pasarela de Paris y demás. Adeptos sacerdotes son y siguen siendo publicistas de cualquier cosa (vendan un coche o una colonia te suelen vender el sexo femenino o a la mujer toda) y cirujanos plásticos.
Vamos atrasados en la denuncia precisamente porque la historia ha ninguneado a las mujeres de forma sistemática. Han sido principalmente mujeres las que han denunciado esa desigualdad: Desde Hipatia hasta el movimiento “femen” han sido muchas pero pocas.
El machismo sigue siendo un mito cultural arraigado.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.


Hay una tercera desigualdad bien estudiada y denunciada pero frecuentemente no asociada claramente al tercer dios: “Technos” o el “Progreso técnológico”. La adoración a este tercer dios es algo más reciente, comienza tímidamente en la época griega y se establece como religión claramente definida en el Renacimiento europeo. Esta religión se convierte en mayoritaria con la Revolución Industrial y hoy sus adoradores son legión.
La desigualdad esta vez se produce entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Y la denuncia aún está más atrasada que la adoración del dios Falo.
Las grandes religiones ni siguiera se lo han planteado, pese a San Agustín o el Tao. Almas sensibles sí denunciaban la desigualdad entre seres humanos y naturaleza (frecuentemente vista esta como desigualdad entre seres humanos y animales, a ser posible mamíferos). Y el Romanticismo y los luditas son ejemplos históricamente recientes a la denuncia de los excesos que el dios Tecnos estaba cometiendo.
Pero la asociación del dios Tecnos como causa principal de esa desigualdad, es aún más reciente. Los movimientos conservacionistas son del siglo pasado y yo diría que tiene décadas la denuncia de la adoración de Tecnos como fuente principal de esa desigualdad (ecología profunda, neoluditas, científicos de los límites del crecimiento).
Templos del dios progreso son la manzanita mordida, google y demás. Sacerdotes son la mayoría de los científicos e ingenieros. Y los obispos son los Bill Gates del momento.

Aunque la mayoría humana sentada en un diván o arrodillada en un confesionario reconocería que Au y Falo son dañinos, esto no es así para el dios Tecnos. Vivimos en el apogeo de su poder y hasta la mayoría de las soluciones al problema que él genera con la biosfera recurren paradójicamente a él. Aunque no hemos vencido ninguno de los mitos culturales (oro y machismo) hemos encumbrado el mito del progreso tecnológico a lo más alto.

Hay respuestas políticas, no solo religiosas, contra los antiguos dioses. El comunismo, socialismo y  anarquismo surgen como respuesta al becerro del oro. El feminismo surge como respuesta al machismo del dios Falo (recordaré aquí, por si acaso, que lo contrario de machismo no es feminismo es el hembrismo). El ecologismo surge como respuesta a la desigualdad con la biosfera y el ludismo contra la adoración del dios Tecnos.
Y las religiones no son corregibles en su esencia. No vale ningún capitalismo reformado (Keynes), ni ninguna solución tecno-verde que suele ser en realidad eco-pijería (pregúntese si su coche ecológico es extrapolable a 9000 millones de humanos y se dará cuenta de lo que hablo), de la misma manera que no nos debería valer ningún machismo responsable. Capitalismo responsable y tecnologías de mercado verdes son oxímoros.

Hay, por su puesto, dioses menores ligados a la patria, a algunas ideologías como el nazismo, etc. y aunque importantes, en realidad suelen estar asociados a los otros tres dioses.

Falta que el ecologismo se haga profundo, o que los neoluditas se hagan ecologistas o que los que advierten de los límites del crecimiento se hagan neoluditas-ecologistas (todos ellos). La unión contra los tres dioses ya se está solicitando (anarco-feminismo, ecofeminismo, etc.).

Sin embargo, hay otro dios detrás de estos tres que no solemos percibir. Es más, como tres caras de un mismo dios, como una trinidad, existe un único dios al que realmente adora nuestra Civilización (y algunos –ismos anteriores fallaron y fallarán precisamente por no darse cuenta de su presencia). Un dios que los abarca a todos. Un dios casi-todo-poderoso.
Tiene este símbolo:

Porque es el Poder económico lo que desean los adoradores del becerro del oro. El poder de poseer más que el otro (si todos tuviéramos tanto oro como agua o arena buscaríamos otra cosa). El faraón, rey o burgués tienen el poder que da el dinero, de posesión de bienes materiales e indirectamente de otros seres humanos
.Porque es el Poder sexual el que desean los adoradores de Falo. El poder de dominio sobre la mujer.
Porque es el Poder sobre la naturaleza el que desean los adoradores de Tecnos. El poder de mani-pularla, el poder de hacer y deshacer a nuestro antojo.

Ironman representa muy bien esta confluencia de mitos culturales en uno solo: El tipo cínico, rico y machista con máquinas que lo elevan a la categoría de superhombre. Es el dios Ironman, que busca la eternidad y la posesión del Universo entero. Es la voluntad de convertir a algún humano (no a todos claro) en dios. Sea por la tecnología como Ironman, por el azar genético: X-men,  por nacimiento: Superman, o por contagio: Vampiros. Holliwood y los cómics lo tienen claro. O eres super o te conviertes en la masa degenerada de zombies.
Es nuestra ansia de voluntad de poder y el poder de aplicarlo, lo que ha conducido al colapso de esta Civilización, de nuestra “cultura”. Sin desprendernos de todos esos dioses, de esos mitos culturales, estaremos condenados a repetir una y otra vez los mismos fracasos. Incluso cualquier nueva Civilización que venga tras esta.
Necesitaremos Política con un –ismo anti-Poder, una religión (matriarcal, frugal, gaiana) de diosas y sacerdotisas, obsesionada por evitar a toda costa la concentración de Poder, sea el que sea. Diosas y sacerdotisas que tampoco deberán poseernos.

Y quizás detrás del dios Ironman hay algo intrínseco a la naturaleza humana: el Antropocentrismo. ¡Quieran los dioses que no sea Antropos el dios que está escondido detrás de todos esos dioses!
Carlos de Castro
- See more at: http://www.eis.uva.es/energiasostenible/?p=2310#sthash.6w4ilLP3.dpuf
Siempre que se profundiza un poco en los males que aquejan al mundo, alguien nos recuerda que en el fondo Codicia y Consumismo están detrás: Detrás de la corrupción está la codicia, detrás de los excesos sobre el ambiente está el consumismo.
No es nuevo, Moisés ya nos advirtió del peligro de adorar al Becerro de Oro, llamemos a este antiguo dios Au.
El mito cultural por la fascinación de Au quizás comienza históricamente con la aparición de las sociedades agrícolas.
Hoy diríamos que a pesar de Moisés, Buda, Cristo, Mahoma o Gandhi, la adoración al becerro de Oro no ha hecho más que aumentar.
Y desde luego los Borgia son un sencillo ejemplo de cómo Au se impone una y otra vez a cualquier otro dios o se alía con ellos.
La desigualdad económica humana, creciente en nuestra cultura global, es fruto de la preponderancia de esta religión.
Hoy los templos son Wall Street, Bancos y demás. Y los sacerdotes son la mayoría de los economistas. Ahora la religión se llama Capitalismo. La lista Forbes está llena de los obispos de esta religión sin equivalente a un Papa.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.

