Automovil: destrucción creativa

 “En 2013, en España, se han producido 354.219.623 desplazamientos de largo recorrido. En estos desplazamientos murieron 1.128 personas, y 5.206 personas resultaron heridas graves.”
Dirección General de Tráfico


¿Qué le falta a nuestro lugar habitual de vida? ¿Qué nos falta para ser capaces de disfrutarlo? ¿Qué sueño prometido tenemos que consumir para ser felices? ¿Qué mundo nos hemos creado los ricos para tener que salir despavoridos en cuanto nos dan un día de ocio? ¿Qué infierno para tener que comprar paraísos inventados?
El problema, a mi modo de ver, no está en el medio sino en el motivo. No en el medio de transporte sino en las carencias que lo mueven. No es el coche, no es el medio de transporte el que contamina, son nuestras propias carencias, carencias que no colma el dinero, el poder ni el éxito.”
En mi buzón de correo electrónico


El transporte – Destrucción de la Territorio
El proceso de internacionalización y globalización de la economía provoca el tráfico de mercancías y personas de una parte a otra de la Tierra. La Naturaleza terrestre es en esencia fija; las "modernas sociedades industriales" se han organizado completamente de espaldas a los principios básicos de la Naturaleza.
Los automóviles tienen que "abrirse paso" a través de unos ecosistemas naturales terrestres que no están "diseñados" para soportarlo, y en su avance van fraccionando y empobreciendo estos ecosistemas, por otra parte la generalización de la automovilidad exige la utilización de enormes cantidades de materiales y energía, cuya extracción, transformación y consumo produce grandes masas de residuos extraños a la Naturaleza como el propio concepto de movimiento horizontal masivo.


Automóvil: Un lujo a su alcance
Los automóviles son bienes de lujo inventados para el placer exclusivo de una minoría muy rica, y que nunca estuvieron, en su concepción y naturaleza, destinados a su uso generalizado por parte de la población. No había, hasta principios del siglo XX, una velocidad de desplazamiento para la élite y otra para el pueblo; el automóvil cambiaría esto, por primera vez se extendía la diferencia de clases a la velocidad y al medio de transporte. Y el lujo, por definición, no se democratiza: si todo el mundo tiene acceso al lujo, nadie le saca provecho, aunque impera la creencia ilusoria de que cada individuo puede prevalecer y beneficiarse a expensas de todos los demás.
La publicidad de los autos se encarga de proyectar el siguiente mensaje “Usted también, a partir de ahora, tendrá el privilegio de circular, como los ricos y los burgueses, más rápido que todo el mundo. En la sociedad del automóvil el privilegio de la élite está a su disposición.”
La paradoja del automóvil se fundamenta en que el uso del vehículo privado parecía conferir a sus dueños una independencia sin límites, al permitirles desplazarse de acuerdo con la hora y los itinerarios de su elección, sin embargo el automovilista depende de comerciantes y expertos para poder circular; el conductor de autos está obligado a consumir y utilizar una cantidad de servicios comerciales y productos industriales que sólo terceros pueden procurarle. La aparente autonomía del propietario de un automóvil esconde en realidad, una gran servidumbre, el tiempo dedicado al automóvil va en aumento en la medida que este propone mayores grados de libertad.
De objeto de lujo y símbolo de privilegio, el automóvil ha pasado a ser una necesidad vital. Hay que tener uno para poder existir en el infierno cotidiano, o bien ser humillado por el hecho de no ser conductor; lo superfluo se ha vuelto necesario. No se es libre de tener o no un automóvil porque el universo suburbano está diseñado en función del coche y, cada vez más, también el universo urbano.
La automovilidad no ha surgido de ninguna necesidad común, consensuada, racional, que una sociedad determinada pudiera plantearse, ha sido sólo un lujo demencial ejercido por las poblaciones de ciertas zonas de los países desarrollados, a costa del saqueo de otras poblaciones y zonas naturales, y a costa también de la propia alienación a un objeto de consumo suntuario.


La "destrucción", paradójicamente, "mueve" la "economía
El automóvil es, en efecto, una de las mayores herramientas de la actual concepción económica del mundo. El automóvil ha sido la máquina de guerra que ha envuelto al occidente desarrollado en una paz auto indulgente e insensata: la paz del week-end, de la escapada en automóvil hacia la playa o la montaña, la paz blindada por el control armado de países remotos.
El automóvil es además, el eje de la actividad industrial, financiera y energética de nuestra civilización termoindustrial. El objeto que permite la destrucción creativa , -concepto ideado por el sociólogo alemán Werner Sombart y popularizado por el economista austriaco Joseph Schumpeter-, ese ‘conejo de la galera’ del sistema capitalista, que promueve la extracción y procesamiento de casi todos los minerales conocidos, la base misma del empleo del petróleo (quemándolo sin sentido productivo), da lugar al desarrollo de gigantescas infraestructuras que obligan a movimientos de tierras descomunales; genera la creación de industrias y sectores vinculados con el automóvil como el turismo, los seguros, los talleres, las gasolineras, industria del vidrio, de la tecnología, la construcción, el caucho, los motores…
El automóvil se halla en la base de una burbuja de creación-destrucción que permite el crecimiento económico; al ser más baratos que una casa pero más caros que un televisor, están en el punto óptimo para generar un negocio financiero. Admite cientos de configuraciones para todos los mercados... desde las humildes motocicletas para los asiáticos, hasta los portentosos Porches para alemanes y rusos ricos. Su vida útil relativamente breve (3 años dentro de la "moda", 10 años dentro de su "usabilidad") aseguran su rápido ciclo de renovación. Como sabrán -absurda paradoja- los accidentes de tráfico producen "crecimiento económico"...


Automóvil y consenso social
El transporte y las infraestructuras reúnen en general un consenso social y político, al ser considerados bienes en sí mismos, como recursos y riquezas que siempre conviene acrecentar, no es de extrañar que las molestias que genera el transporte (gasto energético, contaminación atmosférica, ruido, ocupación de espacio, fragmentación de sistemas naturales, accidentes, lejanía de emplazamientos, discriminación de no motorizados, gasto de tiempos en traslados... ) sería el precio a pagar por el progreso que por sí mismo reduciría las consecuencias negativas.


Una propuestas, desde el decrecimiento
Para que la gente pueda renunciar a sus automóviles, no basta con ofrecerle medios de transporte colectivo más cómodos. Es necesario que la gente pueda prescindir del transporte al sentirse como en casa en sus barrios, dentro de su comunidad, dentro de su ciudad a escala humana y al disfrutar ir a pie de su trabajo a su domicilio –a pie o en bicicleta. Ningún medio de transporte rápido y de evasión compensará jamás el malestar de vivir en una ciudad inhabitable, de no estar en casa en ningún lugar, de pasar por allí sólo para trabajar o, por el contrario, para aislarse y dormir. no plantear jamás el problema del transporte de manera aislada
Hay que defender alternativas como el ferrocarril convencional que llegue a todos, y fomentar la utilización de los transportes colectivos; la marcha a pie y la bicicleta. Es preciso reconstruir lo local en consonancia con el medio, incrementando la autonomía y la autosuficiencia desvinculándose de la dependencia del mercado mundial.

Publicado en Ssociologos


El buen vivir: una conversación con Alberto Acosta

Horizontal


"Este buen vivir propone la búsqueda de la vida en armonía del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con la naturaleza, entendiendo que todos somos naturaleza y que somos interdependientes unos con otros, que existimos a partir del otro.

Buscar esas armonías no implica desconocer los conflictos sociales y las diferencias sociales y económicas, ni tampoco negar que estamos en un orden, el capitalista, que es ante todo depredador. Justamente, el sumak kawsay sería un camino para salir de este sistema." 

Entrevista realizada por Luciano Concheiro
 

El buen vivir se presenta como una alternativa radical al capitalismo: propone una nueva relación entre los hombres y, fundamentalmente, de los hombres con la naturaleza. Presentamos aquí una conversación con uno de los principales teóricos e impulsores del tema: Alberto Acosta, exministro de Energía y Minas de Ecuador. Acosta fue también presidente de la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la actual Constitución ecuatoriana (2008), la cual otorga derechos inalienables a la naturaleza, convirtiéndola así en sujeto de derecho. El Buen Vivir: Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos (Editorial Abya-Yala 2012 e Icaria Editorial, 2013) es su libro más reciente, que fue publicado también en francés (Utopia 2014) y en alemán (Oekom Verlag 2015). – LC 


¿Qué es el buen vivir o, para decirlo en kichwa, el sumak kawsay?
 

El sumak kawsay o buen vivir es una visión del mundo que emerge con fuerza desde los pueblos del sur, los mismos que han sido marginados de la historia. El buen vivir no implica una propuesta académica-política, sino la posibilidad de aprender de realidades, experiencias, prácticas y valores presentes en muchas partes, aun ahora en medio de la civilización capitalista. 


Este buen vivir, para intentar una primera definición, propone la búsqueda de la vida en armonía del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con la naturaleza, entendiendo que todos somos naturaleza y que somos interdependientes unos con otros, que existimos a partir del otro. Buscar esas armonías no implica desconocer los conflictos sociales y las diferencias sociales y económicas, ni tampoco negar que estamos en un orden, el capitalista, que es ante todo depredador. Justamente, el sumak kawsay sería un camino para salir de este sistema. 


¿En qué difiere el buen vivir de otros cuestionamientos a la idea del desarrollo y el progreso? ¿Por qué es una alternativa radicalmente distinta al resto?
 

Las crisis provocadas por el capitalismo desbocado –siempre salvaje– ocasionan mayores niveles de desequilibrios sociales y culturales y conducen, simultáneamente, a una mayor destrucción de la naturaleza. Esta imparable tendencia amplifica cada vez más la exclusión, el autoritarismo y la intolerancia, además de las desigualdades tan propias del sistema capitalista. 


Así las cosas, los límites de la naturaleza, aceleradamente desbordados por la expansión de las actividades propias de la modernidad, exacerbadas por las demandas de acumulación del capital, son cada vez más evidentes. Al mismo tiempo, la inequidad social, inherente al capitalismo, en tanto civilización de la desigualdad, encuentra múltiples y crecientes rupturas, que provocan complejos y dolorosos procesos, como la imparable migración de los países del sur a Estados Unidos y a la Unión Europea; y ahora, incluso, el camino contrario de los habitantes de países en crisis, como España, por dar un ejemplo. 


Esto demuestra claramente que el crecimiento de la economía no tiene como consecuencia la felicidad, ni siquiera en los países considerados desarrollados. Es más: ese crecimiento, a la postre, casi siempre aumenta las brechas en las sociedades: la riqueza de unos pocos se sustenta, con frecuencia, en la explotación de la mayoría y de la naturaleza, o simplemente en la especulación.

Con ese horizonte, es preciso iniciar una discusión reconociendo que el sistema capitalista vive de sofocar la vida y el mundo de la vida, es decir, el trabajo y la naturaleza. Este es el meollo del asunto. No podemos seguir por la vía del progreso tradicional, entendido como un proceso de acumulación permanente de bienes materiales, sin tener a la vista los límites biofísicos de la naturaleza y la imparable y creciente inequidad social. 


Por eso decimos que el buen vivir es algo diferente al desarrollo. No es una alternativa de desarrollo: es una alternativa al desarrollo. No se trata de aplicar un conjunto de políticas, instrumentos e indicadores para salir del “subdesarrollo” y llegar a aquella deseada condición del “desarrollo”. Una tarea por lo demás inútil. ¿Cuántos países han logrado el desarrollo? Muy pocos, asumiendo que la meta buscada pueda ser considerada como desarrollo. 


Los caminos hacia el desarrollo no han sido el problema mayor. La dificultad radica en el concepto mismo de desarrollo. Es más: el mundo vive un mal desarrollo generalizado, incluyendo los países considerados como industrializados, es decir, los países cuyo estilo de vida debía servir como faro referencial para los países atrasados. Eso no es todo: el funcionamiento del sistema mundial es maldesarrollador


En suma, es urgente disolver el tradicional concepto del progreso en su deriva productivista y el del desarrollo en tanto dirección única, sobre todo en su visión mecanicista de crecimiento económico, así como sus múltiples sinónimos. Pero no solo se trata de disolverlos; se requiere una visión diferente, mucho más rica en contenidos y en dificultades. 


¿Qué coloca el buen vivir en el lugar de la noción de desarrollo? ¿Qué visión del tiempo instaura frente a la visión lineal y progresiva de la modernidad?
 

Es importante entender que bajo algunos saberes indígenas no existe una idea análoga a la de desarrollo, lo que lleva a que en muchos casos se rechace ese concepto. No existe la concepción de un proceso lineal de la vida que establezca un estado anterior y posterior, a saber, de subdesarrollo y desarrollo; dicotomía por la que deben transitar las personas o los países para la consecución del bienestar, como ocurre en el mundo occidental. Tampoco existen conceptos de riqueza y pobreza determinados por la acumulación y la carencia de bienes materiales. 


El buen vivir debe ser asumido como una categoría en permanente construcción y reproducción. En tanto planteamiento holístico, es preciso comprender la diversidad de elementos a los que están condicionadas las acciones humanas que propician el buen vivir, como son el conocimiento, los códigos de conducta ética y espiritual en la relación con el entorno, los valores humanos y la visión de futuro, entre otros. El buen vivir, en definitiva, constituye una categoría central de la filosofía de vida de las sociedades indígenas. 


Desde esa perspectiva, el desarrollo convencional es visto como una imposición cultural heredera del saber occidental, por lo tanto colonial. Las resistencias a la colonialidad implican un distanciamiento del desarrollismo. La tarea por tanto es descolonizadora, y además debe ser despatriarcalizadora. En este proceso se necesita, en primer lugar, una descolonización intelectual para poco a poco descolonizar la economía, la política, la sociedad. 


El buen vivir, en definitiva, plantea una cosmovisión diferente a la occidental al surgir de raíces comunitarias no capitalistas. Rompe por igual con las lógicas antropocéntricas del capitalismo, en tanto civilización dominante, y con los diversos socialismos realmente existentes hasta ahora, que deberán repensarse desde posturas socio-biocéntricas y que no se actualizarán simplemente cambiando de apellidos. No olvidemos que socialistas y capitalistas de todo tipo se enfrentaron y se enfrentan aún en el cuadrilátero del desarrollo y del progreso. 


¿Qué tipo de sociedad pretende construir el buen vivir?
 

El buen vivir propone, y aquí repito lo que dije arriba, sociedades sustentadas en una vida armónica del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con la naturaleza, porque todos somos naturaleza y solo existimos a partir del otro. 


A diferencia del mundo del consumismo y de la competencia extrema, lo que se pretende es construir sociedades en las que lo individual y lo colectivo coexistan en complementariedad entre sí y en armonía con la naturaleza, y en las que la racionalidad económica se reconcilie con la ética y el sentido común. La economía tiene que reencontrarse con la naturaleza, para mantenerla y no para destruirla; en definitiva, para retornar a su valor de uso y no al valor de cambio. 


El objetivo no puede ser tener siempre cada vez más bienes materiales, objetivo inviable de sostener en el tiempo en un mundo con límites biofísicos que ya están siendo amenazados. Como dicen los sabios andinos: rico no es aquel que tiene muchas cosas materiales sino el que tiene menos necesidades. Esto conduce, por cierto, a una redistribución de esas cosas acumuladas en pocas manos. Esta aceptación no significa negar valiosos avances tecnológicos de la humanidad. 


El buen vivir implica un cambio civilizatorio. Se pone en entredicho aquella idea de la Ilustración que se difundió con mucha fuerza desde hace varios siglos, a través de la cual se creía que el ser humano está obligado a dominar y controlar la naturaleza. 


Uno de los principios básicos del buen vivir es el planteamiento de una nueva relación entre el hombre y la naturaleza. ¿Cómo es esta relación? ¿Qué subjetividades emanan de ella?
 

A contrapelo de la dominante lógica antropocéntrica se precisa una aproximación socio-biocéntrica que nos conmina a avanzar entendiendo la naturaleza como sujeto de derechos. A lo largo de la historia del Derecho, cada ampliación de los derechos fue anteriormente impensable. La emancipación de los esclavos o la extensión de los derechos a los afroamericanos, a las mujeres y a los niños y niñas fueron alguna vez rechazadas por ser consideradas como un absurdo. Se ha requerido que se reconozca el derecho de tener derechos, y esto se ha conseguido siempre con una intensa lucha política para cambiar aquellas leyes que negaban esos derechos. 


La liberación de la naturaleza de esta condición de sujeto sin derechos, o de simple objeto de propiedad, exigió y exige un esfuerzo político que la reconozca como sujeto de derechos. Este aspecto es fundamental si aceptamos que todos los seres vivos tienen el mismo valor ontológico, lo que no implica que todos sean idénticos. 


El asunto no es fácil. No será sencillo hacer realidad los derechos de la naturaleza; estos derechos significan alentar políticamente su paso de objeto a sujeto, como parte de un proceso centenario de ampliación de los sujetos del Derecho. Lo central de los derechos de la naturaleza es rescatar el derecho a la existencia de los propios seres humanos. Este es un punto medular de los derechos de la naturaleza. 


Entonces, no es necesaria una nueva economía, como se anotó antes, sino que se precisa otra forma de hacer política. Para empezar, es indispensable desarrollar el concepto de ciudadanía mismo. Los derechos de la naturaleza necesitan, y a la vez originan, otro tipo de definición de ciudadanía, que se construye en lo social pero también en lo ambiental: la meta-ciudadanía-ecológica. Ese tipo de ciudadanías son plurales, ya que dependen de las historias y de los ambientes; acogen criterios de justicia ecológica que superan la visión tradicional de justicia. 


Entonces, además de la ciudadanía ecológica y de la misma ciudadanía individual, de corte liberal, es preciso recuperar y fortalecer la ciudadanía colectiva, que surge de los derechos colectivos de pueblos y nacionalidades. Ciudadanías todas que deberán nutrirse de lo comunitario, donde los individuos encuentran el sentido de su existencia. Y son estas ciudadanías –individuales y colectivas– las que –tal como se prevé en la Constitución ecuatoriana– deberán defender y cristalizar los derechos de la naturaleza. 