Otro de los males “eternos” que nos aquejan es el derivado de otra desigualdad, la que existe entre las mujeres y los hombres. Religión antigua también donde las haya, pues el patriarcado es una institución pregriega (posiblemente con la domesticación del caballo la guerra se convierte en una profesión masculina que impone al hombre sobre la mujer). Si tuviéramos que escoger un dios al que adorar sería un dios fálico, llamémosle Falo.
Aquí en cambio vamos mucho más atrasados en la denuncia. Ninguna de las grandes religiones (desde Moisés hasta Gandhi mismo) ha sido capaz de denunciar la adoración a este dios. Todo lo más las grandes religiones han ido contra la sexualidad y frecuentemente contra la misma mujer. Basta el ejemplo de la caza de brujas en la Europa del Renacimiento (el dato es escalofriante: conocemos los casos de Galileo, Giordano y demás, pero por cada hombre ajusticiado hubo cincuenta mujeres).
Esta religión tiene sus templos también: Hollywood, la Pasarela de Paris y demás. Adeptos sacerdotes son y siguen siendo publicistas de cualquier cosa (vendan un coche o una colonia te suelen vender el sexo femenino o a la mujer toda) y cirujanos plásticos.
Vamos atrasados en la denuncia precisamente porque la historia ha ninguneado a las mujeres de forma sistemática. Han sido principalmente mujeres las que han denunciado esa desigualdad: Desde Hipatia hasta el movimiento “femen” han sido muchas pero pocas.
El machismo sigue siendo un mito cultural arraigado.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.


Hay una tercera desigualdad bien estudiada y denunciada pero frecuentemente no asociada claramente al tercer dios: “Technos” o el “Progreso técnológico”. La adoración a este tercer dios es algo más reciente, comienza tímidamente en la época griega y se establece como religión claramente definida en el Renacimiento europeo. Esta religión se convierte en mayoritaria con la Revolución Industrial y hoy sus adoradores son legión.
La desigualdad esta vez se produce entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Y la denuncia aún está más atrasada que la adoración del dios Falo.
Las grandes religiones ni siguiera se lo han planteado, pese a San Agustín o el Tao. Almas sensibles sí denunciaban la desigualdad entre seres humanos y naturaleza (frecuentemente vista esta como desigualdad entre seres humanos y animales, a ser posible mamíferos). Y el Romanticismo y los luditas son ejemplos históricamente recientes a la denuncia de los excesos que el dios Tecnos estaba cometiendo.
Pero la asociación del dios Tecnos como causa principal de esa desigualdad, es aún más reciente. Los movimientos conservacionistas son del siglo pasado y yo diría que tiene décadas la denuncia de la adoración de Tecnos como fuente principal de esa desigualdad (ecología profunda, neoluditas, científicos de los límites del crecimiento).
Templos del dios progreso son la manzanita mordida, google y demás. Sacerdotes son la mayoría de los científicos e ingenieros. Y los obispos son los Bill Gates del momento.

Aunque la mayoría humana sentada en un diván o arrodillada en un confesionario reconocería que Au y Falo son dañinos, esto no es así para el dios Tecnos. Vivimos en el apogeo de su poder y hasta la mayoría de las soluciones al problema que él genera con la biosfera recurren paradójicamente a él. Aunque no hemos vencido ninguno de los mitos culturales (oro y machismo) hemos encumbrado el mito del progreso tecnológico a lo más alto.

Hay respuestas políticas, no solo religiosas, contra los antiguos dioses. El comunismo, socialismo y  anarquismo surgen como respuesta al becerro del oro. El feminismo surge como respuesta al machismo del dios Falo (recordaré aquí, por si acaso, que lo contrario de machismo no es feminismo es el hembrismo). El ecologismo surge como respuesta a la desigualdad con la biosfera y el ludismo contra la adoración del dios Tecnos.
Y las religiones no son corregibles en su esencia. No vale ningún capitalismo reformado (Keynes), ni ninguna solución tecno-verde que suele ser en realidad eco-pijería (pregúntese si su coche ecológico es extrapolable a 9000 millones de humanos y se dará cuenta de lo que hablo), de la misma manera que no nos debería valer ningún machismo responsable. Capitalismo responsable y tecnologías de mercado verdes son oxímoros.

Hay, por su puesto, dioses menores ligados a la patria, a algunas ideologías como el nazismo, etc. y aunque importantes, en realidad suelen estar asociados a los otros tres dioses.

Falta que el ecologismo se haga profundo, o que los neoluditas se hagan ecologistas o que los que advierten de los límites del crecimiento se hagan neoluditas-ecologistas (todos ellos). La unión contra los tres dioses ya se está solicitando (anarco-feminismo, ecofeminismo, etc.).

Sin embargo, hay otro dios detrás de estos tres que no solemos percibir. Es más, como tres caras de un mismo dios, como una trinidad, existe un único dios al que realmente adora nuestra Civilización (y algunos –ismos anteriores fallaron y fallarán precisamente por no darse cuenta de su presencia). Un dios que los abarca a todos. Un dios casi-todo-poderoso.
Tiene este símbolo:

Porque es el Poder económico lo que desean los adoradores del becerro del oro. El poder de poseer más que el otro (si todos tuviéramos tanto oro como agua o arena buscaríamos otra cosa). El faraón, rey o burgués tienen el poder que da el dinero, de posesión de bienes materiales e indirectamente de otros seres humanos
.Porque es el Poder sexual el que desean los adoradores de Falo. El poder de dominio sobre la mujer.
Porque es el Poder sobre la naturaleza el que desean los adoradores de Tecnos. El poder de mani-pularla, el poder de hacer y deshacer a nuestro antojo.

Ironman representa muy bien esta confluencia de mitos culturales en uno solo: El tipo cínico, rico y machista con máquinas que lo elevan a la categoría de superhombre. Es el dios Ironman, que busca la eternidad y la posesión del Universo entero. Es la voluntad de convertir a algún humano (no a todos claro) en dios. Sea por la tecnología como Ironman, por el azar genético: X-men,  por nacimiento: Superman, o por contagio: Vampiros. Holliwood y los cómics lo tienen claro. O eres super o te conviertes en la masa degenerada de zombies.
Es nuestra ansia de voluntad de poder y el poder de aplicarlo, lo que ha conducido al colapso de esta Civilización, de nuestra “cultura”. Sin desprendernos de todos esos dioses, de esos mitos culturales, estaremos condenados a repetir una y otra vez los mismos fracasos. Incluso cualquier nueva Civilización que venga tras esta.
Necesitaremos Política con un –ismo anti-Poder, una religión (matriarcal, frugal, gaiana) de diosas y sacerdotisas, obsesionada por evitar a toda costa la concentración de Poder, sea el que sea. Diosas y sacerdotisas que tampoco deberán poseernos.

Y quizás detrás del dios Ironman hay algo intrínseco a la naturaleza humana: el Antropocentrismo. ¡Quieran los dioses que no sea Antropos el dios que está escondido detrás de todos esos dioses!
Carlos de Castro
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Siempre que se profundiza un poco en los males que aquejan al mundo, alguien nos recuerda que en el fondo Codicia y Consumismo están detrás: Detrás de la corrupción está la codicia, detrás de los excesos sobre el ambiente está el consumismo.
No es nuevo, Moisés ya nos advirtió del peligro de adorar al Becerro de Oro, llamemos a este antiguo dios Au.
El mito cultural por la fascinación de Au quizás comienza históricamente con la aparición de las sociedades agrícolas.
Hoy diríamos que a pesar de Moisés, Buda, Cristo, Mahoma o Gandhi, la adoración al becerro de Oro no ha hecho más que aumentar.
Y desde luego los Borgia son un sencillo ejemplo de cómo Au se impone una y otra vez a cualquier otro dios o se alía con ellos.
La desigualdad económica humana, creciente en nuestra cultura global, es fruto de la preponderancia de esta religión.
Hoy los templos son Wall Street, Bancos y demás. Y los sacerdotes son la mayoría de los economistas. Ahora la religión se llama Capitalismo. La lista Forbes está llena de los obispos de esta religión sin equivalente a un Papa.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.