En las nuevas constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009) se formalizaron algunas de las ideas del buen vivir. ¿Por qué elegir el camino constitucional? ¿Qué elementos fueron incorporados?
 

Cada uno de estos procesos tiene su explicación propia. El proceso constituyente ecuatoriano –fiel a las demandas acumuladas en la sociedad ecuatoriana, consecuente con las expectativas creadas y responsable ante los problemas que se vivía y se habían acumulado durante siglos– se proyectó como medio, e incluso como un fin, para dar paso a cambios estructurales. Así, en el contenido constitucional afloran múltiples propuestas para impulsar transformaciones de fondo, construidas a lo largo de muchas décadas de resistencias y de luchas sociales y que articularon diversas agendas, de los trabajadores, los indígenas, los campesinos, los pobladores urbanos, los estudiantes, los ecologistas, las mujeres, los ancianos, los jóvenes y otros tantos sectores progresistas. Justamente en estas luchas de resistencia y de propuesta, cuando se enfrentaba al neoliberalismo, se fueron construyendo alternativas de desarrollo e incluso alternativas al desarrollo, como lo es el buen vivir. 


Un dato a tener presente: en Ecuador se registran veinte constituciones desde 1830. Esto habla de inestabilidad institucional, así como de la lógica política de este proceso constituyente en un país que se encuentra en permanente ebullición por la cantidad de problemas que se acumulan desde hace cientos de años y que se quiere resolver a través de la participación democrática. 


¿Podría convertirse el buen vivir en una alternativa global o funciona exclusivamente en los países con raigambre indígena?
 

Con su postulación de armonía con la naturaleza, de reciprocidad, de relacionalidad, de complementariedad y de solidaridad entre individuos y comunidades, con su oposición al concepto de acumulación perpetua, con su regreso a valores de uso, el buen vivir, en tanto propuesta despejada de prejuicios y en construcción, abre la puerta para formular visiones alternativas de vida. 


El buen vivir, sin olvidar y menos aún manipular sus orígenes ancestrales, puede servir de plataforma para discutir, concertar y aplicar respuestas frente a los devastadores efectos de los cambios climáticos a nivel planetario y las crecientes marginaciones y violencias sociales en el mundo. Incluso puede aportar para plantear un cambio de paradigma en medio de la crisis que golpea a los países otrora centrales. En ese sentido, la construcción del buen vivir, como parte de procesos profundamente democráticos, puede ser útil para encontrar incluso respuestas globales a los retos que tiene que enfrentar la humanidad. 


Esta propuesta del buen vivir, siempre que sea asumida activamente por la sociedad, se puede proyectar con fuerza en los debates que se desarrollan en el mundo y podría inclusive ser un detonante para enfrentar propositivamente la creciente alineación de una gran mayoría de habitantes del planeta. Dicho en otros términos, la discusión sobre el buen vivir no debería circunscribirse a las realidades andinas y amazónicas. Si bien admitimos lo extremadamente difícil que será asumir el reto de construir el buen vivir en comunidades inmersas en la vorágine del capitalismo, estamos convencidos de que hay muchas opciones para empezar a construir esta utopía en otros lugares del planeta, inclusive en los países industrializados. 


El buen vivir, que surge desde visiones utópicas, se fundamenta en la realidad del todavía vigente sistema capitalista y en la imperiosa necesidad de impulsar en el mundo la vida armoniosa entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza; una vida que ponga en el centro la autosuficiencia y la autogestión de los seres humanos viviendo en comunidad. El esfuerzo debe estar centrado en las sustancias (Ana Esther Ceceña) antes que en las formas (instituciones o regulaciones). Ese es, en definitiva, un gran desafío para la humanidad. 


El buen vivir andino-amazónico cuestiona el concepto eurocéntrico de bienestar y, en tanto propuesta de lucha, enfrenta la colonialidad del poder. Sin minimizar este aporte de los indígenas, hay que aceptar que las visiones andinas y amazónicas no son la única fuente de inspiración para impulsar el buen vivir. Incluso desde diversos espacios en el mundo, y aun desde círculos de la cultura occidental, se han levantado –desde tiempo atrás– muchas voces que podrían estar de alguna manera en sintonía con esta visión indígena. 


Además de estas visiones del Abya-Yala, hay otros muchos pensamientos filosóficos de alguna manera emparentados con la búsqueda del buen vivir, visiones filosóficas incluyentes con la naturaleza y las comunidades humanas en diversas partes del planeta. El sumak kawsay o buen vivir, en tanto cultura de la vida o de la vida en plenitud, con diversos nombres y variedades, ha sido conocido y practicado en diferentes periodos en las diferentes regiones de la Madre Tierra; Ubuntu en África o Svadeshi, Swaraj y Apargrama en la India. Más allá de las críticas que se pueda hacer a los orígenes de la filosofía occidental, se podría incluso rescatar elementos de la “vida buena” de Aristóteles. Además, desde diversos ángulos, no solo desde estos espacios, aparecen respuestas a las demandas no satisfechas por las visiones tradicionales de la modernidad. 


El buen vivir, entonces, no es una originalidad ni una novelería de los procesos políticos de inicios del siglo XXI en los países andinos. El buen vivir forma parte de una larga búsqueda de alternativas de vida fraguadas en el calor de las luchas de la humanidad por la emancipación y la vida.

Desde esa perspectiva, el concepto del buen vivir no solo tiene un anclaje histórico en el mundo indígena; se puede sustentar también en otros principios filosóficos: ecológicos, feministas, cooperativistas, marxistas, humanistas… 


Finalmente, ¿cree que es posible aprovechar los avances tecnológicos de la humanidad junto con los conocimientos propios de culturas ancestrales?
 

El gran reto en este momento es cómo aprovechar todos los conocimientos disponibles. No podemos cerrarnos a los avances de la ciencia, especialmente la quántica y la relativista. Como pocas veces en la historia de la humanidad, la información y los avances tecnológicos han alcanzado niveles inimaginables hace solo pocas décadas. Hay que tener la capacidad para saber discernir cuál es la información relevante. El actual bombardeo mediático no es necesariamente positivo. La sobresaturación de determinada información, controlada y mediatizada por determinados grupos e intereses de poder transnacionales o nacionales, hace mucha de esa información inservible. La relativamente excesiva información oculta, consciente o inconscientemente, aquellas informaciones que realmente contribuirían a la liberación del ser humano. 


El mundo se asemeja cada vez más a una suerte de medioevo tecnocrático. Reducidos grupos humanos concentran la riqueza y los avances tecnológicos, manteniendo crecientes exclusiones sociales, en medio de insospechadas tensiones políticas y sociales, así como provocando un marcado deterioro ecológico. Siempre hay que tener presente que la tecnología per se no resuelve nada: no vivimos un problema tecnológico sino uno de tipo político estructural. 


Entonces, sin negar para nada los veloces avances tecnológicos alcanzados en las últimas décadas y que nos seguirán sorprendiendo día a día, hay que tener presente que no toda la humanidad accede por igual al mundo de la informática, por ejemplo. Todavía la mitad o más de los habitantes del planeta, al empezar el nuevo milenio, no tenían contacto con un teléfono, no se diga con el internet.

Esta constatación, sin minimizar el papel de las tecnologías de punta y su masiva difusión, nos remite al valor que tiene el papel y el lápiz como herramientas de liberación. Esto, adicionalmente, nos dice que muchos de los retos futuros siguen siendo los mismos de antaño y que la posibilidad de una Edad Media de alta tecnología pero excluyente en extremo es una posibilidad amenazadora en ciernes o quizás ya en pleno proceso de construcción… Tengamos presente la construcción de muros materiales e inmateriales alrededor de las grandes naciones industrializadas: Estados Unidos o Europa, a nivel internacional; así como alrededor de los barrios de los grupos acomodados de la población, a nivel local. 


Pero, como todavía hay pueblos conscientes y personas críticas, hay que confiar en un futuro humano de convivencia armónica con la naturaleza y que permita una vida digna para todos los habitantes del planeta. 


Una cosa importante es pelear en los espacios locales, y ayudar a que esos grupos que han manejado durante mucho tiempo una forma diferente de relación con el entorno puedan hacerse cada vez más fuertes. Pero al mismo tiempo hay que construir respuestas globales; por ejemplo, para desarmar las instituciones y prácticas que alientan la especulación financiera. Debemos impedir que la humanidad incursione en una pesadilla tecnológica totalitaria. Para lograrlo requerimos otros niveles de organización plural de las sociedades mundiales, desde donde se podrá plantear con mayor claridad y profundidad soluciones globales. Y en ese campo el buen vivir o los buenos convivires son también una propuesta para toda la humanidad.

¿De cuánta energía podremos disponer realmente?

Marga Mediavilla - ElDiario.es
 
El hecho de que el precio del petróleo esté cayendo en los últimos meses no debería hacernos olvidar que la crisis energética sigue avanzando por debajo de las fluctuaciones del mercado. Los cambios tecnológicos y sociales profundos requieren décadas, y desde esa perspectiva deberíamos ver la crisis energética: estudiando el agotamiento de los combustibles fósiles décadas antes de su inicio y buscando alternativas también con décadas de adelanto.

La mejor forma de conocer cuánta energía nos queda realmente es dejar de lado la inmediatez de la prensa y las declaraciones interesadas de las compañías energéticas, y echar un vistazo a las publicaciones científicas. Para ello, el Segundo Congreso sobre el Pico del Petróleo organizado recientemente por la UNED en Barbastro es un escaparate privilegiado que, además, puede consultarse en diferido en los vídeos y documentos de su página web.


En este congreso, el sueco Mikael Höök, uno de los mayores expertos en petróleo y gas del mundo, proporcionaba datos de los 38 estudios científicos de estimaciones de agotamiento del petróleo publicados hasta la fecha en revistas científicas sujetas a revisión por pares, los 18 publicados para el gas natural y los también 18 publicados para el carbón. Los datos se despliegan en diferentes curvas debido a la incertidumbre y la cautela que suelen acompañar los resultados científicos, pero la mayor parte de estas curvas indican el estancamiento y posterior declive de la extracción mundial de petróleo en torno a 2020, sobre 2030 para el gas, y en torno a 2040 para el carbón (figuras 1, 2 y 3).

Se pueden ver ya, además, algunos hechos que confirman estas previsiones. La propia Agencia Internacional de la Energía ha reconocido que el petróleo convencional -es decir, el barato, de buena calidad y fácil extracción-, alcanzó su techo en 2006 y su extracción ha empezado a disminuir. 

También se puede observar en los datos históricos (figura 1, línea negra) que la producción de petróleo ha sufrido un estancamiento desde esa fecha (que no se debe a la falta de demanda por crisis económica, ya que el consumo de carbón y gas natural siguió creciendo en esas fechas a buen ritmo -figuras 2 y 3) mientras los tímidos aumentos de extracción de petróleo que se han realizado desde 2006 se deben al uso en EEUU y Canadá de la fractura hidráulica y las arenas asfálticas: tecnologías caras, contaminantes y con bajo retorno energético.

38-peer reviewed future oil projections

Figura 1: Estimaciones de extracción de petróleo de diversos autores aparecidas en revistas científicas revisadas por pares (fuente: M. Höök, II Congreso sobre el Pico del Petróleo, Barbastro 2014)

18-peer reviewed gas projections

Figura 2: Estimaciones de extracción de gas natural de diversos autores aparecidas en revistas científicas revisadas por pares (fuente: M. Höök, II Congreso sobre el Pico del Petróleo, Barbastro 2014).

18-peer reviewed coal projections

Figura 3: Estimaciones de extracción de carbón de diversos autores aparecidas en revistas científicas revisadas por pares (fuente: M. Höök, II Congreso sobre el Pico del Petróleo, Barbastro 2014).
Ante estos datos, la pregunta que inmediatamente una se hace es si existen energías alternativas que puedan cubrir el hueco que van a dejar los combustibles fósiles. El estudio que presentamos —en este mismo Congreso de Barbastro— aborda esta cuestión y lo hace con un modelo matemático que nos sirve para reunir gran cantidad de datos sobre combustibles agotables y energías renovables. Este estudio utiliza curvas similares a las recopiladas por Höök y además presta especial atención a los ritmos de sustitución. No sólo nos interesa saber, por ejemplo, si una tecnología renovable funciona, sino también si vamos a poder implantarla a tiempo y si va a servir para los usos en los cuales utilizamos ahora el petróleo, el gas o el carbón. Aunque a largo plazo nadie puede saber cómo va a evolucionar la tecnología, a corto plazo sí sabemos que su desarrollo requiere tiempo y su introducción en el mercado también, de forma que podemos estimar hasta qué punto alternativas como la energía fotovoltaica, la eólica, los biocombustibles o los vehículos eléctricos, van a poder cubrir la demanda que requeriría una economía mundial en continuo crecimiento cuando las energías fósiles se vayan agotando.

Las conclusiones que se extraen de nuestro estudio no son demasiado halagüeñas. Una de las cosas que más claramente observamos es que no tenemos tiempo para sustituir el declive del petróleo, especialmente en el sector del transporte. En la actualidad, prácticamente todo el transporte mundial depende de combustibles líquidos extraídos del petróleo y las posibles alternativas como los vehículos eléctricos o de hidrógeno son muy débiles desde el punto de vista tecnológico. En la figura 4 se puede ver el resultado de comparar la energía disponible para el transporte y la demanda que requeriría la economía mundial bajo dos escenarios: el BAU (business as usual, una extrapolación de las tendencias actuales) y el escenario 2, un escenario “tecno-optimista” con fuerte desarrollo de alternativas como los vehículos híbridos, eléctricos y de gas, combustibles líquidos extraídos del gas y el carbón y una fuerte apuesta por la eficiencia. Se puede ver que, incluso en el escenario más optimista, las curvas de energía disponible y demanda para el transporte dejan de coincidir antes de 2020 (figura 4). No llegamos a tiempo de evitar el declive del petróleo en esta década porque las alternativas no están creciendo al ritmo necesario.

También se ve claramente que el papel de la energía nuclear es irrelevante. Por una parte, no es una energía crítica, ya que apenas proporciona el 6% de la energía comercial consumida y sólo se utiliza para el sector que menos problemas tiene (la electricidad). Por otra parte, un desarrollo a gran escala de la actual energía de fisión encontraría pronto el límite del agotamiento de las reservas de uranio; además, tecnologías como la fusión o las llamadas nucleares de cuarta generación no se prevé que puedan estar en el mercado en las próximas décadas y, por ello, no entran dentro de nuestro horizonte temporal del estudio.

El modelo también nos muestra que en el sector de la electricidad los problemas son menos acuciantes, ya que el declive del carbón es un poco más tardío y existen tecnologías renovables con potenciales de desarrollo importante (figura 5). Todavía estaríamos a tiempo de sustituir buena parte del consumo de electricidad mundial con energías renovables, pero para ello deberíamos comenzar a invertir en esta década y, al no ser el eléctrico un sector problemático en estos momentos, corremos el peligro de no realizar las inversiones necesarias.

A pesar de todo ello, el modelo también muestra que el cambio climático no deja de ser un problema. Aunque algunos de los peores escenarios de emisiones previstos por el IPCC no son compatibles con los límites de los combustibles fósiles, sí existen escenarios muy preocupantes que lo son.
Los resultados que hemos obtenido con este modelo dibujan un panorama mucho más sombrío del que suele presentarse en los medios de comunicación y, probablemente, del que la mayor parte de las personas tienen en mente (incluso más pesimista que el que teníamos nosotras/os antes de realizar el estudio). Aunque ningún modelo es un oráculo ni debe ser tomado como tal, los modelos son herramientas muy útiles para mostrar aspectos que quedan ocultos entre la abundancia de datos. Es posible que las fechas y datos concretos que prevemos varíen debido a los errores que todo estudio lleva consigo, pero ello cambia muy poco las conclusiones básicas.

Los datos científicos apuntan a que, en las próximas décadas, el continuo crecimiento del consumo de energía que hemos disfrutado desde mediados del siglo XVIII se va a acabar. Vamos a tener que realizar una gran transición hacia una sociedad que no dependa de los combustibles fósiles y cada vez más científicos/as estamos alertando de que ésta no va a poder basarse únicamente en cambios tecnológicos. En esta misma década, para poder reaccionar frente al pico del petróleo, vamos a tener que emplear herramientas de todo tipo: sociales, económicas, políticas, etc., medidas que casan muy mal con nuestra economía de mercado y que van a requerir importantes niveles de conciencia ciudadana y voluntad política.

La crisis energética es uno de los problemas más importantes a los que nos enfrentamos y no podemos esperar a que la escasez de energía sea evidente para empezar a solucionarlo. Si esperamos unos años hasta estar completamente seguros de que las predicciones de los geólogos se cumplen, nos encontraremos en un escenario de energía escasa, crisis económica y conflictos por los recursos en el cual será muy complicado invertir en tecnología y emprender medidas colectivas. Debemos empezar la transición energética ahora. Al fin y al cabo, si nos adelantamos y realmente hubiera más energía fósil de lo que los científicos decimos, es muy poco lo que perdemos; pero, si llegamos tarde, el resultado será, sin duda, catastrófico.

Energía para el trasporte: BAU y escenario 2

Figura 4: Estimaciones de la energía de diversas fuentes disponible para el transporte comparadas con la demanda bajo dos escenarios: BAU, que extrapola las tendencias actuales; y escenario 2, con fuerte desarrollo de las alternativas tecnológicas (Fuente: Capellán-Pérez, I. y col. Fossil fuel depletion and socio-economic scenarios: An integrated approach. Energy, Volume 77, 1 December 2014, Pages 641–666 2014).