Otro de los males “eternos” que nos aquejan es el derivado de otra desigualdad, la que existe entre las mujeres y los hombres. Religión antigua también donde las haya, pues el patriarcado es una institución pregriega (posiblemente con la domesticación del caballo la guerra se convierte en una profesión masculina que impone al hombre sobre la mujer). Si tuviéramos que escoger un dios al que adorar sería un dios fálico, llamémosle Falo.
Aquí en cambio vamos mucho más atrasados en la denuncia. Ninguna de las grandes religiones (desde Moisés hasta Gandhi mismo) ha sido capaz de denunciar la adoración a este dios. Todo lo más las grandes religiones han ido contra la sexualidad y frecuentemente contra la misma mujer. Basta el ejemplo de la caza de brujas en la Europa del Renacimiento (el dato es escalofriante: conocemos los casos de Galileo, Giordano y demás, pero por cada hombre ajusticiado hubo cincuenta mujeres).
Esta religión tiene sus templos también: Hollywood, la Pasarela de Paris y demás. Adeptos sacerdotes son y siguen siendo publicistas de cualquier cosa (vendan un coche o una colonia te suelen vender el sexo femenino o a la mujer toda) y cirujanos plásticos.
Vamos atrasados en la denuncia precisamente porque la historia ha ninguneado a las mujeres de forma sistemática. Han sido principalmente mujeres las que han denunciado esa desigualdad: Desde Hipatia hasta el movimiento “femen” han sido muchas pero pocas.
El machismo sigue siendo un mito cultural arraigado.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.


Hay una tercera desigualdad bien estudiada y denunciada pero frecuentemente no asociada claramente al tercer dios: “Technos” o el “Progreso técnológico”. La adoración a este tercer dios es algo más reciente, comienza tímidamente en la época griega y se establece como religión claramente definida en el Renacimiento europeo. Esta religión se convierte en mayoritaria con la Revolución Industrial y hoy sus adoradores son legión.
La desigualdad esta vez se produce entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Y la denuncia aún está más atrasada que la adoración del dios Falo.
Las grandes religiones ni siguiera se lo han planteado, pese a San Agustín o el Tao. Almas sensibles sí denunciaban la desigualdad entre seres humanos y naturaleza (frecuentemente vista esta como desigualdad entre seres humanos y animales, a ser posible mamíferos). Y el Romanticismo y los luditas son ejemplos históricamente recientes a la denuncia de los excesos que el dios Tecnos estaba cometiendo.
Pero la asociación del dios Tecnos como causa principal de esa desigualdad, es aún más reciente. Los movimientos conservacionistas son del siglo pasado y yo diría que tiene décadas la denuncia de la adoración de Tecnos como fuente principal de esa desigualdad (ecología profunda, neoluditas, científicos de los límites del crecimiento).
Templos del dios progreso son la manzanita mordida, google y demás. Sacerdotes son la mayoría de los científicos e ingenieros. Y los obispos son los Bill Gates del momento.

Aunque la mayoría humana sentada en un diván o arrodillada en un confesionario reconocería que Au y Falo son dañinos, esto no es así para el dios Tecnos. Vivimos en el apogeo de su poder y hasta la mayoría de las soluciones al problema que él genera con la biosfera recurren paradójicamente a él. Aunque no hemos vencido ninguno de los mitos culturales (oro y machismo) hemos encumbrado el mito del progreso tecnológico a lo más alto.

Hay respuestas políticas, no solo religiosas, contra los antiguos dioses. El comunismo, socialismo y  anarquismo surgen como respuesta al becerro del oro. El feminismo surge como respuesta al machismo del dios Falo (recordaré aquí, por si acaso, que lo contrario de machismo no es feminismo es el hembrismo). El ecologismo surge como respuesta a la desigualdad con la biosfera y el ludismo contra la adoración del dios Tecnos.
Y las religiones no son corregibles en su esencia. No vale ningún capitalismo reformado (Keynes), ni ninguna solución tecno-verde que suele ser en realidad eco-pijería (pregúntese si su coche ecológico es extrapolable a 9000 millones de humanos y se dará cuenta de lo que hablo), de la misma manera que no nos debería valer ningún machismo responsable. Capitalismo responsable y tecnologías de mercado verdes son oxímoros.

Hay, por su puesto, dioses menores ligados a la patria, a algunas ideologías como el nazismo, etc. y aunque importantes, en realidad suelen estar asociados a los otros tres dioses.

Falta que el ecologismo se haga profundo, o que los neoluditas se hagan ecologistas o que los que advierten de los límites del crecimiento se hagan neoluditas-ecologistas (todos ellos). La unión contra los tres dioses ya se está solicitando (anarco-feminismo, ecofeminismo, etc.).

Sin embargo, hay otro dios detrás de estos tres que no solemos percibir. Es más, como tres caras de un mismo dios, como una trinidad, existe un único dios al que realmente adora nuestra Civilización (y algunos –ismos anteriores fallaron y fallarán precisamente por no darse cuenta de su presencia). Un dios que los abarca a todos. Un dios casi-todo-poderoso.
Tiene este símbolo:

Porque es el Poder económico lo que desean los adoradores del becerro del oro. El poder de poseer más que el otro (si todos tuviéramos tanto oro como agua o arena buscaríamos otra cosa). El faraón, rey o burgués tienen el poder que da el dinero, de posesión de bienes materiales e indirectamente de otros seres humanos
.Porque es el Poder sexual el que desean los adoradores de Falo. El poder de dominio sobre la mujer.
Porque es el Poder sobre la naturaleza el que desean los adoradores de Tecnos. El poder de mani-pularla, el poder de hacer y deshacer a nuestro antojo.

Ironman representa muy bien esta confluencia de mitos culturales en uno solo: El tipo cínico, rico y machista con máquinas que lo elevan a la categoría de superhombre. Es el dios Ironman, que busca la eternidad y la posesión del Universo entero. Es la voluntad de convertir a algún humano (no a todos claro) en dios. Sea por la tecnología como Ironman, por el azar genético: X-men,  por nacimiento: Superman, o por contagio: Vampiros. Holliwood y los cómics lo tienen claro. O eres super o te conviertes en la masa degenerada de zombies.
Es nuestra ansia de voluntad de poder y el poder de aplicarlo, lo que ha conducido al colapso de esta Civilización, de nuestra “cultura”. Sin desprendernos de todos esos dioses, de esos mitos culturales, estaremos condenados a repetir una y otra vez los mismos fracasos. Incluso cualquier nueva Civilización que venga tras esta.
Necesitaremos Política con un –ismo anti-Poder, una religión (matriarcal, frugal, gaiana) de diosas y sacerdotisas, obsesionada por evitar a toda costa la concentración de Poder, sea el que sea. Diosas y sacerdotisas que tampoco deberán poseernos.

Y quizás detrás del dios Ironman hay algo intrínseco a la naturaleza humana: el Antropocentrismo. ¡Quieran los dioses que no sea Antropos el dios que está escondido detrás de todos esos dioses!
Carlos de Castro
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Mitos culturales y colapso de nuestra Civilización
Siempre que se profundiza un poco en los males que aquejan al mundo, alguien nos recuerda que en el fondo Codicia y Consumismo están detrás: Detrás de la corrupción está la codicia, detrás de los excesos sobre el ambiente está el consumismo.
No es nuevo, Moisés ya nos advirtió del peligro de adorar al Becerro de Oro, llamemos a este antiguo dios Au.
El mito cultural por la fascinación de Au quizás comienza históricamente con la aparición de las sociedades agrícolas.
Hoy diríamos que a pesar de Moisés, Buda, Cristo, Mahoma o Gandhi, la adoración al becerro de Oro no ha hecho más que aumentar.
Y desde luego los Borgia son un sencillo ejemplo de cómo Au se impone una y otra vez a cualquier otro dios o se alía con ellos.
La desigualdad económica humana, creciente en nuestra cultura global, es fruto de la preponderancia de esta religión.
Hoy los templos son Wall Street, Bancos y demás. Y los sacerdotes son la mayoría de los economistas. Ahora la religión se llama Capitalismo. La lista Forbes está llena de los obispos de esta religión sin equivalente a un Papa.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.
Otro de los males “eternos” que nos aquejan es el derivado de otra desigualdad, la que existe entre las mujeres y los hombres. Religión antigua también donde las haya, pues el patriarcado es una institución pregriega (posiblemente con la domesticación del caballo la guerra se convierte en una profesión masculina que impone al hombre sobre la mujer). Si tuviéramos que escoger un dios al que adorar sería un dios fálico, llamémosle Falo.
Aquí en cambio vamos mucho más atrasados en la denuncia. Ninguna de las grandes religiones (desde Moisés hasta Gandhi mismo) ha sido capaz de denunciar la adoración a este dios. Todo lo más las grandes religiones han ido contra la sexualidad y frecuentemente contra la misma mujer. Basta el ejemplo de la caza de brujas en la Europa del Renacimiento (el dato es escalofriante: conocemos los casos de Galileo, Giordano y demás, pero por cada hombre ajusticiado hubo cincuenta mujeres).
Esta religión tiene sus templos también: Hollywood, la Pasarela de Paris y demás. Adeptos sacerdotes son y siguen siendo publicistas de cualquier cosa (vendan un coche o una colonia te suelen vender el sexo femenino o a la mujer toda) y cirujanos plásticos.
Vamos atrasados en la denuncia precisamente porque la historia ha ninguneado a las mujeres de forma sistemática. Han sido principalmente mujeres las que han denunciado esa desigualdad: Desde Hipatia hasta el movimiento “femen” han sido muchas pero pocas.
El machismo sigue siendo un mito cultural arraigado.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.
 
Hay una tercera desigualdad bien estudiada y denunciada pero frecuentemente no asociada claramente al tercer dios: “Technos” o el “Progreso técnológico”. La adoración a este tercer dios es algo más reciente, comienza tímidamente en la época griega y se establece como religión claramente definida en el Renacimiento europeo. Esta religión se convierte en mayoritaria con la Revolución Industrial y hoy sus adoradores son legión.
La desigualdad esta vez se produce entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Y la denuncia aún está más atrasada que la adoración del dios Falo.
Las grandes religiones ni siguiera se lo han planteado, pese a San Agustín o el Tao. Almas sensibles sí denunciaban la desigualdad entre seres humanos y naturaleza (frecuentemente vista esta como desigualdad entre seres humanos y animales, a ser posible mamíferos). Y el Romanticismo y los luditas son ejemplos históricamente recientes a la denuncia de los excesos que el dios Tecnos estaba cometiendo.
Pero la asociación del dios Tecnos como causa principal de esa desigualdad, es aún más reciente. Los movimientos conservacionistas son del siglo pasado y yo diría que tiene décadas la denuncia de la adoración de Tecnos como fuente principal de esa desigualdad (ecología profunda, neoluditas, científicos de los límites del crecimiento).
Templos del dios progreso son la manzanita mordida, google y demás. Sacerdotes son la mayoría de los científicos e ingenieros. Y los obispos son los Bill Gates del momento.
Aunque la mayoría humana sentada en un diván o arrodillada en un confesionario reconocería que Au y Falo son dañinos, esto no es así para el dios Tecnos. Vivimos en el apogeo de su poder y hasta la mayoría de las soluciones al problema que él genera con la biosfera recurren paradójicamente a él. Aunque no hemos vencido ninguno de los mitos culturales (oro y machismo) hemos encumbrado el mito del progreso tecnológico a lo más alto.
 
Hay respuestas políticas, no solo religiosas, contra los antiguos dioses. El comunismo, socialismo y  anarquismo surgen como respuesta al becerro del oro. El feminismo surge como respuesta al machismo del dios Falo (recordaré aquí, por si acaso, que lo contrario de machismo no es feminismo es el hembrismo). El ecologismo surge como respuesta a la desigualdad con la biosfera y el ludismo contra la adoración del dios Tecnos.
Y las religiones no son corregibles en su esencia. No vale ningún capitalismo reformado (Keynes), ni ninguna solución tecno-verde que suele ser en realidad eco-pijería (pregúntese si su coche ecológico es extrapolable a 9000 millones de humanos y se dará cuenta de lo que hablo), de la misma manera que no nos debería valer ningún machismo responsable. Capitalismo responsable y tecnologías de mercado verdes son oxímoros.
 
Hay, por su puesto, dioses menores ligados a la patria, a algunas ideologías como el nazismo, etc. y aunque importantes, en realidad suelen estar asociados a los otros tres dioses.
 
Falta que el ecologismo se haga profundo, o que los neoluditas se hagan ecologistas o que los que advierten de los límites del crecimiento se hagan neoluditas-ecologistas (todos ellos). La unión contra los tres dioses ya se está solicitando (anarco-feminismo, ecofeminismo, etc.).
 
Sin embargo, hay otro dios detrás de estos tres que no solemos percibir. Es más, como tres caras de un mismo dios, como una trinidad, existe un único dios al que realmente adora nuestra Civilización (y algunos –ismos anteriores fallaron y fallarán precisamente por no darse cuenta de su presencia). Un dios que los abarca a todos. Un dios casi-todo-poderoso.
Tiene este símbolo:
Porque es el Poder económico lo que desean los adoradores del becerro del oro. El poder de poseer más que el otro (si todos tuviéramos tanto oro como agua o arena buscaríamos otra cosa). El faraón, rey o burgués tienen el poder que da el dinero, de posesión de bienes materiales e indirectamente de otros seres humanos
.Porque es el Poder sexual el que desean los adoradores de Falo. El poder de dominio sobre la mujer.
Porque es el Poder sobre la naturaleza el que desean los adoradores de Tecnos. El poder de mani-pularla, el poder de hacer y deshacer a nuestro antojo.
 
Ironman representa muy bien esta confluencia de mitos culturales en uno solo: El tipo cínico, rico y machista con máquinas que lo elevan a la categoría de superhombre. Es el dios Ironman, que busca la eternidad y la posesión del Universo entero. Es la voluntad de convertir a algún humano (no a todos claro) en dios. Sea por la tecnología como Ironman, por el azar genético: X-men,  por nacimiento: Superman, o por contagio: Vampiros. Holliwood y los cómics lo tienen claro. O eres super o te conviertes en la masa degenerada de zombies.
Es nuestra ansia de voluntad de poder y el poder de aplicarlo, lo que ha conducido al colapso de esta Civilización, de nuestra “cultura”. Sin desprendernos de todos esos dioses, de esos mitos culturales, estaremos condenados a repetir una y otra vez los mismos fracasos. Incluso cualquier nueva Civilización que venga tras esta.
Necesitaremos Política con un –ismo anti-Poder, una religión (matriarcal, frugal, gaiana) de diosas y sacerdotisas, obsesionada por evitar a toda costa la concentración de Poder, sea el que sea. Diosas y sacerdotisas que tampoco deberán poseernos.
 
Y quizás detrás del dios Ironman hay algo intrínseco a la naturaleza humana: el Antropocentrismo. ¡Quieran los dioses que no sea Antropos el dios que está escondido detrás de todos esos dioses!
Carlos de Castro
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Siempre que se profundiza un poco en los males que aquejan al mundo, alguien nos recuerda que en el fondo Codicia y Consumismo están detrás: Detrás de la corrupción está la codicia, detrás de los excesos sobre el ambiente está el consumismo.
No es nuevo, Moisés ya nos advirtió del peligro de adorar al Becerro de Oro, llamemos a este antiguo dios Au.
El mito cultural por la fascinación de Au quizás comienza históricamente con la aparición de las sociedades agrícolas.
Hoy diríamos que a pesar de Moisés, Buda, Cristo, Mahoma o Gandhi, la adoración al becerro de Oro no ha hecho más que aumentar.
Y desde luego los Borgia son un sencillo ejemplo de cómo Au se impone una y otra vez a cualquier otro dios o se alía con ellos.
La desigualdad económica humana, creciente en nuestra cultura global, es fruto de la preponderancia de esta religión.
Hoy los templos son Wall Street, Bancos y demás. Y los sacerdotes son la mayoría de los economistas. Ahora la religión se llama Capitalismo. La lista Forbes está llena de los obispos de esta religión sin equivalente a un Papa.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.