Energía para electricidad: BAU y escenario 2

Figura 5: Estimaciones de la energía de diversas fuentes para la generación de electricidad comparadas con la demanda bajo escenario BAU, que extrapola las tendencias actuales (Fuente: Capellán-Pérez, I. y col. Fossil fuel depletion and socio-economic scenarios: An integrated approach. Energy, Volume 77, 1 December 2014, Pages 641–666 2014. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0360544214011219).

El mito del progreso humano

Chris Hedges

Traducido por Silvia Arana para Rebelión
 

En la obra Réquiem por una especie: ¿Por qué nos resistimos a la verdad sobre el cambio climático? Clive Hamilton describe el lúgubre consuelo derivado de aceptar que "el catastrófico cambio climático es algo virtualmente seguro". Dice que para eliminar cualquier "esperanza falsa" hace falta un conocimiento intelectual y un conocimiento emocional. El primero es algo posible de lograr. El segundo es mucho más difícil de adquirir porque los seres querido, incluyendo nuestros hijos, están condenados a la inseguridad, la miseria y el sufrimiento en el transcurso de pocas décadas -si no en pocos años. Asumir emocionalmente el desastre que nos aguarda, lograr comprender a un nivel visceral que la élite en el poder no responderá racionalmente ante la devastación del ecosistema, es tan difícil como la aceptación de nuestra propia muerte. La lucha existencial más abrumadora de nuestro tiempo es asimilar -intelectual y emocionalmente- esta horrible verdad y continuar resistiendo contra las fuerzas destructivas. 

La especie humana, encabezada por europeos y euro-americanos blancos, ha lanzado, desde hace 500 años, una estampida violenta de conquista, saqueo, depredación, explotación y contaminación de la Tierra -matando al mismo tiempo a las comunidades indígenas que hallan en su camino. Pero el juego ha llegado a su fin. Las fuerzas técnicas y científicas que permitieron crear una vida de lujos sin paralelo son las mismas fuerzas que nos condenan. La manía de la expansión económica y explotación sin límites se ha convertido en una maldición, en una sentencia de muerte. Pero incluso mientras se desintegra nuestro sistema económico y del medio ambiente, después del año más caliente en los 48 estados contiguos de EE.UU. desde que se lleva el registro iniciado hace 107 años, carecemos de la creatividad emocional e intelectual para apagar el motor del capitalismo global. Nos hemos atado a una máquina de la muerte, como lo explica el borrador del reporte del Comité Asesor de Evaluación y Desarrollo Climatológico Nacional. 

Las civilizaciones complejas tienen el mal hábito de la auto-destrucción. Antropólogos, entre los que se incluye Joseph Tainter en El colapso de sociedades complejas, Charles L. Redman en El impacto humano en los medio ambientes de la antigüedad y Ronald Wright en Breve historia del progreso han expuesto los patrones comunes que conducen a la desintegración de los sistemas. La diferencia es que, en esta época, nuestra destrucción arrastrará a todo el planeta. Con este colapso final no habrá nuevas tierras para explotar, ni nuevas civilizaciones para conquistar, ni nuevos pueblos para sojuzgar. La conclusión de la larga lucha entre la especie humana y la Tierra será que los seres humanos sobrevivientes aprenderán una dolorosa lección sobre la ambición desenfrenada y el egocentrismo. 

"Hay un patrón que se repite en las diferentes civilizaciones del pasado de desgaste de los recursos naturales, sobreexplotación del medio ambiente, expansión desmedida y sobrepoblación", sostiene Wright en una conversación telefónica desde su hogar en British Columbia, Canadá. Agrega: "Según el patrón, las sociedades tienden al colapso poco después de alcanzar el periodo de mayor magnificencia y prosperidad. Ese patrón se repite en numerosas sociedades, los antiguos romanos, mayas y sumerios del actual sur de Irak. Hay muchos otros ejemplos, incluyendo sociedades a menor escala como la Isla de Pascua. Las mismas causas de la prosperidad de las sociedades en el corto plazo, especialmente nuevas formas de explotar el medio ambiente como la invención de la irrigación, conducen al desastre en el largo plazo debido a complicaciones que no se pudieron prever. A esto lo llamo "la trampa del progreso" en el libro Breve historia del progreso. Hemos puesto en movimiento una maquinaria industrial de tal nivel de complejidad y dependencia en la expansión que no sabemos cómo arreglarnos con menos ni como lograr estabilidad en relación a nuestra demanda de recursos naturales. Hemos fracasado en el control de la población humana. Se ha triplicado en el curso de mi vida. Y el problema se agudiza por la brecha creciente entre ricos y pobres, la concentración de la riqueza, que asegura que nunca habrá suficiente para repartir. La cantidad de gente en extrema pobreza en la actualidad -cerca de dos mil millones- es mayor de lo que era la población total del mundo a principios del siglo XX. Eso no es progreso." 

"Si continuamos negándonos a enfrentar la situación de una manera racional y ordenada marcharemos, tarde o temprano, hacia una suerte de gran catástrofe.", sostiene Wright. "Si tenemos suerte, será lo suficientemente grande como para despertarnos a nivel mundial pero no tanto como para eliminarnos. Ese sería el mejor de los casos. Debemos trascender nuestra historia evolucionista. Somos cazadores de la Era Glacial afeitados y vestidos de traje. No somos buenos pensadores a largo plazo. Preferimos atiborrarnos con carne de mamut sacrificando a todo el rebaño en el precipicio antes que ingeniarnos para conservar el rebaño y tener alimento diario para nosotros y nuestros hijos. Esa es una transición que nuestra civilización debe hacer. Y no la estamos haciendo." 

Wright, que en su novela distópica Un romance científico, pinta un mundo futuro devastado por la estupidez humana, menciona "los intereses políticos y económicos afianzados" y la incapacidad imaginativa de la inteligencia humana como dos de los mayores impedimentos para un cambio radical. Y dice que estamos en falta todos los que usamos combustibles fósiles y todos los que participamos de la economía formal. 

Las sociedades capitalistas modernas, sostiene Wright en su libro "¿Qué es América: Una breve historia del Nuevo Mundo", derivan del saqueo perpetrado por los invasores europeos contra las culturas indígenas del continente americano desde el siglo XVI al siglo XIX, combinado con el empleo de esclavos africanos como fuerza de trabajo sustituta de los nativos. La población de indígenas americanos decreció en un 90% a causa del sarampión y otras plagas nuevas. Los españoles no lograron conquistar ninguna de las grandes civilizaciones hasta que el sarampión empezara a hacer estragos; en efecto, los aztecas derrotaron a los españoles al principio. Si Europa no hubiera saqueado el oro de las civilizaciones azteca e inca, si no hubiera ocupado la tierra y se hubiera apropiado de los altamente productivos cultivos del Nuevo Mundo para explotarlos en sus granjas europeas, el crecimiento de la sociedad industrial en Europa habría sido mucho más lento. Karl Marx y Adam Smith señalaron que el influjo de riqueza desde las Américas hizo posible la Revolución Industrial y el inicio del capitalismo moderno. Fue la violación de las Américas, señala Wright, lo que desencadenó la orgía de la expansión europea. La Revolución Industrial también equipó a los europeos con sistemas avanzados de armamento, lo que hizo posible una mayor subyugación, saqueo y expansión. 

"La experiencia de 500 años de expansión y colonización relativamente fáciles, de la constante toma de nuevas tierras, condujo al mito del capitalismo moderno de que es posible expandirse indefinidamente", dice Wright. "Es un mito absurdo. Vivimos en este planeta. No podemos dejarlo e irnos a otra parte. Tenemos que hacer ajustes a nuestras economías y demandas de la naturaleza dentro de los límites naturales, pero hemos tenido 500 años durante los cuales los europeos y los europeos- americanos, al igual que otros colonialistas han dominado el mundo. Este periodo de 500 años ha sido visto no solo como algo fácil sino también normal. Creemos que las cosas siempre serán más grandes y mejores. Tenemos que entender que ese largo periodo de expansión y prosperidad fue una anomalía. Algo así ha sucedido muy raramente en la historia y nunca volverá a suceder. Tenemos que hacer reajustes en la civilización a nivel integral para vivir en un mundo finito. Sin embargo, no lo estamos haciendo porque llevamos mucho bagaje, demasiadas versiones míticas de una historia deliberadamente distorsionada y un sentimiento profundamente enraizado de que ser moderno se reduce a tener más. Esto es lo que los antropólogos llaman una "patología ideológica", una creencia auto-destructiva que provoca el colapso y la destrucción de las sociedades. Estas sociedades continúan haciendo cosas realmente estúpidas porque no pueden cambiar la manera de pensar. Y en este punto nos encontramos nosotros ahora." 

Y a medida que el colapso se hace palpable, si la historia de la humanidad puede servir de guía, nosotros como las sociedades en proceso de desintegración del pasado, nos refugiaremos en lo que los antropólogos llaman "cultos de crisis". La impotencia que sentimos frente al caos ecológico y económico desatará engaños colectivos más agudos, como la creencia fundamentalista en un dios o en dioses que vendrán a la tierra para salvarnos. 