Otro de los males “eternos” que nos aquejan es el derivado de otra desigualdad, la que existe entre las mujeres y los hombres. Religión antigua también donde las haya, pues el patriarcado es una institución pregriega (posiblemente con la domesticación del caballo la guerra se convierte en una profesión masculina que impone al hombre sobre la mujer). Si tuviéramos que escoger un dios al que adorar sería un dios fálico, llamémosle Falo.
Aquí en cambio vamos mucho más atrasados en la denuncia. Ninguna de las grandes religiones (desde Moisés hasta Gandhi mismo) ha sido capaz de denunciar la adoración a este dios. Todo lo más las grandes religiones han ido contra la sexualidad y frecuentemente contra la misma mujer. Basta el ejemplo de la caza de brujas en la Europa del Renacimiento (el dato es escalofriante: conocemos los casos de Galileo, Giordano y demás, pero por cada hombre ajusticiado hubo cincuenta mujeres).
Esta religión tiene sus templos también: Hollywood, la Pasarela de Paris y demás. Adeptos sacerdotes son y siguen siendo publicistas de cualquier cosa (vendan un coche o una colonia te suelen vender el sexo femenino o a la mujer toda) y cirujanos plásticos.
Vamos atrasados en la denuncia precisamente porque la historia ha ninguneado a las mujeres de forma sistemática. Han sido principalmente mujeres las que han denunciado esa desigualdad: Desde Hipatia hasta el movimiento “femen” han sido muchas pero pocas.
El machismo sigue siendo un mito cultural arraigado.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.


Hay una tercera desigualdad bien estudiada y denunciada pero frecuentemente no asociada claramente al tercer dios: “Technos” o el “Progreso técnológico”. La adoración a este tercer dios es algo más reciente, comienza tímidamente en la época griega y se establece como religión claramente definida en el Renacimiento europeo. Esta religión se convierte en mayoritaria con la Revolución Industrial y hoy sus adoradores son legión.
La desigualdad esta vez se produce entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Y la denuncia aún está más atrasada que la adoración del dios Falo.
Las grandes religiones ni siguiera se lo han planteado, pese a San Agustín o el Tao. Almas sensibles sí denunciaban la desigualdad entre seres humanos y naturaleza (frecuentemente vista esta como desigualdad entre seres humanos y animales, a ser posible mamíferos). Y el Romanticismo y los luditas son ejemplos históricamente recientes a la denuncia de los excesos que el dios Tecnos estaba cometiendo.
Pero la asociación del dios Tecnos como causa principal de esa desigualdad, es aún más reciente. Los movimientos conservacionistas son del siglo pasado y yo diría que tiene décadas la denuncia de la adoración de Tecnos como fuente principal de esa desigualdad (ecología profunda, neoluditas, científicos de los límites del crecimiento).
Templos del dios progreso son la manzanita mordida, google y demás. Sacerdotes son la mayoría de los científicos e ingenieros. Y los obispos son los Bill Gates del momento.

Aunque la mayoría humana sentada en un diván o arrodillada en un confesionario reconocería que Au y Falo son dañinos, esto no es así para el dios Tecnos. Vivimos en el apogeo de su poder y hasta la mayoría de las soluciones al problema que él genera con la biosfera recurren paradójicamente a él. Aunque no hemos vencido ninguno de los mitos culturales (oro y machismo) hemos encumbrado el mito del progreso tecnológico a lo más alto.

Hay respuestas políticas, no solo religiosas, contra los antiguos dioses. El comunismo, socialismo y  anarquismo surgen como respuesta al becerro del oro. El feminismo surge como respuesta al machismo del dios Falo (recordaré aquí, por si acaso, que lo contrario de machismo no es feminismo es el hembrismo). El ecologismo surge como respuesta a la desigualdad con la biosfera y el ludismo contra la adoración del dios Tecnos.
Y las religiones no son corregibles en su esencia. No vale ningún capitalismo reformado (Keynes), ni ninguna solución tecno-verde que suele ser en realidad eco-pijería (pregúntese si su coche ecológico es extrapolable a 9000 millones de humanos y se dará cuenta de lo que hablo), de la misma manera que no nos debería valer ningún machismo responsable. Capitalismo responsable y tecnologías de mercado verdes son oxímoros.

Hay, por su puesto, dioses menores ligados a la patria, a algunas ideologías como el nazismo, etc. y aunque importantes, en realidad suelen estar asociados a los otros tres dioses.

Falta que el ecologismo se haga profundo, o que los neoluditas se hagan ecologistas o que los que advierten de los límites del crecimiento se hagan neoluditas-ecologistas (todos ellos). La unión contra los tres dioses ya se está solicitando (anarco-feminismo, ecofeminismo, etc.).

Sin embargo, hay otro dios detrás de estos tres que no solemos percibir. Es más, como tres caras de un mismo dios, como una trinidad, existe un único dios al que realmente adora nuestra Civilización (y algunos –ismos anteriores fallaron y fallarán precisamente por no darse cuenta de su presencia). Un dios que los abarca a todos. Un dios casi-todo-poderoso.
Tiene este símbolo:

Porque es el Poder económico lo que desean los adoradores del becerro del oro. El poder de poseer más que el otro (si todos tuviéramos tanto oro como agua o arena buscaríamos otra cosa). El faraón, rey o burgués tienen el poder que da el dinero, de posesión de bienes materiales e indirectamente de otros seres humanos
.Porque es el Poder sexual el que desean los adoradores de Falo. El poder de dominio sobre la mujer.
Porque es el Poder sobre la naturaleza el que desean los adoradores de Tecnos. El poder de mani-pularla, el poder de hacer y deshacer a nuestro antojo.

Ironman representa muy bien esta confluencia de mitos culturales en uno solo: El tipo cínico, rico y machista con máquinas que lo elevan a la categoría de superhombre. Es el dios Ironman, que busca la eternidad y la posesión del Universo entero. Es la voluntad de convertir a algún humano (no a todos claro) en dios. Sea por la tecnología como Ironman, por el azar genético: X-men,  por nacimiento: Superman, o por contagio: Vampiros. Holliwood y los cómics lo tienen claro. O eres super o te conviertes en la masa degenerada de zombies.
Es nuestra ansia de voluntad de poder y el poder de aplicarlo, lo que ha conducido al colapso de esta Civilización, de nuestra “cultura”. Sin desprendernos de todos esos dioses, de esos mitos culturales, estaremos condenados a repetir una y otra vez los mismos fracasos. Incluso cualquier nueva Civilización que venga tras esta.
Necesitaremos Política con un –ismo anti-Poder, una religión (matriarcal, frugal, gaiana) de diosas y sacerdotisas, obsesionada por evitar a toda costa la concentración de Poder, sea el que sea. Diosas y sacerdotisas que tampoco deberán poseernos.

Y quizás detrás del dios Ironman hay algo intrínseco a la naturaleza humana: el Antropocentrismo. ¡Quieran los dioses que no sea Antropos el dios que está escondido detrás de todos esos dioses!
Carlos de Castro
- See more at: http://www.eis.uva.es/energiasostenible/?p=2310#sthash.6w4ilLP3.dpuf
Siempre que se profundiza un poco en los males que aquejan al mundo, alguien nos recuerda que en el fondo Codicia y Consumismo están detrás: Detrás de la corrupción está la codicia, detrás de los excesos sobre el ambiente está el consumismo.
No es nuevo, Moisés ya nos advirtió del peligro de adorar al Becerro de Oro, llamemos a este antiguo dios Au.
El mito cultural por la fascinación de Au quizás comienza históricamente con la aparición de las sociedades agrícolas.
Hoy diríamos que a pesar de Moisés, Buda, Cristo, Mahoma o Gandhi, la adoración al becerro de Oro no ha hecho más que aumentar.
Y desde luego los Borgia son un sencillo ejemplo de cómo Au se impone una y otra vez a cualquier otro dios o se alía con ellos.
La desigualdad económica humana, creciente en nuestra cultura global, es fruto de la preponderancia de esta religión.
Hoy los templos son Wall Street, Bancos y demás. Y los sacerdotes son la mayoría de los economistas. Ahora la religión se llama Capitalismo. La lista Forbes está llena de los obispos de esta religión sin equivalente a un Papa.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.

Otro de los males “eternos” que nos aquejan es el derivado de otra desigualdad, la que existe entre las mujeres y los hombres. Religión antigua también donde las haya, pues el patriarcado es una institución pregriega (posiblemente con la domesticación del caballo la guerra se convierte en una profesión masculina que impone al hombre sobre la mujer). Si tuviéramos que escoger un dios al que adorar sería un dios fálico, llamémosle Falo.
Aquí en cambio vamos mucho más atrasados en la denuncia. Ninguna de las grandes religiones (desde Moisés hasta Gandhi mismo) ha sido capaz de denunciar la adoración a este dios. Todo lo más las grandes religiones han ido contra la sexualidad y frecuentemente contra la misma mujer. Basta el ejemplo de la caza de brujas en la Europa del Renacimiento (el dato es escalofriante: conocemos los casos de Galileo, Giordano y demás, pero por cada hombre ajusticiado hubo cincuenta mujeres).
Esta religión tiene sus templos también: Hollywood, la Pasarela de Paris y demás. Adeptos sacerdotes son y siguen siendo publicistas de cualquier cosa (vendan un coche o una colonia te suelen vender el sexo femenino o a la mujer toda) y cirujanos plásticos.
Vamos atrasados en la denuncia precisamente porque la historia ha ninguneado a las mujeres de forma sistemática. Han sido principalmente mujeres las que han denunciado esa desigualdad: Desde Hipatia hasta el movimiento “femen” han sido muchas pero pocas.
El machismo sigue siendo un mito cultural arraigado.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.


Hay una tercera desigualdad bien estudiada y denunciada pero frecuentemente no asociada claramente al tercer dios: “Technos” o el “Progreso técnológico”. La adoración a este tercer dios es algo más reciente, comienza tímidamente en la época griega y se establece como religión claramente definida en el Renacimiento europeo. Esta religión se convierte en mayoritaria con la Revolución Industrial y hoy sus adoradores son legión.
La desigualdad esta vez se produce entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Y la denuncia aún está más atrasada que la adoración del dios Falo.
Las grandes religiones ni siguiera se lo han planteado, pese a San Agustín o el Tao. Almas sensibles sí denunciaban la desigualdad entre seres humanos y naturaleza (frecuentemente vista esta como desigualdad entre seres humanos y animales, a ser posible mamíferos). Y el Romanticismo y los luditas son ejemplos históricamente recientes a la denuncia de los excesos que el dios Tecnos estaba cometiendo.
Pero la asociación del dios Tecnos como causa principal de esa desigualdad, es aún más reciente. Los movimientos conservacionistas son del siglo pasado y yo diría que tiene décadas la denuncia de la adoración de Tecnos como fuente principal de esa desigualdad (ecología profunda, neoluditas, científicos de los límites del crecimiento).
Templos del dios progreso son la manzanita mordida, google y demás. Sacerdotes son la mayoría de los científicos e ingenieros. Y los obispos son los Bill Gates del momento.

Aunque la mayoría humana sentada en un diván o arrodillada en un confesionario reconocería que Au y Falo son dañinos, esto no es así para el dios Tecnos. Vivimos en el apogeo de su poder y hasta la mayoría de las soluciones al problema que él genera con la biosfera recurren paradójicamente a él. Aunque no hemos vencido ninguno de los mitos culturales (oro y machismo) hemos encumbrado el mito del progreso tecnológico a lo más alto.

Hay respuestas políticas, no solo religiosas, contra los antiguos dioses. El comunismo, socialismo y  anarquismo surgen como respuesta al becerro del oro. El feminismo surge como respuesta al machismo del dios Falo (recordaré aquí, por si acaso, que lo contrario de machismo no es feminismo es el hembrismo). El ecologismo surge como respuesta a la desigualdad con la biosfera y el ludismo contra la adoración del dios Tecnos.
Y las religiones no son corregibles en su esencia. No vale ningún capitalismo reformado (Keynes), ni ninguna solución tecno-verde que suele ser en realidad eco-pijería (pregúntese si su coche ecológico es extrapolable a 9000 millones de humanos y se dará cuenta de lo que hablo), de la misma manera que no nos debería valer ningún machismo responsable. Capitalismo responsable y tecnologías de mercado verdes son oxímoros.

Hay, por su puesto, dioses menores ligados a la patria, a algunas ideologías como el nazismo, etc. y aunque importantes, en realidad suelen estar asociados a los otros tres dioses.

Falta que el ecologismo se haga profundo, o que los neoluditas se hagan ecologistas o que los que advierten de los límites del crecimiento se hagan neoluditas-ecologistas (todos ellos). La unión contra los tres dioses ya se está solicitando (anarco-feminismo, ecofeminismo, etc.).

Sin embargo, hay otro dios detrás de estos tres que no solemos percibir. Es más, como tres caras de un mismo dios, como una trinidad, existe un único dios al que realmente adora nuestra Civilización (y algunos –ismos anteriores fallaron y fallarán precisamente por no darse cuenta de su presencia). Un dios que los abarca a todos. Un dios casi-todo-poderoso.
Tiene este símbolo:

Porque es el Poder económico lo que desean los adoradores del becerro del oro. El poder de poseer más que el otro (si todos tuviéramos tanto oro como agua o arena buscaríamos otra cosa). El faraón, rey o burgués tienen el poder que da el dinero, de posesión de bienes materiales e indirectamente de otros seres humanos
.Porque es el Poder sexual el que desean los adoradores de Falo. El poder de dominio sobre la mujer.
Porque es el Poder sobre la naturaleza el que desean los adoradores de Tecnos. El poder de mani-pularla, el poder de hacer y deshacer a nuestro antojo.

Ironman representa muy bien esta confluencia de mitos culturales en uno solo: El tipo cínico, rico y machista con máquinas que lo elevan a la categoría de superhombre. Es el dios Ironman, que busca la eternidad y la posesión del Universo entero. Es la voluntad de convertir a algún humano (no a todos claro) en dios. Sea por la tecnología como Ironman, por el azar genético: X-men,  por nacimiento: Superman, o por contagio: Vampiros. Holliwood y los cómics lo tienen claro. O eres super o te conviertes en la masa degenerada de zombies.
Es nuestra ansia de voluntad de poder y el poder de aplicarlo, lo que ha conducido al colapso de esta Civilización, de nuestra “cultura”. Sin desprendernos de todos esos dioses, de esos mitos culturales, estaremos condenados a repetir una y otra vez los mismos fracasos. Incluso cualquier nueva Civilización que venga tras esta.
Necesitaremos Política con un –ismo anti-Poder, una religión (matriarcal, frugal, gaiana) de diosas y sacerdotisas, obsesionada por evitar a toda costa la concentración de Poder, sea el que sea. Diosas y sacerdotisas que tampoco deberán poseernos.

Y quizás detrás del dios Ironman hay algo intrínseco a la naturaleza humana: el Antropocentrismo. ¡Quieran los dioses que no sea Antropos el dios que está escondido detrás de todos esos dioses!
Carlos de Castro
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Siempre que se profundiza un poco en los males que aquejan al mundo, alguien nos recuerda que en el fondo Codicia y Consumismo están detrás: Detrás de la corrupción está la codicia, detrás de los excesos sobre el ambiente está el consumismo.
No es nuevo, Moisés ya nos advirtió del peligro de adorar al Becerro de Oro, llamemos a este antiguo dios Au.
El mito cultural por la fascinación de Au quizás comienza históricamente con la aparición de las sociedades agrícolas.
Hoy diríamos que a pesar de Moisés, Buda, Cristo, Mahoma o Gandhi, la adoración al becerro de Oro no ha hecho más que aumentar.
Y desde luego los Borgia son un sencillo ejemplo de cómo Au se impone una y otra vez a cualquier otro dios o se alía con ellos.
La desigualdad económica humana, creciente en nuestra cultura global, es fruto de la preponderancia de esta religión.
Hoy los templos son Wall Street, Bancos y demás. Y los sacerdotes son la mayoría de los economistas. Ahora la religión se llama Capitalismo. La lista Forbes está llena de los obispos de esta religión sin equivalente a un Papa.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.