"Las sociedades a punto de colapso, a menudo, son víctimas de la creencia de que si realizan ciertos rituales todo lo malo desaparecerá", dice Wright. "Hay muchos ejemplos de ello a través de la historia. En el pasado esos cultos de crisis se impusieron entre los pueblos que habían sido colonizados, atacados y masacrados por extranjeros, de los pueblos que habían perdido control de sus vidas. Esos rituales representan la capacidad de recuperar el mundo del pasado, al que visualizan como una especie de paraíso. Buscan regresar a cómo eran las cosas. Los cultos de crisis se propagaron rápidamente entre las sociedades de indígenas americanos en el siglo XIX, cuando los indígenas y los búfalos eran masacrados con rifles de repetición y luego con metralletas. La gente llegó a creer que, como sucede en la 'danza de los fantasmas', si ellos hacían lo correcto desaparecería el mundo moderno que les era intolerable: el alambre de púa, las vías ferroviarias, el hombre blanco, las armas de fuego. 

"Todos tenemos el mismo tipo básico de mecanismos psicológicos: somos muy malos para planear a largo plazo y nos aferramos a engaños irracionales frente a una amenaza seria", dice Wright. "Veamos, por ejemplo, la creencia de la extrema derecha de que si desapareciera el gobierno, recuperaríamos el paraíso de la década del 50. Veamos de qué manera permitimos que avance la exploración de petróleo y gas cuando sabemos que una económica basada en el carbón representa un suicidio para nuestros hijos y nietos. Ya se pueden sentir los resultados. Cuando se llegue al punto en el que grandes partes de la Tierra experimenten malas cosechas al mismo tiempo, tendremos hambrunas masivas y una ruptura del orden establecido. Eso nos depara el futuro si no tomamos medidas frente al cambio climático." 

Dice Wright: "Si fracasamos en este gran experimento, el experimento de los simios que desarrollaron la inteligencia suficiente como para hacerse cargo de su propio destino, la naturaleza se encogerá de hombros y dirá que fue divertido dejar que los simios se hicieran cargo del laboratorio por un rato pero que después resultó una mala idea". 

Fuente: http://www.truthdig.com/report/page2/the_myth_of_human_progress_20130113/ 

“El concepto de crecimiento verde es absurdo, es el súper oxímoron”

La Marea


Joan Martínez Alier (Barcelona, 1939) es catedrático de Economía e Historia Económica en la Universidad Autónoma de Barcelona. Es uno de los padres fundadores de la llamada economía ecológica, una crítica al enfoque de la economía clásica tradicional. Su obra El ecologismo de los pobres es ya un clásico de la Economía contemporánea. Defensor del decrecimiento, reclama que los países ricos paguen a los pobres la deuda ecológica que generan en ellos: los daños ambientales, las pérdidas derivadas de los efectos del cambio climático. Ha sido homenajeado recientemente en Bruselas en un evento sobre justicia medioambiental, organizado por el Consejo Económico y Social Europeo y las Organizaciones de Justicia Medioambiental, Pasivos y Comercio (EJOLT, en inglés).

En 2003, usted escribió junto a Arcadi Oliveras Quién debe a quién. Deuda ecológica y deuda externa. Eran los años del boom económico. ¿Le sorprende que doce años más tarde hablar de la deuda se haya puesto tan de moda, uno de los temas políticos por excelencia?

Ha cambiado una cosa fundamental entre aquellos años y ahora: entonces, los endeudados eran los países del sur, con los que los países del norte manteníamos una deuda ecológica, que no pagábamos ni pagamos, porque le estábamos quitando sus recursos. Ahora resulta que en el sur de Europa también estamos inmersos en problemas de deuda… Pero el tema que me interesa es otro: hay pasivos ambientales y deuda por el cambio climático que los ricos del mundo nunca pagan. En cuanto a las deudas financieras, las consecuencias son reales pero se han producido de forma más artificial y en muchos casos las deudas en sí son más ficticias. En cambio, las deudas generadas por los daños ambientales y los efectos negativos del cambio climático son muy reales.

¿No puede resultar paradójico que, en un mundo globalizado como el que vivimos, y en el que las materias primas (petróleo, carbón, gas, acero, productos agrícolas…) son la base del crecimiento económico, los países vendedores suelen ser pobres y los compradores, sin embargo, ricos? ¿No debería ser al revés, que es rico el que más vende y más si vende recursos decisivos?

Esto sucede en Europa, pero no en los Estados Unidos, un país enorme y con muchos más recursos que Europa. Es paradójico. Desde Europa compramos, importamos, cuatro veces más en toneladas de lo que exportamos, Japón está igual que nosotros. Esto es porque los pobres siempre venden barato. Es clave para que funcione la economía. Esto sólo se solucionará cuando exista un comercio económica y ecológicamente más equilibrado y justo. Entretanto, la solución es muy difícil. Hay gente que, frente a esto, piensa: compremos productos del comercio justo, compremos ecológico. Pero esto no soluciona el problema porque si vas a comprar gasolina, gas o cobre no te pueden garantizar de dónde viene, no se le puede poner el sello de que es justo. Uno no puede decir: yo no quiero petróleo de Nigeria, por ejemplo. Son mercancías a granel, bulk commodies, como dicen en inglés, y no se pueden separar unas de otras.

Usted niega que pueda existir un crecimiento verde, economía circular, conceptos tan cacareados en las políticas oficiales de las administraciones públicas. La Unión Europea incluso presentó el año pasado a bombo y platillo una estrategia llamada así, de economía circular. Para usted no son más que eufemismos propagandísticos.

El concepto de crecimiento verde es el súper oxímoron. Es absurdo. Esto se debe a que en Bruselas en este momento hay un ambiente intelectualmente deplorable. La economía circular no puede existir porque no se puede quemar petróleo dos veces, es absurdo. La economía es entrópica, no es circular. Pero en Estados Unidos ocurren cosas peores: los republicanos niegan el cambio climático, es una especie de auge de la irracionalidad. Es como seguir con la especie de ilusión de que vamos a lograr decarbonizar nuestro modelo productivo con la tecnología. En Alemania, están haciendo un cambio energético real, pero claro esto es muy lento comparado al ritmo al que va el mundo. En cualquier caso, la irracionalidad con respecto a la ciencia es también un fenómeno de las sociedades ricas. Estados Unidos existe y en la Europa de los años 30 ya sucedió, cuando hubo unos ataques tremendos de irracionalidad colectiva con la crisis económica.

¿Cuál es la solución? ¿Es inevitable el decrecimiento, es decir, redimensionar el modelo económico y productivo actual?

La única energía que ha sido circular ha sido la energía del sol, que se puede consumir y al día siguiente hay más porque el sol vuelve a salir y a estar ahí emitiéndola, así ha sido durante los últimos 4.000 millones de años y va a estar ahí otros 4.000 millones de años más. Pero eso es la energía del sol. Pero el petróleo y el carbón, que son energía del sol embotellada, si tú la descorchas, esa energía se va y no puedes usarla otra vez. Esa economía circular en modelos económicos basados en el carbón, el gas y el petróleo no es una aspiración plausible. En Europa hay un debate entre grupos intelectualmente muy capaces sobre el decrecimiento o el postcrecimiento. Recientemente hubo un congreso en el que se dieron cita 3.000 expertos sobre este tema. Pero estas ideas no consiguen emerger y llegar por vía política a las instituciones, no se está logrando. Los Verdes alemanes antes eran internacionalistas y ahora son muy provincianos, un partido europeo provincianista, no tienen peso, no están liderando esto a nivel mundial, no quieren. En Alemania, Die Linke [La izquierda] sí que piensa un poco más en esto en un sentido amplio, pero poco más. Habrá que ver qué plantean y hacen Syriza y Podemos. A Syriza yo los veo más sólidos. Podemos tiende a simplificar demasiado la política: “O patria o Merkel”, suelen decir, y ese concepto de patria yo lo veo un poco simplista. No sé si están interesados en esto. Seguramente harán encuestas para saber si les aportará votos o no hablar de cambio climático y según lo que salga decidirán.

Pero la crítica de buena parte de esa izquierda es que Alemania ha desindustrializado el sur de Europa interesadamente, una estrategia para volverlo improductivo de manera que hay que reequilibrar las cosas industrializando las economías del sur. La alternativa que se propone, por lo tanto, es una reivindicación de la soberanía (“o nosotros o Merkel”, que usted dice) para emplear los recursos del país y generar más riqueza. Aunque tiene su lógica, ¿es compatible esta estrategia con el decrecimiento o se ahonda más en el sistema imperante al que, por otra parte, se critica?

Esas propuestas quieren salir de la crisis con más crecimiento, es como el chiste de Cantinflas… Está ocurriendo con el problema del Yasuní en Ecuador. Aunque esa estrategia les está fallando a muchos países petrolíferos porque el precio del crudo ha caído mucho. No, la solución no pasa por ahí.
¿Por dónde entonces? Porque parece un callejón sin salida…

Desde luego salir de como estamos creciendo más es un chiste. En América Latina están surgiendo voces críticas contra esas posturas. Ahí están nombres como el ecuatoriano Alberto Acosta Espinosa o Raúl Prada, en Bolivia. Esta corriente se está llamando postextractivismo, que se basa en vender menos y más caro, y no en vender el país muy barato y al mejor postor.

Usted fue candidato de Los Verdes en las elecciones generales de 1993. ¿Por qué el discurso verde no impregna en Europa cuando ha habido ocasiones propicias para ello: la actual crisis económica, el Prestige, etcétera?

Pues seguro que porque ha habido muy malos candidatos [ríe, con ironía].

Pero no todo será el marketing del candidato, ¿no?

A mí no me votaron ni en mi familia [ríe, de nuevo]. Primero porque hubo una división un poco ridícula entre varios partidos que competían con estas mismas ideas. Y luego porque la izquierda española no ha querido moverse en esta dirección. En Cataluña, los postcomunistas se apoderaron de la marca y ellos son allí los verdes, y los más antiguos nos quedamos fuera de esto. Pero en el fondo, sobre el por qué no ha arraigado yo no tengo una explicación y creo que ya es demasiado tarde. La única opción es que sean los nuevos partidos que están surgiendo ahora los que abanderen este tema. 

La CUP, en Cataluña, son bastante verdes. También Podemos puede hacerlo. Veremos. Equo tuvo una gran oportunidad con el papel de López de Uralde en la Cumbre del Clima de Dinamarca en 2009, pero no logró que el discurso verde se hiciera un hueco. Y es una pena. En Alemania, por ejemplo, los Verdes han influido muchísimo en ciertas políticas, como en que se abandone la energía nuclear, pero no se han querido poner de líderes mundiales, como digo. Yo creo que el problema ha estado en la izquierda, los postcomunistas no han tomado este camino, el ecologismo. El partido comunista siempre ha identificado el progreso con el crecimiento económico y energético, eran pronucleares, hasta el partido comunista español de Carrillo lo era.

En el año 1975 fue nombrado catedrático de Economía en la Universidad de Barcelona. Son 40 años. ¿En qué situación está la universidad española? ¿Hay una casta universitaria? ¿Por qué sólo hay dos universidades españolas entre las 500 primeras del mundo?

La Universidad estaba mejorando en los últimos años y ha vuelto a caer ahora. Hemos estado muy condicionados por la historia: en la Guerra Civil se mató o echó a todo el que pensaba, se creó un vacío que duró mucho tiempo. En la Transición no se empezó desde cero pero sí que había un panorama muy escaso. Esa situación fue mejorando con los años, pero ahora con la crisis la gente joven lo tiene todo cortado…

¿Hay una casta?

La hay, en todas partes la hay, pero aquí más. En Holanda, por ejemplo, se anuncia una plaza y es de verdad, no está dada de antemano, se publica y se puede presentar cualquier científico de cualquier parte del mundo. En Cataluña la situación se mejoró por el programa ICREA, que permitió que la Generalitat contratara mediante concurso público a diferentes científicos de diversa procedencia y en temas como la nanotecnología. Mi instituto se nutre de los ICREA, todos mis colegas vienen de ahí. 
 
Esto no se ha hecho en otros sitios no porque no hubiera dinero sino porque no se ha querido o por pura endogamia, una endogamia que ya es cultural. ¡Cómo vamos a traer alguien de fuera con la de gente que tenemos aquí! Este discurso es muy demoledor. Tiene que haber cambios y se tiene que acabar con esto. La Universidad es muy reacia a los cambios, pero si no los hubiera aún estaríamos todos estudiando derecho canónico y escolástica.

Usted ha sido muy crítico desde la economía ecológica hacia la economía tradicional clásica.

La teoría económica clásica plantea sus modelos como si fueran leyes naturales. Se ponen sobre un papel los diferentes componentes de la economía: productores, consumidores, trabajadores, el mercado donde se compran bienes y servicios… y a partir de ahí se hacen modelos económicos teóricos con esos elementos. El modelo es como una máquina en perfecto movimiento hacia el infinito. Luego, puedes llenar ese modelo de ecuaciones y fórmulas y para que parezcan leyes naturales irrefutables pero no se piensa que en la realidad hay más cosas, por ejemplo, en ese modelo está entrando energía continuamente, se generan residuos y contaminación, hay daño medioambiental, etcétera. Los modelos teóricos no están mal, sirven para aprender y analizar la realidad pero no para sustituirla, no lo son todo. Ontológicamente hablando, tienen un enfoque equivocado, los modelos empiezan a plantear hipótesis y supuestos y acaban imaginando demasiadas cosas…

Pero la hegemonía de los modelos de la economía clásica está llevando a paradojas como la economización de la política, donde cada vez más se tiende a sustituir la voluntad popular, es decir, lo decidido democráticamente, por lo viable económicamente. Y precisamente se presenta a menudo la economía como irrefutable, como leyes naturales que no se pueden contestar.

Es que se trata de un esquema muy poderoso ideológicamente. Hay que hacer política para volver a que las cosas funcionen de nuevo, para racionalizar todo esto. Es lo que plantea la economía ecológica y el decrecimiento. En cuanto éste, hay que hacer mucha pedagogía. Hay muchos autores que la están haciendo. En Francia está Jean-Pierre Dupuy. Tiene un libro que a mí me ha gustado mucho, aunque su lectura es triste. Se llama El catastrofismo ilustrado [Pour un catastrophisme éclairé, en francés]. Dice que el ser humano sólo aprende a golpe de catástrofes, a golpe de Fukushima.

"Los cambios en Grecia deberían ser incluso más radicales"


Entrevista a Arcadi Oliveres - El salmón contracorriente
Arcadi Oliveres (Barcelona, 1945) es economista y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona. Durante muchos años presidió la organización Justícia i Pau y ha formado parte de campañas por la paz, el desarme, la condonación de la deuda, antiglobalización y un sin fin de causas más que van desde la lucha por la democracia en la dictadura a las plazas del 15M. Si enumerásemos las materias en las que es experto no nos cabría en el hueco que tenemos para escribir esta entradilla.
Lo que empezó como la idea de grabar algunas de sus conferencias se acabó convirtiendo en “Mai és tan fosc”, un documental road movie que transporta su mensaje de una manera pedagógica y cercana mientras nos enseña el día a día del personaje durante unos años en los que se cruza -entre otras cosas- el 15M.
 "Los cambios en Grecia deberían ser incluso más radicales"
ESC (CC)  
Profesor, economista, pensador... ¿qué se siente ahora al ser protagonista de un documental?
Más bien, el documental es un instrumento para divulgar ideas y trabajos más que para que yo sea protagonista de nada. Cuando surgió la idea del documental desde la ONG en la que he estado trabajando muchos años, Justicia i Pau, era porque querían difundir el mensaje del desarme, de desarrollo, de cooperación, etc. y parecía que a través de un seguimiento de mi persona, que iba repitiendo mucho este mensaje, se podía difundir mejor. Este fue el origen del documental, por lo que no creo que el protagonista sea yo.

Parece que estamos viendo pequeños cambios en Europa a raíz del giro que ha dado Grecia ¿cómo ves el futuro de Europa?

Deberían seguir, y mucho, los cambios de Grecia, incluso cambios mucho más radicales, porque Europa es un desastre en todos los sentidos. Yo era ferviente admirador de aquella Europa que vimos después del túnel del franquismo, pero pronto nos dimos cuenta que esta Europa es tristemente una Europa al servicio de las grandes empresas, al servicio del gran capital y al de los grandes bancos y que machaca tanto como puede a las personas. Por tanto, los principios de esta Europa -que tiene que ver mucho con el tratado de Lisboa- deben cambiar radicalmente. Los cambios de Europa deben seguir, por lo menos en los países mediterráneos. Si nos sacamos de encima el euro, a la Troika y las políticas de austeridad quizás la cosa vaya a mejor, pero mientras haya voluntad de seguir con estas políticas mucha gente lo va a seguir pasando mal.

Eres un experto en deuda externa y en relaciones Norte-Sur. Ahora parece que a la deuda no le llega con los países del Sur, sino que ahora se está apoderando del Sur del Norte. Nosotros, en definitiva ¿cómo ves el panorama social tanto a nivel europeo como mundial si no nos quitamos el lastre de una economía basada en deuda? 

Lo primero que hay que ver es en qué medida esa deuda es legítima o ilegítma. Existe mucha movilización de gente que lo que exige es una auditoría para averiguar qué parte de esa deuda es legitima y cuál no. Si un gobierno contrae una deuda construyendo un hospital pues está claro que esa deuda se debe pagar, pero si un gobierno contrae una deuda para rescatar un banco que se hundió por culpa de unos directivos a los que podríamos llamar delincuentes, pues esta deuda no se debe pagar.

Hay partidos que han empezado a hablar de términos como el que acabas de usar: “deuda ilegítima”, “auditoria”...pero ahora parece han modificado esos dos términos para hablar de “reestructuración”

La reestructuración no es impago de la deuda, sino un reescalonamiento de los vencimientos, lo cual es algo muy distinto. Además de un reescalomiento lógico -cuando alguien no puede pagar se le debe facilitar el pago- es evidente que muchas de estas deudas no tienen ni que ser reescalonadas, porque directamente no se deben pagar. Dejar de pagar la deuda no es nada nuevo, creo que España ha dejado unas 14 veces una suspensión de pagos, por lo que estaría muy bien que esta pudiera ser la 15.