Otro de los males “eternos” que nos aquejan es el derivado de otra desigualdad, la que existe entre las mujeres y los hombres. Religión antigua también donde las haya, pues el patriarcado es una institución pregriega (posiblemente con la domesticación del caballo la guerra se convierte en una profesión masculina que impone al hombre sobre la mujer). Si tuviéramos que escoger un dios al que adorar sería un dios fálico, llamémosle Falo.
Aquí en cambio vamos mucho más atrasados en la denuncia. Ninguna de las grandes religiones (desde Moisés hasta Gandhi mismo) ha sido capaz de denunciar la adoración a este dios. Todo lo más las grandes religiones han ido contra la sexualidad y frecuentemente contra la misma mujer. Basta el ejemplo de la caza de brujas en la Europa del Renacimiento (el dato es escalofriante: conocemos los casos de Galileo, Giordano y demás, pero por cada hombre ajusticiado hubo cincuenta mujeres).
Esta religión tiene sus templos también: Hollywood, la Pasarela de Paris y demás. Adeptos sacerdotes son y siguen siendo publicistas de cualquier cosa (vendan un coche o una colonia te suelen vender el sexo femenino o a la mujer toda) y cirujanos plásticos.
Vamos atrasados en la denuncia precisamente porque la historia ha ninguneado a las mujeres de forma sistemática. Han sido principalmente mujeres las que han denunciado esa desigualdad: Desde Hipatia hasta el movimiento “femen” han sido muchas pero pocas.
El machismo sigue siendo un mito cultural arraigado.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.


Hay una tercera desigualdad bien estudiada y denunciada pero frecuentemente no asociada claramente al tercer dios: “Technos” o el “Progreso técnológico”. La adoración a este tercer dios es algo más reciente, comienza tímidamente en la época griega y se establece como religión claramente definida en el Renacimiento europeo. Esta religión se convierte en mayoritaria con la Revolución Industrial y hoy sus adoradores son legión.
La desigualdad esta vez se produce entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Y la denuncia aún está más atrasada que la adoración del dios Falo.
Las grandes religiones ni siguiera se lo han planteado, pese a San Agustín o el Tao. Almas sensibles sí denunciaban la desigualdad entre seres humanos y naturaleza (frecuentemente vista esta como desigualdad entre seres humanos y animales, a ser posible mamíferos). Y el Romanticismo y los luditas son ejemplos históricamente recientes a la denuncia de los excesos que el dios Tecnos estaba cometiendo.
Pero la asociación del dios Tecnos como causa principal de esa desigualdad, es aún más reciente. Los movimientos conservacionistas son del siglo pasado y yo diría que tiene décadas la denuncia de la adoración de Tecnos como fuente principal de esa desigualdad (ecología profunda, neoluditas, científicos de los límites del crecimiento).
Templos del dios progreso son la manzanita mordida, google y demás. Sacerdotes son la mayoría de los científicos e ingenieros. Y los obispos son los Bill Gates del momento.

Aunque la mayoría humana sentada en un diván o arrodillada en un confesionario reconocería que Au y Falo son dañinos, esto no es así para el dios Tecnos. Vivimos en el apogeo de su poder y hasta la mayoría de las soluciones al problema que él genera con la biosfera recurren paradójicamente a él. Aunque no hemos vencido ninguno de los mitos culturales (oro y machismo) hemos encumbrado el mito del progreso tecnológico a lo más alto.

Hay respuestas políticas, no solo religiosas, contra los antiguos dioses. El comunismo, socialismo y  anarquismo surgen como respuesta al becerro del oro. El feminismo surge como respuesta al machismo del dios Falo (recordaré aquí, por si acaso, que lo contrario de machismo no es feminismo es el hembrismo). El ecologismo surge como respuesta a la desigualdad con la biosfera y el ludismo contra la adoración del dios Tecnos.
Y las religiones no son corregibles en su esencia. No vale ningún capitalismo reformado (Keynes), ni ninguna solución tecno-verde que suele ser en realidad eco-pijería (pregúntese si su coche ecológico es extrapolable a 9000 millones de humanos y se dará cuenta de lo que hablo), de la misma manera que no nos debería valer ningún machismo responsable. Capitalismo responsable y tecnologías de mercado verdes son oxímoros.

Hay, por su puesto, dioses menores ligados a la patria, a algunas ideologías como el nazismo, etc. y aunque importantes, en realidad suelen estar asociados a los otros tres dioses.

Falta que el ecologismo se haga profundo, o que los neoluditas se hagan ecologistas o que los que advierten de los límites del crecimiento se hagan neoluditas-ecologistas (todos ellos). La unión contra los tres dioses ya se está solicitando (anarco-feminismo, ecofeminismo, etc.).

Sin embargo, hay otro dios detrás de estos tres que no solemos percibir. Es más, como tres caras de un mismo dios, como una trinidad, existe un único dios al que realmente adora nuestra Civilización (y algunos –ismos anteriores fallaron y fallarán precisamente por no darse cuenta de su presencia). Un dios que los abarca a todos. Un dios casi-todo-poderoso.
Tiene este símbolo:

Porque es el Poder económico lo que desean los adoradores del becerro del oro. El poder de poseer más que el otro (si todos tuviéramos tanto oro como agua o arena buscaríamos otra cosa). El faraón, rey o burgués tienen el poder que da el dinero, de posesión de bienes materiales e indirectamente de otros seres humanos
.Porque es el Poder sexual el que desean los adoradores de Falo. El poder de dominio sobre la mujer.
Porque es el Poder sobre la naturaleza el que desean los adoradores de Tecnos. El poder de mani-pularla, el poder de hacer y deshacer a nuestro antojo.

Ironman representa muy bien esta confluencia de mitos culturales en uno solo: El tipo cínico, rico y machista con máquinas que lo elevan a la categoría de superhombre. Es el dios Ironman, que busca la eternidad y la posesión del Universo entero. Es la voluntad de convertir a algún humano (no a todos claro) en dios. Sea por la tecnología como Ironman, por el azar genético: X-men,  por nacimiento: Superman, o por contagio: Vampiros. Holliwood y los cómics lo tienen claro. O eres super o te conviertes en la masa degenerada de zombies.
Es nuestra ansia de voluntad de poder y el poder de aplicarlo, lo que ha conducido al colapso de esta Civilización, de nuestra “cultura”. Sin desprendernos de todos esos dioses, de esos mitos culturales, estaremos condenados a repetir una y otra vez los mismos fracasos. Incluso cualquier nueva Civilización que venga tras esta.
Necesitaremos Política con un –ismo anti-Poder, una religión (matriarcal, frugal, gaiana) de diosas y sacerdotisas, obsesionada por evitar a toda costa la concentración de Poder, sea el que sea. Diosas y sacerdotisas que tampoco deberán poseernos.