Luxleaks, Swisleaks y paraísos fiscales. Algunos están sacando este tipo de escándalos y parece que la población empieza a concienciarse ¿crees que hay algún modo o fórmula para que los ciudadanos, desde la base, podamos luchar contra los paraísos fiscales? 

El tema de los paraísos fiscales tiene una dimensión internacional, por lo que aunque haya cambios en un país es difícil que este problema desapareciera de golpe. Los paraísos fiscales son soportados por muchos países, muchos gobiernos y muchas grandes empresas que parece que los consideran imprescindibles para seguir tirando hacia delante.

Podemos hacer algo en la de la educación cívica para que la gente tome conciencia de que los impuestos deben ser pagados, tanto por los ciudadanos como por las grandes empresas. Cuando exista esa conciencia y se señale a la persona que evade impuestos adelantaremos un gran paso en la lucha contra la evasión. Luego necesitaremos cambiar la legislación en muchos países y hay que procurar que estos países, que son los refugios de dinero procedente de la droga, de las armas o de la trata de blancas empiecen a cambiar sus estructuras internas. Esto, sin embargo, no es sencillo porque en estos países hay muchas personas que viven de este fraude fiscal.

Pero el ciudadano se puede sentir impotente al observar que para luchar contra estos paraísos fiscales hay que cambiar legislaciones internacionales que están, en cierto modo, fuera de nuestro alcance.

No lo está porque funcionan, aunque bastante mal. Tenemos una posibilidad cada cuatro años de elegir las personas que toman las decisiones. Este año es un año de elecciones y España va a tener la oportunidad de elegir dirigentes, pues sepamos a quien votamos. Es completamente indecente que después de tres años de desastre, todavía el Partido Popular tenga más de un 27% de perspectiva de voto. Además, en muchos casos ese sector de la población sufre directamente las consecuencias de las malas decisiones de ese mismo gobierno. Lo que hace falta es toma de conciencia por parte de la opinión pública.

Parece que estos nuevos partidos siguen en la misma senda y dogma de “el crecimiento como única salida”, ¿crees que existe algún partido que de verdad defienda y crea en el decrecimiento? 

Donde yo trabajo, que más que un partido político podríamos decir que es una amalgama política que se llama Procés Constituent, tiene dentro de sus 10 puntos fundamentales la idea del decrecimiento como referencia. Creo que hay otros partidos de corte ecologista que también creen en el decrecimiento. Por suerte, en Europa hay bastantes partidos ecologistas.

¿Es aplicable ahora mismo el decrecimiento?

Evidentemente. Aplicable, necesario y urgente.

Participaste en el 15M de una manera muy activa en un momento en el que todas esas ideas que llevabas tiempo difundiendo estallaron y parecieron colectivizarse. Ahora parece que esas ideas y esas personas están intentando institucionalizarse mediante la creación de diversos partidos ¿cómo ves ese proceso?

Creo que quizá sea una evolución natural. Todo tiene sus etapas. La primera fue la del 15M, que supuso una toma de conciencia del desastre económico que ya llevaba unos años golpeando a la gente. El 15M fue una lección de pedagogía política, ahí aprendimos. Luego hubo una segunda etapa que salió como una evolución hacia un tipo de protesta sectorial y de ahí aparecieron las mareas. Pero entonces parece que nos dimos cuenta de que sólo con la toma de conciencia o con la protesta no era suficiente, hacían falta propuestas y estas propuestas se tenían que enlazar desde un punto de vista político. De esa manera han aparecido estos partidos políticos que ofrecen algo de ilusión al mostrar que esas propuestas pueden llegar a las instituciones en este periodo electoral.

¿Algo que eches de menos de los inicios del 15M?

No, del 15M no. Quizás, aunque no sé si se le puede llamar echar de menos, a la movilización general y a esa ilusión que espero que no se pierda y que consiga algo que me tiene obsesionado: la unión de las fuerzas de izquierda rupturista. Porque todos somos capaces de hacer propuestas pero a la hora de la verdad, parece que fallamos. La derecha no tiene ningún problema, sólo tienen un norte y ese norte es su cartera. La izquierda, por pequeños poros ideológicos, se divide y acaba regalando votos a la derecha. Esto es lo que falta, esa unión que sí que parecía verse en el inicio de las protestas del 15M.

¿Cómo podríamos fomentar el debate de la política y la economía crítica en el ámbito académico y universitario? ¿Cómo podríamos después trasladar ese debate a la calle y a la sociedad? 

Yo soy optimista y creo que se hace un buen trabajo en la educación secundaria, me doy cuenta de que muchos institutos hacen actividades relacionadas con el medio ambiente, por la solidaridad, contra la globalización, etc. Luego vemos que en la universidad se pierde un poco este carácter solidario. Finalmente, hay algo que para mí es una debacle: la educación y formación en economía que se da en las facultades de Economía y en las escuelas de negocio, que es algo completamente contradictorio de lo que podría ser recomendable. En las universidades se estudia economía de empresa bajo una única premisa: el beneficio económico. Te hablan de la Economía de Estado bajo otra premisa: el crecimiento económico. Hoy en día ni la empresa privada ni el sector público deberían funcionar bajo esas dos premisas, por tanto tenemos que cambiar las bases en las que se estudia.

Parece que algunos sectores sociales son los que están presionando a las universidades exigiendo, con su demanda, que haya cambios. Yo doy conferencias sobre Economía Social, Finanzas Éticas, Cooperación, etc. y puedo ver cómo aumenta la demanda por parte de las universidades sobre estos temas. Es normal que la demanda de la población haga que varíe la enseñanza en un futuro, porque no es normal que el entorno académico esté tan alejado de la realidad como lo está ahora mismo.
Algunos proyectos de Finanzas Éticas en el país están avanzando con grandes pasos, ¿cómo ves la situación de este sector aquí? 

Se encuentran en un buen momento. Por un lado parece que hay una toma de conciencia causada, por un lado, por el desastre bancario que hemos vivido en los últimos años y la práctica desaparición de las cajas de ahorro por el otro. Esto ha hecho que la gente busque nuevas alternativas y las finanzas éticas. Aquí sí que veo una oportunidad de crecimiento -aunque antes hablásemos contra el decrecimiento- muy clara, porque la gente lo sigue necesitando.

También estamos viendo el resurgir de algo muy importante en las finanzas: la confianza. Porque el dinero es muy miedoso y casi nunca se quiere ir a sitios que se pueden considerar peligrosos, pero en la medida en que las finanzas éticas van avanzando se crea una red de confianza que las hacen igual de seguras que la banca tradicional, e incluso si atendemos a índices tan financieros como los ratios de morosidad, vemos que son incluso más solventes. Por lo tanto, la sociedad debe perder el miedo a este tipo de finanzas, darse cuenta de cuáles son sus beneficios más allá de los monetarios y embarcarse en este tipo de finanzas.

¿Cuáles serían las dos primeras medidas que tomaría un Arcadi Oliveres presidente del Gobierno o ministro de Economía? 

Primero preguntaría a la gente, nunca tomaría una decisión yo solo porque soy un inepto.
Hay un par de cosas imprescindibles. Dar trabajo a la gente. En este sentido, sólo hay una cosa a corto plazo que se podría hacer hoy: repartir el trabajo existente. Haría una reforma radical de la Ley Laboral, disminuiría la jornada en una o dos horas diarias y estas horas que dejamos algunos podrían ser para otros, aunque esto fuera a costa de un menor salario, porque creo que es mejor que alguien que cobre 8 horas acabe cobrando 6 para que alguien que no cobra nada pueda cobrar 6 también.
Segundo, renovación del Estado del Bienestar. Porque aquella persona que no tiene trabajo debe tener un seguro de salud y una pensión o renta en caso de que la necesite. Para ello hay una vía clara: la lucha contra el fraude fiscal. Fundamentalmente el fraude de los grandes bancos, de las grandes empresas y de las grandes fortunas.

Ahora mismo hay un debate entre la propuesta de una Renta Básica Universal y la del Trabajo Garantizado. Por tu contestación parece que te inclinas por la primera propuesta...

No, creo que una combinación de las dos estaría bien. Es evidente que trabajo para todos sería perfecto, pero por otro lado, he formado parte de campañas de Renta Básica Universal. Ahora mismo estamos con otra campaña para lo que, en Cataluña, llamamos Renta de Garantía a la Ciudadanía. Una renta no universal, pero para toda persona que no tenga ningún tipo de ingreso; que es algo muy distinto. Con los cálculos que tenemos ahora mismo encima de la mesa se hace evidente que se podría mantener una renta universal para todos, pero por supuesto que combinarlo con un trabajo garantizado sería perfecto.

Te pedimos, Arcadi, que nos recomiendes un libro 

Posiblemente no sea fácil de encontrar porque ya hace unos años que se editó, pero hay un libro escrito por un profesor de la Universidad de Alicante llamado José María Tortosa. El libro se llama “El juego global” y explica muy bien y de una manera muy didáctica cómo son los entresijos de la economía global.