Y quizás detrás del dios Ironman hay algo intrínseco a la naturaleza humana: el Antropocentrismo. ¡Quieran los dioses que no sea Antropos el dios que está escondido detrás de todos esos dioses!
Carlos de Castro
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Mitos culturales y colapso de nuestra Civilización
Siempre que se profundiza un poco en los males que aquejan al mundo, alguien nos recuerda que en el fondo Codicia y Consumismo están detrás: Detrás de la corrupción está la codicia, detrás de los excesos sobre el ambiente está el consumismo.
No es nuevo, Moisés ya nos advirtió del peligro de adorar al Becerro de Oro, llamemos a este antiguo dios Au.
El mito cultural por la fascinación de Au quizás comienza históricamente con la aparición de las sociedades agrícolas.
Hoy diríamos que a pesar de Moisés, Buda, Cristo, Mahoma o Gandhi, la adoración al becerro de Oro no ha hecho más que aumentar.
Y desde luego los Borgia son un sencillo ejemplo de cómo Au se impone una y otra vez a cualquier otro dios o se alía con ellos.
La desigualdad económica humana, creciente en nuestra cultura global, es fruto de la preponderancia de esta religión.
Hoy los templos son Wall Street, Bancos y demás. Y los sacerdotes son la mayoría de los economistas. Ahora la religión se llama Capitalismo. La lista Forbes está llena de los obispos de esta religión sin equivalente a un Papa.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.
Otro de los males “eternos” que nos aquejan es el derivado de otra desigualdad, la que existe entre las mujeres y los hombres. Religión antigua también donde las haya, pues el patriarcado es una institución pregriega (posiblemente con la domesticación del caballo la guerra se convierte en una profesión masculina que impone al hombre sobre la mujer). Si tuviéramos que escoger un dios al que adorar sería un dios fálico, llamémosle Falo.
Aquí en cambio vamos mucho más atrasados en la denuncia. Ninguna de las grandes religiones (desde Moisés hasta Gandhi mismo) ha sido capaz de denunciar la adoración a este dios. Todo lo más las grandes religiones han ido contra la sexualidad y frecuentemente contra la misma mujer. Basta el ejemplo de la caza de brujas en la Europa del Renacimiento (el dato es escalofriante: conocemos los casos de Galileo, Giordano y demás, pero por cada hombre ajusticiado hubo cincuenta mujeres).
Esta religión tiene sus templos también: Hollywood, la Pasarela de Paris y demás. Adeptos sacerdotes son y siguen siendo publicistas de cualquier cosa (vendan un coche o una colonia te suelen vender el sexo femenino o a la mujer toda) y cirujanos plásticos.
Vamos atrasados en la denuncia precisamente porque la historia ha ninguneado a las mujeres de forma sistemática. Han sido principalmente mujeres las que han denunciado esa desigualdad: Desde Hipatia hasta el movimiento “femen” han sido muchas pero pocas.
El machismo sigue siendo un mito cultural arraigado.
No digo nada que no hayamos reflexionado muchas personas.
 
Hay una tercera desigualdad bien estudiada y denunciada pero frecuentemente no asociada claramente al tercer dios: “Technos” o el “Progreso técnológico”. La adoración a este tercer dios es algo más reciente, comienza tímidamente en la época griega y se establece como religión claramente definida en el Renacimiento europeo. Esta religión se convierte en mayoritaria con la Revolución Industrial y hoy sus adoradores son legión.
La desigualdad esta vez se produce entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Y la denuncia aún está más atrasada que la adoración del dios Falo.
Las grandes religiones ni siguiera se lo han planteado, pese a San Agustín o el Tao. Almas sensibles sí denunciaban la desigualdad entre seres humanos y naturaleza (frecuentemente vista esta como desigualdad entre seres humanos y animales, a ser posible mamíferos). Y el Romanticismo y los luditas son ejemplos históricamente recientes a la denuncia de los excesos que el dios Tecnos estaba cometiendo.
Pero la asociación del dios Tecnos como causa principal de esa desigualdad, es aún más reciente. Los movimientos conservacionistas son del siglo pasado y yo diría que tiene décadas la denuncia de la adoración de Tecnos como fuente principal de esa desigualdad (ecología profunda, neoluditas, científicos de los límites del crecimiento).
Templos del dios progreso son la manzanita mordida, google y demás. Sacerdotes son la mayoría de los científicos e ingenieros. Y los obispos son los Bill Gates del momento.
Aunque la mayoría humana sentada en un diván o arrodillada en un confesionario reconocería que Au y Falo son dañinos, esto no es así para el dios Tecnos. Vivimos en el apogeo de su poder y hasta la mayoría de las soluciones al problema que él genera con la biosfera recurren paradójicamente a él. Aunque no hemos vencido ninguno de los mitos culturales (oro y machismo) hemos encumbrado el mito del progreso tecnológico a lo más alto.
 
Hay respuestas políticas, no solo religiosas, contra los antiguos dioses. El comunismo, socialismo y  anarquismo surgen como respuesta al becerro del oro. El feminismo surge como respuesta al machismo del dios Falo (recordaré aquí, por si acaso, que lo contrario de machismo no es feminismo es el hembrismo). El ecologismo surge como respuesta a la desigualdad con la biosfera y el ludismo contra la adoración del dios Tecnos.
Y las religiones no son corregibles en su esencia. No vale ningún capitalismo reformado (Keynes), ni ninguna solución tecno-verde que suele ser en realidad eco-pijería (pregúntese si su coche ecológico es extrapolable a 9000 millones de humanos y se dará cuenta de lo que hablo), de la misma manera que no nos debería valer ningún machismo responsable. Capitalismo responsable y tecnologías de mercado verdes son oxímoros.
 
Hay, por su puesto, dioses menores ligados a la patria, a algunas ideologías como el nazismo, etc. y aunque importantes, en realidad suelen estar asociados a los otros tres dioses.
 
Falta que el ecologismo se haga profundo, o que los neoluditas se hagan ecologistas o que los que advierten de los límites del crecimiento se hagan neoluditas-ecologistas (todos ellos). La unión contra los tres dioses ya se está solicitando (anarco-feminismo, ecofeminismo, etc.).
 
Sin embargo, hay otro dios detrás de estos tres que no solemos percibir. Es más, como tres caras de un mismo dios, como una trinidad, existe un único dios al que realmente adora nuestra Civilización (y algunos –ismos anteriores fallaron y fallarán precisamente por no darse cuenta de su presencia). Un dios que los abarca a todos. Un dios casi-todo-poderoso.
Tiene este símbolo:
Porque es el Poder económico lo que desean los adoradores del becerro del oro. El poder de poseer más que el otro (si todos tuviéramos tanto oro como agua o arena buscaríamos otra cosa). El faraón, rey o burgués tienen el poder que da el dinero, de posesión de bienes materiales e indirectamente de otros seres humanos
.Porque es el Poder sexual el que desean los adoradores de Falo. El poder de dominio sobre la mujer.
Porque es el Poder sobre la naturaleza el que desean los adoradores de Tecnos. El poder de mani-pularla, el poder de hacer y deshacer a nuestro antojo.
 
Ironman representa muy bien esta confluencia de mitos culturales en uno solo: El tipo cínico, rico y machista con máquinas que lo elevan a la categoría de superhombre. Es el dios Ironman, que busca la eternidad y la posesión del Universo entero. Es la voluntad de convertir a algún humano (no a todos claro) en dios. Sea por la tecnología como Ironman, por el azar genético: X-men,  por nacimiento: Superman, o por contagio: Vampiros. Holliwood y los cómics lo tienen claro. O eres super o te conviertes en la masa degenerada de zombies.
Es nuestra ansia de voluntad de poder y el poder de aplicarlo, lo que ha conducido al colapso de esta Civilización, de nuestra “cultura”. Sin desprendernos de todos esos dioses, de esos mitos culturales, estaremos condenados a repetir una y otra vez los mismos fracasos. Incluso cualquier nueva Civilización que venga tras esta.
Necesitaremos Política con un –ismo anti-Poder, una religión (matriarcal, frugal, gaiana) de diosas y sacerdotisas, obsesionada por evitar a toda costa la concentración de Poder, sea el que sea. Diosas y sacerdotisas que tampoco deberán poseernos.
 
Y quizás detrás del dios Ironman hay algo intrínseco a la naturaleza humana: el Antropocentrismo. ¡Quieran los dioses que no sea Antropos el dios que está escondido detrás de todos esos dioses!
Carlos de Castro
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